Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3)
Part 31
É un dia yéndole á ver nuestro capitan y á tenelle palacio, despues de las cortesías que entre ellos se tenian, pareció al capitan Cortés que estaba el Montezuma muy alegre y de buen semblante, y le dijo qué tal se sentia, y el Montezuma respondió que mejor estaba; y tambien, como el Montezuma le vió ir á visitar en un dia dos veces, temió que Cortés sabia de los navíos, y por ganar por la mano y que no le tuviese por sospechoso le dijo:
—«Señor Malinche, ahora en este punto me han llegado mensajeros de cómo en el punto donde desembarcastes han venido diez y ocho navíos y mucha gente y caballos, é todo nos lo traen pintado en unas mantas; y como me visitastes hoy dos veces, creí que me veniades á dar nuevas dello; así que no habreis menester hacer navío; y porque no me lo deciades, por una parte tenia enojo de vos de tenérmelo encubierto, y por otra me holgaba porque vienen vuestros hermanos, para que todos os vais á Castilla é no haya más palabras.»
Y cuando Cortés oyó lo de los navíos y vió la pintura del paño se holgó en gran manera, y dijo:
—«Gracias á Dios, que al mejor tiempo provee.»
Pues nosotros los soldados era tanto el gozo, que no podiamos estar quedos, y de alegría escaramuzaron los caballos y tiramos tiros; é Cortés estuvo muy pensativo, porque bien entendió que aquella armada que la enviaba el gobernador Velazquez contra él y contra todos nosotros.
Y como supo que era, comunicó lo que sentia della con todos nosotros, capitanes y soldados, y con grandes dádivas y ofrecimientos que nos haria ricos á todos nos atraia para que tuviésemos con él, y no sabia quien venia por capitan; y estábamos muy alegres con las nuevas y con el más oro que nos habia dado Cortés por via de mercedes, como que lo daba de su hacienda, y no de lo que nos cabia de parte, y viendo el gran socorro é ayuda que nuestro Señor Jesucristo nos enviaba.
É quedarse ha aquí, é diré lo que pasó en el real de Narvaez.
CAPÍTULO CXI.
CÓMO PÁNFILO NARVAEZ ENVIÓ CON CINCO PERSONAS DE SU ARMADA Á REQUERIR Á GONZALO DE SANDOVAL, QUE ESTABA POR CAPITAN EN LA VILLA-RICA, QUE SE DIESE LUEGO CON TODOS LOS VECINOS, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
Como aquellos tres malos de nuestros soldados por mí nombrados, que se le pasaron al Narvaez y le daban aviso de todas las cosas que Cortés y todos nosotros habiamos hecho desde que entramos en la Nueva-España, y le avisaron que el capitan Gonzalo de Sandoval estaba ocho ó nueve leguas de allí en una villa rica que estaba poblada, que se decia la villa rica de la Veracruz, é que tenia consigo sesenta vecinos, y todos los más viejos y dolientes, acordó de enviar á la villa á un clérigo que se decia Guevara, que tenia buena expresiva, é á otro hombre de mucha cuenta que se decia Amaya, pariente del Diego Velazquez, y á un escribano que se decia Vergara, y tres testigos, los nombres dellos no me acuerdo; los cuales envió que notificasen á Gonzalo de Sandoval que luego se diesen al Narvaez, y para ello dijeron que traian unos traslados de las provisiones, é dicen que ya el Gonzalo de Sandoval sabia de los navíos por nuevas de indios, y de la mucha gente que en ellos venia; y como era muy varon en sus cosas, siempre estaba muy apercebido él, y sus soldados armados; y sospechando que aquella armada era de Diego Velazquez, y que enviaria á aquella villa de sus gentes para se apoderar della, y por estar más desembarazados de los soldados viejos y dolientes, los envió luego á un pueblo de indios que se dice Papalote, é quedó con los sanos; y el Sandoval siempre tenia buenas velas en los caminos de Cempoal, que es por donde habian de venir á la villa; y estaba convocando el Sandoval y atrayendo á sus soldados que si viniese Diego Velazquez ó otra persona, que no le diesen la villa; y todos los soldados dicen que le respondieron conforme á su voluntad, y mandó hacer una horca en un cerro.
Pues estando sus espías en los caminos, vienen de presto y le dan noticia que vienen cerca de la villa donde estaban, seis españoles é indios de Cuba; y el Sandoval aguardó en su casa, que no les salió á recebir, y habia mandado que ningun soldado saliese de sus casas ni les hablasen.
Y como el clérigo y los demás que traia en su compañía no topaba á ningun vecino español con quien hablar, sino eran indios que hacian la obra de la fortaleza; y como entraron en la villa, fuéronse á la iglesia á hacer oracion, y luego se fueron á la casa de Sandoval, que les pareció que era la mayor de la villa; é el clérigo, despues del norabuena estéis, que así diz que dijo, y el Sandoval le respondió que en tal hora buena viniese; dicen que el clérigo Guevara (que así se llamaba) comenzó un razonamiento, diciendo que el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba habia gastado muchos dineros en la armada, é que Cortés é todos los demás que habia traido en su compañía le habian sido traidores, y que les venia á notificar que luego fuesen á dar la obediencia al señor Pánfilo de Narvaez, que venia por capitan general del Diego Velazquez.
É como el Sandoval oyó aquellas palabras y descomedimientos que el padre Guevara dijo, se estaba carcomiendo de pesar de lo que oia, y le dijo:
—«Señor padre, muy mal hablais en decir esas palabras de traidores; aquí somos mejores servidores de su majestad que no Diego Velazquez ni ese vuestro capitan; y porque sois clérigo no os castigo conforme á vuestra mala crianza. Andad con Dios á Méjico, que allá está Cortés, que es capitan general y justicia mayor de esta Nueva-España, y os responderá; aquí no teneis más que hablar.»
Entónces el clérigo muy bravoso dijo á su escribano que con él venia, que se decia Vergara, que luego sacase las provisiones que traia en el seno y las notificase al Sandoval y á los vecinos que con él estaban; y dijo Sandoval al escribano que no leyese ningunos papeles, que no sabia si eran provisiones ó otras escrituras; y de plática en plática, ya el escribano comenzaba á sacar del seno las escrituras que traia, y el Sandoval le dijo:
—«Mirad, Vergara, ya os he dicho que no leais ningunos papeles aquí, sino id á Méjico; yo os prometo que si tal leyéredes, que yo os haga dar cien azotes, porque ni sabemos si sois escribano del Rey ó no; amostrad el título dello, y si le traeis, leeldo; y tampoco sabemos si son originales de las provisiones ó traslados ó otros papeles.»
Y el clérigo, que era muy soberbio, dijo muy enojado:
—«¿Qué haceis con estos traidores? Sacad esas provisiones y notificádselas.»
Y como el Sandoval oyó aquella palabra, le dijo que mentia como ruin clérigo, y luego mandó á sus soldados que los llevasen presos á Méjico; y no lo hubo bien dicho, cuando en jamaquillas de redes, como ánimas pecadoras los arrebataron muchos indios de los que trabajaban en la fortaleza, que los llevaron á cuestas, y en cuatro dias dan con ellos cerca de Méjico, que de noche y de dia con indios de remuda caminaban; é iban espantados de que veian tantas ciudades y pueblos grandes que les traian de comer, y unos los dejaban y otros los tomaban, y andar por su camino.
Dicen que iban pensando si era encantamiento ó sueño; y el Sandoval envió con ellos por alguacil, hasta que llegase á Méjico, á Pedro de Solís, el yerno que fué de Orduña, que ahora llaman Solís de Atrás-de-la-puerta.
Y así como los envió presos, escribió muy en posta á Cortés quién era el capitan de la armada y todo lo acaecido; y como Cortés lo supo que venian presos y llegaban cerca de Méjico, envióles gran banquete, é cabalgaduras para los tres más principales, y mandó que luego los soltasen de la prision, y les escribió que le pesó de que Gonzalo de Sandoval tal desacato tuviese, é que quisiera que les hiciera mucha honra; y como llegaron á Méjico los salió á recibir, y los metió en la ciudad muy honradamente; y como el Clérigo y los demás sus compañeros vieron á Méjico ser tan grandísima ciudad, y la riqueza de oro que teniamos, é otras muchas ciudades en el agua de la laguna, é todos nuestros capitanes é soldados, y la gran franqueza de Cortés, estaban admirados; y á cabo de dos dias que estuvieron con nosotros, Cortés les habló de la tal manera con prometimientos y halagos, y aun les untó las manos de tejuelos y joyas de oro, y los tornó á enviar á su Narvaez con bastimento que les dió para el camino; que donde venian muy bravosos leones, volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores.
Y así como llegaron á Cempoal á dar relacion á su capitan, comenzaron á convocar todo el real de Narvaez que se pasasen con nosotros.
Y dejallo hé aquí, y diré cómo Cortés escribió al Narvaez, y lo que sobre ello pasó.
FIN DEL TOMO PRIMERO.
ÍNDICE.
_Páginas._
PRÓLOGO 5
Capítulo I. 9
— II. 13
— III. 18
— IV. 23
— V. 28
— VI. 31
— VII. 37
— VIII. 41
— IX. 47
— X. 50
— XI. 51
— XII. 56
— XIII. 58
— XIV. 62
— XV. 65
— XVI. 67
— XVII. 72
— XVIII. 74
— XIX. 80
— XX. 84
— XXI. 89
— XXII. 92
— XXIII. 95
— XXIV. 102
— XXV. 104
— XXVI. 107
— XXVII. 109
— XXVIII. 115
— XXIX. 117
— XXX. 122
— XXXI. 126
— XXXII. 132
— XXXIII. 135
— XXXIV. 138
— XXXV. 143
— XXXVI. 148
— XXXVII. 155
— XXXVIII. 158
— XXXIX. 165
— XL. 170
— XLI. 174
— XLII. 180
— XLIII. 185
— XLIV. 187
— XLV. 191
— XLVI. 196
— XLVII. 200
— XLVIII. 204
— XLIX. 209
— L. 212
— LI. 214
— LII. 222
— LIII. 226
— LIV. 229
— LV. 235
— LVI. 239
— LVII. 244
— LVIII. 246
— LIX. 249
— LX. 252
— LXI. 256
— LXII. 264
— LXIII. 270
— LXIV. 275
— LXV. 279
— LXVI. 283
— LXVII. 290
— LXVIII. 293
— LXIX. 296
— LXX. 304
— LXXI. 308
— LXXII. 312
— LXXIII. 314
— LXXIV. 321
— LXXV. 325
— LXXVI. 329
— LXXVII. 331
— LXXVIII. 336
— LXXIX. 344
— LXXX. 348
— LXXXI. 351
— LXXXII. 353
— LXXXIII. 357
— LXXXIV. 378
— LXXXV. 381
— LXXXVI. 386
— LXXXVII. 392
— LXXXVIII. 399
— LXXXIX. 406
— XC. 409
— XCI. 414
— XCII. 426
— XCIII. 443
— XCIV. 450
— XCV. 454
— XCVI. 464
— XCVII. 469
— XCVIII. 475
— XCIX. 478
— C. 482
— CI. 493
— CII. 496
— CIII. 499
— CIV. 505
— CV. 510
— CVI. 515
— CVII. 518
— CVIII. 521
— CIX. 527
— CX. 530
— CXI. 534