Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (3 de 3)

Part 10

Chapter 104,146 wordsPublic domain

Y cuando el factor vió la carta de Ordás, la anduvo mostrando en Méjico á unos y á otros, y echó fama que era muerto Cortés y todos los que con él fuimos, é se puso luto, é hizo hacer un túmulo é monumento en la iglesia mayor de Méjico, é hizo las honras por Cortés; y luego se hizo pregonar con trompetas y atabales por gobernador y capitan general de la Nueva-España, y mandó que todas las mujeres que se habian muerto sus maridos en compañía de Cortés, que hiciesen bien por sus almas y se casasen, y aun lo envió á decir á Guacacualco é á otras villas; é porque una mujer de un Alonso Valiente, que se decia Juana de Mansilla, no se quiso casar, y dijo que su marido y Cortés y todos nosotros éramos vivos, y que no éramos los conquistadores viejos personas de tan poco ánimo como los que estaban en el peñol de Coatlan con el veedor Chirinos, porque los indios les daban guerra, y no ellos á los indios, y que tenia esperanza en Dios que presto veria á su marido Alonso Valiente y á Cortés y á todos los más conquistadores viejos de vuelta para Méjico, y que no se queria casar; porque dijo estas palabras la mandó el factor azotar por las calles públicas de Méjico, por hechicera; y tambien, como hay en este mundo hombres traidores aduladores, y era uno dellos uno que le teniamos por hombre honrado, que por su honor aquí no le nombro, dijo al factor delante otras muchas personas que estaba malo de espanto porque, yendo una noche pasada cerca del Taltelulco, que es la iglesia de señor Santiago, donde solia estar el ídolo mayor, que se decia Huichilóbos, que vió en el patio que se ardian en vivas llamas el alma de Cortés y de doña Marina é la del capitan Sandoval, é que de espanto dello estaba muy malo.

Tambien vino otro hombre que no nombro, que tambien le tenian en buena reputacion, é dijo al factor que andaban en los patios de Tezcuco unas cosas malas, y que decian los indios que era el alma de doña Marina y la de Cortés; y todas eran mentiras y traiciones, sino por se congraciar con el factor dijeron aquello, ó el factor se lo mandó decir.

Y en aquel tiempo habia llegado á Méjico Francisco de las Casas y Gil Gonzalez de Ávila, que son los capitanes por mí muchas veces nombrados, que degollaron á Cristóbal de Olí; y de que el de las Casas vió aquellas revueltas y que el factor se habia hecho pregonar por gobernador, dijo públicamente que era mal hecho, y que no se habia de consentir tal cosa, porque Cortés era vivo, y que él ansí lo creia, é que ya que eso fuese, lo cual Dios no permitiese, que para gobernador, que más persona y caballero y más méritos tenia Pedro de Albarado que no el factor, y que le enviasen á llamar al Pedro de Albarado; y secretamente su hermano Jorge de Albarado y aun el tesorero y otros vecinos mejicanos le escribieron para que se viniese en todo caso á Méjico con todos los soldados que tenia, y que procurarian de le dar la gobernacion hasta saber si Cortés era vivo, y enviar á hacer saber á su majestad si fuese servido mandar otra cosa; é que ya que el Pedro de Albarado con aquellas cartas se venia para Méjico, tuvo temor del factor, segun las amenazas le envió á decir al camino que le mataria; é como supo que habian ahorcado á Rodrigo de Paz y preso al licenciado Zuazo, se volvió á su conquista.

Y en aquel tiempo que habia recogido el factor cuanto oro pudo haber en Méjico y Nueva-España, para hacer con ello mensajero á su majestad, y enviar con ello á un su amigo que se decia Peña con sus cartas secretas, y el Francisco de las Casas y el licenciado Zuazo y Rodrigo de Paz se lo contradijeron, y aun tambien el tesorero y contador, que hasta saber nuevas ciertas si Cortés era vivo, que no hiciese relacion que era muerto, pues no lo tenian por cierto, y que si oro queria enviar á su majestad de sus reales quintos, que era muy bien, más que fuese juntamente con parecer y acuerdo del tesorero y contador, y no sólo en su nombre; y porque lo tenian ya en los navíos y para hacerse á la vela con ella, fué el de las Casas con mandamientos del alcalde mayor Zuazo y con favor de Rodrigo de Paz y de los demas oficiales de la hacienda de su majestad y conquistadores, que detuviesen el navío hasta que escribiesen á nuestro Rey de la manera que estaba la Nueva-España; porque, segun pareció, el factor no consentia que otras personas escribiesen, sino solamente sus cartas; y despues que el factor vió que el de las Casas y el licenciado no eran buenos amigos y le iban á la mano, luego los mandó prender, é hizo proceso contra el Francisco de las Casas y contra el Gil Gonzalez de Ávila sobre la muerte de Olí, y los sentenció á degollar, y de hecho queria ejecutar la sentencia, por más que apelaban ante su Majestad; y con gran importunidad les otorgó la apelacion, y los envió á Castilla presos con los procesos que contra ellos hizo; y hecho esto, da luego tras el mismo Zuazo, y que en justo y en creyente lo arrebataron y llevaron en una acémila al puerto de la Veracruz y le embarcaron para la isla de Cuba, diciendo que porque fuese á dar residencia del tiempo que fué en ella juez.

Y que al Rodrigo de Paz, que le echó preso y le demandó el oro y plata que era de Cortés, porque como su mayordomo sabia dello, diciendo que lo tenia escondido, porque lo queria enviar á su Majestad, pues era de los bienes que tenia Cortés usurpados á su majestad; y porque no lo dió, pues era claro que lo tenia, sobre ello le dió tormento, y con aceite y fuego le quemó los piés y aun parte de las piernas, y estaba muy flaco malo de las prisiones, y para morir; y no contento con los tormentos, viendo el factor que si le daba vida, que se iria á quejar dél á su majestad, le mandó ahorcar por revoltoso y bandolero, y que á todos los más soldados y vecinos de Méjico que eran de la banda de Cortés los mandó prender, y se retrujeron en la casa de los frailes franciscos Jorge de Albarado y Andrés de Tapia; y todos los más eran con Cortés, puesto que otros muchos conquistadores se allegaron al factor porque les daba buenos indios, y que andaban á viva quien vence, y que en la casa de la municion de las armas todas las sacó el factor y las mandó llevar á sus palacios, y que la artillería que estaba en la fortaleza y atarazanas las mandó asestar delante de sus casas, é hizo capitan de ella á un don Luis de Guzman, deudo del duque de Medina-Sidonia, y puso por capitan de su guarda á un Artiaga, que ya no se me acuerda el nombre, y para guarda de su persona á un Ginés Nortes y un Pedro Gonzalez Sabiote, y otros soldados que eran de los de Cortés.

Y más decia en la carta que escribió Zuazo á Cortés, que mirase que fuese luego á poner recaudo en Méjico, porque, demas de todos estos males y escándalos, habia otros peores, que habia escrito el factor á su majestad que le habian hallado en su recámara de Cortés un cuño con que marcaba el oro que los indios le traian á escondidas, é que no pagaba quinto dello; y tambien dijo que porque viese cuál andaba la cosa en Méjico, que porque un vecino de Guacacualco que vino á aquella ciudad á demandar unos indios que en aquel tiempo vacaron por muerte de otro vecino de los que estaban poblados en la villa, por muy secretamente que dijo el vecino de Guacacualco á una mujer donde posaba, que por qué se habia casado, que ciertamente era vivo su marido y todos los que fueron con Cortés, y dió causas y razones para ello; como lo supo el factor, que luego le fueron con la parlería, envió por él á cuatro alguaciles, y lo llevaron engarrafado á la cárcel, y lo queria mandar ahorcar por revolvedor, hasta que el pobre vecino; que se decia Gonzalo Hernandez, tornó á decir que, como vido llorar á la mujer por su marido, que por la consolar le habia dicho que era vivo, mas que ciertamente todos éramos muertos; y luego le dió los indios que demandaba, y le mandó que no estuviese más en Méjico y que no dijese otra cosa, porque le mandaria ahorcar.

Y más decia en el cabo de su carta, cómo luego de á poco tiempo que habia salido de Méjico Cortés habia muerto el buen Padre fray Bartolomé, que era un santo hombre, y que le habia llorado todo Méjico, y que le habian enterrado con grande pompa en señor Santiago, é que los indios habian estado todo el tiempo desque murió hasta que le enterraron sin comer bocado, é que los Padres franciscos habian predicado á sus honras y enterramiento, y que habian dicho dél que era un santo varon, y que le debia mucho el Emperador, pero más los indios; pues si al Emperador le habia dado aquellos vasallos, como Cortés y los demas conquistadores viejos, á los indios les habia dado el conocimiento de Dios y ganado sus almas para el cielo; é que habia convertido é bautizado más de dos mil y quinientos indios en Nueva-España, que ansí se lo habia dicho el Padre fray Bartolomé de Olmedo algunas veces al tal predicador; é que habia hecho mucha falta fray Bartolomé de Olmedo, porque con su autoridad é santidad componia las disensiones é ruidos, y hacia bien á los pobres; é luego decia Zuazo que todo en Méjico estaba perdido, y acababa su carta diciendo:

—«Esto que aquí escribo á vuestra merced, pasa ansí, y dejélos allá, y embarcáronme preso, y trujéronme con grillos aquí donde estoy.»

Y despues que Cortés la hubo leido, estábamos tan tristes y enojados, ansí del Cortés, que nos trujo con tantos trabajos, como del factor, y echábamosles dos mil maldiciones, ansí al uno como el otro, y se nos saltaban los corazones de coraje.

Pues Cortés no pudo tener las lágrimas, que con la misma carta se fué luego á encerrar á su aposento, y no quiso que le viésemos hasta más de medio dia, y todos, nosotros aun le dijimos é rogamos que luego se embarcase en tres navíos que allí estaban, y que nos fuésemos á la Nueva-España; y él nos respondió muy amorosa y mansamente, y nos dijo:

—«¡Oh hijos y compañeros mios!, que veo por una parte aquel mal hombre del factor, que está muy poderoso, y temo cuando sepa que estamos en el puerto, no haga otras desvergüenzas y atrevimientos aun más de lo que ha hecho, ó me mate ó ahogue ó eche preso, ansí á mí como á vuestras personas; yo me embarcaré luego con el ayuda de Dios, y ha de ser solamente con cuatro ó cinco de vuestras mercedes, y tengo de ir muy secretamente á desembarcar á puerto que no sepan en Méjico de nosotros, hasta que desconocidos entremos en la ciudad; y demas desto, Sandoval está en Naco con pocos soldados, y ha de ir por tierra de guerra, en especial por Guatimala, que no está en paz. Conviene que vos, señor Luis Marin, con todos los compañeros que aquí venistes en mi busca, os volvais y os junteis con Sandoval, y se vayan camino de Méjico.»

Dejemos esto, y quiero volver á decir que luego que Cortés escribió al capitan Francisco Hernandez, que estaba en Nicaragua, que fué el que enviaba á buscar puerto con el Pedro de Garro, y se le ofreció Cortés que haria por él todo lo que pudiese, y le envió dos acémilas cargadas de herraje, porque sabia que tenia falta dello, y tambien le envió herramientas de minas, y ropas ricas para su vestir, y cuatro tazas y jarros de plata de su vajilla, y otras joyas de oro; lo cual entregó á un hidalgo que se decia Fulano de Cabrera, que fué uno de los cinco soldados que fueron con nosotros en busca de Cortés, y este Cabrera fué despues capitan de Venalcázar, y fué muy esforzado capitan y extremado hombre por su persona, natural de Castilla la Vieja; el cual fué maestre de campo de Blasco Nuñez Vela, é murió en la misma batalla que murió el Virey.

Quiero dejar cuentos viejos, y quiero decir que como yo vi que Cortés se habia de ir á la Nueva-España por la mar, le fuí á pedir por merced que en todo caso me llevase en su compañía, y que mirase que en todos sus trabajos y guerras me habia hallado siempre á su lado y le habia ayudado, y que agora era tiempo que yo conociese dél si tenia respeto á los servicios que yo le habia hecho, y amistad y ruego presente.

Entónces me abrazó y me dijo:

—«Pues si os llevo conmigo, ¿quién irá con Sandoval? Ruégoos, hijo, que vais con vuestro amigo Sandoval; que yo os prometo y empeño estas barbas yo os haga muchas mercedes, que bien os lo debo ántes de ahora.»

En fin, no aprovechó cosa ninguna, que no me dejó ir consigo.

Tambien quiero decir cómo estando que estábamos en aquella villa de Trujillo, un hidalgo que se decia Rodrigo Mañueco, maestresala de Cortés, hombre de palacio, por dar contento y alegría á Cortés, que estaba muy triste, y tenia razon, apostó con otros caballeros que subiria armado de todas armas á una casa que nuevamente habian hecho los indios de aquella provincia para Cortés, segun lo he declarado en el capítulo que dello habla, las cuales casas estaban en un cerro algo alto; y subiendo armado, reventó al subir de la cuesta, y murió dello; y ansimismo, como vieron ciertos hidalgos de los que halló Cortés en aquella villa que no les dejaba cargos, como ellos quisieran, estaban revolviendo bandos, é Cortés lo apaciguó con decir que los llevaria en su compañía á Méjico, é que allá les daria cargos honrosos.

Y dejémoslo aquí, y diré lo que Cortés más hizo, y es, que mandó á un Diego de Godoy, que habia puesto por capitan en el Puerto de Caballos, con ciertos vecinos que estaban malos, y no se podian valer de pulgas y mosquitos y no tenian con qué se mantener, que todas estas miserias tenian, que se pasasen á Naco, pues era buena tierra, é que nosotros nos fuésemos con el capitan Luis Marin camino de Méjico, é si hubiese lugar, que fuésemos á ver la provincia de Nicaragua, para demandalla á su majestad en gobernacion el tiempo andando, si aportase á Méjico; y despues que Cortés nos abrazó y nosotros á él, y le dejamos embarcado, se fué á la vela para su via de Méjico, y nosotros partimos para Naco, y muy alegres en saber que habiamos de caminar la via de Méjico; y con muy gran trabajo é falta de comida llegamos á Naco, y Sandoval se holgó con nosotros, y cuando llegamos, ya el Pedro de Garro, con todos sus soldados, se habia despedido del Sandoval, y se fué muy gozoso á Nicaragua á dar cuenta á su capitan Francisco Hernandez de lo que habia concertado con Sandoval; y luego otro dia que llegamos á Naco nos partimos y fuimos camino de Méjico, y los soldados de la compañía de Garro que habian ido con nosotros á Trujillo se fueron camino de Nicaragua con el presente y carta que Cortés enviaba á Francisco Hernandez.

Dejaré de decir de nuestro camino, y diré lo que sobre el presente sucedió á Francisco Hernandez con el gobernador Pedro Arias de Ávila.

CAPÍTULO CLXXXVI.

CÓMO FUERON POR LA POSTA DENDE NICARAGUA CIERTOS AMIGOS DEL PEDRO ARIAS DE ÁVILA Á HACELLE SABER CÓMO FRANCISCO HERNANDEZ, QUE ENVIÓ POR CAPITAN Á NICARAGUA, SE CARTEABA CON CORTÉS Y SE LE HABIA ALZADO CON LAS PROVINCIAS DE NICARAGUA, Y LO QUE SOBRE ELLO PEDRO ARIAS HIZO.

Como un soldado que se decia Fulano Garabito, y un compañero, y otro que se decia Zamorano eran íntimos amigos de Pedro Arias de Ávila, gobernador de Tierra-Firme, vieron que Cortés habia enviado presentes á Francisco Hernandez, y habian entendido que Pedro de Garro y otros soldados hablaban secretamente con el Francisco Hernandez, y tuvieron sospecha que queria dar aquellas provincias é tierras á Cortés, y demas desto, el Garabito era enemigo de Cortés, porque siendo mancebos, en la isla de Santo Domingo el Cortés le habia acuchillado sobre amores de una mujer; y como el Pedro Arias lo alcanzó, por cartas y mensajeros, á saber, viene más que de paso con gran copia de soldados á pié y á caballo, y prende al Francisco Hernandez; é ya el Pedro de Garro, como alcanzó á saber que venia el Pedro Arias, y muy enojado contra él, de presto se huyó y se vino á nosotros, y si el Francisco Hernandez quisiera venir, tiempo tuvo para hacer lo mismo, y no quiso, creyendo que Pedro Arias lo hiciera de otra manera con él, porque habian sido muy grandes amigos; y despues que el Pedro Arias hubo hecho proceso contra el Francisco Hernandez, y halló que se le alzaba por sentencia, le degolló en la misma villa donde estaba poblando, y en esto paró la venida de Garro y los presentes de Cortés.

Y dejarlo hé aquí, y diré cómo Cortés volvió al puerto de Trujillo con tormenta, y lo que más pasó.

CAPÍTULO CLXXXVII.

CÓMO YENDO CORTÉS POR LA MAR LA DERROTA DE MÉJICO TUVO TORMENTA, Y DOS VECES TORNÓ ARRIBA AL PUERTO DE TRUJILLO, Y LO QUE ALLÍ LE AVINO.

Pues como dicho tengo en el capítulo pasado que Cortés se embarcó en Trujillo para ir á Méjico, pareció ser tuvo tormentas en la mar, unas veces con viento contrario, é otra vez se le quebró el mástil del trinquete y mandó arribar á Trujillo; y como estaba flaco y mal dispuesto y quebrantado de la mar, y muy temeroso de ir á la Nueva-España, por temor no le prendiese el factor, parecióle que no era bien ir en aquella sazon á Méjico; y desembarcado en Trujillo, mandó á fray Juan, que se habia embarcado con Cortés, que dijese Misas al Espíritu Santo é hiciese procesion y rogativas á nuestro Señor Dios y á Santa María nuestra Señora la Vírgen, que le encaminase lo que más fuese para su santo servicio; y pareció ser el Espíritu Santo le alumbró de no ir por entónces aquel viaje, sino que conquistase y poblase aquellas tierras; y luego sin más dilacion envió por la posta á mata-caballo tres mensajeros tras nosotros, que íbamos camino de Méjico, é nos envió sus cartas rogándonos que no pasásemos más adelante, y que conquistásemos y poblásemos la tierra, porque el Santo Ángel de su guarda se lo ha alumbrado y puesto en el pensamiento, y que él ansí lo piensa hacer.

Y cuando vimos la carta y que tan de hecho lo mandaba, no lo pudimos sufrir y le echábamos mil maldiciones, y que no hubiese ventura en todo cuanto pusiese mano, pues ansí nos habia echado á perder; y demas desto, dijimos todos á una al capitan Sandoval que si queria poblar, que se quedase con los que quisiese, que harto conquistados y perdidos nos traia, y que jurábamos que no le habiamos de guardar más, sino irnos á las tierras de Méjico, que ganamos; y ansimismo el Sandoval era de nuestro parecer; y lo que con nosotros pudo acabar fué, que le escribiésemos por la posta con los mismos sus mensajeros que nos trujeron las cartas, dándole á entender nuestra voluntad; y en pocos dias recibió nuestras cartas con firmas de todos; y las respuestas que á ellas nos dió, fué ofrecerse en gran manera á los que quisiésemos quedar á poblar aquella tierra, y en cabo de aquella carta traia una cortapisa que decia que si no le querian obedecer como lo mandaba, que en Castilla y en todas partes habia soldados.

Y de que aquella respuesta vimos, todos nos queriamos ir camino de Méjico é perdelle la vergüenza; y como aquello vió Sandoval, muy afectuosamente y con grandes ruegos nos importunó que aguardásemos algunos dias, que él en persona iria á hacer embarcar á Cortés; y le escribimos en respuesta de la carta, que ya habia de tener compasion y otro miramiento del que tiene, de habernos traido de aquella manera, y que por su causa nos han robado y vendido nuestras haciendas y tomado los indios; y los más soldados que allí con nosotros estaban, que eran casados, dijeron que ni sabian de sus mujeres é hijos; y le suplicamos todos que luego se volviese á embarcar y se fuese camino de Méjico; porque, ansí como dice que hay soldados en Castilla y en todas partes, que tambien sabe que hay gobernadores y capitanes puestos en Méjico, é que do quiera que llegáremos nos darán nuestros indios aunque les pese, y no le estaremos á Cortés aguardando que por su mano nos los dé; y luego fué Sandoval, y llevó en su compañía á un Pedro de Saucedo el romo, y á un herrador que se decia Francisco Donaire, y llevó consigo su buen caballo, que se decia Motilla, y juró que habia de hacer embarcar á Cortés y que se fuese á Méjico.

Y porque he traido aquí á la memoria del caballo Motilla, fué de mejor carrera y revuelto, y en todo de buen parecer, castaño escuro, que hubo en la Nueva-España; y tanto fué de bueno, que su majestad tuvo noticia dél, y aun el Sandoval se lo quiso enviar presentado.

Dejemos de hablar del caballo Motilla, y volvamos á decir que Sandoval me demandó á mí mi caballo, que era muy bueno, así de juego como de carrera y de camino, y este caballo hube en seiscientos pesos, que solia ser de un Abalos, hermano de Saavedra, porque otro que truje me le mataron en una entrada de un pueblo que se dice Zulaco, que me habia costado en aquella sazon sobre seiscientos pesos; y el Sandoval me dió otro de los suyos á trueco del que le dí, que no me duró el que me dió dos meses, que tambien me lo mataron en otra guerra; y no me quedó sino un potro muy ruin que habia mercado de los mercaderes que vinieron de Trujillo, como otras veces he dicho en el capítulo que dello habla.

Volvamos á nuestra relacion, y dejemos de contar de las averías de caballos y de mi trabajo, é que ántes que Sandoval de nosotros partiese, nos habló á todos con mucho amor y dejó á Luis María por capitan, y nos fuimos luego á unos pueblos que se dicen Marayani, y desde allí á otro pueblo que en aquella sazon era de muchas casas, que se decia Acalteca, y que allí esperásemos la respuesta de Cortés; y en pocos dias llegó Sandoval á Trujillo, y se holgó mucho el Cortés de ver al Sandoval, y como vió lo que le escribiamos, no sabia qué consejo tomar, porque ya habia mandado á su primo Saavedra, que era capitan, que fuese con todos los soldados á pacificar los pueblos que estaban de guerra; y por más palabras é importunaciones que el Sandoval dijo á Cortés y Pedro de Saucedo el romo y el fray Juan de Varillas, que tambien deseaba volverse á Méjico para ver qué dejó ordenado fray Bartolomé, é si habian venido más frailes de su hábito, nunca se quiso embarcar Cortés; y lo que pasó diré adelante.

CAPÍTULO CLXXXVIII.

CÓMO CORTÉS ENVIÓ UN NAVÍO Á LA NUEVA-ESPAÑA, Y POR CAPITAN DEL Á UN CRIADO SUYO QUE SE DECIA MARTIN DE ORÁNTES, Y CON CARTAS Y PODERES PARA QUE GOBERNASE FRANCISCO DE LAS CASAS Y PEDRO DE ALBARADO SI AHÍ ESTUVIESE, Y SI NO, EL ALONSO DE ESTRADA Y EL ALBORNOZ.

Pues como Gonzalo de Sandoval no pudo acabar que Cortés se embarcase, sino que todavía quiso conquistar y poblar aquella tierra, que en aquella sazon era bien poblada y habia fama de minas de oro, fué acordado por Cortés é Sandoval que luego sin más dilacion enviase un navío á Méjico con un criado suyo que se decia Martin de Orántes, hombre diligente, que se podia fiar dél cualquier negocio de importancia, y fuese por capitan del navío, y llevó poderes para Pedro de Albarado y Francisco de las Casas, si estuviesen en Méjico, para que fuesen gobernadores de la Nueva-España hasta que Cortés fuese; y si no estaban en Méjico, que gobernase el tesorero Alonso de Estrada y el contador Albornoz, segun y de la manera que les habia de ántes dado el poder; y revocó los poderes del factor y veedor, y escribió muy amorosamente, así al tesorero como á Albornoz, puesto que supo de las cartas contrarias que hubo escrito á su majestad contra Cortés; y tambien escribió á todos sus amigos de los conquistadores, y mandó al Martin de Orántes que fuese á desembarcar á una bahía entre Pánuco y la Veracruz; y así se lo mandó Cortés al piloto y marineros, y aun se lo pagó muy bien, y que no echasen en tierra otra persona, salvo al Martin de Orántes, y que luego en echándolo en tierra, alzasen anclas y diesen velas y se fuesen á Pánuco.