Part 8
_Prov._ No procedais más adelante, señor Doctor, que yo estoy ya contento de vuestras razones, pero no satisfecho de mi dubda; y no os espanteis que yo dubde, pues dubdaron aquellos doctos varones como Hostiense, Calderino, Angelo de Clavassio, Antonino y el teólogo Palude, y otros muchos que siguieron el parecer contrario; y pues no ménos virtud y sabiduría es defender la verdad de los contrarios que saberla sustentar con razones, ruégoos me respondais á estos argumentos que en sí traen dificultad y en mí engendran escrúpulo, tanto que apénas os creo, y áun con vuestro perdon digo que es falso lo que decís; y sea el primer argumento: en todos los otros contractos condicionales, veniendo la condicion queda el contracto perfecto sin otra nueva obligacion; exemplo: doy os cien libras de plata si me asegurais la nao, doy os la casa si me diéredes la heredad, si vos cumplis la condicion yo quedo obligado á lo que prometí y me condenarán á ello, y áun vos sentenciárades contra mí, luego si el matrimonio es un contracto natural, síguese que obliga puesta la condicion. El segundo argumento: en el capítulo de _Illis de conditionibus appossitis_, se dice que si alguno juráre por estas palabras de casarse con alguna, yo juro de te tomar por mujer si traxeres tanto en casamiento, si no lo trae no queda perjuro, si con todo no se hubiere seguido consentimiento presente ó cópula carnal. Argúyoos yo, señor Doctor, por el contrario sentido. Si haya habido consentimiento será perjuro, luego como aquél, en el caso que os puse, ha habido consentimiento explicado por palabras que significan presencia de tiempo, síguese que tambien será matrimonio. El tercero argumento, si alguno diga, yo huelgo de ser tu marido y te acepto por mujer si tú consintieres; si la otra responde, y yo tu mujer y á tí tomo por marido, no hay dubda, sino que son casados y contraxeron matrimonio, y la tal condicion era de futuro, luego por lo mesmo, si dixere, yo te tomo por mujer si dentro de un año consintieres, venido ó cumplida la condicion, será vero matrimonio. Oyoos, señor Doctor, entre dientes hablar, y daisme sospecha que no os encaxa esta razon ó probacion, por ende quiero probar y confirmar el antecedente. Decíme, por vuestra vida, ¿en todos los casamientos no acontece así, que el uno habla primero que el otro, y por el consentimiento del segundo ó del que habla á la postre se perfecciona el matrimonio entre ambos? por donde siempre me parece á mí que la eficacia del consentimiento depende de las palabras advenideras ó del tiempo futuro. Por mi fe, señor, que habeis menester adelgazar vuestra pluma y tajarla más delgado de lo que soleis en otras cuestiones, si quereis presumir de responder á mis argumentos, que cada uno de ellos me da nueva sospecha de vuestra opinion, y todos ellos me causan consentimiento y juicio de la parte contraria.
_Letr._ De una cosa me pesa, señor Provisor, que no permitistes á mi lengua dar fin y remate á otras razones que se me ofrecian; mas creo que lo hecistes porque las sentíades como tiros que minaban y echaban por suelo el fundamento de los canonistas, los cuales vos con rabia de defender habeis multiplicado argumentos y réplicas. Si tan fácil me fuese persuadiros que dexásedes esa opinion y siguiésedes la sentencia de los teólogos, como me es deshacer vuestras razones, luégo pensaria que quedaba por mí el campo. Y porque no os parezca que cumplo de palabra, siendo muy ajeno de mi propósito, respondo por órden á vuestras objeciones. A la primera digo: que no es de virtud y naturaleza del contracto que cumplida la condicion cause y haga traslacion de la cosa; como quiera que ahí no haya sino prometimiento solo, pero las leyes disponen y ordenan que cualquier que promete, quiera que no quiera, sea obligado á cumplir lo que prometió, lo cual no pueden hacer ni disponer en el pacto ó concierto matrimonial por causa de aquella suma y grande libertad que Dios quiso haber en el matrimonio, conviene á saber, que cualquiera que áun no es casado esté en su poder y potestad casarse ó no casarse, tomar mujer ó dexalla; por lo cual se infiere que si aquél áun no tiene mujer ni es casado ántes que se cumpla la condicion, segun tambien confiesan los adversarios, y vos tampoco no lo negaréis, está en su libre poder aún despues hacer lo que bien le estuviere; y por este fundamento, señor Provisor, pues sois docto, sacaréis la respuesta de las otras objeciones. Pero todavía, como gato por brasas, iré tocando las soluciones, que á vos bastará media palabra, que al hombre sabio basta apuntalle la cosa para que de media vez entienda. A la segunda objecion respondo que es verdad lo que el capítulo dice, y lo que vos inferis á contrario sentido, pero niégoos la consecuencia en que decis que lo mesmo es en vuestro caso. Entendé el texto, señor Provisor, que quiere decir que si despues del pacto condicional hobiere nuevo consentimiento presente no expresada la condicion, ó se siguiere cópula carnal, entónces queda perjuro si no se casáre con ella; y así digo en nuestro caso, que si Sancias de nuevo consiente con las ceremonias de palabras y otras cosas que sabeis requiere el matrimonio para que obre despues que se puso, ó al tiempo que se pone la condicion, queda tan casado como vos agora estais, pero porque no es ansí os negué con razon la consecuencia ó illacion.
_Prov._ No mirais, señor Doctor, lo que dixistes, ni teneis advertencia á los exemplos que poneis; decisme que soy casado, eso será á media carta.
_Letr._ No os maravilleis, que son descuidos de letrados. A la tercera objecion, porque es de poco tomo, no respondo por mi honra y áun por la vuestra, que bien sabeis vos que me sobraba razon de sonreirme debajo mi loba al tiempo que la formastes.
_Prov._ Maravíllome de vos, para ser letrado hacer tan poca cuenta de lo que en sí trae mucha dificultad. En especial que puede haber tanto intervalo de las palabras obligatorias del uno á las del otro, que con mucha y sobrada razon se dubde si despues que la mujer consiente á cabo de rato sea matrimonio ó no, ó es menester que de nuevo entrambos juntamente consientan.
_Letr._ Dice Avicena que el rejalgar ó veneno puede ser tan poquito que no empezca ni dañe al cuerpo que lo recibe; bien así podrá ser tan breve y corta la tardanza de tiempo en que tarda la mujer á proferir sus palabras y corresponder á las del hombre, que no impida ni estorbe el matrimonio y vínculo que nace de ahí, como en el baptismo porque diga el baptizante un poquito ántes ó despues que batee ó chapuce al niño las palabras sacramentales, no deja de ser perfecto baptismo. Cuanto más que el consentimiento de la otra parte es de esencia y sustancia del matrimonio, y no condicion, y así hay diferencia de lo uno á lo otro.
_Prov._ No os creo, por Dios, en el exemplo que pusistes.
_Letr._ Bien os demostrais ser puro canonista y que andais atado á las glosas como asno á estaca. Perdonáme si soy discortés, que debíadesmela, váyase una por otra.
_Prov._ Pase por donaire, que ni vos medraréis mucho á la sombra de los teólogos, que más presto se os pegará algun piojo que no algun obispado.
_Letr._ Y áun ése es el mal, que cuando crian obispo no le preguntan si sabe textos ó apellaciones ó pleitos, mas si sabe _utrumque testamentum_. Máxime que á ellos pertenece lo que dice San Pedro: _Parati semper ad satisfactionem omni posidenti vos rationem de ea quæ in vobis est spe_, y á su oficio compete predicar la doctrina evangélica al pueblo, que el púlpito agora está usurpado de frailes.
_Prov._ No me agrada eso que decis, porque oficio es del obispo decidir y determinar cuestiones y dubdas, las cuales sin los cánones y decretos de sumos pontífices mal se averiguarán con sola la teología.
_Letr._ Careceis de principios, señor Provisor.
_Prov._ Habla cortés y decí el porqué.
_Letr._ Porque eso es accesorio; que tambien pertenece á su señoría mirar por los edificios y ornamentos de la iglesia, que esté bien proveida de todo esto, pero no se requiere por eso ser carpintero ó platero; así acá, aunque sea así como dices, pero basta para eso tener una persona docta como vos en los cánones, ca entender en pleitos sería meterse en negocios seglares, contra el precepto de San Pablo. De manera que su oficio principal es predicar y enseñar la doctrina de Cristo, y para esto les es necesario saber la Sagrada Escriptura y sancta teología, donde se aprenden tambien los textos de cánones que tocan á la salud de las ánimas, cuanto más que los cánones fueron fundados de varones teólogos como conclusiones sacadas del manantial de las letras divinas.
_Prov._ A todo eso que dices contradice Hostiense y Panormitano.
_Letr._ Verdad es, pero no respondieron á mis razones, y hablaron como canonistas en saber poco en casos de conciencia.
_Prov._ Dexaos, por mi vida, de ésos, señor Doctor, que nunca haréis mayorazgo si os ateneis mucho á los teólogos, y despachemos á esta gente, que nos hemos mucho detenido.
_Letr._ Bien podeis dar por libre al estudiante, que en esto no solo seguis la caterva de los teólogos como es Sancto Tomás, Ricardo, Scoto, Silvestre y otros muchos; pero teneis de este bando los más famosos canonistas, conviene á saber, Panormitano, Inocencio III, el Cardenal y Francisco de Arecio.
_Cel._ Ya deciende el Provisor, llégate acá Angelina.
_Prov._ Estad atentos y oí la sentencia.
_Cel._ Diga su merced.
_Prov._ En el pleito que es entre Angelina y su procurador en su nombre de la una parte, y Sancias de la otra: fallamos, atentos á los auctos y méritos de este proceso de pleito, que la dicha Angelina y su procurador en su nombre no probaron su peticion y demanda.
_Cel._ En hora mala os pusisteis ahí.
_Prov._ Dámosla y pronunciámosla por no probada, y que el dicho Sancias probó bien y cumplidamente sus excepciones y defensiones.
_Cel._ En buena fe, mentís.
_Prov._ Dámoslas y pronunciámoslas por bien probadas, en consecuencia de lo cual, que debemos absolver y absolvemos al dicho Sancias de la demanda contra él puesta por parte de la dicha Angelina y su procurador en su nombre. E dámosle por libre y quito de todo lo contra él pedido y demandado.
_Cel._ Para esta que aquí Dios me puso que yo te haga tambien libre y quito de la que estotro dia me rogaste que hablase.
_Prov._ Y ponemos perpétuo silencio á la dicha Angelina y á su procurador, para que agora ni de aquí adelante no le pidan ni demanden cosa alguna de lo en la dicha su demanda contenido, y por causas que á ello nos mueven no hacemos condenacion de costas; y por esta nuestra sentencia definitiva, ansí lo pronunciamos y mandamos.
_Cel._ Ansí don cavez mordido, por los huesos de mis finados, tú me la pagues, no te aprovecha importunarme con el sacristan, que no la habrás. Calla tú, Angelina, no llores, que yo he de morir ó salir con este pleito; yo estudiaré mañana y esotro dia para engañar á Sancias, y entre burlas y véras le sacarémos del buche un sí, puro y no aguado con condicion; agora vámonos, que no me he desayunado sino de pecados.
¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL TERCERO ACTO.
Va Lisandro armado con sus criados á hablar á Roselia. Encuentra á Beliseno, hermano de ella, que anda rondando la calle, porque habia barruntado el negocio, el cual no conociendo á Lisandro se va; Lisandro, como no salia su señora, vase á quexar á Celestina, la cual, despues que se excusa, le dice que note una carta para su querida, y que ella se la dará y la hará venir á su propósito con su buena lengua.
LISANDRO. — OLIGIDES. — EUBULO. — SIRO. — GETA. — BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — DROMO. — REBOLLO. — CELESTINA. — LIBIA. — FILIRIN.
_Lis._ Oyes, Oligides, di á esos mozos que aderecen las armas y esté todo á punto, que es hora.
_Olig._ Señor, agora dió las nueve.
_Lis._ No hace al caso, que bien es apercibirnos con tiempo, cuanto más que no sé si por ventura esta noche más que las otras el primer movimiento llevará en pos de sí al planeta sol fuera de su acostumbrado camino, y así pensando hallar á Roselia encontraré con la hija de Palántes que sale desmeleñada con sus rosados cabellos y acompañada de rocío á descombrar el esmaltado cielo de estrellas, y estorbarme de ver y hablarla, que con su vista me alegra y con su ausencia me atormenta.
_Olig._ Eso no puede ser por via de naturaleza.
_Lis._ ¿Qué sabes tú si Dios agora hará milagro en acelerar el curso del cielo como hizo con Josué en detenello? Que á los que bien aman nunca les faltan desdichas, á los cuales no ménos fortuna les es contraria, que á los ménos dignos amor favorable.
_Olig._ ¿Qué armas quieres, señor?
_Lis._ Dame á mí ese montante, vosotros llevad rodelas.
_Olig._ Vístete estas corazas, Eubulo.
_Eub._ Bástame á mí zarahuelles y un brazal izquierdo con la rodela.
_Olig._ Yo vístome el jubon fuerte de nudillos, que á mí más que á otro me trae sobre ojo para me matar Beliseno, hermano de Roselia, despues que sintió mis pasos y mis entradas y salidas á su hermana de partes de Lisandro. Siro, Geta, armaos presto.
_Lis._ Quédense ésos en casa, que bastais vosotros.
_Olig._ ¡Oh señor! vengan, que quien á sus enemigos popa á sus manos muere. Bien es que vamos á recabdo.
_Lis._ ¿Quién hay que nos ande á los zancajos por aquí?
_Olig._ Beliseno el mayorazgo, hermano de ella.
_Lis._ ¿Y ha venido á su noticia cosa alguna?
_Olig._ Tanto que me pesa, porque supo que yo habiendo sido paje de su padre, y fiando su casa de mí, con este título le alcahuetaba á su hermana para tí, y anda por me matar, segun me dixo Galfurrio, su criado y mi amigo; y tambien me dixo que te cumple á tí traer la barba sobre el hombro y andar en aviso, porque cada noche fasta las once pasea la calle de banda á banda, y trae espías á ver si te puede coger, que fué sabidor de cómo los otros dias te requebraste con Roselia, y que fasta hoy dia la sirves y festejas con mil juegos de cañas, y justas, y pomposos atavíos en tu persona y diversas libreas en tus sirvientes, en las cuales siembras letras de tu pasion, bordadas y chapadas las ropas todas del nombre de la dama; que áun en los paramentos de los caballos y en la cimera del yelmo huelgas de escrebir su nombre. Con todas estas cosas, ¿no querias ser sentido? Piensan los enamorados que los otros tienen los ojos quebrados. Pues sábete que Beliseno es hombre que tiene sangre en el ojo y mira mucho por la honra, y por este pundonor no estimará el resto en lo que pisa; á su mesma hermana matará si siente el menor pelo del mundo.
_Lis._ Pues no sólo mi hacienda, mas tambien mi vida he condenado al fisco de su servicio, por bien empleada doy la muerte en tanto que ella se sirva. Cuanto más, que dientes tuvo mi linaje, que los supo mostrar en tiempo de afrenta, y lo mesmo haré yo á quien me enojáre ó tocáre al menor de mi casa, y déxate de eso y vamos.
_Olig._ Atraviesa por esta calle, que es más secreta.
_Lis._ Hola, id de dos en dos porque no parezca que vamos en cuadrilla.
_Olig._ Bien dice.
_Eub._ Señor, por amor de Dios, que si algo fuere nos defendamos con moderacion que carezca de culpa, y no acometamos, que no lo permite la ley evangélica, ántes nos enseña á amar los enemigos.
_Lis._ Boballa tres veces, ¡con qué sale el asno devoto!
_Olig._ Ce, ce, señor, el lobo en la conseja; ¿ves aquel bulto de hombres arrimados al esquina?
_Lis._ Mucho bien, ¿quién son?
_Olig._ Beliseno con su gente. Ponte en primera, que se acercan, y poco á poco se van juntando con nosotros.
_Lis._ Hacé lugar, jugaré de mi montante en esta plazuela si algo fuere.
_Sir._ Geta, ¿sabes alguna postura de espada? dímela, que no aprendí á esgremir.
_Get._ Ponte así en tercera.
_Sir._ Echaré mano tan ayna.
_Get._ Veamos primero en qué pára esto.
_Beliseno._ Mozos, no se menee nadie de su lugar sin que ántes sepan quién son, no paguen justos por pecadores. Si fuere Lisandro, el primero que le diere una estocada y le derribáre en el suelo, tiene de mí cincuenta monedas.
_Casajes._ Señor, ¿si le matamos?
_Bel._ Muera.
_Galfurrio._ Perdónele Dios.
_Cas._ Bien pueden doblar por él.
_Dromo._ Mas recen por él luégo.
_Rebollo._ Digámosle todos un pater noster, porque Dios le alumbre á conocimiento de sus pecados y no pierda el alma con el cuerpo.
_Bel._ Tiremos la calle derecha, que no son ellos si no me engaño, que están muy retapados, y creo que es la justicia.
_Galf._ ¿No nos viste, señor, en tu reguarda asestadas las puntas de nuestras espadas en su corazon? No hubiera dicho, yo soy, cuando cuatro estocadas, una en pos de otra, le rasgáran las telas del corazon.
_Cas._ Por el sepulcro de Sanct Vicente de Ávila, en esta piedra estaba aguzando la punta de mi espada para escarballe las entrañas.
_Drom._ Juro á los Corporales de Daroca, yo las uñas porque hiciesen buena presa, que sin dubda pensaba hacelle tal puerta con mi espada en el costado izquierdo, que con las uñas le arrancára el corazon.
_Reb._ ¡Oh pésete tal! ¿por qué no era él? que Galfurrio lo dirá si le pedí prestado su pañizuelo para me limpiar despues la mano derecha, que, por la cruz de Caravaca, por mi tengo que fasta la empuñadura le metiera la espada y me bañára la mano en sangre, porque yo le apretára tanto, que las costillas le hiciera cruxir y que dieran lugar á mi mano que se engolfára dentro.
_Bel._ Mando que ninguno haga más de matalle.
_Galf._ Si fuere en nuestra mano, señor, podernos moderar fasta sacarle de vida no más, lo cual creo que no podrá ser, harémoslo, donde no, podrás perdonar. Tira, señor, por estotro camino, no nos encuentre la justicia y nos desarme, pues no te quieres dar á conocer.
_Bel._ Vamos.
_Galf._ ¿Qué os parece, compañeros, si tornáramos la cuesta donde quedan los otros? no fueran más nuestras vidas.
_Drom._ Ahí nos matáran.
_Cas._ Hagámonos cuenta que hoy nos nacimos, que de dos buenas hemos escapado.
_Reb._ A tí debemos la vida, Galfurrio.
_Olig._ Señor, está siempre á punto y guarda la entrada, no haga Beliseno alguna zalagarda donde quedemos todos apiolados, que por arriba me pareció que subian á rodearnos.
_Eub._ Ya se fué.
_Lis._ Sentémonos al pié de la torre miéntras se hace hora y sale mi señora. Vosotros, ¡hola!
_Sir._ Señor.
_Lis._ Poneos á esos cantones y mirad quién pasa, avisáme.
_Sir._ Yo escóndome, hermano Geta, tras esta pizarra, que mal va este negocio como el diablo.
_Get._ ¿Cabemos entrambos?
_Sir._ Espera, meteréme yo debaxo; ponte agora ahí arrimado, que no te vean los que pasan.
_Lis._ ¿Qué hora da el relox?
_Olig._ Las once.
_Lis._ Apartaos allá, no vea mi señora otra persona más de la mia, no se turbe de ver tanta gente, y se empache de salir á hablarme, basta el temor con que lo hace.
_Eub._ Aquí estarémos.
_Lis._ Hola, ce, ¿dormís?
_Olig._ Señor, no.
_Lis._ ¿Habeis oido el relox?
_Olig._ Poco há que dió las doce.
_Lis._ Y no sale aquella resplandeciente luna de la noche, aquella luminosa hacha para alumbrar de sus finiestras la profunda tiniebla y tenebrosa obscuridad de mi corazon preso en la carcel de su servicio. Mas ¡oh desdichado! que no son tan grandes mis servicios, que no sea mayor su merecimiento para hacerme mercedes, ni hay tan gran cosa en mi poder, que mayor á tí no se deba; pero por eso, señora mia, es más tu nobleza y liberalidad para me las hacer, que no mi diligencia para las merecer y recebir, y lo que fuere falto en mis obras, la virtud tuya lo supla volviendo los ojos á mi crecido deseo, que del todo á tu servicio se ha dedicado, de suerte que no tiene cosa nueva que te ofrecer, que si más hobiera más sacrificára; y de todo esto con sola tu vista me doy por pagado, que así mis ojos se contentarán y mi corazon quedará satisfecho. ¡Ah señora! ¿óysme? Cata, que si la esperanza de verte me faltase, tampoco la vida se podria sostener; ¿no me respondes, ó déxasme por atreguado como pieza de axedrez?
_Olig._ Asotra puerta, al diablo le responderá, está la otra durmiendo á su placer y oirálo. En buena fe, señor, mejor sería irnos á dormir que no guardalle su torre.
_Lis._ Esperemos hasta las dos, y si no sale, vámonos, que aquella burladora de Celestina me ha engañado. Desviaos, no esteis conmigo, no os sienta si saliere, y así se torne.
_Get._ Po, po, y como hiedes, Siro.
_Sir._ Pardios, para te decir la verdad, que pensé que alguno te engarrafaba cuando te heciste á mí y me empuxaste, y con este miedo caguéme.
_Get._ Yo te doy mi fe que no me quedó gota de sangre en el cuerpo cuando me enovillé y me apreté contigo, que no sé cómo me volví los ojos despavoridamente y representóseme por hombre aquella piedra frontera.
_Eub._ Señor, las dos da, vamos que ya no saldrá.
_Lis._ Ay, ay de mí, que, como mi ánima, fasta aquí puesta en temor y suspensa en esperanza, atentamente esperaba el buen ó mal suceso, así agora que no tiene en qué estribar, queda atónita, sin sentido y pasmada.
_Olig._ Supla tu cordura lo que falta de razon, para no dar lugar á tu pasion.
_Lis._ Ni Job con paciencia, ni con fortaleza Posidonio, su dolor disfrazaron, cuanto más yo, flaco hombre de cordura, me podré ensayar para no sentir lo que me sobra de razon para quexarme.
_Eub._ Señor, pues no puedes lo que quieres, quieras lo que puedes, esto es, que des obra á que Cupido no aviente con sus alas más desórden en tu voluntad, la cual si virtud y sabiduría no la enfrena, ella por sí desbocada y sin freno es.
_Lis._ Fácilmente todos, cuando sanos, damos buenos consejos á los enfermos, si tú adolecieses de mi mal, otra cosa dirias y sentirias.
_Olig._ Señor, tarde es, vámonos á dormir que ya no saldrá.
_Lis._ No lo haré fasta ir á hablar á la vieja.
_Olig._ Pues tira por esta acera, aquí vive.
_Lis._ Llama.
_Olig._ Tha, tha, tha, ¿quien está acá? Celestina, Celestina, asotra puerta, que aquésta no se abre. La fuerza del primer sueño vence su sentido que no nos oya.
_Lis._ Golpea con esta piedra.
_Olig._ Trap, trap.
_Cel._ Libia, mochacha, despierta y párate á la ventana, verás quién es, que hunden la puerta á golpes, y di que aguarde á quien fuere mientra me visto, que si á mano viene alguna debe estar con dolores de parto, pues á tales horas vienen.
_Lib._ Voy. ¿Quién está ahí?
_Lis._ ¡Ah, señora!
_Olig._ Paso, señor, que no es Celestina; señora Libia, decid á Celestina que está aquí Lisandro, mi señor, que la quiere hablar.
_Lib._ Sí diré. Tia, aquel caballero de Roselia te busca.
_Cel._ ¿Él mesmo ó algun su criado?
_Lib._ Él en persona.
_Cel._ Duelos tenemos, pues á tal hora viene, daca ese ropon, echarémelo encima.
_Lib._ Toma.
_Cel._ Y ¡Jesus! señor, ¿á tales horas por acá?
_Lis._ Bien lo has hecho, madre, buena cuenta has dado de mi negocio.
_Cel._ ¿Qué es, mi señor?
_Lis._ No vino.
_Cel._ ¿Qué, no salió Roselia á hablarte?
_Lis._ No, por ende mira si me traes en tres pasos burlado, que temo que nada le dixiste.
_Cel._ ¿Decir? mal me haga Dios y no vea esta cruz á la hora de mi muerte si no se lo dixe, y áun de tal repicapunto, y con tal astucia y viveza, que mi tia, que Dios haya, no supiera mejor decillo; desas soy, en buena fe, mal me conoces, no hay tal mujer en el reino de mi oficio como yo, mal pecado; no son éstos los primeros amores en que he entendido.
_Lis._ Pues ¿qué piensas haber sido la causa de faltar mi serafin su fe y palabra?