Tratado de Ortografía Valenciana Clásica

Part 3

Chapter 33,043 wordsPublic domain

C, Q, Ch Tienen estas tres letras, en determinadas circunstancias, el mismo sonido gutural-palatal, explosivo y fuerte, ó sea el de _k_; así, por ejemplo: _rich, rica y riquesa_, palabras que proceden de la misma raíz, se escriben con letras diferentes para expresar el mismo sonido, lo cual prueba que hay circunstancias especiales que marcan cuándo se ha de emplear cada uno de estos signos, circunstancias que dan lugar á reglas fijas y precisas que son las siguientes: Se escribirán con _c_ las sílabas _ca, co, cu_, en cualquier lugar de la dicción; v. gr.: _camí, còsa, cuadro, cuestió, còr, secar, racó, acueducte_; deben, por lo tanto, proscribirse del valenciano actual las formas arcaicas _quadro, questió, chòr, charitat_, etc., para evitar confusiones, como las ha proscrito en el último siglo el castellano, y como tiende á proscribirlas el catalán. Se escribirán igualmente con _c_ las sílabas inversas _ac, ec, ic, oc, uc_, en principio y en medio de dicción; ejemplos: _acte, secció, dictar, noctámbul, succió_. Asimismo se escribirá _c_ antes de consonantes líquidas con las que forme ésta una sola sílaba, como en _clima, creure, clau_. Se escribirá _q_ únicamente en las sílabas _que, qui_ en las cuales no suena la _u_, lo mismo que en castellano; v. gr.: _quedar, quixal, mosqueta, adquisició_; si por alarde de conocimientos etimológicos quiere alguien escribir con _q_ ciertas voces como _questió, aqueducte, consequent_, debe escribirse la _u_ con diéresis, así: _qüestió, aqüeducte, conseqüent_. No se representará nunca con _ch_ el sonido de _k_ en principio ó medio de dicción como se hacía antiguamente; no se escribirá, por lo tanto, _chòr, christiá, parròchia_, sino _còr, cristiá, parroquia_. Seguiremos en cambio añadiendo la _h_ á los finales en _ac, ec, ic, oc, uc_, hasta que todos los escritores catalanes, mallorquines y valencianos se convenzan de que no hay en ninguna ortografía del mundo una regla con menos sentido común que esta; y para probar la exactitud de tan atrevida afirmación, bastarán las siguientes consideraciones: No obedece esta regla á imposiciones de la etimología por cuanto las palabras de más clara filiación latina no tienen _h_ en la voz de que proceden; ejemplos: _March, Lluch, sach, sech, amich, poch, such, franch, amarch_, que proceden de _Marcus. Luca, saccus, siccus, amicus, paucus, succus, francus, amarus ó amarescatus_. Tampoco responde á la influencia que en nuestra lengua pudiera ejercer el ejemplo de la lengua madre ó de las hermanas, puesto que ni el latín ni el único idioma del grupo latino que tiene tales terminaciones, ó sea el francés, añaden la _h_ á los finales en _c_, pues escriben los latinos _fac, hœc, dic, hoc, adhuc_, y los franceses _sac, avec, pic, bloc, suc_. Menos aún puede fundarse en conveniencias de claridad y parentesco dentro de nuestra misma lengua, ya que de verbos como _secar y tocar_ derivamos _sech y tòch_, de sustantivos como _riquesa y flaquesa_, sacamos _rich y flach_; y en cambio borramos la _h_ de todos los adjetivos al pasarlos al femenino y de todos los sustantivos al transformarlos en abundanciales, aumentativos y diminutivos; ejemplos: _flach y flaca, sech y seca, rich y rica, fosch y fosca, fresch y fresca_; de _sach_ formamos el abundancial _sacá_ y el aumentativo _sacòt_; de _bech, bequet_; de _banch, bancòt, bancás y banquet_. Y finalmente, tan sin razón añadimos esa _h_, que la misma sílaba y con idéntica pronunciación se escribe con ella ó sin ella según esté en fin ó en medio de dicción; ejemplos: _sach y sacsó, rech y rectitud, dich y dictar, flech y reflectar_. Como se ve, ni la etimología, ni la pronunciación, ni la claridad abonan el empleo de la _ch_ final; pero tiene ésta en su favor el uso continuado durante muchas generaciones; y el uso, ó mejor dicho la rutina, tiene en ortografía, como en otros muchos códigos, mayor autoridad y fuerza que la lógica y el buen sentido; sigamos, pues, escribiendo con _h_ los finales en _ac, ec, ic, oc, uc_, hasta que por mutuo consentimiento, expreso ó tácito, dejen de hacerlo los más fecundos escritores catalanes y valencianos. La _c_ antes de _e, i_, tiene en valenciano el mismo sonido exactamente que la _s_; debe conservarse, sin embargo, en lo escrito por razón de etimología, escribiendo _Barcelona, Vicènt, cera, ciutat_, aunque todos leemos: _Barselona, Visènt, sera y siutat_.

Ch, G, J Aquí, sin duda alguna, reside el problema fundamental de la ortografía valenciana; en estas letras estriba la confusión que en el campo de la literatura se observa y que todos deploramos; y, sin embargo, ahondando un poco en el asunto resulta la cosa tan clara que parece imposible que durante años y años hayan embrollado solas tres letras á una porción de escritores de indudable erudición y talento. Basta, en efecto, para poner en claro el asunto, analizar los varios matices que en el grupo de los idiomas latinos ofrece el sonido de la _ch_ (4) y precisar cuáles y cuántos de ellos posee el valenciano y con qué signos los ha representado en tiempos antiguos y en la actualidad. Prescindiendo de ciertas rarezas de esta letra, como por ejemplo la _ch_ portuguesa que casi es _ll_ castellana, y la _z_ ó la _th_ en algunas palabras inglesas ó alemanas que casi suenan como _ch_ explosiva, más bien que como _tz_; prescindiendo asimismo de ciertos defectos de pronunciación en algunas comarcas valencianas, y aun catalanas, en donde los finales en _ts_ se confunden de tal modo con los en _ig_ que resultan consonantes en poesía las voces _plats y vaig, gòts y ròig_, puede sentarse como base de este estudio que el sonido linguo-palatal que en los idiomas neolatinos se representa según los casos con uno de los signos que encabezan este párrafo, tiene cuatro matices que son: explosivo fuerte, ejemplo: la _ch_ castellana (_chico, coche_) y la _c_ italiana antes de _e, i_ (_civita, cercare_); explosivo suave, ejemplo: la _g_ italiana antes de _e, i_ (_generale, ragione_); continuo ó fricativo fuerte, como la _ch_ francesa (_cheval, chiflet_) y la _x_ catalana (_xocolat, marxa_); continuo ó fricativo suave, como la _j_ francesa y catalana (_joli, juif, jolivèrt, jueu_). De estos cuatro sonidos, los franceses sólo emplean dos (5); la _ch_ continua fuerte (_chifler, chocolat_) y la continua suave (_Jesus, girafe_). Los italianos, en cambio, sólo tienen las dos explosivas (_cittá, cervello, Gesú, giraffa_). Los castellanos sólo tienen una, la explosiva fuerte (_chico, chocolate_), y sustituyen la explosiva suave con la _j_ árabe que no conocen los demás latinos (_Jesús, girafa_). Los catalanes (fíjense en esto los escritores valencianos) sólo emplean las dos continuas, como los franceses, pero con la diferencia ortográfica de que la fuerte, ó sea la _ch_ francesa, la escriben _x_ (_xiflar, xocolat_), aunque la pronuncian lo mismo que los franceses, y no como la _ch_ castellana ni como la _x_. Aunque acabamos de decir que franceses y catalanes no tienen en su fonética la _ch_ explosiva fuerte, no es esto completamente cierto, pues la emplean alguna vez en palabras generalmente importadas de otras lenguas; en este caso, la representan en lo escrito anteponiendo una _t_ á su respectivo signo de la fricativa fuerte, es decir, á la _ch_ los franceses y á la _x_ los catalanes; ejemplos: la palabra francesa _caoutchouc_, y las catalanas _caputxí, cotxe, empatx_. Esto mismo suelen hacer la mayoría de los escritores valencianos contemporáneos, sin fijarse en que tal recurso es inútil en nuestra lengua, puesto que si fonéticamente poseemos tres matices de la _ch_, también disponemos, desde el siglo XV, de tres signos para representarlos. Tenemos, en efecto, la _ch_ fuerte explosiva que nuestros clásicos han representado siempre en lo escrito por el signo _ch_ (6); por ejemplo: _charnego, chillar, mancha, pòrche, gancho, archíu, punchar_; la suave explosiva representada por _g_ ó por _j_, según su etimología en principio y en medio de dicción; v. gr.: _jove, Jaume, Jesús, mònja, marge, angel, Gil, geniva, penjar, menjar, jugar, fugir_, y por la sílaba _ig_ en fin de dicción; como: _vaig, ròig, puig_: y la fuerte continua ó fricativa que representamos con _x_ como los catalanes; ejemplos: _tixca, reixa, coixí_ (7). Si la cosa, pues, está tan clara y es tan fácil de entender, ¿en qué consiste que los escritores valencianos contemporáneos hayan armado tal lío con estas benditas letras que ni los _mestres en gay saber_, ni el mismo _Rat-Penat_, verdadera academia de la lengua valenciana (de hecho, si no de derecho), se han atrevido á desenredarlo? La contestación es bien sencilla y lo ocurrido es por demás racional y lógico; la casi totalidad de los escritores valencianos, ó son hijos de la capital, ó, por lo menos, residen en ella la mayor parte de su vida; y como precisamente aquí es donde no se pronuncia más que una _ch_, la explosiva fuerte ó castellana, al intentar reproducir gráficamente la palabra hablada, no pueden distinguir la letra fuerte de la suave y las funden en una sola. Y ocurre que los escritores populares, como el pueblo es siempre lógico en sus consecuencias (pues aunque se equivoca muchas veces no es por deducir mal, sino por partir de premisas falsas), han adoptado para todos los matices de la _ch_ el signo tradicional de la fuerte que es la que realmente pronuncian en todos los casos, escribiendo _chincha y chinchol_, muy lógicamente por cierto, puesto que así pronuncian una y otra palabra; pero defectuosamente en la segunda puesto que la pronuncian mal. En cambio, los escritores eruditos, los _mestres en gay saber_, llevados honradamente del afán que todo purista siente de corregir abusos, al reaccionar contra aquella invasión de barbarismos, han traspasado las fronteras de lo justo y han caído en el extremo contrario, empleando como único signo el de la letra suave; es decir, la _g ó j_, escribiendo á su vez _ginja y jinjol_, con lo cual han logrado pecar tan gravemente como aquéllos, contra la verdadera ortografía valenciana. Resulta, pues, en definitiva, que no hay hoy entre los escritores valencianos quien emplee correctamente los dos signos que en el lenguaje escrito representan los dos sonidos de la _ch_ explosiva, el fuerte y el suave; y es ya hora de que se restablezca en toda su pureza la disciplina ortográfica tradicional que todos hemos quebrantado en lo relativo á estas letras. Ya sé que ha de ofrecer esto no pocas dificultades por la razón arriba apuntada, por la imposibilidad de que los valencianos de la capital y su comarca distingan por el oído ambos sonidos; pero si se tiene en cuenta que lo mismo les ocurre con la _b_ y la _v_, á pesar de lo cual no hay en Valencia ninguna persona medianamente culta que no emplee acertadamente estas letras al escribir, lo mismo en valenciano que en castellano, se comprenderá que la cosa no ha de resultar tan difícil como á primera vista parece. Basta para ello fijar la atención (y los alicantinos y castellonenses que me lean verán que esto es cierto) en que la inmensa mayoría de las palabras que en valenciano llevan la _ch_ fuerte, la llevan asimismo en castellano; mientras que las que en Valencia deben pronunciarse con sonido suave, tienen en Castilla _j ó g_; ejemplos: _chapí, chavo, chiquet, chincha, archíu, bachiller, punchar, acacharse, borracho, coche, churro, carchófa, ganchet, chop, picher_, suenan fuertes; _Jaume, Jesús, Jusèp, Llògica, Fisiologia, jesmil, jipó, jèrra, menjar, borraja (planta), girasol, gemech, tarònja, canònge, regirar, regió_ y cuantas en igual caso se encuentren, suenan suaves: y lo propio ocurre con las dicciones que no llevando en su equivalente castellano _ch_ ni _g ó j_, tienen una de estas dos últimas en la voz latina, como _llegar_, de _legere_; _fugir_, de _fugere_; _jitar_, de _jacere_; _dejuni_, de _jejunium_; _jòu_, de _jugum_; _germá_, de _germanus_; _sagi_, de _sagina_; _ginoll_, de _genu_; son tan pocas las palabras cuya ortografía no puede precisarse á primera vista por su origen latino ó por su parecido castellano, que casi no vale la pena de preocuparse de las excepciones (á veces más aparentes que reales) que hayan de hacerse á las anteriores reglas (8). Hay, sin embargo, un grupo de palabras valencianas que deben escribirse con _g ó j_ á pesar de que no la tienen en latín ni en castellano, y que son muy dignas de llamar la atención; son estas las que nuestros escritores del siglo XV y del XVI escribían con _tg_ y que proceden de palabras latinas en que entra la combinación _tic ó dic_, como _viatge_ de _viaticus_, _metge_ de _medicus_, _jutge y jutjar_ de _judice y judicare_; conviene tener muy presente en este caso, á fin de no dejarse arrastrar por prejuicios, que esta _t_ que en aquellos siglos anteponían los valencianos á la _g_ ó á la _j_, no era para forzar el sonido de éstas transformándolo en explosivo fuerte como lo hacen franceses y catalanes con la _tch_, la _tx_ y la _tj_, sino que era simplemente cuestión de etimología; buena prueba es de esto que aunque por semejanza con aquéllos solían también escribir con _tg_ algunas palabras que no la tenían en su origen, como _oratge, cequiatge, peatge, mesuratge_, las debían pronunciar con sonido suave, como aún se pronuncian actualmente en Alicante y Castellón, mientras que escribían con _ch_ las que pronunciaban fuertes, como: _porche y punchar_ á pesar de proceder de _porticus y pungere_. De todo esto se deduce que el empleo de la _t_ antes de _g_ en la ortografía valenciana es no sólo inútil sino perjudicial por cuanto expone al lector á forzar el sonido de la _g_, como franceses y catalanes fuerzan con igual procedimiento el de la _j_ y la _ch_; debemos, por lo tanto, escribir _viage, mege, juge, orage, cequiaje_, como se escriben todas las palabras que se pronuncian con sonido suave. Hemos tratado, hasta ahora, de los dos sonidos de la _ch_ en principio y en medio de dicción. ¿Empleamos asimismo los dos en final de palabra? No; en fin de dicción empleamos únicamente el sonido suave; y á fin de comprobarlo les bastará á los valencianos procedentes de comarcas en que se pronuncian ambos, formar cualquier frase en que una palabra terminada con este sonido vaya seguida de otra que empiece en vocal; por ejemplo: _ròig y blau, vaig á casa, fuig en seguida_; es indudable que en estas circunstancias siempre el sonido de la letra dudosa resulta suave. Otra prueba, no menos convincente, en favor de esto, es que todos los derivados de palabras terminados en _ig_ suenan suaves en labios de cuantos distinguen ambos sonidos; ejemplos: de _roig, roja, roget, rojor_; de _lleig, lleja_; de _puig, pujar, pujá ó pujada_; de _vaig, vaja, vajen_; de _veig, veja, vejen_; de _bateig, batejar_; de _mig, mija, amijanar_; sólo dos excepciones hallo á esta regla, y tal vez no haya otras en el léxico valenciano, que son _despaig y empaig_, que dan origen á los verbos _despachar y empachar_ que suenan fuertes; pero aun estas dos voces suenan suaves al ir seguidas de vocal, como, por ejemplo, en la siguiente frase: _El despaig está tancat_. De todo esto, se deduce que en fin de dicción no hay duda en valenciano entre los dos sonidos, y que, por lo tanto, no puede haber en nuestra ortografía ningún final en _ch_ fuerte; todos deben ser en _ig_; así únicamente se explica que hayan podido subsistir durante tantos siglos, lo mismo en valenciano que en catalán, la terminación en _h_ de las sílabas _ac, ec, ic, oc, uc_, que, como ya vimos más arriba, no tiene razón de ser. Resumen de todo lo dicho acerca de estas letras: El sonido de la _ch_ fuerte en principio y en medio de dicción se representa en valenciano por _ch_ lo mismo que en castellano; no existe tal sonido en fin de palabra. El sonido suave se representa en principio y en medio por _j_ antes de _a, o, u_, y por _j ó g_, según la etimología, antes de _e, i_; en fin de dicción se representa por la sílaba _ig_. Un problema: dado que las sílabas inversas _aig, eig, oig, uig_, deban escribirse así, como parece racional, en medio de dicción, ¿qué se hace cuando van seguidas de _g_, como en _lligga, fuigguen_? ¿Convendrá separar las dos _gg_ con un guión, _llig-ga, fuig-guen_? Otro problema: las voces que desde su origen latino traen la sílaba _ig_ en medio de dicción, como _ignorant, dignitat_ y tantas otras, ¿cómo se pronuncian? Si como todos lo hacemos, se pronuncian con _gue_, ¿qué podría hacerse para distinguir, por ejemplo: _digne_ (digno), de _lligme_ (léeme)? La _g_ antes de _a, o, u_ y de consonantes suena gutural suave como en latín y en las demás lenguas derivadas de ésta; para tener el mismo sonido antes de _e_, ó de _i_, hay que interponer una _u_ como en castellano, en francés y en catalán; ejemplos: _gall, guèrra, figuera, seguir, agost, gracia, glòria_; para que en las sílabas _gue, gui_ suene la _u_, debe escribirse esta letra con diéresis; v. gr.: _ungüent, argüir_.

D, T No hay en valenciano ninguna palabra que termine en _d_, deben escribirse con _t_ final hasta las que llevan aquella letra en su origen ó en sus derivados; por ejemplo: _buit_ de _buidar_, _tart_ de _tardar_, _nebot y neboda_, _vèrt y vèrda_, _bondat y bondades_, _ciutat y ciutadá_, _canut y canudet_; y todos los participios pasivos regulares, como _parat y parada_, _venut y venuda_, _vestit y vestida_. En muchas comarcas del reino se suprime al hablar la _t_ final cuando va precedida de otra consonante, diciéndose _pòn_ en vez de _pònt_, _mol_ en vez de _molt_, pero reaparece, si no en los plurales, en las voces derivadas y hasta en los femeninos, en los diminutivos y en los aumentativos, como _molta, moltisim, pontet, pontarró_; debe, por lo tanto, conservarse en el lenguaje escrito. Mayor tendencia tenemos aún los valencianos á suprimir la _d_ en las terminaciones en _ada, ador y adora_; en la primera de éstas, frecuentísima en nuestra fonética, pues es propia de los participios pasivos femeninos de los verbos en _ar_, y de los sustantivos abundanciales y percusivos, no sólo suprimimos la _d_ sino toda la sílaba final, pronunciando _animá, consolá, gratificá_, en vez de _animada, consolada y gratificada_, y asimismo, _cequiá, cabasá, caragolá, bastoná, patá, martellá_ y demás sustantivos que, como estos, indican abundancia ó percusión; aparte de estos tres grupos de voces que, como es bien sabido, tienen en valenciano la terminación en _ada_ sin excepción ninguna, son también muchos los sustantivos de otras especies y los adjetivos femeninos con la misma desinencia á quienes suprimimos igualmente la última sílaba; v. gr.; _troná, albá, nevá, cantá, teulá, casá, espavilá, descará, Graná, Moncá, Vallá, La entrá de la murta, La vallá de Sant Francés_. No es menos unánime la supresión de la _d_ en los verbales en _ador y adora_, desinencias no menos frecuentes que las en _ada_; apenas si queda ya hoy quien diga _mocador, llaurador, cantadora, treballadora_; y digo _apenas queda_, porque como todos sabemos, la mismo esta supresión que la anterior se han ido extendiendo progresivamente durante el pasado siglo, y ya hoy todos decimos _mocaor, llauraor, cantaora y treballaora_, y hasta se reiría la gente de quien dijera _caragolades, patades, albades y teulades_; que también en los plurales de todas estas voces hacemos la misma supresión. ¿Qué debe hacer, pues, el escritor ante la unánime aceptación de esta reforma prosódica de tan reciente origen? ¿Debemos adoptar tales supresiones en el lenguaje escrito dándoles carta de legitimidad como metaplasmos impuestos por el uso, ó debemos rechazarlas como verdaderos barbarismos? Los escritores populares, es decir, los poetas dramáticos y los periodistas satíricos, hace ya tiempo que transigieron con esto y escriben todas estas voces lo mismo que las pronuncian; en cambio los de la escuela erudita, ó sean los líricos y arqueólogos de _Lo Rat Penat_, y con estos algunos sociólogos, pedagogos y místicos sueltos que de vez en cuando surgen espontáneamente en el campo de nuestra literatura como ejemplares aislados de la flora literaria valenciana, sostienen que tales síncopes y apócopes, son frutos bastardos de la ignorancia del vulgo, y que no debe, por lo tanto, aceptarlos en el lenguaje escrito quien pretenda figurar entre los escritores cultos. Escoja, pues, cada cual la que mejor le parezca entre estas dos opiniones; pero no olvidemos que los italianos hacen frecuente uso del metaplasmo, especialmente en poesía, y que lo mismo escriben _citá, ancor y lor_ que _citade, ancora y loro_, con lo cual logran que su lengua sea la más eufónica y armoniosa de todas las neolatinas. Y tal vez no perdiéramos nosotros nada de seguir su ejemplo.