Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de los nombres propios y de los términos indígenas.

* En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853 por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero cuyos errores tipográficos son menores.

* No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué», distinción no siempre presente en el original impreso.

* Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y seguido —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y aparte, con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del original.

* También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA POR BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.

VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA,

POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, UNO DE SUS CONQUISTADORES.

TOMO II.

MADRID.—1863. Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12.

CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA

POR

BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.

CAPÍTULO CXII.

CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA CAPITAN Y QUIÉN Y CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS DE GUERRA QUE TRAIA, Y DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS, ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO, SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA INSTRUCCION QUE TRAIAN.

Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna se le pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces he dicho ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y soldados, que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos, acordóse por todos que se escribiese en posta con indios que llevasen las cartas al Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas caricias y ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos todo lo que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no alborotase la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones; y esto deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés pocos soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos tuviese buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por sus servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente, y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto, que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree y tiene por cierto que de un tan esforzado y sábio varon, como él es no habian de salir de su boca cosas de tal arte dichas, ni en tal tiempo, sino que el Cervantes el chocarrero y los soldados que llevó consigo, como eran ruines lo dirian.

Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase.

Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente, mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos, y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes, haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la una dellas; y decia otras liviandades.

Por manera que no quiso responder á la carta ni nos tenia en una castañeta.

Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su Real, y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran servidor del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas ciudades que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que le será servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por paz y sin ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire el señor Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la gente que trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; pues hay tierras hartas donde se pueden albergar.

É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con el padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver ni escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan ricos al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les decian secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é de todos nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en el real andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez deseaban estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro padre de la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los tejuelos que Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar las manos al Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le mandare, é que tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y venia muy pujante, no lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real de Narvaez.

Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon y al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó.

CAPÍTULO CXIII.

CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITAN PÁNFILO DE NARVAEZ Y EL OIDOR LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON, Y EL NARVAEZ LE MANDÓ PRENDER Y LE ENVIÓ EN UN NAVÍO PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE SOBRE ELLO AVINO.

Parece ser que, como el oidor Lúcas Vazquez de Aillon venia á favorecer las cosas de Cortés y de todos nosotros, porque así se lo habia mandado la real audiencia de Santo Domingo y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores, como sabian los muchos y buenos y leales servicios que haciamos á Dios primeramente y á nuestro Rey y señor, y del gran presente que enviamos á Castilla con nuestros procuradores; é demás de lo que la audiencia Real le mandó, como el oidor vió las cartas de Cortés, y con ellas tejuelos de oro, si de ántes decia que aquella armada que enviaba era injusta, y contra toda justicia que contra tan buenos servidores del Rey como éramos era mal hecho venir, de allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; y decia tanto bien de Cortés y de todos los que con él estábamos, que ya en el real de Narvaez no se hablaba de otra cosa.

Y demás desto, como veian y conocian en el Narvaez ser la pura miseria, y el oro y ropa que el Montezuma les enviaba todo se lo guardaba, y no daba cosa dello á ningun capitan ni soldado, ántes decia, con voz, que hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su mayordomo:

—«Mirad que no falte ninguna manta, porque todas están puestas por memoria.»

É como aquello conocian dél, é oian lo que dicho tengo del Cortés y los que con él estábamos, de muy francos, todo su real estaba medio alborotado, y tuvo pensamiento el Narvaez que el oidor entendia en ello, é poner zizaña.

Y demás desto, cuando Montezuma les enviaba bastimento, que repartia el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenia cuenta con el oidor ni con sus criados, como era razon, y sobre ello hubo ciertas cosquillas y ruido en el real; y tambien porque el consejo que daban al Narvaez el Salvatierra, que dicho tengo que venia por veedor, y Juan Bono, vizcaino, y un Gamarra, y sobre todo, los grandes favores que tenia de Castilla de D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, tuvo tan gran atrevimiento el Narvaez, que prendió al oidor del Rey, á él y á su escribano y ciertos criados, y lo hizo embarcar en un navío, y los envió presos á Castilla ó á la isla de Cuba.

Y aun sobre todo esto, porque un hidalgo que se decia Fulano de Oblanco y era letrado, decia al Narvaez que Cortés era muy servidor del Rey, y todos nosotros los que estábamos en su compañía éramos dignos de muchas mercedes, y que parecia mal llamarnos traidores, y que era mucho más mal prender á un oidor de su majestad; y por esto que le dijo, le mandó echar preso; y como el Gonzalo de Oblanco era muy noble, de enojo murió dentro de cuatro dias.

Tambien mandó echar presos á otros dos soldados de los que traia en su navío, que sabia que hablaban bien de Cortés, entre ellos fué un Sancho de Barahona, vecino que fué de Guatimala.

Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que les pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron la derrota que Narvaez les habia mandado que fuesen; y llegado á la isla de Santo Domingo y desembarcado, como la audiencia Real que allí residia y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al licenciado Lúcas Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento, sintiéronlo mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á Castilla al Real Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era presidente y lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes, no hubo lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor; ántes el don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo que el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su majestad estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que el Diego Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su Real licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros, como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros enviaron.

Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas Vazquez, vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les acaeciese lo que hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya les traia sobre los ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir desde los arenales huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval con los dolientes; y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el Narvaez á aquella villa soldados á prenderle.

Y lo que más pasó diré adelante.

CAPÍTULO CXIV.

CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN PUEBLO QUE SE DICE CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO QUE NOSOTROS HICIMOS ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS DE IR SOBRE NARVAEZ.

Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos, porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy delicadas.

Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase cosa ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas é indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico, así al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar.

É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche, que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é otros capitanes sus amigos:

—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta nonada de Cortesillo?»

Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal de lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos.

Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo el Narvaez envió á requerir á nuestro capitan é á todos nosotros con unas provisiones que decian que eran traslados de los originales que traia para ser capitan por el Diego Velazquez; las cuales enviaba para que nos las notificase escribano, que se decia Alonso de Mata, el cual despues, el tiempo andando, fué vecino de la Puebla, que era ballestero; é enviaba con el Mata á otras tres personas de calidad.

É dejallo he aquí, así al Narvaez como á su escribano, é volveré á Cortés, que como cada dia tenia cartas é avisos, así de los del real de Narvaez como del capitan Gonzalo de Sandoval, que quedaba en la Villa-Rica, é le hizo saber que tenia consigo cinco soldados, personas muy principales é amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que es el que envió preso Narvaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa que daban por que se vinieron del real de Narvaez fué, que pues el Narvaez no tuvo respeto á un oidor del Rey, que ménos se lo ternia á ellos, que eran sus deudos; de los cuales soldados supo el Sandoval muy por entero todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que tenia, porque decia que muy de hecho habia de venir en nuestra busca á Méjico para nos prender.

Pasemos adelante, y diré que Cortés tomó luego consejo con nuestros capitanes é todos nosotros los que sabia que le habiamos de ser muy servidores, é solia llamar á consejo para en casos de calidad, como estos; é por todos fué acordado que brevemente, sin más aguardar cartas ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é que Pedro de Albarado quedase en Méjico en guarda del Montezuma con todos los soldados que no tuviesen buena disposicion para ir á aquella jornada; é tambien para que quedasen allí las personas sospechosas que sentiamos que serian amigos del Diego Velazquez é de Narvaez; é en aquella sazon, é ántes que el Narvaez viniese, habia enviado Cortés á Tlascala por mucho maíz, porque habia mala sementera en tierra de Méjico por falta de aguas; porque teniamos muchos naborías é amigos del mismo Tlascala, habíamoslo menester para ellos; é trujeron el maíz que he dicho, é muchas gallinas é otros bastimentos, los cuales enviamos al Pedro de Albarado, é aún le hicimos unas defensas á manera de mamparos é fortaleza con arte ó falconete, é cuatro tiros gruesos é toda la pólvora que teniamos, é diez ballesteros é catorce escopeteros é siete caballos, puesto que sabiamos que los caballos no se podrian aprovechar dellos en el patio donde estaban los aposentos; é quedaron por todos los soldados contados, de á caballo, y escopeteros é ballesteros, ochenta y tres.

Y como el gran Montezuma vió é entendió que queriamos ir sobre el Narvaez, é como Cortés le iba á ver cada dia é á tenelle palacio, jamás quiso decir ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba al Narvaez é le enviaba oro é mantas é bastimentos.

Y de una plática en otra, le preguntó el Montezuma á Cortés que dónde queria ir, é para qué habia hecho ahora de nuevo aquellos pertrechos é fortaleza, é que cómo andábamos todos alborotados; é lo que Cortés le respondió é en qué se resumió la plática diré adelante.

CAPÍTULO CXV.

CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO QUERIA IR SOBRE EL NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE NOSOTROS, Y QUE LE PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL.

Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian de costumbre, dijo el Montezuma á Cortés:

—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo andar desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de cuando en cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra sobre esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis dejar aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis, para que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy buena voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese algun desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen son cinco veces más; é ellos dicen que son cristianos como vosotros é vasallos de ese vuestro Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é les dicen Misa, é dicen é publican que sois gentes que venistes huyendo de Castilla de vuestro rey y señor, é que os vienen á prender ó á matar; en verdad que yo no os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que haceis.»

Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene por cierto que el Montezuma le tiene voluntad.

É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María, su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son malos é vienen de aquella manera.

É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay en ellos mucha diversidad de gentes, unas muy esforzadas é otras mucho más, é que nosotros somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla la Vieja, é nos nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan que está ahora en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia que llaman Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera de decir como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los traeriamos presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto volveriamos con vitoria.

É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su hermano Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta soldados; que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun alboroto, ni consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal hechas, porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que pagar con las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere menester de bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos veces al Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina, como era muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con nuestra partida.

Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, é Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los habia de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era la de Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la de sus compañeros que con él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de nuestra Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é limpia la iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre encendidas de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que hiciesen otra cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena voluntad é amistad verdadera.

É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos; é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros, é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres; é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como nosotros, é contra bombardas é caballos, que les perdonen, que no los quieren dar; é proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés escribió en posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy prestamente con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas de Cempoal, que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de la encomienda de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que mirase muy bien el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á las manos á él ni á ninguno de sus soldados.

Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez, y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de Narvaez.