Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)

Part 3

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De castillos y torres coronada, Por fuerte y por hermosa en igual grado Tenida, conocida y estimada.

Mandóme el del aligero calzado, Que me aprestase y fuese luego á tierra A dar á los LUPERCIOS un recado.

En que les diese cuenta de la guerra Temida, y que á venir les persuadiese Al duro y fiero asalto, al cierra, cierra,

Señor, le respondí, si acaso huviese Otro que la embaxada les llevase, Que mas grato á los dos hermanos fuese,

Que yo no soy; sé bien que negociase Mejor. Dixo Mercurio: no te entiendo, Y has de ir antes que el tiempo mas se pase.

Que no me han de escuchar estoy temiendo, Le replique, ya si el ir yo no importa, Puesto que en todo obedecer pretendo.

Que no sé quien me dice, y quien me exhorta, Que tienen para mi, á lo que imagino, La voluntad, como la vista corta.

Que si esto asi no fuera, este camino Con tan pobre recamara no hiciera, Ni diera en un tan hondo desatino.

Pues si alguna promesa se cumpliera De aquellas muchas, que al partir me hicieron, Lléveme Dios si entrára en tu galera.

Mucho esperé, si mucho prometieron, Mas podra ser, que ocupaciones nuevas Les obligue á olvidar lo que dixeron.

Muchos, señor, en la galera llevas, Que te podrán sacar el pie del lodo, Parte, y escusa de hacer mas pruebas.

Ninguno, dixo, me hable dese modo, Que si me desembarco y los envisto, Voto á Dios, que me traiga al Conde, y todo.

Con estos dos famosos me enemisto, Que haviendo levantado á la poesia Al buen punto en que está, como se ha visto:

Quieren con perezosa tirania Alzarse como dicen á su mano Con la ciencia que á ser divinos guia.

Por el solio de Apolo soberano Juro ... y no digo mas: y ardiendo en ira Se echó á las barbas una y otra mano.

Y prosiguió diciendo: el DOTOR MIRA, Apostare, sino lo manda el Conde, Que tambien en sus puntos se retira.

Señor galan, parezca: á qué se asconde? Pues á fé por llevarle, si él no gusta, Que ni le busque, aseche, ni le ronde.

Es esta empresa acaso tan injusta, Que se esquiven de hallar en ella quantos Tienen conciencia limitada y justa?

Carece el cielo de poetas santos? Puesto que brote á cada paso el suelo Poetas, que lo son tantos y tantos?

No se oyen sacros hymnos en el cielo? La harpa de David allá no suena, Causando nuevo acidental consuelo?

Fuera melindres, y cese la entena, Que llegue al tope, y luego obedeciendo Fue de la chusma sobre buenas buena.

Poco tiempo pasó, quando un ruido Se oyó, que los oidos atronaba, Y era de perros aspero ladrido.

Mercurio se turbó, la gente estaba Suspensa al triste son, y en cada pecho El corazon mas valido temblaba.

En esto descubrióse el corto estrecho, Que Scila, y que Caribdis espantosas, Tan temeroso con su furia han hecho.

Estas olas que veis presuntuosas En visitar las nubes de contino, Y aun de tocar el cielo codiciosas.

Venciólas el prudente peregrino Amante de Calipso, al tiempo quando Hizo, dixo Mercurio, este camino.

Su prudencia nosotros imitando, Echaremos al mar en que se ocupen, Entanto que el bagel pasa volando.

Que entanto que ellas tasquen, roan, chupen Al misero que al mar ha de entregarse, Seguro estoy que el paso desocupen.

Miren si puede en la galera hallarse Algun poeta desdichado acaso, Que á las fieras gargantas pueda darse.

Buscaronle, y hallaron á LOFRASO, Poeta militar Sardo, que estaba Desmayado á un rincon marchito y laso:

Que á sus diez libros de Fortuna, andaba Añadiendo otros diez, y el tiempo escoge, Que mas desocupado se mostraba.

Gritó la chusma toda: al mar se arroje, Vaya Lofraso al mar sin resistencia. Por Dios, dixo Mercurio, que me enoje.

Cómo? y no será cargo de conciencia Y grande echar al mar tanta poesia? Puesto que aqui nos hunda su inclemencia?

Viva Lofraso, entanto que dé al dia Apolo luz, y entanto que los hombres Tengan discreta alegre fantasia.

Tocante á ti, ó Lofraso, los renombres, Y epitetos de agudo y de sincero, Y gusto que mi comitre te nombres.

Esto dixo Mercurio al caballero, El qual en la crugia en pie se puso Con un rebenque despiadado y fiero.

Creo que de sus versos le compuso, Y no sé como fue, que en un momento, O ya el cielo, ó Lofraso lo dispuso,

Salimos del estrecho á salvamento Sin arrojar al mar poeta alguno, Tanto del Sardo fue el merecimiento.

Mas luego otro peligro, otro importuno Temor amenazó, sino gritára Mercurio, qual jamas gritó ninguno.

Diciendo al timonero: á orza, pára, Amainese de golpe, y todo á un punto Se hizo, y el peligro se repara.

Estos montes que veis que están tan juntos, Son los que Acroceraunos son llamados, De infame nombre, como yo barrunto.

Asieron de los remos los honrados, Los tiernos, los melifluos, los godescos; Y los de á cantimplora acostumbrados.

Los frios los asieron y los frescos, Asieronlos tambien los calurosos, Y los de calzas largas y greguescos.

Del sopraestante daño temerosos, Todos á una la galera empujan, Con flacos y con brazos poderosos.

Debaxo del bagel se somurmujan Las sirenas que dél no se apartaron, Y á si mismas en fuerzas sobrepujan.

Y en un pequeño espacio la llevaron A vista de Corfú, y á mano diestra La isla inexpugnable se dexaron.

Y dando la galera á la siniestra Discurria de Grecia las riberas, Adonde el cielo su hermosura muestra.

Mostravanse las olas lisongeras, Impeliendo el bagel suavemente, Como burlando con alegres veras.

Y luego al parecer por el oriente, (Rayando el rubio sol nuestro orizonte Con rayas rojas, hebras de su frente;)

Gritó un grumete y dixo: el monte, el monte, El monte se descubre, donde tiene Su buen rocin el gran Belorofonte.

Por el monte se arroja, y á pie viene Apolo á recebirnos. Yo lo creo, Dixo Lofraso, ya llega á la Hipocrene.

Yo desde aqui columbro, miro y veo Que se andan solazando entre unas matas Las musas con dulcisimo recreo.

Unas antiguas son, otras novatas, Y todas con ligero paso y tardo Andan las cinco en pie, las quatro á gatas.

Si tu tal ves, dixo Mercurio, ó Sardo Poeta, que me corten las orejas, O me tengan los hombres por bastardo.

Dime, porqué algun tanto no te alejas De la ignorancia, pobretón, y adviertes Lo que cantan tus rimas en tus quejas?

Porqué con tus mentiras nos diviertes De recibir á Apolo qual se debe, Por haver mejorado vuestras suertes?

En esto mucho mas que el viento leve Baxó el lucido Apolo á la marina A pie, porque en su carro no se atreve.

Quitó los rayos de la faz divina, Mostróse en calzas y en jubon vistoso, Porque dar gusto á todos determina.

Seguiale detras un numeroso Esquadron de doncellas bailadoras, Aunque pequeñas, de ademan brioso.

Supe poco despues, que estas señoras, Sanas las mas, las menos mal paradas. Las del tiempo y del sol eran las horas.

Las medio rotas eran las menguadas, Las sanas las felices, y con esto Eran todas en todo apresuradas.

Apolo luego con alegre gesto Abrazó á los soldados, que esperaba Para la alta ocasion que se ha propuesto.

Y no de un mismo modo acariciaba A todos, porque alguna diferiencia Hacia con los que él mas se alegraba.

Que á los de señoria y excelencia Nuevos abrazos dió, razones dixo, En que guardó decoro y preeminencia.

Entre ellos abrazó á DON JUAN DE ARGUIJO, Que no sé en qué, ó como, ó quando hizo Tan aspero viage y tan prolijo.

Con él á su deseo satisfizo Apolo y confirmó su pensamiento, Mandó, vedó, quitó, hizo y deshizo.

Hecho pues el sinpar recebimiento, Do se halló DON LUIS DE BARAHONA, Llevado alli por su merecimiento.

Del siempre verde lauro una corona Le ofrece Apolo en su intencion, y un vaso Del agua de Castalia y de Elicona.

Y luego vuelve el magestoso paso, Y el esquadron pensado y de repente Le sigue por las faldas del Parnaso.

Llegóse enfin á la Castalia fuente, Y en viendola infinitos se arrojaron Sedientos al cristal de su corriente.

Unos no solamente se hartaron, Sino que pies y manos, y otras cosas Algo mas indecentes se lavaron.

Otros mas advertidos, las sabrosas Aguas gustaron poco á poco, dando Espacio al gusto, á pausas melindrosas.

El brindez y el caraos se puso en vando, Porque los mas de bruces, y no á sorbos El suave licor fueron gustando.

De ambas manos hacian vasos corbos Otros, y algunos de la boca al agua Temian de hallar cien mil estorbos.

Poco á poco la fuente se desagua, Y pasa en los estomagos bebientes, Y aun no se apaga de su sed la fragua.

Mas dixoles Apolo: otras dos fuentes Aun quedan Aganipe é Hipocrene, Ambas sabrosas, ambas excelentes.

Cada qual de licor dulce y perene, Todas de calidad aumentativa Del alto ingenio que a gustarlas viene.

Beben, y suben por el monte arriba, Por entre palmas, y entre cedros altos, Y entre arboles pacificos de oliva.

De gusto llenos y de angustia faltos, Siguiendo á Apolo el esquadron camina, Unos á pedicox, otros á saltos.

Al pie sentado de una antigua encina Vi á ALONSO DE LEDESMA, componiendo Una cancion angelica y divina.

Conocíle, y á él me fui corriendo Con los brazos abiertos como amigo, Pero no se movió con el estruendo.

No ves, me dixo Apolo, que consigo No está Ledesma ahora, no ves claro Que está fuera de sí, y está conmigo?

A la sombra de un mirto, al verde amparo GERONIMO DE CASTRO sesteaba, Varon de ingenio peregrino y raro.

Un motete imagino que cantaba Con voz suave; yo quedé admirado De verle alli, porque en Madrid quedaba.

Apolo me entendió, y dixo: un soldado Como este no era bien que se quedara Entre el ocio y el sueño sepultado.

Yo le truxe, y sé como, que á mi rara Potencia no la impide otra ninguna, Ni inconveniente alguno la repara.

En esto se llegaba la oportuna Hora á mi parecer de dar sustento Al estomago pobre, y mas si ayuna;

Pero no le pasó por pensamiento A Delio que el exercito conduce, Satisfacer al misero hambriento.

Primero á un jardin rico nos reduce, Donde el poder de la naturaleza, Y el de la industria mas campea y luce.

Tuvieron los Hesperidas belleza Menor, no le igualaron los Pensiles En sitio, en hermosura y en grandeza.

En su comparacion se muestran viles Los de Alcinoo, en cuyas alabanzas Se han ocupado ingenios bien sotiles:

No sugeto del tiempo á las madanzas, Que todo el año primavera ofrece Frutos en posesion, no en esperanzas.

Naturaleza y arte alli parece Andar en competencia, y está en duda Qual vence de las dos, qual mas merece.

Muestrase balbuciente y casi muda, Si le alaba la lengua mas experta De adulacion y de mentir desnuda.

Junto con ser jardin, era una huerta, Un soto, un bosque, un prado, un valle ameno, Que en todos estos titulos concierta.

De tanta gracia y hermosura lleno, Que una parte del cielo parecia El todo del bellisimo terreno.

Alto en el sitio alegre Apolo hacia, Y alli mandó que todos se sentasen A tres horas despues de mediodia.

Y porque los asientos señalasen El ingenio y valor de cada uno, Y unos con otros no se embarazasen;

A despecho y pesar del importuno Ambicioso deseo, les dió asiento En el sitio y lugar mas oportuno.

Llegaban los laureles casi á ciento, A cuya sombra y troncos se sentaron Algunos de aquel numero contento.

Otros los de las palmas ocuparon, De los mirtos, y yedras, y los robles Tambien varios poetas albergaron.

Puesto que humildes, eran de los nobles Los asientos qual tronos levantados, Porque tú, ó envidia, aqui tu rabia dobles.

Enfin, primero fueron ocupados Los troncos de aquel ancho circuito, Para honrar á poetas dedicados,

Antes que yo en el numero infinito Hallase asiento: y asi en pie quedeme Despechado, colerico y marchito.

Dixe entre mí: es posible que se estreme En perseguirme la fortuna airada, Que ofende á muchos y á ninguno teme?

Y volviendome á Apolo con turbada Lengua le dixe lo que oirá el que gusta Saber, pues la tercera es acabada, La quarta parte desta empresa justa.

VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO IV.

Suele la indignacion componer versos, Pero si el indignado es algun tonto, Ellos tendrán su todo de perversos.

De mí yo no sé mas, sino que pronto Me halle para decir en tercia rima Lo que no dixo el desterrado al Ponto.

Y asi le dixe á Delio: no se estima, Señor, del vulgo vano el que te sigue Y al arbol sacro del laurel se arrima.

La envidia y la ignorancia le persigue, Y asi envidiado siempre y perseguido El bien que espera, por jamas consigue.

Yo corté con mi ingenio aquel vestido, Con que al mundo la hermosa _Galatea_ Salió para librarse del olvido.

Soy por quien _La Confusa_ nada fea Pareció en los teatros admirable, Si esto á su fama es justo se le crea.

Yo con estilo en parte razonable He compuesto _Comedias_, que en su tiempo Tuvieron de lo grave y de lo afable.

Yo he dado en Don Quixote pasatiempo Al pecho melancolico y mohino En qualquiera sazon, en todo tiempo.

Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino, Por do la lengua Castellana puede Mostrar con propriedad un desatino.

Yo soy aquel que en la invencion excede A muchos, y al que falta en esta parte, Es fuerza que su fama falta quede.

Desde mis tiernos años amé el arte Dulce de la agradable poesia, Y en ella procuré siempre agradarte.

Nunca voló la pluma humilde mia Por la region satirica, baxeza Que á infames premios y desgracias guia.

Yo el soneto compuse que asi empieza, Por honra principal de mis escritos: _Voto á Dios que me espanta esta grandeza_.

Yo he compuesto _Romances_ infinitos, Y el de los zelos es aquel que estimo, Entre otros que los tengo por malditos.

Por esto me congojo y me lastimo De verme solo en pie, sin que se aplique Arbol que me conceda algun arrimo.

Yo estoy, qual decir suelen, puesto á pique Para dar á la estampa al gran _Persiles_, Con que mi nombre y obras multiplique.

Yo en pensamientos castos y sotiles, Dispuestos en soneto de á docena, He honrado tres sugetos fregoniles.

Tambien al par de _Filis_ mi _Filena_ Resonó por las selvas, que escucharon Mas de una y otra alegre cantilena.

Y en dulces varias rimas se llevaron Mis esperanzas los ligeros vientos, Que en ellos y en la arena se sembraron.

Tuve, tengo y tendré los pensamientos, Merced al cielo que á tal bien me inclina, De toda adulacion libres y esentos.

Nunca pongo los pies por do camina La mentira, la fraude y el engaño, De la santa virtud total ruina.

Con mi corta fortuna no me ensaño, Aunque por verme en pie, como me veo, Y en tal lugar, pondero asi mi daño.

Con poco me contento, aunque deseo Mucho. A cuyas razones enojadas, Con estas blandas respondió Timbreo:

Vienen las malas suertes atrasadas, Y toman tan de lejos la corriente, Que son temidas, pero no escusadas.

El bien les viene á algunos derepente, A otros poco á poco y sin pensallo, Y el mal no guarda estilo diferente.

El bien que está adquirido, conservallo Con maña, diligencia y con cordura Es no menor virtud, que el grangeallo.

Tu mismo te has forjado tu ventura, Y yo te he visto alguna vez con ella, Pero en el imprudente poco dura.

Mas si quieres salir de tu querella, Alegre, y no confuso, y consolado Dobla tu capa, y sientate sobre ella.

Que tal vez suele un venturoso estado, Quando le niega sin razon la suerte, Honrar mas merecido, que alcanzado.

Bien parece, señor, que no se advierte, Le respondí, que yo no tengo capa. El dixo: aunque sea asi, gusto de verte.

La virtud es un manto con que tapa Y cubre su indecencia la estrecheza, Que esenta y libre de la envidia escapa.

Incliné al gran consejo la cabeza. Quedeme en pie: que no hay asiento bueno, Si el favor no le labra, ó la riqueza.

Alguno murmuró, viendome ageno Del honor que pensó se me debia, Del planeta de luz y virtud lleno.

En esto pareció que cobró el dia Un nuevo resplandor, y el aire oyóse Herir de una dulcisima harmonia.

Y en esto por un lado descubrióse Del sitio un esquadron de ninfas bellas, Con que infinito el rubio dios holgóse.

Venia enfin, y por remate dellas Una resplandeciendo, como hace El sol ante la luz de las estrellas.

La mayor hermosura se deshace Ante ella, y ella sola resplandece Sobre todas, y alegra y satisface.

Bien asi semejaba, qual se ofrece Entre liquidas perlas y entre rosas La aurora que despunta y amanece.

La rica vestidura, las preciosas Joyas que la adornaban, competian Con las que suelen ser marabillosas.

Las ninfas que al querer suyo asistian En el gallardo brio y bello aspecto, Las artes liberales parecian.

Todas con amoroso y tierno afecto, Con las ciencias mas claras y escogidas, Le guardaban santisimo respeto.

Mostraban que en servirla eran servidas, Y que por su ocasion de todas gentes En mas veneracion eran tenidas.

Su influjo y su reflujo las corrientes Del mar y su profundo le mostraban, Y el ser padre de rios y de fuentes.

Las yerbas su virtud la presentaban, Los arboles sus frutos y sus flores, Las piedras el valor que en sí encerraban.

El santo amor castisimos amores, La dulce paz su quietud sabrosa, La guerra amarga todos sus rigores.

Mostrabasele clara la espaciosa Via, por donde el sol hace contino Su natural carrera y la forzosa.

La inclinacion, ó fuerza del destino, Y de qué estrellas consta y se compone, Y como influye este planeta ó sino.

Todo lo sabe, todo lo dispone La santa y hermosisima doncella, Que admiracion como alegria pone.

Preguntele al parlero, si en la bella Ninfa alguna deidad se disfrazaba, Que fuese justo el adorar en ella.

Porque en el rico adorno que mostraba, Y en el gallardo sér que descubria, Del cielo, y no del suelo semejaba.

Descubres, respondió, tu boberia, Que ha que la tratas infinitos años, Y no conoces que es la Poesia.

Siempre la he visto envuelta en pobres paños, Le repliqué: jamas la vi compuesta Con adornos tan ricos y tamaños:

Parece que la he visto descompuesta, Vestida de color de primavera En los dias de cutio y los de fiesta.

Esta que es la poesia verdadera, La grave, la discreta, la elegante, Dixo Mercurio, la alta y la sincera,

Siempre con vestidura rozagante Se muestra en qualquier acto que se halla, Quando á su profesion es importante.

Nunca se inclina, ó sirve á la canalla Trobadora, maligna y trafalmeja, Que en lo que mas ignora, menos calla.

Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja, Amiga de sonaja y morteruelo, Que ni tabanco, ni taberna dexa.

No se alza dos, ni aun un coto del suelo, Grande amiga de bodas y bautismos, Larga de manos, corta de cerbelo.

Tomanla por momentos parasismos, No acierta á pronunciar, y si pronuncia, Absurdos hace, y forma solecismos.

Baco donde ella esta, su gusto anuncia, Y ella derrama en coplas el poleo, Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia.

Pero aquesta que ves, es el aseo, La gala de los cielos y la tierra, Con quien tienen las musas su bureo,

Ella abre los secretos y los cierra, Toca y apunta de qualquiera ciencia La superficie y lo mejor que encierra.

Mira con mas ahinco su presencia, Verás cifrada en ella la abundancia De lo que en bueno tiene la excelencia.

Moran con ella en una misma estancia La divina y moral Filosofia, El estilo mas puro y la elegancia.

Puede pintar en la mitad del dia La noche, y en la noche mas escura El alba bella que las perlas cria.

El curso de los rios apresura, Y le detiene, el pecho á furia incita, Y le reduce luego á mas blandura.

Por mitad del rigor se precipita De las lucientes armas contrapuestas, Y da vitorias, y vitorias quita.

Verás como le prestan las florestas Sus sombras, y sus cantos los pastores, El mal sus lutos y el placer sus fiestas,

Perlas el Sur, Sabea sus loores, El oro Tiber, Hibla su dulzura, Galas Milan, y Lusitania amores.

Enfin ella es la cifra, do se apura Lo provechoso y honesto, y deleitable, Partes con quien se aumenta la ventura.

Es de ingenio tan vivo y admirable, Que á veces toca en puntos que suspenden, Por tener noséque de inescrutable.

Alabanse los buenos, y se ofenden Los malos con su voz, y destos tales Unos la adoran, otros no la entienden.

Son sus obras heroicas inmortales, Las liricas suaves, de manera Que vuelven en divinas las mortales.

Si alguna vez se muestra lisongera, Es con tanta elegancia y artificio, Que no castigo, sino premio espera.

Gloria de la virtud, pena del vicio Son sus acciones, dando al mundo en ellas De su alto ingenio, y su bondad indicio.

En esto estaba, quando por las bellas Ventanas de jazmines y de rosas, Que amor estaba á lo que entiendo en ellas;

Divisé seis personas religiosas Al parecer de honroso y grave aspeto, De luengas togas, limpias y pomposas.

Preguntele á Mercurio, por qué efeto Aquellos no parecen y se encubren, Y muestran ser personas de respeto?

A lo que él respondió: no se descubren Por guardar el decoro al alto estado Que tienen, y asi el rostro todos cubren.

Quién son, le repliqué, si es que te es dado Decirlo? Respondióme: no por cierto, Porque Apolo lo tiene asi mandado.

No son poetas? Sí. Pues yo no acierto A pensar por qué causa se desprecian De salir con su ingenio á campo abierto.

Para qué se embobecen y se anecian, Escondiendo el talento que da el cielo A los que mas de ser suyos se precian?

Aqui del Rey: qué es esto? qué recelo, O zelo les impele á no mostrarse Sin miedo ante la turba vil del suelo?

Puede ninguna ciencia compararse Con esta universal de la poesia, Que limites no tiene do encerrarse?

Pues siendo esto verdad, saber querria Entre los de la carda, cómo se usa Este miedo, ó melindre, ó hipocresia?

Hace Monseñor versos, y rehusa Que no se sepan, y él los comunica Con muchos, y á la lengua agena acusa

Y mas que siendo buenos, multiplica La fama su valor, y al dueño canta Con voz de gloria, y de alabanza rica.

Qué mucho pues? sino se le levanta Testimonio á un Pontifice poeta, Que digan que lo es? por Dios que espanta.

Por vida de Lanfusa la discreta, Que si no se me dice quien son estos Togados de bonete y de muceta:

Que con trazas y modos descompuestos Tengo de reducir á behetria, Estos tan sosegados y compuestos.

Por Dios, dixo Mercurio, y á fe mia, Que no puedo decirlo, y si lo digo, Tengo de dar la culpa á tu porfia.

Dilo, señor, que desde aqui me obligo De no decir que tu me lo dixiste, Le dixe: por la fe de buen amigo.

El dixo: no nos cayan en el chiste, Llegate á mí, dirételo al oido, Pero creo que hay mas de los que viste.

Aquel que has visto alli del cuello erguido, Lozano, rozagante y de buen talle, De honestidad y de valor vestido:

Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle Puede qual debe Apolo la alabanza, Que pueda sobre el cielo levantalle.

Y aun mas su famoso ingenio alcanza, Pues en las verdes hojas de sus dias Nos dá de santos frutos esperanza.

Aquel que en elevadas fantasias, Y en éstasis sabrosos se regala, Y tanto imita las acciones mias,

Es el MAESTRO ORENSE, que la gala Se lleva de la mas rara eloquencia Que en las aulas de Atenas se señala.

Su natural ingenio con la ciencia, Y ciencias aprendidas le levanta Al grado que le nombra la excelencia.

Aquel de amarillez marchita y santa, Que le encubre de lauro aquella rama, Y aquella hojosa y acopada planta:

FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama, Descalzo y pobre, pero bien vestido, Con el adorno que le da la fama.

Aquel que del rigor fiero de olvido Libra su nombre con eterno gozo, Y es de Apolo y las musas bien querido,

Anciano en el ingenio, y nunca mozo, Humanista divino, es segun pienso El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO.

Un Licenciado de un ingenio inmenso Es aquel, y aunque en trage Mercenario Como á señor le dan las musas censo:

RAMON se llama, auxilio necesario Con que Delio se esfuerza y vé rendidas Las obstinadas fuerzas del contrario.

El otro, cuyas sienes ves ceñidas Con los brazos de Dafne en triunfo honroso, Sus glorias tiene en Alcalá esculpidas.

En su ilustre teatro vitorioso Le nombra el cisne en canto no funesto, Siempre el primero como á mas famoso.

A los donayres suyos echó el resto Con propiedades al gorron debidas, Por haverlos compuesto ó descompuesto.

Aquestas seis personas referidas, Como están en divinos puestos puestas, Y en sacra religion constituidas:

Tienen las alabanzas por molestas, Que les dan por poetas y holgarian Llevar la loa sin el nombre acuestas.

Porqué, le pregunté, señor porfian Los tales á escribir y dar noticia De los versos, que paren y que crian?

Tambien tiene el ingenio su codicia, Y nunca la alabanza se desprecia, Que al bueno se le debe de justicia,