Part 4
_Cel._ Gracias á Dios, hijo, que sus dones reparte por quien quiere, á unos da el dón de profetar, á otros de predicar, á otros de hacer milagros, á mí de sanar enfermos.
_Olig._ Bien creerás, madre, que en tí, como en sagrada y postrimera áncora de su salud, tiene puesta mi amo su confianza despues de muchos remedios aplicados.
_Cel._ En eso habeis errado la cura y dañado la postema del su afligido corazon, que, como dixo Séneca, la llaga á la cual muchas medicinas tocan, con dificultad llega á cicatrizar; y si el principio se yerra, no puede seguirse buen fin.
_Olig._ Por tanto se pone el pandero en tus manos, que lo sabrás bien tañer.
_Cel._ Ni la graveza de la herida sufre excusa, ni el precio de la cura ménos valor, por la bondad del cerujano, que la enmienda en lo no acertado es más trabajosa que el remedio en sus principios.
_Olig._ Dexa esos rodeos, que tu boca será medida de lo que pidieres.
_Cel._ Bien es que me entiendas, que yo vivo de mi oficio; ésta fué la herencia que me dexaron mis padres y mi tia, que Dios perdone, y como sabes que este nuestro trato sea tan peligroso, no queremos poner la mano en labor tan delicada sin ver el por qué, que cada puntada nos podria costar la vida sino fuese por nuestras buenas diligencias, aunque caro le costó á mi antecesora la negra cadenilla, que habiéndose librado del toro, cayó en el arroyo; huyendo un peligro cayó en otro, libróse de Pleberio y vino á dar en las manos de aquellos malogrados que bien escotaron la tercera parte con la vida. Dígolo, que si en estos pleitos me he de ver con vosotros, dende agora me tornaré á mi casa y me despido de entender en ello, que más quiero poco con seguridad que mucho con temor de perdello.
_Olig._ Buena pró te haga lo que mi amo te diere, que ni yo seré á estorballo ni ménos despues de dado te ladraré por parte ó partecilla; allá te aven con Dios, y entremos, que abierta está la puerta.
_Eub._ Señor, aquí viene Celestina.
_Lis._ ¡Oh hombre sin comedimiento! Corre, baxa, dale la mano, y dile que suba su merced.
_Eub._ No es mujer de tanta cuenta.
_Lis._ ¡Perenal! ¿dó consiste mi bien todo y mi remedio, dices no ser señora de cuenta y de mucha honra? ¡Señora mia! ¡Señora Celestina! dame la mano, que es agra la escalera, ayudarte hé.
_Cel._ A tan chico santo no tanta fiesta, mi señor.
_Lis._ Pon dos coxines aquí á la señora. ¿No vienes, rapaz? ¡Ah, rapaz! dale dos bofetadas, Eubulo.
_Fil._ ¡Ay! ¡Ay!
_Lis._ Dale bien, manos de topo; no haréis lo que yo mando: ¡oh! cosa recia es servirse hombre de bobos y lerdos.
_Eub._ Mas, ¡oh! cosa difícil servir á locos y necios.
_Olig._ Calla, que la blanda respuesta quiebra la ira, y la dura la despierta.
_Lis._ Ha sido tan deseada tu venida, madre mia, que bien se puede decir nunca mucho costó poco: siéntese. Ya sabrás que amor, viendo embelesados mis ojos en la contemplacion de la más hermosa que todas las mujeres, y desplegadas las velas de mi deseo en pos de su fermosura, me puso en tal estrecho, que si en esta mi cuita no me ayudas, por mejor tengo la dichosa muerte, que todos los trabajos ataja, que no la desesperada vida donde las sombras de mi tristura se engrandecen y espesan. Sólo el pensamiento dó Roselia se aposenta, esclarece la triste cárcel de amor, en la cual estoy preso, lo demas todo me atormenta; tristeza, congoja, trabajo, desdicha, desamor, angustia, deseo, tormento, aficion, ánsia, pasion, cuidado, desesperanza, mal, pena, dolor, cuita, tribulacion, sospiros con lágrimas, de todos estos males con sólo el morir pienso librarme, pues mi voluntad lo quiere y mi razon lo ordena, si tú, como llave desta prision, otro remedio no aplicas ó descubres.
_Cel._ Señor, con pequeño trabajo no se alcanzan grandes cosas, que por eso dicen no se toman truchas á bragas enxutas, todo eso es menester que sufras por el bien que habrás tras el mal de la pena que agora padeces.
_Lis._ Dichoso sería yo, madre, estar debajo de la bandera de tantas pasiones, si consiguiesen la victoria que tu palabra promete.
_Cel._ Por poco que tú me dés, mi dicho habrá su efecto.
_Lis._ Si mi servicio hobiese de igualar y conformar con tan alto merecimiento que el prometimiento de tus palabras merece, hallo el mundo ser muy poco, que tan soberana merced no se compra por dinero.
_Cel._ Este necio piensa que me empreño yo de palabras hinchadas para parir viento. Harias mejor cerrar la boca y abrir la bolsa, que no usar de tan largo ofrecimiento, que las muchas palabras son indicios de las pocas obras.
_Lis._ ¿Qué dices?
_Cel._ ¿Qué? que mujer soy de contentar, aunque tu galardon y mi peligro no emparejen en satisfaccion de igualdad, porque la vida y persona, la cual en semejantes casos se pone en suerte de perder, es más digna y de más valor que otra cosa ninguna.
_Lis._ Toma esta esmeralda, y con ella recibe mi voluntad, y no mires al dón, sino al dador, que mayor deseo le queda que poder tiene para gratificar tu trabajo.
_Cel._ Dios te dé tanta parte en el cielo como mereces en la tierra, que tu larga franqueza pone silencio á mi lengua á darte las gracias por tan crecida y sobrada merced; pero aunque me faltan palabras para agradecer, no me fallece conocimiento para ver cuanta obligacion me has puesto para despertar mi ingenio en la invencion de tu remedio, que bien dicho está, el premio anima á las artes y la honra las sustenta. Y duerme descuidado, que yo soy Celestina, que en las duras peñas hago camino, y con hucia desto descansa, y quede Dios contigo.
_Lis._ Y él guie tu reverenda persona. ¿Paréceos, hermanos, que lo hará bien esta mujer?
_Olig._ ¡Y cómo! aunque tu amor fuese fingido, ella le haria parecer verdadero, que en esto tiene las veces de natura en suplir sus defectos y necesidades. Solamente es menester que hables á Brumandilon, que es un descarado rufian que tomó la vieja por su guarda, temiendo el desastre de su tia. Éste, aunque aprovechar no te pueda, pero puede dañar estorbando lo que á remediar no basta, que si ve tantico peligro en el negocio, porque á él no le quepa parte, disuadirá á Celestina que en ningunas maneras se meta en danza de espadas, de las cuales él á sabor blasona, siendo como trueno, que espanta y no hace mal.
_Lis._ Tráemelo luégo acá, que yo le haré mudar de propósito, que en semejantes personas dádivas rompen peñas, y lo que temor acobarda, avaricia incita. ¿No vas?
_Olig._ Voy.
_Lis._ ¿Y tú, no vas con él, Eubulo?
_Eub._ Suplícote, señor, me escuches una palabra.
_Lis._ Di, y con brevedad. ¿Qué querrá este necio, que ya me amohina?
_Eub._ Señor, en todas las cosas sabiamente ordenadas, el deliberar es primero que el disponer, porque en lo primero hay enmienda, en lo segundo arrepentimiento. Así que, en las cosas que mucho va, los sabios y cuerdos toman consejo, porque despues no se arrepientan de la errada deliberacion, que si una vez ocasion vuelve su cabeza, despues, cuando la quieras asir de los cabellos, hallarla has calva. Despues de esto, conviene los corazones de aquellos, que en arduo negocio proveer tienen, estar desembargados de pasion, porque los oidos con ella cerrados empiden la entrada al consejo, de manera que resultan dos cosas que te cumple hacer, si quieres no errar en lo malo y acertar en lo bueno, lo uno que mires lo que haces y no confies en tu prudencia en cosa en que si yerras haces gran ofensa á Dios y á tu fama, que quien á solas se aconseja, á solas se desconseja; lo otro que apartes de tí la pasion que perturba tu razon en el sabio ordenamiento. Esto hecho, asiéntate en la silla de reposo y toma la vara de justicia, y oidas entrambas partes, sentencia como recto juez, y la sentencia que tu razon ordena, pronuncie tu voluntad con consentimiento. Mira que las virtudes con dificultad se ganan y con facilidad se pierden; si agora aflojas y sueltas la rienda al apetito y lo desenfrenas, tarde lo tornarás en obediencia, que poco aprovecha que una vez le encojas las riendas, si con una sobarbada hace que sueltes, y no seas señor dél. No hay cosa que más reverdezca que es el amor, guárdete Dios de su desenfrenamiento, que no parará fasta despeñarte.
_Lis._ ¿Has dicho, cuerdo?
_Eub._ Dixe, aunque no todo lo que queria.
_Lis._ Pues véte de ahí, necio, que eso yo me lo sabía, y cierra esa puerta.
_Eub._ Malaventurado de hombre que entiende y no obra; vana es la potencia sin acto conforme á regla de razon: oh Lisandro, Lisandro, prosigue en tu locura, que tú te verás en mucho tiempo de arrepentirte, y en poco lugar de remediarte.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL PRIMER ACTO.
Píntase muy al natural los fieros de Brumandilon y la desordenada avaricia de los alcahuetes. Lisandro toma por tercero á Brumandilon para con Celestina en sus negocios. A lo cual se ofrece este fanfarron, vencido con los dones de Lisandro. Murmura Eubulo de la prodigalidad de su amo. Y entre él y Oligides, su compañero, pasan cosas de mucha doctrina y aviso.
BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO. — EUBULO.
_Brumandilon._ ¡Oh pese á tal! como á las veces de los flacos animales los más fuertes son oprimidos, que una pequeña víbora con su veneno mata un gran toro, y un suzuelo raton pone espanto á un poderoso elefante; ansí esta desventurada vejezuela con sus amenazas quiere acobardar la fuerza de mi poder, como quiera que esté por nacer á quien yo mostrar la virtud de mi ánimo en la fuerza de mis golpes. ¡Descreo de tal con la puta, que haya yo corrido la casa de ceca y meca, y los cañaverales y los olivares de Santander, y pasan ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia, y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traidos treinta años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio! pues yo juro por el dorado chapin de la Magdalena, que aunque más fieros me haga con los criados de Lisandro, de todo lo que ganáre ha de partir conmigo la mitad, que no en balde pongo mi vida á riesgo por ella, y si porfía en sus trece, no es mucho que la mate, segun soy de esta hechura. Ya se me ha escapado de buena cuando con mi pesada mano le dí tal torniscon, que los dientes le quebré en la boca bañada en sangre, y voto á la sancta letanía, que si un poco más extendiera el brazo, colmillos y muelas todo iba al suelo. Por el fuerte y galano arnes de San Miguel Ángel, si se me antoja, á papirotazos le quinte los dientes como á falsaria. Segun soy derreñegado y en mis hechos crudo, en punto estoy de tomar la mi porra y machacarle aquella cabeza y enviarla al infierno en compañía de su tia; venga despues la justicia con sus porquerones á prenderme, que no creo en quien me engendró si no granizo más cuchilladas sobre ellos, que Dios si tiene qué; voto á Dios, á todos, sin excepcion alguna, haga piezas, si me enojan, para hacer cazuela de ellos, y de sus huesos escarba-dientes; hi de puta, qué hombre yo para que rey ni Roque tenga que ver conmigo. Mas ¿qué me detengo, y no voy á arrancarle la alma de las carnes, ó que me dé parte de la ganancia? que tanto merece el que las riquezas conserva como el que las adquiere; tha, tha, tha, abríos, puertas.
_Cel._ Ya viene el loco de casa.
_Brum._ Si no fuese porque la fortaleza sin prudencia es habida por temeridad, luégo en esta hora te enviaria á cenar con Pluton; por ende si quieres enfrenar el furioso brío de mis desapoderados golpes y que no descarguen sobre tí, daca luégo la mitad de lo que te dió Lisandro, que todo lo he sabido; donde no, díme si estás confesada.
_Cel._ Si supieses qué pocos son los que se han perdido por callar, y muy ménos los que se han ganado por mucho hablar, tú holgarias de echar una mordaza á la lengua, y no descargar como badajo tantas porradas; cata que quien amenaza, una tiene y otra espera, nunca las palabras soberbiosas hicieron á los hombres bienaventurados.
_Brum._ Mi dicho es mi hecho, y mis hazañas tan espantosas son de oir como monstruosas de ver. Bien veo que donde las obras no aprovechan, en balde se gastan las palabras; pero cuando el decir conforma con el hacer, bien es, lo que el corazon concibe la boca publique, lo cual yo hago porque no digas, no me lo dixiste; que hágote saber que yo soy hombre que lo que sé decir con verdad lo sé executar con las armas.
_Cel._ ¿En tí verdad? como en el Evangelio mentira.
_Brum._ No quieras con buena respuesta hurtar el cuerpo á mi furia. Pues guarte no me enciendas la ira, que no será más en mi mano matarte que en el fuego dexar de quemar.
_Cel._ Calla, desconcertado relox, que más son los amenazados de tí que no los heridos.
_Brum._ Agora lo verémos si lo que haré será prueba de lo que digo. Daca lo que te dió Lisandro, sino con este mi puñal te escarbaré el hondon del corazon.
_Cel._ Quiero le dar parte de las doblas, que lo principal yo me lo callaré, no haga algun desatino este lebron como el judío afrontado. ¡Ay sancta Catalina! apártate allá, mete el puñal, no se diga de tí, del monte sale con que se arde, ¿tométe por defension y eres mi ofension? Crío cuervo que me saque el ojo; tómatelo todo para tí y nada para mí, que yo soy como la cabra que parió para el lobo, como la ave curruca, que cria y mantiene hijos ajenos, ó como la gallina, que con mucho sudor saca pollos de huevos ajenos. Ya pensé que esto no sabías, pero amores, dolores y dineros mal se pueden encubrir.
_Brum._ Todo eso y más me debes, pues por tí asaz veces asiento la vida al tablero en ventura de perdella, que, juro á tal, la fortaleza en los hombres muchas veces es causa de su muerte; dígolo, porque anteayer por salvar tu fama perdiera mi vida por confiar mucho en la virtud de mi espada, que, como toro agarrochado en el Coso, me vi entre siete que en tí pusieron lengua; sino, mira mi capa arpada y el broquel con trecientas picaduras, pero todavía mi blanca espada hizo lugar, los cuatro se me escaparon por piés, á los tres dexo descalabrados; al uno de ellos si no traxera caxquete de Calatayud, con el poderío del golpe le hendiera la cabeza fasta los hombros, pero no le entró sino fasta la piamater.
_Cel._ Por más que blasones quedarás sin medalla.
_Brum._ ¿Malla? Todos venian cargados de hierro, pero poco se le da á mi espada que vengan armados que desarmados, para que con sus filos no rebañe carne, que si todas las fuerzas de mis brazos que Dios me ha dado, emplear quisiese, no habria hombre que no traspasase, hendiese y derrocase, y mil menuzos hiciese; mas por no agotar y disminuir la cristiandad, que me parece grave pecado, templo y modero con cordura lo que me sobra de esfuerzo, por no lo hacer comun con los brutos animales, los cuales desenfrenadamente siguen el apetito de su vigor y furor.
_Cel._ Ese almacen sería bien excusado á mí, que dentro en el pellejo te conozco. Con todas tus bravezas y fieros no osaste levantar el gaje del suelo que en desafío te echó el escudero de Chremes, cuñado de Alisa, madre de la malograda Melibéa.
_Brum._ ¡Oh, cómo la mala fama vuela como ave y corre como moneda, y la buena se queda en casa por conseja detras del fuego! Refran es, el bien suena, y el mal vuela. Quien te dixo eso, ¿no te contó los espaldarazos que le dí un dia ántes? ¿Pues habia de aflixir al aflixido? ¿No sabe Dios y todo el mundo que en la reyerta yo llevára la mejor parte y él quedára en el campo ó muerto ó puesto en la postrimera necesidad? En los denuedos y visajes que me ves agora hacer habias de argüir la animosidad que entónces tendria, que de ánimo esforzado procede la compostura feroz del cuerpo, que la natura así suele entallar, expresando los afectos del corazon en la corpulenta imágen. Mas, ¿no vistes contra quién habia de mostrar mi ira y ardid? Eso fuera, para los que lo vieran, otro espectáculo cual fué el del escarabajo con el águila, ó de la hormiga con el leon, que no me estuvo bien, pues señal es de grande cobardía acometer á los menores y á los que poco pueden; más quiero morir emprendiendo grandes cosas que no vivir venciendo las flacas, que más tengo acatamiento á la fama inmortal que no á la victoria presente; no quiero ensuciar mis manos en tan flacos hechos, porque á tan gran corazon como el mio, grandes hazañas son menester para que, vencidas, se cuenten por aventajadas entre las que hicieron los claros y ilustres varones de aquel glorioso siglo.
_Cel._ Pasos oigo, acá suben, no sé quién es; ó amigo, ó enemigo, ó mal criado es, pues sube sin llamar.
_Brum._ ¡Oh, por Dios, que lo segundo es; méteme en la camarilla de las hierbas, cierra, cierra presto con llave por defuera!
_Cel._ Zancadillas va dando el diablo azogado, el judío lleva en el cuerpo.
_Olig._ ¿Qué alboroto éste, madre?
_Cel._ Calla, calla, que mi negro duelo se escondió de tí pensando que eras el escudero con quien hubo palabras; tú muda el tono de la voz y finge que lo buscas para matar, que el miedo, que las cosas que no son hace que tengan existencia, y las que son parezcan no ser, hará que no te conozca perturbando su juicio con tropel de fantasías imaginadas, que bien es que á este baladron la experiencia del temor castigue la ferocidad de sus arrufianadas palabras y fieros hinchados.
_Olig._ Comienzo, aunque otra cosa le queria. ¿Di, señora, tienes acá á Brumandilon, que, por vida de tal, si aquí está, luégo sus maldades y su vida acaben juntamente?
_Cel._ Por cierto, señor, dos dias há que no le he visto.
_Olig._ Dime la verdad.
_Cel._ Y Jesus, ¿habia de mentir?
_Brum._ ¡Oh desdichado de mí! muerto soy si las puertas quiebra.
_Olig._ Que no te creo, que quien una vez miente, no se le ha de dar más entera fe; ya me mentiste el otro dia negándomelo, por ende dámelo acá si no quieres haber el mesmo fin que á él espera.
_Cel._ Afortunada yo que no sé dél, y porque lo que digo sea testimonio de mi verdad, toma las llaves de las cámaras y búscalo.
_Brum._ Ya, ya, no espero más vivir. Señor, perdona mis pecados. ¡Santo Dios! ya abre; Credo.
_Olig._ ¡Ah cuerpo de mí, Brumandilon! quien quiere ser temido, forzado es que tema.
_Brum._ Por el santo Martirolojo de Peapa si no tuve por muy averiguado, cuando me escondí, que el Corregidor me venía á prender por ciertos palos que dí la noche pasada, y que dexaba en celada su gente y él subia quedito por tomarme desapercibido de mi broquel y espada. Y áun ¡voto á tal! que no envie sus justicias á mí, él en persona viene á buscarme, porque sabe que ninguna otra vara obedezco sino la suya; y si quisiese tambien ir contra él podia despedazar á él y á los suyos, que un dia me amostazó las narices y no sé qué mala respuesta le dí y disimuló, y tuvo por bien de sufrirme. Por agora, por mejor tuve retraerme que no hacer un hecho sonado, por donde la ciudad se alterase y viniese á oidos del Rey; pero despues que sentí no ser el Corregidor, de coraje reventar queria en no poder salir; de buena te escapaste, que como los primeros movimientos no sean en nuestra mano, pudiera ser que sin mirar, súbitamente te barrenára con una estocada temerosa, ó tendiera con un tiro mortal: da gracias á Dios, que de buena te libró.
_Olig._ Así las doy, y toma la capa, que Lisandro, mi señor, te llama; y adios, Celestina, y no descuides del negocio, que ya sabes que la luenga esperanza aflixe el enamorado corazon, y más el de mi amo, que le hierve.
_Cel._ Véte, que en cuidado me lo tengo.
_Brum._ Hermano Oligides, bien creerás que si tu amo no fuera, que no me tomára allá, aunque enviára otras cien veces á llamarme; treinta caballeros en persona me vienen á buscar y me sacan de mi casa importunado, ó para afrontar nobles, ó castigar ruines, ó cruzar caras de putas, ó terciar en hacer amistades, porque no hallan otro más aparejado y dispuesto, ni más diestro en caso de refriegas. Y ésta es la causa por que estoy huido por los rincones, que quien crueza hace, su peligro busca, de justicias digo, ó por mejor decir, de sus palillos, que á otra persona no temo, que quien de armas se precia, como yo, con razon ningun otro peligro debe temer.
_Olig._ Adelántome, y aguarda en este portal.
_Brum._ Así lo haré.
_Olig._ Señor, aquí viene conmigo Brumandilon, despacha con él lo más ayna que pudieres, no le des lugar á que meta más palabras de las que él suele fuera de todo propósito, que en historia no habrás leido tan gran fanfarron. Su persona espantarte há, los fieros como los quisieres, los hechos por el cerro de Úbeda.
_Lis._ Dile que entre.
_Olig._ Entra, Brumandilon, y sígueme.
_Brum._ Las manisicas de tu merced beso.
_Lis._ Bien seas venido, Brumandilon amigo. Tu favor y ayuda hé menester.
_Brum._ Señor, no pases más adelante, que juro á la serpentina vara de Aron y Moisés, si es para desafío, ó afrenta, ó matar alguno, ántes será hecho que mandado, que la muerte tengo por vida, en tanto que sea en tu servicio; cuanto más que éstas son mis misas y mis pasatiempos, porque cuanto trabajo es por el miedo á los cobardes la guerra, tanto placer es á los esforzados la continuacion de ella; no creo en quien me parió, si sueño puedo dormir que bien me sepa, si no hé con mi espada hecho riza de broqueles, ó harpado gestos, ó cortado miembros, ó he molido á palos los alguaciles; pues si esto me quieres, dime luégo las personas que te han enojado, que bien pueden doblar por ellos, y si no cumpliere lo que prometo, el morir será la paga, que no es mala muerte la que el hombre muere haciendo lo que debe.
_Lis._ Agradezco tu animoso ofrecimiento, que tu denodado semblante da á entender mucho más de lo que dices.
_Brum._ Y ¿cómo, señor, di?
_Lis._ Pero para tales casos mi gente basta.
_Brum._ Anda, señor, que más hace la virtud que la muchedumbre.
_Olig._ Maldito seas, fanfarron, ¡quién te patease! A mí seguro que no tovieses los piés tan ligeros para huir como la lengua para blasonar.
_Lis._ Otra cosa te quiero, y es que Celestina entiende dar remedio con su buena maña á mi fluctuoso tormento, que la hermosa Roselia me causó desde el dia que la vi.
_Brum._ Ya, ya, no me digas más.
_Lis._ Óyete, que no es lo que piensas; torna acá.
_Olig._ Huye con temor no le mandes cosa de su peligro.
_Lis._ Lo que quiero rogarte es, pues tienes tanta cabida con Celestina, que no sólo no impidas ó estorbes la cura mia, que de ella espero, mas le impertunes que en esto ponga particular diligencia, y si fuere menester se lo mandes, que ni tú quedarás quexoso ni ella mal pagada.
_Brum._ Por la clavazon de las puertas celestes aún todavía el corazon me da latidos y el brazo me tiembla de lo que entendia facer si me mandáras que sacára á Roselia por fuerza de armas, y la entregára en tu poder; y holgára dello, porque conocieras quién es Brumandilon, que en los peligros se muestra la bondad del esfuerzo. Desotro pierde cuidado que no quedará por negligencia de Celestina, ni ménos yo impidiré cosa que toque al menor pelo de tu servicio, ántes seré en acrecentallo. De la mi vieja te sé decir que hablalle más de una vez en su oficio es dar de espuelas al que corre y despertar al que vela; así den dineros, que bailarémos todos, que todas cosas obedecen á la pecunia.
_Lis._ Corre, Eubulo, saca de mi recámara seis canas de raso carmesí y la mi capa de grana, y dáselo á Brumandilon.
_Eub._ ¿La de fajas, señor?
_Lis._ Esa ó esotra.
_Brum._ Si las gracias de tan pujantes mercedes te hobiese de dar, ántes falleceria tiempo para decir que palabras para satisfacer; pero á las obras me remito, con las cuales adelante, como criado tuyo, entiendo servirte, que no en balde te he señalado por mi señor, pues tan en derredor miras mi provecho y honra, por ende, si más mandas dímelo, porque tan seguro puedes estar de mi servicio, que aunque la muerte se me ofrezca no la negaré.
_Lis._ Que no se dilate mi vida ó muerte, pues al doble es más pena aguardar que recibir la rigurosa sentencia.
_Brum._ Todo lo dexará y el tu negocio será el primero que despache, aunque otros del mesmo jaez en cuantidad y calidad traia ya entre manos con adelantada paga.
_Olig._ Estotro pajuelas; pagado y repagado está.
_Brum._ ¿Qué le dió?