Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)
Part 12
De una vida que hoy se acaba, Para jamas acabarse. Ya sabeis que aqui en Argel Se supo como en Valencia Murió por justa sentencia Un morisco de Sargel. Digo que en Sargel vivia, Puesto que era de Aragon, Y al olor de su nacion Pasó el perro á Berberia: Y aqui cosario se hizo Con tan prestas crueles manos, Que con sangre de cristianos La suya bien satisfizo. Andando en corso, fue preso, Y como fue conocido, Fue en la Inquisicion metido, Do le formaron proceso, Y alli se le averiguó Como siendo bautizado, De Cristo havia renegado, Y en Africa se pasó: Y que por su industria y mañas, Traidores tratos esquivos Havian sido cautivos Mas de seiscientos cristianos. Y como se le probaron Tantas maldades y errores, Los justos Inquisidores Al fuego le condenaron. Supose del moro acá, Y la muerte que le dieron, Porque luego lo escribieron Los moriscos que hay allá. La triste nueva sabida Por los parientes del muerto, Juran y hacen concierto De dar al fuego otra vida. Buscaron luego un cristiano Para pagar este escote, Y hallaronlo sacerdote, Y de nacion Valenciano. Pidieron este á gran priesa Para executar su hecho, Porque vieron que en el pecho Traia la cruz de Montesa. La qual señal de victoria Que le cupo en buena suerte, Si en el suelo le dió muerte, En el cielo le dió gloria. Porque esta gente sin luz, Que en él tal señal han visto, Pensando matar á Cristo Matan al que trae su cruz. A su amo le compraron, Y aunque eran pobres, á un punto El dinero todo junto De limosna le allegaron. En nuestro pueblo cristiano Por Dios se pide á la gente, Para sanar al doliente, No para matar al sano. Mas entre esta descreida Gente y maldito lugar, No piden para sanar, Mas para quitar la vida. Hoy en poder de sayones He visto al siervo de Dios No solamente entre dos, Pero entre dos mil ladrones. Iba el sacerdote justo, Entre injusta gente puesto, Marchito y humilde el gesto, A morir por Dios con gusto. Todo el pueblo se desvela En darle penas dobladas, Qual le da mil bofetadas, Qual sus blancas canas pela. Las manos que á Dios tuvieron Mil veces, hoy son tenidas De dos sogas retorcidas, Con que atras se las asieron. Al yugo de otro cordel, El humilde cuello lleva, Haciendo mil moros prueba, Quanto pueden tirar del. A ningun lado miraba Que descubra un solo amigo, Que todo el pueblo enemigo Entorno le rodeaba. Con voluntad tan dañada Procuran su pena y lloro, Que se tuvo por mal moro, Quien no le dió bofetada. A la marina llegaron Con la victima inocente, Do con barbaria insolente A una ancora le ligaron. Dos ancoras á una mano Vi yo alli en contrario zelo, Una de hierro en el suelo, Y otra de fe en el cristiano. Y la una á la otra asida, La de hierro se convierte En dar cruda y presta muerte, La de fe en dar larga vida. Ved si es bien contrario el zelo De las dos en esta guerra; La una del suelo afierra, La otra se ase del cielo, Y aunque corra tal fortuna Que asombre el cuerpo y el alma, Como si estuviese en calma, No hay desasirse ninguna. Sin yerro al hierro ligado El siervo de Dios se hallaba, Y en el cuerpo atado, andaba Espiritu desatado. El cuerpo no se rodea, Que le ata mas de un cordel, Mas el espiritu del Todos los cielos pasea. La canalla, que se enseña A hacer nueva crueldad, Truxeron gran cantidad De seca y nudosa leña: Y una espaciosa corona Hicieron luego con ella, Dexando encerrada en ella La santa humilde persona. Y aunque no tienen sosiego Hasta verle ya espirar, Para mas le atormentar Encienden lejos el fuego. Quieren, como el cocinero Que en su oficio mas mirase, Que se ase y no se abrase La carne de aquel cordero. Sube el humo al ayre vano, Y á veces le dá en los ojos, Quema el fuego los despojos Que le vienen á la mano. Vase arrugando el vestido Con el calor violento, Y el fuego poco contento Busca lo mas escondido. Combatenle fuegos dos, El uno humano y visible, El otro santo invisible, Que es luego de amor de Dios. Yo no sé á qual mas debia, Puesto que á los dos pagaba, Al que el cuerpo le abrasaba, O al que el alma le encendia. Los que estaban á mirarle, La ira ansi se les previerte, Que mueren por darle muerte, Y entretienense en matarle. Y en medio deste tormento No movió el santo varon La lengua á formar razon Que fuese de sentimiento. Antes dicen, y yo he visto, Que si alguna vez hablaba, En el ayre resonaba Y cielo el nombre de Cristo. Y quando en el agonia Ultima el santo se vio, Cinco ó seis veces llamó La Virgen Santa Maria. Al fuego el ayre le atiza, Y con tal ardor revuelve, Que poco á poco resuelve El santo cuerpo en ceniza. Mas ya que morir le vieron, Tantas piedras le tiraron, Que con ellas acabaron Lo que las llamas no hicieron. O santo Esteban segundo Que me asigura tu zelo, Que miraste abierto el cielo En tu muerte desde el mundo! Queda el cuerpo en la marina Quemado y apedreado, Y el alma vuelo ha tomado Acia la region divina. Queda el moro muy gozoso Del injusto yerro hecho, El turco está satisfecho, Y el cristiano temeroso. Yo he venido á referiros Lo que no pudistes ver, Si os lo ha dexado entender Mis lagrimas y suspiros.
SAAVEDRA.
Dexa el llanto, amigo, ya, Que no es bien que se haga duelo Por los que se van al cielo, Sino por quien queda acá. Que aunque parece ofendida A humanos ojos su suerte, El acabar con tal muerte Es comenzar nueva vida. Mide por otro nivel Tu llanto, que no hay paciencia Que las muertes de Valencia Se venguen aqui en Argel. Muestrase allá la justicia En castigar la maldad, Muestra acá la crueldad Quanto puede la injusticia.
SEBASTIAN.
En tan amarga querella Quién detendrá los gemidos? Ellos con culpa punidos, Nosotros muertos sin ella.
PEDRO ALVAREZ.
Bastabanos ser cautivos Sin tener mas desconciertos, Que si allá queman los muertos, Abrasan aca los vivos. Usa Valencia otros modos En castigar renegados, No en publico condenados, Mueran á tosigo todos. Mas un moro viene aca, No estemos juntos aqui, Saavedra por alli, Yo y Sebastian por aca.
_Entranse_.
JORNADA II.
_Salen_ AURELIO _y_ IZUF.
IZUF.
Trescientos escudos dí, Aurelio, por la doncella, Y estos dí al turco, que á ella Alma y vida le rendí, Y es poco, segun es bella. Vendiómela de aburrido, Diciendo que no ha podido, Mientras la tuvo en poder, En ningun modo traer Al amoroso partido. Pusela en casa de un moro, Sin osarla traer acá, Y alli está donde ella está Todo mi bien y tesoro, Y quanta gloria amor da. Alli se ve la bondad, Junta con la crueldad Mayor, que se vió en la tierra, Y juntas sin hacer guerra Belleza y honestidad. No pueden prometimientos Ablandar su duro pecho; Veme en lagrimas deshecho, Y ofrece siempre á los vientos Quantos servicios la he hecho. No echa de ver su ventura, Ni como el dolor me aprieta Poco apoco suspirando, Antes quando yo mas blando, Entonces ella mas dura. A casa quiero traella Para entregarte en tu mano Mi gozo mas soberano, Quizá tu podrás movella, Siendo como ella cristiano. Y desde aqui te prometo, Que si conduces á efeto Mi amorosa voluntad, De darte la libertad, Y serte amigo perfeto.
AURELIO.
En todo lo que quisieres, He, señor, de complacerte, Por ser tu esclavo, y por verte Que melindres de mugeres Te traigan de aquesta suerte. De qué nacion es la dama Que te enciende en esa llama, Sin mirar en su interes?
IZUF.
Española dicen que es.
AURELIO.
El nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
AURELIO.
Silvia? Una Silvia venia A donde yo me embarqué, Y segun que yo miré, No en tanto alli se tenia.
IZUF.
Esa es: yo la compré.
AURELIO.
Si es esa, yo sé decir Que es hermosa sin mentir, Y que no es tan cruda, altiva, Que su condicion esquiva A ninguno haga morir. Traela á casa, señor, luego, Y ten las riendas al miedo, Y tu verás si yo puedo, Como á mis manos y ruego Amaine el casto denuedo.
IZUF.
Yo voy, y mientras se ordena Su venida, por estrena Del contento que me has dado, Yo dire á mi renegado Que te quite esa cadena.
_Vase_.
AURELIO.
Qué es esto, cielos, que he oido? Es mi Silvia? Silvia es cierto; Es posible, hado incierto! Que he de ver quien me ha tenido Vivo en muerte, en vida muerto? Esta es mi Silvia, á quien llamo, A quien sirvo, y á quien amo Mas que todo lo del suelo. Gracias hago y doy al cielo Que á los dos ha dado un amo. Tregua tengan mis enojos Entre tanta desventura, Pues por estraña ventura Vendrán á mirar mis ojos Tan singular hermosura. Y si della está rendido Mi amo, está conocido Que el que la acertó á mirar, Era imposible escapar De preso, ó de mal herido. Y pues tan lascivos brios El descubre en sus amores, Si nos vemos, sus dolores Se encubrirán, y los mios Le diré que son mayores. Y mientras pudiere ver Su hermosura y gentil ser, Templaré mi desconsuelo, Hasta que disponga el cielo De los dos lo que ha de ser. _Vase_.
_Salen_ DOS MERCADERES.
MERCADER.
Al fin, Aydar, que en Cerdeña Habeis hecho la galima?
AYDAR.
Sí, y no de poca estima, Segun salió en la reseña.
MERCADER.
Dicen que os dieron caza De Napoles las galeras.
AYDAR.
Sí dieron, mas no de veras, Que el peso las embaraza. El ladron que va á hurtar, Para no dar en el lazo Ha de ir muy sin embarazo, Para huir, para alcanzar. Las galeras de cristianos, Sabe, sino lo sabeis, Que tienen falta de pies, Y que no les sobran manos. Y la causa es, porque van Tan llenas de mercancias, Que aunque vogasen seis dias, Un ponton no alcanzarán. Nosotros á la ligera, Y sueltos como el fuego, Y en dandonos caza, luego Pico al viento, ropa fuera, Las obras muertas abaxo, Arbol y antena en crugia, Y ansi hacemos nuestra via Contra el viento, sin trabajo. Pero alli tiene la honra El cristiano en tanto estremo, Que asir en un trance el remo Le parece que es deshonra. Y mientras ellos allá En sus trece estan honrados, Nosotros dellos cargados Venimos sin honra acá.
MERCADER.
Esa honra y ese engaño Nunca les salga del pecho, Pues nuestro mayor provecho Nace de su propio daño. Un mozo de poca edad De esos Sardos, comprar quiero.
AYDAR.
Ya los trae el pregonero Vendiendo por la ciudad.
_Entra el_ PREGONERO _moro vendiendo los dos_ MUCHACHOS, _y la_ MADRE _y el_ PADRE.
PREGONERO.
Hay quien compre los chiquitos, Y el viejo que es el grandazo, Y la vieja y su embarazo? Pues á fe que son bonitos. Deste me dan ciento y dos, Deste docientos me dan. Pero no le llevarán. Pasa acá, perrazo, vos.
JUAN.
Qué es esto, madre? por dicha Vendennos aquestos moros?
MADRE.
Sí, hijo, que sus tesoros Les crece nuestra desdicha.
PREGONERO.
Hay quien á comprar acierte El niño y la madre juntos?
MADRE.
O terribles tristes puntos, Mas amargos que la muerte!
PADRE.
Sosegad, señora, el pecho, Que pues mi Dios lo ha ordenado Ponernos en este estado, El sabe por que lo ha hecho.
MADRE.
Destos hijos tengo pena, Que no sé por donde han de ir.
PADRE.
Señora, dexad cumplir Lo que el alto cielo ordena.
MERCADER.
Quanto dan deste? decid.
PREGONERO.
Ciento y dos escudos dan.
MERCADER.
Por ciento y diez darle han?
PREGONERO.
No, sino pasais de ahi.
MERCADER.
Está sano?
PREGONERO.
Sano está.
_Abrele la boca_.
MERCADER.
Abre, no tengas temor.
JUAN.
No me la saque, señor, Que ella mesma se cairá.
MERCADER.
Piensa que sacalle quiero El rapaz alguna muela?
JUAN.
Paso, señor, no me duela, Tenga, paso, que me muero.
AYDAR.
Destotro quánto dan dél?
PREGONERO.
Ducientos escudos dan.
AYDAR.
Y por quanto le darán?
PREGONERO.
Trecientos piden por él.
AYDAR.
Si te compro, serás bueno?
FRANCISCO.
Aunque vos no me compreis, Seré bueno.
AYDAR.
Serlo heis?
FRANCISCO.
Ya lo soi, sin ser ageno.
MERCADER.
Por este doi ciento y treinta.
PREGONERO.
Vuestro es, venga el dinero.
MERCADER.
En casa daroslos quiero.
MADRE.
El corazon me revienta!
MERCADER.
Comprad, compañero, esotro. Ven, niño, vente á holgar.
JUAN.
Señor, no he de dexar Mi madre por ir con otro.
MADRE.
Ve, hijo, que ya no eres Sino del que te ha comprado.
JUAN.
Ay madre! haveisme dexado?
MADRE.
Ay cielo, quan cruel eres!
MERCADER.
Anda, rapaz, ven conmigo.
JUAN.
Vamonos juntos, hermano?
FRANCISCO.
No puedo, ni está en mi mano, El cielo vaya contigo.
MADRE.
O mi bien, y mi alegria, No se olvide de ti Dios!
JUAN.
Dónde me llevan sin vos, Padre mio, y madre mia?
MADRE.
Quieres que hable, señor, A mi hijo un momento? Dame ese breve contento, Pues será eterno el dolor.
MERCADER.
Quanto quisieres le dí, Pues será la vez postrera.
MADRE.
Sí, pues esta es la primera Que en este trance me vi.
JUAN.
Tenéme con vos aqui, Madre, que voy no sé donde.
MADRE.
La ventura se te asconde, Hijo, pues yo te parí. Hase escurecido el cielo, Turbado los elementos, Conjurado mar y vientos Todos en mi desconsuelo. No conoces tu desdicha, Aunque estas bien dentro della, Puesto que el no conocella Lo puedes tener por dicha. Lo que te ruego, alma mia, Pues ya el verte se me impide, Es que nunca se te olvide Rezar el Ave Maria. Que esta Reyna de bondad, De virtud y gracia llena, Ha de librar tu cadena, Y ponerte en libertad.
AYDAR.
Mira la mala cristiana Que consejo dá al muchacho, Sí, que no estaba borracho Como tú, falsa, liviana.
JUAN.
Madre, alfin que no me quedo? Qué me llevan estos moros?
MADRE.
Contigo van mis tesoros.
JUAN.
A fe que me ponen miedo.
MADRE.
Mas miedo me queda á mí De verte ir á do vas, Que nunca te acordarás De Dios, de tí, ni de mí; Porque estos tus tiernos años Qué prometen sino aquesto? Entre iniqua gente puesto, Fabricadora de engaños.
PREGONERO.
Calla vieja, mala pieza, Sino quieres por mas mengua, Que lo que dice tu lengua Venga á pagar tu cabeza. Destotro hay quién dé mas, Que es mas bello y mas lozano, Que no su pequeño hermano?
AYDAR.
Dí, por quanto le darás?
PREGONERO.
No os he dicho, que trecientos Escudos de oro por cuenta?
AYDAR.
Quiés ducientos y cinquenta?
PREGONERO.
Eso es dar voces al viento.
AYDAR.
Enamorado me ha El donaire del garzon; Yo los doi en conclusion.
PREGONERO.
Dinero, y señal me da.
AYDAR.
Como te llamas me dí.
FRANCISCO.
Señor, Francisco me llamo.
AYDAR.
Pues has mudado de amo, Muda el Francisco en Maami.
FRANCISCO.
Eso no, señor patron, Francisco me has de llamar.
AYDAR.
El palo os hará mudar El nombre, y aun la intencion.
FRANCISCO.
Pues me aparta el hado insano De vos, señor, qué mandais?
PADRE.
Hijo mio, que vivais Como bueno y fiel cristiano.
MADRE.
Hijo, no las amenazas, No los gustos y regalos, No los azotes ni palos, No los conciertos ni trazas, No todo quanto tesoro Cubre el cielo, y sol ha visto Te mueva dexar á Cristo Por seguir al pueblo moro.
FRANCISCO.
En mí se verá si puedo, Pues mi buen Jesús me ayuda, Como en mi alma no muda La fe, la promesa y miedo.
PREGONERO.
O qué cristiano se muestra El rapaz! pues yo os prometo Que alceis á tantico aprieto El brazo, y la mano diestra. Estos rapaces cristianos Al principio muchos lloros, Y despues se vuelven moros Mejor que los mas ancianos.
_Vanse_.
JORNADA III.
_Salen_ IZUF, SILVIA, _y_ ZARA, _y un_ MORO.
IZUF.
Dexad, Silvia, el llanto ahora, Poned tregua al ansia brava, Que no os compré para esclava, Sino para ser señora. Mira que imagino y creo Que vuestra gran desventura, Para daros mas ventura Ha traido este rodeo. Con vos fortuna en su ley No usa de nuevas leyes, Que esclavos se han visto reyes, Pero vos sois mas que rey. Limpiad ya esos bellos ojos Que sujetan quanto miran, Y al tiempo que se retiran, De alma llevan los despojos. Y no cubra el blanco velo Esa divina hermosura, Que es como la nieve pura. Que impide la luz del cielo.
SILVIA.
Esme ya tan natural, Señor, el llanto y tormento, Que si me dexa un momento, Lo tengo por mayor mal; Aunque sí estoi y estaré Alegre al obedeceros, Pues distes tantos dineros Por mí, sin saber por que. Porque os prometo, señor, Que de miseria y pobreza Tengo quanto de riqueza, Si la riqueza es dolor. Y de dolor soi tan rica, Quanto por darme pasion Este caudal, la ocasion Por puntos le multiplica.
IZUF.
Silvia, vives engañada, Que yo no quiero de tí, Sino que quieras de mí Ser servida y regalada. Que el provecho que yo espero, Silvia, de haverte comprado, Es ver tu rostro estremado, Y no doblar el dinero. Que el amor que se mejora En mostrar su fuerza brava, Me ha hecho esclavo de esclava, Esclava que es mi señora. Y quedo tan satisfecho De perder la libertad, Que alabo la crueldad Deste crudo y nuevo pecho. Y porque lo que aqui digo Lo entiendas, Silvia, mejor, Nunca me llames señor, Sino siervo ó caro amigo.
SILVIA.
Aunque tamaña mudanza Ha hecho el cielo en mi estado, No entiendas se me ha olvidado El termino de crianza. Bien sé como he de llamarte, Y sé que es de obligacion, Que en lo que fuere razon, Procure de contentarte.
IZUF.
Tu habla tan comedida, Tu donaire, y gracia, y ser Claro me dá á entender Que eres, Silvia, bien nacida. Y aunque pudiera esperar De tí un rescate crecido, A tal termino he venido, Que tu me has de rescatar. Mas entanto que á la clara Veas quanto hago por tí, Ven, Silvia, vente tras mí, Verás á tu ama Zara.
SILVIA.
Vamos, señor, en buena hora.
IZUF.
Silvia, no tanto señor, Pues la ventura y amor Os ha hecho á vos mi señora.
ZARA.
Seais, Izuf, bien llegado: Cuya es la esclava?
IZUF.
Mia.
SILVIA.
Vuestra soi, señora mia.
IZUF.
Vuestra es, yo la he comprado.
ZARA.
Por cierto la compra es bella, Si qual hermosa, es honesta. Decid, señor, quanto cuesta?
IZUF.
Dado he mil doblas por ella.
ZARA.
Espera ser rescatada?
IZUF.
De muy rica tiene fama.
ZARA.
Su nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
ZARA.
Es doncella, ó es casada?
SILVIA.
Casada soy, y doncella.
ZARA.
Cómo es eso, Silvia, dí?
SILVIA.
Señora, ello es ansi, Que ansi lo quiso mi estrella. El cielo me dió marido No para que le gozase, Sino para que quedase Yo perdida, y él perdido.
MORO.
Izuf, á llamar te invia El Rey apriesa nuestro Azan.
IZUF.
Dónde está?
MORO.
En el Duan, Metido en grande agonia. Amés, Xemí, Zaragá, Y los Balucos Baxies, Y todos los Debaxies, Y el Daxés están allá. Hanse juntado á consejo Sobre que se ha averiguado Que el Rey de España ha juntado De guerra grande aparejo. Dicen que va á Portugal, Mas temese no sea maña, Y es bien que tema su saña Argel, que le hace mas mal. En la guerra hay mil ensayos, De fraudes y astucias llenos, Acullá suenan los truenos, Aca disparan los rayos.
IZUF.
Vamos, que el cielo que toma Por suya nuestra defensa, A España hará con su ofensa Sujeta y sierva á Mahoma. Y vos, señora, ordenad A Silvia lo que ha de hacer; Y vos, Silvia, á su querer Sujetad la voluntad.
ZARA.
Cristiana, de donde eres? Eres pobre, ó eres rica? De suerte ensalzada ó chica? No me lo niegues, si quieres; Porque soi qual tú muger, Y no de entrañas tan duras, Que tus tristes desventuras No me hayan de enternecer.
SILVIA.
Señora, soi de Granada, Y de suerte ansi abatida, Qual lo muestra el ser vendida, Y á cada paso comprada. Dicen que fui rica un tiempo, Pero toda mi riqueza Se ha vuelto en mayor pobreza, Y ha pasado con el tiempo.
ZARA.
Has algun tiempo tenido Enamorado deseo?
SILVIA.
Al estado en que me veo El crudo amor me ha traido.
ZARA.
Fuiste acaso bien querida?
SILVIA.
Fuilo, y quise con ventaja Tal, que apenas la mortaja Borrará fe tan subida.
ZARA.
Fuiste querida primero, U empezó el amor de tí?
SILVIA.
Primero querida fui Del que quise, querre, y quiero.
ZARA.
Es mozo?
SILVIA.
Y aun gentilhombre.
ZARA.
Es cristiano?
SILVIA.
Pues qué moro? No sale de su decoro Quien ha de cristiano nombre.
ZARA.
Y es pecado querer bien A un moro?
SILVIA.
Yo no sé nada, Sé que es cosa reprobada, Y á cristianos no está bien.
ZARA.
Y querer mora á cristiano?
SILVIA.
Eso tú mejor lo entiendes.
ZARA.
Ay Silvia, como me ofendes Y me lastimas temprano!
SILVIA.
Yo, mi señora, en qué suerte?
ZARA.
Escucha, y te lo diré, Que escuchandome, bien sé Que vendrás á enternecerte. Has de saber, ó Silvia, que estos dias, Partieron deste puerto con buen viento Doce baxeles de cosarios todos, Y con prospero viento caminaron, A vuelta de las islas de Cerdeña, Y alli en las calas, vueltas y revueltas, Y puntas que la mar hace y revuelve, Se fueron á esconder, estando alerta De algun baxel de Genova, ó España, O de otra nacion, que no fuese Francesa: Y presto un bravo viento se levanta Que Maestral se llama, cuya furia Dicen los marineros que es tan grande, Que las tupidas velas y las jarcias Del mas recio navio y mas armado No pueden resistirle, y es forzoso Acudir al abrigo mas cercano, Si su rigor acaso lo concede. Las levantadas olas y el ruido Del atrevido viento detenia Los cosarios baxeles en los cabos, Sin dexarles salir al mar á viento, Y en otra parte con furor insano Mostrando su braveza fatigaba Una galera de cristiana gente Y de riquezas llena, que corriendo Por el hinchado mar sin remo alguno Venia á su alvedrio, temerosa De ser sorbida de las bravas hondas; Pero despues al cabo de tres dias Del recio mar y viento contrastada, Descubrió tierra, y fue el descubrimiento De su mayor dolor y desventura, Porque á la misma isla de San Pedro Vino á parar, á donde recogidos Estaban los baxeles enemigos, Los quales, de la presa codiciosos, Salen, y de ardor belico adornados A la galera acometen destrozada, Y de solos deseos defendida: Una pelota pasa en el momento Al Capitan el pecho, y á su lado Del Lusitano fuerte muerto cae Un caballero ilustre Valenciano. El robo, las riquezas, los cautivos, Que los turcos hallaron en el seno De la triste galera, me ha contado Un cristiano que alli perdió la dulce Y amada libertad, para quitarla A quien quiere rendirse á su rendido. Y este cristiano, Silvia, este cristiano, Este cristiano, Silvia, es quien me tiene Fuera del ser que á moras es debido, Fuera de mi contento y alegria, Fuera de todo gusto, y estoi fuera, Que es lo peor, de todo mi sentido. Compróle mi marido, y está en casa, Y puesto que con lagrimas y ruegos, Con suspiros, ternezas, y con dadivas Procuro de ablandar su duro pecho Al mio, que contino es blanda cera, El suyo se me muestra de diamante: Ansi que, Silvia hermana, como has dicho Que al cristiano no es licito dé gusto En cosas del amor á mora alguna, Tus razones me tienen ofendida, Y con aquesas mismas se defiende Aurelio, á quien ha hecho tan cristiano El cielo para darme á mi la muerte.
SILVIA.
Aurelio, dices, que por nombre tiene Ese cristiano?
ZARA.
Ansi se llama.
SILVIA.
La galera que dices segun creo Se llamaba San Pablo, y era nueva, De la sacra religion de Malta, Yo en ella me perdi, y aun imagino Que conozco á ese Aurelio, y es un mozo De rostro grave, y de nacion Hispana.
ZARA.
Sin dubda has acertado, Silvia mia, Quién es este enemigo de mi gloria? Es caballero, ó rustico aldeano? Que todo lo parece en su postura, Y dura condicion, el talle ilustre De la ciudad, la condicion del monte.
SILVIA.
A mí pobre escudero me parece, Segun en la galera se trataba, Que de su hacienda no sé mas, señora.
ZARA.
Ni yo sé que te diga, Silvia mia, Sino que á tal estremo soi venida, Que le tengo de amar sea quien se fuere; Solo te ruego, que procures, Silvia, De ablandar esta fiera tigre Hircana, Y atraerle con dulces sentimientos A que sienta la pena que padece Esta misera esclava de su esclavo: Y si esto, Silvia, haces, yo te juro Por todo el Alcoran de buscar modo Como con brevedad alegre vuelvas Al patrio dulce suelo deseado.
SILVIA.
Dexa, señora, el cargo á Silvia dello, Que tu verás lo que mi industria hace Por gusto tuyo y por provecho mio.
JORNADA IV.
_Salen los tres morillos, y los cautivos, que van unos por agua y otros por leña, que son_ SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ.
MORILLO.
Don Juan no venir, y no fuxir, aca morir.
OTRO MORO.
Aca morir.
OTRO MORO.
Aca morir, no fuxir, aca morir.
SAAVEDRA.
Vendrá su hermano el inclito Filipo, El qual sin duda ya venido hoviera, Si la cerviz indomita y erguida Del luterano Flandes no ofendiese Tan sin verguenza su Real Corona.
MORILLO.
No rescatar, no fuxir, Don Juan no venir, aca morir.
PEDRO ALVAREZ.
Si él acaso viniera, yo sé cierto, Murierades vosotros, gente infame.
OTRO MORO.
Don Juan no venir, no fuxir, aca morir.
PEDRO ALVAREZ.