# Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)

## Part 10

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Bien poco durarán estos enojos, Que ya la muerte viene apercebida Para llevar en presto y breve vuelo A quantos pisan de Numancia el suelo: Principios veo que prometen presto Amargo fin á nuestra dulce tierra, Sin que tengan cuidado de hacer esto Los contrarios ministros de la guerra; Nosotros mismos á quien ya es molesto Y enfadoso el vivir que nos atierra, Hemos dado sentencia inrevocable De nuestra muerte, aunque cruel, loable. En la plaza mayor ya levantada Queda una ardiente codiciosa hoguera, Que de nuestras riquezas ministrada Sus llamas sube hasta la quarta esfera: Alli con triste priesa acelerada Y con mortal y timida carrera, Acuden todos, como á santa ofrenda, A sustentar sus llamas con su hacienda. Alli la perla del rosado Oriente, Y el oro en mil vasijas fabricado, Y el diamante y rubí mas excelente, Y la extremada purpura y brocado En medio del rigor fogoso ardiente De la encendida llama es arrojado: Despojos do pudieran los Romanos Henchir los senos y ocupar las manos.

_Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen por otra_.

Vuelve al triste espectáculo la vista, Verás con quanta priesa y quanta gana Toda Numancia en numerosa lista Aguija á sustentar la llama insana; Y no con verde leño y seca arista, No con materia al consumir liviana, Sino con sus haciendas mal gozadas, Pues se ganaron para ser quemadas.

PRIMERO.

Si con esto acabára nuestro daño, Pudieramos llevallo con paciencia, Mas ay! que se ha de dar, si no me engaño, De que muramos todos, cruel sentencia. Primero que el rigor barbaro estraño Muestre en nuestras gargantas su inclemencia, Verdugos de nosotros nuestras manos Serán, y no los perfidos Romanos. Han acordado que no quede alguna Muger, niño, ni viejo con la vida, Pues al fin la cruel hambre importuna Con mas fiero rigor es su homicida. Mas ves alli do asoma, hermano, una, Que como sabes, fue de mí querida Un tiempo, con estremo tal de amores, Qual es el que ella tiene de dolores.

_Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano_.

MADRE.

O duro vivir molesto! Terrible y triste agonia!

HIJO.

Madre, por ventura habria Quién nos diese pan por esto?

MADRE.

Pan, hijo, ni aun otra cosa Que semeje de comer!

HIJO.

Pues tengo de perecer De dura hambre rabiosa? Con poco pan que me deis, Madre, no os pediré mas.

MADRE.

Hijo, qué penas me das!

HIJO.

Pues qué, madre, no quereis?

MADRE.

Sí quiero; mas qué haré Que no sé donde buscallo?

HIJO.

Bien podeis, madre, comprallo, Si no yo lo compraré: Mas por quitarme de afan, Si alguno conmigo topa, Le daré toda esta ropa Por un mendrugo de pan.

MADRE.

Qué mamas, triste criatura! No sientes que á mi despecho Sacas ya del flaco pecho Por leche, la sangre pura? Lleva la carne á pedazos, Y procura de hartarte, Que no pueden mas llevarte Mis floxos, cansados brazos! Hijos del anima mia, Con qué os podré sustentar, Si apenas tengo que os dar De la propia carne mia? O hambre terrible y fuerte, Cómo me acabas la vida! O guerra, solo venida Para causarme la muerte!

HIJO.

Madre mia, que me fino, Aguijemos á do vamos, Que parece que alargamos La hambre con el camino.

MADRE.

Hijo, cerca está la casa Adonde echarémos luego En mitad del vivo fuego El peso que te embaraza.

_Entrase_.

JORNADA IV.

SCENA I.

_Tocase al arma con gran priesa, y á este rumor salen_ CIPION _con_ JUGURTA _y_ GAYO MARIO _al tablado_.

CIPION.

Qué es esto, capitanes? quién nos toca Al arma en tal sazon? es por ventura Alguna gente desmandada y loca Que viene á procurar su sepultura? O no sea algun motin el que provoca Tocar al arma en recia coyuntura: Que tan seguro estoy del enemigo, Que tengo mas temor al que es amigo.

_Sale_ QUINTO FABIO _con la espada desnuda, y dice:_

QUINTO FABIO.

Sosiega el pecho, General prudente, Que ya desta arma la ocasion se sabe, Puesto que ha sido á costa de tu gente, De aquella en quien mas brio y fuerza cabe; Dos Numantinos con soberbia fuerte, Cuyo valor será razon se alabe, Saltando el ancho foso y la muralla Han movido á tu campo cruel batalla. A las primeras guardias invistieron, Y en medio de mil lanzas se arrojaron, Y con tal furia y rabia arremetieron, Que libre paso al campo les dexaron: Las tiendas de Fabricio acometieron, Y alli su fuerza y su valor mostraron De modo, que en un punto seis soldados Fueron de agudas puntas traspasados. No con tanta presteza el rayo ardiente Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo, Ni tanto la cometa reluciente Se muestra ir presurosa por el cielo, Como estos dos por medio de tu gente Pasaron, colorando el duro suelo Con la sangre Romana, que sacaban Sus espadas do quiera que llegaban. Queda Fabricio traspasado el pecho, Abierta la cabeza tiene Oracio, Olmida ya perdió el brazo derecho, Y de vivir le queda poco espacio. Fuele ansi mismo poco de provecho La ligereza al valeroso Estacio, Pues el correr al Numantino fuerte Fue abreviar el camino de su muerte. Con presta ligereza discurriendo Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron Un poco de bizcocho, el qual cogieron; El paso y no el furor atras volvieron; El uno dellos se escapó huyendo, Al otro mil espadas le acabaron, Por donde infiero que la hambre ha sido Quien les dió atrevimiento tan subido.

CIPION.

Si estando deshambridos y encerrados Muestran tan demasiado atrevimiento, Qué hicieran siendo libres, y enterados En sus fuerzas primeras y ardimiento? Indomitos, al fin sereis domados, Porque contra el furor vuestro violento Se tiene de poner la industria nuestra, Que de domar soberbios es maestra.

_Entrase_ CIPION _y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y al rumor sale_ MORANDRO _herido y lleno de sangre, con una cestilla blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado, y dice:_

MORANDRO.

No vienes, Leoncio, di? Qué es esto, mi dulce amigo? Si tú no vienes conmigo, Cómo vengo yo sin tí? Amigo, qué? te has quedado? Amigo, qué? te quedaste? No eres tú el que me dexaste, Sino yo el que te he dexado! Qué es posible que ya dan Tus carnes despedazadas Señales averiguadas De lo que cuesta este pan! Y es posible que la herida Que á tí te dexó difunto, En aqueste instante y punto No me quitó á mí la vida! No quiso el hado cruel Acabarme en paso tal Por hacerme á mí mas mal, Y hacerte á tí mas bien! Tú enfin llevarás la palma De mas verdadero amigo, Yo á desculparme contigo Enviaré bien presto el alma: Y tan presto, que el afan A morir me llama y tira, En dando á mi dulce Lira Este tan amargo pan: Pan ganado de enemigos, Pero no ha sido ganado, Sino con sangre comprado De dos sin ventura amigos.

_Sale_ LIRA _con alguna ropa, como que la lleva á quemar, y dice:_

LIRA.

Qué es esto que ven mis ojos!

MORANDRO.

Lo que presto no verán Segun la priesa se dan De acabarme mis enojos: Ves aqui, Lira; cumplida Mi palabra y mis porfias De que tú no moririas Mientras yo tuviese vida. Y aun podré mejor decir Que presto vendrás á ver Que á tí sobrará el comer, Y á mí faltará el vivir.

LIRA.

Qué dices, Morandro amado?

MORANDRO.

Lira, que acortes la hambre, Entretanto que la estambre De mi vida corta el hado. Pero mi sangre vertida Y con este pan mezclada, Te ha de dar, mi dulce amada, Triste y amarga comida. Ves aqui el pan que guardaban Ochenta mil enemigos, Que cuesta de dos amigos Las vidas que mas amaban. Y porque lo entiendas cierto Y quanto tu amor merezco, Ya yo, señora, perezco, Y Leoncio ya está muerto. Mi voluntad sana y justa Recibela con amor, Que es la comida mejor Y de que el alma mas gusta. Y pues en tormenta y calma Siempre has sido mi señora, Recibe este cuerpo agora Como recibiste el alma.

_Caese muerto, y cogele en las faldas_ LIRA.

LIRA.

Morandro? dulce bien mio? Qué sentis, ó qué teneis? Cómo tan presto perdeis Vuestro acostumbrado brio? Mas ay triste sin ventura! Que ya está muerto mi esposo! O caso el mas lastimoso Que se vió en la desventura! Quién os hizo, dulce amado, Con valor tan excelente, Enamorado valiente, Y soldado desdichado? Hicistes una salida, Esposo mio, de suerte, Que por escusar mi muerte Me haveis quitado la vida! O pan de la sangre lleno Que por mí se derramó. No te tengo en cuenta yo De pan, sino de veneno! No te llegaré á mi boca Por poderme sustentar, Si ya no es para besar Esta sangre que te toca.

_A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el qual es_ HERMANO _de_ LIRA.

HERMANO.

Lira, hermana, ya espiró Mi padre, y mi madre está En terminos que ya, ya Morira qual muero yo. La hambre los ha acabado. Hermana mia, pan tienes? O pan, y quan tarde vienes Que ya no hay pasar bocado! Tiene la hambre apretada Mi garganta en tal manera, Que aunque este pan agua fuera, No pudiera pasar nada. Tomalo, hermana querida, Que por mas crecer mi afan, Veo que me sobra el pan Quando me falta la vida.

_Caese muerto_.

LIRA.

Espiraste, hermano amado? Ni aliento ni vida tiene: Bien es el mal quando viene Sin venir acompañado! Fortuna, por qué me aquejas Con un daño y otro junto? Y por qué en un solo punto Huerfana y viuda me dexas? O duro esquadron Romano! Cómo me tiene tu espada De dos muertos rodeada, Uno esposo y otro hermano! A qual volveré la cara En este trance importuno, Si en la vida cada uno Fue prenda del alma cara! Dulce esposo, hermano tierno, Yo os igualaré en quereros, Porque pienso presto veros En el cielo ó el infierno! En el modo de morir A entrambos he de imitar, Porque el hierro ha de acabar Y la hambre mi vivir! Primero dare á mi pecho Una daga que este pan, Que á quien vive con afan Es la muerte de provecho. Qué aguardo? cobarde estoy! Brazo, ya os haveis turbado? Dulce esposo, hermano amado, Esperadme que ya voy!

_A este punto sale una_ MUGER _huyendo, y tras ella un_ SOLDADO NUMANTINO _con una daga en la mano para matarla_.

MUGER.

Eterno padre, Jupiter piadoso, Favorecedme en tan adversa suerte!

SOLDADO.

Aunque mas lleves vuelo presuroso Mi dura mano te ha de dar la muerte.

_Entrase la_ MUGER _adentro, y dice_ LIRA

LIRA.

El hierro agudo, el brazo belicoso Contra mi, buen soldado, le convierte; Dexa vivir á quien la vida agrada, Y quitame la mia que me enfada.

SOLDADO.

Puesto que es el decreto del Senado Que ninguna muger quede con vida, Quál será el bravo pecho acelerado Que en ese hermoso vuestro dé herida? Yo, señora, no soy tan mal mirado Que me precie de ser vuestro homicida: Otra mano, otro hierro ha de acabaros, Que yo solo naci para adoraros.

LIRA.

Esa piedad que quies usar conmigo, Valeroso soldado, yo te juro Y al alto cielo pongo por testigo, Que yo la estimo por rigor muy duro: Tuvierate yo entonces por amigo Quando con pecho y animo seguro Este mio afligido traspasáras, Y de la amarga vida me priváras. Pero pues quies mostrarte piadoso Tan en daño, señor, de mi contento, Muestralo agora en que á mi triste esposo Demos el funeral, ultimo asiento: Tambien á este mi hermano, que en reposo Yace, ya libre del vital aliento: Mi esposo feneció por darme vida, De mi hermano la hambre fue homicida.

SOLDADO.

Hacer lo que me mandas está llano Con condicion que en el camino cuentes, Quién á tu amado esposo y caro hermano Truxo á los postrimeros accidentes.

LIRA.

Amigo, ya el hablar no está en mi mano.

SOLDADO.

Qué tan al cabo estas? qué tal te sientes? Lleva á tu hermano, pues que es menor carga, Y yo á tu esposo, que mas pesa y carga.

_Salense llevando los dos cuerpos_.

SCENA II.

_Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una lancilla en la mano, que significa la_ GUERRA, _trae consigo á la_ ENFERMEDAD, _arrimada á una muleta, y rodeada de paños la cabeza, con una mascara amarilla, y la_ HAMBRE _saldrá vestida con una ropa de bocací amarillo, y una mascara amarilla ó descolorida: pueden estas figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras_. GUERRA.

Hambre y Enfermedad, executoras De mis terribles mandos y severos, De vidas y salud consumidoras, Con quien no vale ruego, mando, ó fueros, Pues ya de mi intencion sois sabidoras, No hay para que de nuevo encareceros De quanto gusto me será y contento, Que luego, luego, hagais mi mandamiento: La fuerza incontrastable de los hados, Cuyos efectos nunca salen vanos, Me fuerza á que de mí sean ayudados Estos sagaces milites Romanos, Ellos serán un tiempo levantados, Y abatidos tambien estos Hispanos; Pero tiempo vendrá en que yo me mude, Y dañe al alto, y al pequeño ayude Que yo que soy la poderosa Guerra, De tantas madres detestada en vano, Aunque quien me maldice, á veces yerra, Pues no sabe el valor desta mi mano, Sé bien que en todo el orbe de la tierra Sere llevada del valor Hispano, En la dulce sazon que esten reynando Un Carlos, un Filipo, y un Fernando.

ENFERMEDAD.

Si ya la Hambre, nuestra amiga fida, No tuviera tomado con instancia A su cargo, de ser fiera homicida De todos quantos viven en Numancia, Fuera de mí tu voluntad cumplida, De modo que se viera la ganancia Facil y rica que el Romano huviera, Harto mejor de aquella que se espera. Mas ella, en quanto su poder alcanza, Ya tiene tal al pueblo Numantino Que de esperar alguna buena andanza Le ha tomado las sendas y el camino; Mas del furor la rigurosa lanza, Y la influencia del contrario signo Le trata con tan aspera violencia, Que no es menester hambre ni dolencia. El furor y la rabia, tus sequaces, Han tomado en sus pechos tal asiento, Que qual si fuese de Romanas haces, Cada qual de su sangre está sediento. Muertes, incendios, iras, son sus paces, En el morir han puesto su contento, Y por quitar el triunfo á los Romanos, Ellos mesmos se matan con sus manos.

HAMBRE.

Volved los ojos, y vereis ardiendo De la ciudad los encumbrados techos, Escuchad los suspiros que saliendo Van de mil tristes lastimados pechos; Oid la voz y lamentable estruendo De bellas damas, á quien, ya deshechos Los tiernos miembros en ceniza y fuego, No valen padre, amigo, amor, ni ruego. Qual suelen las ovejas descuidadas, Siendo del fiero lobo acometidas, Andar aqui y alli descarriadas Con temor de perder las simples vidas: Tal niños y mugeres delicadas, Huyendo las espadas homicidas Andan de calle en calle, ó hado insano! Su cierta muerte dilatando en vano. Al pecho de la amada nueva esposa Traspasa del esposo el hierro agudo, Contra la madre, ó nunca vista cosa! Se muestra el hijo de piedad desnudo: Y contra el hijo el padre con rabiosa Clemencia levantando el brazo duro, Rompe aquellas entrañas que ha engendrado, Quedando satisfecho y lastimado. No hay plaza, no hay rincon, no hay calle ó casa Que de sangre y de muertos no esté llena, El hierro mata, el duro fuego abrasa, Y el rigor ferocisimo condena: Presto vereis, que por el suelo rasa Está la mas subida y alta almena, Y las casas y templos mas crecidos En polvo y en ceniza convertidos. Venid, vereis que en los amados cuellos De tiernos hijos y muger querida, Teogenes afila y prueba en ellos De su espada el cruel corte homicida, Y como ya despues de muertos ellos Estima en poco la cansada vida, Buscando de morir un modo estraño Que causó con el suyo mas de un daño.

GUERRA.

Vamos pues, y ninguno se descuide De executar por eso aqui su fuerza, Y á lo que digo solo atienda y cuide, Sin que de mi intencion un punto tuerza.

_Vanse_.

SCENA III.

_Sale_ TEOGENES _con dos_ HIJOS _pequeños y una hija y su_ MUGER. TEOGENES.

Quando el paterno amor no me detiene De executar la furia de mi intento, Considerad, mis hijos, qual me tiene El zelo de mi honroso pensamiento! Terrible es el dolor que se previene Con acabar la vida en fin violento, Y mas el mio, pues al hado plugo Que yo sea de vosotros cruel verdugo. No quedareis, ó hijos de mi alma, Esclavos, ni el Romano poderio Llevará de vosotros triunfo ó palma, Por mas que á sujetarnos alce el brio; El camino mas llano que la palma De nuestra libertad el cielo pio Nos ofrece, nos muestra y nos advierte, Que solo está en las manos de la muerte. Ni vos, dulce consorte amada mia, Os vereis en peligro que Romanos Pongan en vuestro pecho y gallardia Los vanos ojos, y las torpes manos! Mi espada os sacará desta agonia, Y hará que sus intentos salgan vanos, Pues por mas que codicia los atiza, Triunfarán de Numancia en la ceniza. Yo soy, consorte amada, el que primero Di el parecer que todos pereciesemos Antes que al insufrible desafuero Del Romano poder sujetos fuesemos, Y en el morir no pienso ser postrero, Ni lo serán mis hijos.

MUGER.

Si pudiesemos Escaparnos, señor, por otra via, El cielo sabe si me holgaria; Mas pues no puede ser segun yo veo, Y está ya mi muerte tan cercana, Lleva de nuestras vidas tú el trofeo, Y no la espada perfida Romana, Mas pues que he de morir, morir deseo En el sagrado templo de Diana: Alla nos lleva, buen señor, y luego Entreganos al hierro, al lazo y fuego.

TEOGENES.

Ansi se haga, y no nos detengamos, Que ya á morir me incita el triste hado.

HIJO.

Madre, porqué llorais? adónde vamos? Teneos, que andar no puedo de cansado, Mejor será, mi madre, que comamos, Que la hambre me tiene fatigado.

MADRE.

Ven en mis brazos, hijo de mi vida, Do te daré la muerte por comida.

_Vanse luego, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos ha de ser el que se arroja de la torre, que se llama_ VIRIATO, _y el otro_ SERVIO.

VIRIATO.

Por dónde quieres que huyamos, Servio?

SERVIO.

Yo por do quisieres.

VIRIATO.

Camina, qué floxo eres! Tú ordenas que aqui muramos. No ves, triste, que nos siguen Mil hierros para matarnos?

SERVIO.

Imposible es escaparnos De aquellos que nos persiguen; Mas dí, qué piensas hacer? O qué medio hay que nos cuadre?

VIRIATO.

A una torre de mi padre Me pienso ir á esconder.

SERVIO.

Amigo, bien puedes irte, Que yo estoy tan flaco y laso De hambre, que un solo paso No puedo dar ni seguirte.

VIRIATO.

Qué, no quies venir?

SERVIO.

No puedo.

VIRIATO.

Si no puedes caminar, Ahi te havrá de acabar La hambre, la espada, ó miedo. Y voime, porque ya temo Lo que el vivir desbarata, O que la espada me mata, O que en el fuego me quemo.

_Vase y sale_ TEOGENES _con dos espadas desnudas, y ensangrentadas las manos, y como_ SERVIO _le ve venir, huyese y entrase dentro_.

TEOGENES.

Sangre de mis entrañas derramada, Pues sois aquella de los hijos mios: Mano contra ti mesma acelerada, Llena de honrosos y crueles brios: Fortuna en daño nuestro conjurada: Cielos de justa piedad vacios, Ofrecedme en tan dura amarga suerte Alguna honrosa aunque cercana muerte! Valientes Numantinos, haced cuenta Que yo soy algun perfido Romano, Y vengad en mi pecho vuestra afrenta, Ensangrentando en él la espada y mano.

_Arroja la una espada de la mano_.

Una de estas espadas os presenta Mi airada furia, mi dolor insano, Que muriendo en batalla no se siente Tanto el rigor del ultimo acidente: Y el que privare del vital sosiego Al otro, por señal de beneficio Entregue el desdichado cuerpo al fuego, Que este será bien piadoso oficio. Venid, qué os deteneis? acudid luego, Haced ya de mi vida sacrificio, Y esa terneza que teneis de amigos, Volved en rabia fiera de enemigos.

_Un_ NUMANTINO.

A quién, fuerte Teogenes, invocas? Qué nuevo modo de morir procuras? Paraqué nos incitas y provocas A tantas desiguales desventuras?

TEOGENES.

Valiente Numantino, sino apocas Con el miedo tus bravas fuerzas duras, Toma esa espada, y matate conmigo Ansi como si fuese tu enemigo, Que esta manera de morir me aplace En este trance mas que no otra alguna.

NUMANTINO.

Tambien á mí me agrada y satisface, Pues que lo quiere ansi nuestra fortuna; Mas vamos á la plaza adonde yace La hoguera á nuestras vidas importuna, Porque el que alli venciere, pueda luego Entregar el vencido al duro fuego.

TEOGENES.

Bien dices, y camina, que se tarda El tiempo de morir como deseo, Ora me mate el hierro, ó el fuego me arda, Que gloria nuestra en qualquier muerte veo.

_Entrase_.

SCENA IV.

CIPION, JUGURTA, QUINTO FABIO, _y_ GAYO MARIO, _y algunos soldados Romanos_.

CIPION.

Si no me engaña el pensamiento mio, O salen mentirosas las señales, Que haveis visto en Numancia, del estruendo Y lamentable son, y ardientes llamas, Sin duda alguna que recelo y temo Que el barbaro furor del enemigo Contra su propio pecho no se vuelva: Ya no parece gente en la muralla, Ni suenan las usadas centinelas, Todo está en calma y en silencio puesto Como si en paz tranquila y sosegada Estuviesen los fieros Numantinos.

GAYO MARIO.

Presto podrás salir de aquesa duda, Porque si tu lo quieres, yo me ofrezco De subir sobre el muro, aunque me ponga Al riguroso trance que se ofrece, Solo por ver aquello que en Numancia Hacen nuestros soberbios enemigos.

CIPION.

Arrima pues, ó Mario, alguna escala A la muralla, y haz lo que prometes.

GAYO MARIO.

Id por la escala luego, y vos, Ermilio, Haced que mi rodela se me traiga, Y la celada blanca de las plumas, Que á fe que tengo de perder la vida, O sacar desta duda al campo todo.

ERMILIO.

Ves aqui la rodela y la celada, La escala vesla alli la trae Olimpio.

GAYO MARIO.

Encomendadme á Jupiter inmenso, Que yo voi á cumplir lo prometido.

CIPION.

Alza mas alta la rodilla, Mario, Y encoje el cuerpo, y cubre la cabeza: Animo, que ya llegas á lo alto. Qué ves?

GAYO MARIO.

O santos dioses! y qué es esto?

JUGURTA.

De qué te admiras?

GAYO MARIO.

De mirar de sangre Un roxo lago, y de ver mil cuerpos Tendidos por las calles de Numancia.

CIPION.

Qué no hay ninguno vivo?

GAYO MARIO.

Ni por pienso; A lo menos ninguno se me ofrece En todo quanto alcanzo con la vista.

CIPION.

Salta pues dentro, y miralo bien todo.

_Salta_ GAYO MARIO _en la ciudad_.

Siguele tu tambien, Jugurta, amigo; Mas sigamosle todos.

JUGURTA.

No conviene Al oficio que tienes esta impresa, Sosiega el pecho, buen señor, y espera Que Mario vuelva ó yo con la respuesta De lo que pasa en la ciudad soberbia: Tened bien esa escala. O cielos justos! Y quan triste espectáculo y horrendo Se me ofrece á la vista! ó caso estraño! Caliente sangre baña todo el suelo: Cuerpos muertos ocupan plaza y calles: Dentro quiero saltar y verlo todo.

_Salta_ JUGURTA _en la ciudad, y dice_ QUINTO FABIO.

QUINTO FABIO.

Sin duda que los fieros Numantinos Del barbaro furor suyo incitados, Viendose sin remedio de salvarse, Antes quisieron entregar las vidas Al filo agudo de sus propios hierros, Que no á las vencedoras manos nuestras Aborrecidas dellos lo posible.

CIPION.

Con uno solo que quedase vivo No se me negaria el triunfo en Roma De haver domado esta nacion soberbia Enemiga mortal de nuestro nombre, Constante en su opinion, presta, arrojada Al peligro mayor y duro trance, De quien jamas se alabará Romano Que vió la espalda vuelta al Numantino, Cuyo valor, cuya destreza en armas Me forzó con razon á usar el medio De encerrarlos qual fieras indomables, Y triunfar dellos con industria y maña, Pues era con las fuerzas imposible. Pero ya me parece vuelve Mario.

GAYO MARIO _torna á salir por las murallas, y dice:_

GAYO MARIO.

