Part 7
_Cel._ Hi, hi, hi, mala landre que te mate, que reir me has hecho. ¿Hay más?
_Drion._ La manceba del clérigo, y la mujer del cordonero y la desposada vinieron aquí y hice lo que me mandaste.
_Cel._ ¿Supiste hacer el virgo?
_Drion._ Muy bien.
_Cel._ Pues comé vosotras, no me aguardeis, que voy á consolar aquel loco ántes que de sí haga algun desatino.
_Drion._ ¿Cómo te sucedió?
_Cel._ De perlas; algo habian de aprovechar los caractéres del cerco de esta noche.
_Olig._ ¿No baxas, madre?
_Cel._ Vamos.
_Olig._ Dime agora lo que has hecho, que segun te vi venir alegre y dando saltos de placer, por mí tengo que has ablandado aquella breña y duro risco, y que traes buen recabdo. Mas, de véras, ¿qué acabaste con ella? Dímelo porque yo contigo me alegre, que no ménos que tú holgaré del bien de mi amo, y así será tu gozo perfecto y entero, que el placer no comunicado no es cumplida alegría.
_Cel._ ¡Ay bobo! ántes que tú nacieses entendia yo esas malicias; quiere que se lo diga para ganar por la mano las albricias de aquel que en el triunfo de sus locuras no estima el gasto.
_Olig._ ¿No dices, madre?
_Cel._ Cerca estamos, ahí lo oirás.
_Olig._ Dígolo, porque si ruines nuevas traes no te cumple parecer ante los ojos de aquel desabrido, ni ménos yo iré con esa embajada, no quiebre sobre nosotros el enojo que tiene de la pasion que le dan sus amores; que los corazones apostemados con ira, con poco cauterio brotan su venino en los primeros encuentros sin esperar más razon.
_Cel._ Otra vez á doce.
_Fil._ Señor, señor, Celestina.
_Lis._ Daca esas ropas de martas cebellinas, saldréla á recibir. ¡Oh Dios! ¿con qué viene?
¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
Apénas puede creer Lisandro la buena nueva que Celestina le trae de su señora; y sobre esto pasa con ella y con sus criados muchas cosas llenas de donaire. Despídese Celestina de Lisandro para ir á hallarse en el pleito de Angelina. Todavía el gran celo de Dios incita á Eubulo á decir sus sanctas y buenas razones á Lisandro, aunque sabe que ha por ello de ser afrentado del embobecido su amo.
CELESTINA. — LISANDRO. — EUBULO. — OLIGIDES. — MOZA.
_Cel._ Metámonos dentro, señor mio, no estemos aquí en la calle dando cuenta á los que pasan, que bien es que vivamos cautamente, pues castamente no permite esta negra carne; allá sabrás bueno ó malo, ó lo que fuere.
_Lis._ Señora mia, ó afloja ya sin más tardar el cordel que de rato en rato con estrechos estirones de temor y desconfianza acorta el huelgo de mi vivir, ó dame presto garrote, que más tormento me es la esperanza de tu palabra, que las prisiones que sostengo.
_Cel._ Dime, señor Lisandro, ¿qué merece la que hoy en este dia aventuró la vida en tu servicio?
_Eub._ Algo de bueno trae la madre, encarecérselo quiere primero que lo diga.
_Olig._ Su costumbre es jamas meter aguja sin sacar reja.
_Lis._ Mucho por cierto, si de la fuente de mi mal trae alguna esperanza de mi bien.
_Cel._ ¿Y si la trayo?
_Lis._ Júzgote por Dios, pues por ninguna via podemos parejarnos con los dioses inmortales, dice el gentil Ciceron, como dando salud á los mortales.
_Cel._ A sus trece torna este necio; ¿qué cómo yo de eso?
_Lis._ Habla alto, madre, que te entienda.
_Cel._ Digo, señor, que en sólo esto me parezco á Dios en no comer palabras, sino obras, que palabras y plumas el viento las lleva.
_Lis._ Pues ¿qué quieres tú, madre, y sácame de pena?
_Cel._ Yo, seguro que no te pida tesoros ni montes de oro, si no fuese para casar dos sobrinitas mias huérfanas.
_Lis._ Pluguiese al Soberano que mi deseo hobiese su efecto, que tu peticion no careceria de cumplimiento, porque incomparablemente estimo por más aventajada la merced á mí hecha que cualquier dón á tí prometido.
_Eub._ Oligides, por lo que debes á virtud, te llegues á ese loco, y le digas al oido que no prometa tal cosa.
_Olig._ Díselo tú si bien te estuviere, que yo no lo pienso, allá se lo haya, con su pan se lo coma si algun desatino hiciere.
_Eub._ Señor, una palabra.
_Lis._ ¿Agora me vienes con secretos, necio?
_Eub._ Señor, mira lo que haces, que quedas atado al prometimiento, porque el que de su voluntad se obliga, obligado es á cumplir lo prometido; por amor de Dios no lo hagas, que es pecado de prodigalidad, no te saque de quicios esa mala hembra y tu desvariada alegría.
_Lis._ Véte de ahí, asno, ¿quién te hizo cura de ánimas ó procurador de pleitos ajenos? Déxame á mí, que yo sé lo que hago.
_Eub._ Por donde te tengo, por ahí te dejo; nunca más perro á molino, á tu placer, mula, da, promete, cree á alcahuetas, que tú te pondrás del lodo y morderás en el ajo más de cuatro pares de veces.
_Olig._ En mi seso estuve estar quedito y no irle á la mano en cosa fuera del propósito de sus boberías.
_Eub._ Él vendrá á tiempo en que se pele las barbas de que no me creyó. Quiero salirme de este juego, que bienaventurado es, dice el serenísimo rey y profeta David, el que no fué en pos del consejo de los impíos, ni se detuvo en el camino de los pecadores.
_Cel._ No pasemos más adelante, yo me obligo de te la hacer haber, con que dés tú fe de me las casar honestamente.
_Lis._ Doite mi fe y palabra como caballero de lo hacer.
_Cel._ Recibo la merced que á eso me atengo, pues al buey por el cuerno y al hombre por la palabra, dicen en mi tierra, cuanto más que en los nobles y generosos como tú, el nuevo ofrecimiento es habido por nueva obligacion, y no pierdo las albricias de las buenas nuevas que oirás.
_Lis._ ¿Buenas nuevas, madre mia? daca esos piés, besarételos, que no me tengo por digno besar tus manos, que, por ventura, tocaron la ropa de mi señora. Di agora que de rodillas se ha de recebir la palabra salida por boca de aquel ángel.
_Cel._ Por mi salud, no lo consienta, levántate, señor.
_Lis._ Pues di.
_Cel._ La suma de ello es que el juéves á las once de la noche Roselia te saldrá á hablar por las ventanas traseras de su torre que miran al alcázar.
_Lis._ ¿Qué dices, señora? ¿Qué dices, salvacion mia y bien mio? Tórname á decir eso, explícate más, quizá entendí mal, ó trastroqué las palabras, ó mi poca advertencia causó poco entendimiento, ó mi mucha aficion hizo que el disfavor de aquella princesa que enxerido traes en tu razon, echase á la mejor parte.
_Olig._ Está el diablo desbabado oyendo, y dice que no tiene atencion.
_Cel._ Algo merece la que tan buen recabado trae, que si el sesgo no llevára el córte de mi razonar á remate, iba perdida.
_Lis._ Señora Celestina, único remedio y reparo de mi desahuciada salud, declara y repite esa autorizada sentencia, que no la entendí.
_Cel._ Pasado mucho intervalo de tiempo, y usando yo de mis artes cautelosas y fingidos rodeos, acabé con Roselia que te viese por do te dixe, haciéndole entender que tocaba al servicio de Dios ver y hablar al que con su vista y palabra recuperaria la vida.
_Lis._ Mozos, ¿estais ahí?
_Olig._ Sí señor.
_Lis._ ¿Qué dixo la señora?
_Olig._ Que Roselia, dadas las once de la noche, saldrá á las ventanas de su torre, y que ahí la hablarás.
_Lis._ Mira no te engañes, mira si entendiste como yo, que aquel resplandeciente lucero, cuando el prolixo relox tocáre las once, se descubrirá, y esclarecerá del castillo la calleja del alcázar, y de ahí esparcirá sus refulgentes rayos por mi corazon y dará luz á mis ojos; ¿es esto?
_Olig._ Eso es en sentencia.
_Lis._ ¡Oh singular merced! ¡oh premio tan sobrado y desmedido á mi merecer! ¡oh incomparable dón! ¡oh crecido y sobrepujante galardon á mi servicio! ¡oh aventajado salario de mi pequeño trabajo! ¡oh soberana! ¡oh divina! ¡oh suprema! ¡oh excelente! ¡oh encumbrada y ensalzada magnificencia y liberalidad de mi señora, que á su captivo siervo y esclavo aherrojado rescató en este dia de las obscuras prisiones de cárcel de amor! Espejo de mi vista, lumbre de mis ojos, dulzor de mi ánima, joya preciosa entre todas las perlas, hermosa ninfa, en cuya presencia todo el mundo es feo, ¿qué favor es éste que me envias? ¿qué es posible que saldrás de tu grado? ¿cuándo te lo merecí? ó háceslo por tu grandeza, que condicion es de las grandes hacer mayores las mercedes que los servicios merecen. Mas ¿qué es esto, si me he vuelto loco, sin seso, hecho frenético de suerte que con la mucha pasion, trastornada la imaginativa, fantasea fingiendo lo que deseaba? ¡Ah, señora! ¿tú no eres Celestina y vosotros mis criados? ¿No me es agora dicho que mi señora Roselia de su homenaje, cuasi á la media noche, con su venida descombrará mi pecho de pasiones, y remontará las mis ciméricas tinieblas que me obscurecian?
_Olig._ Sí, sí, sí, ora ver si lo creerás; juraré que ha de pensar aún sobre ello. Ea, señor, que no estamos aquí en la opinion de Empedocles, filósofo, el cual decia de ninguna cosa poder nosotros tener evidencia, porque los sentidos podian recebir engaño y decepcion; no pasa otra cosa ni hay más de lo que oiste.
_Lis._ ¿Y qué fué?
_Olig._ ¿Y no lo has oido seiscientas veces? Sancto Dios, y qué prolixo hombre; bien dicen que cuanto más deseada es la cosa, más dura es de creer; pues ten atencion y oye.
_Lis._ Di.
_Olig._ Roselia, el.....
_Lis._ Espera pues, no dé otro sentido del que suena tu habla y pronuncia tu boca, veré si conformamos, que mucho hace un sí ó no en la oracion. Roselia, mi señora.
_Olig._ El juéves en la noche.
_Lis._ El juéves en la noche.
_Olig._ Dadas once.
_Lis._ Dadas once.
_Olig._ Te verá y hablará.
_Lis._ Aguarda, no te des tanta priesa. Me verá y hablará.
_Olig._ Del puesto.
_Lis._ ¿De qué puesto?
_Olig._ De las ventanas de su torre que caen al alcázar.
_Lis._ Eso sí, de las ventanas de su torre que caen al alcázar. Es así: que Roselia, mi señora, el juéves, dadas las once, me verá y hablará de las ventanas de su torre.
_Olig._ Que sí, que sí, que sí, ¡válate el diablo! Dios me perdone si lo has entendido.
_Lis._ ¡Oh bienaventuradas orejas mias que en tan breves palabras tan sublimes sentencias oís! ¡Oh gozo extraño! ¡oh dichoso hombre más que cuantos nacieron! pues ninguno gozó de tanta alegría como agora yo.
_Cel._ Sosiega, señor, que no ménos te podria dar la muerte la demasiada alegría extendiendo las telas del corazon fuera de sus límites, que la mucha pasion y tristeza angostándolas más de lo necesario.
_Lis._ ¡Oh mi buena madre! ¡oh excelente triaca de mi secreta y mortal llaga! Cuéntame agora todo lo que pasaste con aquella señora, y dime algunas palabras consolatorias de aquella dulce boca.
_Cel._ Señor, bástete saber que del casquillo de la saeta que á tí hirió queda ella lastimada, y aunque parezca que por via de bien quiso conceder á mi ruego y satisfacer á tu deseo de vella y hablalla, pero ella vendrá de su grado dando de piés y manos á lo que pretendemos, que la vergüenza y empacho comun á todas hace que lo que la voluntad otorga la boca niegue, con este velo cubrimos hartos defectos que publicariamos si lícito nos fuese como á los hombres, aunque yo, pardios, no me curaba de esas vergüenzas cuando moza, que si bien me parecia alguno, no dexaba de hacerle señas y mostrarle claramente la gana que tenía.
_Fil._ Señora, una moza te busca.
_Cel._ Pues, mi señor, el viérnes de mañana soy acá á ver cómo te fué con tu dama para que de ahí colija y sepa en qué estado está el negocio y en qué disposicion la tenemos, y conforme á esto obrarán mis artes, y quédate á Dios.
_Lis._ Toda la córte celestial te acompañe.
_Cel._ ¿Qué quieres, hija?
_Moz._ Mi señora Angelina te suplica que en todo caso vayas á las dos á juicio, porque aquel estudiante con quien tú la desposaste niega ser su esposa.
_Cel._ Dile que me place, que yo lo haré de mil amores, y que me espere en su casa, que de ahí nos irémos entrambas juntas.
_Lis._ ¡Oh, cómo temo no me acaezca agora algun infortunio ó desastre! que la fortuna así suele usar de sus casos falaces con los que en prosperidad pone y en alta cumbre como á mí, de manera que cuanto más alto los sube, tanto más baxo lo derrueca y abate; rueda es de fortuna no permanecer en un sér.
_Olig._ Por ende es buen aviso, señor, pensar hombre consigo todos los males que le pueden suceder, y estar apercebido con sufrimiento, porque si alguno sucediere no le halle desarmado y desproveido de paciencia, ántes dé gracias á Dios que no le sobrevinieron todos aquellos males que él pensados tenía.
_Eub._ ¡Oh! cuánto sería mejor dejar esas vanidades y contemplar la brevedad de la vida y el fin y remate de ella, que al fin pasa la gloria de este mundo y sus deseos y cobdicias. Mas, ¡oh desvarío de los hombres! da voces el clarísimo orador y poeta Petrarca, nadie hay que esto no sepa, y esperan enmienda con dilacion de la vida fingiendo entre sí que están léxos de la muerte, la cual el tiempo breve, la vida corta, las muchas desventuras y fortuitos acaecimientos la hacen vecina y muy cercana á nosotros; así es el mundo y el engaño de los vivientes, que mientra luengo espacio de vida, á sí mesmos prometen pensando vivir los años de Nestor, ó que les sucediera la dicha de Metello, ó que la natura les será madre más piadosa que á los otros, á deshora la triste y congoxosa muerte les acomete sin apercibimiento. Mira, señor, que aquel vivió, dice Marcial á su amigo Posthumo, el que ayer vivió, que de hoy no tenemos certinidad. Teme á Dios y acuérdesete de aquella palabra digna de ser escripta con letras de oro, por ser de aquel gentil Valerio, que la ira de Dios procede en su venganza de espacio y á pasos contados, y la tardanza la recompensa con graveza del castigo.
_Lis._ Oligides, di á ese sandio que calle si no quiere palos, que, por Dios, creo que ha de reventar un dia de éstos de mucha devocion. Y mira si está aderezado, que quiero comer.
_Olig._ Voy, señor. Anda acá Eubulo, que eres menester.
_Eub._ Ya, ya, á buen entendedor pocas palabras.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
Va Celestina con Angelina á pleito ante el Provisor, juntamente con los testigos y Procurador. Despues de largas disputas con el letrado, el Provisor absuelve á Sancias, estudiante, de la demanda que por Angelina le fué puesta sobre caso de ser su esposo y marido. Está llena esta cena de mucha doctrina, y no ménos de gracias y donaires.
CELESTINA. — ANGELINA. — TESTIGOS. — PROVISOR. — PROCURADOR. — SANCIAS. — LETRADO.
_Cel._ Tha, tha, tha.
_Ang._ Mochacha, corre, verás quién llama.
_Cel._ Bendígate Dios y San Miguel Ángel, y qué galana estás.
_Ang._ No estoy para ver despues que parí del Arcediano.
_Cel._ Tal me venga el año y la Pascua cual tú agora me pareces.
_Ang._ Madre, no me lo tomes á soberbia, que en mi ánima agora dos años no habia otra más hermosa en la ciudad.
_Cel._ ¿Por qué no te arrancas esos pelitos de entre ceja y ceja? Saca las tenacicas del estuche, pelarételas.
_Ang._ Ten; ay, que escuece.
_Cel._ Hija, por eso dicen sufrir cochura por hermosura. Cobíjate y vamos, que ya estarán en audiencia, y de camino llevarémos los dos mancebos que escondimos en la recamarilla por testigos.
_Ang._ Vamos; rapaza, vénte conmigo y cierra la puerta.
_Cel._ Aquí moran. Gentiles hombres, por la parte que os cabe de la señora Angelina que vengais con nosotras á jurar lo que oisteis cuando la desposamos con aquel estudiante llamado Sancias, que lo niega á pié-juntillas.
_Test._ Eso de muy buena voluntad, id, que luégo somos allá.
_Cel._ Por mi salud, hija, que te cumple éste más que otro, que yo lo he mirado con tales ojos, que será buen oficial de lenternas, y tú podrás á tu salvo hacer lo que bien te estuviere, que á los tales no ménos los ojos les engañan que la poca experiencia que tienen en estas cosillas, cuanto más que mucho hace al caso el sonsonete de, mujer casada soy, para que en más te tengan los galanes que hasta aquí te servian, que lo vedado más se desea, y más caro cuesta lo que no se halla fácilmente á cada canton, y tambien que así no te llevarán el marco.
_Ang._ Si eso no viera, nunca tan á pechos tomára este casamiento, cuanto más que es hijo de un mercader muy rico, y está un dia de éstos para repetir.
_Cel._ Dices la verdad, que ansí lo oí.
_Ang._ Pongámonos cabe estas verjas, que Sancias velo do está, y los testigos ya vinieron; tú responderás por mí, que yo soy muy empachada, mientra viene nuestro Procurador.
_Provisor._ ¿Qué quereis, mujeres?
_Cel._ Señor, esta doncella se casó con este estudiante y él niégalo, y por cuanto se siente muy agraviada en no casarse, pide en justicia á vuestra merced le mande casar con ella, pues darémos informacion de la verdad.
_Prov._ Toma procurador, que tú, mujer, no puedes procurar.
_Cel._ Hélo aquí, señor.
_Prov._ Bien está; pues ¿qué pides al estudiante?
_Procurador._ Pedímosle por marido de esta señora.
_Prov._ ¿Qué decis vos á esto?
_Sancias._ Que no sé qué se dicen, y niego lo que me levantan.
_Proc._ Es verdad, y porque lo creas, señor, toma juramento á estos testigos que están aquí, que ellos dirán la verdad.
_Prov._ Jurad que jurais á Dios y á santa María, y á esta señal de la cruz ✝ decir verdad de todo lo que supiéredes en este caso y os fuere preguntado. Respondé, sí juro.
_Testigos._ Sí juro: sí juro.
_Prov._ Si así lo hiciéredes Dios os ayude, si no, él os condene. Decí, amén.
_Test._ Amén.
_Prov._ Por el juramento que habeis hecho, es verdad..... ¿Cómo os llamais vos?
_Ang._ Señor, Angelina.
_Prov._ ¿Y vos?
_Sanc._ Sancias.
_Prov._ Que Angelina se casó con Sancias, estudiante, y sabeis que se dieron las manos por palabras de presente.
_Test._ Que para el juramento que hemos hecho que están casados, y les vimos dar las manos por palabras de presente.
_Sanc._ Señor, aquello no lo niego; pero puse condicion cuando me casé con ella diciendo así, yo te tomo por mujer si el arcediano que te hobo te diere comigo veinte mil maravedís en casamiento.
_Proc._ Señor, ya se los da el arcediano.
_Sanc._ Señor, bien me puedo salir afuera si no tornamos de nuevo á darnos las manos con nueva obligacion y consentimiento.
_Proc._ No podeis por el capítulo _Super eo de conditionibus_.
_Prov._ Escuchaos y salios fuera, tomaré parecer con el letrado, que ése es caso dubdoso y áun harto dificultoso de determinar. Señor doctor, ¿qué sentís en este caso? Si dos se dan las manos con consentimiento de entrambas partes por palabras de tiempo presente, y el uno de ellos pone esta condicion de futuro diciendo, yo te tomo por mujer ó marido con tal que fulano te dé en casamiento tantos mil maravedís, dáselos; pregúntoos si será válido el tal contrato ó matrimonio complida la demanda, ó condicion puesta, ó si se requiere nueva obligacion y nuevo consentimiento.
_Letrado._ Antigua y vieja querella es ésa, señor Provisor, en la cual los famosos canonistas y teólogos fieramente se encuentran, y entre ellos hoy dia hay gran controversia en la porfía y debate de la verdad, de manera que cada uno de ellos, segun su opinion, daria su parecer y decreto. Pero yo sigo en este caso la sentencia de los teólogos, que en esto, como en lo demas, sintieron y hablaron mejor. Cuyo cánon verdadero es que el matrimonio que de principio no fué matrimonio por causa de algun pacto ó concierto ó impedimento ó condicion puesta, no viene á ser matrimonio, puesto que despues se cumpla lo prometido, ó cese el estorbo que empidia el tal contracto, si de nuevo no comienza entre ellos nueva obligacion y consentimiento de voluntades.
_Prov._ ¿Por qué razones os fundais? que, ya sabeis que en materias disputables, más hace la razon y argumento que la auctoridad del que lo dice, dado que mucho me persuadan las letras y buen juicio que en vos florecen.
_Letr._ No creais que la doctrina de estos sabios teólogos aceptase por la más razonable y verdadera, si sus subtiles y agudas razones no me moviesen á ello y áun me compeliesen á creello. E dexadas nuestras leyes y capítulos que parecen sentir esto, donde por consecuencias y argumentaciones os podria traer á conocimiento de mi opinion, como es la ley _Si stipulator_ y la ley _Stipulantes_, § _Sacram de verborum obligationibus_, y el capítulo _Super eo de conditionibus_, argúyoos con vivas razones, las cuales despiertan más el entendimiento. La primera, si Sancias ántes que le cumplan la condicion se arrepiente y desiste de su propósito y intincion que tenía de casarse con Angelina, todos los doctores, así teólogos como canonistas, convienen que el tal no sería matrimonio; luego, dado que no revoque su consentimiento, no valdrá el contracto de palabra si de nuevo no consientan. Pruéboos la consecuencia, porque ningun arrepentimiento basta para quitar ó anular la fuerza ó virtud del contracto, si en sí causa el matrimonio y tiene virtud de lo hacer. La segunda razon, si Sancias ántes que el arcediano le diese los veinte mil maravedís, ó ántes que le cumpliesen cualquier otra condicion puesta largamente, se podia casar con otra, como vos, señor, tampoco negaréis, luego si tiene poder de casarse con cual quisiere, es porque el tal contracto con condicion era inválido y sin virtud de hacer matrimonio, y como quiera que sola la ratihabicion no es suficiente de causar obligacion en el matrimonio sin nueva voluntad y contracto, síguese que no es necesario que nuevamente se casen y consientan. La tercera razon.....