Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)
Part 31
Pues los de á caballo no estaban de espacio, sino alancear y atropellar y pasar adelante, hasta que los hubieron desbaratado, que no se juntaron en aquellos tres dias; é como vió que ya no tenia contrarios con quien pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado, rancheando y buscando de comer; y luego se fué con todo su ejército al pueblo de Quetzaltenango, y allí supo que en las batallas pasadas les habia muerto dos capitanes señores de Utatlan: y estando reposando y curando los heridos, tuvo aviso que venia otra vez contra él todo el poder de aquellos pueblos comarcanos, y se habian juntado más de dos xiquipiles, que son diez y seis mil indios; que cada xiquipil son ocho mil guerreros, é que venian con determinacion de morir todos ó vencer; y como el Pedro de Albarado lo supo, se salió con su ejército en un llano, y como venian tan determinados los contrarios, comenzaron á cercar el ejército de Pedro de Albarado y tirar vara, flecha y piedra y con lanzas, y como era muy llano y podian muy bien correr á todas partes los caballos, dan en los escuadrones contrarios de tal manera, que de presto les hizo volver las espaldas; aquí le hirieron muchos soldados é un caballo, y segun pareció, murieron ciertos indios principales, ansí de aquel pueblo como de toda aquella tierra; por manera que dende aquella vitoria ya temian aquellos pueblos mucho á Albarado, y concertaron toda aquella comarca de le enviar á demandar paces, é le trajeron un presente de oro de poca valía porque acetase las paces, é fué con acuerdo de todos los caciques de aquella provincia, porque otra vez se tornaron á juntar muchos más guerreros que de ántes; y les mandaron á sus guerreros que secretamente estuviesen entre las barrancas de aquel pueblo de Utatlan, y que si enviaban á demandar paces, era que, como el Pedro de Albarado y su ejército estaba en Quetzaltenango haciendo entradas y corredurias, é siempre traian presa de indios é indias, y por llevalle á otro pueblo muy fuerte y cercado de barrancas, que se dice Utatlan, para que cuando le tuviesen dentro y en parte que ellos creian aprovecharse dél y de sus soldados, dar en ellos con los guerreros que ya estaban aparejados y escondidos para ello.
Volvamos á decir cómo fueron con el presente delante de Pedro de Albarado muchos principales; y despues de hecha su cortesía á su usanza, le demandaron perdon por las guerras pasadas, ofreciéndose por vasallos de su Majestad, y le ruegan que porque su pueblo es grande, está en parte más apacible donde le puedan servir, é junto á otras poblaciones, que se vaya con ellos á él.
Y el Pedro de Albarado los recibió con mucho amor, y no entendió las cautelas que traian; y despues de les haber respondido el mal que habian hecho en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia por la mañana fué con su ejército con ellos á Utatlan, que ansí se dice el pueblo, é desque hubo entrado dentro é vieron una casa tan fuerte, porque tenia dos puertas, y la una dellas tenia veinte y cinco escalones ántes de entrar en el pueblo, y la otra puerta con una calzada que era muy mala y deshecha por todas partes, y las casas muy juntas y las calles muy angostas, y en todo el pueblo no habia mujeres ni gente menuda, cercado de barrancas, é de comer no les proveian sino mal y tarde, y los caciques muy demudados en los parlamentos, avisaron al Pedro de Albarado unos indios de Quetzaltenango que aquella noche los querian matar á todos en aquellos pueblos si allí se quedaban, é que tenian puestos entre las barrancas muchos escuadrones de guerreros para en viendo arder las casas juntarse con los de Utatlan, dar en nosotros los unos por una parte é los otros por otra, é con el fuego é humo no se podrian valer, é que entónces los quemarian vivos; y como el Pedro de Albarado entendió el gran peligro en que estaban, de presto mandó á sus capitanes é á todo su ejército que sin más tardar se saliesen al campo, y les dijo el peligro que tenian; y como lo entendieron, no tardaron de se ir á lo llano cerca de unas barrancas, porque en aquel tiempo no tuvieron más lugar de salir á tierra llana de en medio de tan recios pasos; é á todo esto el Pedro de Albarado mostraba buena voluntad á los caciques y principales de aquel pueblo y de otros comarcanos, y les dijo que porque los caballos eran acostumbrados de andar paciendo en el campo un rato del dia, que por esta causa se salió del pueblo, porque estaban muy juntas las casas y calles; y los caciques estaban muy tristes porque ansí los vieron salir; é ya el Pedro de Albarado no pudo más disimular la traicion que tenian urdida, y sobre ello y sobre los escuadrones que tenia juntos en las barrancas mandó prender al cacique de aquel pueblo y por justicia le mandó quemar.
Fray Bartolomé de Olmedo pidió á Albarado que queria ver si podria enseñarle y predicarle la fe de Cristo para le bautizar; y el Fraile pidió un dia de término, y no lo hizo en dos; pero al fin quiso Jesucristo que el cacique se hizo cristiano, y le bautizó el Fraile, y pidió á Albarado que no le quemasen, sino que le ahorcasen, y el Albarado se lo concedió, y dió el señorío á su hijo, y luego se salió á tierra llana fuera de las barrancas, y tuvo guerra con los escuadrones que tenian aparejados para el efeto que he dicho; y despues que hubieron probado sus fuerzas y la mala voluntad con los nuestros, fueron desbaratados.
Y dejemos de hablar de aquesto, y digamos cómo en aquella sazon en un gran pueblo que se dice Guatimala se supo las batallas que Pedro de Albarado habia habido despues que entró en la provincia, y en todas habia sido vencedor, y que al presente estaba en tierra de Utatlan, y que dende allí hacia entradas y daba guerras á muchos pueblos; y segun pareció, los de Utatlan y sus sujetos eran enemigos de los de Guatimala, é acordaron los de Guatimala de enviar mensajeros con presentes de oro á Pedro de Albarado, y darse por vasallos de su majestad; y enviaron á decir que si habian menester algun servicio de sus personas para aquellas guerras, que ellos vendrian; y el Pedro de Albarado los recibió de buena voluntad, y les envió á dar muchas gracias por ello; y para ver si era como se lo decian, y como no sabia la tierra, para que le encaminasen les envió á demandar dos mil guerreros, y esto por causa de muchas barrancas y pasos malos que estaban cortados porque no pudiesen pasar los nuestros, para que si fuesen menester los adobasen, y llevar el fardaje; y los de Guatimala se los enviaron luego con sus capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en la provincia de Utatlan siete ú ocho dias haciendo entradas, y eran de los pueblos rebelados que habian dado la obediencia á su majestad, y despues de dada se tornaban á alzar, y herraron muchos esclavos é indias, y pagaron el real quinto, y los demás repartieron entre los soldados; y luego se fué á la ciudad de Guatimala, y fué bien recibido y hospedado; y desque fueron allí llegados, le contaba Albarado á fray Bartolomé de Olmedo y á los capitanes suyos que nunca tan apretado se habia visto como en batallar con los de Utatlan, é que eran corajudos é buenos guerreros, y que se habian hecho buena hacienda, mas fray Bartolomé de Olmedo le replicó que Dios le habia hecho, é que para que tuviese por bien é pluguiese de les ayudar en adelante, que no seria malo darle gracias y hacer fiesta á Dios y á su Madre, é que la gente oyese Misa y que él predicase á los indios; dijo Albarado y todos los capitanes:
—«Esa es la verdad, Padre; hágase una fiesta á la Vírgen.»
É se aparejó un altar, é confesaron en dia y medio todos, é los comulgó fray Bartolomé de Olmedo, é despues de la Misa predicó, é habia allí muchos indios, é les declaró muchas cosas de nuestra santa fe, porque dijo muy buenas teologías, que el Fraile dicen que la sabia; y le plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen ser bautizados, é los bautizó de allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros con los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con alegría con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron que muy cerca de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que tenian un peñol muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban guerra, y que bien sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos é cómo estaba allí el Pedro de Albarado, y que no venian á dar la obediencia como los demás pueblos, y que eran muy malos y de malas condiciones; el cual pueblo se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado les envió á rogar que viniesen de paz y que serian dél muy bien tratados, y otras blandas palabras; y la respuesta que enviaron fué, que maltrataron los mensajeros, y viendo que no aprovechaban, tornó á enviar otros embajadores para les traer de paz, porque tres veces les envió á traer de paz, y todas tres les maltrataron de palabra; y fué Pedro de Albarado en persona á ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta soldados, y entre ellos veinte ballesteros y escopeteros y cuarenta de á caballo, y con dos mil guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á requerir con la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas, que comenzaron á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos de allí y estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos escuadrones de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y flechas, y con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales, y con sus penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo muchos heridos de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los contrarios, que luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de Albarado con sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol, y hubo muchos muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos al agua; y se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que estaban pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde habia muchos maizales, y durmió allí aquella noche.
Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la tierra é las güertas de cacaguatales, que tenian muchas, é trajeron presos dos principales de aquel pueblo, y el Pedro de Albarado les envió luego aquellos principales, con los que estaban presos del dia ántes, á rogar á los demás caciques vengan de paz, y que les dará todos los prisioneros, y que serán dél muy bien mirados y honrados, y que si no vienen, que les dará guerra como á los de Quetzaltenango é Utatlan, é les cortará sus árboles de cacaguatales y hará todo el daño que pudiere; en fin de más razones, con estas palabras y amenazas luego vinieron de paz y trajeron un presente de oro, y se dieron por vasallos de su majestad, y luego el Pedro de Albarado y su ejército se volvió á Guatimala; é se ocupaba el fray Bartolomé de Olmedo en predicarles la santa fe á los indios, decia Misa en un altar que hicieron, en que pusieron una cruz, que la adoraban ya los indios, como miraban que nosotros la adorábamos; é tambien puso el Fraile una imágen de la Vírgen que habia traido Garay é se la dió cuando muriera; era pequeña, mas muy hermosa, é los indios se enamoraban della, y el Fraile les decia quién era, y ellos la adoraban; é estando algunos dias sin hacer cosa más de lo por mí memorado, vinieron de paz todos los pueblos de la comarca, y otros de la costa del Sur, que se llaman los pipiles; y muchos de aquellos pueblos que vinieron de paz se quejaron que en el camino por donde venian estaba una poblacion que se dice Izcuintepeque, y que eran malos, y que no les dejaban pasar por su tierra y les iban á saquear sus pueblos, y dieron otras muchas quejas dellos; y el Pedro de Albarado los envió á llamar de paz, y no quisieron venir, ántes enviaron á decir muy soberbias palabras; é acordó de ir á ellos con todos los más soldados que tenia, y de á caballo y escopeteros y ballesteros, y muchos amigos de Guatimala, y sin ser sentidos, da una mañana sobre ellos, en que se hizo mucho daño y presa, que valiera más que nunca se hiciera, sino conforme á justicia; que fué mal hecho y no conforme á lo que su majestad mandó.
É ya que hemos hecho relacion de la conquista y pacificacion de Guatimala y sus provincias, y muy cumplidamente lo dice en una memoria que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de los Albarados, que se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán más por extenso, si yo en algo aquí faltare, y esto digo porque no me hallé en estas conquistas hasta que pasamos por aquestas provincias, estando todo de guerra, en el año de 1524 años, é fué cuando veniamos de las Higueras é Honduras con el capitan Luis Marin, que nos volvimos para Méjico; y más digo, que tuvimos en aquella sazon con los de Guatimala algunos rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos hoyos y cortados en pasos malos pedazos de sierras para que no pudiésemos pasar con las grandes barrancas; y aun entre un pueblo que se dice Iuanazagapa y Petapa, en unas quebradas hondas estuvimos allí detenidos guerreando con los naturales de aquella tierra dos dias, que no podiamos pasar un mal paso; y entónces me hirieron de un flechazo, mas fué poca cosa, y pasamos con harto trabajo, porque estaban en el paso muchos guerreros guatimaltecas y de otros pueblos; y porque hay mucho que decir, y por fuerza tengo de traer á la memoria algunas cosas en su tiempo y lugar, y esto fué en el tiempo que hubo fama que Cortés era muerto y todos los que con él fuimos á las Higueras, lo dejaré por agora, y digamos de la armada que Cortés envió á las Higueras y Honduras.
Tambien digo que esta provincia de Guatimala no eran guerreros los indios, porque no esperaban sino en barrancas, y con sus flechas no hacian nada, y no aguardaban á que los rompieran en campo llano.
CAPÍTULO CLXV.
CÓMO CORTÉS ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFICASE Y CONQUISTASE AQUELLAS PROVINCIAS DE HIGUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR CAPITAN DELLA Á CRISTÓBAL DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE.
Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tierras y buenas minas en lo de Higueras é Honduras, é aun le hicieron creer unos pilotos que habian estado en aquel paraje ó bien cerca dél, que habian hallado unos indios pescando en la mar y que les tomaron las redes, é que las plomadas que en ellas traian para pescar que eran de oro revuelto con cobre; y le dijeron que creyeron que habia por aquel paraje estrecho, y que pasaban por él de la banda del Norte á la del Sur; y tambien, segun entendimos, su majestad le encargó y mandó á Cortés por cartas, que en todo lo que descubriese mirase é inquiriese con grande diligencia y solicitud de buscar el estrecho ó puerto ó paraje para la especería, agora sea por lo del oro ó por buscar el estrecho; Cortés acordó de enviar por capitan de aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué maestre de campo en lo de Méjico, lo uno porque le via hecho de su mano, y era casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo (ya le he nombrado otras veces), y tenia el Cristóbal de Olí buenos indios de repartimiento cerca de Méjico, creyendo que le seria fiel y haria lo que le encomendase, y porque para ir por tierra tan largo viaje era grande inconveniente y trabajo y gasto, acordó que fuese por la mar, porque no era tan grande estorbo é costa, y dióle cinco navíos y un bergantin muy bien artillados, y con mucha pólvora y bien bastecidos, y dióle trecientos y setenta soldados, y en ellos cien ballesteros y escopeteros y veinte y dos caballos, y entre estos soldados fueron cinco conquistadores de los nuestros, que pasaron con el mismo Cortés la primera vez, habiendo servido á su majestad muy bien en todas las conquistas, y tenian ya sus casas y reposo; y esto digo ansí, porque no aprovechaba cosa decir á Cortés:
—«Señor, déjame descansar, que harto estoy de servir;» que les hacia ir adonde mandaba por fuerza.
É llevó consigo á un Briones, natural de Salamanca, é habia sido capitan de bergantines y soldado en Italia, y este Briones era muy bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros muchos soldados que no estaban bien con Cortés porque no les dió buenos repartimientos de indios ni las partes del oro, y le querian muy mal; y en las instrucciones que Cortés le dió fué, que dende el puerto de la Villa-Rica fuese su derrota á la Habana, y que allí en la Habana hallaria á un Alonso de Contreras, soldado viejo de Cortés, natural de Orgaz, que llevó seis mil pesos de oro para que comprase caballos y cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas pertenecientes para el armada; el cual soldado envió Cortés adelante de Cristóbal de Olí por causa de que si verian ir el armada los vecinos de la Habana encarecian los caballos y todos los demás bastimentos; y mandó al Cristóbal de Olí que en llegando á la Habana tomase los caballos que estuviesen comprados, y de allí fuese su derrota para Higueras, que era buena navegacion y muy cerca, y le mandó que buenamente, sin haber muertes de indios, cuando hubiese desembarcado procurase poblar una villa en algun buen puerto, é que á los naturales de aquellas provincias los trajese de paz, y buscase oro y plata, y que procurase de saber é inquirir si habia estrecho, ó qué puertos habia por la banda del Sur, si allá pasase; y le dió dos clérigos, que el uno dellos sabia la lengua mejicana, y le encargó que con diligencia les predicasen las cosas de nuestra santa fe, y que no consintiesen sodomías ni sacrificios, sino que buena y mansamente se los desabrigasen; y le mandó que todas las casas de madera adonde tenian indios é indias á engordar, encarcelados, para comer, que se las quebrasen, y soltasen los tristes encarcelados; y le mandó que en todas partes pusiesen cruces, y le dió muchas imágenes de Nuestra Señora para que pusiese en los pueblos, y le dijo estas palabras:
—«Mira, hijo Cristóbal de Olí, desa manera lo procurad hacer.»
Y despues de abrazados y despedidos con mucho amor y paz, se despidió el Cristóbal de Olí de Cortés y de toda su casa, y fué á la Villa-Rica, donde estaba toda su armada muy á punto, y en ciertos dias del mes é año que no me acuerdo, se embarcó con todos sus soldados, y con buen tiempo llegó á la Habana, y halló los caballos comprados y todo lo demás de bastimentos, y cinco soldados, que eran personas de calidad, de los que habia echado de Pánuco Diego de Ocampo, porque era muy bandolero y bullicioso; y á estos soldados ya los he nombrado algunos dellos cómo se llamaban, en el capítulo pasado cuando la pacificacion de Pánuco, y por esta causa los dejaré ahora de nombrar; y estos soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues que habia fama de tierra rica donde iba, y llevaba buena armada, bien bastecida, y muchos caballos y soldados, que se alzase desde luego á Cortés, y que no le conociese dende allí por superior ni le acudiese con cosa ninguna.
El Briones, otra vez por mí nombrado, se lo habia dicho muchas veces secretamente al Cristóbal de Olí sobre el caso, é al gobernador de aquella isla, que ya he dicho otras muchas veces que se decia Diego Velazquez, enemigo mortal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde estaba la armada, y lo que se concertaron fué, que entre él y Cristóbal de Olí tuviesen aquella tierra de Higueras y Honduras por su majestad, y en su real nombre Cristóbal de Olí, y que el Diego Velazquez le proveeria de lo que hubiese menester, é haria sabidor dello en Castilla á su majestad para que le trujesen la gobernacion; y desta manera se concertó la compañía del armada; y quiero decir la condicion y presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por su persona, así á pié como á caballo; era extremado varon, mas no era para mandar, sino para ser mandado, y era de edad de treinta y seis años, natural de cerca de Baeza ó Linares, y su presencia y altor era de buen cuerpo y membrudo y de grande espalda, bien entallado é algo rubio, y tenia muy buena presencia en el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como hendido á manera de grieta; en la plática hablaba algo gordo y espantoso, y era de buena conversacion, y tenia otras buenas condiciones de ser franco, y era al principio cuando estaba en Méjico gran servidor de Cortés, sino que esta ambicion de mandar y no ser mandado le cegó, y con los malos consejeros, y tambien como fué criado en casa de Diego Velazquez cuando mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, reconoció el pan que en su casa habia comido, aunque más obligado era á Cortés que no á Diego Velazquez.
Pues ya hecho este concierto con Diego Velazquez, vinieron en compañía con el Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de Cuba, especialmente los que he dicho que fueron en aconsejarle que se alzase.
Y de que no tenia más en qué entender en aquella isla, en los navíos metido todo su matalotaje, mandó alzar velas á toda su armada, fué á desembarcar con buen tiempo obra de quince leguas adelante, á puerto de Caballos, en una comba, y allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una villa Triunfo de la Cruz; é hizo nombramiento de alcaldes y regidores á los soldados que Cortés le habia mandado cuando estaba en Méjico que honrase y diese cargos, y tomó la posesion de aquellas tierras por su majestad, y de Hernando Cortés en su Real nombre, é hizo otros votos que convenian; y todo esto que hacia era porque los amigos de Cortés no entendiesen que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos buenos amigos de que alcanzasen á saber las cosas, y tambien que no sabia si acudiria la tierra tan rica y de buenas minas como decian; y tiró á dos hitos, como dicho tengo: el uno, que si habia buenas minas y la tierra muy poblada, alzarse con ella; y el otro, que si no acudiese tan buena, volver á Méjico á su mujer y repartimientos, y desculparse con Cortés con decille que la compañía que hizo con Diego Velazquez fué porque le diese bastimentos y soldados, y no acudirle en cosa ninguna; é que bien lo podia ver, pues tomó la posesion por Cortés, y esto tenia en el pensamiento, segun muchos de sus amigos dijeron, con quien él habia comunicado.
Dejémosle ya poblado el Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo cosa ninguna hasta más de ocho meses.
Y porque por fuerza tengo volver otra vez á hablar en él, lo dejaré ahora, y diré lo que nos acaeció en Guacacualco, y cómo Cortés me envió con el capitan Luis Marin á pacificar la provincia de Chiapa.
CAPÍTULO CLXVI.
CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO SIEMPRE ANDÁBAMOS PACIFICANDO LAS PROVINCIAS QUE SE NOS ALZABAN, Y CÓMO CORTÉS MANDÓ AL CAPITAN LUIS MARIN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á PACIFICAR LA PROVINCIA DE CHIAPA, Y ME MANDÓ QUE FUESE CON ÉL, Y Á FRAY JUAN DE LAS VARILLAS, El PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, Y LO QUE EN LA PACIFICACION PASÓ.