Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)

Part 28

Chapter 283,565 wordsPublic domain

É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir por los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, que salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo, por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto de Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y Francisco de Lugo y otros caballeros.

Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y en todos los pueblos les hacian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, y en aquella ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de tres meses que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de asma.

Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar á Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y al Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados, y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan, y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda, porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden tributos se alzan y matan los españoles que pueden; pues cuando el Cristóbal de Olí vió que ya tenia apaciguada aquella provincia y le habian venido de paz, fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra, y tuvo con los naturales della ciertos reencuentros y le hirieron muchos soldados, y al fin los desbarató y quedaron de paz.

El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo dél; paréceme que murió en aquella guerra.

Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico.

Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se nos rebelaron todas las más provincias de las que estaban encomendadas á los vecinos, é tuvimos muy gran trabajo en las tornar á pacificar; y la primera que se levantó fué Xaltepeque, zapotecas, que estaban poblados en altas y malas sierras, y tras esto se levantó lo de Cimatan y Copilco, que estaban entre grandes rios y ciénagas, y se levantaron otras provincias, y aun hasta doce leguas de la villa hubo pueblos que mataron á su encomendero, y lo andábamos pacificando con muy grandes trabajos.

Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin é un alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa, viniéronnos cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él venia Juan Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba con el navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia cartas é provisiones de su majestad para nos notificar que luego fuésemos á la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como aquella nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así alcaldes y regidores fuimos á ver qué queria.

Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez, dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para todos.

Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma del Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion donde estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores, y las cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de ofrecimientos que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á Cristóbal de Tapia, que el Juan Bono no creyó que era vuelto para la isla de Santo Domingo; y el Obispo tenia por cierto que no le recebiriamos, é á aquel efeto envió á Juan Bono con aquellos recaudos; é traia para mí, como regidor, una carta del mismo Obispo, que escribió el Juan Bono.

Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos y provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á Castilla.

Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas de las provincias que se habian levantado; y volvamos á decir de Pedro de Albarado cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion.

CAPÍTULO CLXI.

CÓMO PEDRO DE ALBARADO FUÉ Á TUTEPEQUE Á POBLAR UNA VILLA, Y LO QUE EN LA PACIFICACION DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA VILLA LE ACAECIÓ.

Es menester que volvamos algo atrás para dar relacion de esta ida que fué Pedro de Albarado á poblar á Tutepeque; y es así, que como se ganó la ciudad de Méjico, y se supo en todas las comarcas y provincias que una ciudad tan fuerte estaba por el suelo, enviaban á dar el parabien de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos de su majestad; y entre muchos grandes pueblos que en aquel tiempo vinieron, fué uno que se dice Tutepeque, zapotecas, y trajeron un presente de oro á Cortés, y dijéronle que estaban otros pueblos algo apartados que se decian Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les venian á dar guerra porque habian enviado los de Guantepeque á dar la obediencia á su majestad, y que estaban en la costa del sur, y que era gente muy rica, así de oro que tenian en joyas, como de minas; y le demandaron á Cortés con mucha importunacion les diesen hombres de á caballo y escopeteros y ballesteros para ir contra sus enemigos; é Cortés les habló muy amorosamente, y les dijo que queria enviar con ellos al Tonatio, que así le llamaban al Pedro de Albarado; y dijo á fray Bartolomé que fuese con Albarado, y luego le dió sobre ciento y ochenta soldados, y entre ellos treinta y cinco de á caballo, y le mandó que en la provincia de Guaxaca, donde estaba un Francisco de Orozco por capitan, pues estaba de paz aquella provincia, que le demandase otros veinte soldados, y los más dellos ballesteros.

Y así como le fué mandado, ordenó su partida, y salió de Méjico el año de 22; é mandóle Cortés que luego fuese é viese ciertos peñoles que decian que estaban alzados, y entónces todo lo halló de paz y de buena voluntad, y tardó más de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el señor dél y todos los principales, desque supieron que estaban ya cerca de su pueblo, le salieron á recebir de paz, y les llevaron á aposentar en lo más poblado del pueblo, adonde el cacique tenia sus adoratorios y sus grandes aposentos, y estaban las casas muy juntas unas de otras y son de paja; porque en aquella provincia no tenian azuteas, porque es tierra muy caliente; y dijo fray Bartolomé á Albarado, con sus capitanes y soldados, que no era bien aposentarse en aquellas casas tan juntas unas de otras, porque si ponian fuego no se podrian valer; y parecióle bien el consejo á Albarado, y fué acordado que se fuesen en cabo del pueblo; y como fué aposentado, el cacique le llevó muy grandes presentes de oro y bien de comer, y cada dia que allí estuvieron le llevó presentes muy ricos de oro; y como el Albarado vido que tanto oro tenian, le mandó hacer unas estriberas de oro fino, de la manera de otras que le dió para que por ellas las hiciese, y se las trajeron hechas; y dende á pocos dias echó preso al cacique porque le dijeron los de Teguantepeque al Pedro de Albarado que le queria dar guerra toda aquella provincia, é que cuando le aposentaron entre aquellas casas donde estaban los ídolos y aposentos, que era por les quemar é que allí muriesen todos; y á esta causa le echó preso.

Otros españoles de fe y de creer dijeron que por sacalle mucho oro, é sin justicia murió en las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro, aquel cacique dió á Pedro de Albarado más de treinta mil pesos, y murió de enojo y de la prision; y aunque fray Bartolomé de Olmedo le animaba y consolaba, no bastó para que no se muriese encorajado y de pesar; é quedó á un su hijo el cacicazgo, y le sacó Albarado mucho más oro que al padre; y luego envió á visitar los pueblos de la comarca, y los repartió entre los vecinos, y pobló una villa que se puso por nombre Segura, porque los más vecinos que allí poblaron habian sido de ántes vecinos de Segura de la Frontera, que era Tepeaca.

Y como esto tuvo hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos de oro, y se lo llevaba á Méjico para dar á Cortés; y tambien le dijeron que Cortés le escribió que todo el oro que pudiese haber, que lo trajese consigo para enviar á su majestad, por causa que habian robado los franceses lo que habian enviado con Alonso de Ávila é Quiñones, é que no diese parte ninguna dello á ningun soldado de los que tenia en su compañía; é ya que el Albarado queria partir para Méjico, tenian hecha ciertos soldados una conjuracion, y los más dellos ballesteros y escopeteros, de matar otro dia á Pedro de Albarado y á sus hermanos porque les llevaban el oro sin dar partes, y aunque se las pedian muchas veces, no se lo quiso dar, y porque no les daba buenos repartimientos de indios; y esta conjuracion, si no se lo descubriera á fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Trebejo, que era en la misma trama, aquella noche que venia habian de dar en ellos; y como el Albarado lo supo del fraile, que se lo dijo á hora de vísperas, yendo á caballo á caza por unas cabañas, é iban en su compañía á caballo de los que entraban en la conjuracion, para disimular con ellos dijo:

—«Señores, á mí me ha dado dolor de costado; volvamos á los aposentos, y llámenme un barbero que me haga sangre.»

Y como volvió, envió á llamar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gomez, todos Albarados, é á los alcaldes y alguaciles, y prenden los que eran en la conjuracion, y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se decia el uno Fulano de Salamanca, natural del Condado, que habia sido piloto, é á otro que se decia Bernardo Levantisco, y murieron como buenos cristianos, que el fray Bartolomé trabajó mucho con ellos; y con estos dos apaciguó los demás, y luego se fué para Méjico con todo el oro, y dejó poblada la villa; y cuando los vecinos que en ella quedaron vieron que los repartimientos que les daban no eran buenos, y la tierra doliente y muy calurosa, é habian adolecido muchos dellos, é las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto, y aun muchos murciélagos y mosquitos y aun chinches, y sobre todo, que el oro no lo repartió el Albarado entre ellos y se lo llevó, acordaron de quitarse de mal ruido y despoblar la villa, y muchos dellos se vinieron á Méjico y otros á Guaxaca é á Guatimala, y se derramaron por otras partes; y cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello, y hallóse que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó que se despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de muerte; mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y eso con mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta manera sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque era tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella tierra vieron esto, que se habia despoblado, é la crueldad que Pedro de Albarado habia hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar, y volvió á ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle guerra volvieron á estar de paz.

Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré adelante.

CAPÍTULO CLXII.

CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE ARMADA PARA PÁNUCO, Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE PASARON.

Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay, como era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que habiamos descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez de Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba veinte mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que era de aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés á la Nueva-España con otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á conquistar algunas tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos; y tuvo nueva plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor que habiamos traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas tierras y muy pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello podia enviar á suplicar á su majestad que le hiciese merced.

Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y de otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en el descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros y ballesteros y bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo, otras veces por mí ya nombrado.

Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion; mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien se entienda.

Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco de Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de la buena ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia descubierto, y del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo envidia y codicia, y le vino más la voluntad de venir él en persona y traer la mayor armada que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines, que fueron trece velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo y ochocientos y cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos que allegó.

Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por San Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez, habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros, temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, que habia venido á aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por mandado de la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay con el licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de tener diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que se fuese con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y Cortés; y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces sin dar residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.

Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí, sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra costa á costa cerca de la mar, y anduvo dos dias por malos despoblados, que eran ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde el camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel gran rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.

Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy buenas.