Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)
Part 2
Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron venir á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia á notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije atrás en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo se estuvieron en palabras con el Alonso de Mata é con los cuatro testigos; y en este instante nos dimos priesa en andar y alargamos el paso, y cuando llegaron cerca de nosotros hicieron gran reverencia á Cortés y á todos nosotros, y Cortés se apeó del caballo y supo á lo que venian.
Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia, Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que tambien habia de ver los originales de su Majestad.
Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento, que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron á su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como muchos de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos en las armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y aquellos que venian á notificar los papeles les vieron, dicen en Cempoal maravillarse de nosotros; y muchos habia en el real de Narvaez, personas principales, que querian venir á tratar paces con Cortés y su capitan Narvaez, como á todos nos veian ir ricos.
Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el capitan Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta; porque los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado.
Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como indios, puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real de Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender, que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron al rancho del bravo Salvatierra, é que les dió por las ciruelas un sartalejo de cuentas amarillas.
É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:
—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que tengan mucho oro!»
Y decian por ahí otras palabras.
Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.
Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el riachuelo, y tambien se lo trujeron.
Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:
—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»
Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos; y desde allí adelante se velaban.
Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el Narvaez diré adelante.
CAPÍTULO CXVI.
CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y SOLDADOS QUE TORNÁSEMOS Á ENVIAR AL REAL DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA MERCED, QUE ERA MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE MUY SERVIDOR DEL NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE FAVORABLE Á SU PARTE MAS QUE NO Á LA DE CORTÉS, É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO QUE SE DECIA RODRIGO MARTIN É Á OTRO ARTILLERO QUE SE DECIA USAGRE, É QUE HABLASE CON ANDRÉS DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTÉS; É QUE OTRA CARTA QUE ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ QUE MIRASE QUE SE LA DIESE EN SUS MANOS, É LO QUE EN TAL CASO CONVENIA, É QUE TUVIESE MUCHA ADVERTENCIA, Y PARA ESTO LLEVÓ MUCHA CANTIDAD DE TEJUELOS É CADENAS DE ORO PARA REPARTIR.
Pues como ya estábamos en el pueblo todos juntos, acordamos que con el padre de la Merced se escribiese otra carta al Narvaez, que decian en ella así, ó otras palabras formales como estas que diré, despues de puesto su acato con gran cortesía: que nos habiamos holgado de su venida, é creiamos que con su generosa persona hariamos gran servicio á Dios Nuestro Señor y á su majestad, é que no nos ha querido responder cosa ninguna, ántes nos llama de traidores, siendo muy leales servidores del Rey; é ha revuelto toda la tierra con las palabras que envió á decir á Montezuma; é que le envió Cortés á pedir por merced que escogiese la provincia en cualquiera parte que él quisiese quedar con la gente que tiene, ó fuese adelante, é que nosotros iriamos á otras tierras é hariamos lo que á buenos servidores de su majestad somos obligados.
É que le hemos pedido por merced que si trae provisiones de su majestad que envie los originales para ver y entender si vienen con la Real firma y ver lo que en ellas se contiene, para que luego que lo veamos, los pechos por tierra para obedecerla; é que no ha querido hacer lo uno ni lo otro, sino tratarnos mal de palabra y revolver la tierra; que le pedimos y requerimos de parte de Dios y del Rey nuestro señor que dentro en tres dias envie á notificar los despachos que trae con escribano de su majestad, é que cumpliremos como mandado del Rey nuestro señor todo lo que en las reales provisiones mandare; que para aquel efeto nos hemos venido á aquel pueblo de Panguenezquita, por estar más cerca de su Real; é que si no trae las provisiones y se quisiere volver á Cuba, que se vuelva y no alborote más la tierra, con protestacion que si otra cosa hace, que iremos contra él á le prender y enviallo preso á nuestro Rey y señor, pues sin su Real licencia nos viene á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; é que todos los males é muertes y fuegos y menoscabos que sobre esto acaecieren, que sea á su cargo, y no al nuestro; y esto se escribe ahora por carta misiva, porque no osa ningun escribano de su majestad írselo á notificar, por temor no le acaezca tan gran desacato como el que se tuvo con un oidor de su majestad, y que ¿dónde se vió tal atrevimiento de le enviar preso?
Y que allende de lo que dicho tiene, por lo que es obligado á la honra y justicia de nuestro Rey, que le conviene castigar aquel gran desacato y delito, como capitan general y justicia mayor que es de aquesta Nueva-España, le cita y emplaza para ello, y se lo demandará usando de justicia, pues es crímen _læsæ majestatis_ lo que ha tentado, é que hace á Dios testigo de lo que ahora dice; y tambien le enviamos á decir que luego volviese al cacique gordo las mantas y ropa y joyas de oro que le habian tomado por fuerza, y ansimismo las hijas de señores que nos habian dado sus padres, y mandase á sus soldados que no robasen á los indios de aquel pueblo ni de otros.
Y despues de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de nuestros capitanes y algunos soldados, iba allí mi firma; y entónces se fué con el mismo Padre fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Bartolomé de Usagre, porque era hermano del artillero Usagre, que tenia cargo del artillería de Narvaez; y llegados nuestro religioso y el Usagre á Cempoal, adonde estaba el Narvaez, diré lo que dice que pasó.
CAPÍTULO CXVII.
CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, DE LA ÓRDEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, FUÉ Á CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL NARVAEZ É TODOS SUS CAPITANES, Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES DIÓ LA CARTA.
Como el Padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, llegó al real de Narvaez, sin más gastar yo palabras en tornallo á recitar, hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á ciertos caballeros de los de Narvaez y al artillero Rodrigo Mino, que así se llamaba, é al Usagre, que tenia tambien cargo de los tiros; y para mejor le atraer, fué un su hermano del Usagre con tejuelos de oro, que dió de secreto al hermano; y asimismo el padre fray Bartolomé de Olmedo repartió todo el oro que Cortés le mandó, y habló al Andrés de Duero que luego se viniese á nuestro real con Cortés; y demás desto, ya el fraile habia ido á ver y hablar al Narvaez y hacérsele muy gran servidor; y andando en estos pasos, tuvieron gran sospecha de lo en que andaba nuestro fraile, é aconsejaban al Narvaez que luego le prendiese, é así lo querian hacer.
Y como lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Diego Velazquez, y era de Tudela de Duero, y se tenian por deudos, el Narvaez y él, porque el Narvaez tambien era de tierra de Valladolid ó del mismo Valladolid, y en toda la armada era muy estimado é preeminente, el Andrés de Duero fué al Narvaez y le dijo que le habian dicho que queria prender al padre fray Bartolomé de Olmedo, mensajero y embajador de Cortés; que mirase que ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba algunas cosas en favor de Cortés, que no es bien prendelle, pues que claramente se ha visto cuánta honra é dádivas da Cortés á todos los suyos del Narvaez que hallaban; é que fray Bartolomé de Olmedo ha hablado con él despues que allí ha venido, é lo que siente dél es que desea que él y otros caballeros del real de Cortés le vengan á recibir, é que todos fuesen amigos; y que mire cuánto bien dice Cortés á los mensajeros que envia; que no le sale por la boca á él ni á cuantos están con él, sino el señor capitan Narvaez, é que seria poquedad prender á un religioso; que otro hombre que vino con él, que es hermano de Usagre el artillero, que le viene á ver; que convide á fray Bartolomé de Olmedo á comer, y le saque del pecho la voluntad que todos los de Cortés tienen.
Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego el Narvaez envió á llamar á fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, le hizo mucho acato, y medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y sagaz) le suplicó que se apartase en secreto, y el Narvaez se fué con él paseando á un patio, y el Fraile le dijo:
—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender; pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced; y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.»
Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí, se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé de Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver dalle la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes de Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile consigo la traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de aquel Real y le oyesen.
É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se la dió al mismo Narvaez, y dijo:
—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que luego se le dará él y todos los que consigo trae.»
Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y entónces dijo el Andrés de Duero:
—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced, y ¡escribir ahora estos desvaríos!»
Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez, é dijo:
—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.»
Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y el padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo:
—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le ternéis preso ántes de muchos dias.»
Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de todo.
Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia.
É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado, porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que en nuestro real hicimos.
CAPÍTULO CXVIII.
CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS QUE ÉRAMOS, Y CÓMO TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, CON UNOS HIERROS DE COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN UNOS PUEBLOS QUE SE DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO HABIAMOS DE JUGAR DELLAS PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS QUE EN EL REAL PASARON.
Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó.
Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre, que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera cómo habian de ser los hierros; y como llegó, de presto buscaron las lanzas é hicieron los hierros; porque en toda la provincia á aquella sazon habia cuatro ó cinco pueblos, sin muchas estancias, y las recogieron, é hicieron los hierros muy más perfectamente que se los enviamos á mandar; y tambien mandó á nuestro soldado, que se decia Tovilla, que les demandase dos mil hombres de guerra, é que para el dia de Pascua del Espíritu Santo viniese con ellos al pueblo de Panguenequita, que ansí se decia, ó que preguntase en qué parte estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen lanzas; por manera que el soldado se los demandó, é los caciques dijeron que ellos venian con la gente de guerra; y el soldado se vino luego con obra de ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con los demás indios de guerra quedó para venir con ellos otro soldado de los nuestros, que se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la estancia y minas que descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí se concertó que habia de venir de la manera que está dicho á nuestro real; porque seria de andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo otro.
Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos ducientos y seis, contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con cinco de á caballo y dos artilleros y pocos ballesteros y ménos escopeteros; y á lo que tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las picas, y fueron muy buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar más en el alarde y lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió Narvaez á nuestro real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos indios naborías de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, segun despues alcanzamos á saber.
CAPÍTULO CXIX.
CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL SOLDADO USAGRE Y DOS INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA EL DUERO Y Á LO QUE VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE CONCERTÓ.
Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo pasado.
Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando estábamos en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de Duero y con un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que eran grandes amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario, que tratase con el Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para venir en aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y joyas que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero vió en aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y so color que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que entendió era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro su compañero Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz y manso, no solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que tambien le daria mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia persona, y que, despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros tantos pueblos como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin Bermudez, que era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros caballeros que aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo caso fuesen en desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é con honra y le desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y deshecha su armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro y pueblos de la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que dicho tengo, le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció, el Duero se lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin Bermudez por firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un clérigo que se decia Juan de Leon, y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo que le pareció que le convenia, para que en todo le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro dia despues de comer, que era dia de pascua de Espíritu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando con él en secreto buen rato; y cuando hubieron comido se despidió el Duero de todos nosotros, así capitanes como soldados, y luego fué á caballo otra vez adonde Cortés estaba, y dijo:
—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»
Y respondióle:
—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»
Y el Duero se rió, y dijo:
—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra merced.»
Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que Cortés y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad para pasarnos con el mismo Narvaez.
Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del gobernador de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, tambien le tenia Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas y ofrecimientos que le daria mando en la Nueva-España y le haria su igual; porque el Juan Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y verdadero amigo, como adelante verán.
Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:
—«¿Qué manda vuestra merced?»
Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la boca, le dijo medio riendo:
—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo Andrés de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si vuestra merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque creen que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que por mi vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua rucia, y que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada cadena de oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á quien yo le dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al hombro, y otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, y allá verá qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego irán allá el Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como mayordomo que era del Diego Velazquez.»