Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)
Part 11
Pues ya dado uno de los mejores navíos de los tres que allí estaban, y metido matalotaje, y despues de haber oido Misa, dan velas, y quiere nuestro Señor dalles tan buen tiempo, que en pocos dias llegaron á la Nueva-España, y vanse derechamente á la bahía cerca de Pánuco, la cual bahía sabia muy bien el Martin de Orántes; y como saltó en tierra, dando muchas gracias á Dios por ello, luego se disfrazó el Martin de Orántes porque no le conociesen, y quitó sus vestidos, y tomó otros como de labrador, porque así le fué mandado por Cortés, y aun llevó hechos los vestidos de Trujillo; y con todas sus cartas y poderes bien liados en el cuerpo, de manera que no hiciesen bulto, iba á más andar por su camino á pié, que era suelto peon, á Méjico, y cuando llegaba á los pueblos de indios donde habia españoles, metíase entre los indios por no tener pláticas, no le conociesen los españoles; é ya que no podia ménos de tratar con españoles, no le podian conocer, porque ya habia dos años y tres meses que salimos de Méjico y le habian crecido las barbas, y cuando le preguntaban algunos cómo se llamaba, adónde iba ó venia, que acaso no podia ménos de respondelles, decia que se decia Juan de Flechilla é que era labrador.
Por manera que en cuatro dias que salió del navío, entró en Méjico de noche y se fué á la casa de los frailes de señor San Francisco, donde halló muchos retraidos, y entre ellos á Jorge de Albarado y á Andrés de Tapia, y á Juan Nuñez de Mercado é á Pedro Moreno Medrano, y á otros conquistadores y amigos de Cortés; y como vieron al de Orántes y supieron que Cortés era vivo, y vieron sus cartas, no podian estar de placer los unos é los otros, y saltaban y bailaban; pues los frailes franciscos, y entre ellos Fray Toribio Motolinea y un Fray Domingo Altamirano, daban todos saltos de placer y muchas gracias á Dios por ello, y luego sin más dilacion cierran todas sus puertas del monasterio, porque ninguno de los traidores, que habia muchos, fuesen á dar mandado ni hubiese pláticas sobre ello; y á media noche lo hacen saber al tesorero y al contador Albornoz y á otros amigos de Cortés; y así como lo supieron, sin hacer ruido, vinieron á San Francisco y vieron los poderes que Cortés les enviaba, y acordaron sobre todas cosas de ir á prender al factor; y toda la noche se les fué en apercebir amigos é armas para otro dia por la mañana le prender, porque el veedor en aquel tiempo estaba sobre el peñol de Coatlan; y como amaneció, fué el tesorero con todos los del bando de Cortés, y el Martin de Orántes con ellos, porque le conociesen y se alegrasen; y fueron á las casas del factor diciendo:
—«Viva, viva el Rey nuestro Señor, y Hernando Cortés en su Real nombre, que es vivo é viene agora á esta ciudad, é yo soy su criado Orántes.»
Y como oian aquel ruido los vecinos, y tan de mañana oian decir «Viva el Rey,» todos acudieron, como eran obligados, á tomar armas, creyendo que habia alguna otra cosa, para favorecer las cosas de su Majestad; y despues que oyeron decir que Cortés era vivo é vieron al Orántes, se holgaban; y luego se juntaron con el tesorero para ayudalle muchos vecinos de Méjico, porque, segun pareció, el contador no ponia en ello mucho calor; ántes le pesaba y andaba doblado, hasta que el Alonso de Estrada se lo reprendió, y aun sobre ello tuvieron palabras muy sentidas y feas, que no le contentaron mucho al contador; é yendo que iban á las casas del factor, ya estaba muy apercebido; que luego lo supo, que le avisó dello el mismo contador cómo le iban á prender; y mandó asestar su artillería delante de sus casas, y era capitan della D. Luis de Guzman, primo del duque de Medina-Sidonia, y tenia sus capitanes apercebidos con muchos soldados; decíanse los capitanes Artiaga y Ginés y Pedro Gonzalez; y así como llegó el tesorero y Jorge de Albarado y Andrés de Tapia é Pedro Moreno, con todos los demas conquistadores, y el contador, aunque flojamente y de mala gana, con todas sus gentes, apellidando: «Aquí del Rey, y Hernando Cortés en su Real nombre;» les comenzaron á entrar, unos por las azuteas, y otros por las puertas de los aposentos y por dos partes.
Todos los que eran de la parte del factor desmayaron, porque el capitan de la artillería, que fué D. Luis de Guzman, tiró por su parte, é los artilleros por la suya, y desmampararon los tiros; pues el capitan Artiaga dió priesa en se esconder, y el Ginés Nortes se descolgó y echó por unos corredores abajo; que no quedó con el factor sino Pedro Gonzalez Sabiote y otros cuatro criados del factor; y como se vió desmamparado, el mismo factor tomó un tizon para poner fuego á los tiros; mas diéronle tanta priesa, que no pudo más, y allí le prendieron y le pusieron guardas, hasta que hicieron una red de maderos gruesos y le metieron dentro, y allí le daban de comer, y en esto paró la cosa de su gobernacion; y luego hicieron mensajeros á todas las villas de la Nueva-España, dando relacion de todo lo acaecido; y estando desta manera, á unas personas les placia, y á los que el factor habia dado indios y cargos les pesaba.
Y fué la nueva al peñol de Coatlan y á Guaxaca, donde estaba el veedor; y como lo supo él y sus amigos, fué tan grande la tristeza y pesar que tomó, que luego cayó malo, y dejó el cargo de capitan á Andrés de Monjaraz, que estaba malo de bubas, ya otra vez por mí nombrado, y se vino en posta á la ciudad de Tezcuco y se metió en el monasterio de San Francisco; y como el tesorero y el contador, que ya eran gobernadores, lo supieron, le enviaron á prender allí en el monasterio; porque ántes que se viniese el veedor habia enviado alguaciles con mandamientos y soldados á le prender do quiera que le hallasen, y aun á quitarle el cargo de capitan; y como supieron los alguaciles que estaba en Tezcuco, le sacaron del monasterio y le trajeron á Méjico, y le echaron en otra jaula como al factor; y luego en posta envian mensajeros á Guatimala, á Pedro de Albarado, y le hacen saber de la prision del factor y veedor; y como Cortés estaba en Trujillo, que no es muy léjos de su conquista, que fuese luego en su busca y le hiciese venir á Méjico, y le dieron cartas y relacion de todo lo por mí arriba dicho, segun y de la manera que pasó.
Y demas desto, la primera cosa que el tesorero hizo, fué mandar honrar á Juana de Mansilla, que habia mandado azotar el factor por hechicera; y fué desta manera, que mandó cabalgar á caballo á todos los caballeros de Méjico, y el mismo tesorero la llevó á las ancas de su caballo por las calles de Méjico, y decia que como matrona romana hizo lo que hizo, y la volvió en su honra de la afrenta que el factor la habia hecho; y con mucho regocijo la llamaron de allí adelante doña Juana de Mansilla, y dijeron que era digna de mucho loor, pues no la pudo hacer el factor que se casase ni dijese ménos de lo que primero habia dicho, que su marido y Cortés y todos éramos vivos.
CAPÍTULO CLXXXIX.
CÓMO EL TESORERO, CON OTROS MUCHOS CABALLEROS, ROGARON Á LOS FRAILES FRANCISCOS QUE ENVIASEN Á UN FRAY DIEGO DE ALTAMIRANO, QUE ERA DEUDO DE CORTÉS, QUE FUESE EN UN NAVÍO Á TRUJILLO Y LO HICIESE VENIR, Y LO QUE SUCEDIÓ.
Como el tesorero y otros caballeros de la parte de Cortés vieron que convenia que luego viniese Cortés á la Nueva-España, porque ya se comenzaban bandos, y el contador no estaba de buena voluntad para que el factor ni el veedor estuviesen presos, y sobre todo, temia el contador á Cortés en gran manera cuando supiese lo que habia escrito dél á su majestad, segun lo tengo ya dicho en dos partes, en los capítulos pasados que dello hablan, acordaron de ir á rogar á los frailes franciscos que diesen licencia á fray Diego Altamirano que en un navío que le tenian presto y bien abastecido, y con buena compañía, fuese á Trujillo é hiciese venir á Cortés; porque aqueste religioso era su pariente, y hombre que ántes que se metiese fraile habia sido soldado é hombre de guerra, y sabia de negocios, y los frailes lo hubieron por bien, y el fraile Altamirano, que lo tenia en voluntad.
Dejemos de hablar en el viaje del fraile, que se está apercibiendo, y diré que, como el factor y veedor estaban presos, y pareció ser que, como dicho tengo otras veces, el contador andaba muy doblado y de mala voluntad, y viendo que las cosas de Cortés se hacian prósperamente; y como el factor solia tener por amigos á muchos hombres bandoleros que siempre quisieron cuestiones y revueltas, y porque tenian buena voluntad al factor y al Chirinos, porque les daban pesos de oro é indios, acordaron de se juntar muchos dellos, y aun algunas personas de calidad y de todos jaeces, y tenian concertado de soltar al factor y al veedor, y de matar al tesorero y á los carceleros, y dicen que lo sabia el contador é se holgaria mucho dello.
Y para ponello en efecto hablaron muy secretamente á un cerrajero que hacia ballestas, que se decia Guzman, hombre soez, que decia gracias y chocarrerías; y le dijeron muy secreto que les hiciese unas llaves para abrir las puertas de la cárcel y de las redes donde estaba el factor y el veedor, y que se lo pagarian muy bien, y le dieron un pedazo de oro en señal de la hechura de las llaves, y le previnieron y dijeron y encargaron que mirase que lo tuviese en muy secreto; y el cerrajero dijo con palabras muy halagüeñas é alegres que le placia, y que hubiesen ellos más secreto de lo que mostraban, pues aquel caso en que tanto iba, se lo descubrieron á él, sabiendo quién era, que no lo descubriesen á otros, y que se holgaba que el factor y el veedor saliesen de la prision; y preguntándoles que quién y cuántos eran en el negocio, é adónde se habian de llegar cuando fuesen á hacer aquella buena obra, é qué dia é qué hora, y todo se lo decian muy claramente, segun lo tenian acordado; y comenzó á forjar unas llaves segun la forma de los moldes que le traian para hacerlas, y no para que las hiciese perfectas ni podrian abrir con ellas, y esto hacia adrede, porque fuesen y viniesen á su tienda á la obra de las llaves para que las hiciese buenas, y entre tanto saber más de raíz el concierto que estaba hecho; y miéntras más se dilató la hechura de las llaves, mejor lo alcanzó á saber; y venido el dia que habian de ir con sus llaves, que ya habia hecho buenas, y todos puestos á punto con sus armas, fué el cerrajero de presto en casa del tesorero Alonso de Estrada y le da relacion dello, y sin más dilacion, cuando lo supo el tesorero, envia secretamente á apercebir á todos los que eran del bando de Cortés, sin hacello saber al contador, y van á la casa donde estaban recogidos los que habian de soltar al factor, y de presto prenden hasta veinte hombres de los que estaban armados, y otros se huyeron, que no se pudieron haber; y hecha la pesquisa á qué se habian juntado, hallóse que era para soltar á los por mí nombrados y matar al tesorero; y allí tambien se supo que el contador lo habia por bien, y cómo habia entre ellos tres ó cuatro hombres muy revoltosos y bandoleros, y en todas las zizañas y revueltas que en Méjico en aquella sazon habian pasado se habian hallado, y aun el uno dellos habia hecho fuerza á una mujer de Castilla.
Despues que se hizo proceso contra ellos, el cual hizo un bachiller que se decia Ortega, que estaba por alcalde mayor y era de su tierra de Cortés, sentenció los tres dellos á ahorcar y á otros á azotar, y decíanse los que ahorcaron, el uno Pastrana y el otro Valverde y el otro Escobar, y los que azotaron no me acuerdo sus nombres; y el cerrajero se escondió por muchos dias, que hubo miedo no le matase la parcialidad del factor por haber descubierto aquello que con tanto secreto se lo dijeron.
Dejemos de hablar en esto, pues que ya son muertos, y aunque vaya tan gran salto, como diré, fuera de nuestra relacion, tambien lo que agora diré viene á coyuntura, y es que, como el factor hubo enviado la nao con todo el oro que pudo haber para su majestad, segun dicho tengo en los capítulos pasados, y escribió á su majestad que Cortés era muerto, y como se le hicieron las honras, y hizo saber otras cosas que le convenian, y enviaba á suplicar á su cesárea majestad que le hiciese merced de la gobernacion; pareció ser que en la misma nao que él envió sus despachos iban otras cartas muy encubiertas, que el factor no pudo saber dellas; las cuales cartas eran para su majestad, y que supiese todo lo que pasaba en la Nueva-España y de las injusticias y cosas atroces que el factor y veedor habian hecho; y demas desto, ya tenia su majestad relacion dello por parte de la audiencia Real de Santo Domingo y de los frailes jerónimos, cómo Cortés era vivo y que estaba sirviendo á su Real Corona en conquistar y poblar la provincia de Honduras; y de que los del Real Consejo de las Indias y el comendador de Leon lo supieron, lo hicieron saber á su majestad; y entónces dicen que dijo el Emperador nuestro señor.
—«Mal hecho ha sido todo lo que han hecho en la Nueva-España en se haber levantado contra Cortés, y mucho me han deservido; pues es vivo (téngole por tal), serán castigados por justicia los malhechores en llegando que llegue á Méjico.»
Volvamos á nuestra relacion, y es, que el fraile Altamirano se embarcó en el puerto de la Veracruz, segun estaba acordado, y con buen tiempo en pocos dias llegó al puerto de Trujillo, donde estaba Cortés; y cuando los de la villa y Cortés vieron un navío poderoso venir á la vela hácia el puerto, luego pensaron lo que fué, que venia de la Nueva-España para le llevar á Méjico.
Y como hubo tomado puerto, y salió el fraile á tierra muy acompañado de los que traia en su compañía, y Cortés conoció algunos dellos que habia visto en Méjico, todos le fueron á besar las manos, y el fraile le abrazó, y con palabras muy santas y buenas se fueron á la iglesia á hacer oracion, y dende allí á los aposentos, adonde el Padre Fray Diego Altamirano le dijo que era su primo, y le contó lo acaecido en Méjico, segun más largamente lo tengo escrito, y lo que Francisco de las Casas habia hecho por Cortés, y cómo era ido á Castilla; todo lo cual que le dijo el fraile, lo sabia Cortés por la carta del licenciado Zuazo, como dicho tengo en el capítulo que dello habla; y Cortés mostró gran sentimiento dello, y dijo que, pues nuestro Señor Dios fué servido que aquello pasase, que le daba muchas gracias por ello y por estar Méjico ya en paz, y que él se queria ir luego por tierra, porque por la mar no se atrevia, porque, como se hubo embarcado la otra vez dos veces, y no pudo navegar porque las aguas vienen muy corrientes y contrarias, y habia de ir siempre con trabajo, y tambien como estaba flaco.
Luego le dijeron los pilotos que en aquel tiempo era en el mes de Abril, y que no hay corrientes y es la mar bonanza, por manera que acordó de embarcarse; y no se pudo hacer luego á la vela, hasta que viniese el capitan Gonzalo de Sandoval, que le habia enviado á unos pueblos que se dicen Olancho, que estaban de allí hasta cincuenta y cinco leguas, porque habia ido pocos dias habia á echar de aquella tierra un capitan de Pedro Arias de Ávila, que se decia Rojas, el que habia enviado Pedro Arias á descubrir tierras y buscar minas dende Nicaragua, despues que hubo degollado al Francisco Hernandez, como dicho tengo; porque, segun pareció, los indios de aquella provincia de Olancho se vinieron á quejar á Cortés cómo muchos soldados de los de Nicaragua les tomaban sus hijas y sus mujeres, y les robaban sus gallinas y todo lo que tenian; y el Sandoval fué con brevedad, y llevó sesenta hombres, y quiso prender al Rojas, y por ciertos caballeros que se metieron de por medio de la una parte y de la otra, los hicieron amigos, y aun le dió el Rojas al Sandoval un indio paje para que le sirviese; y luego en aquella sazon llegó la carta de Cortés al Sandoval para que luego sin más dilacion se viniese con todos sus soldados, y le dió relacion de cómo vino el fraile, y todo lo acaecido en Méjico; y como lo entendió, hubo mucho placer y no via la hora que dar vuelta, y vino en posta despues de haber echado de allí al Rojas; y luego Cortés, como vido al Sandoval, hubo mucho placer, é da sus instrucciones al capitan Saavedra, que quedaba por su teniente en aquella provincia, y lo que tenia que hacer; y escribió al capitan Luis Marin y á todos nosotros que luego nos fuésemos camino de Guatimala, y nos hizo saber todo lo acaecido en Méjico, segun y de la manera que aquí se hace mencion, y lo de la venida del fraile, y de la prision del factor y veedor, segun y como aquí va declarado; y tambien mandó que el capitan Godoy, que quedaba en Puerto de Caballos poblado, se pasase á Naco con toda su gente; las cuales cartas dió á Saavedra para que con gran diligencia nos las enviase, y el Saavedra no quiso encaminarlas, por malicia, y se descuidó, y supimos que de hecho no quiso dallas; que nunca supimos dellas.
Y volviendo á nuestra relacion, Cortés se confesó con su confesor fray Juan, y recibió al cuerpo de Cristo una mañana, porque, como estaba tan malo, temia morirse; é se embarcó con todos sus amigos, y con buen tiempo llegó en el paraje de la Habana, y porque le hizo mejor tiempo que para la Nueva-España, fué al puerto; con el cual se holgaron todos los vecinos de la Habana sus conocidos, y tomaron refresco; y supo nuevas, de un navío que habia pocos dias que habia aportado é venido de la Nueva-España, que estaba en paz é sosegado Méjico, y que el peñol de Coatlan, como supieron los indios que en él estaban hechos fuertes y daban guerra á los españoles, que Cortés y los conquistadores éramos vivos, vinieron de paz al tesorero debajo de ciertas condiciones; y pasaré adelante.
CAPÍTULO CXC.
CÓMO CORTÉS SE EMBARCÓ EN LA HABANA PARA IR Á LA NUEVA-ESPAÑA, Y CON BUEN TIEMPO LLEGÓ Á LA VERACRUZ, Y DE LAS ALEGRÍAS QUE TODOS HICIERON CON SU VENIDA.
Como Cortés hubo descansado en la Habana cinco dias, no via la hora que estar en Méjico, y luego manda embarcar toda su gente y se hacen á la vela, y en doce dias, con buen tiempo, llegó cerca del puerto de Medellin, enfrente de la isla de Sacrificios, y allí mandó anclear los navíos por aquella noche, é acordó con veinte soldados sus amigos que saltaron en tierra, y vanse á pié obra de media legua junto á San Juan de Ulúa, que así se llamaba, é quiso su ventura que toparon una arria de caballos que venia á aquel puerto de Ulúa con ciertos pasajeros para se embarcar para Castilla, é vase Cortés á la Veracruz en los caballos é mulos de la arria, que serian cinco leguas de andadura, y mandó que no fuesen ningunos á avisar cómo venia; y ántes que amaneciese con dos horas llegó á la villa, y fuese derecho á la iglesia, que estaba abierta la puerta, y se metió dentro en ella con toda su compañía; y como era muy de mañana, vino el sacristan, que era nuevamente venido de Castilla, y como vió la iglesia toda llena de gente forastera, y no conocia á Cortés ni á los que con él estaban, salió dando voces á la calle, llamando á la justicia, que estaban en la iglesia muchos hombres forasteros, para que les mandasen salir della; y á las voces que dió el sacristan, vino el alcalde mayor é otros alcaldes ordinarios, con tres alguaciles é otros muchos vecinos con armas, pensando que era otra cosa, y entraron de repente y comenzaron á decir con palabras airadas que saliesen de la iglesia; y como Cortés estaba flaco del camino, no le conocieron hasta que le oyeron hablar, é por los hábitos blancos conocieron á fray Juan de las Varillas, aunque él los traia bien sucios de la mar; y como vieron que era Cortés, vanle todos á besar las manos y dalle la buena venida; pues á los conquistadores que vivian en aquella villa Cortés los abrazaba y los nombraba por sus nombres, qué tales estaban, y les decia palabras amorosas; y luego se dijo Misa, y le llevaron á aposentar en las mejores casas que habia de Pedro Moreno Medrano.
Y estuvo allí ocho dias, y le hicieron muchas fiestas y regocijos, y luego por la posta envian mensajeros á Méjico á decir cómo habia llegado; y Cortés escribió al tesorero y al contador, puesto que supo que no era su amigo el contador, y á todos sus amigos y al monasterio de San Francisco; de las cuales nuevas todos se alegraron; y como lo supieron todos los indios de la redonda, tráenle presentes de oro y mantas, y cacao y gallinas y frutas, y luego se partió de Medellin; é yendo por su jornada, le tenian el camino limpio, y hechos aposentos con grandes enramadas é con mucho bastimento para Cortés y todos los que iban en su compañía.
Pues saber yo decir lo que los mejicanos hicieron de alegrías, que se juntaron con todos los pueblos de la redonda de la laguna, y le enviaron al camino gran presente de joyas de oro y ropa é gallinas, y todo género de frutas de la tierra que en aquella sazon habia, y le enviaron á decir que les perdone, por ser de repente su llegada, que no le envian más; que de que vaya á su ciudad harán lo que son obligados, y le servirán como á su capitan que los conquistó y los tiene en justicia; y de aquella misma manera vinieron otros pueblos.
Pues la provincia de Tlascala no se olvidó mucho, que todos los principales le salieron á recebir con danzas y bailes y regocijos y muchos bastimentos, y desque llegó á obra de tres leguas de la ciudad de Tezcuco, que es casi aquella ciudad tamaña poblacion con sus sujetos como Méjico; de allí salió el contador Albornoz, que á aquel efecto habia venido para recibir á Cortés por estar bien con él, que le temia en gran manera; y juntó muchos españoles de todos los pueblos de la redonda, y con los que estaban en su compañía y los caciques de aquella ciudad, con grandes invenciones de juegos y danzas, fueron á recebir á Cortés más de dos leguas; con lo cual se holgó; y cuando llegó á Tezcuco le hicieron otro gran recibimiento, y durmió allí aquella noche; y otro dia de mañana fué camino de Méjico, y escribióle el tesorero y el cabildo, y todos los caballeros y conquistadores amigos de Cortés, que se detuviese en unos pueblos dos leguas de Tenustitlan, Méjico; que bien pudiera entrar aquel dia, y que lo dejase para otro dia por la mañana, porque gozasen todos del gran recebimiento que le hicieron, y salió el tesorero con todos los conquistadores y caballeros y cabildo de aquella ciudad, y todos los oficiales en ordenanza, y llevaron los más ricos vestidos y calzas y jubones que pudieron con todo género de instrumentos; y los caciques mejicanos por su parte con muchas maneras de invenciones de divisas y libreas que pudieron haber; y la laguna llena de canoas, é indios guerreros en ellas, segun y de la manera que solian pelear con nosotros, en el tiempo de Guatemuz, los que salieron por las calzadas.
Fueron tantos los juegos y regocijos, que se quedarán por decir, pues en todo el dia por las calles de Méjico todo era bailes y danzas, y despues que anocheció muchas lumbres á las puertas.
Pues aun lo mejor quedaba por decir, que los frailes franciscos, otro dia despues que Cortés hubo llegado, hicieron procesiones, dando muchos loores á Dios por las mercedes que les habia hecho en haber venido Cortés.