Tratado metódico y práctico de Materia Médica y de Terapéutica, tomo primero

Part 5

Chapter 53,502 wordsPublic domain

En la simple pleuritis, este medicamento solo está indicado por la fiebre y la fluxion local. El efecto debe ser pronto; y sin aguardar mas de un dia, se debe recurrir al _árnica_ ó á la _brionia_, generalmente á este último, mas tarde ó mas temprano, para evitar la exudacion y el que se formen falsas membranas. La pleuritis crónica reclama generalmente el _ranúnculo escelerado_, la _cebadilla_ y el _sulfuro de cal_. Dirémos al efecto y con relacion á todas las fluxiones y congestiones posibles, que cuanto mas activas y de sangre roja sean, hasta el derrame plástico, tanto mas indicado está el _acónito_ en su principio; pero el tiempo de su uso será tanto mas corto, cuanto mas rápida sea la marcha de la enfermedad.

Las afecciones catarrales reclaman el uso del _acónito_ en aquellos casos principalmente en que la flegmasía local domina á la fiebre, pero con la condicion de que esta haya precedido, aun cuando ya no exista. La tension, el eretismo, una cefalalgia obtusa, frontal, dolores erráticos, sed y la sequedad de las superficies exhalantes le indican suficientemente; y si la causa ha sido un aire frio y seco, el _acónito_ la combate con ventaja; todas las flegmasías están en este caso, hasta el punto que si la pleuresía no reconoce esta causa, no es propia de _acónito_.

Debemos confesar que se abusa de este medicamento en estas especies morbosas, porque es raro que no ofrezcan alguna relacion terapéutica; pero estas relaciones son mas propias de otros medicamentos que obren sobre el sistema sanguíneo. La tos fuerte, llena, por ejemplo, no es mas propia de él que la diarrea catarral ó la otitis y la otorrea de la misma naturaleza. ¿No se ha dado inútilmente el _acónito_ en muchas bronquitis y gripes, que la _brionia_, la _cicuta_, el _mercurio_ y la _escila_ hubiesen curado en menos tiempo? Permítasenos una reflexion respecto á las bronquitis de los niños. Cuando la tos es húmeda, tragan á veces masas considerables de mucosidades que no saben espectorar, resultando un embarazo gástrico para el que un ligero purgante es frecuentemente muy oportuno, pues tiene la ventaja de desobstruir las primeras vías y determinar una revulsion favorable sobre el tubo intestinal; pero una dósis de emético en lavativa ó de vino emético, seria aun preferible por los efectos especiales del tártaro estibiado.

Otra observacion más relativa á los niños. Desde que se observa en los niños una tos que por sus accesos mas ó menos violentos con ronquera en el intérvalo, se teme la invasion del crup, es conveniente agregar el _sulfuro de cal_ al _acónito_, alternándoles á intérvalos mas ó menos aproximados. El _acónito_ es, en fin, el primer medicamento que se debe emplear en el crup sin insistir mucho, si en poco tiempo no produce una mejoría sensible. La formacion de una simple exudacion en las amígdalas le escluye formalmente; se debe recurrir al _mercurio_, _iodo_, _bromo_, _sulfuro de cal_, á menos que no se prefiera alternarle con la _ipecacuana_ ó la _brionia_ por algunas horas.

Los síntomas del _acónito_ son análogos á los de la angina de pecho, al asma de Millar, dolor violento detrás del esternon, en la region del corazon, reproduciéndose por accesos. Esta afeccion está siempre asociada á una sensacion de debilidad y á un vértigo que puede elevarse hasta el síncope; el _arsénico_ participa como el _acónito_ de los honores de la curacion. Hablamos aquí de esta neuralgia en consideracion á su agudeza y á su sitio.

La peritonitis reclama _acónito_ en su período de concentracion, con ansiedad, calosfríos violentos, pulso pequeño y contraido, alteracion de la cara. Es muy poco útil en el primer período, en el estado agudo simple, á no ser que no se le ayude con otro medicamento mas apropiado, y es menester aproximar las dósis sin insistir mucho. Conviene mejor en la gastritis y enteritis que reclaman dósis repetidas con insistencia, mientras que la enfermedad no se agrave, ó por poco que se alivie, pues puede bastar por sí solo para triunfar, cuando es simple; la colitis, cualquiera que sea, obtiene del _acónito_ muy pocas modificaciones favorables.

En las afecciones reumáticas, bien se puede decir que el _acónito_ solo es apropiado á la forma febril; se le puede administrar en el período de agudeza, pero no es indispensable; la _brionia_ llena la indicacion de fondo, y muchas veces hasta de forma, es decir, que corresponde á la naturaleza de la enfermedad, así como á su modo de manifestacion. Citamos la _brionia_ como un medicamento generalmente indicado en estas afecciones, sin prejuzgar otros, tales como: _zumaque_, _nuez vómica_, _belladona_, _mercurio_, _quina_, _tártaro estibiado_, etc. En la electividad propia de los medicamentos, unos se dirigen al corazon, otros á las membranas serosas, este á la cabeza, aquel á los nervios espinales. Hé aquí algunos datos sobre las fiebres reumáticas en el primer período, cuando el _acónito_ puede disputar la indicacion á otros medicamentos.

Desde los primeros síntomas de la invasion, cuando el diagnóstico está aun indeciso, el _acónito_ está indicado. Obra siempre muy bien, cualesquiera que sean las partes afectadas: las membranas serosas, los tejidos fibrosos y tendinosos ó aponeuróticos, con tal que haya tumefaccion inflamatoria fija, ardores febriles, dolores lancinantes y tensivos, pesadez y dolor por el movimiento y el tacto, y sensibilidad esquisita de la parte. Pero cuando estos casos son debidos á un principio gotoso, reclaman la _quina_, la _sabina_ ó el _árnica_, mientras que si el frio húmedo ó el contacto del agua es la causa de la afeccion reumática, el _zumaque venenoso_ ó la _dulcamara_ deberá administrarse prontamente en lugar del _acónito_; la _brionia_ le reemplaza frecuentemente ó le sucede bien pronto cuando hay eretismo, dolor violento en la cabeza é hinchazon roja y lustrosa de la parte afecta, acompañando á esto grande susceptibilidad y dolores intolerables. El sudor en estos casos contraindica el acónito y requiere mas bien _mercurio_, ó _tártaro estibiado_; el _acónito_ corresponde, en las fiebres reumáticas, si el calor es halituoso ó madoroso todo lo más.

Omitimos hablar de una multitud de flegmasías en las que el _acónito_ solo cubre ó está indicado en el principio y primer período de agudeza, pues juzgamos que el lector no olvidará los principios que deciden su uso. Así pues, la inflamacion de los órganos en que no abunda la sangre arterial, es poco ó nada análoga á este medicamento: tal es la oftalmía, que para exigir _acónito_, debe tomarse en sus prodromos, antes del estado inflamatorio, lo cual sucederá rara vez. Mas la oftalmía franca ó catarral, que se puede denominar erisipelatosa y en la que los tejidos próximos al ojo están mas afectados que este órgano ó la conjuntiva, pertenece al _acónito_, aun cuando bien pronto son otros los medicamentos oportunos.

El tratamiento de la mayor parte de las fiebres exantemáticas empieza por la _brionia_ ó por el _acónito_, segun la causa de su especialidad espansiva y de su accion _regularmente_ inflamatoria. La _belladona_ y la _pulsatila_ tienen especialidades mas estensas que las de los anteriores en iguales casos, y aun superan al _acónito_; preceden por el contrario con ventaja el _azufre_, _mercurio_, _zumaque venenoso_, _staphisagria_ y _brionia_ en las afecciones eruptivas febriles en que estos medicamentos puedan estar indicados. La miliar febril simple, y sobre todo la purpúrea, es muy propia de _acónito_, así como algunas variedades pertenecen á la _belladona_ y al _zumaque_. El _acónito_ es mas eficaz que la _belladona_ en el tratamiento de la escarlatina complicada con la púrpura, si bien es general alternarlos en estos casos.

En las fiebres del dominio del _acónito_, el estado de tension de los grandes vasos y del cerebro reacciona dolorosamente sobre el moral, dando lugar al delirio agudo con ideas fijas que subsisten á pesar de tener delante la realidad contraria, el coma vigil, la irritabilidad, la ansiedad y el temor de la muerte. Este último síntoma tiene tanto mas valor, cuanto mas robustas son las personas y mas bruscamente acometidas de la enfermedad. El _acónito_ corresponde á la somnolencia debida á la congestion del cerebro y á una plétora sanguínea de este órgano, pero no á la somnolencia efecto de la anemia ó de un estado de asfixia; el insomnio reclama _acónito_ cuando reconoce por causa un eretismo con orgasmo sanguíneo que puede dominar á la congestion cerebral ó precederla, y que una violenta impulsion del corazon y la escitacion febril bastan para esplicarla.

Se han hecho falsas aplicaciones del _acónito_ en las afecciones inflamatorias del bajo vientre, en las mujeres embarazadas, en las personas dispuestas á hemorróides, mujeres que se hallan en la edad crítica, en enfermos de neumonías, afecciones tifoídeas y en una multitud de casos en que predominan la accion del sistema venoso, la elaboracion crítica ó pútrida de la sangre, una inflamacion falsa, un éstasis sanguíneo simulando congestiones flegmásicas, afecciones todas con las cuales no tiene el _acónito_ relacion alguna. Este medicamento, repetimos, exige la participacion activa del sistema arterial; pero, puesto que hemos escluido en general de su accion las afecciones del bajo vientre y del útero, preciso es establecer una notable escepcion, comprendida sin embargo en la regla general. Esta escepcion es relativa á ciertas amenorreas eréticas en jóvenes que aun no han contraido el hábito á congestiones venosas, si así podemos espresarnos.

Suspendemos aquí el detalle de las indicaciones del _acónito_ en la inmensa tribu de flegmasías febriles, para terminar diciendo algo sobre las hemorragias. Las que el _acónito_ cura, son activas, congestivas y eréticas, con fiebre, calor local, pulsaciones y pérdida de una sangre roja que se coagula prontamente. Solo el _árnica_ puede disputar al _acónito_ sus indicaciones hemorrágicas, especialmente cuando predomina el eretismo, ó si no hay fiebre. Hay no obstante indicaciones sacadas del órgano asiento de la hemorragia, como la del estómago é intestinos, que exigen la _nuez vómica_ y el _arsénico_; la epistaxis se acomoda mejor al _azafran_ y _árnica_; la metrorragia prefiere la _canela_, la _ipecacuana_ y la _manzanilla_. La hemoptisis reclama siempre el _acónito_ cuando hay fiebre, si es que no alterna con _árnica_ ó _brionia_, despues de su efecto sedativo sobre la circulacion. Ya tendremos ocasion de hablar de otros medicamentos contra las hemorragias, y se verá que hay algunos que gozan en estos casos de una especialidad de accion muy notable, como son: _árnica_, _centeno cornezuelo_, _mil hojas_, _quina_, los _ácidos minerales_ cuya accion en las hemorragias pasivas y pútridas ya indicarémos.

3.º _Estado sobreagudo_.--Ya sabemos que la utilidad de _acónito_ en este período de las fiebres es muy limitada. Por regla general, cuando un enfermo ha llegado á este estado, es muy conveniente prescribir una cantidad de _acónito_ para tomarla en algunas horas y por fracciones, á fin de debilitar la violencia de la fiebre hasta el grado que sea dable en las atribuciones de este medicamento; el _acónito_, en efecto, tiene entre sus síntomas algunos de los característicos de las fiebres en su apogeo; su pulso llega por su pequeñez y dureza al mas alto grado de agudeza; corresponde por lo mismo á la gastritis y pericarditis sobreagudas; pero es preciso usarle sóbriamente á fin de no dejar pasar los momentos en que pueden jugar otros medicamentos mas directamente indicados.

Los síntomas mas graves del _acónito_ son: grande ansiedad, angustia, inmovilidad, mas bien que postracion ó adinamia; accesos de desvanecimiento, con opresion momentánea de las fuerzas, con atontamiento y fijeza de la mirada, cara pálida y aun hipocrática, ojos hundidos, ó bien cara azulada, inyectada, sudor viscoso, petequias: estos síntomas, repetimos, pueden indicarle si existen con un estado erético; sin predominio de los fenómenos nerviosos ó atáxicos, que la fiebre no haya tenido ni tenga irregularidad estraordinaria en su marcha, y que los fenómenos locales ó especiales hayan conservado la relacion de subordinacion con el estado del sistema circulatorio.

Existen en esta época de la fiebre algunos síntomas característicos que pueden conducir al uso de _acónito_, como la sequedad y el ardor de la lengua y de la boca que disten de la fuliginosidad, las exacerbaciones nocturnas, el sudor en las partes cubiertas, sensacion á veces de frio interno, al que sucede otra sensacion de calor vivo; la sequedad de las membranas mucosas es muy pronunciada, las orinas sedimentosas, sed ardiente, pulso tirante y algunas veces pequeño y frecuente.

4.º _Estado crónico_.--Que la fiebre disminuya de intensidad, ó que pase al estado sobreagudo, ó que se prolongue retardando ó prolongando una convalecencia mal determinada, el _acónito_ puede estar indicado, pero alternado con el _licopodio_, el _azufre_, ó algun otro medicamento cuya accion se estienda hasta la fibra, hasta la nutricion, hasta la plasticidad. Debilitada ó profundamente alterada la vida por la enfermedad, reclama otra cosa que un simple antiflogístico como el _acónito_; porque si la irritacion sanguínea que subsista puede reclamarle, la indicacion vital que resulta del estado general, debe llamar la principal atencion del práctico.

No es esto decir que no pueda ser útil aun en las lesiones orgánicas, sino que será muy accidental y solo por la recrudescencia de la inflamacion anunciada por calosfríos, incomodidades, calor y fiebre.

Las afecciones crónicas que corresponden á _acónito_ son poco numerosas, y tienen todas un sello febril ó de eretismo, como se ve por los síntomas siguientes: irritabilidad moral, insomnio, síntomas gástricos, piel amarilla y seca, cefalalgia habitual y supra-orbitaria, movimientos congestivos en diversos puntos, ligeras epistaxis, palpitaciones, deposiciones duras, negruzcas, pero con forma regular, orinas encendidas y calientes, rigidez y sensacion como de contusion en los miembros, pulso vibrátil y agravacion por la noche. Las afecciones en las que menos indicado está el _acónito_, son: caquexias y fiebres hécticas, frecuentes recidivas de irritaciones mucosas, ya vaginales, ya bronquiales, en el engrosamiento de las membranas y su adelgazamiento por la disminucion de la tonicidad á causa de congestiones vasculares repetidas.

Se le cree eficaz por algunos síntomas en las leucorreas ligeras, en las irritaciones uretrales, la _flegmasía alba dolens_ y la eclampsia de las recien paridas. Juzgamos que serán muy raros los casos de esta especie en los que el acónito pueda ser útil. Lo mismo decimos de las afecciones mentales con ideas fijas ó con alternativas de alegría y desesperacion, ó con temor escesivo de la muerte.

Todos los síntomas de espasmos, preliminares de una afeccion grave, corresponden mejor al _acónito_ que á ningun otro, inclusos los primeros momentos de una hernia estrangulada, aun cuando los fenómenos de concentracion anuncien la participacion de los grandes aparatos orgánicos en la lesion local, porque aun en este caso, el _acónito_ puede impedirlo; pero los momentos son cortos y pocas veces está el médico presente.

Importante es apreciar el carácter de las enfermedades crónicas por los conmemorativos y la etiología, como se ve por el siguiente ejemplo: si un eczema situado en la pélvis, ó un dartro exudante, ó si, en fin, un prurito vaginal con leucorrea hubiese desaparecido, desarrollándose antes una gastralgia, y hay sed, dolor fijo, lancinante, agravacion por el movimiento y el reposo, sensibilidad en el epigastrio á la presion, el _acónito_ podrá aliviar; pero para curar es necesario dar los medicamentos indicados en la enfermedad que desapareció.

Hé aquí otro ejemplo mas á propósito para nuestro objeto: una jóven de veinte años y de robusta constitucion fué atacada de clorosis; una viva impresion de miedo, si bien no la suprimió sus reglas, desarrolló un estado que, fisiológica y patológicamente, era lo mismo, puesto que dió lugar á un flujo de sangre abundante, á una congestion en el útero que se presentaba en la época catamenial y hacia difícil la rehabilitacion del flujo menstrual; habia cólicos, pesadez en las piernas, calor é incomodidad en el bajo-vientre, hinchazon de la vagina y exudacion hemorrágica. Estas congestiones han producido un eretismo del útero y un estado de tension en este órgano, que era un obstáculo irritativo al restablecimiento del flujo periódico. En esta afeccion se observaron al principio fenómenos simpáticos nerviosos, espasmódicos; se desarrolló en el ínterin la anemia, producida por la influencia del eretismo ya referido, por la disminucion de las secreciones, cefalalgias variadas, sed, aridez de la piel, ó por sudores debilitantes ó calores acres. El remedio de este estado crónico será el _acónito_, pero con la sola mira de sostener el efecto de otros medicamentos.

Las neuralgias que en este párrafo mencionamos como propias de _acónito_, además de ser congestivas y caracterizadas por un eretismo general ó local, su accion electiva sobre el nervio trigémino las da el principal rango. Uno de los caractéres de las neuralgias de este medicamento es el de que se alivien con el frio, ó por el aire fresco al menos, por el reposo y la inmovilidad. Generalmente las que corresponden á _acónito_ son lancinantes y nocturnas, ó si se reproducen por accesos y hay calor y aun rubicundez en la parte, y que á las lancinaciones sucede una sensacion como de contusion ó magullamiento.

El carácter del dolor es insuficiente por sí solo para fijar la eleccion del medicamento, pues el dolor lancinante, por ejemplo, pertenece á mas de treinta, siendo necesario atender al conjunto de síntomas característicos, á la _facies_ del medicamento, adaptada á la constitucion del enfermo, á su género de vida, á las causas que han producido la neuralgia, cuyas circunstancias todas determinan el carácter de un medicamento en particular. Las neuralgias reumáticas debidas á la influencia de un frio seco, las ocasionadas por un calor escesivo y por el ácido carbónico, son del dominio del _acónito_, así como las que se sitúan en el corazon, y otras muchas acomodadas á la discrasia y electividad del medicamento, y que reconocen por causa una actividad sanguínea, arterial, y quizá una irritacion del neurilema, una plenitud de los vasos que se estiende á los nervios y sus membranas.

Digan lo que quieran los terapeutistas, entre los cuales se cuentan algunos modernos, el _acónito_ no es un medicamento principalmente antineurálgico; su especialidad es la actividad arterial exagerada. Aunque baste él solo para curar algunas neuralgias, y aun cuando elevando la dósis se estienda su potencia curativa á mayor número de estas afecciones, es lo mas regular que se curen administrando despues del _acónito_ otros medicamentos cuya accion sobre el sistema nervioso es mas especial ó directa, como la _manzanilla_, el _café_, el _eléboro blanco_, la _cochinilla_, la _belladona_, el _zinc_, la _nuez vómica_ y el _arsénico_. En muchas ocasiones, para obtener la curacion de neuralgias crónicas producidas por una causa mas íntima y oculta, como la sífilis, la artritis, el herpetismo, etc., hay precision de recurrir á medicamentos cuya accion, si bien es menos directa sobre los nervios, es mas profunda y mas constante sobre los tejidos, entre los cuales podemos citar al _mercurio_, _ácido nítrico_, _azufre_, _thuya_, _sílice_ y _licopodio_.

No terminarémos este estudio del _acónito_ sin completar el cuadro sintético de sus efectos, indicando sus relaciones con la constitucion y parte moral de las personas sometidas á su influencia. En su accion aguda, armoniza con la constitucion sanguínea, con sugetos bien nutridos, alegres, indiferentes ó descuidados, jóvenes ó adolescentes; por su accion crónica, tiene relacion con la misma constitucion deteriorada y convertida en mas nerviosa á consecuencia de privaciones, padecimientos y de una hematosis insuficiente; en estos casos, el moral es triste, inquieto y dispuesto á sobresaltos interiores.

Corresponde tambien perfectamente el _acónito_ á las causas de las inflamaciones en general; á la primavera, la juventud, una alimentacion escitante, el uso inmoderado de los placeres, el tiempo seco y frio, la insolacion, el susto, la cólera, las impresiones vivas y profundas.

El recomendar á los terapeutistas de la escuela hahnemanniana el que armonicen el medicamento, no solo con los síntomas del físico, sino tambien con los del moral, no es una cosa insignificante y de poca importancia: esta recomendacion se enlaza muy bien con la necesidad en que se halla el práctico de formarse la idea mas justa posible de la constitucion que el medicamento tiene tendencia á favorecer ó provocar, por la série de modificaciones que imprime al organismo. Esta necesidad está limitada al deber de conocer los efectos del medicamento sobre el hombre sano, para aplicarle á la enfermedad conocida en sus síntomas; y el conocimiento de los efectos sobre el moral emana de los efectos físicos.

Más, así como no es posible que el mismo medicamento produzca en todos los indivíduos los mismos síntomas físicos; así tambien los síntomas morales de un medicamento varian segun las personas sujetas á la esperimentacion, sin perder lo que hay de esencial y característico en ellos. Se concibe bien que las observaciones sobre el modo de comportarse los séres inanimados sean y permanezcan invariables; que se sepa la hora y hasta casi el segundo en que se verifica el paso de la tierra por su perihelio en su inmutable rádio vector; admitimos que no haya ni aun un segundo de error en el cálculo aplicado á la revolucion anual de nuestro planeta; que las influencias siderales y las fuerzas astronómicas no alteren en lo mas mínimo la composicion y densidad de los astros; pero la ciencia del hombre no puede establecer la certeza en sus observaciones y estudios analíticos, porque la vida está sometida á mil influencias distintas, y porque tiene por objeto, por fundamento, organismos muy variables y susceptibles de ser diversamente afectados. El hombre difiere de sí mismo á cada instante y en las varias épocas de su existencia, en sus órganos, en su sensibilidad, en sus disposiciones de irritabilidad, de absorcion, de escreciones, etc. Supérfluo creemos demostrar en este momento el cómo influye el físico sobre el moral. Los medicamentos y las causas morbosas influyen sobre uno y otro, del mismo modo que el moral influye sobre el físico, sobre la enfermedad y sobre la accion de los remedios. Esperamos, que en su dia estos estudios harán resaltar estas verdades, dándolas un carácter práctico y haciendo de los medicamentos agentes capaces de modificar el organismo, hasta el punto de hacer cambiar las disposiciones morales que dependan de su estado físico.

El _acónito_ produce la agitacion, la angustia, la inquietud, el temor de la muerte ú otros síntomas que se aproximan á los característicos y que en cierto modo lo son, como los llantos, los gemidos, la irritabilidad, la misantropía y el miedo, que conduce á huir ó escaparse.