Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)

Part 22

Chapter 224,081 wordsPublic domain

Pasemos á un muy esforzado soldado que se decia Cristóbal de Olea, natural de tierra de Medina del Campo; seria de edad de veinte y seis años cuando acá pasó; era de buen cuerpo é membrudo, ni muy alto ni bajo; tenia buen pecho é espalda, el rostro algo robusto, mas era apacible, é la barba é cabello tiraba algo como crespo, é la voz clara; este soldado fué en todo lo que le viamos hacer tan esforzado é presto en las armas, que le teniamos muy buena voluntad é le honrábamos, y él fué el que escapó de muerte á D. Fernando Cortés en lo de Suchimileco, cuando los escuadrones mejicanos le habian derribado del caballo el Romo, é le tenian asido y engarrafado para lo llevar á sacrificar, é asimismo le libró otra vez cuando en lo de la calzadilla de Méjico lo tenian otra vez asido muchos mejicanos para lo llevar vivo á sacrificar, é le habian ya herido en una pierna al mismo Cortés, y le llevaron vivos sesenta y dos soldados.

Este esforzado soldado hizo cosas por su persona, que, aunque estaba muy mal herido, mató é acuchilló é dió estocadas á todos los indios que le llevaban á Cortés, que les hizo que lo dejasen; é así le salvó la vida, y el Cristóbal de Olea quedó muerto allí por lo salvar.

Quiero decir de dos soldados que se decian Gonzalo Dominguez é un Láres; digo que fueron tan esforzados, que los teniamos en tanto como Cristóbal de Olea; eran de buenos cuerpos é membrudos, é los rostros alegres, é bien hablados, é muy buenas condiciones; é por no gastar más palabras en sus loas, podránse contar con los más esforzados soldados que ha habido en Castilla; murieron en las batallas de Obtumba, digo el Láres, y el Dominguez en lo de Guantepeque, de un caballo que le tomó debajo.

Vamos á otro buen capitan é esforzado soldado que se decia Andrés de Tapia: seria de obra de veinte y cuatro años cuando acá pasó; era de color el rostro algo ceniciento, é no muy alegre, é de buen cuerpo é de poca barba; era y fué buen capitan, así á pié como á caballo, murió de su muerte.

Si hubiera de escribir todas las facciones é proporciones de todos nuestros capitanes é fuertes soldados que pasamos con Cortés, era gran prolijidad; porque, segun todos eran esforzados é de mucha cuenta, dignos éramos de estar escritos con letras de oro; é no pongo aquí otros muchos valerosos capitanes que fueron de los de Narvaez; porque mi intento desde que comencé á hacer mi relacion no fué sino para escribir nuestros heróicos hechos é hazañas de los que pasamos con Cortés; sólo quiero poner al capitan Pánfilo de Narvaez, que fué el que vino contra Cortés desde la isla de Cuba con mil y trescientos soldados, sin contar en ellos hombres de la mar, é con ducientos y sesenta y seis soldados los desbaratamos, segun se verá en mi relacion, é cómo é cuándo é de qué manera pasó aquel hecho.

É volviendo á mi materia, era el Narvaez al parecer obra de cuarenta y dos años, é alto de cuerpo é de recios miembros, é tenia el rostro largo é la barba rubia, é agradable presencia, é la plática é voz muy vagorosa é entonada, como que salia de bóveda; era buen ginete é decian que era esforzado; era natural de Valladolid ó de Tudela de Duero; era casado con una señora que se decia María de Valenzuela; fué en la isla de Cuba capitan é hombre rico; decian que era muy escaso, é cuando le desbaratamos se le quebró un ojo, y tenia buenas razones en lo que hablaba: fué á Castilla delante de su majestad á quejarse de Cortés é de nosotros, é su majestad le hizo merced de la gobernacion de cierta tierra en lo de la Florida, é allá se perdió é gastó cuanto tenia.

Como los caballeros curiosos han visto é leido la memoria atrás dicha de todos los capitanes é soldados que pasamos con el venturoso é esforzado don Fernando Cortés, marqués del Valle, á la Nueva-España desde la isla de Cuba, é pongo por escrito sus proporciones, así de cuerpo como de rostro é edades, é las condiciones que tenian, é en qué parte murieron, é de qué partes eran, me han dicho que se maravillaban de mí que cómo á cabo de tantos años no se me ha olvidado é tengo memoria dellos.

Á esto respondo y digo que no es mucho que se me acuerde ahora sus nombres, pues éramos quinientos y cincuenta compañeros que siempre conversábamos juntos, así en las entradas como en las velas, y en las batallas y encuentros de guerras, é los que mataban de nosotros en las tales peleas é cómo los llevaban á sacrificar.

Por manera que comunicábamos los unos con los otros, en especial cuando saliamos de algunas muy sangrientas é dudosas batallas echábamos ménos los que allá quedaban muertes, é á esta causa los pongo en esta relacion; é no es de maravillar dello, pues en los tiempos pasados hubo valerosos capitanes que andando en las guerras sabian los nombres de sus soldados, é los conocian é los nombraban, é aun sabian de qué provincias é tierras eran naturales, é comunmente eran en aquellos tiempos cada uno de los ejércitos que traian treinta mil hombres; y decian las historias que dellos han escrito, que Mitridates, Rey de Ponto, fué uno de los que conocian á sus ejércitos, y otro fué el Rey de los epirotas, y por otro nombre se decia Alejandro.

Tambien dicen que Aníbal, gran capitan de Cartago, conocia á todos sus soldados; y en nuestros tiempos el esforzado y gran capitan Gonzalo Hernandez de Córdoba conocia á todos los más soldados que traian en sus capitanías, y así han hecho otros muchos valerosos capitanes.

Y más digo, que como ahora los tengo en la mente y sentido y memoria, supiera pintar y esculpir sus cuerpos y figuras y talles y meneos, y rostros y facciones, como hacia aquel gran pintor y muy honrado Apéles, é los pintores de nuestros tiempos Berruguete, é Micael Ángel, ó el muy afamado Burgalés, que dicen que es otro Apéles, dibujara á todos los que dicho tengo al natural, y aun segun cada uno entraba en las batallas y el ánimo que mostraba; é gracias á Dios y á su bendita Madre nuestra Señora, que me escapó de no ser sacrificado á los ídolos, é me libró de otros muchos peligros é trances, para que haga ahora esta memoria.

CAPÍTULO CCVII.

DE LAS COSAS QUE AQUÍ VAN DECLARADAS CERCA DE LOS MÉRITOS QUE TENEMOS LOS VERDADEROS CONQUISTADORES; LAS CUALES SERÁN APACIBLES DE LAS OIR.

Ya he recontado los soldados que pasamos con Cortés, y dónde murieron; y si bien se quiere tener noticia de nuestras personas, éramos todos los más hijosdalgo, aunque algunos no pueden ser de tan claros linajes, porque vista cosa es que en este mundo no nacen todos los hombres iguales, así en generosidad como en virtudes.

Dejando esta plática aparte, de nuestras antiguas noblezas, con heróicos hechos y grandes hazañas que en las guerras hicimos, peleando de dia y de noche, sirviendo á nuestro Rey y señor, descubriendo estas tierras, y hasta ganar esta Nueva-España y gran ciudad de Méjico y otras muchas provincias á nuestra costa, estando tan apartados de Castilla, ni tener otro socorro ninguno, salvo el de Nuestro Señor Jesucristo, que es el socorro y ayuda verdadera, nos ilustramos mucho más que de ántes; y si miramos las escrituras antiguas que dello hablan, si son así como dicen, en los tiempos pasados fueron ensalzados y puestos en gran estado muchos caballeros, así en España como en otras partes, sirviendo, como en aquella sazon sirvieron en las guerras, y por otros servicios que eran aceptos á los Reyes que en aquella sazon reinaban.

Y tambien he notado que algunos de aquellos caballeros que entónces subieron á tener títulos de Estados y de ilustres, no iban á tales guerras ni entraban en batallas sin que se les diesen sueldos y salarios; y no embargante que se lo pagaban, les dieron villas y castillos y grandes tierras perpétuas, y privilegios con franquezas, los cuales tienen sus descendientes.

Y demas desto, cuando el Rey don Jaime de Aragon conquistó y ganó de los moros mucha parte de sus reinos, los repartió á los caballeros y soldados que se hallaron en lo ganar, y desde aquellos tiempos tienen sus blasones y son valerosos; y tambien cuando se ganó Granada, y del tiempo del gran capitan á Nápoles, y tambien el Príncipe de Orange en lo de Nápoles, dieron tierras y señoríos á los que ayudaron en las guerras y batallas; é nosotros, sin saber su majestad cosa ninguna, le ganamos esta Nueva-España.

He traido esto aquí á la memoria para que se vean nuestros muchos y buenos y notables y leales servicios que hicimos á Dios y al Rey y á toda la cristiandad, y se pongan en una balanza y medida cada cosa en su cantidad, y hallarán que somos dignos y merecedores de ser puestos y remunerados como los caballeros por mí atrás dichos; y aunque entre los valerosos soldados que en estas hojas de atrás pasadas he puesto por memoria hubo muchos esforzados y valerosos compañeros, que me tenian á mí en reputacion de razonable soldado, volviendo á mi materia, miren los curiosos letores con atencion esta mi relacion, y verán en cuántas batallas y rencuentros de guerras muy peligrosos me he hallado desque vine á descubrir, y dos veces estuve asido y engarrafado de muchos indios mejicanos, con quien en aquella sazon estaba peleando, para me llevar á sacrificar, y Dios me dió esfuerzo que me escapé, como en aquel instante llevaron á otros muchos mis compañeros, sin otros grandes peligros y trabajos, así de hambre y sed, ó infinitas fatigas que suelen recrecer á los que semejantes descubrimientos van á hacer en tierras nuevas; lo cual hallarán escrito parte por parte en esta mi relacion; y quiero dejar de entrar más la pluma en esto, y diré los bienes que se han seguido de nuestras ilustres conquistas.

CAPÍTULO CCVIII.

CÓMO LOS INDIOS DE TODA LA NUEVA-ESPAÑA TENIAN MUCHOS SACRIFICIOS Y TORPEDADES, Y SE LOS QUITAMOS, Y LES IMPUSIMOS EN LAS COSAS SANTAS DE BUENA DOCTRINA.

Pues he dado cuenta de cosas que se contienen, bien es que diga los bienes que se han hecho, así para el servicio de Dios y de su majestad, con nuestras ilustres conquistas: y aunque fueron tan costosas de las vidas de todos los más de mis compañeros, porque muy pocos quedamos vivos, y los que murieron fueron sacrificados, y con sus corazones y sangre ofrecidos á los ídolos mejicanos, que se decian Tezcatepuca, y Huichilóbos, quiero comenzar á decir de los sacrificios que hallamos por las tierras y provincias que conquistamos, las cuales estaban llenas de sacrificios y maldades, porque mataban cada un año, solamente en Méjico, y ciertos pueblos que están en la laguna, sus vecinos, segun hallo por cuenta que dello hicieron religiosos franciscos, que fueron los primeros que vinieron á la Nueva-España, despues de fray Bartolomé de Olmedo, tres años y medio ántes que viniesen los dominicos, que fueron muy buenos religiosos y de santa doctrina; y hallaron sobre dos mil y quinientas personas, chicas y grandes.

Pues en otras provincias á esta cuenta muchos más serian; y tenian otras maldades de sacrificios, y por ser de tantas maneras, no las acabaré de escribir todas por extenso: mas las que yo vi y entendí porné aquí por memoria.

Tenian por costumbre que sacrificaban las frentes y las orejas, lenguas y labios, los pechos, brazos y molledos, y las piernas; y en algunas provincias eran retajados, y tenian pedernales de navajas, con que se retajaban.

Pues los adoratorios, que son cues, que así los llaman entre ellos, eran tantos, que los doy á la maldicion, y me parece que eran casi que al modo como tenemos en Castilla y en cada ciudad nuestras santas iglesias y parroquias, y ermitas y humilladeros, así tenian en esta tierra de la Nueva-España sus casas de ídolos llenas de demonios y diabólicas figuras, y demas destos cues, tenian cada indio é india dos altares, el uno junto adonde dormian, y el otro á la puerta de su casa, y en ellos muchas arquillas de maderas, y otros que llaman petacas, llenos de ídolos, unos chicos y otros grandes, y piedrezuelas y pedernales, y librillos de un papel de cortezas de árbol, que llaman amatl, y en ellos hechos sus señales del tiempo y de cosas pasadas.

Y demas desto, eran los más dellos sométicos, en especial los que vivian en las costas y tierra caliente, en tanta manera, que andaban vestidos en hábito de mujeres muchachos á ganar en aquel diabólico y abominable oficio.

Pues comer carne humana, así como nosotros traemos vaca de las carnicerías; y tenian en todos los pueblos, de madera gruesa hechas á manera de casas, como jaulas, y en ellas metian á engordar muchos indios é indias y muchachos, y en estando gordos los sacrificaban y comian; y demas desto, las guerras que se daban unas provincias y pueblos á otros, y los que cautivaban y prendian los sacrificaban y comian.

Pues tener excesos carnales hijos con madres, y hermanos con hermanas, y tios con sobrinas, halláronse muchos que tenian este vicio desta torpedad.

Pues de borrachos, no lo sé decir, tantas suciedades que entre ellos pasaban; sola una quiero aquí poner, que hallamos en la provincia de Pánuco, que se embudaban por el sieso con unos cañutos, y se henchian los vientres de vino de lo que entre ellos se hacia, como cuando entre nosotros se echa una melecina; torpedad jamás oida.

Pues tener mujeres, cuantas querian; tenian otros muchos vicios y maldades; y todas estas cosas por mí recontadas, quiso nuestro Señor Jesucristo que con santa ayuda, que nosotros los verdaderos conquistadores que escapamos de las guerras y batallas y peligros de muerte, ya otras veces por mí dicho, se lo quitamos, y les pusimos en buena policía de vivir y les íbamos enseñando la santa doctrina.

Verdad es que despues desde á dos años pasados, y que todas las más tierras teniamos de paz, y con la policía y manera de vivir que he dicho, vinieron á la Nueva-España unos buenos religiosos franciscos, que dieron muy buen ejemplo y doctrina, y desde ahí á otros tres ó cuatro años vinieron otros buenos religiosos de señor Santo Domingo, que se lo han quitado muy de raíz, y han hecho mucho fruto en la santa doctrina y cristiandad de los naturales.

Mas, si bien se quiere notar, despues de Dios, á nosotros los verdaderos conquistadores que los descubrimos y conquistamos, y desde el principio les quitamos sus ídolos y les dimos á entender la santa doctrina, se nos debe el premio y galardon de todo ello, primero que á otras personas, aunque sean religiosos; demas que religiosos llevamos con nosotros de la Merced; porque cuando el principio es bueno, el medio y el cabo todo es digno de loor; lo cual pueden ver los curiosos letores de la policía y cristiandad y justicia que les mostramos en la Nueva-España.

Y dejaré esta materia, y diré los más bienes que, despues de Dios, por nuestra causa han venido á los naturales de la Nueva-España.

CAPÍTULO CCIX.

DE CÓMO IMPUSIMOS EN MUY BUENAS Y SANTAS DOCTRINAS Á LOS INDIOS DE LA NUEVA-ESPAÑA, Y DE SU CONVERSION, Y DE CÓMO SE BAUTIZARON, Y VOLVIERON Á NUESTRA SANTA FE, Y LES ENSEÑAMOS OFICIOS QUE SE USAN EN CASTILLA, Y Á TENER Y GUARDAR JUSTICIA.

Despues de quitadas las idolatrías y todos los malos vicios que se usaban, quiso Nuestro Señor Dios que con su santa ayuda, y con la buena ventura y santas cristiandades de los cristianísimos Emperador don Cárlos, de gloriosa memoria, y de nuestro Rey y Señor, felicísimo y invictísimo Rey de las Españas, don Felipe nuestro señor, su muy amado y querido hijo, que Dios le dé muchos años de vida, con acrecentamiento de más reinos, para que en este su santo y feliz tiempo lo goce él y sus descendientes, se han bautizado desde que los conquistamos todas cuantas personas habia, así hombres como mujeres, y niños que despues han nacido, que de ántes iban perdidas sus ánimas á los infiernos, y ahora, como hay muchos y buenos religiosos de señor San Francisco y de Santo Domingo y de nuestra Señora de la Merced, y de otras órdenes, andan en los pueblos predicando, y en siendo la criatura de los dias que manda nuestra santa madre Iglesia de Roma, los bautizan; y demas desto, con los santos sermones que les hacen, el santo Evangelio está muy bien plantado en sus corazones, y se confiesan cada año, y algunos de los que tienen más conocimiento á nuestra santa fe se comulgan.

Y demas desto, tienen sus iglesias muy ricamente adornadas de altares, y todo lo perteneciente para el santo culto divino, con cruces y candeleros y ciriales, y cáliz y patenas, y platos, unos chicos y otros grandes, de plata, é incensario, todo labrado de plata.

Pues capas, casullas y frontales, en pueblos ricos los tienen, y comunmente de terciopelo y damasco y raso y de tafetan, diferenciados en las colores y labores, y las mangas de las cruces muy labradas de oro y seda, y en algunas tienen perlas; y las cruces de los difuntos de raso negro, y en ellas figurada la misma cara de la muerte, con su disforme semejanza y huesos, y el cobertor de las mismas andas, unos las tienen buenas y otros no tan buenas.

Pues campanas, las que han menester segun la calidad que es cada pueblo.

Pues cantores de capilla de voces bien concertadas, así tenores como tiples y contraltos, no hay falta; y en algunos pueblos hay órganos, y en todos los más tienen flautas y chirimías y sacabuches y dulzainas.

Pues trompetas altas y sordas, no hay tantas en mi tierra, que es Castilla la Vieja, como hay en esta provincia de Guatimala; y es para dar gracias á Dios, y cosa muy de contemplacion, ver cómo los naturales ayudan á decir una santa Misa, en especial si la dicen franciscos ó mercenarios, que tienen cargo del curato del pueblo donde la dicen.

Otra cosa buena tienen, que les han enseñado los religiosos, que así hombres como mujeres, é niños que son de edad para las deprender, saben todas las santas oraciones en sus mismas lenguas, que son obligados á saber; y tienen otras buenas costumbres cerca de la santa cristiandad, que cuando pasan cabe un santo altar ó cruz abajan la cabeza con humildad y se hincan de rodillas, y dicen la oracion del Pater-noster ó el Ave-María; y más les mostramos los conquistadores á tener candelas de cera encendidas delante los santos altares y cruces, porque de ántes no se sabian aprovechar della en hacer candelas.

Y demas de lo que dicho tengo, les enseñamos á tener mucho acato y obediencia á todos los religiosos y á los clérigos, y que cuando fuesen á sus pueblos les saliesen á recibir con candelas de cera encendidas y repicasen las campanas, y les diesen bien de comer, y así lo hacen con los religiosos; y tenian estos cumplimientos con los clérigos.

Demas de las buenas costumbres por mí dichas, tienen otras santas y buenas, porque cuando es el dia del Corpus Christi ó de Nuestra Señora, ú de otras fiestas solenes que entre nosotros hacemos procesiones, salen todos los más pueblos cercanos de esta ciudad de Guatimala en procesion con sus cruces y con candelas de cera encendidas, y traen en los hombros en andas la imágen del Santo ó Santa de que es la advocacion de su pueblo, lo más ricamente que pueden, y vienen cantando las letanías y otras santas oraciones, y tañen sus flautas y trompetas; y otro tanto hacen en sus pueblos cuando es el dia de las tales solenes fiestas, y tienen costumbre de ofrecer los domingos y pascuas, especialmente el dia de Todos-Santos.

Y pasemos adelante, y digamos cómo todos los más indios naturales destas tierras han deprendido muy bien todos los oficios que hay en Castilla entre nosotros, y tienen sus tiendas de los oficios y obreros, y ganan de comer á ello, y los plateros de oro y de plata, así de martillo como de vaciadizo, son muy extremados oficiales, y asimismo lapidarios y pintores; y los entalladores hacen tan primas obras con sus sútiles alegras de hierro, especialmente entallan esmeriles, y dentro dellos figurados todos los pasos de la santa Pasion de nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, que si no los hubiera visto, no pudiera creer que indios lo hacian; que se me significa á mi juicio que aquel tan nombrado pintor como fué el muy antiguo Apéles, y de los de nuestros tiempos, que se dicen Berruguete y Micael Ángel, ni de otro moderno ahora nuevamente nombrado, natural de Búrgos, que se dice que en sus obras tan primas es otro Apéles, del cual se tiene gran fama, no harán con sus muy sútiles pinceles las obras de los esmeriles, ni relicarios que hacen tres indios grandes maestros de aquel oficio, mejicanos, que se dicen Andrés de Aquino y Juan de la Cruz y el Crespillo.

Y demas desto, todos los más hijos de principales solian ser gramáticos, y lo deprendian muy bien, si no se mandara quitar en el santo sínodo que mandó hacer el reverendísimo Arzobispo de Méjico; y muchos hijos de principales saben leer y escribir y componer libros de canto llano; y hay oficiales de tejer seda, raso y tafetan, y hacer paños de lana, aunque sean veinticuatrenos, hasta frisas y sayal, y mantas y frazadas, y son cardadores y perailes y tejedores, segun y de la manera que se hace en Segovia y en Cuenca, y otros sombrereros y jaboneros; solos dos oficios no han podido entrar en ellos, aunque lo han procurado, que es hacer el vidrio ni ser boticarios; mas yo los tengo por de tan buenos ingenios, que lo deprenderán muy bien, porque algunos dellos son cirujanos y herbolarios, y saben jugar de mano y hacer títeres, y hacen vihuelas muy buenas.

Pues labradores, de su naturaleza lo son ántes que viniésemos á la Nueva-España, y ahora crian ganado de todas suertes y doman bueyes, y aran las tierras, y siembran trigo, y lo benefician y cogen, y lo venden, y hacen pan y bizcocho, y han plantado sus tierras y heredades de todos los árboles y frutas que hemos traido de España, y venden el fruto que procede dello; y han puesto tantos árboles, que porque los duraznos no son buenos para la salud y los platanales les hacen mucha sombra, han cortado y cortan muchos, y lo ponen de membrillares y manzanas y perales, que los tienen en más estima.

Pasemos adelante y diré de la justicia que les hemos enseñado á guardar y cumplir, y cómo cada año eligen sus alcaldes ordinarios y regidores y escribanos y alguaciles, fiscales y mayordomos, y tienen sus casas de cabildo, donde se juntan dos dias de la semana, y ponen en ellas sus porteros y sentencian y mandan pagar deudas que se deben unos á otros, y por algunos delitos de crímen azotan y castigan; y si es por muertes ó cosas atroces, remítenlo á los gobernadores, si no hay audiencia Real; y segun me han dicho personas que lo saben muy bien, en Tlascala y en Tezcuco y en Cholula, y en Guaxocingo y en Tepeaca, y en otras ciudades grandes, cuando hacen los indios cabildo, que salen delante de los que están por gobernadores y alcaldes, maceros con mazas doradas, segun sacan los Vireyes de la Nueva-España; y hacen justicia con tanto primor y autoridad como entre nosotros, y se precian y desean saber mucho de las leyes del reino por donde sentencien.

Demas desto, todos los caciques tienen caballos y son ricos, traen jaeces con buenas sillas, y se pasean por las ciudades, villas y lugares donde se van á holgar ó son naturales, y llevan sus indios por pajes que les acompañan, y aun en algunos pueblos juegan cañas y corren toros y corren sortijas, especial si es dia de Corpus Christi ú de señor San Juan ó señor Santiago, ú de Nuestra Señora de Agosto, ó la advocacion de la iglesia del santo de su pueblo; y hay muchos que aguardan los toros, y aunque sean bravos, y muchos dellos son jinetes, en especial en un pueblo que se dice Chiapa de los Indios, y los que son caciques todos los más tienen caballos y algunos hatos de yeguas y mulas, y se ayudan con ello á traer leña y maíz y cal, y otras cosas deste arte, y lo venden por las plazas, y son muchos dellos arrieros segun y de la manera que en nuestra castilla se usa.

Y por no gastar más palabras, todos los oficios hacen muy perfectamente, hasta paños de tapicería.

Dejaré de hablar más en esta materia, y diré otras muchas grandezas que por nuestra causa ha habido y hay en esta Nueva-España.

CAPÍTULO CCX.

DE OTRAS COSAS Y PROVECHOS QUE SE HAN SEGUIDO DE NUESTRAS ILUSTRES CONQUISTAS Y TRABAJOS.