Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)
Part 18
Y es, que como se acabaron de hacer las fiestas, mandó el marqués apercebir navíos y matalotaje para ir á Castilla, para suplicar á su majestad que le mandase pagar algunos pesos de oro de los muchos que habia gastado en las armadas que envió á descubrir; y porque tenia pleitos con Nuño de Guzman, que en aquella sazon le envió preso al Nuño de Guzman la audiencia Real á España, y tambien tenia pleitos sobre el contar de los vasallos; y entónces Cortés me rogó á mí que fuese con él, y que en la córte demandaria mejor mis pueblos ante los señores del Real consejo de Indias que no en la audiencia Real de Méjico; y luego me embarqué y fuí á Castilla, y el marqués no fué de ahí á dos meses, porque dijo que no tenia allegado tanto oro como quisiera llevar, y porque estaba malo del empeine del pié, del caño que le dieron, y esto fué en el año de 540; y porque el año pasado de 539 falleció la serenísima Emperatriz nuestra señora, doña Isabel, de gloriosa memoria, la cual falleció en Toledo en 1.º dia del mes de Mayo, y fué llevado á sepultar su cuerpo á la ciudad de Granada, y por su muerte se hizo gran sentimiento en la Nueva-España, y se pusieron todos los más conquistadores grandes lutos, é yo, como regidor que era de la villa de Guacacualco é conquistador más antiguo, me puse grandes lutos, y con ellos fuí á Castilla; y llegado á la córte, me los torné á poner mucho mayores, como era obligado, por la muerte de nuestra Reina y señora.
Y en aquel tiempo tambien llegó á la córte Hernando Pizarro, que vino del Perú, y fué cargado de luto, con más de cuarenta hombres que llevaba consigo, que le acompañaban; y tambien en esa sazon llegó Cortés á la córte con luto él y sus criados, que estaba en aquella sazon la córte en Madrid; y los señores del Real Consejo de Indias, como supieron que Cortés llegaba cerca de Madrid, le mandaron salir á recebir, y le señalaron por posada las casas del comendador don Juan de Castilla; y cuando algunas veces iba Cortés al Real Consejo de Indias, salia un oidor hasta la puerta donde hacian el acuerdo del Real Consejo, y le llevaba con mucho acato á los estrados donde estaba el presidente don Fray García de Loaysa, Cardenal de Sigüenza, y despues fué Arzobispo de Sevilla; y oidores el licenciado Gutierre Velazquez y el Obispo de Lugo y el doctor don Juan Bernal Diaz de Luco y el doctor Beltran; y un poco junto de las sillas de aquellos señores caballeros le ponian á Cortés otra silla é le oian; y desde entónces nunca más volvió á la Nueva-España, porque entónces le tomaron residencia, y su majestad no le quiso dar licencia para que se volviese á la Nueva-España, puesto que echó por intercesores al almirante de Castilla y al duque de Béjar y al comendador mayor de Leon; y aun tambien echó por intercesora á la señora doña María de Mendoza, y nunca le quiso dar licencia su majestad; ántes mandó que le detuviesen hasta acabar de dar la residencia, y nunca la quisieron concluir; y la respuesta que le daban en el Real Consejo de Indias era, que hasta que su majestad viniese de Flandes de hacer el castigo de Gante, que no podian dalle licencia.
Y tambien en aquella sazon al Nuño de Guzman le mandaron desterrar de su tierra y que siempre anduviese en la córte, y le sentenciaron en cierta cantidad de pesos de oro; mas no le quitaron los indios de su encomienda de Xalisco; y tambien andaba él y sus criados cargados de luto; y como en la córte nos veian, así al marqués Cortés como al Pizarro y al Nuño de Guzman y todos los demas que veniamos de la Nueva-España á negocios, y otras personas del Perú con lutos, tenian por chiste de llamarnos los indianos peruleros enlutados.
Volvamos á nuestra relacion: que tambien en aquel tiempo á Hernando Pizarro le mandaron echar preso en la Mota de Medina, y entónces me vine yo á la Nueva-España, y supe que habia pocos meses que se habian alzado en las provincias de Xalisco unos peñoles que se llaman Cochitlan, y que el virey don Antonio de Mendoza los envió á pacificar á ciertos capitanes, y á uno que se decia Cristóbal de Oñate, y los indios alzados daban grandes combates á los españoles y soldados, que de Méjico enviaron á demandar socorro al don Pedro de Albarado, que en aquella sazon estaba en unos sus navíos de una gran armada que hizo en lo de Guatimala para la China; y fué á favorecer á los españoles que estaban sobre los peñoles por mí ya nombrados, y llevó gran copia de soldados, y dende á pocos dias murió por causa de un caballo que le tomó debajo y le machucó el cuerpo, como adelante diré.
Y quiero dejar esta plática, y traeré á la memoria dos armadas que salieron de la Nueva-España: la una era la que hizo el virey don Antonio de Mendoza, y la otra fué la que hizo don Pedro de Albarado, segun dicho tengo.
CAPÍTULO CCII.
CÓMO EL VIREY DON ANTONIO DE MENDOZA ENVIÓ TRES NAVÍOS Á DESCUBRIR POR LA BANDA DEL SUR EN BUSCA DE FRANCISCO VAZQUEZ CORONADO, Y LE ENVIÓ BASTIMENTOS Y SOLDADOS, QUE ESTABAN EN LA CONQUISTA DE LA CIBOLA.
Ya he dicho en el capítulo pasado que dello habla que el virey don Antonio de Mendoza y la Real audiencia de Méjico enviaron á descubrir las siete ciudades, que por otro nombre se llama Cibola, y fué por capitan general un hidalgo que se decia Francisco Vazquez Coronado, natural de Salamanca, que en aquella sazon se habia casado con una señora que, ademas de ser virtuosa, era hermosa, hija del tesorero Alonso de Estrada, y en aquel tiempo estaba el Francisco Vazquez por gobernador, aunque se lo habian quitado.
Pues partidos por tierra con muchos soldados de á caballo y escopeteros y ballesteros, habia dejado por su teniente en lo de Xalisco á un hidalgo que se decia Fulano de Oñate; y despues de ciertos meses que hubo llegado á las siete ciudades, pareció ser que un fraile francisco que se decia Fray Márcos de Nica, habia ido de ántes á descubrir aquellas tierras, ó fué en aquel viaje con el mismo Francisco Vazquez Coronado, que esto no lo sé bien; y cuando llegaron á las tierras de la Cibola, y vieron los campos tan llanos y llenos de vacas y toros disformes de los nuestros de Castilla, y los pueblos y casas con sobrados, y subian por escaleras, parecióle al fraile que seria bien volver á la Nueva-España, como luego vino, á dar relacion al virey don Antonio de Mendoza que enviase navíos por la costa del Sur, con herraje y tiros y pólvora y ballestas y armas de todas maneras, y vino y aceite y bizcocho, porque le hizo relacion que las tierras de la Cibola estaban en la comarca de la costa del Sur, y que con los bastimentos y herraje serian ayudados el Francisco Vazquez y sus compañeros, que ya quedaban en aquella tierra; y á esta causa envió los tres navíos que dicho tengo, y fué por capitan general un Hernando de Alarcon, maestresala que fué del mismo Virey, y fué por capitan de otro navío un hidalgo que se dice Márcos Ruiz de Rojas, natural de Madrid; otros dijeron que habia ido por capitan de otro navío un Fulano Maldonado; y porque yo no fuí en aquella armada, mas de por oidas lo digo desta manera; y fueron dadas todas las instrucciones á los pilotos y capitanes de lo que habian de hacer y cómo se habian de regir y navegar.
CAPÍTULO CCIII.
DE UNA MUY GRANDE ARMADA QUE HIZO EL ADELANTADO DON PEDRO DE ALBARADO EN EL AÑO DE 1537.
Razon es que se traiga á la memoria y no quede por olvido una muy buena armada que el Adelantado don Pedro de Albarado hizo el año de 1537 en la provincia de Guatimala, donde era gobernador, y en un puerto que se dice Acaxatla, en la banda del Sur, y fué para cumplir ciertas capitulaciones que con su majestad hizo la segunda vez que volvió á Castilla, y vino casado con una señora que se decia doña Beatriz de la Cueva; y fué el concierto que se capituló con su majestad, que el Adelantado pusiese ciertos navíos y pilotos y marineros y soldados y bastimentos, y todo lo que hubiese menester, á su costa, para enviar á descubrir por la via del poniente á la China ó Malucos ó otras cualesquier islas de la Especería, y para lo que descubriese, su majestad le prometió en las mismas tierras que le haria ciertas mercedes y daria renta en ellas; y porque yo no he visto lo capitulado, me remito á ello, y por esta causa lo dejo de poner en esta relacion.
Y volviendo á nuestra materia, y es que, como siempre el Adelantado fué muy servidor de su majestad, lo cual se pareció en las conquistas de la Nueva-España é ida del Pirú, y en todo puso su persona, con cuatro hermanos suyos, que sirvieron á su majestad en lo que pudieron; y en esto de ir á lo del Poniente con buena armada, se quiso aventajar á todas las armadas que hizo el marqués del Valle, de las cuales tengo hecha larga relacion en los capítulos que dello hablan; y esto que digo es porque puso en la mar del Sur trece navíos de buen porte, y entre ellos una galera y un patache, y todos muy bien bastecidos, así de pan como de carne y pipas de agua, y todo bastimento que en aquella sazon pudieron haber, y muy bien artillados, y con buenos pilotos y marineros, los que habian menester.
Pues para hacer tan pujante armada, y estando tan apartados del puerto de la Veracruz, que son más de ducientas leguas hasta donde se labraron los navíos, que en aquella sazon de la Veracruz se trajo el hierro para la clavazon y anclas y pipas, y otras muchas cosas pertenecientes para aquella flota, gastó en ella más millares de pesos de oro que en Castilla se pudieran gastar aunque se labraran en Sevilla ochenta navíos; y fueron tantos los gastos que hizo, que no le bastó la riqueza que trajo del Pirú, ni el oro que le sacaban de las minas en la provincia de Guatimala, ni los tributos de sus pueblos, ni lo que le presentaron sus deudos y amigos y lo que tomó fiado de mercaderes; é ya que en aquella ocasion se quisiera ayudar de traer anclas é hierro y otras muchas cosas pertenecientes para los navíos, desde el Puerto de Caballos no venian navíos ni mercaderes, ni se trataba aquel puerto en aquella sazon como ahora.
Volvamos á nuestra relacion: que aún no es nada los pesos de oro que gastó en los navíos para lo que dió á capitanes y alférez y maeses de campo y á seiscientos y cincuenta soldados, y los muchos caballos que entónces compró, que valian los buenos á trecientos pesos, y los comunes á ciento y cincuenta y á ducientos; pues arcabuces y pólvora y ballestas y todo género de armas fueron tan excesivos gastos, los cuales se podrán colegir; y fueron tan altos los pensamientos que tuvo de hacer gran servicio á su majestad, y descubrille por el Poniente la China ó Malucos y Especería, y aun de conquistar algunas islas della, y á lo ménos dar traza que por la parte de su gobernacion hubiese el trato della, pues que aventuraba toda su hacienda y persona.
Pues ya puesto á punto sus naos para navegar, y en cada una sus estandartes Reales, y señalados pilotos y capitanes, y dadas las instrucciones de lo que habian de hacer y derrotas que habian de llevar, y las señas de los faroles para de noche, y á todos los soldados, como dicho tengo, que fueron sobre seiscientos y cincuenta, con más de ducientos caballos; y despues de oido Misa del Espíritu Santo, el mismo Adelantado por capitan general de toda su armada, dan velas en ciertos dias del año de 1538, y fué navegando por su derrota hasta el puerto de la Purificacion, que es en la provincia de Xalisco, porque en aquel puerto habia de tomar agua y más soldados y bastimento.
Pues como supo el Virey D. Antonio de Mendoza desta tan pujante armada, que para en estas partes era muy grande, y de los muchos soldados y caballos y artillería que llevaba, tuvo por muy gran cosa de cómo pudo juntar y armar trece navíos en la costa del Sur, y allegar tantos soldados, estando tan apartado del puerto de la Veracruz y de Méjico: es cosa de pensar en ello á las personas que tienen noticia destas tierras y saben los gastos que hacen.
Pues como el Virey D. Antonio de Mendoza supo y se informó que era para descubrir la China, y alcanzó á saber de pilotos y cosmógrafos que se podia descubrir muy bien por el Poniente, y se lo certificó un deudo suyo que se decia Villalóbos, que sabia mucho de alturas y del arte de navegacion, acordó de escribir desde Méjico al Adelantado con ofertas y buenos prometimientos para que se diese órden en que la armada hiciese compañía con él: para lo efetuar fueron á hacer el concierto D. Luis de Castilla y un mayordomo mayor del Virey, que se decia Agustin Guerrero.
Y despues que el Adelantado vió los recaudos que llevaban para hacer concierto, y bien platicado sobre el negocio, se concertó que se viesen el Virey y el Adelantado en un pueblo que se dice Chiribitio, que es en la provincia de Mechoacan, que era de la encomienda de un Juan de Albarado, deudo del mismo Adelantado; y como el Virey supo adónde se habian de ver, fué en posta desde Méjico al pueblo por mí nombrado, donde estaba el Adelantado aguardando al Virey para hacer la plática, y allí se vieron, y concertaron que fuesen entrambos á dos á ver la armada, y luego fueron, y cuando lo hubieron visto, se volvieron á Méjico, para desde allí enviar capitan general de toda la flota; y el Adelantado queria que fuese un deudo suyo por general, que se decia Juan de Albarado (no digo por el de Chiribitio, sino otro su sobrino), que tenia indios en Guatimala; y el Virey queria que fuese juntamente con él un Fulano Villalóbos; y en este tiempo tuvo mucha necesidad el Adelantado de venir á su gobernacion de Guatimala á cosas que le convenian, y lo dejó todo aparte por estar presente en su armada, y fué al puerto de la Natividad por tierra, donde en aquella sazon estaban todos sus navíos y soldados, para que por su mano fuesen despachados.
É ya que estaban para se hacer á la vela, le vino una carta que le envió un Cristóbal de Oñate, que estaba por teniente de gobernador de aquella provincia de Xalisco, por ausencia de Francisco Vazquez Coronado, que habia ido por capitan á las siete ciudades que llaman de Cibola, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y lo que el Oñate en la carta le decia, era que, pues en todo era gran servidor de su majestad, en este caso que ahora ha ocurrido se parecerán muy mejor sus servicios; que por amor de Dios, que luego con brevedad le vaya á socorrer con su persona y soldados y caballos y arcabuceros, porque está cercado en partes que si no son socorridos no se podrá defender de muchas capitanías de indios guerreros que están en unas fuerzas y peñoles que se dicen de Cochitlan, y que han muerto á muchos españoles de los que estaban en su compañía, y se temia no le acabasen de desbaratar; y le significó en la carta otras muchas lástimas, y que á salir los indios de aquellos peñoles é fortaleza vitoriosos, la Nueva-España estaba en gran peligro.
Y como el Adelantado vió la carta, y en ella las palabras que dicho tengo, y otros españoles le dijeron en el peligro en que estaban, luego mandó juntar sus soldados, así de caballo como arcabuceros y ballesteros, y fué en posta á hacer aquel socorro, y cuando llegó al real estaban tan afligidos los cercados, que si no fuera por él, segun se vió, los mataran los indios, y con su llegada aflojaron algo, y no que dejasen de dar muy bravosa guerra; y estando peleando entre unos peñoles un soldado, pareció ser que el caballo en que iba se le derriscó, y vino rodando por el peñol abajo con tan gran furia y saltos por donde el Adelantado estaba, que no se pudo apartar á cabo ninguno, sino que el caballo le encontró de arte, que le trató mal y le quebrantó todo el cuerpo, porque le tomó debajo, y fué de tal manera, que se sintió muy malo, y para guarecelle y curallo, creyendo que no fuera tanto el quebramiento, le llevaron en andas á curar á una villa, que era la más cercana de aquellos peñoles, que se dice la Purificacion; é yendo por el camino se comenzó á pasmar, y llegado á la villa, de ahí á pocos dias, despues de se haber confesado y comulgado, dió el ánima á Dios nuestro Señor, que la crió. Algunas personas dijeron que hizo testamento, y no ha parecido.
Falleció aqueste caballero por sacalle luego del real, que si de allí no le sacaran y le curaran como era razon, no se pasmara; y á todas las cosas que Nuestro Señor hace y ordena démosle muchas gracias y loores por ello; pues ya es fallecido, perdónele Dios.
En aquella villa le enterraron con la mayor pompa que pudieron; y despues he oido decir que Juan de Albarado, el encomendero de Chiribitio, llevó sus huesos de donde estaban enterrados al mismo pueblo de su encomienda, y mandó hacer muchas honras y Misas y limosnas por su ánima.
Pues como se supo su muerte en el real de Cochitlan y en su flota y armada, como no habia capitan general ni cabeza que los mandase, muchos de los soldados se fueron cada uno por su parte con las pagas que les dieron, y cuando á Méjico llegó esta nueva, todos los más caballeros, juntamente con el Virey, la sintieron; y como faltó el Adelantado, luego en posta envian por el Virey para que les vaya á socorrer, y el Virey no pudo ir luego, y envió al licenciado Maldonado, é hizo lo que pudo en aquel socorro; y luego fué el Virey y llevó todos los soldados que pudo allegar, y quiso Dios que venció á los indios de los peñoles, y desbaratados, se volvieron á Méjico á cabo de muchos dias que en esta guerra estuvieron con gran trabajo.
Dejemos aquel socorro que el Adelantado hizo, pues á todos los cercados ayudó, y él murió del arte que ya he dicho; é quiero decir que, como se supo en Guatimala de su muerte, la tristeza y lloros que hubo en su casa, y su querida mujer doña Beatriz de la Cueva rompia la cara y se mesaba los cabellos, juntamente con sus damas y doncellas que tenia para casar; pues su amada hija y señores hijos, y un caballero, yerno suyo, que se dice don Francisco de la Cueva, primo segundo del duque de Alburquerque, que dejaba por gobernador de aquella provincia, tuvieron mucho pesar, y todos los vecinos conquistadores hicieron sentimiento y le hicieron solenes honras, porque el Obispo don Francisco Marroquin, de buena memoria, sintió mucho su muerte, y con toda la clerecía y cera y pompa que pudieron rogaban á Dios por su ánima cada dia; y en esto de las honras puso el Obispo gran solicitud.
Y tambien quiero decir que un mayordomo del Adelantado, por mostrar más tristeza por la muerte de su señor, mandó que se entintasen todas las paredes de las casas con un betun de tinta que no se pudiese quitar.
Y tambien oí decir que muchos caballeros iban á consolar á la señora doña Beatriz de la Cueva, mujer del Adelantado, porque no tomase tanta tristeza por su marido, y le decian que diese gracias á Dios, pues que dello fué servido; y ella, como buena cristiana, decia que así se las daba; y como las mujeres son tan lastimosas por lo que bien quieren, y que deseaba morirse y no estar en este triste mundo con tantos trabajos: traigo aquí esto á la memoria por lo que el coronista Francisco Lopez de Gómora dice en su Corónica, que dijo aquella señora que ya no tenia nuestro Señor Jesucristo en qué más mal la pudiese hacer de lo hecho, y por aquella blasfemia fué servido que desde á pocos dias vino en esta ciudad una tormenta y tempestad de agua y cieno y piedras muy grandes y maderos muy gordos, que descendió de un volcan que está media legua de Guatimala, que derribó toda la mayor parte de las casas donde vivia aquella señora, mujer del Adelantado, estando en una recámara rezando con sus damas y doncellas, que las tomó á todas debajo, y las más se ahogaron.
Y en las palabras que dijo el Gómora que habia dicho aquella señora, no pasó como dice, sino como dicho tengo; y si nuestro Señor Jesucristo fué servido de la llevar deste mundo, fué secreto de Dios; de la cual avenida y terremoto diré adelante en su tiempo y lugar; y quiero ahora referir otras cosas que son muy de notar: que con haber servido el Adelantado tan bien á su majestad, y con sus cuatro hermanos, que se decian Jorge, Gonzalo y Gomez y Juan, y todos Albarados, cuando falleció, como dicho tengo, no les quedaron á sus hijos é hijas ningunos pueblos de los que tenia en su encomienda, habiéndolos él ganado y conquistado, y haber venido á descubrir esta Nueva-España con Juan de Grijalva y despues con Cortés.
Pues digamos agora adónde murieron él y sus hijos y mujer y hermanos, que es cosa de mirar en ello.
Ya he dicho que murió en lo de Achitlan, y su hermano Jorge de Albarado en la villa de Madrid, yendo á suplicar á su majestad le gratificase sus servicios, y esto fué en el año de 1540; y el Gomez de Albarado en el Pirú; el Gonzalo de Albarado no se me acuerda si murió en Guaxaca ó en Méjico; el Juan de Albarado yendo á la isla de Cuba á poner cobro en la hacienda que dejó en aquella isla.
Pues sus hijos, el mayor, que se decia don Pedro, fué á Castilla en compañía de un su tio que se decia Juan de Albarado el mozo, vecino que fué de Guatimala, é iba á besar los piés del Emperador nuestro señor y traerle á la memoria los servicios de su padre; y nunca más se supo nueva dellos, porque creyeron que se perdieron en la mar ó los cautivaron moros.
Pues don Diego, el hijo menor, como se vió perdido, volvió al Pirú, y en una batalla murió.
Pues doña Beatriz, su mujer, ya he dicho dos veces cómo la tormenta la llevó deste mundo, á ella y á otras señoras que estaban en su compañía.
Tengan agora más cuenta los curiosos letores desto que aquí tengo referido, y miren que el Adelantado murió solo sin su querida mujer y amadas hijas, y la mujer sin su querido marido, y los hijos el uno yendo á Castilla y el otro en una batalla en el Pirú, y los hermanos segun y de la manera que dicho tengo. Nuestro Señor Jesucristo los lleve á su santa gloria, amen.
Agora nuevamente se han hecho en esta ciudad de Guatimala dos sepulcros juntos al altar de la santa iglesia mayor para traer los huesos del Adelantado don Pedro de Albarado, que están enterrados en el pueblo de Chiribitio, y traidos que sean á esta ciudad, enterrarles en el un sepulcro, y el otro sepulcro es para que cuando Dios nuestro Señor sea servido llevar desta presente vida á don Francisco de la Cueva y á doña Leonor de Albarado, su mujer, ó hija del mismo Adelantado, enterrarse en ellos; porque á su costa traen los huesos de su padre y mandaron hacer el sepulcro en la santa iglesia, como dicho tengo.
Dejemos esta materia, y volveré á decir en lo que paró la armada, y es, que despues que murió, como he referido, dende á un año, poco más ó ménos tiempo, el Virey don Antonio de Mendoza mandó que tomasen ciertos navíos, los mejores y más nuevos de los trece que enviaba el Adelantado á descubrir la China por la banda del Poniente, y envió por capitan de los navíos á un su deudo, que se decia Fulano de Villalóbos, y que se fuese la mesma derrota que tenia concertado de enviar á descubrir; y en lo que paró este viaje yo no lo sé bien, y á esta causa no doy más relacion dello; y tambien he oido decir que nunca los herederos del Adelantado cobraron cosa ninguna, ansí de navíos como de bastimento, sino que todo se perdió.
Dejemos esta materia, é diré lo que Cortés hizo.
CAPÍTULO CCIV.
DE LO QUE EL MARQUÉS DEL VALLE HIZO DESDE QUE ESTABA EN CASTILLA.