Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)

Part 16

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Y luego tras esto hubo otros impedimentos, y fué que, como le pusieron á Cortés la demanda que dicho tengo de la recámara de Guatemuz, y del oro y plata que se hubo en Méjico, muchos de los que éramos amigos de Cortés nos juntamos, con licencia de un alcalde ordinario, en casa de un García Holguin, y firmamos que no queriamos parte de aquellas demandas del oro ni de la recámara, ni por nuestra parte fuese compelido Cortés á que pagase ninguna cosa dello, y deciamos que sabiamos cierto y claramente que lo enviaba á su majestad, y lo hubimos por bueno hacer aquel servicio á nuestro Rey y señor; y como el presidente y los oidores vieron que dimos peticiones sobre ello, nos mandaron prender á todos, diciendo que sin su licencia no nos habiamos de juntar ni firmar cosa ninguna; y como vieron la licencia del alcalde, puesto que nos sentenciaron en destierro de Méjico cinco leguas, luego nos le alzaron, y todavía lo recebíamos por grandes molestias y agravios; y luego tras esto se pregonó que todos los que venian del linaje de indios, ó moros que hubiesen quemado ó ensambenitado por la santa Inquisicion en el cuarto grado á sus padres ó abuelos, que dentro de seis meses saliesen de la Nueva-España, so pena de perdimiento de la mitad de sus bienes; y en aquel tiempo vieran el acusar que acusaban unos á otros, y el infamar que hacian, y no salieron de la Nueva-España sino dos.

Y para los conquistadores, como eran tan buenos y cumplian lo que su majestad mandaba, en cuanto al dar indios á los que eran verdaderos conquistadores, á ninguno dejaban de dar indios, é de lo que vacaba les hacian muchas mercedes.

Lo que les echó á perder fué la demasiada licencia que daban para herrar esclavos.

Pues en lo de Pánuco se herraron tantos, que casi despoblaron aquella provincia; y el Nuño de Guzman, que era franco y de noble condicion, envió en aguinaldo una cédula de un pueblo que se dice Guazpaltepeque al contador Albornoz, que habia pocos dias que volvió de Castilla é vino casado con una señora que se decia doña Catalina de Loaisa, y aun trujo el Rodrigo de Albornoz de España licencia de su majestad para hacer un ingenio de azúcar en un pueblo que se dice Cempoal, el cual pueblo en pocos años destruyó.

Volvamos á nuestro cuento: que, como el Nuño de Guzman hacia aquellas franquezas y herraba tantos indios por esclavos, é hizo muchas molestias á Cortés; y del licenciado Delgadillo decian que hacia dar indios á personas que le acudian con cierta renta, y hacia compañías, y tambien porque puso por alcalde mayor en la villa de Guaxaca á su hermano, que se decia Berrio, y hallaron que el hermano llevaba cohechos y hacia muchos agravios á los vecinos; y tambien se halló que en la villa de los zapotecas puso otro teniente, que se decia Delgadillo como él, que tambien llevaba cohechos y hacia injusticias, y el licenciado Matienzo era viejo; y fueron tantas las cosas que dellos decian con probanzas, y aun cartas de los Prelados y religiosos, que, viendo su majestad y los del Real consejo de Indias las informaciones y cartas que contra ellos fueron, mandó que luego sin más dilacion se quitase redondamente toda la Real audiencia y los castigasen, y pusiesen otro presidente é oidores que fuesen de ciencia y buena conciencia y rectos en hacer justicia; y mandó que luego fuesen á la provincia de Pánuco á saber qué tantos mil esclavos habian herrado, y fué el mismo Matienzo por mandado de su majestad, que á este viejo oidor hallaron con ménos cargos y mejor juez que á los demas; y demas desto, luego se dieron por ningunas las cédulas que habian dado para herrar esclavos, y se mandaron quebrar todos los hierros con que se herraban, y que dende allí adelante no se hiciesen más esclavos, y aun se mandó hacer memoria de los que habia en toda la Nueva-España, para que no se vendiesen ni se sacasen de una provincia á otra; y demas desto, mandó que todos los repartimientos y encomiendas de indios que habia dado el Nuño de Guzman y los demas oidores á deudos y paniaguados y á sus amigos, ó á otras personas que no tenian méritos, que luego sin ser más oidos se los quitasen, y los diesen á las personas que su majestad habia mandado que los hubiese.

Quiero traer aquí á la memoria qué pleitos y debates hubo sobre este tornar á quitar los indios de encomienda que ya les habia dado el Nuño de Guzman, juntamente con los oidores; unos alegaban ser conquistadores no lo siendo, é otros pobladores de tantos años, y que si entraban y salian en casa del presidente é oidores, que era para les servir y honrar y acompañar, é hacer lo que por ellos les fuese mandado en cosas que fuesen cumplideras al servicio de su majestad, y que no entraban en sus casas por criados ni paniaguados, y cada uno defendia y alegaba lo que más á su provecho podia; y fué de tal manera la cosa, que á pocos de los que les habian dado los indios, se los tornaron á quitar, sino fué á los que diré aquí: el pueblo de Guazpaltepeque al contador Rodrigo de Albornoz, que le hubo enviado el Nuño de Guzman en aguinaldo; y tambien le quitaron á un Villaroel, marido que fué de Isabel de Ojeda, otro pueblo de Cornabaca, y tambien los quitaron á un mayordomo de Nuño de Guzman, que se decia Villegas, y á otros deudos y criados de los mismos oidores, y otros se quedaron con ellos.

Pues como se supo esta nueva en Méjico, que vino de Castilla, que quitaban redondamente toda la audiencia Real, en lo que entendieron Nuño de Guzman y Delgadillo y Matienzo fué luego enviar procuradores á Castilla para abonar sus cosas con probanzas de testigos que ellos quisieron tomar como quisieron, para que dijesen que eran muy buenos jueces y que hacian lo que su majestad les mandaba, y otros abonos que les convenia decir para que en Castilla los diesen por buenos jueces.

Pues para elegir á las personas que habian de ir con los poderes, ansí para que procurasen por ellos como para cosas que convenian á aquella ciudad y Nueva-España, y á la gobernacion della, mandaron que nos juntásemos en la iglesia mayor todos los procuradores que teniamos poder de las ciudades é villas, que en aquella sazon nos hallamos en Méjico, y con nosotros juntamente algunos conquistadores, personas de cuenta, y por nuestros votos quisieron que eligiéramos para que fuese procurador á Castilla al factor Salazar; porque, como ya he dicho otras veces, puesto que el Nuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo hacian algunos desatinos, ya atrás por mí memorados, por otra parte eran tan buenos para todos los conquistadores y pobladores, que nos daban de los indios que vacaban; y con esta confianza creyeron que votáramos por el factor, que era la persona que ellos querian enviar en nombre.

Pues como nos hubimos juntado en la iglesia mayor de aquella ciudad, como nos fué mandado, eran tantas las voces y tabaola y behetría que daban muchas personas de las que no eran llamadas para aquel efeto, que se entraron por fuerza en la iglesia, que, aunque les mandábamos salir fuera della, no querian ni aun callar; en fin, como cosa de comunidad daban voces; y como aquello vimos, fuimos á decir al presidente é oidores que para otro dia lo dejábamos, y que en casa del mismo presidente, donde hacian la Real audiencia, eligiriamos á quien viésemos que convenia; y despues nos pareció que solamente querian nombrar personas amigas del Nuño de Guzman y Delgadillo y Matienzo; y acordamos se eligiese una persona por parte de los mismos oidores y otra por la parte de Cortés; y fueron nombrados, á Bernardino Vazquez de Tapia por la parte de Cortés, y por la parte de los oidores á un Antonio de Carvajal, que fué capitan de bergantines; mas, á lo que entónces á mí me pareció, ansí el Bernardino Vazquez de Tapia como el Carvajal eran aficionados á las cosas de Nuño de Guzman mucho más que á las de Cortés, y tenian razon, porque ciertamente nos hacian más bien y cumplian algo de lo que su majestad mandaba en dar indios que no Cortés, puesto que los pudiera dar muy mejor que todos en el tiempo que tuvo el mando; mas, como somos tan leales los españoles, por haber sido Cortés nuestro capitan le teniamos aficion, más que él tuvo voluntad de nos hacer bien, habiéndoselo mandado su majestad, pudiendo cuando era gobernador.

Pues ya elegidos, sobre los capítulos que habian de llevar hubo otras contiendas; porque decian el presidente é oidores que era cumplidero al servicio de Dios y de su majestad, y con parecer de todos los procuradores, que no volviese Cortés á la Nueva-España, porque estando en ella siempre habria bandos y revueltas, y quedando en ella no habria buena gobernacion, y por ventura se alzaria con ella; y todos los más procuradores lo contradecíamos, y que era muy leal y gran servidor de su majestad; y en aquella sazon llegó don Pedro de Albarado á Méjico, que habia venido de Castilla y traia la gobernacion de Guatimala, é adelantado, é comendador de Santiago, y casado con una señora que se decia doña Francisca de la Cueva, y falleció aquella señora así como llegó á la Veracruz.

Pues como llegó á Méjico, con mucho luto él y sus criados, y como entendió los capítulos que enviaban por parte del presidente é oidores, túvose órden que el mismo adelantado, con los demas procuradores, escribiésemos á su majestad todo lo que la audiencia Real intentaba; y como fueron los procuradores, por mí ya nombrados, á Castilla con los recaudos y capítulos que habian de pedir, y los del Real Consejo de Indias conocieron que todo iba guiado contra Cortés por pasion, no quisieron hacer cosa que conviniese al Nuño de Guzman ni á los demas oidores, porque ya estaba mandado por su majestad que de hecho les quitasen el cargo; y tambien en este instante Cortés estaba en Castilla, que en todo les fué muy contrario, é volvia por su honra y estado, y luego se apercibió Cortés para venir á la Nueva-España con la señora marquesa su mujer y casa; y entre tanto que viene, diré cómo Nuño de Guzman fué á poblar una provincia que se dice Xalisco, é acertó en ello muy mejor que no Cortés en lo que envió á descubrir, como adelante verán.

CAPÍTULO CXCVII.

CÓMO NUÑO DE GUZMAN SUPO POR CARTAS CIERTAS DE CASTILLA QUE LE QUITABAN EL CARGO, PORQUE HABIA MANDADO SU MAJESTAD QUE LE QUITASEN DE PRESIDENTE Á ÉL Y Á LOS OIDORES, Y VINIESEN OTROS EN SU LUGAR, ACORDÓ DE IR Á PACIFICAR Y CONQUISTAR LA PROVINCIA DE XALISCO, QUE AGORA SE DICE LA NUEVA-GALICIA.

Pues como Nuño de Guzman supo por cartas ciertas que le quitaban el cargo de ser presidente á él y á los oidores, é venian otros oidores; como en aquella sazon todavía era presidente el Nuño de Guzman, allegó todos los más soldados que pudo, así de á caballo como escopeteros y ballesteros, para que fuesen con él á una provincia que se dice Xalisco; y los que no querian ir de grado, apremiábalos que fuesen, ó por fuerza, ó habian de dar dineros á otros soldados que fuesen en su lugar, y si tenian caballos se los tomaban, y cuando mucho, no les pagaban sino la mitad ménos de lo que valian; y los vecinos ricos de Méjico ayudaron con lo que podian, y llevó muchos indios mejicanos cargados y otros de guerra para que le ayudasen, y por los pueblos que pasaba con su fardaje hacíales grandes molestias.

Y fué á la provincia de Mechoacan, que por allí era su camino, y tenian los naturales de los pueblos de aquella provincia, de los tiempos pasados, mucho oro, é aunque era bajo, porque estaba revuelto con plata, le dieron cantidad dello; y porque el Cazonci era el mayor cacique de aquella provincia, que así se llamaba, no le dió tanto oro como le demandaba el Nuño de Guzman, le atormentó y le quemó los piés, y porque le demandaba indios é indias para su servicio, y por otras trancanillas que se le levantaron al pobre cacique, lo ahorcó, que fué una de las más malas é feas cosas que presidente ni otras personas podian hacer, y todos los que iban en su compañía se lo tuvieron á mal é crueldad; y llevó de aquella provincia muchos indios cargados hasta donde pobló la ciudad que agora llaman de Compostela, con harta costa de la hacienda de su majestad y de los vecinos de Méjico, que llevó por fuerza; y porque yo no me hallé en aquesta jornada, se quedará aquí; mas cierto que Cortés ni el Nuño de Guzman jamás se hubieron bien; y tambien sé que siempre se estuvo en aquella provincia el Nuño de Guzman hasta que su majestad mandó que enviasen por él á Xalisco á su costa, y le trujeron preso á Méjico á dar cuenta de las demandas y sentencias que contra él dieron en la Real audiencia que nuevamente en aquella sazon vino, y le prendiesen á pedimiento de Matienzo, y Delgadillo.

Quiérolo dejar en este estado, y diré cómo llegó la Real audiencia á Méjico, y lo que hizo.

CAPÍTULO CXCVIII.

CÓMO LLEGÓ LA REAL AUDIENCIA Á MÉJICO, Y LO QUE SE HIZO.

Ya he dicho en el capítulo pasado cómo su majestad mandó quitar toda la Real audiencia de Méjico, y dió por ningunas las encomiendas de indios que habian dado el presidente é oidores que en ella residian; porque los daban á sus deudos y paniaguados y á otras personas que no tenian méritos; y mandó su majestad que se los quitasen y los diesen á los conquistadores que estaban con pobres repartimientos; y porque tuvieron noticia que no hacian justicia ni cumplieron sus Reales mandatos; é mandó venir otros oidores que fuesen de ciencia y conciencia, y les encargó que en todo hiciesen justicia, y por presidente vino don Sebastian Ramirez de Villaescusa, que en aquella sazon era Obispo de Santo Domingo, y cuatro licenciados por oidores, que se decian el licenciado Alonso Maldonado de Salamanca, y el licenciado Zainos, de Toro ó de Zamora, y el licenciado Vasco de Quiroga, de Madrigal, que despues fué Obispo de Mechoacan, y el licenciado Salmeron, de Madrid; y primero llegaron á Méjico los oidores que llegase el Obispo de Santo Domingo; y se les hizo dos grandes recebimientos, así á los oidores, que vinieron primero, como al presidente, que vino de ahí á pocos dias; y luego mandaron pregonar residencia general, y de todas las ciudades y villas vinieron muchos vecinos y procuradores, y aun caciques y principales, y dieron tantas quejas del presidente é oidores pasados, de agravios y cohechos é injusticias que les habian hecho, que estaban espantados el presidente é oidores que les tomaban la residencia.

Pues los procuradores de Cortés les ponen tantas demandas de los bienes é hacienda que les hicieron vender en las almonedas, como dicho tengo ántes de agora, que si todo en lo que les condenaban hubieran de pagar, montaba sobre ducientos mil pesos de oro.

Y como el Nuño de Guzman estaba en Xalisco, é no queria venir á la Nueva-España á dar su residencia, respondia el Delgadillo y Matienzo en la residencia que les tomaban, que todas aquellas demandas que les ponian eran á cargo del Nuño de Guzman, que como presidente lo mandaba de hecho, y no eran á su cargo, y que mandasen enviar por él, que venga á Méjico á descargarse de los cargos que le ponen; y puesto que ya habia enviado á Xalisco la Real audiencia provisiones para que pareciese personalmente en Méjico, no quiso venir; y el presidente é oidores, por no alborotar la Nueva-España, disimularon la cosa, y hacen saber dello á su Majestad, y luego enviaron sobre ello el Real consejo de Indias á un licenciado que se decia Fulano de la Torre, el cual decian que era natural de Badajoz, para que le tomase residencia en la provincia de Xalisco y para que le traiga preso á Méjico y que le eche preso en la cárcel pública; y trujo comision para que nos pagase el Nuño de Guzman todo en lo que nos sentenció á las conquistadores sobre lo de Narvaez, y lo de las firmas cuando nos echaron presos, como dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla, y dejaré apercibiendo á este licenciado de la Torre para venir á la Nueva-España, y diré en qué paró la residencia.

Y es, que al Delgadillo y Matienzo les vendieron sus bienes para pagar las sentencias que contra ellos dieron, y los echaron presos en la cárcel pública por lo que más debian, que no alcanzó á pagar con sus bienes; y á un hermano de Delgadillo, que se decia Berrio, que estaba por alcalde mayor en Guaxaca, hallaron contra él tantos agravios y cohechos que habia llevado, que le vendieron sus bienes para pagar á quien los habia tomado, y le echaron preso por lo que no alcanzaba, y murió en la cárcel: y otro tanto hallaron contra otro pariente de Delgadillo que estaba por alcalde mayor en los zapotecas, que tambien se llamaba Delgadillo, como el pariente, y murió en la cárcel; y ciertamente eran tan buenos jueces y rectos en hacer justicias los nuevamente venidos, que no entendian sino solamente en hacer lo que Dios y su majestad manda, y en que los indios conociesen que les favorecian y que fuesen bien doctrinados en la santa doctrina; y demas desto, luego quitaron que no se herrasen esclavos, y hicieron otras buenas cosas; y como el licenciado Salmeron y el licenciado Zainos eran viejos, acordaron de enviar á demandar licencia á su majestad para se ir á Castilla, porque ya habian estado cuatro años en Méjico y estaban ricos y habian servido bien en los cargos que habian traido, é su majestad les envió licencia, despues de haber dado residencia, que dieron muy buena; pues el presidente don Sebastian Ramirez, Obispo que en aquella sazon era de Santo Domingo, tambien fué á Castilla, porque su majestad le envió á llamar para se informar dél de cosas de la Nueva-España y para ponelle por presidente de la chancillería Real de Granada; y desde cierto tiempo lo pasaron á la de Valladolid y le dieron el obispado de Tuy; y dende á pocos dias vacó el de Leon, y se le dieron, y era presidente, como dicho tengo, en la chancillería de Valladolid, y en aquel instante vacó el obispado de Cuenca, y se le dieron.

Por manera que se alcanzaban unas bulas de los obispados á otras, y por ser buen juez vino á subir en el estado que he dicho; y en esta sazon vino la muerte á llamarle, y paréceme á mí, segun nuestra santa fe, que está en la gloria con los bienaventurados, porque, á lo que conocí y comuniqué con él cuando era presidente en Méjico, en todo era muy recto y bueno, y como tal persona, habia sido, ántes que fuese Obispo de Santo Domingo, inquisidor en Sevilla.

Volvamos á nuestra relacion, y diré del licenciado Alonso Maldonado, que su majestad le mandó que viniese á la provincia de Guatimala é Honduras é Nicaragua por presidente y gobernador, y en todo fué muy bueno y recto juez y gran servidor de su majestad, y aun tuvo título de adelantado de Yucatan por capitulacion que tuvo hecha con su suegro don Francisco de Montejo.

Pues el licenciado Quiroga fué tan bueno, que le dieron el obispado de Mechoacan.

Dejemos de contar destos prosperados por sus virtudes, y volvamos á decir del Delgadillo y Matienzo, que fueron á Castilla y á sus tierras muy pobres, y no con buenas famas; y dende á dos ó tres años dijeron que murieron, é ya en esta sazon habia su majestad mandado que viniese á la Nueva-España por viso-rey el ilustrísimo y buen caballero, é digno de loable memoria, don Antonio de Mendoza, hermano del marqués de Mondéjar; y vinieron por oidores el doctor Quesada, natural de Ledesma, y el licenciado Tejada, de Logroño, y aun en aquel tiempo estaba por oidor el licenciado Maldonado, que aun no habia ido á ser presidente de Guatimala; y tambien vino por oidor un licenciado que se decia Loaysa, natural de Ciudad-Real, y como era hombre viejo, estuvo tres ó cuatro años en Méjico, y allegó pesos de oro para irse á Castilla y se volvió á su casa; y de ahí á poco tiempo vino un licenciado de Sevilla, que se decia Santillana, que despues fué doctor, y todos fueron muy buenos jueces; y despues que se les hizo grandes recebimientos en la entrada de aquella ciudad, se pregonó residencia general contra el presidente é oidores pasados, y todos los hallaron muy rectos y buenos, y usaron de sus cargos conforme á justicia.

Y volviendo á nuestra relacion cerca del Nuño de Guzman, que se estaba en Xalisco, y como el virey don Antonio de Mendoza alcanzó á saber que su majestad mandó venir al licenciado de la Torre á tomalle residencia en Xalisco y echalle preso en la cárcel pública, y hacerle que pagase al marqués del Valle lo que se hallase deberle, y á los conquistadores tambien nos pagase en lo que nos sentenció sobre lo de Narvaez, por hacerle bien y porque no fuese molestado y afrentado, le envió á llamar que viniese luego á Méjico sobre su palabra, y le señaló por posada sus palacios; y el Nuño de Guzman así lo hizo, que se vino luego; y el virey le hacia mucha honra y le favorecia, y comia con él; y en este instante llegó á Méjico el licenciado de la Torre, y como traia mandado de su majestad que luego echase preso á Nuño de Guzman y que en todo hiciese justicia, puesto que primero lo comunicó con el virey, y parece ser no halló tanta voluntad para ello como quisiera, acordó de le sacar de la posada del virey, á do estaba; y decia á voces:

—«Esto manda su majestad; ansí se ha de hacer, y no otra cosa.»

Y lo llevó á la cárcel pública de aquella ciudad, y estuvo preso ciertos dias, hasta que rogó por él el virey, que le sacaron de la cárcel; y como conocieron en el de la Torre que traia recios aceros para no dejar de ejecutar la justicia, y tomar residencia muy á las derechas al Nuño de Guzman; y como la malicia humana muchas veces no deja cosa en que pueda infamar que no infame, parece ser que, como el licenciado de la Torre era algo aficionado al juego, especial de naipes; puesto que no jugaba sino al triunfo, é á la primera por pasatiempo, quien quiera que fué, por parte de Nuño de Guzman, como en aquel tiempo se usaban traer unos tabardos con mangas largas, especial los juristas, metieron en una de las mangas del tabardo del licenciado de la Torre una baraja de naipes de los chinos, y ataron la manga de arte que no se pudiesen salir en aquel instante; é yendo el licenciado por la plaza de Méjico, acompañado de personas de calidad, quien quiera que fué en metelle los naipes, tuvo manera que se le desató, é saliéronsele los naipes pocos á pocos, y dejó rastro dellos en el suelo en la plaza por donde iba, é las personas que le iban acompañando, desque vieron salir de aquella manera los naipes, se lo dijeron, que mirase lo que traia en la manga del tabardo; y cuando el licenciado vió tan grande burla dijo con grande enojo:

—«Bien parece que no quieren que haga yo justicia á las derechas; mas si no me muero, yo la haré de manera que su majestad sepa deste desacato que conmigo se ha hecho.»

Y dende á pocos dias cayó malo, y de pensamiento dello ó de otras cosas, de calenturas que le ocurrieron murió.

CAPÍTULO CXCIX.

CÓMO VINO DON FERNANDO CORTÉS, MARQUÉS DEL VALLE, DE ESPAÑA, CASADO CON DOÑA MARÍA DE ZÚÑIGA, CON TÍTULO DE MARQUÉS DEL VALLE Y CAPITAN GENERAL DE LA NUEVA-ESPAÑA Y DE LA MAR DEL SUR; Y CÓMO TRUJO CONSIGO AL PADRE FRAY JUAN LEGUIZAMO Y OTROS ONCE FRAILES DE LA MERCED, Y DEL RECEBIMIENTO QUE SE LE HIZO.