Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3)
Part 28
Y cuando llegábamos cerca de Méjico mandó Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon y los demás capitanes que disparasen el artillería, de que se holgó mucho Montezuma, que, como le viamos tan franco y bueno, le teniamos en el acato que se tienen los Reyes destas partes, y él nos hacia lo mismo.
Si hubiese de contar las cosas y condicion que él tenia de gran señor, y el acato y servicio que todos los señores de la Nueva-España y de otras provincias le hacian, es para nunca acabar, porque cosa ninguna que mandaba que le trujesen, aunque fuese volando, que luego no le era traido; y esto dígolo porque un dia estábamos tres de nuestros capitanes y ciertos soldados con el gran Montezuma, y acaso abatióse un gavilan en unas salas como corredores por una codorniz; que cerca de las casas y palacios donde estaba el Montezuma preso estaban unas palomas y codornices mansas, porque por grandeza las tenia allí para criar el indio mayordomo que tenia cargo de barrer los aposentos; y como el gavilan se abatió y llevó presa, viéronlo nuestros capitanes, y dijo uno dellos, que se decia Francisco de Acevedo el Pulido, que fué maestresala del almirante de Castilla:
—«¡Oh qué lindo gavilan, y qué presa hizo, y tan buen vuelo tiene!»
Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que habia en estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó á su paje Orteguilla sobre la plática, y le respondió que deciamos aquellos capitanes que el gavilan que entró á cazar era muy bueno, é que si tuviésemos otro como aquel que le mostrarian á venir á la mano, y que en el campo le echarian á cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataria.
Entónces dijo el Montezuma:
—«Pues yo mandaré agora que tomen aquel mismo gavilan, y veremos si le amansan y cazan con él.»
Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería, y les dijo que le trujesen el mismo gavilan; y tal maña se dieron en le tomar, que á horas del Ave-María vienen con el mismo gavilan, y le dieron á Francisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y porque luego se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de hablar en ello.
Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, que no solamente le traian tributos de todas las más partes de la Nueva-España, y señoreaba tantas tierras, y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus vasallos temblaban dél, que hasta las aves que vuelan por el aire hacia tomar.
Dejemos esto aparte, y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de cuando en cuando su rueda. En aqueste tiempo tenian convocado entre los sobrinos y deudos del gran Montezuma á otros muchos caciques y á toda la tierra para darnos guerra y soltar al Montezuma, y alzarse algunos dellos por Reyes de Méjico; lo cual diré adelante.
CAPÍTULO C.
CÓMO LOS SOBRINOS DEL GRANDE MONTEZUMA ANDABAN CONVOCANDO É TRAYENDO Á SÍ LAS VOLUNTADES DE OTROS SEÑORES PARA VENIR Á MÉJICO Y SACAR DE LA PRISION AL GRAN MONTEZUMA Y ECHARNOS DE LA CIUDAD.
Como el Cacamatzin, señor de la ciudad de Tezcuco, que despues de Méjico era la mayor y más principal ciudad que hay en la Nueva-España, entendió que habia muchos dias que estaba preso su tio Montezuma, é que en todo lo que nosotros podiamos nos íbamos señoreando, y aun alcanzó á saber que habiamos abierto la casa donde estaba el gran tesoro de su abuelo Axayaca, y que no habiamos tomado cosa ninguna dello; é ántes que lo tomásemos acordó de convocar á todos los señores de Tezcuco, sus vasallos, é al señor de Cuyoacan, que era su primo, y sobrino del Montezuma, é al señor de Tacuba é al señor de Iztapalapa, é á otro cacique muy grande, señor de Matalcingo, que era pariente muy cercano del Montezuma, y aun decian que le venia de derecho el reino y señorio de Méjico, y este cacique era muy valiente por su persona entre los indios; pues andando concertando con ellos y con otros señores mejicanos que para tal dia viniesen con todos sus poderes y nos diesen guerra, parece ser que el cacique que he dicho que era valiente por su persona, que no le sé el nombre, dijo que si le daban á él el señorio de Méjico, pues le venia de derecho, que él con toda su parentela, y de una provincia que se dice Matalcingo, serian los primeros que vendrian con sus armas á nos echar de Méjico, ó no quedaria ninguno de nosotros á vida. Y el Cacamatzin parece ser respondió que á él le venia el cacicazgo y él habia de ser Rey, pues era sobrino de Montezuma, y que si no queria venir, que sin él ni su gente haria la guerra.
Por manera que ya tenia el Cacamatzin apercibidos los pueblos y señores por mí ya nombrados, y tenia concertado que para tal dia viniesen sobre Méjico, é con los señores que dentro estaban de su parte les darian lugar á la entrada; é andando en estos tratos, lo supo muy bien Montezuma por la parte de su gran deudo, que no quiso conceder en lo que Cacamatzin queria; y para mejor lo saber envió Montezuma á llamar todos sus caciques y principales de aquella ciudad, y le dijeron cómo el Cacamatzin los andaba convocando á todos con palabras é dádivas para que le ayudasen á darnos guerra y soltar al tio.
Y como Montezuma era cuerdo y no queria ver su ciudad puesta en armas ni alborotos, se lo dijo á Cortés segun y de la manera que pasaba, el cual alboroto sabia muy bien nuestro capitan y todos nosotros, mas no tan por entero como se lo dijo.
El consejo que sobre ello tomó era, que nos diese de su gente mejicana é iriamos sobre Tezcuco, y que le prenderiamos ó destruiriamos aquella ciudad é sus comarcas. É al Montezuma no le cuadró este consejo; por manera que Cortés le envió á decir al Cacamatzin que se quitase de andar revolviendo guerra, que será causa de su perdicion, é que le quiere tener por amigo, é que en todo lo que hubiere menester de su persona lo hará por él, é otros muchos cumplimientos.
É como el Cacamatzin era mancebo, y halló otros muchos de su parecer que le acudirian en la guerra, envió á decir á Cortés que ya habia entendido sus palabras de halagos, que no las queria más oir, sino cuando le viese venir, que entónces le hablaria lo que quisiese.
Tornó otra vez Cortés á le enviar á decir que mirase que no hiciese deservicio á nuestro Rey y señor, que lo pagaria su persona y le quitaria la vida por ello; y respondió que ni conocia á Rey ni quisiera haber conocido á Cortés, que con palabras blandas prendió á su tio.
Como envió aquella respuesta, nuestro capitan rogó á Montezuma, pues era tan gran señor, y dentro en Tezcuco tenia grandes caciques y parientes por capitanes, y no estaban bien con el Cacamatzin, por ser muy soberbio y malquisto; y pues allí en Méjico con el Montezuma estaba un hermano del mismo Cacamatzin, mancebo de buena disposicion, que estaba huido del propio hermano porque no le matase, que despues del Cacamatzin heredaba el reino de Tezcuco; que tuviese manera y concierto con todos los de Tezcuco que prendiesen al Cacamatzin, ó que secretamente le enviase á llamar, y que si viniese, que le echase mano y le tuviesen en su poder hasta que estuviese más sosegado; y que pues que aquel su sobrino estaba en su casa huido por temor del hermano, y le sirve, que le alce luego por señor, y le quite el señorio al Cacamatzin, que está en su deservicio y anda revolviendo todas las ciudades y caciques de la tierra por señorear su ciudad é reino.
Y el Montezuma dijo que le enviaria luego á llamar; mas que sentia dél que no querria venir, y que si no viniese, que se ternia concierto con sus capitanes y parientes que le prendan; y Cortés le dió muchas gracias por ello, y aun le dijo:
—«Señor Montezuma, bien podeis creer que si os quereis ir á vuestros palacios, que en vuestra mano está; que desde que tengo entendido que me teneis buena voluntad é yo os quiero tanto, que no fuera yo de tal condicion, que luego no os fuera acompañando para que os fuérades con toda vuestra caballería á vuestros palacios; y si lo he dejado de hacer, es por estos mis capitanes que os fueron á prender, porque no quieren que os suelte, y porque vuestra majestad dice que quiere estar preso por excusar las revueltas que vuestros sobrinos traen por haber en su poder esta ciudad é quitaros el mando.»
Y el Montezuma dijo que se lo tenia en merced, y como iba entendiendo las palabras halagüeñas de Cortés é via que lo decia, no por soltalle, sino probar su voluntad: y tambien Orteguilla, su paje, se lo habia dicho á Montezuma, que nuestros capitanes eran los que le aconsejaron que le prendiese, é que no creyese á Cortés, que sin ellos no le soltaria.
Dijo el Montezuma á Cortés que muy bien estaba preso hasta ver en qué paraban los tratos de sus sobrinos, y que luego queria enviar mensajeros á Cacamatzin rogándole que viniese ante él, que le queria hablar en amistades entre él y nosotros; y le envió á decir que de su prision que no tenga él cuidado, que si se quisiese soltar, que muchos tiempos ha tenido para ello, y que Malinche le ha dicho dos veces que se vaya á sus palacios, y que él no quiere, por cumplir el mandado de sus dioses, que le han dicho que se esté preso, y que si no lo está, luego será muerto; y que esto que lo sabe muchos dias há de los papas que están en servicio de los ídolos: y que á esta causa será bien que tenga amistad con Malinche y sus hermanos.
Y estas mismas palabras envió Montezuma á decir á los capitanes de Tezcuco, cómo enviaba á llamar á su sobrino para hacer las amistades, y que mirase no le trastornase su seso aquel mancebo para tomar armas contra nosotros.
Y dejemos esta plática, que muy bien la entendió el Cacamatzin; y sus principales entraron en consejo sobre lo que harian, y el Cacamatzin comenzó á bravear y que nos habia de matar dentro de cuatro dias, é que al tio, que era una gallina, por no darnos guerra cuando se lo aconsejaba al abajar la sierra de Chalco, cuando tuvo allí buen aparejo con sus guarniciones, y que nos metió él por su persona en su ciudad, como si tuviera conocido que íbamos para hacelle algun bien, y que cuanto oro le han traido de sus tributos nos daba; y que le habiamos escalado y abierto la casa donde está el tesoro de su abuelo Axayaca, y que sobre todo esto le teniamos preso, é que ya le andábamos diciendo que quitasen los ídolos del gran Huichilóbos, é que queriamos poner los nuestros; é que porque esto no viniese más mal, y para castigar tales cosas é injurias, que les rogaba que le ayudasen, pues todo lo que ha dicho han visto por sus ojos, y cómo quemamos los mismos capitanes del Montezuma, y que ya no se puede compadecer otra cosa sino que todos juntos á una nos diesen guerra; y allí les prometió el Cacamatzin que si quedaba con el señorio de Méjico que les habia de hacer grandes señores, y tambien les dió muchas joyas de oro y les dijo que ya tenia concertado con sus primos, los señores de Cuyoacan y de Iztapalapa y de Tacuba y otros deudos, que le ayudarian, é que en Méjico tenia de su parte otras personas principales que le darian entrada é ayuda á cualquiera hora que quisiese, y que unos por las calzadas, y todos los más en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, podrian entrar, sin tener contrarios que se lo defendiesen, pues su tio estaba preso; y que no tuviesen miedo de nosotros, pues saben que pocos dias habian pasado que en lo de Almería los mesmos capitanes de su tio habian muerto muchos teules y un caballo, lo cual bien vieron la cabeza de un teule é el cuerpo del caballo; é que en una hora nos despacharian, é con nuestros cuerpos harian buenas fiestas y hartazgas.
Y como hubo hecho aquel razonamiento, dicen que se miraban unos capitanes á otros para que hablasen los que solian hablar primero en cosas de guerra, é que cuatro ó cinco de aquellos capitanes le dijeron que, ¿cómo habian de ir sin licencia de su gran señor Montezuma y dar guerra en su propia casa y ciudad? Y que se lo envien primero á hacer saber, é que si es consentidor, que irán con él de muy buena voluntad, é que de otra manera, que no le quieren ser traidores.
Y pareció ser que el Cacamatzin se enojó con los capitanes que le dieron aquella respuesta, y mandó echar presos tres dellos; y como habia allí en el consejo y junta que tenian otros sus deudos y ganosos de bullicios, dijeron que le ayudarian hasta morir, é acordó de enviar á decir á su tio el gran Montezuma que habia de tener empacho envialle á decir que venga á tener amistad con quien tanto mal y deshonra le ha hecho, teniéndole preso; é que no es posible sino que nosotros éramos hechiceros y con hechizos le teniamos quitado su gran corazon y fuerza, ó que nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que les dijimos que era nuestra abogada nos da aquel gran poder para hacer lo que haciamos; é en esto que dijo á la postre no lo erraba, que ciertamente la gran misericordia de Dios y su bendita Madre nuestra Señora nos ayudaba.
Y volvamos á nuestra plática, que en lo que se resumió, fué enviar á decir que él venia á pesar nuestro y de su tio á nos hablar y matar: y cuando el gran Montezuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada, recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió á llamar seis de sus capitanes de mucha cuenta, y les dió su sello, y aun les dió ciertas joyas de oro, y les mandó que luego fuesen á Tezcuco y que mostrasen secretamente aquel su sello á ciertos capitanes y parientes que estaban muy mal con el Cacamatzin por ser muy soberbio, é que tuviesen tal órden y manera, que á él y á los que eran en su consejo los prendiesen y que luego se los trujesen delante.
Y como fueron aquellos capitanes, y en Tezcuco entendieron lo que el Montezuma mandaba, y el Cacamatzin era malquisto, en sus propios palacios le prendieron, que estaba platicando con aquellos sus confederados en cosas de la guerra, y tambien trujeron otros cinco presos con él.
É como aquella ciudad está poblada junto á la gran laguna, aderezan una gran piragua con sus toldos y les meten en ella, y con gran copia de remeros los traen á Méjico, y cuando hubo desembarcado le meten en sus ricas andas, como Rey que era, y con gran acato le llevan ante Montezuma; y parece ser estuvo hablando con su tio, y desvergonzósele más de lo que ántes estaba, y supo Montezuma de los conciertos en que andaba, que era alzarse por señor; lo cual alcanzó á saber más por entero de los demás prisioneros que le trujeron, y si enojado estaba de ántes del sobrino, muy más lo estuvo entónces.
Y luego se lo envió á nuestro capitan para que lo echase preso, y á los demás prisioneros mandó soltar; é luego Cortés fué á los palacios é al aposento de Montezuma y le dió las gracias por tan gran merced; y se dió órden que se alzase por Rey de Tezcuco al mancebo que estaba en su compañía del Montezuma, que tambien era su sobrino, hermano del Cacamatzin, que ya he dicho que por su temor estaba allí retraido al favor del tio porque no le matase, que era tambien heredero muy propincuo del reino de Tezcuco; y para lo hacer solenemente y con acuerdo de toda la ciudad, mandó Montezuma que viniesen ante él los más principales de toda aquella provincia, y despues de muy bien platicada la cosa, le alzaron por Rey y señor de aquella gran ciudad, y se llamó D. Cárlos.
Ya todo esto hecho, como los caciques y reyezuelos sobrinos del gran Montezuma, que eran el señor de Cuyoacan y el señor de Iztapalapa y el de Tacuba, vieron é oyeron las prisiones del Cacamatzin, y supieron que el gran Montezuma habia sabido que ellos entraban en la conjuracion para quitalle su reino y dárselo á Cacamatzin, temieron, y no le venian á ver ni á hacer palacio como solian; é con acuerdo de Cortés, que le convocó é atrajo al Montezuma para que los mandase prender, en ocho dias todos estuvieron presos en la cadena gorda, que no poco se holgó nuestro capitan y todos nosotros.
Miren los curiosos letores en lo que andaban nuestras vidas, tratando de nos matar cada dia y comer nuestras carnes, si la gran misericordia de Dios, que siempre era con nosotros, no nos socorria; é aquel buen Montezuma á todas nuestras cosas daba buen corte; é miren qué gran señor era, que estando preso así era tan obedecido.
Pues ya todo apaciguado é aquellos señores presos, siempre nuestro Cortés con otros capitanes é el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, estaban teniéndole palacio, é en todo lo que podian le daban mucho placer, y burlaban no de manera de desacato, que digo que no se sentaban Cortés ni ningun capitan hasta que el Montezuma les mandaba dar sus asentaderos ricos y les mandaba asentar; y en esto era tan bien mirado, que todos le queriamos con gran amor, porque verdaderamente era gran señor en todas sus cosas que le viamos hacer.
Y volviendo á nuestra plática, unas veces le daban á entender las cosas tocantes á nuestra santa fe, y se lo decia el fraile con el paje Orteguilla, que parece que le entraban ya algunas buenas razones en el corazon, pues las escuchaba con atencion mejor que al principio. Tambien le daban á entender el gran poder del Emperador nuestro señor, y cómo le daban vasallaje muchos grandes señores que le obedecian, y de léjas tierras; y decíanle otras muchas cosas que él se holgaba de les oir, y otras veces jugaba Cortés con él al totoloque; y él, como no era nada escaso, nos daba cada dia cual joyas de oro ó mantas.
Y dejaré de hablar de ello, y pasaré adelante.
CAPÍTULO CI.
CÓMO EL GRAN MONTEZUMA CON MUCHOS CACIQUES Y PRINCIPALES DE LA COMARCA DIERON LA OBEDIENCIA Á SU MAJESTAD, Y DE OTRAS COSAS QUE SOBRE ELLO PASARON.
Como el capitan Cortés vió que ya estaban presos aquellos reyecillos por mí nombrados, y todas las ciudades pacíficas, dijo á Montezuma que dos veces le habia enviado á decir ántes que entrásemos en Méjico que queria dar tributo á su majestad, y que pues ya habia entendido el gran poder de nuestro Rey y señor, é que de muchas tierras le dan parias y tributos, y le son sujetos muy grandes Reyes, que será bien que él y todos sus vasallos le dén la obediencia, porque ansí se tiene por costumbre, que primero se da la obediencia que dén las parias é tributo.
Y el Montezuma dijo que juntaria sus vasallos é hablaria sobre ello; y en diez dias se juntaron todos los más caciques de aquella comarca, y no vino aquel cacique pariente muy cercano del Montezuma, que ya hemos dicho que decian que era muy esforzado, y en la presencia y cuerpo y miembros se le parecia. Bien era algo atronado, y en aquella sazon estaba en un pueblo suyo que se decia Tula; y á este cacique, segun decian, le venia el reino de Méjico despues del Montezuma; y como le llamaron, envió á decir que no queria venir ni dar tributo; que aun con lo que tiene de sus provincias no se puede sustentar. De la cual respuesta hubo enojo Montezuma, y luego envió ciertos capitanes para que le prendiesen; como era gran señor y muy emparentado, tuvo aviso dello y metióse en su provincia, donde no le pudo haber por entónces.
Y dejallo hé aquí, y diré que en la plática que tuvo el Montezuma con todos los caciques de toda la tierra que habia enviado á llamar, que despues que les habia hecho un parlamento sin estar Cortés ni ninguno de nosotros delante, salvo Orteguilla el paje, dicen que les dijo que mirasen que de muchos años pasados sabian por muy cierto, por lo que sus antepasados les han dicho, é así lo tiene señalado en sus libros de cosas de memorias, que de donde sale el sol habian de venir gentes que habian de señorear estas tierras, y que se habia de acabar en aquella sazon el señorio y reino de los mejicanos; y que él tiene entendido, por lo que sus dioses le han dicho, que somos nosotros; é que se lo han preguntado á su Huichilóbos los papas que lo declaren, y sobre ello les hacen sacrificios y no quieren respondelles como suele; y lo que más les da á entender el Huichilóbos es, que lo que les ha dicho otras veces, aquello dé ahora por respuesta, é que no le pregunten más; así, que bien da á entender que demos la obediencia al Rey de Castilla, cuyos vasallos dicen estos teules que son; y porque al presente no va nada en ello; y el tiempo andando veremos si tenemos otra mejor respuesta de nuestros dioses, y como viéremos el tiempo, así harémos.
Lo que yo os mando y ruego, que todos de buena voluntad al presente se la demos, y contribuyamos con alguna señal de vasallaje, que presto os diré lo que más nos convenga; y porque ahora soy importunado de Malinche á ello, ninguno lo rehuse; é mirá que en diez y ocho años que há que soy vuestro señor, siempre me habeis sido muy leales, é yo os he enriquecido, é ensanchado vuestras tierras, é os he dado mandos é hacienda; é si ahora al presente nuestros dioses permiten que yo esté aquí detenido, no lo estuviera, sino que ya os he dicho muchas veces que mi gran Huichilóbos me lo ha mandado.
Y desque oyeron este razonamiento, todos dieron por respuesta que harian lo que mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y el Montezuma muchas más y luego envió á decir con un principal que para otro dia darian la obediencia y vasallaje á su majestad.
Despues Montezuma tornó á hablar con sus caciques sobre el caso estando Cortés delante, é nuestros capitanes y muchos soldados, y Pedro Fernandez, secretario de Cortés; é dieron la obediencia á su majestad, y con mucha tristeza que mostraron; y el Montezuma no pudo sostener las lágrimas; é queríamoslo tanto é de buenas entrañas, que á nosotros de verle llorar se nos enternecieron los ojos, y soldado hubo que lloraba tanto como Montezuma; tanto era el amor que le teniamos.
Y dejallo hé aquí, y diré que siempre Cortés y el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la Merced, que era bien entendido, estaban en los palacios de Montezuma por alegralle, atrayéndole á que dejase sus ídolos; y pasaré adelante.
CAPÍTULO CII.
CÓMO NUESTRO CORTÉS PROCURÓ DE SABER DE LAS MINAS DE ORO, Y DE QUÉ CALIDAD ERAN, Y ASIMISMO EN QUÉ RIOS ESTABAN, Y QUÉ PUERTOS PARA NAVÍOS DESDE LO DE PÁNUCO HASTA LO DE TABASCO, ESPECIALMENTE EL RIO GRANDE DE GUACAZUALCO, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
Estando Cortés é otros capitanes con el gran Montezuma, teniéndole en Palacio, entre otras pláticas que le decia con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar é Orteguilla, le preguntó que á qué parte eran las minas é en qué rios, é cómo y de qué manera cogian el oro que le traian en granos, porque queria enviar á vello dos de nuestros soldados grandes mineros.
Y el Montezuma dijo que de tres partes, y que donde más oro solia traer que era de una provincia que se dice Zacatula, que es á la banda del Sur, que está de aquella ciudad andadura de diez ó doce dias, y que lo cogian con unas jícaras, en que lavan la tierra, é que allí quedan unos granos menudos despues de lavado; é que ahora al presente se lo traen de otra provincia que se dice Gustepeque, cerca de donde desembarcamos, que es en la banda del Norte é que lo cogen de dos rios; é que cerca de aquella provincia hay otras buenas minas, en parte que no son sujetos, que se dicen los chinatecas y capotecas, y que no le obedecen; y que si quiere enviar sus soldados, que él daria principales que vayan con ellos; y Cortés le dió las gracias por ello, y luego despachó un piloto que se decia Gonzalo de Umbría, con otros dos soldados mineros, á lo de Zacatula. Aqueste Gonzalo de Umbría era al que Cortés mandó cortar los piés cuando ahorcó á Pedro Escuderos é á Juan Cermeño y azotó los Peñates porque se alzaban en San Juan de Ulúa con el navío, segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo que dello habla.