Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)
Part 11
En valde, ilustre General prudente, Han sido nuestras fuerzas ocupadas, En valde te has mostrado diligente, Pues en humo y en viento son tornadas Las ciertas esperanzas de victoria, De tu industria contino aseguradas: El lamentable fin y triste historia De la ciudad invicta de Numancia, Merece ser eterna la memoria. Sacado han de su pérdida ganancia, Quitado te han el triunfo de las manos, Muriendo con magnanima constancia. Nuestros disignios han salido vanos, Pues ha podido mas su honroso intento, Que toda la potencia de Romanos. El fatigado pueblo en fin violento Acabó la miseria de su vida, Dando triste remate al largo cuento. Numancia está en un lago convertida De roxa sangre y de mil cuerpos llena, De quien fue su rigor propio homicida: De la pesada y sin igual cadena Dura de esclavitud se han escapado Con presta audacia de temor agena. En medio de la plaza levantado Está un ardiente fuego temeroso, De sus cuerpos y haciendas sustentado. A tiempo llegué á verle, que el furioso Teogenes, valiente Numantino, De fenecer su vida deseoso, Maldiciendo su corto amargo signo, En medio se arrojaba de la llama Lleno de temerario desatino. Y al arrojarse, dixo: ó clara fama, Ocupa aqui tus lenguas y tus ojos En esta hazaña que á cantar te llama! Venid, Romanos, ya por los despojos Desta ciudad en polvo y humo envueltos, Y sus flores y frutos en abrojos. De alli con pies y pensamientos sueltos Gran parte de la tierra he rodeado, Por las calles y pasos mal revueltos, Y á un solo Numantino no he hallado Que poderte traer vivo siquiera Para que fueras dél bien informado Por qué ocasion, de qué suerte ó manera Cometieron tan grande desvario, Apresurando la mortal carrera.
CIPION.
Estaba por ventura el pecho mio De barbara arrogancia y muertes lleno, Y de crueldad justisima vacio? Es por ventura de mi condicion ageno Usar benignidad con el rendido, Como conviene al vencedor que es bueno? Mal por cierto tenìades conocido El valor en Numancia de mi pecho, Para vencer y perdonar nacido.
QUINTO FABIO.
Jugurta te hará mas satisfecho, Señor, de aquello que saber deseas, Que vesle vuelve lleno de despecho.
_Torna_ JUGURTA _por la mesma muralla_.
JUGURTA.
Prudente General, en vano empleas Mas aqui tu valor, vuelve á otra parte La industria sin igual de que te arreas. No hay en Numancia cosa en que ocuparte, Todos son muertos ya, solo uno creo Que queda vivo, para el triunfo darte. Alli en aquella torre, segun veo, Alli denantes un muchacho estaba, Turbado en vista, y de gentil arreo.
CIPION.
Si eso fuese verdad, eso bastaba Para triunfar en Roma de Numancia, Que es lo que mas agora deseaba. Lleguemonos allá, y haced instancia Como el muchacho vuelva á nuestras manos Vivo, que es lo que agora es de importancia.
VIRIATO _desde la torre_.
Dónde venis? ó qué buscais, Romanos? Si en Numancia quereis entrar por suerte, Hareislo sin contraste á pasos llanos. Pero mi lengua desde aqui os advierte Que yo las llaves mal guardadas tengo Desta ciudad, de quien triunfó la muerte.
CIPION.
Por esas, joven, deseoso vengo, Y mas de que tu hagas experiencia Si en este pecho piedad sostengo.
VIRIATO.
Tarde, cruel, ofreces tu clemencia, Pues no hay en quien usarla, que yo quiero Pasar por el rigor de la sentencia. Que consuelo amargo lastimero De mis padres y patria tan querida Causó el ultimo fin terrible y fiero.
QUINTO FABIO.
Dime, tienes por suerte aborrecida, Ciego de un temerario desvario, Tu floreciente edad, tu tierna vida?
CIPION.
Templa, pequeño joven, templa el brio Y subjeta el valor tuyo y pequeño Al mayor de mi honroso poderio. Que desde aqui te doy mi fe, y empeño Mi palabra, que solo de ti seas Tú mismo el propio y conocido dueño. Y que de ricas joyas y preseas Vivas lo que vivieres, abastado, Como yo podré darte, y tu deseas, Si á mi te entregas, y te das de grado.
VIRIATO.
Todo el furor de quantos ya son muertos En este pueblo, en polvo reducido, Todo el huir los pactos y conciertos, Ni el dar á sujecion jamas oido, Sus iras y rencores descubiertos Está en mi pecho todo junto unido; Yo heredé de Numancia todo el brio, Ved si pensar vencerme es desvario. Patria querida, pueblo desdichado, No temas ni imagines que delire De lo que debo hacer en ti engendrado, Ni que promesa ó miedo me retire, Ora me falte el suelo, el cielo, el hado, Ora á vencerme todo el mundo aspire, Que imposible será que yo no haga A tu valor la merecida paga. Que si á esconderme aqui me truxo el miedo De la cercana y espantosa muerte, Ella me sacará con mas denuedo, Con el deseo de seguir tu suerte; Del vil temor pasado, como puedo Haré ahora la enmienda osado y fuerte, Y el error de mi edad tierna inocente Pagaré con morir osadamente. Yo os aseguro, ó fuertes ciudadanos, Que no falte por mí la intencion vuestra De que no triunfen perfidos Romanos, Si ya no fuere de ceniza nuestra. Saldrán conmigo sus intentos vanos, Ora levanten contra mí su diestra, O me asesaren con promesa cierta, A vida y á regalos, ancha puerta. Teneos, Romanos, sosegad el brio, Y no os canseis en asaltar el muro, Que aunque fuera mayor el poderio Vuestro, de no vencerme os aseguro. Pero muestrese ya el intento mio, Y si ha sido el amor perfecto y puro Que yo tuve á mi patria tan querida, Asegurelo luego esta caida.
_Aqui se arroja de la torre, y dice_ CIPION.
CIPION.
O nunca vista memorable hazaña, Dina de anciano y valeroso pecho, Que no solo á Numancia, mas á España Has adquerido gloria en este hecho! Con tu viva virtud, y heroica, estraña Queda muerto y perdido mi derecho: Tú con esta caida levantaste Tu fama, y mis victorias derribaste. Que fuera aun viva, y en su ser Numancia Solo porque vivieras, me holgara, Que tu solo has llevado la ganancia Desta larga contienda, ilustre y rara. Lleva pues, niño, lleva la jactancia, Y la gloria que el cielo te prepara, Por haver, derribandote, vencido Al que subiendo queda mas caido.
_Suena una trompeta, y sale la_ FAMA.
FAMA.
Vaya mi clara voz de gente en gente, Y en dulce y suavisimo sonido Llene las almas de un deseo ardiente De eternizar un hecho tan subido. Alzad, Romanos, la inclinada frente, Llevad de aqui este cuerpo, que ha podido En tan pequeña edad arrebataros El triunfo que pudiera tanto honraros: Que yo que soy la Fama pregonera, Tendré cuidado, enquanto el alto cielo Moviere el paso en la subida esfera, Dando fuerza y vigor al baxo suelo, De publicar con lengua verdadera, Con justo intento, y presuroso vuelo El valor de Numancia, unico y solo, De Batro á Tile, y de uno al otro Polo. Indicio ha dado esta no vista hazaña Del valor que en los siglos venideros Tendrán los hijos de la fuerte España, Hijos de tales padres herederos: No de la muerte la feroz guadaña, Ni los cursos de tiempos tan ligeros Harán que de Numancia yo no cante El fuerte brazo y animo constante: Hallo sola en Numancia todo quanto Debe con justo titulo cantarse Y lo que puede dar materia al canto, Para poder mil siglos ocuparse La fuerza no vencida, el valor tanto, Dino de en prosa y verso celebrarse, Mas pues de esto se encarga mi memoria, Dese feliz remate á nuestra historia.
_FIN DE LA TRAGEDIA_.
_EL TRATO DE ARGEL_
COMEDIA
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
INTERLOCUTORES.
AURELIO. SEBASTIAN. SAAVEDRA. PEDRO ALVAREZ. FRANCISCO Y JUAN: _muchachos_. SU PADRE Y MADRE. SILVIA. _Todos cautivos_. FATIMA, Y ZARA: _moras_. LA NECESIDAD. LA OCASION. UN DEMONIO. IZUF: _Rey de Argel, moro_. BAYRAN: _moro_. OTRO MORO. UN CAUTIVO, _que se va_. DOS MERCADERES. UN PREGONERO. UN LEON.
JORNADA I.
AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ, _cautivos todos tres_.
AURELIO.
Triste y miserable estado, Dura esclavitud amarga, Donde es la pena tan larga Quan corto el bien y abreviado! O purgatorio en la vida, Infierno puesto en el mundo, Mal que no tiene sigundo, Estrecho do no hay salida, Cifra de quanto dolor Se reparte en los dolores, Daño, que entre los mayores Se ha de tener por mayor, Necesidad increible, Muerte creible y palpable, Trato misero intratable, Mal visible é invisible, Toque, que nuestra conciencia Descubre si es valerosa, Pobre vida trabajosa, Retrato de penitencia! Callese aqueste tormento, Que segun me es enemigo No llegará lo que digo A un punto de lo que siento. Ponderese mi dolor Con decir, bañado en lloros, Que mi cuerpo está entre moros, Y el alma en poder de amor. Del cuerpo y alma es mi pena, El cuerpo ya veis qual va, El alma rendida está A la amorosa cadena. Pense yo que no tenia Amor poder entre esclavos; Mas en mí sus recios clavos Muestra mas su gallardìa. Qué buscas en la miseria, Amor, de gente cautiva? Dexala que muera ó viva Con su pobreza y laceria. No ves que el hilo se corta De esa tu amorosa estambre Aqui con sed y con hambre A la larga ó á la corta? Mas creo, pues no has querido Olvidarme en este estrecho, Que has visto sano mi pecho, Aunque tan roto el vestido. Desde agora claro entiendo Que el poder que en tí se encierra, Abraza el cielo y la tierra, Y mas que no comprehendo. Una cosa te pidiera, Si en esa tu condicion Una sombra de razon Por entre mil sombras viera, Y es, que pues fuiste la causa De acabarme y destruirme, En el contino herirme Hagas un momento pausa. Yo no te pido que salgas De mi pecho, pues no puedes, Antes te pido que quedes, Y en este trance me valgas. Del lugar do me pusiste, Me procuran derribar: Pero quién podrá acabar Lo que una vez, tú, subiste? Ya viene Zara y su arenga. Ay enfadosa porfia! Como que me falte el dia Antes que la noche venga! Valedme, Silvia, bien mio, Que si vos me dais ayuda, De guerra mas ardua y cruda Llevar la palma confio.
ZARA.
Aurelio?
AURELIO.
Señora mia?
ZARA.
Si tú por tal me tuvieses, A fe que luego hicieses Lo que ruego, sin porfia.
AURELIO.
Lo que tu quieres, yo quiero, Porque al fin, te soi esclavo.
ZARA.
Esas palabras alabo, Mas tus obras vitupero.
AURELIO.
Quál ha sido por mí hecha Que en ella no te complaces?
ZARA.
Aquellas que no me haces, Me tienen mal satisfecha.
AURELIO.
Señora, no paro mas: Por agua me parto luego.
ZARA.
Otra agua pide mi fuego Que no la que tu trairás. No te vayas, está quedo.
AURELIO.
De leña hay falta en la casa.
ZARA.
Basta la que á mi me abrasa.
AURELIO.
Mi amo.
ZARA.
No tengas miedo.
AURELIO.
Dexame, señora, ir, Que vendrá Izuf mi señor.
ZARA.
Quien queda con tanto amor, Mal te dexará partir.
AURELIO.
No hay para que mas porfies: Señora, dexame ya.
ZARA.
Aurelio, llegate acá.
AURELIO.
Mejor es que te desvies.
ZARA.
Ansi, Aurelio, me despides?
AURELIO.
Antes te hago favor, Si con el compas de amor Lo compasas y lo mides. No miras que soi christiano Con suerte y desdicha mala?
ZARA.
El amor todo lo iguala, Dame, por señas la mano.
FATIMA.
Zara, señora mía, Digote que me he admirado, Mirando lo que ha pasado Tu altivez y fantasia: Ver, por cierto es gentil cosa Indigna de ser notada, De un cristiano enamorada Una mora tan hermosa; Y lo que mas llega al cabo Tu aficion tan sin medida Es de ver que estás rendida A un cristiano que es tu esclavo. Y monta que corresponde El galan á lo que quieres: Perdoname, fragil eres.
ZARA.
Dónde vas?
FATIMA.
Bien sé yo adonde.
ZARA.
Dulce amiga verdadera, Lo que dices no lo niego; Mas qué haré? que amor es fuego Y mi voluntad es cera. Y puesto que el daño veo Y el fin do habré de parar, Imposible es contrastar Las fuerzas de mi deseo. Vuelve tu lengua é intento A combatir esta roca, Que no será gloria poca Gozar de su vencimiento.
FATIMA.
Quiero en esto complacerte, Pues al fin puedes mandarme. Cristiano, vuelve á mirarme, Que no es mi rostro de muerte.
AURELIO.
Mas que muerte me causais Con vuestros inducimientos; Dexame con mis tormentos, Porque en vano trabajais.
FATIMA.
No veis como se retira El bravo en su pundonor: Ansi entiende él del amor Como el asno de la lira.
AURELIO.
Cómo quieres que yo entienda De amor en esta cadena?
ZARA.
Eso no te cause pena, Que luego se hará la enmienda: Las dos te la quitaremos.
AURELIO.
Muy mijor será dexalla, Que no quiero con quitalla Pasar de un estremo á estremo.
FATIMA.
A qué estremo pasarás?
AURELIO.
Quitando al cuerpo este hierro, Cairé en otro mayor yerro, Que al alma lastime mas.
FATIMA.
Almas teneis los cristianos?
AURELIO.
Sí, y tan ricas y estremadas, Quanto por Dios rescatadas.
FATIMA.
Qué! son pensamientos vanos. Pero si almas teneis, De diamante es su labor, Pues en la fragua de amor Muy mas os endureceis. Aurelio, resolucion: Ten cuenta en lo que te digo, No quieras ser tan amigo De tu ostinada opinion. Ya te ves sin libertad, Entre hierros apretado, Pobre, desnudo, cansado, Lleno de necesidad, Sujeto á mil desventuras, A palos, á bofetones, A mazmorras, á prisiones Donde estás de dia á escuras. Libertad se te promete, Los hierros te quitarán, De paño te vestirán, No hay temor de oscuro brete. Cuzcuz, pan blanco á comer, Gallinas en abundancia, Y aun havrá vino de Francia, Si vino quieres beber. No te piden lo imposible, Ni trabajos demasiados, Sino blandos, regalados, Dulces lo mas que es posible. Goza de la coyuntura Que se te pone delante, No hagas del inorante, Pues muestras tener cordura. Mira tu señora Zara, Y lo mucho que merece, Mira que al sol escurece La luz de su rostro clara. Contempla su juventud, Su riqueza, nombre y fama, Mira bien que agora llama A tu puerta la salud. Considera el interes Que en hacer esto te toca, Que hay mil que pondrán la boca Donde ella pone los pies.
AURELIO.
Has dicho, Fatima?
FATIMA.
Sí.
AURELIO.
Quiéres que responda yo?
FATIMA.
Responde.
AURELIO.
Digo que no.
ZARA.
Ay Ala! qué es lo que oí?
AURELIO.
Yo digo que no conviene Pedirme lo que pedís, Porque muy poco advertís El peligro que contiene.
FATIMA.
Qué peligro puede haver, Queriéndolo tu señora?
AURELIO.
La ofensa, que siendo mora A Mahoma viene á hacer.
ZARA.
Dexame ya con Mahoma, Que agora no es mi señor, Porque soy sierva de amor, Que el alma sujeta y doma. Echa ya el pecho por tierra, Y levantate á mi cielo.
AURELIO.
Señora, tengo un recelo Que me consume y atierra.
FATIMA.
Dí, qué recelas de mí?
AURELIO.
Señora, de que no veo Ningun atajo ó rodeo Como complacerte á tí. En mi ley no se recibe Hacer yo lo que me ordenas, Antes con muy graves penas Y amenazas se prohibe. Y aun si bautismo tuvieras, Siendo como eres casada, Fuera cosa harto escusada Si lo que pides pidieras. Por eso yo determino Antes morir, que hacer Lo que pide tu querer, Y en esto estaré contino.
ZARA.
Aurelio, estás en tu seso?
AURELIO.
Antes por estar en él, Soi para tí tan cruel.
ZARA.
Ay desdichado subceso! Es posible que tan poco Valgan mis ruegos contigo?
FATIMA.
Sin duda que este enemigo Es muy cuerdo, o es muy loco _Aparte._ Ruin, sin razón ni compas, Nacido de vil canalla, Pensabades ya triunfalla, Holgando sin mas ni mas? Necio, tanta fantasia Pensais que hablamos de veras? Antes de mal rayo mueras Primero que pase el dia. Conmigo las has de haber, Y de modo, que te aviso Que dirá el que nunca quiso: Mas me valiera querer. No estés, Zara, descontenta, Dexa el remedio en mi mano, Que á este falso cristiano, Yo le haré que se arrepienta.
ZARA.
No es bien que por mal se lleve.
FATIMA.
Ni bien llevallo por bien.
ZARA.
Cese, Aurelio, tu desden.
FATIMA.
Con eso el falso se atreve. Ve, señora, al aposento, Que en esta pena crecida O yo perderé la vida, O tu tendrás tu contento.
_Vanse las moras, y queda_ AURELIO.
AURELIO.
Padre del cielo, en cuya fuerte diestra Está el gobierno de la tierra y cielo, Cuyo poder acá y allá se muestra Con amoroso, justo, y santo zelo; Si tu luz, si tu mano no me adiestra A salir deste caos, temo y recelo Que como el cuerpo está en prisión esquiva, Tambien el alma ha de quedar cautiva. Do estás, Silvia hermosa? qué distino, Qué fuerza insana de inplacable hado El curso de aquel prospero camino Tan sin causa y razon nos ha cortado? O estrella! ó suerte! ó fortuna! ó signo! Si alguno de vosotros ha causado Tamaña perdicion, desde aqui digo Que mil cuentos de veces os maldigo. Yo morire por lo que al alma toca, Antes de hacer lo que mi ama quiere. Firme he de estar qual bien fundada roca, Que en torno el viento y mar combate y hiere: Que sea mi vida mucha, que sea poca Importa poco, solo el que bien muere Puede decir que tuvo larga vida, Y el que mal, una muerte sin medida.
_Entrase_ AURELIO, _y sale_ SAAVEDRA _y_ PEDRO ALVAREZ, _y_ SEBASTIAN _á su tiempo_.
SAAVEDRA.
En la veloz carrera apresuradas Las horas del ligero tiempo veo Contra mí con el cielo conjuradas. Queda atras la esperanza y no el deseo, Y ansi la vida de la muerte della El mal, el daño augmentan que poseo. Ay dura, iniqua, inexorable estrella! Como por los cabellos me has traido Al terrible dolor que me atropella!
PEDRO ALVAREZ.
El llanto en tales tiempos es perdido, Pues si llorando el cielo se ablandara, Ya le huvieran mis lagrimas movido. A la adversa fortuna alegre cara Debe mostrar el pecho generoso, Que á qualquier mal buen animo repara.
SAAVEDRA.
El cuello enflaquecido al trabajoso Yugo de esclavitud amarga puesto, Bien ves que á cuerpo y alma es peligroso; Y mas aquel que tiene presupuesto De dexarse morir, antes que pase Un punto al modo del vivir honesto.
PEDRO ALVAREZ.
Si acaso yo tus obras imitase, Forzoso me seria que al momento En brazos de la hambre me entregase. Bien sé que en el cautivo no hay contento, Mas no quiero crecer yo mi fatiga, Teniendo siempre en ella el pensamiento. A mi patrona tengo por amiga, Tratame qual me ves, huelgo y paseo, Cautivo soi, el que quisiere diga.
SAAVEDRA.
Triunfa, hermano, y goza ese trofeo, Que si por ser cautivo te hermoseas, Yo sé que es torpe, desgraciado y feo.
PEDRO ALVAREZ.
Hermano Saavedra, si te arreas De ser predicador, esta no es tierra Do alcanzarás el fruto que deseas. Dexate deso, escucha de la guerra Que el gran Felipe hace, nueva cierta, Y un poco el pesar de ti destierra. Dicen que una fragata de Biserta Llegó esta noche, y alli viene un cautivo Que ha dado vida á mi esperanza muerta. Quitole libertad el hado esquivo De Malaga pasando á Barcelona, Cautivólo Mamí, cosario altivo. En su manera muestra ser persona De calidad, y que es exercitado En el duro exercicio de Belona. Dice el numero cierto que ha pasado De soldados á España, forasteros, Sin los tres tercios nuestros que han baxado: Los Principes, señores, caballeros Que á servir á Filipo van de gana; Los naturales y los estrangeros. Y la muestra hermosisima lozana Que en Badajoz el Rey hacer pretende, De la pujanza de la union cristiana. Dicen en esto, que ninguno entiende El disignio del Rey, y el hablar desto El grande y el pequeño se defiende.
SAAVEDRA.
Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto El librador de nuestra amarga guerra, Si ya en el suelo no le teneis puesto. Quando llegué vencido en esta tierra Tan nombrada en el mundo, que en su seno Tanto pirata encubre, acoge y cierra, No pude al llanto detener el freno: Que á pesar mio, sin saber lo que era, Me vi el marchito rostro de agua lleno, Ofreciendo á mis ojos la rivera, Y el monte, donde el grande Carlos tuvo Levantada en el ayre su bandera, Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo, Pues movido de invidia de su gloria, Airado entonces mas que nunca estuvo; Y estas cosas moviendo en mi memoria, Las lagrimas truxeron á los ojos, Forzadas de desgracia tan notoria. Pero si el alto cielo en darme enojos No está con mi ventura conjurado, Y aqui no lleva muerte mis despojos, Quando me vea en mas felice estado, O si la suerte, ó si el favor me ayuda A verme ante Filipo arrodillado, Mi temerosa lengua casi muda Pienso mover en la real presencia, De adulacion y de mentir desnuda, Diciendo: alto señor, cuya potencia Sugetas trae las barbaras naciones Al desabrido yugo de obediencia: A quien los negros indios con sus dones Reconocen honesto vasallage, Trayendo el oro acá de sus rincones, Despierte en tu real pecho coraje La desverguenza con que una bicoca Aspira de contino á hacerte ultraje. Su gente es mucha, mas su fuerza es poca, Desnuda, mal armada, que no tiene En su defensa fuerte, muro ó roca. Cada uno mira si tu armada viene, Para dar á los pies el cargo y cura De conservar la vida que sostiene. De la esquiva prisión amarga y dura, Adonde mueren quince mil cristianos, Tienes la llave de su cerradura. Todos de allá, qual yo, puestas las manos, Las rodillas por tierra, sollozando, Cercados de tormentos inhumanos, Poderoso señor, te están rogando Vuelvas los ojos de misericordia A los suyos, que están siempre llorando: Y pues te dexa agora la discordia, Que tanto te ha oprimido y fatigado, Y á mas andar te sigue la concordia, Haz, buen Rey, que sea por tí acabado Lo que con tanta audacia y valor tanto Fue por tu amado padre comenzado. Con solo ver que vas, pondrá un espanto A la barbara gente, que adivino Yo desde aqui su perdida y quebranto. Quién dubda que el real pecho benigno No se muestre, en oyendo la tristeza Donde están estos miseros contino? Mas ay! como se muestra la baxeza De mi tan rudo ingenio, pues pretendo Hablar tan baxo ante tan alta alteza. Mas la ocasion es tal, que me defiende. Mas á todo silencio poner quiero, Que temo que mi platica te ofende, Y al trabajo me llaman, á do muero.
_Sale_ SEBASTIAN, _Cautivo_.
SEBASTIAN.
Hase visto cosa igual? Hay tierra tan sin concordia, Do falta misericordia, Y sobra la crueldad? Donde se hallará disculpa De maldad tan insolente, Que pague el que es inocente, Por el que tuvo la culpa? O cielos! qué es lo que he visto! Este sí que es pueblo injusto, Donde se tiene por gusto Matar los siervos de Cristo. O España! patria querida, Mira qual es nuestra suerte, Que si allá das justa muerte, Quitan acá justa vida.
PEDRO ALVAREZ.
Sebastian, dinos que tienes, Que hablas razones tales?
SEBASTIAN.
Una infinidad de males, Y una pobreza de bienes.
SAAVEDRA.
En ser, como eres esclavo, Se encierra todo dolor.
SEBASTIAN.
Otra pena muy mayor Me tiene á mí tan al cabo.
PEDRO ALVAREZ.
De donde puede causarse La pena que dices brava?
SEBASTIAN.