Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)

Part 15

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Y como el comendador mayor vió la carta de su mujer, se holgó con ella; y como era el más privado que hubo en nuestros tiempos del Emperador, llevóle la misma carta á su majestad, y de su parte le suplicó que en todo le favoreciese, y ansí su majestad lo hizo, como adelante diré; é dijo el duque de Béjar y el almirante al Cortés, como por pasatiempo, cuando hubo llegado á la córte, que habian oido decir á su majestad, cuando supo que habia venido á Castilla, que tenia deseos de ver y conocer á su persona, que tantos y tan buenos servicios le ha hecho, y de quien tantos males le han informado que hacia con mañas y astucias.

Pues llegado Cortés á la córte, su majestad le mandó señalar posada.

Pues por parte del duque de Béjar y del conde de Aguilar y de otros grandes señores, sus deudos, le salieron á recebir y se le hizo mucha honra; y otro dia, con licencia de su majestad, fué á le besar sus Reales piés, llevando en su compañía por sus intercesores, por más le honrar, al Almirante y al duque de Béjar y al comendador mayor de Leon; y Cortés, despues de demandar licencia para hablar, se arrodilló en el suelo, y su majestad le mandó levantar, y luego representó sus muchos y notables servicios, todo lo acontecido en las conquistas é ida de Honduras, y las tramas que hubo en Méjico del factor y veedor, y recontó todo lo que llevaba en la memoria; y porque era muy larga relacion, y por no embarazar más á su majestad, entre otras pláticas, dijo:

—«Ya vuestra majestad estará cansado de me oir, y para un tan gran Emperador y Monarca de todo el mundo, como vuestra majestad es, no es justo que un vasallo como yo tenga tanto atrevimiento, y mi lengua no está acostumbrada á hablar con vuestra majestad, y podria ser que mi sentido no diga con aquel tan debido acato que debo todas las cosas acaecidas; aquí tengo este memorial, por donde vuestra majestad podrá ver, si fuese servido, todas las cosas muy por extenso cómo pasaron.»

Y entónces se hincó de rodillas para besarle los piés por las mercedes que fué servido hacerle en le haber oido, y el Emperador nuestro señor le mandó levantar; y el Almirante y el duque de Béjar dijeron á su majestad que era digno de grandes mercedes, y luego le hizo marqués del Valle y le mandó dar ciertos pueblos, y aun le mandaba dar el hábito de señor Santiago, y como no se lo señalaron con renta, se calló por entónces; que esto yo no lo sé bien de qué manera fué; y le hizo capitan general de la Nueva-España y mar del Sur, y Cortés se tornó á humillar para besarle sus Reales piés, y su majestad le mandó que se levantase.

Y despues de hechas estas grandes mercedes, donde ahí á pocos dias que habia llegado á Toledo adoleció Cortés, que llegó á estar tan al cabo, que creyeron que se muriera; y el duque de Béjar y el comendador mayor don Francisco de los Cóbos suplicaron á su majestad que, pues que Cortés tan grandes servicios le habia hecho, que le fuese á visitar ántes de su muerte á su posada; y su majestad fué acompañado de duques, marqueses y condes y del don Francisco de los Cóbos, y le visitó; que fué muy grande favor, y por tal se tuvo en la córte; y despues que estuvo Cortés bueno, como se tenia por tan grande privado de su majestad, y el conde de Nasao le favorecia, y el duque de Béjar y el almirante de Castilla, un domingo yendo á Misa, ya su majestad estaba en la iglesia mayor, acompañado de duques y marqueses y condes, y estaban asentados en sus asientos conforme al estilo y calidad que entre ellos se tenia por costumbre de se asentar, vino Cortés algo tarde á Misa, sobre cosa pensada, y pasó por delante de aquellos ilustrísimos señores con su falda de luto alzada, y se fué á asentar cerca del conde de Nasao, que estaba su asiento el más cercano del Emperador; y de que ansí lo vieron pasar delante de aquellos grandes señores de salva, murmuráronlo de su grande presuncion y osadía, y tuviéronlo por desacato, y que no se le habia de atribuir á la policía de lo que dél decian; y entre aquellos duques y marqueses estaba el duque de Béjar y el almirante de Castilla y el duque de Aguilar, y dijeron que aquello no se le habia de tener á Cortés á mal miramiento, porque su majestad por le honrar le habia mandado que se fuese á sentar cerca del conde de Nasao: y que ademas de aquello, que su majestad mandó que mirasen y tuviesen noticia que Cortés, con sus compañeros, habia ganado tantas tierras, que toda la cristiandad le era en cargo; que ellos, los estados que tenian que los habian heredado de sus antepasados por servicios que habian hecho, y que por estar desposado Cortés con su sobrina su majestad le mandaba honrar.

Volvamos á Cortés, y diré que, viéndose tan sublimado en privanza con el Emperador y el duque de Nasao y con el duque de Béjar, y aun del almirante, é ya con título de marqués, comenzó á tenerse en tanta estima, que no tenia cuenta, como era razon con quien le habia favorecido é ayudado para que su majestad le diese el marquesado, ni al Cardenal Fray García de Loyosa ni á Cóbos, ni á la señora doña María de Mendoza ni á los del Real consejo de Indias, que todo se le pasaba por alto, y todos sus cumplimientos eran con el duque de Béjar y conde Nasao y el almirante; é creyendo que tenia muy bien entablado su juego con tener privanza con tan grandes señores, comenzó á suplicar con mucha instancia á su majestad que le hiciese merced de la gobernacion de la Nueva-España, y para ello representó otra vez sus servicios, y que siendo gobernador entendia descubrir por la mar del Sur islas é tierras muy ricas, y se ofreció con otros muchos cumplimientos; y aun echó otra vez por intercesores al conde Nasao y al duque de Béjar y al almirante; y su majestad le respondió que se contentase que le habia dado el marquesado de mucha renta, y que tambien habia de dar á los que le ayudaron á ganar la tierra, que eran merecedores dello; que pues lo conquistaron, que lo gocen.

Y dende allí adelante comenzó de caer de la grande privanza que tenia; porque, segun dijeron muchas personas, el Cardenal, que era presidente del Real consejo de Indias, y los del Real consejo de Indias habian entrado en consulta con su majestad sobre las cosas y mercedes de Cortés, y les pareció que no fuese gobernador; otros dijeron que el comendador mayor y la señora doña María de Mendoza le fueron algo contrarios porque no hacia cuenta dellos; ora sea por lo uno ó por lo otro, el Emperador no le quiso más oir, por más que le importunaban, sobre la gobernacion.

Y en este instante se fué su majestad á embarcar á Barcelona para pasar á Flandes, y fueron acompañándole muchos duques y marqueses, y siempre él echaba por intercesores aquellos duques y marqueses para suplicar á su majestad que le diese la gobernacion; y su majestad respondió al conde Nasao que no le hablase más en aquel caso, que ya le habia dado un marquesado que tenia más renta de la que el conde Nasao tenia con todo su estado.

Dejemos á su majestad embarcado con buen viaje, y volvamos á Cortés y las grandes fiestas que se hicieron á sus velaciones, y de las ricas joyas que dió á la señora doña Juana de Zúñiga su mujer; é fueron tales, que, segun dijeron quien las vió, y la riqueza dellas, que en toda Castilla no se habian dado más estimadas; y de algunas dellas la serenísima Emperatriz doña Isabel, nuestra señora, tuvo voluntad de las haber, segun lo que dellas le contaban los lapidarios, y aun dijeron que ciertas piedras que Cortés le hubo presentado, que se descuidó ó no quiso dalle de las más ricas, como las que dió á la marquesa, su mujer.

Quiero traer á la memoria otras cosas que á Cortés le acaecieron en Castilla el tiempo que estuvo en la córte, y fué, que triunfaba con mucha alegría, y segun dijeron muchas personas que vinieron de allá, que estaban en su compañía, que hubo fama que la serenísima Emperatriz doña Isabel, nuestra señora, no estaba tan bien en los negocios de Cortés como al principio que llegó á la córte, cuando alcanzó á saber que habia sido ingrato al Cardenal y al Real Consejo de Indias, y aun al comendador mayor de Leon y con la señora doña María de Mendoza, y alcanzó á saber que tenia otras muy ricas piedras, mejores que las que le hubo dado; y con todo esto que le informaron, mandó á los del Real Consejo de Indias que en todo fuese ayudado; y entónces capituló Cortés que enviaria por ciertos años por la mar del Sur dos navíos de armada bien abastecidos, y con setenta soldados y capitanes con todo género de armas, á su costa, á descubrir islas é otras tierras, y que de lo que descubriese le harian ciertas mercedes; á las cuales capitulaciones me remito, porque ya no se me acuerdan.

Y tambien en aquel instante estaba en la córte un don Pedro de la Cueva, comendador mayor de Alcántara, hermano del duque de Alburquerque, porque este caballero fué el que su majestad habia mandado que fuese á la Nueva-España con gran copia de soldados á cortar la cabeza á Cortés si le hallase culpado, é á otras cualesquier personas que hubiesen hecho alguna cosa en deservicio de su majestad; y como vió á Cortés, y supo que su majestad le habia hecho marqués, y era casado con la señora doña Juana de Zúñiga, se holgó mucho dello, y se comunicaba cada dia el comendador don Pedro de la Cueva con el marqués don Fernando Cortés; y dijo al mismo Cortés que si por ventura fuera á la Nueva-España y llevara los soldados que su majestad le mandaba, que por más leal y justificado que le hallase, que por fuerza habia de pagar la costa de los soldados, y aun su huida, y que fueran más de trescientos mil pesos; y que lo hizo mejor de venir ante su majestad.

Y porque tuvieron otras muchas pláticas, que aquí no relato, las cuales de Castilla nos escribieron personas que se hallaron presentes á ellas, y de todo lo demas por mí relatado en el capítulo que dello habla; y demas desto, nuestros procuradores lo escribieron, y aun el mismo marqués escribió los grandes favores que de su majestad alcanzó, y no declaró la causa por que no le dieron la gobernacion.

Dejemos esto, y digo que desde ahí á pocos dias despues que fué marqués envió á Roma á besar los santos piés de nuestro muy Santo Padre el Papa Clemente; porque Adriano, que hacia por nosotros, ya habia fallecido tres ó cuatro años habia, y envió por su embajador á un hidalgo que se decia Juan de Herrada, y con él envió un rico presente de piedras ricas é joyas de oro, y dos indios maestros de jugar el palo con los piés; y le hizo relacion de su llegada á Castilla y de las tierras que habia ganado, y de los servicios que hizo á Dios primeramente y á nuestro gran Emperador, y le dió toda la relacion por un memorial de las tierras, como son muy grandes y la manera que en ellas hay, y que todos los indios eran idólatras y que se han vuelto cristianos, y otras muchas cosas que convenian decir á nuestro muy Santo Padre; y porque yo no lo alcancé á saber tan por extenso como en la carta iba, lo dejaré aquí de decir, y aun esto que aquí digo, despues lo alcanzamos á saber del mismo Juan de Herrada cuando vino de Roma á la Nueva-España; é supimos que enviaba á suplicar á nuestro muy Santo Padre que se quitasen parte de los diezmos.

Y para que bien entiendan los curiosos lectores quién es este Juan de Herrada, fué un buen soldado que hubo ido en nuestra compañía á las Honduras cuando fué Cortés; y despues que vino de Roma fué al Pirú, y le dejó D. Diego de Almagro por ayo de su hijo D. Diego el mozo; y este fué tan privado de D. Diego de Almagro, é fué el capitan de los que mataron á don Francisco Pizarro el viejo, y despues maese de campo de Almagro el mozo.

Volvamos á decir lo que le aconteció en Roma al Juan de Herrada, que despues que fué á besar los santos piés de Su Santidad, y presentó los dones que Cortés le envió y los indios que traian el palo con los piés, Su Santidad lo tuvo en mucho, y dijo que daba gracias á Dios, que en sus tiempos tan grandes tierras se hubiesen descubierto y tantos números de gentes se hubiesen vuelto á nuestra santa fe; y mandó hacer procesiones, y que todos diesen gracias por ello, á Dios nuestro Señor; y dijo que Cortés y todos sus soldados habiamos hecho grandes servicios á Dios primeramente, y al Emperador don Cárlos, nuestro señor, y á toda la cristiandad, y que éramos dignos de grandes mercedes; y entónces nos envió bulas para nos absolver á culpa y á pena de todos nuestros pecados, é otras indulgencias para los hospitales é iglesias, con grandes perdones; y dió por muy bueno todo lo que Cortés habia hecho en la Nueva-España, segun y como su antecesor el Papa Adriano; y en lo de los diezmos no sé si le hizo cierta merced; y escribió á Cortés en respuesta de su carta, y lo que en ella se contenia yo no lo supe, porque, como dicho tengo, deste Juan de Herrada y de un soldado que se decia Campo, que volvieron dende Roma, alcancé á saber lo que aquí escribo; porque, segun dijeron, despues que hubo estado en Roma diez dias, y habian los indios maestros de jugar el palo con los piés estado delante de Su Santidad y de los sacros Cardenales, que se holgaron mucho de lo ver, Su Santidad le hizo merced al Juan de Herrada de le hacer conde palatino y le mandó dar cierta cantidad de ducados para que se volviese, y una carta de favor para el Emperador nuestro señor, que le hiciese su capitan y le diese buenos indios de encomienda.

Y como Cortés ya no tenia mando en la Nueva-España, y no le dió cosa ninguna de lo que el Santo Padre mandaba, se pasó al Pirú, donde fué capitan.

CAPÍTULO CXCVI.

CÓMO ENTRE TANTO QUE CORTÉS ESTABA EN CASTILLA CON TÍTULO DE MARQUÉS, VINO LA REAL AUDIENCIA Á MÉJICO, Y EN LO QUE ENTENDIÓ.

Pues estando Cortés en Castilla con título de marqués, en aquel instante llegó la Real audiencia á Méjico, segun su majestad la habia mandado, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y por presidente Nuño de Guzman, que solia estar por gobernador en Pánuco, y cuatro licenciados por oidores; los nombres dellos se decian Matienzo, que era natural de Vizcaya ó cerca de Navarra, y Delgadillo, de Granada, y un Maldonado, de Salamanca; no es este el licenciado Alonso Maldonado el bueno, que fué gobernador de Guatimala; y vino un licenciado Parada, que solia estar en la isla de Cuba; y ansí como llegaron estos oidores á Méjico, despues que les hicieron gran recebimiento en la entrada de la ciudad, en obra de quince ó veinte dias que habian llegado, se mostraron muy justificados en hacer justicia, y traian los mayores poderes que nunca á la Nueva-España despues trujeron vireyes ni presidentes, y era para hacer el repartimiento perpétuo, y anteponer á los conquistadores y hacelles muchas mercedes, porque ansí se lo mandó su majestad; y luego hacen saber de su venida á todas las ciudades é villas que en aquella sazon estaban pobladas en la Nueva-España, para que envien procuradores con las memorias y copias de los indios que hay en cada provincia, para hacer el repartimiento perpétuo, y en pocos dias se juntaron en Méjico los procuradores de las ciudades é villas y otros conquistadores; y en aquella sazon estaba yo en Méjico por procurador síndico de la villa de Guacacualco, donde en aquel tiempo era vecino; y como vi lo que el presidente y oidores mandaron, fuí por la posta á nuestra villa para elegir quiénes habian de venir por procuradores para hacer el repartimiento perpétuo; y cuando llegué hubo muchas contrariedades en elegir los que habian de venir, porque unos vecinos querian que viniesen sus amigos, y otros no lo consentian, y por votos hubimos de salir elegidos el capitan Luis Marin y yo.

Llegados á Méjico, demandamos todos los procuradores de las más villas y ciudades que se habian juntado el repartimiento perpétuo, segun su majestad mandaba; y en aquella sazon estaba trastrocado el Nuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo, porque los otros dos oidores, que fueron Maldonado y Parada, luego que á aquella ciudad llegaron fallecieron de dolor de costado; y si allí estuviera Cortés, segun hay maliciosos, tambien le infamaran y dijeran que Cortés los habia muerto.

Y volviendo á nuestra relacion, fué causa de les volver el propósito que no hiciesen el repartimiento segun su majestad mandaba, dijeron muchas personas que lo entendieron muy bien, que fué el factor Salazar, porque se hizo tan íntimo amigo de Nuño de Guzman y de Delgadillo, que no se hacia otra cosa sino lo que mandaba, y tal como el consejo dieron, en tal paró todo; y lo que le aconsejaron fué, que no hiciesen el repartimiento perpétuo por via ninguna; porque, si lo hacian, que no serian tan señores ni los ternian en tanto acato los conquistadores y pobladores, con decir que no les podia dar ni quitar más indios de los que entónces les diese; y de otra manera, que los ternian siempre debajo de su mano, y podrian dar y quitar á quien quisiesen, y serian muy ricos y poderosos; y tambien trataron entre el factor y Nuño de Guzman y Delgadillo que fuese el mismo factor á Castilla por la gobernacion de la Nueva-España para Nuño de Guzman, porque ya sabian que Cortés no tenia tanto favor con su majestad como al principio que fué á Castilla, y no se le habian dado, por más intercesores que echó ante su majestad para que la diesen.

Pues ya embarcado el factor en una nao que llamaban la Sornosa, dió al través con gran tormenta en la costa de Guacacualco, y se salvo en un batel y volvió á Méjico, y no hubo efecto su ida á Castilla.

Dejemos desto, y diré en lo que entendieron luego que á Méjico llegaron el Nuño de Guzman y Matienzo y Delgadillo, y fué en tomar residencia al tesorero Alonso de Estrada, la cual dió muy buena; y si se mostrara tan varon como creimos que lo fuera, él se quedara por gobernador, porque su majestad no le mandaba quitar la gobernacion; ántes, como dicho tengo en el capítulo pasado, habia venido mandado pocos meses habia de su majestad que gobernase sólo el tesorero, y no juntamente con el Gonzalo de Sandoval, y dió por muy buenas las encomiendas que habia de ántes dado, y al Nuño de Guzman no le nombraban en las provisiones más de por presidente y repartidor juntamente con los oidores; y demas desto, si se pusiera de hecho en tener la gobernacion en sí, todos los vecinos de Méjico y los conquistadores que en aquella sazon estábamos en aquella ciudad le favoreciéramos, pues viamos que su majestad no le quitaba del cargo que tenia; y demas desto, vimos en el tiempo que gobernó hacia justicia y tenia mucha voluntad y buen celo de cumplir lo que su majestad mandaba; y dende á pocos dias falleció de enojo dello.

Dejemos de hablar en esto, y diré en lo que luego entendieron en la audiencia Real, y fueron muy contrarios en las cosas del Marqués; y enviaron á Guatimala á tomar residencia á Jorge de Albarado, y vino un Orduña el viejo, natural de Tordesillas, y lo que pasó en la residencia yo no lo sé; y luego le pusieron en Méjico muchas demandas á Cortés por via del fiscal y el factor Salazar, y ansimismo le puso otras demandas, y los escritos que daba en los estrados era con muy gran desacato y palabras muy mal dichas, y que habia hecho muchos deservicios á su cesárea majestad, y otras muchas cosas feas, y tan malas, que el licenciado Juan Altamirano, ya por mí otra vez nombrado, que era la persona á quien Cortés hubo dejado su poder cuando fué á Castilla, se levantó en pié, con su gorra quitada, en los mismos estrados, y dijo al presidente é oidores con mucho acato que suplicaba á su alteza que le mandasen al factor que en los escritos que diese, que fuese bien mirado, y que no le consientan que diga del Marqués, pues es buen caballero y tan grande servidor de vuestra alteza, tan malas y feas palabras, é que demande su justicia como debe; y no aprovechó cosa ninguna lo que el licenciado Altamirano allí en los estrados les suplicó, porque para otro dia tuvo el factor otros más feos escritos; y fué la cosa, segun despues alcanzamos á saber, que el Nuño de Guzman y el Delgadillo le daban lugar á ello en tal manera, que el licenciado Altamirano y el factor, y del presidente é oidores, sobre los escritos vinieron á palabras muy feas é sentidas que entre ellos dijeron, y el Altamirano echó mano á un puñal para el factor, y le iba á dar si no se abrazara con él Nuño de Guzman y Matienzo y Delgadillo, y luego toda la ciudad revuelta, y llevaron preso á las atarazanas al licenciado Altamirano, y al factor á la posada; y los conquistadores fuimos al presidente á suplicar por el Altamirano, y dende allí á tres dias le sacaron de la prision y los hicimos amigos.

Y pasemos adelante, que hubo luego otra tormenta mayor, y fué, que en aquella sazon habia aportado allí á Méjico un deudo del capitan Pánfilo de Narvaez, el cual se decia Zavallos, que le enviaba dende Cuba su mujer del Pánfilo de Narvaez, la cual se decia María de Valenzuela, en busca de su marido Narvaez, que habia ido por gobernador al rio de Palmas, porque ya tenia fama que era perdido ó muerto; y trujo su poder para haber sus bienes do quiera que los hallase, y tambien creyendo que habia aportado á la Nueva-España; y como llegó á Méjico este Zavallos, secretamente, segun el Zavallos dijo y ansí fué fama, el Nuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo le hablaron para que ponga demanda y dé queja de todos los conquistadores que fuimos juntamente con Cortés en desbaratar á Narvaez, y se le quebró el ojo y se quemó su hacienda, y tambien demandó la muerte de los que allí murieron; y el Zavallos, dada su queja como se lo mandaron, y grandes informaciones dello, prendieron á todos los conquistadores que en aquella ciudad nos hallamos, que en las probanzas vieron que fueron en ello, que pasaron de más de ducientos y cincuenta, y á mí tambien me prendieron, y nos sentenciaron en ciertos pesos de oro de tipuzque, y nos desterraron de cinco leguas de Méjico, y luego nos alzaron el destierro, y aun á muchos de nosotros no nos demandaron el dinero de la sentencia, porque era poca cosa.

Y tras esta tormenta, ponen á Cortés otra demanda las personas que mal le querian, y fué, que se habia alzado con mucha cantidad de oro y joyas y plata de gran valía, que se hubo en la toma de Méjico, y aun la recámara de Guatemuz, y que no dió parte dello á los conquistadores, sino á cosa de ochenta pesos, y que en su nombre le envió á Castilla, diciendo que servia á su majestad con ello, y se quedó con la mayor parte dello, que no lo envió todo: y eso que envió, que lo robó en el mar un Juan Florin, frances, corsario, que fué el que ahorcaron en el Puerto Pico, como dicho tengo en los capítulos que dello hablan, y que era obligado el Cortés á pagar todo aquello que el Juan Florin robó, y más lo que escondió, y le pusieron otras demandas, y en todas le condenaban que lo pagase de sus bienes, y se los vendian; y tambien tuvieron manera y concertaron para que un Juan Suarez, cuñado de Cortés, demandase públicamente en los estrados, como se lo mandaron, y presentó testigos cómo y de qué manera dicen que fué su muerte.