Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3)
Part 7
En aquellos ídolos tenian por costumbre en aquella tierra por aquel tiempo de sacrificar, y una mañana estaba lleno el patio donde estaban los ídolos, de muchos indios é indias quemando resina, que es como nuestro incienso; y como era cosa nueva para nosotros, paramos á mirar en ello con atencion, y luego se subió encima de un adoratorio un indio viejo con mantas largas, el cual era Sacerdote de aquellos ídolos (que ya he dicho otras veces que Papas los llaman en la Nueva-España) é comenzó á predicalles un rato, é Cortés y todos nosotros miramos en qué paraba aquel negro sermon; é Cortés preguntó á Melchorejo, que entendia muy bien aquella lengua, que qué era aquello que decia aquel indio viejo; é supo que les predicaba cosas malas; é luego mandó llamar al cacique é á todos los principales é al mesmo papa, é como mejor se pudo dárselo á entender con aquella nuestra lengua, y les dijo que si habian de ser nuestros hermanos, que quitasen de aquella casa aquellos sus ídolos, que eran muy malos é les harian errar, y que no eran dioses, sino cosas malas, y que les llevarian al infierno sus almas; y se les dió á entender otras cosas santas é buenas, é que pusiesen una imágen de Nuestra Señora que les dió, é una cruz, y que siempre serian ayudados é tendrian buenas sementeras, é se salvarian sus ánimas, y se les dijo otras cosas acerca de nuestra santa fe, bien dichas.
Y el papa con los caciques respondieron que sus antepasados adoraban en aquellos dioses porque eran buenos, é que no se atrevian ellos de hacer otra cosa, é que se los quitásemos nosotros, y que veriamos cuánto mal nos iba dello, porque nos iriamos á perder en la mar; é luego Cortés mandó que los despedazásemos y echásemos á rodar unas gradas abajo, é así se hizo; y luego mandó traer mucha cal, que habia harta en aquel pueblo, é indios albañiles, y se hizo un altar muy limpio, donde pusiésemos la imágen de Nuestra Señora; é mandó á dos de nuestros carpinteros de lo blanco, que se decian Alonso Yañez é Álvaro Lopez, que hiciesen una cruz de unos maderos nuevos que allí estaban; la cual se puso en uno como humilladero que estaba hecho cerca del altar, é dijo Misa el Padre que se decia Juan Diaz, y el papa é cacique y todos los indios estaban mirando con atencion.
Llaman en esta isla de Cozumel á los caciques calachionis, como otra vez he dicho en lo de Potonchan.
Y dejallos hé aquí, y pasaré adelante, é diré cómo nos embarcamos.
CAPÍTULO XXVIII.
CÓMO CORTÉS REPARTIÓ LOS NAVÍOS Y SEÑALÓ CAPITANES PARA IR EN ELLOS, Y ASIMISMO SE DIÓ LA INSTRUCCION DE LO QUE HABIAN DE HACER Á LOS PILOTOS, Y LAS SEÑALES DE LOS FAROLES DE NOCHE, Y OTRAS COSAS QUE NOS AVINO.
Cortés, que llevaba la capitana; Pedro de Albarado y sus hermanos, un buen navío que se decia San Sebastian; Alonso Hernandez Puertocarrero, otro; Francisco de Montejo, otro buen navío; Cristóbal de Olí, otro; Diego de Ordás, otro; Juan Velazquez de Leon, otro; Juan de Escalante, otro; Francisco de Morla, otro; otro de Escobar, el paje, y el más pequeño, como bergantin, Ginés Nortes, y en cada navío su piloto, y el piloto mayor Anton de Alaminos, y las instrucciones por donde se habian de regir é lo que habian de hacer, y de noche las señales de los faroles; y Cortés se despidió de los caciques é papas, y les encomendó aquella imágen, de nuestra Señora, é á la cruz que la reverenciasen é tuviesen limpio y enramado, y verian cuánto provecho dello les venia; é dijéronle que así lo harian, é trajéronle cuatro gallinas y dos jarros de miel, y se abrazaron; y embarcados que fuimos en ciertos dias del mes de Marzo de 1519 años, dimos velas é con muy buen tiempo íbamos nuestra derrota; é aquel mismo dia á hora de las diez dan desde una nao grandes voces, é capean é tiran un tiro para que todos los navíos que veniamos en conserva lo oyesen; y como Cortés lo oyó é vió, se puso luego en el bordo de la capitana, é vido ir arribando el navío en que venia Juan de Escalante, que se volvia hácia Cozumel; é dijo Cortés á otras naos que venian allí cerca:
—«¿Qué es aquello, qué es aquello?»
Y un soldado que se decia Zaragoza le respondió que se anegaba el navío de Escalante, que era adonde iba el cazabe.
Y Cortés dijo:
—«Plegue á Dios no tengamos algun desman.»
Y mandó al piloto Alaminos que hiciese señas á todos los navíos que arribasen á Cozumel.
Ese mismo dia volvimos al puerto donde salimos, y descargamos el cazabe, y hallamos la imágen de nuestra Señora y la cruz muy limpio é puesto incienso, y dello nos alegramos; é luego vino el Cacique y papas á hablar á Cortés, y le preguntaron que á qué volviamos; é dijo que porque hacia agua un navío, que lo queria adobar, y que les rogaba que con todas sus canoas ayudasen á los bateles á sacar el pan cazabe, y así lo hicieron; y estuvimos en adobar el navío cuatro dias.
Y dejemos de más hablar en ello, é diré cómo lo supo el español que estaba en poder de indios, que se decia Aguilar, y lo que más hicimos.
CAPÍTULO XXIX.
CÓMO EL ESPAÑOL QUE ESTABA EN PODER DE INDIOS, QUE SE LLAMABA JERÓNIMO DE AGUILAR, SUPO CÓMO HABIAMOS ARRIBADO Á COZUMEL, Y SE VINO Á NOSOTROS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
Cuando tuvo noticia cierta el español que estaba en poder de los indios que habiamos vuelto á Cozumel con los navíos, se alegró en grande manera y dió gracias á Dios, y mucha priesa en se venir él y los indios que llevaron las cartas y rescate á se embarcar en una canoa; y como la pagó bien en cuentas verdes del rescate que le enviamos, luego la halló alquilada con seis indios remeros con ella; y dan tal priesa en remar, que en espacio de poco tiempo pasaron el golfete que hay de una tierra á la otra, que serian cuatro leguas, sin tener contraste de la mar; y llegados á la costa de Cozumel, ya que estaban desembarcando, dijeron á Cortés unos soldados que iban á montería (porque habia en aquella isla puercos de la tierra) que habia venido una canoa grande allí junto del pueblo, y que venia de la Punta de Cotoche; é mandó Cortés á Andrés de Tapia y á otros dos soldados que fuesen á ver qué cosa nueva era venir allí junto á nosotros indios sin temor ninguno con canoas grandes, é luego fueron; y desque los indios que venian en la canoa, que traia alquilados el Aguilar, vieron los españoles, tuvieron temor y se querian tornar á embarcar é hacer á lo largo con la canoa; é Aguilar les dijo en su lengua que no tuviesen miedo, que eran sus hermanos; y el Andrés de Tapia, como los vió que eran indios (porque el Aguilar ni más ni ménos era que indio), luego envió á decir á Cortés con un español que siete indios de Cozumel eran los que allí llegaron en la canoa; y despues que hubieron saltado en tierra, el español, mal mascado y peor pronunciado, dijo:
—«Dios y Santa María y Sevilla.»
É luego le fué á abrazar el Tapia; é otro soldado de los que habian ido con el Tapia á ver qué cosa era, fué á mucha prisa á demandar albricias á Cortés, como era español el que venia en la canoa, de que todos nos alegramos; y luego se vino el Tapia con el español donde estaba Cortés; é ántes que llegasen donde Cortés estaba, ciertos españoles preguntaban al Tapia qué es del español, aunque iba allí junto con él, porque le tenian por indio propio, porque de suyo era moreno é tresquilado á manera de indio esclavo, é traia un remo al hombro é una cotara vieja calzada y la otra en la cinta, é una manta vieja muy ruin é un braguero peor, con que cubria sus vergüenzas, é traia atado en la manta un bulto, que eran horas muy viejas.
Pues desque Cortés lo vió de aquella manera, tambien picó como los demás soldados y preguntó al Tapia que qué era del español. Y el español como lo entendió se puso en cuclillas, como hacen los indios, é dijo:
—«Yo soy.»
Y luego le mandó dar de vestir camisa é jubon, é zaragüelles, é caperuza, é alpargates, que otros vestidos no habia, y le preguntó de su vida é cómo se llamaba y cuándo vino á aquella tierra.
Y él dijo, aunque no bien pronunciado, que se decia Jerónimo de Aguilar y que era natural de Écija, y que tenia órdenes de Evangelio; que habia ocho años que se habia perdido él y otros quince hombres y dos mujeres que iban desde el Darien á la isla de Santo Domingo, cuando hubo unas diferencias y pleitos de un Enciso y Valdivia, é dijo que llevaban diez mil pesos de oro y los procesos de unos contra los otros, y que el navío en que iban dió en los alacranes, que no pudo navegar, y que en el batel del mismo navío se metieron él y sus compañeros é dos mujeres, creyendo tomar la isla de Cuba ó á Jamáica, y que las corrientes eran muy grandes, que les echaron en aquella tierra, y que los calachionis de aquella comarca los repartieron entre sí, y que habian sacrificado á los ídolos muchos de sus compañeros, y dellos se habian muerto de dolencia; é las mujeres, que poco tiempo pasado habia que de trabajo tambien se murieron, porque las hacian moler, y que á él que le tenian para sacrificar, é una noche se huyó y se fué á aquel cacique, con quien estaba (ya no se me acuerda el nombre que allí le nombró), y que no habian quedado de todos sino él é un Gonzalo Guerrero, é dijo que le fué á llamar é no quiso venir.
Y desque Cortés le oyó dió muchas gracias á Dios por todo, y le dijo que, mediante Dios, que dél seria bien mirado y gratificado. Y le preguntó por la tierra é pueblos, y el Aguilar dijo que, como le tenian por esclavo, que no sabia sino traer leña é agua y cavar en los maices; que no habia salido sino hasta cuatro leguas que le llevaron con una carga, y que no la pudo llevar é cayó malo dello, y que ha entendido que hay muchos pueblos.
Y luego le preguntó por el Gonzalo Guerrero, é dijo que estaba casado y tenia tres hijos, y que tenia labrada la cara é horadadas las orejas y el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, natural de Pálos, y que los indios le tienen por esforzado; y que habia poco más de un año que cuando vinieron á la Punta de Cotoche una capitanía con tres navíos (parece ser que fueron cuando venimos los de Francisco Hernandez de Córdoba), que él fué inventor que nos diesen la guerra que nos dieron, y que vino él allí por capitan, juntamente con un cacique de un gran pueblo, segun ya he dicho en lo de Francisco Hernandez de Córdoba.
É cuando Cortés lo oyó dijo:
—«En verdad que le querria haber á las manos, porque jamás será bueno dejársele.»
É diré cómo los caciques de Cozumel cuando vieron al Aguilar que hablaba su lengua, le daban muy bien de comer, y el Aguilar los aconsejaba que siempre tuviesen devocion y reverencia á la santa imágen de nuestra Señora y á la cruz, que conocieran que por ello les vendria mucho bien; é los caciques, por consejo de Aguilar, demandaron una carta de favor á Cortés, para que si viniesen á aquel puerto otros españoles, que fuesen bien tratados é no les hiciesen agravios; la cual carta luego se la dió; y despues de despedidos con muchos halagos é ofrecimientos, nos hicimos á la vela para el rio de Grijalva, y desta manera que he dicho se hubo Aguilar, y no de otra, como lo escribe el coronista Gómora; é no me maravillo, pues lo que dice es por nuevas.
Y volvamos á nuestra relacion.
CAPÍTULO XXX.
CÓMO NOS TORNAMOS Á EMBARCAR Y NOS HICIMOS Á LA VELA PARA EL RIO DE GRIJALVA, Y LO QUE NOS AVINO EN EL VIAJE.
En 4 dias del mes de Marzo de 1519 años, habiendo tan buen suceso en llevar tan buena lengua y fiel, mandó Cortés que nos embarcásemos segun y de la manera que habiamos venido ántes que arribásemos á Cozumel, é con las mismas instrucciones y señas de los faroles para de noche.
Yendo navegando con buen tiempo, revuelve un tiempo, ya que queria anochecer, tan recio y contrario, que echó cada navío por su parte, con harto riesgo de dar en tierra; y quiso Dios que á media noche aflojó, y desque amaneció luego se volvieron á juntar todos los navíos, excepto uno en que iba Juan Velazquez de Leon; é íbamos nuestro viaje sin saber dél hasta medio dia, de lo cual llevábamos pena, creyendo fuese perdido en unos bajos, y desque se pasaba el dia é no parecia, dijo Cortés al piloto Alaminos que no era ir bien más adelante sin saber dél, y el piloto hizo señas á todos los navíos que estuviesen al reparo, aguardando si por ventura le echó el tiempo en alguna ensenada, donde no podia salir por ser el tiempo contrario; é como vió que no venia, dijo el piloto á Cortés:
—«Señor, tengo por cierto que se metió en uno como puerto ó bahía que queda atrás, y que el viento no le deja salir, porque el piloto que llevaba es el que vino con Francisco Hernandez de Córdoba é volvió con Grijalva, que se decia Juan Álvarez el Manquillo, é sabe aquel puerto.»
Y luego fue acordado de volver á buscarle con toda la armada, y en aquella bahía donde habia dicho el piloto lo hallamos anclado, de que todos hubimos placer; y estuvimos allí un dia, y echamos dos bateles en el agua, é saltó en tierra el piloto é un capitan que se decia Francisco de Lugo; é habia por allí unas estancias donde habia maizales é hacian sal, y tenian cuatros cues, que son casas de ídolos, y en ellos muchas figuras, é todas las más de mujeres, y eran altas de cuerpo y se puso nombre á aquella tierra la Punta de las Mujeres.
Acuérdome que decia el Aguilar que cerca de aquellas estancias estaba el pueblo donde era esclavo, y que allí vino cargado, que le trujo su amo, é cayó malo de traer la carga; y que tambien estaba no muy léjos el pueblo donde estaba Gonzalo Guerrero, y que todos tenian oro, aunque era poco, y que si queria, que él guiaria, y que fuésemos allá; é Cortés le dijo riendo que no venia para tan pocas cosas, sino para servir á Dios é al Rey.
É luego mandó Cortés á un capitan que se decia Escobar que fuese en el navío de que era capitan, que era muy velero y demandaba poca agua, hasta Boca de Términos, é mirase muy bien qué tierra era, é si era buen puerto para poblar, é si habia mucha caza, como le habian informado; y esto que le mandó fué por consejo del piloto, porque cuando por allí pasásemos con todos los navíos no nos detener en entrar en él; y que despues de visto, que pusiese una señal y quebrase árboles en la boca del puerto, ó escribiese una carta é la pusiese donde la viésemos de una parte y de otra del puerto para que conociésemos que habia entrado dentro, ó que aguardase en la mar á la armada barloventeando despues que lo hubiese visto.
Y luego el Escobar partió é fué á Puerto de Términos (que así se llama), é hizo todo lo que le fué mandado, é halló la lebrela que se hubo quedado cuando lo de Grijalva, y estaba gorda é lucia; é dijo el Escobar que cuando la lebrela vió el navío que estaba en el puerto, que estaba halagando con la cola é haciendo otras señas de halagos, y se vino luego á los soldados, y se metió con ellos en la nao; y esto hecho, se salió luego el Escobar del puerto á la mar, y estaba esperando el armada, é parece ser, con viento Sur que le dió, no pudo esperar al reparo y metióse mucho en la mar.
Volvamos á nuestra armada, que quedábamos en la Punta de las Mujeres, que otro dia de mañana salimos con buen tiempo terral y llegamos en Boca de Términos, y no hallamos á Escobar.
Mandó Cortés que sacasen el batel y con diez ballesteros le fuesen á buscar en la Boca de Términos ó á ver si habia señal ó carta; y luego se halló árboles cortados é una carta que en ella decia cómo era muy buen puerto y buena tierra y de mucha caza, é lo de la lebrela; é dijo el piloto Alaminos á Cortés que fuésemos nuestra derrota, porque con el viento Sur se debia haber metido en la mar, y que no podria ir muy léjos, porque habia de navegar á orza.
Y puesto que Cortés sintió pena no le hubiese acaecido algun desman, mandó meter velas, y luego le alcanzamos, y dió el Escobar sus descargos á Cortés y la causa porque no pudo aguardar.
Estando en esto llegamos en el paraje de Potonchan, y Cortés mandó al piloto que surgiésemos en aquella ensenada; y el piloto respondió que era mal puerto, porque habian de estar los navíos surtos más de dos leguas léjos de tierra, que mengua mucho la mar; porque tenia pensamiento Cortés de dalles una buena mano por el desbarate de lo de Francisco Hernandez de Córdoba é Grijalva, y muchos de los soldados que nos habiamos hallado en aquellas batallas se lo suplicamos que entrase dentro, é no quedasen sin buen castigo, aunque se detuviesen allí dos ó tres dias.
El piloto Alaminos con otros pilotos porfiaron que si allí entrábamos que en ocho dias no podriamos salir, por el tiempo contrario, y que ahora llevábamos buen viento y que en dos dias llegariamos á Tabasco; é así, pasamos de largo, y en tres dias que navegamos llegamos al rio de Grijalva; é lo que allí nos acaeció y las guerras que nos dieron diré adelante.
CAPÍTULO XXXI.
CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE GRIJALVA, QUE EN LENGUA DE INDIOS LLAMAN TABASCO, Y DE LO QUE MÁS CON ELLOS PASAMOS.
En 12 dias del mes de Marzo de 1519 años llegamos con toda la armada al rio Grijalva, que se dice de Tabasco; y como sabiamos ya de cuando lo de Grijalva que en aquel puerto é rio no podian entrar navíos de mucho porte, surgieron en la mar los mayores, y con los pequeños é los bateles fuimos todos los soldados á desembarcar á la Punta de los Palmares (como cuando con Grijalva), que estaba del pueblo de Tabasco otra media legua, y andaban por el rio, en la ribera, entre unos manglares todo lleno de indios guerreros; de lo cual nos maravillamos los que habiamos venido con Grijalva; y demás desto, estaban juntos en el pueblo más de doce mil guerreros aparejados para darnos guerra, porque en aquella sazon aquel pueblo era de mucho trato y estaban sujetos á él otros grandes pueblos, y todos los tenian apercebidos con todo género de armas segun las usaban.
Y la causa dello fué porque los de Potonchan é los de Lázaro y otros pueblos comarcanos los tuvieron por cobardes, y se lo dieron en rostro, por causa que dieron á Grijalva las joyas de oro que ántes he dicho en el capítulo que dello habla, y que de medrosos no nos osaron dar guerra, pues eran más pueblos y tenian más guerreros que no ellos; y esto les decian por afrentarlos; y que en sus pueblos nos habian dado guerra y muerto cincuenta y seis hombres.
Por manera que con aquellas palabras que les habian dicho se determinaron de tomar armas; y cuando Cortés los vió puestos de aquella manera dijo á Aguilar, la lengua, que entendia bien la de Tabasco, que dijese á unos indios que parecian principales, que pasaban en una gran canoa cerca de nosotros, que para qué andaban tan alborotados, que no les veniamos á hacer ningun mal, sino á decilles que les queremos dar de lo que traemos, como á hermanos; y que les rogaba que mirasen no comenzasen la guerra, porque les pesaria dello, y les dijo otras muchas cosas acerca de la paz; é miéntras más les decia el Aguilar, más bravos se mostraban, y decian que nos matarian á todos si entrábamos en su pueblo, porque le tenian muy fortalecido todo á la redonda de árboles muy gruesos, de cercas é albarradas.
Aguilar les tornó á hablar y requerir con la paz, y que nos dejasen tomar agua é comprar de comer á trueco de nuestro rescate, é tambien decir á los calachionis cosas que sean de su provecho y servicio de Dios nuestro Señor, y todavía ellos á porfiar que no pasásemos de aquellos palmares adelante; si no, que nos matarian.
Y cuando aquello vió Cortés mandó apercebir los bateles é navíos menores, é mandó poner en cada un batel tres tiros, y repartió en ellos los ballesteros y escopeteros; y teniamos memoria cuando lo de Grijalva, que iba un camino angosto desde los palmares al pueblo por unos arroyos é ciénegas.
Cortés mandó á tres soldados que aquella noche mirasen bien si iban á las casas, y que no se detuviesen mucho en traer la respuesta; y los que fueron vieron que se iban; é visto todo esto, y despues de bien mirado, se nos pasó aquel dia dando órden en cómo y de qué manera habiamos de ir en los bateles; é otro dia por la mañana, despues de haber oido Misa y todas nuestras armas muy á punto, mandó Cortés á Alonso de Ávila, que era capitan, que con cien soldados, y entre ellos diez ballesteros, fuese por el caminillo, el que he dicho que iba al pueblo; y que de que oyese los tiros, él por una parte é nosotros por otra diésemos en el pueblo; é Cortés y todos los más soldados é capitanes fuimos en los bateles y navíos de ménos porte por el rio arriba; y cuando los indios guerreros que estaban en la costa y entre los manglares vieron que de hecho íbamos, vienen sobre nosotros con tantas canoas al puerto adonde habiamos de desembarcar, para defendernos que no saltásemos en tierra, que en toda la costa habia sino indios de guerra con todo género de armas que entre ellos se usan, tañendo trompetillas y caracoles é atabalejos; é como Cortés así vió la cosa, mandó que nos detuviésemos un poco y que no soltásemos tiros ni escopetas ni ballestas; é como todas las cosas queria llevar muy justificadamente, les hizo otro requerimiento delante de un escribano del Rey, que allí con nosotros iba, que se decia Diego de Godoy, é por la lengua de Aguilar, para que nos dejasen saltar en tierra, é tomar agua y hablalles cosas de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que si guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese ó otros cualesquier daños, fuesen á su culpa y cargo, é no á la nuestra; y ellos todavía haciendo muchos fieros y que no saltásemos en tierra; si no que nos matarian.
Luego comenzaron muy valientemente á nos flechar é hacer sus señas con sus atambores para que todos sus escuadrones apechugasen con nosotros, é como esforzados hombres vinieron é nos cercaron con las canoas con tan grandes rociadas de flechas, que nos hirieron é hicieron detener en el agua hasta la cinta y en otras partes más arriba; y como habia allí en aquel desembarcadero mucha lama y ciénago, no podiamos tan presto salir della; é cargaron sobre nosotros tantos indios, que con lanzas á manteniente y otros á flecharnos hacian que no tomásemos tierra tan presto como quisiéramos, é tambien porque en aquella lama estaba Cortés peleando y se le quedó un alpargata en el cieno, que no lo pudo sacar, y descalzo el un pié salió á tierra.
Estuvimos en aquella sazon en grande aprieto, hasta que, (como digo) salió á tierra, y todos nosotros; é luego con gran osadía, nombrando al Sr. Santiago é arremetiendo á ellos, les hicimos retraer, y aunque no muy léjos, por causa de las grandes albarradas y cercas que tenian hechas de maderos gruesos, adonde se amparaban, hasta que se las deshicimos, é tuvimos lugar por unos portillos de entrar en el pueblo y pelear con ellos, y los llevamos por una calle adelante adonde tenian hechas otras albarradas y fuerzas, é allí tornaron á reparar y hacer cara, y pelearon muy valientemente, con grande esfuerzo y dando voces é silbos, diciendo:
—«Ala, lala, al calachoni, al calachoni;» que en su lengua quiere decir que matasen á nuestro capitan.
Estando desta manera envueltos con ellos, vino Alonso de Ávila con sus soldados, que habia ido por tierra desde los Palmares, como dicho tengo, que pareció ser no acertó á venir más presto por causa de unas ciénegas y esteros que pasó; y su tardanza fué bien menester, segun habiamos estado detenidos en los requerimientos y deshacer portillos en las albarradas para pelear; así que todos juntos los tornamos á echar de las fuerzas donde estaban y los llevamos retrayendo; y ciertamente que como buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de flechas y varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las espaldas hasta un gran patio donde estaban unos aposentos y salas grandes, y tenian tres casas de ídolos, é ya habian llevado todo cuanto hato habia en aquel patio.
Mandó Cortés que reparásemos y que no fuésemos más en su seguimiento del alcance, pues iban huyendo; é allí tomó Cortés posesion de aquella tierra por su majestad, y él en su Real nombre.