Un paseo por Paris, retratos al natural

Part 22

Chapter 22 3,752 words Public domain Markdown

A nuestra izquierda, habia una mesa rodeada de obreros, que sin duda acababan de comer. Ya de sobremesa, pasaban el rato en acertar charadas ó adivinaciones. Uno preguntó: ¿cuál es la cosa que más se pega? Este decia que era la resina; aquel que el alquitran; el uno que la cola; el otro que el aceite, el de más allá, que la trementina; el que le sigue, que la pez, y así cada cual decia su cosa. No, gritó uno con mucha fuerza; con resuelta seguridad; casi, casi con inspiracion. Nadie ha acertado, y diciendo esto, daba fuertes golpes sobre la mesa. Todos los comensales que nos pudimos enterar del juego, teniamos la cara vuelta, y esperábamos, con creciente curiosidad, ver en qué paraba el acertijo.

--Señores, dijo solemnemente el obrero que tenia la palabra, lo que más se pega en este mundo es el dinero.

Una carcajada espontánea y unánime, una general aclamacion de risas y de bravos, contestó á la ocurrencia del menestral. En efecto, es un chiste verdaderamente ingenioso, salado, de buena ley.

=Dia vigésimo tercero al trigésimo=.

Versos.--Asesinato de la calle del Duque de Alba.--Mataderos públicos. --Monte-Pio.--Hospicios y hospitales.--Locos del Sena.--Movimiento de la poblacion.--Casamientos.--Caja de ahorros.--Caja de descuentos. --Presupuesto de Paris.--Consumos.--Aduana.--Sociedades mercantiles. --Ferro-carriles.--Correos.--Presupuesto general.--Comercio.--Deuda pública.--Estadística de Inglaterra.--Palacio Real.--Bolsa. --Tullerías.--Louvre.--Luxemburgo.--Inválidos.--Panteon.--Luisa.

Han pasado ocho dias, y tengo tantas cosas que decir, que no sé por donde comenzar. Mi ida á Sevilla, en un término más ó menos próximo, es cosa resuelta, y por una elaboracion de la fantasía, independiente de la voluntad, he compuesto á mi tierra natal unos malos versos.

Sé muy bien, sé y conozco perfectamente que no debo al cielo el don de poeta; sé que no se agita en mi alma ese divino espíritu, esa especie de delirio sagrado. Al insertar en estos apuntes aquellos versos, no los ofrezco como una gala de imaginacion, ni como una muestra de poesía, (¡Dios me libre de tan necio orgullo!) sino como un testimonio de mi cariño á la hermosa ciudad, en donde me cupo la ventura de nacer. Además de los versos á Sevilla, he escrito un entremés casero para el album de una amiga nuestra de Madrid, la cual ha escrito á mi compañera, exigiéndola el cumplimiento de la palabra que mi mujer la dió, hace más de un año. Mi compañera me puso asedio, y los lectores que sean casados, comprenderán que quiero decir: ha sido necesario ceder.

En estos ocho dias hemos recibido cartas de España, en que se nos habla de un asesinato cometido en la persona de un prestamista, que vivia en la calle del Duque de Alba, esquina á la de los Estudios. Los asesinos son una mujer, llamada Manuela Bernaola, y tres hombres, llamados Ignacio Cabezudo, el Feo y el Pequeño. Con este motivo, he leido los periódicos de Madrid, y he encontrado noticias tan extrañas sobre aquel crimen horroroso, que no he podido menos de escribir á un amigo, con el fin de que adquiera los más datos posibles y me los remita. Presumo que la historia oculta de dicho atentado no debe carecer de cierto interés, tengo una fundada confianza en la capacidad y diligencia del amigo, á quien pido informes sobre el hecho, y casi ofrezco á mis lectores algunos detalles curiosos.

En la semana transcurrida, en esos ocho dias de huelga, hemos empleado las vacaciones en visitar el palacio Real, la Bolsa, las Tullerías y el Louvre, el palacio de Luxemburgo, los Inválidos, el Panteon; hemos visto tambien, no sin un grande asombro, los mataderos públicos; el Monte-Pio, algunos hospicios y hospitales, el establecimiento de los locos del Sena; hemos adquirido noticias sobre el movimiento de la poblacion; sobre los casamientos que han tenido lugar en este año; sobre el estado y operaciones de la Caja de ahorros y de la de descuentos, y sobre el fabuloso presupuesto de esta ciudad; sobre sus increibles consumos; sobre el movimiento de su aduana; sobre las sociedades mercantiles existentes en todo el imperio; sobre ferro-carriles, renta de correos, presupuesto general del Estado, comercio, deuda pública y otros detalles estadísticos. Á fin de poder apreciar la importancia de este órden de cosas, he tenido que adquirir algunas noticias sobre la Estadística de Inglaterra, y me parece que mis lectores no llevarán á mal el tener idea de estos verdaderos prodigios europeos. Por fin, en todo el tiempo transcurrido desde mi última revista, la pobre Luisa no ha dejado de vivir en nuestra memoria y en nuestro corazon; lo cual quiere decir que no ha dejado de vivir con nosotros, como si fuese nuestra hermana, ó nuestra amiga de la niñez. ¡Qué poco se figurará esa pobre mujer, que dos extranjeros piensan en ella, como si se tratara de un individuo de su propia familia! Pero mi mujer y yo nos preguntamos muy á menudo: ¿no sabrá Luisa el vivo interés que nos inspira su desgracia? ¿No la habrá dicho nada madama Fonteral? No puedo persuadirme de semejante cosa. Dejaria madama Fonteral de ser mujer. Acaso no hubiera dicho nada, ó al menos hubiera dicho poco, si no la hubiésemos encargado sigilo; pero no hablar sobre el asunto, cuando la encarecimos el secreto; no decir nada del secreto que se la fia; no revelar aquel misterio de que ella se enamora; no llevarse el dedo á la boca, imponiendo silencio á Luisa; no cogerla del brazo; no llevarla aparte; no mirar con aire aturdido á uno y otro lado como para ver si es oida de alguno; no cuchichear al oído de aquella pobre jóven; no descubrirla todo lo que nosotros la habiamos suplicado que ocultara; renunciar al placer supremo de esa _patética pantomima_, decididamente, lectores mios, eso no lo ha hecho madama Fonteral; eso no lo hace ninguna mujer; eso seria un milagro, y el milagro no es el genio de nuestro siglo, sobre todo, no es la gracia especial de las mujeres de Paris.

Al hablarnos madama Fonteral de la entrevista que con Luisa tuvo, nos aseguró, poniéndose el dedo índice á través de los labios, que nada la habia revelado acerca de nosotros. Yo dije para mí: esto significa que se lo ha dicho todo, desde la a hasta la z.

Al dia siguiente, Luisa se asoma al balcon. ¿Qué hace? Mira con ansiedad. ¿A dónde mira? Á uno de los balcones de nuestro hotel, á uno de los balcones de nuestra estancia; nos mira á nosotros. ¡Cuitada madama Fonteral! ¡Cuitado de mí! Recibo la mirada tímida y vacilante de la pobre Luisa, y aquella timidez recatada, aquella medrosa vacilacion, me imponen casi miedo. No sé qué hay en aquellos ojos, en aquella mirada, en aquella terrible confesion de sus dolores, en aquel llanto mudo de su conciencia, no sé qué hay allí; pero lo cierto es que yo no puedo resistir aquella mirada indecisa y ansiosa. Luisa mira desde su balcon, y mi mujer y yo nos retiramos, porque á mi mujer le sucede lo propio que á mí: no tiene valor para sufrir con calma aquel triste saludo de un corazon despedazado, no tiene valor para contestar á Luisa con una mirada de compasion y de inteligencia, que querria decir: ¡pobre mujer! ya sé tu desgracia, tu martirio, tu culpa, tu deshonra.

Para comunicar á mis lectores el gran cúmulo de noticias que en estos ocho dias he adquirido, seguiré el órden del sumario.

Empezarémos por los versos: dice el adagio que el mal camino conviene andarlo pronto.

I.

Oye, Sevilla hermosa, este gemido Del hijo ingrato que á tu orilla viene: Enfermo tiene el cuerpo y dolorido, Enferma y dolorida su alma tiene.

Como en los bordes de la antigua llaga Un bálsamo se vierte que da vida, Deja que evoque una memoria vaga Triste recuerdo de una edad querida.

Aquí mecido en ignorada cuna Halagó mi niñez aura lasciva, Al tibio rayo de tu blanca luna, Al soplo amante de tu luz nativa.

Pobre aquí, niño y sin saber qué es gloria, Contemplaba quizá los cielos tersos, Y era rico y felice con tu historia Y la esperanza de mis pobres versos.

El pecho se me oprime cuando miro De remoto fanal fúlgida llama, Y lleva el Bétis mi primer suspiro Al golfo azul que encadenado brama.

Y blanco y puro como el puro armiño Un ángel soñó aquí mi fantasía, Un ángel que he buscado ... ¡Pobre niño! Un ángel que en el mundo no existía.

Nace el hombre á la luz; el bien no halla, Y en inventarlo con afan se empeña, Y al fin encuentra el bien porque batalla, Halla la dicha al fin ... cuando la sueña.

Azucenas de amor, divina palma, Florestas que soñé, prados y flores, Ya que la vida os marchitó en mi alma, De corona servid á mis dolores.

Yo ví al ángel vagar entre verdura Poniendo flores en su leve falda, Y despues esconderse en la espesura Suelto el cabello por su rica espalda.

Me llamaba quizá; yo le seguia; Mas sin duda en el bosque se ocultaba, Y luego más allá me aparecia Y así del pobre niño se burlaba,

Aquí soñé festines y placeres, Y el rumor de palmeras solitarias, Y el suspiro de célicas mujeres, Y tumbas, y osamentas y plegarias.

¡Gloria! ¡Vision cruel! ¡Cruel martirio! Relámpago que alumbra y deja ciego, Cardo silvestre bajo hermoso lirio, Sol que da luz para quemarnos luego.

Por tí pierdo ¡oh rigor! mi fe sencilla, Por tí me abraso en insondable anhelo, Por tí dejé mi plácida Sevilla Y una santa mujer que está en el cielo.

Madre mia, perdon! Mústia la frente, A ti vuélvome al fin, madre piadosa: Mírame aquí, poeta penitente Ceñida el arpa de marchita rosa.

Pero, si, tu verás mi afan prolijo Aunque á mi estrella tu piedad no cuadre: Me acusáras tal vez si fueras hijo; Tú me perdonarás siendo mi madre.

Por tí ¡oh gloria! perdido mi reposo Y encomendando á Dios la suerte mia, Del Atlántico mar tempestuoso A las playas itálicas corria.

Y á lo léjos ví un monte ennegrecido, Y en la falda del monte vi una roca, Y un nombre colosal hiere mi oído Pronunciándolo trémulo mi boca.

¡Roma! Vedla; entre estátuas blanquecinas Muestra la majestad de su pasado. ¡Tambien tienen su pompa las ruinas! ¡Tambien tiene el silencio su reinado!

¡Roma! ¡Silencio! inmóvil, pavorosa, Anuncia su altivez en su tristura: Nadie la ha dado el hoyo en que reposa; Ella se abrió su propia sepultura.

Vedla reinar en la llanura extensa Donde Dios entre mármoles la abisma: Antes del mundo fué la tumba inmensa, Ahora es la inmensa tumba de sí misma.

II.

Deja que evoque una memoria vaga Triste recuerdo de una edad querida, Como en los bordes de la antigua llaga Un bálsamo se vierte que da vida.

No vengo aquí á buscar flores y aromas; No demando, Sevilla, tus placeres, Ni el ardiente arrullar de tus palomas, Que palomas de amor son tus mujeres.

Cuando á mi sino terrenal sucumba, Dame una cruz y una silvestre palma; Dame una cruz y una escondida tumba, Dame una cruz, Sevilla de mi alma.

Vamos ahora al entremés casero, escrito para el album de nuestra amiga.

ENTREMÉS CASERO.

ESCENA PRIMERA.

LA MADRE Y SU HIJA ROSA.

LA HIJA. Me muero y no sé de qué; Ya es inútil la cautela....

LA MADRE. Eso dije yo á tu abuela Que en gloria de Dios esté.

LA HIJA. Parece que estoy maldita! ¿Quién mi desventura labra?

LA MADRE. Con esa misma palabra Asusté yo á tu abuelita.

LA HIJA. Paso las noches en vela.... Mamá, te burlas de mí?

LA MADRE. Cuando me quejaba asi Tambien se burló tu abuela.

LA HIJA. No como ni duermo ya: ¿Que es esta pena prolija?

LA MADRE. Cuando tengas una hija Ella te lo explicará.

ESCENA II.

ROSA Y SU HIJA PAULINA.

LA HIJA. ¡Madre, horrible enfermedad! Di, qué dolencia me aflige?

LA MADRE. Lo propio á tu abuela dije Cuando tenia tu edad.

LA HIJA. No paro noche ni dia; El apetito pasó....

LA MADRE. Tampoco comía yo Cuando tus años tenia.

LA HIJA. Quién me causa tales daños? Porque hasta el sueño perdí....

LA MADRE, Bah! yo tampoco dormí Cuando tenia tus años.

LA HIJA. Yo no sé qué afan me incita.... ¿Quién causa este padecer?

LA MADRE. Oye; ¿lo quieres saber? Vete á hablar con tu abuelita.

ESCENA III.

PAULINA, SU ABUELA.

PAULINA. Abuela, Dios guarde á usté.

ABUELA. Muchacha, tú por aquí?

PAULINA. Hemos de hablar.

ABUELA. Sobre qué?

PAULINA. ¿Sobre qué? ¡Triste de mí! No sé qué fuego me sube, Se me oprime el corazon....

ABUELA. Huy! huy! la misma cancion Que yo con tu abuela tuve.

PAULINA. La paciencia se me acaba. ¿Se rie de mi agonía?

ABUELA. Tambien tu abuela reia Cuando yo así me quejaba.

PAULINA. Por Dios, venga usted acá: ¿Qué es esto que así me inquieta?

ABUELA. Cuando tengas una nieta ... Tu nieta te lo dirá.

PAULINA. Mi madre al mirar mi tédio, Me mandó hablar con usté....

ABUELA. Pues, chica, á tu madre vé Que ella sabe ya el remedio.

_No te apesares, Paulina; Trás esta viene otra edad: El tiempo es la enfermedad Y el tiempo es la medicina_

Pasemos á la visita de los establecimientos públicos, luego seguirán las curiosidades estadísticas, y terminarémos este largo dia con la noticia de los monumentos más notables.

Los mataderos nos han dejado atónitos. Para que el lector se forme una idea del incalculable movimiento que allí debe haber, de la sangre que allí se debe derramar, bastará decir que de allí han salido en el año pasado sobre ciento veintisiete millones de libras de carne. La carne de vaca, de ternera, de cerdo y de cabrito, entró en esta cifra por ciento trece millones de libras, ó sea cuatro millones y medio de arrobas. ¿Cuántas cabezas de ganado supone aquel guarismo monstruoso? Si el matar á los animales fuera realmente una culpa, como creian no pocos filósofos de la antigüedad, los mataderos de Paris serian una herejía tan grande, que bastaran ellos solos para que se condenara irremisiblemente toda la Europa. En fin, sepan, tambien mis lectores, que esta municipalidad recibe de los mataderos y de los mercados una contribucion anual que no baja de veinte millones de reales.

En el Monte-Pio se han empeñado un millon trescientos mil objetos, y se han renovado trescientas cuarenta mil papeletas, cuyas operaciones suponen un total de más de millon y medio de artículos.

Los empeños han importado noventa y seis millones, y las renovaciones cerca de treinta y tres, de modo que la cifra total de las operaciones no baja de ciento veintinueve, a ciento treinta millones de reales.

Se han vendido setenta y seis mil objetos, por valor de cinco millones. Los sueldos y honorarios de los empleados importan anualmente de cincuenta y cinco á sesenta mil duros.

En cuanto á los hospicios y hospitales, nos han asegurado personas fidedignas y autorizadas, que las familias indigentes han sido veintinueve mil seiscientas, compuestas de más de setenta mil individuos.

El Hospicio de expósitos y huérfanos ha recibido tres mil novecientas cuarenta y tres criaturas, de las cuales han muerto setecientas ochenta y ocho.

Se han gastado en los hospitales, en el año anterior, sobre sesenta y seis millones de reales, en cuya suma entran los artículos siguientes por las partidas que voy á notar.

Pan; seis millones, ciento noventa mil, setecientos sesenta y cuatro reales.

Vino; cinco millones, veinte mil, cuatrocientos.

Carne; seis millones, ochocientos trece mil, ochocientos veintiocho.

Comestibles; cinco millones, setecientos ochenta y nueve mil, cuarenta y cuatro.

Leña y carbon; tres millones, treinta y nueve mil, setecientos setenta y seis.

Resulta que en los cinco artículos anteriores se ha gastado bastante más de un millon de duros, ó sea veinticuatro millones de reales.

Los establecimientos de locos ofrecen una estadística sorprendente.

En 1º de Enero de 1856 existian, en los dos asilos del Sena, tres mil trescientos cuarenta y un locos. Además, entraron en el año mil quinientos ochenta y nueve, de modo que componían un total de muy cerca de cinco mil, ó sea una especie de pequeña ciudad.

En el mismo año salieron de aquellos dos asilos ochocientos cuarenta y nueve, y murieron quinientos setenta y cinco. Quedó, pues, reducida aquella poblacion á tres mil, quinientos seis.

El estudio de esta materia no deja de tener sus curiosidades instructivas, por más que sean tristes y dolorosas, tales como la influencia de las profesiones en el desarrollo de la locura. A medida que se estudia este fenómeno terrible, este, terrible inconveniente de la razón, este negro ocaso del pensamiento, se va comprendiendo que la locura pertenece tanto á la medicina, como á la filosofía y á la moral. El ejercicio, los hábitos, las profesiones y el género de vida; es decir, la conducta, influye más tal vez que la disposicion constitucional de los órganos cerebrales. Me he informado minuciosamente acerca de esto, y he conseguido averiguar que las industrias manufactureras son las profesiones que han pagado al extravío mental mayor contingente; pero en una proporcion que asusta.

Luego siguen las profesiones mercenarias; ó sean criados y dependientes de todas clases.

Despues las profesiones liberales, como la poesía, la pintura, la escultura, la música la declamacion, la plástica y otras.

Despues las profesiones mercantiles.

Luego las gentes que no tienen profesion.

Por fin, las ocupaciones agrícolas. Estas son las menos castigadas por aquel espantoso azote, en la proporcion que vamos á ver.

Las profesiones industriales representan un 37 por ciento. Los oficios mercenarios un 19 Las profesiones liberales un 9 El comercio un 7 Gentes sin profesion un 3 La industria agrícola un 1-1/2

De modo que las ocupaciones que pagan un tributo más caro á la locura son la fábrica, la servidumbre y el ingenio; despues viene el comercio, luego la vagancia; por fin, la industria de los campos.

El movimiento de la poblacion de esta ciudad, nos ofrece tambien algunas extrañas singularidades.

Han nacido en 1856 treinta y ocho mil criaturas; veintiseis mil legítimas, y doce mil de otras procedencias. Han muerto veintinueve mil setecientas cuarenta y tres; resultando un aumento de más de ocho mil.

Se han contraido doce mil cuatrocientos noventa y tres matrimonios, en la forma siguiente:

Entre solteros; diez mil ciento setenta y siete.

Entre viudos y solteras; mil doscientos sesenta y ocho.

Entre solteros y viudas; quinientos noventa y siete.

Entre viudos y viudas; cuatrocientos cincuenta y uno.

Resulta que la cifra menor es la de los viudos y viudas. Quizás se han acordado de lo que dice cierto adagio: _pan con pan, comida de tontos_.

En la _Caja de ahorros_ se han verificado doscientas cuarenta y ocho mil, ciento veintidos imposiciones, hechas por doscientos veintiun mil imponentes. La Caja ha recibido ciento diez millones; y ha devuelto sobre ciento quince, habiéndose operado un movimiento total de doscientos veinticinco millones, durante el referido año de 1856. En 31 de Diciembre del mismo año, debía ciento ochenta y tres millones, á doscientos veintiun mil trescientos setenta y nueve imponentes.

Las operaciones de la _Caja de descuentos_ se han verificado sobre setecientos veintidos mil, doscientos sesenta y cinco efectos, por un valor de dos mil quinientos millones de reales próximamente.

El presupuesto municipal de Paris es mayor que el de algunas naciones de cierta importancia.

_La concesion de privilegios_ produjo á la villa en 1856 la enorme suma de ciento ochenta y seis millones de reales, cifra que representa tres presupuestos como el de toda la Suiza. Para que se comprenda lo maravilloso de este hecho, sepa el lector que el Austria, toda el Austria, una poblacion de treinta y cinco á cuarenta millones de almas, no recaudó en el mismo año por aquel concepto, más de veintiseis millones de reales, ó sea menos de una sétima parte que la sola ciudad de Paris.

En fin, los ingresos montaron á doscientos ochenta y cuatro millones. Es muy probable que en el año presente no bajen de trescientos millones, poco menos de lo que pagaba al Erario nuestro país, durante el régimen absoluto.

En el presupuesto de gastos hallamos las partidas siguientes:

Instruccion primaria. 6 millones. Empedrado. 15 Beneficencia. 32 Policía. 51 Rédito y amortizacion de la deuda municipal. 64

La policía cuesta á Paris más de siete mil duros diarios.

Los consumos ofrecen resultados no menos admirables. Esta ciudad consumió en 1856 los artículos y cantidades siguientes:

_Vinos_; siete millones, trescientas mil arrobas.

_Alcohol y aguardiente_; quinientas treinta y nueve mil; idem.

_Barniz_; cincuenta y tres mil, idem.

_Frutas en conserva_; ciento ochenta mil, idem.

_Vinagres_; ciento cincuenta y nueve mil, idem.

_Cerveza_; dos millones, treinta y tres mil, idem.

De esta cerveza, se ha fabricado en Paris un millon, doscientas diez y siete mil arrobas.

_Aceites_; ochocientas cincuenta y cuatro mil, idem.

_Comestibles_. Carnes de todas clases; ciento cuarenta y tres millones de libras.

_Queso fresco_; tres millones y medio de libras.

_Sal_; catorce millones, seiscientas mil setecientas, idem.

_Ubas_; siete millones, idem.

_Manteca_; seis millones y medio, idem.

_Huevos_; ciento cuarenta mil arrobas.

_Volatería y caza_; cien mil idem.

_Combustibles_. Leña; cuatrocientos setenta y dos mil piés cúbicos.

_Carbon vegetal_; veintitres millones de arrobas.

_Carbon de tierra_; veinticuatro millones, idem.

_Materiales_. Cal; dos millones y medio, idem.

_Yeso_; veinticuatro, idem.

_Baldosas_; cinco millones y medio. (Unidades,)

_Ladrillos_; diez y seis millones, idem.

_Alfarería_; ocho millones de metros cúbicos.

_Forraje_; ocho millones y medio de haces.

_Heno_; quince millones, idem.

_Cebada_; ciento sesenta y cuatro mil fanegas.

_Avena_; dos y medio millones de idem.

_Cera blanca_; ciento treinta y seis mil libras.

_Amarilla_; ciento noventa mil, idem.

El importe de las ventas por mayor, verificadas en los mercados, presentan los siguientes guarismos.

Pescado de agua dulce, cerca de 4 millones de reales.

De mar 36 idem.

Ostras, cerca de 8

Volatería y caza 68

Manteca 73

Huevos 35

Estos solos artículos suponen un movimiento comercial de doscientos veinticuatro millones de reales.

Las declaraciones que se han hecho en la Aduana de esta ciudad, en el año indicado, suben á ciento diez y seis mil, quinientas noventa y siete. El número de bultos ha sido el de doscientos doce mil, setecientos treinta y ocho.

El valor de las mercancías ha montado á casi mil millones (novecientos ochenta y cuatro), cifra á que asciende el comercio general de muchos países.

Esto me ha dado la curiosidad de conocer el comercio general y especial de Francia, y las noticias que da la estadística oficial, no han podido menos de asombrarme.

El importe del comercio general, en 1856, subió á más de cinco mil millones de francos 5.399

El comercio especial representó un valor de cerca de cuatro mil millones de aquella moneda 3.883 ------ 9.282 ------

Hallamos, pues, que el comercio general y especial de Francia, en dicho año, representa una suma de más de treinta mil millones. No quiero presentar la cifra de nuestro comercio, porque, á pesar de sus progresos rapidísimos y sorprendentes, ofrece un resultado muy desconsolador, muy aflictivo, muy penoso.