Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)

Part 4

Chapter 44,184 wordsPublic domain

Y ansimismo escribió á su padre Martin Cortés é á un su deudo, que se decia el licenciado Francisco Nuñez, que era relator del Real consejo de su majestad, y tambien escribió á Diego de Ordás, en que les hacia saber todo lo atrás dicho; y tambien dió noticia cómo un Rodrigo de Albornoz, que estaba por gobernador en Méjico, que secretamente andaba murmurando en Méjico de Cortés porque no le dió tan buenos indios como él quisiera, y tambien porque le demandó una cacica, hija del señor de Tezcuco, y no se la quiso dar, porque en aquella sazon la casó con una persona de calidad; y les dió aviso que habia sabido que fué secretario en Flandes y que era muy servidor de don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, y que era hombre que tenia costumbre de escribir cosas nuevas y aun por cifras, y que por ventura escribiria al Obispo, como era presidente de Indias, porque en aquel tiempo no sabiamos que le habian quitado el cargo, cosas contrarias de la verdad; que tuviesen aviso de todo; y estas cartas envió Cortés duplicadas, porque siempre se temió que el Obispo de Búrgos, como era presidente, habia mandado á Pedro de Isazaga y á Juan Lopez de Recalte, oficiales de la casa de la contratacion de Sevilla, que todas las cartas y despachos de Cortés se las enviasen por la posta para saber lo que en ellas iba, porque en aquella sazon su majestad habia venido de Flandes y estaba en Castilla, para hacer relacion á su majestad cesárea, y el Obispo de Búrgos, por ganar por la mano, ántes que nuestros procuradores le diesen las cartas de Cortés; y aun en aquella sazon no sabiamos en la Nueva-España que habian quitado el cargo al Obispo de Búrgos, don Juan Rodriguez de Fonseca, de ser presidente de Indias.

Dejémonos de las cartas de Cortés, y diré que deste navío donde iba el pliego que dicho tengo de Cortés, envió el contador Albornoz, ya por mí memorado, otras cartas á su majestad y al Obispo de Búrgos y al Real consejo de Indias, y lo que en ellas decia por capítulos, hizo saber todas las causas y cosas que de ántes habia sido acusado Cortés, cuando su Real majestad le mandó poner jueces á los caballeros de su Real consejo, ya otra vez por mí nombrados en el capítulo que dello habla, cuando por sentencia que sobre ello dieron, nos dieron por muy leales servidores de su majestad; y demas de aquellos capítulos que hubieron acusado á Cortés, agora de nuevo escribió el Albornoz que Cortés demandaba á todos los caciques de la Nueva-España muchos tejuelos de oro y les mandaba sacar mucho oro de minas, y esto que les decia Cortés que era para enviar á su Real majestad, y se quedaba con todo ello y no lo enviaba á su majestad, y que hizo unas casas muy fortalecidas, y que ha juntado muchas hijas de grandes señores para las casar con soldados españoles, y se las piden hombres honrados por mujeres y que no se las quiere dar, por tenerlas por amigas; y dijo que todos los caciques y principales le tenian en tanta estima como si fuese Rey, y que en esta tierra no conocen á otro Rey ni señor sino es á Cortés, é como Rey llevaba quinto, y que tiene muy grande cantidad de barras de oro atesorado, y que no ha sentido bien de su persona, si está alzado ó será leal para adelante, y que habia necesidad que su majestad con brevedad mandase venir á estas partes un caballero con grande copia de soldados muy bien apercebidos para le quitar el mando y señorío; y escribió otras cosas sobre esta materia.

Quiero dejar de más particularizar lo que iba en las cartas, y diré que fueron á manos del Obispo de Búrgos, que residia en Toro; y como en aquella sazon estaba en la córte el Pánfilo de Narvaez y Cristóbal de Tapia, ya otras muchas veces por mí nombrados, y todos los procuradores del Diego Velazquez, é con aquella carta de Albornoz les avisó el Obispo de Búrgos para que nuevamente se quejasen ante su majestad de Cortés de todo lo que de ántes le hubieron dado relacion y dijesen que los jueces que puso su majestad se mostraron mucho por la parte de Cortés, y que su majestad fuese servido viese agora nuevamente lo que escribe el contador su oficial; y para testigo dello hicieron presentacion de las cartas que dicho tengo.

Pues viendo su majestad las cartas y las palabras y quejas que el Narvaez decia muy entonado, porque ansí hablaba, demandando justicia, creyó que eran verdaderas; y el Obispo de Búrgos don Juan Rodriguez de Fonseca, que les ayudó con otras muchas cartas de favor; dijo su majestad:

—«Yo quiero enviar á castigar á Cortés, pues tanto mal dicen dél que hace, aunque más oro envie; porque más riqueza es hacer justicia que no todos los tesoros que puede enviar.»

Y mandó proveer que luego despachasen al almirante de Santo Domingo que viniese á costa de Cortés con seiscientos soldados, y si se hallase culpado le cortase la cabeza, y castigase á todos los que fuimos en desbaratar á Pánfilo de Narvaez; y porque viniese el almirante le habia prometido su majestad el almirantazgo de la Nueva-España, que en aquella sazon traia pleito en la córte sobre él.

Pues ya dadas las provisiones, pareció ser el almirante se detuvo ciertos dias ó no se atrevió á venir, porque no tenia dineros, y ansimismo porque le aconsejaron que mirase la buenaventura de Cortés, que con haber traido Narvaez toda la armada que trajo le desbarató, y que era aventurar su vida y estado, y no saldria con la demanda, especialmente que no hallarian en Cortés ni en ninguno de sus compañeros culpa ninguna, sino mucha lealtad; y demas desto, segun pareció, dijeron á su majestad que era gran cosa dar el almirantazgo de la Nueva-España por pocos servicios que le podria hacer en aquella jornada que le enviaba; é ya que se andaba apercibiendo el almirante para venir á la Nueva-España, alcanzáronlo á saber los procuradores de Cortés y su padre Martin Cortés y un fraile que se decia fray Pedro Melgarejo de Urrea, y como tenian las cartas que les envió Cortés duplicadas, y entendieron por ellas que habia trato doble en el contador Albornoz ó en otras personas que no estaban muy bien con Cortés, todos juntos se fueron luego al duque de Béjar y le dieron relacion de todo lo arriba por mí memorado y le mostraron las cartas de Cortés; y como supo que enviaban tan de repente al almirante con muchos soldados, hubo muy grande sentimiento dello el duque, porque ya estaba concertado de casar á Cortés con la señora doña Juana de Zúñiga, sobrina del mismo duque de Béjar.

Y luego sin más dilacion fué delante de su majestad, acompañado con ciertos condes amigos suyos y deudos, y con ellos iba el viejo Martin Cortés, padre del mismo Cortés, y fray Pedro Melgarejo de Urrea, y cuando llegaron delante del Emperador nuestro señor se humillaron é hicieron todo el acatamiento debido, que eran obligados á nuestro Rey y señor, y dijo el mismo duque que suplicaba á su majestad que no diese oidos á una carta de un hombre como era el contador Albornoz, que era muy contrario á Cortés, hasta que hubiese otras informaciones de fe y de creer, y que no enviase armada; y más dijo el duque á su majestad, que ¿cómo, siendo tan cristianísimo y recto en hacer justicia, tan deliberadamente enviaba á mandar prender á Cortés y á sus soldados, habiéndole hecho tan buenos y leales servicios, que otros en el mundo no se han hecho, ni aun hallado en ningunas escrituras que hayan hecho otros vasallos á los Reyes pasados?

Y que ya una vez ha puesto la cabeza por fiadora de Cortés y por todos sus soldados, y que son muy leales y lo serán de aquí adelante, y que agora la torna á poner de nuevo por fiadora, con todo su estado, con mucho gusto, de que siempre nos hallaria muy leales, lo cual su majestad veria adelante; demas desto, le mostraron las cartas que Cortés enviaba á su padre Martin Cortés, en que en ellas daba relacion por qué causa el contador Albornoz escribia mal contra Cortés, que fué, como dicho tengo, porque no le dió buenos indios, como él los demandaba, y una hija de una cacica muy principal; y más le dijo el duque, que mirase su Real majestad cuántas veces le habia enviado y servido con mucha cantidad de oro, é dió otros muchos descargos por Cortés; y viendo su majestad la justicia clara que Cortés y todos nosotros los conquistadores teniamos, mandó proveer que le viniese á tomar la residencia persona que fuese de calidad y ciencia y temeroso de Nuestro Señor.

En aquella sazon estaba la córte en Toledo, y por teniente de corregidor del conde de Alcaudete un caballero que se decia el licenciado Luis Ponce de Leon, primo del mismo conde don Martin de Córdoba, que ansí se llamaba, porque en aquella sazon era corregidor de aquella ciudad; y su majestad mandó llamar á este licenciado Luis Ponce de Leon, y le mandó que fuese luego á la Nueva-España y tomase residencia á Cortés, y que si en algo fuese culpante de lo que le acusaban, que con rigor de justicia le castigase; y el licenciado Luis Ponce de Leon dijo que él cumpliria el Real mandato, y se comenzó á apercibir para el camino, y no vino con tanta priesa, porque tardó en llegar á Nueva-España más de dos años y medio.

Y dejallos hé aquí, ansí á los del bando del gobernador de Cuba, Diego Velazquez, que acusaban á Cortés, como al licenciado Luis Ponce de Leon, que se aderezaba para el viaje, como dicho tengo; y aunque vaya muy fuera de mi relacion y pase adelante, es por lo que agora diré, que al cabo de dos años alcanzamos á saber todo lo por mí aquí dicho de las cartas de Cortés y del Albornoz, porque lo escribió Martin Cortés de la córte; y para que sepan los curiosos letores cómo siempre tenia por costumbre el mismo Albornoz de escribir á su majestad lo que no pasó, bien ternán noticia las personas que han estado en la Nueva-España y en la ciudad de Méjico cómo en el tiempo que era virey D. Antonio de Mendoza, que fué muy ilustrísimo varon, digno de gran memoria, que haya santa gloria, y como gobernaba tan justificadamente y con tan recta justicia, el Rodrigo Albornoz no estaba bien con él y escribió á su majestad diciendo mal de su gobernacion, y las mismas cartas que envió á la córte volvieron á la Nueva-España á manos del mismo virey; y como las hubo entendido, y el mal que decia, envió á llamar al Rodrigo de Albornoz, y con palabras muy blandas y de espacio, que ansí hablaba vagoroso el virey, le mostró las cartas y le dijo:

—«Pues que teneis por costumbre de escribir á su majestad, escribid la verdad, y andad con Dios, para ruin hombre.»

Y quedó muy avergonzado y corrido el contador.

Dejemos de hablar de esta materia, y diré cómo Cortés, sin saber en aquella sazon cosa de todo lo pasado que en la córte se habia tratado con él, envió una armada contra Cristóbal de Olí á Honduras, y lo que pasó diré adelante.

CAPÍTULO CLXXIII.

CÓMO, SABIENDO CORTÉS QUE CRISTÓBAL DE OLÍ SE HABIA ALZADO CON LA ARMADA Y HABIA HECHO COMPAÑÍA CON DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, ENVIÓ CONTRA ÉL Á UN CAPITAN QUE SE LLAMABA FRANCISCO DE LAS CASAS, Y LO QUE ENTÓNCES SUCEDIÓ DIRÉ ADELANTE.

He menester volver muy atrás de nuestra relacion para que bien se entienda.

Ya he dicho en el capítulo que dello habla, cómo Cortés envió á Cristóbal de Olí con una armada á las Higueras y Honduras, y se alzó con ella; é como Cortés supo que Cristóbal de Olí se habia alzado con la armada, con favor de Diego Velazquez, gobernador de Cuba, estaba muy pensativo; y como era animoso y no se dejaba mucho burlar en tales casos, y como ya habia hecho relacion dello á su majestad, como dicho tengo, en la carta que le escribió, y que entendia de ir ó enviar contra el Cristóbal de Olí á otros capitanes; en aquella sazon habia venido de Castilla á Méjico un caballero que se decia Francisco de las Casas, persona de quien se podia fiar, é su deudo de Cortés; acordó de enviar contra el Cristóbal de Olí cinco navíos bien artillados y bastecidos, y cien soldados, y entre ellos iban conquistadores de Méjico, de los que Cortés habia traido de la isla de Cuba en su compañía, que era un Pedro Moreno Medrano y un Juan Nuñez de Mercado y un Juan Bello, y otros que aquí no nombro, que murieron en el camino.

Pues ya despachado el Francisco de las Casas con poderes muy bastantes y mandamientos para prender al Cristóbal de Olí, salió del puerto de la Veracruz, con sus navíos buenos y abastecidos, y con sus pendones con las armas Reales, y con buen tiempo llegó á una bahía que llamaron el triunfo de la Cruz, donde el Cristóbal de Olí tenia su armada, y allí junto poblada una villa que se llamó Triunfo de la Cruz, y segun ya otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como el Cristóbal de Olí vió aquellos navíos surtos en su puerto, puesto que el Francisco de las Casas mandó poner en sus navíos banderas de paz, no lo tuvo por cierto el Cristóbal de Olí, ántes mandó apercebir dos carabelas muy artilladas con muchos soldados, y les defendió el puerto para no les dejar saltar en tierra.

Y como aquello vió el de las Casas, que era hombre animoso, mandó sacar y echar á la mar sus bateles con muchos hombres apercebidos, y con unos tiros, falconetes y escopetas y ballestas, y él con ellos, con pensamiento de tomar tierra de una manera ó de otra, y el Cristóbal de Olí para defendella, tuvieron buena pelea, y el de las Casas echó una de las dos carabelas del contrario á fondo, y mató á cuatro soldados é hirieron á otros.

Y como vió el Cristóbal de Olí que no tenia allí todos los soldados, porque los habia enviado pocos dias habia en dos capitanías, á entrar en un rio que llaman de Pechin, á prender á otro capitan que estaba conquistando en aquella provincia, que se decia Gil Gonzalez de Ávila, porque aquel rio del Pechin caia en la gobernacion del Golfo-Dulce, y estaba aguardando por horas á sus gentes, acordó el Cristóbal de Olí de demandar partidos de paz al Francisco de las Casas, porque bien entendió el Cristóbal de Olí que si tomaba tierra, que habian de venir á las manos, y por tener soldados juntos demandó las paces.

Y el de las Casas acordó de estar aquella noche con sus navíos en la mar, apartado de tierra al reparo, ó esperando con intencion de se ir á otra bahía á desembarcar, y tambien porque cuando andaban las diferencias y pelea de la mar le dieron al de las Casas una carta secretamente que serian en su ayuda ciertos soldados de la parte de Cortés que estaban con el Cristóbal de Olí, y que no dejase de venir por tierra para prender al Cristóbal de Olí.

Pues estando con este acuerdo, fué la ventura tal de Cristóbal de Olí, y desdicha del de las Casas, que hubo aquella noche un viento norte muy recio, y como es travesía en aquella costa, dió con los navíos de Francisco de las Casas al través en tierra, de manera que se perdió cuanto traia y se ahogaron treinta soldados, y todos los demas fueron presos y estuvieron sin comer dos dias, muy mojados del agua salada, porque en aquel tiempo llovia mucho, y tuvieron trabajo y frio; y el Cristóbal de Olí estaba muy gozoso y triunfante por tener preso al Francisco de las Casas, y á los demas soldados que prendió les hizo luego jurar que siempre serian en su ayuda, y serian contra Cortés si viniese á aquella tierra en persona; y como hubieron jurado, los soltó de las prisiones; solamente tuvo preso al Francisco de las Casas; y dende á poco tiempo vinieron sus capitanes que habia enviado á prender á Gil Gonzalez de Ávila; que, segun pareció, el Gil Gonzalez de Ávila habia venido por gobernador y capitan de Golfo-Dulce, y habia poblado una villa que la nombraron San Gil de Buena-Vista, que estaba obra de una legua del puerto que agora llaman Golfo-Dulce, porque el rio del Chipin en aquel tiempo era poblado de buenos pueblos, y el Gil Gonzalez no tenia consigo sino muy pocos soldados, porque habian adolecido todos los más, é dejaba poblada con todos los soldados la misma villa de San Gil de Buena-Vista.

Y como el Cristóbal de Olí tuvo noticia dello, les envió á prender, y sobre no dejarse prender, le mataron ocho españoles de los de Gil Gonzalez y á un su sobrino, que se decia Gil de Ávila; y como el Cristóbal de Olí se vió con dos prisioneros que eran capitanes, estaba muy alegre y contento; y como tenia fama de esforzado, y ciertamente lo era por su persona, para que se supiese en todas las islas, lo escribió á la isla de Cuba á su amigo Diego Velazquez, y luego se fué dende el Triunfo de la Cruz la tierra adentro á un pueblo que en aquel tiempo estaba muy poblado, y habia otros muchos pueblos en aquella comarca; el cual pueblo se dice Naco, que agora está destruido él y todos los demas; y esto digo porque yo los vi y me hallé en ellos, y en San Gil de Buena-Vista y en el rio de Pichin y en el rio de Balama, y lo he andado en el tiempo que fuí con Cortés, segun más largamente lo diré cuando venga su tiempo y lugar.

Volvamos á nuestra relacion: que ya que el Cristóbal de Olí estaba de asiento en Naco con sus prisioneros y copia de soldados, dende allí enviaba á hacer entradas á otras partes, y envió por capitan á un Briones, el cual Briones fué uno de los primeros consejeros para que se alzara el Cristóbal de Olí, y de suyo era bullicioso, y aun tenia cortadas las asillas bajas de las orejas, y decia el mismo Briones que estando en una fortaleza siendo soldado se las habian cortado porque no se queria dar él ni otros capitanes; el cual Briones ahorcaron despues en Guatimala por revolvedor y amotinador de ejércitos.

Volvamos á nuestra relacion: pues yendo por capitan aquel Briones con gran copia de soldados, túvose fama en el real de Cristóbal de Olí que se habia alzado el Briones con todos los soldados que llevaba en su compañía, y se iba á la Nueva-España, y salió verdad.

Y viendo esto Francisco de las Casas y el Gil Gonzalez de Ávila, que estaban presos y hallaban tiempo oportuno para matar á Cristóbal de Olí, y como andaban sueltos sin prisiones, por no tenellos en nada, porque se tenia por muy valiente el Cristóbal de Olí, muy secretamente se concertaron con los soldados y amigos de Cortés que en diciendo: «¡Aquí del Rey, y Cortés en su real nombre, contra este tirano!» le diesen de cuchilladas.

Pues hecho este concierto, el Francisco de las Casas, medio burlando y riendo, le decia al Olí:

—«Señor capitan, soltadme; iré á la Nueva-España á hablar á Cortés y á dalle razon de mi desbarate, é yo seré tercero para que vuestra merced quede con esta gobernacion y por su capitan, y mire que es su hechura de Cortés; pues mi prision no hace á su caso, ántes le estorbo en las conquistas.»

Y el Cristóbal de Olí respondió que él estaba muy bien ansí, y que se holgaba de tener un tal varon en su compañía; y de que aquello vió el Francisco de las Casas le dijo:

—«Pues mire bien vuesamerced por su persona, que un dia ó otro tengo de procurar de le matar.»

Esto se lo decia medio burlando y riendo.

Y al Cristóbal de Olí no se le dió nada por lo que le decia, y teníalo como cosa de burla; y como el concierto que he dicho estaba hecho por los amigos de Cortés, estando cenando á una mesa y habiendo alzado los manteles, y se habian ido á cenar los maestresalas y pajes, y estaban delante Juan Nuñez de Mercado y otros soldados de la parte de Cortés que sabian el concierto, el Francisco de las Casas y el Gil Gonzalez de Ávila cada uno tenia escondido un cuchillo de escribanía muy agudos como navajas, porque ningunas armas se las dejaban traer; y estando platicando con el Cristóbal de Olí de las conquistas de Méjico y ventura de Cortés, y muy descuidado el Cristóbal de Olí de lo que le avino, el Francisco de las Casas le echó mano de las barbas y le dió por la garganta con el cuchillo, que le traia hecho como una navaja para aquel efecto, y juntamente con él, el Gil Gonzalez de Ávila y los soldados de Cortés de presto le dieron tantas heridas, que no se pudo valer, y como era muy recio é membrudo y de muchas fuerzas, se escabulló dando voces:

—«¡Aquí de los mios!»

Mas como todos estaban cenando, ó su ventura fué tal que no acudieron tan presto, se fué huyendo á esconder entre unos matorrales, creyendo que los suyos le ayudarian, y puesto que vinieron de presto muchos dellos á le ayudar, el Francisco de las Casas daba voces y apellidando:

—«¡Aquí del Rey é de Cortés contra este tirano; que ya no es tiempo de más sufrir sus tiranías!»

Pues como oyeron el nombre de su majestad y de Cortés, todos los que venian á favorecer la parte del Cristóbal de Olí no osaron defenderle, ántes luego les mandó prender el de las Casas; y despues de hecho, se pregonó que cualquiera persona que supiese de Cristóbal de Olí y no le descubriese, muriese por ello; y luego se supo dónde estaba y le prendieron, y se hizo proceso contra él, y por sentencia que entrambos á dos capitanes dieron, le degollaron en la plaza de Naco; y ansí murió por se haber alzado por malos consejeros, con ser hombre muy esforzado, é sin mirar que Cortés le habia hecho su maese de campo y dado muy buenos indios, y era casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo, y tenia una hija en ella.

Y porque en el capítulo pasado tengo dicho el estatura de Cristóbal de Olí y facciones, y de qué tierra era y qué condicion tenia, en esto no diré más sino de que el Francisco de las Casas y Gil Gonzalez de Ávila se vieron libres, y su enemigo muerto, juntaron sus soldados, y entrambos á dos fueron capitanes muy conformes, y el de las Casas pobló á Trujillo y púsole aquel nombre porque era él natural de Trujillo de Extremadura; y el Gil Gonzalez envió mensajeros á San Gil de Buena-Vista, que dejaba poblada, á hacer saber lo que habia pasado, y á mandar á su teniente, que se decia Armenta, que se estuviesen poblados como los dejaba y no hiciesen alguna novedad, porque iba á la Nueva-España á demandar socorro é ayuda de soldados á Cortés, y que presto volveria.

Pues ya todo esto que he dicho concertado, acordaron entrambos capitanes de se venir á Méjico á hacer saber á Cortés todo lo acaecido.

Y dejallo hé aquí hasta su tiempo y lugar, y diré lo que Cortés concertó sin saber cosa ninguna de lo pasado que se hizo en Naco.

CAPÍTULO CLXXIV.

CÓMO HERNANDO CORTÉS SALIÓ DE MÉJICO PARA IR CAMINO DE LAS HIGUERAS EN BUSCA DE CRISTÓBAL DE OLÍ Y DE FRANCISCO DE LAS CASAS Y DE LOS DEMAS CAPITANES Y SOLDADOS; DÁSE CUENTA DE LOS CABALLEROS Y CAPITANES QUE SACÓ DE MÉJICO PARA IR EN SU COMPAÑÍA, Y DEL GRANDE APARATO Y SERVICIO QUE LLEVÓ HASTA LLEGAR Á LA VILLA DE GUACACUALCO, Y DE OTRAS COSAS QUE ENTÓNCES PASARON.

Como el capitan Hernando Cortés habia pocos meses que habia enviado al Francisco de las Casas contra el Cristóbal de Olí, como dicho tengo en capítulo pasado, parecióle que por ventura no habria buen suceso la armada que habia enviado, y tambien porque le decian que aquella tierra era rica de minas de oro, y á esta causa estaba muy codicioso, ansí por las minas, como pensativo en los contrastes que podrian acaecer á la armada, poniéndosele por delante las desdichas que en tales jornadas la mala fortuna suele acarrear; y como de su condicion era de gran corazon, habíase arrepentido por haber enviado al Francisco de las Casas, sino haber ido él en persona, y no porque no conocia muy bien que el que envió era varon para cualquiera cosa de afrenta.

Y estando en estos pensamientos, acordó de ir, y dejó en Méjico buen recaudo de artillería, ansí en las fortalezas como en las atarazanas, y dejó por gobernadores en su lugar como tenientes al tesorero Alonso de Estrada y al contador Albornoz, y si supiera de las cartas que al contador Albornoz hubo escrito á Castilla á su majestad diciendo mucho mal dél, no le dejara tal poder, y aun no sé yo cómo le aviniera por ello.