Part 3
_Get._ Tambien entendiera lo del laurel, sino que no estuve atento, porque en esto dióme Dios gracia especial, que mi madre me dixo que nací en signo de letras.
_Sir._ Del laurel dijo que no se coge sino hartura de esperanza.
_Get._ No dirá sino de panza.
_Sir._ Creo que sí.
_Get._ Mira cómo caí en la cuenta, ¿entiéndeslo?
_Sir._ Poco.
_Get._ Este dicho conforma con el precedente, porque Panza es un sancto que celebran los estudiantes en la fiesta de Santantruejo, que le llaman sancto de hartura, y así Lisandro, loando á su señora, la llama hartura de panza, y que no sea laurel que no da fructo.
_Sir._ ¿Dónde aprendiste tanto?
_Get._ En el general de Phesica, cuando llevaba el libro á un popilo, oí al bedel de las escuelas echar la fiesta de Panza; y como dicen por el hilo se saca el ovillo, de aquella palabra panza saqué la sentencia de nuestro amo, como el caballo bayo, que yo tengo cargo de pensar, en mis patadas siente que le voy á echar cebada y relincha ántes que me vea con el harnero.
_Lis._ Mozos, cerrad las puertas de la calle, no me éntre acá nadie, á cuantos vinieren me negad.
_Sir._ Hacerse há, señor.
¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL PRIMER ACTO.
Despues que Lisandro se ve solo en su retraimiento, al són de su vihuela canta canciones de gran sentimiento en que manifiesta su pena. Estánle un poco escuchando sus dos escuderos Oligides y Eubulo discantando sobre las palabras que le oyen decir; siéntelos Lisandro y manda que entren. Da gran priesa á Oligides á que busque remedio para su mal, el cual todo dice Oligides estar en manos de la nueva Celestina, Elicia, sobrina de la Barbuda, cuyo saber en arte de alcahuetería mucho encarece. Vanla á llamar Eubulo y Oligides, y en el camino declaran toda la vida y orígen de ésta, y por muchas razones concluyen en que va sin ningun color de verdad la fábula que de la resurreccion de la vieja Celestina anda.
OLIGIDES. — EUBULO. — LISANDRO.
_Olig._ Bien será que entremos, no se mate este loco, que sólo en la cuadra se encerró acompañado de tiniebla.
_Eub._ Déxale, que la obscuridad y disiertos consolacion es para los tristes enamorados.
_Olig._ Su voz oyo, escucha, que trovando está.
_Lis._
¶ ¡Oh vana esperanza mia! Conviene que desesperes, Pues tu desventura guia La contra de lo que quieres.
_Eub._ Bien dice, que donde falta ventura poco aprovecha esforzarse.
_Lis._
¶ Cubre tu verde color Con luto de triste duelo, Y no esperes ya consuelo Que consuele tu dolor.
_Olig._ ¡Qué intolerable trabajo consigo traen estos caballeros de Cupido, que ningun humano consuelo basta á consolar sus vidas apasionadas!
_Lis._
¶ Y pues crecen cada dia Estos males con que mueres, Desventura es la que guia La contra de lo que quieres.
_Olig._ Dulcemente toca la vihuela; por Dios, llorar me hace.
_Eub._ Los romances y cantos de amores son para él tizones que refocilan el su fuego y enconan más la llaga.
_Olig._ Yo habia oido decir que las lágrimas y sospiros mucho desenconan el corazon dolorido.
_Eub._ En otras pasiones sí, pero no en caso de amores; pregúntalo á Petrarca en los diálogos, él te responderá lo que yo digo y Horacio tambien lo mesmo.
_Lis._ ¿Quién está ahí afuera?
_Olig._ Señor, nosotros.
_Lis._ Entrad acá; ¿no veis que cuanto más de tormento huyo, tanto más se me acerca la muerte en pensar la dura respuesta que hube de aquel jardin encerrado, de aquella flor de hermosura, de aquella cara de ángel y corazon de tigre? En esto veo que el vivir es ofensa de mi razon pues deseaba ser querido donde no hallo sino desden. ¿Qué haré, que ya la desesperacion y disfavor, á una, de refresco, comienzan á renovar y avivar nuevos dolores y sentimientos? ya reverdecen mis males en pasiones, como la salamandria en el fuego, me crio para fenecer, como el cisne, en canciones doloridas; ya espiró mi remedio, desahuciado soy; crecido há mi pecho fasta el tristísimo Oresmon con ronquidos mortales. Mis penas son semejantes á las de los dañados, que siempre arden y jamas se acaban de consumir; no fué tan lastimera la muerte rabiosa del esforzado Hércules como la mia, que al fin aquél con las miserables llamas de la henchizada camisa, que á las carnes se le pegaron por industria de su amiga, acabó su vida, yo ardo en el alma y vivo muriendo.
_Eub._ Por eso es bueno estar bien con Dios.
_Olig._ Calla en mal punto; no le mientes agora devociones, que todas las cosas tienen su tiempo y sazon.
_Eub._ Las cosas de Dios en todo tiempo y lugar vienen bien sazonadas.
_Lis._ Las tres furias infernales con sus serpentinos azotes no hacen tan gran señal en los cuerpos pecadores, que no hagan mayor en mi espíritu las acedas palabras que hoy en este dia oí á mi señora. Acabad ya de cortar, hadas, si bien me quereis, el hilo de mi vida. Y tú, Pluton, gobernador de la profundidad tartárea, envia á Charon, tu fiel piloto, que en su barca reciba la alma de Lisandro que por los aires pena.
_Eub._ Irás con los muchos que allá están porque tu opinion siguieron.
_Olig._ ¿No callarás? Cose la boca si no quieres que te reña.
_Eub._ Flaca es la fidelidad, como decia Parmeno, que temor de pena la convierte en lisonja; nunca por sus amenazas dexaré de decir la verdad.
_Lis._ ¿Qué es lo que hablais? ¿qué sentís de esto?
_Olig._ Deciamos, señor, que tienes poco sufrimiento, en poca agua te ahogas.
_Lis._ ¿En poca? ¿qué dolor hay igual al mio, ni qué tormento ó afan que comparado con el mio no sea descanso?
_Olig._ Señor, no es cordura tomar senderos nuevos y dexar caminos viejos, el seguro camino es el de las carretas; dígolo, porque es mejor acuerdo que una mujer entienda en esto que no tú sin tercero, ó yo que soy sospechoso, que al fin mal se tañe la vihuela sin tercera; en el cielo sin medianera no se alcanza cosa que buena sea, cuanto más en el suelo, lo demas es andar de mula coxa.
_Lis._ ¿Conoces tú alguna?
_Olig._ No una, sino ciento; está sembrada la ciudad de ellas, no hay mujer cantonera que no tenga su vieja al lado para que sea corredora de estas ventas y compras; en especial conozco una de este oficio, la más principal y famosa en el pueblo y que más negocios y despachos tiene, así con legos como con clérigos, ca ninguna cosa toma entre manos que no salga con ella, aunque sea encerrada tras siete paredes la hará venir á quien se lo encomendáre; creo que es un poco hechicera.
_Eub._ No hay otro tan eficaz hechizo como es el amor: éste á las muy recogidas trastorna, y los ermitaños busca por los yermos, y á los religiosos quita la atencion en el coro; esos otros hechizos poco obran do no hay amor.
_Lis._ ¿Podríala yo hablar?
_Olig._ Yo te la traeré acá con que me dés señal, que le dé, que será bien pagada.
_Lis._ Dale ese par de doblas y tráemela luégo acá, no tardes, y á la vuelta escogerás de esa caballeriza un caballo para tí en que rues.
_Olig._ ¡Oh señor! singular merced, yo voy.
_Lis._ Dios te guie. ¡Oh grandeza de Dios! en esto muestras tu potencia en dar poder á mí inmérito que merezca hablar á esta vieja, que no puede ser sino mujer muy honrada, si tal cosa me promete de traerme á mi deseado fin, y mis culpas y pecados no sean causa de perder tan gran premio.
_Eub._ Mas tus delictos y ofensas, que á Dios has cometido, darán ocasion á que tú alcances eso y más.
_Lis._ Quien á Dios tiene enojado, cosa de valía merecer no puede ni impetrar cosa suprema.
_Eub._ No lo niego, por las culpas.
_Lis._ Calla, no hables más palabra.
_Eub._ Callaré por tu mal.
_Lis._ Descortés, ¿quereis vos contradecirme? tan bueno Pedro como su amo. Véte con Oligides, acompaña aquella dueña.
_Eub._ ¡Hola! ¡hola! ¿Oligides, ce?
_Olig._ ¿Acá vienes?
_Eub._ Vengo; ¿quién es esta negra señora que venimos á traer de la mano?
_Olig._ Yo te lo diré; bien habrás oido mentar á Celestina la barbuda, la que tenía el Dios os salve por las narices, aquella que vivia á las tenerías; ¿no caes?
_Eub._ ¡Oh! ¡oh! di, di, que ya caigo, que como ha habido tantas y hay, no sabía por quién decias.
_Olig._ Ésta dexó dos sobrinas, Areusa y Elicia. Areusa llevóla Centurio al partido de Valencia; quedó Elicia ya vieja y de dias, la cual viendo que los años arrugaban su rostro, y que su casa no se frecuentaba como solia de galanes, ni ménos sus amigos la visitaban, determinó, pues con su cuerpo no podia ganar de comer, ganallo con el pico y tomar el oficio de su tia.
_Eub._ ¡Y cómo si sabria usar dél! De mala berengena nunca buena calabaza, y de mal cuervo nunca buen huevo. Yo oí que su tia le dexó por heredera en el testamento de una camarilla que tenía llena de alambiques, de redomillas, de barrillejos hechos de mil facciones para que mejor exercitase el arte de hechicería, que ayuda mucho, segun dicen, para ser afamada alcahueta; ya creo que es bien diestra, astuta y sagaz en estas artes liberales.
_Olig._ Éralo en dias de la madre bendita, cuanto más agora que el tiempo, inventor de las cosas, le habrá hecho artera, y enseñado más de lo que sabía; y ella, con la experiencia que tiene, ha conservado lo que con diligencia alcanzó. La mesma Celestina, espantada del saber de su sobrina, dijo á Areusa: ¡ay, ay, hija! si vieses el saber de tu prima, y cuánto le ha aprovechado mi crianza y consejos y cuán gran maestra está. Pues esta Elicia, porque más se cursase su casa y fuese más conocida y tenida, tomó el nombre de su tia, y así se llama Celestina, y desto se jactaba ella á su prima Areusa y á otras muchas personas, adevinando á lo que habia de venir, si bien me acuerdo, por estas palabras: allí estoy aparrochada, jamas perderá aquella casa el nombre de Celestina, que Dios haya, siempre acuden allí mozas conocidas y allegadas, medio parientas de las que ella crió; allí hacen sus conciertos, de donde se me seguirá algun provecho. Y muchos extranjeros que no conocieron á Celestina, la vieja, sino de oidas, piensan que es ésta aquella antigua madre, porque vive en la mesma vecindad, y tienen razon de creello, ca ninguna remedó tan bien las pisadas y exemplos, la vida y costumbres de la vieja, como ésta, que en la cuna le mostraba á parlar las palabras de que ella usaba para sus oficios; de manera que con la leche mamó lo que sabe. Así que si Celestina toma esta empresa, por nuestro queda el campo. Bien puede dormir descuidado Lisandro, que fasta su cama la hará venir á Roselia, tanta es la virtud que en su lengua tiene.
_Eub._ Ya que el pecado lo quiso que tan á pechos busque nuestro amo su perdicion, ¿no sería mejor que llamases á su tia la barbuda, pues ha resucitado?
_Olig._ ¿Quién te lo dixo?
_Eub._ No se suena otra cosa en la ciudad, y maguera que poco há que la encorozaron, porque entendió en los amores de Felides y Polandria.
_Olig._ Engáñaste.
_Eub._ Bien sé, aunque la vulgar opinion tiene que resucitó, que estuvo escondida en casa del Arcediano, por vengarse de Sempronio y Parmeno.
_Olig._ Ménos eso.
_Eub._ Dilo tú.
_Olig._ Habrás de saber que Celestina la vieja verdaderamente murió, y la mataron Sempronio y Parmeno por la particion de las cien monedas y la cadenilla que le dió Calixto. Y esto ser verdad, lo afirman hoy dia los vecinos que se hallaron presentes á su muerte y entierro, los cuales acudieron á las voces de Celestina, que se quexaba y pedia favor, diciendo: justicia, justicia, señores vecinos, que me matan en mi casa estos rufianes. Y nuestra Elicia, en la historia, la llora muerta: es mi madre y mi bien todo. Y tambien la oyeron decir á su prima Areusa estas palabras de su tia: ya está dando cuenta de sus obras, mil cuchilladas la vi dar á mis ojos, en mi regazo me la mataron. ¿Qué más claro lo quieres? no tienes ya por qué dubdar; y si vas á San Laurencio, junto á la pila de baptizar hallarás sobre su sepultura este epitafio:
¶ Las mientes empedernidas De las muy castas doncellas, Aunque más altas y bellas, De mí fueron combatidas; Y ablandadas y vencidas Con mis sabrosas razones, Pusieron sus corazones En mis manos ya rendidas.
¶ So color de honestidad Sembre daños deshonestos, Arme mis lazos compuestos Buscada oportunidad, De cuya perplejidad Lucrecia no se escapára, Con mis promesas cebára La penelopea bondad.
¶ Si Pluton á mí llamára, Cien Proserpinas le diera, Sin que trabajo sufriera, Aunque más le desdeñára; Pues si de mí se ayudára Fedra en su ilícito amor, A Hipólito su dolor En balde no publicára.
Pues ¿quién no sabe que Elicia traxo luto por ella? que áun hoy dia traen por manera de refran unas palabras que tuvieron orígen de ella: mal me va con este luto. Ni es de creer que la justicia degollára á los escuderos de Calixto sin hacer suficiente informacion si murió ó no; en especial que el Corregidor era amigo de Calixto, y fué criado de su padre, segun verás en las quexas que él muestra tener, diciendo: ¡oh cruel juez! y qué mal pago me has dado del pan que de mi padre comiste; y si los degolló, fué porque claramente el alguacil que acaso pasaba por ahí rondando la noche, oyó los gritos y vió la sangre por el suelo, y á Celestina tendida, con muchas y espesas estocadas. Ni es cosa de decir que ella tuvo lugar para hacer encantaciones ó algunos embustes para no morir, porque la tomaron desapercibida en la cama; cuanto más que si Celestina estuviera encubierta en casa del Arcediano, hiciéralo saber á sus sobrinas secretamente, que muy congoxosas estaban por la muerte de aquella que en lugar de madre tenian.
_Eub._ Agora digo que me libre Dios de tantas mentiras, que ni traen piés ni cabeza. Con todo, ¿no se llamaba Celestina la que fue alcahueta en los amores de Felides y Polandria, ó es todo mentira?
_Olig._ No, que verdad fué haber esa Celestina, pero no era la barbuda, sino una muy amiga y compañera desta, que tomó el apellido de su comadre, como agora estotra, por la causa ya dicha.
_Eub._ ¿Eso me dices? espantado me dexas.
_Olig._ Sábete que esto es lo que pasa, lo demas son ficciones.
_Eub._ Así lo creo yo, que bien me parecia á mí esta segunda Celestina no ser tan sábia como la primera; cierto, otra plática tenía la otra. Mas, dime, ¿quién es aquel mal encarado rufian que tiene esta tercera Celestina á cabo de su vejez?
_Olig._ ¿Brumandilon dices? tambien te lo diré: éste es un gran fanfarron que ha corrido todas las puterías, cuyo esfuerzo, más consiste en feroces palabras que en el efecto de las armas. A prima faz espantarte há, segun echa fieros renegado por aquella boca. A éste, Elicia, habrá ocho años tomó por guarda de su persona, porque su casa no estuviese sin hombre y le acaeciese el desastre que á su tia vino; y tambien porque cada noche estudiantes le daban grita, y Brumandilon, como perro ladrador, los aventaba y oxeaba. En demas que quiso guardar el consejo que cada dia la madre prudente le daba, y se lo acordó al punto que habia de morir, cuando apremiada de los dos que la mataron, dixo: si aquella que allí está en aquella cama me hubiese á mí creido, jamas quedaria esta casa, de noche, sin varon, ni dormiriamos á lumbre de pajas.
_Eub._ ¿Quién son dos mujeres galanas, las de los verdugados azules, que estaban anteayer á la puerta pasando nosotros por allí?
_Olig._ Dos sobrinas suyas, la más chica se llama Livia, la mayor Drionea, las cuales tienen por oficio remediar necesidades ajenas, y socorrer á los necesitados y desatacados envergonzantes, y áun Drionea á las veces me muestra la mercaduría de la trastienda.
_Eub._ No mientes bellaquerías, que no se sirve Dios de ello.
_Olig._ Alarga el paso, que nuestro amo por más ayna que vengamos dirá que hemos tardado.
_Eub._ A las cosas deseadas todo tiempo es prolixo, como á las odiosas breve.
¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL PRIMER ACTO.
Ántes que llamen Eubulo y Oligides en casa de Celestina, se paran á la puerta á escuchar los castigos y reprensiones que da la buena madre á su sobrina Drionea. Eubulo de muy sancto, quédase á la puerta y Oligides entra. Y pasadas muchas cosas donosas con tia y sobrina, declara su embaxada. Pártese luégo con él para hablar á Lisandro, el cual la recibe con grande alegría y le descubre su pasion. Vuelve Celestina á urdir su tela. Entre tanto Oligides va á llamar á Brumandilon el fanfarron, en cuya encomienda estaba Celestina, para que le sea favorable. Queda Eubulo dando sus buenos consejos á Lisandro, poniéndole delante los peligros que de tales casos se suelen seguir, de los cuales y de su auctor el ciego amante se burla.
OLIGIDES. — CELESTINA. — DRIONEA. — EUBULO. — LIBIA. — POLO. — LISANDRO. — FILIRIN.
_Olig._ ¿No oyes, Eubulo? escucha, escucha, no llames.
_Celestina._ ¿Así, doña puta, meter habias en casa sin mi licencia el paje del Conde, que no tiene más de lo que trae á cuestas? Mirad qué casas ó alhajas ó qué viñas ó hogares le dexó su madre para que esté un momento ociosa sin ganar de comer. Loquilla, ¿parecióte galan? ¿pagástete de su gentileza? pues de ésa comerás. Malograda de mi hermana, que buen siglo haya, cuando fué moza como tú; cierto, no atendia ella esas galanías ó disposiciones. Primero se informaba si eran hombres de caudal los que la festejaban, y si eran tales, á todos les mostraba voluntad, ora fuesen feos, ora hermosos, ora viejos ó mancebos; á los pelados enviábalos á espigar. Tomáras, maldita seas, exemplo de nuestra vecina la Calventa, que primero recibe que da; si no traen dineros, que dexen prendas. ¿Dónde tenías los ojos ayer cuando la fuimos á vesitar? ¿No miraste la alhaja de atavíos, y la rima que tenía llena de decretos y Baldos, y de Scotos y Avicenas y otros libros? Llévoos yo allá para que deprendais y tomeis avisos y doctrinas, porque mas ven cuatro ojos que no dos, y éntraos por un oido y sáleos por otro, castígame mi madre y trompóselas yo; hija, sé buena madre, hé aquí un clavo, así eres tú, que no te aprovecha nada mi crianza y consejos. Yo seguro que otra diligencia que la tuya trae nuestra comadre la Pinta, en mi ánima con el pié manda la justicia, sino veldo, que no se toma espada ni armas que no pasen por su registro. Aosadas que por tí pocos ruidos y revueltas se levanten, á mi seguro que no alborotes la ciudad con muertes para ser sonada y conocida como la hija del mesonero; de otra manera cumplen el sagrado Evangelio _Date et dabitur vobis_, nuestras amigas de la claustrilla, y las bagasas de San Cristóbal. Pues la amiga del cura Bermejo ¿de qué ha medrado de pocos dias acá? ¿el axuar y aparato de casa quién se lo dió? ¿esto no lo ves tú? mira que te mando que de hoy adelante no me entren en casa si no fueren clérigos, ó nuestros confesores, ya me entiendes. ¿Piensas que estas del oficio que te he contado ganan á hilar, ó coser ó labrar, las sayas de terciopelo, los monjiles de damasco, las saboyanas de grana fina, las gorgueras y cofias tachonadas con oro de martillo de muchas perlas y joyas, las gargantillas y collares de aljófar, los fermalles y joyeles, las axorcas y anillos, los zarcillos, las camisas y mangas de Calicud labradas á las mil maravillas? A la hé engañada vives si eso piensas, guay del uso que la barba no anda de suso; la ganancia de la mujer con rueca y almohadilla no es para sacar de mal año, ni poner en cuenta de nada para que en ello confies, vuelve la hoja, malvada perversa, haz libro nuevo, no muestres las piernas ni áun al duque que sea, si no traxere el dinero en la mano ó buenas prendas. Cata que quien adelante no mira atras se cae, cuando no pensares te hallarás vieja como yo, y si no tienes algun pegujal para sustentar la vida á la vejez de lo que ganares siendo moza, puédeste quedar á buenas noches. Sigue mi consejo, que sé más del mundo que tú, y donde el maravedí se dexa hallar, allí debes otro buscar, y no entre gente pelada, que no tienen más de aquella compostura de fuera.
_Drionea._ Así goce, madre Celestina, que no le abrí las puertas para ese efecto que piensas más de para saber de mi primo, el hijo de Ponza, que está con su amo.
_Cel._ Ay puta, mala rabia te entre por ese corazon, por eso le querias, ¿á mí que las entiendo y he pasado por ello quieres engañar? A perro viejo nunca cuz cuz; ¿qué hacíades en la camarilla del carbon encerrados con aldaba y tranquilla? buenos traes los tocados de cisco.
_Drion._ Así viva yo que por fuerza me metió dentro y cerró la puerta de golpe.
_Cel._ Gente está á la puerta, acechando están los malogrados. Bellacos, ¿qué escuchais? Por el alma que tengo en las carnes, si con un palo salgo las cabezas os quiebre. ¿No nos dexaréis en nuestra casa vivir bien, escudriñadores de vidas ajenas?
_Eub._ Como parla de talanquera.
_Olig._ Tus devotos somos, señora.
_Cel._ ¡Ay maldito seas! traidor, ¿tú eres? hija Drionea, en mis brazos le tengo el que tú deseabas.
_Drion._ ¡Ay! ¡ay! dexámelo abrazar; ¡ay! ¡ay! ¿es él ó no? él es, dame otro abrazo, mi rey, á mi cargo que no holgarás tú tanto con mi vista como yo con la tuya.
_Olig._ ¡Oh perla de quien el cielo se enamora y yo con él!
_Cel._ Por tu vida, hijo, que hablábamos de tu descuido, que ni la ves ya ni la visitas, dolor de la que en tí confia. Yo la estaba reñendo porque no te enviaba á llamar, que aquí se está sola todo el dia ocupada en su labor sin maldita la recreacion de hombre.
_Eub._ Eso os falta, putas.
_Drion._ Déxale, que es un desconocido; mal me haga Dios si me contenta otro sino él, este corazon se me alegra cuando lo veo, y él no hace más caso de mí que si nunca me conociera; bien dicen que amores nuevos olvidan viejos; á osadas que bebes los aires por quien yo sé.
_Olig._ ¿Por quién he de yo penar sino por tí?
_Drion._ A la hé, por Carmisa.
_Olig._ Hí, hí, hí.
_Drion._ A la fe, digo la verdad; ¿mirad por quién? donosa vision.
_Cel._ Calla, que quien feo ama hermoso le parece; hay ojos que de lagañas se agradan.
_Olig._ No te enojes, mi Drionea; oye ántes que me juzgues por malhechor.
_Cel._ De mucho como te quiere te pide celos.
_Eub._ ¡Oh putas, putas! el que no os conoce os compre, por eso me voy, que quien quita la causa quita el pecado. Jesus, ya me encendia; líbreme Dios de tentacion maligna; ¡Ave María! ¡Ave María! vade retro, Satana.
_Olig._ Pues no es otra cosa sino que un amigo mio bachiller la tiene á esa que dices, y el maestre-escuela súpolo, y echóle preso fasta que pague la pena de los diez florines, y yo por partes dél la voy á hablar sobre ciertas prendas.
_Cel._ ¡Oh crudo y riguroso y tirano juez, que en tal caso tal ley pone! Ese robóle, digo yo, que no justicia.
_Olig._ Reprendes la ley porque es en tu perjuicio y disfavor, que ella justa y buena es.
_Cel._ Mientes, hablando con honor.
_Olig._ Mas ¿qué es de la señora Libia, que no la veo?
_Cel._ Arriba está con dolor de muelas.
_Olig._ ¡Ah, señora Libia! si os tienen encerrada por gran tesoro, razon es; mas si por otra cosa, injuria es que hacen á Dios en no dexar ver sus obras.
_Libia._ ¡Ay cuitada! métete en esa nasa, no suba acá el amigo de mi hermana.
_Polo._ ¡Mis ojos! pláceme no te congoxes; cubre el brocal con la manta, ó trastorna la nasa sobre mí.
_Lib._ Eso es mejor, esconde la falda del escapulario, que se te parece el hábito.
_Cel._ No te responderá, que le duelen mucho.
_Olig._ Pues, madre mia, toma el manto y vamos, que la cabeza de casa peligra y hay necesidad de tí.
_Cel._ ¡Ay dolor de la que no tiene que se cobijar!
_Olig._ Pídelo prestado y luégo.
_Cel._ No estoy en barrio que sepan dar ni un jarro de agua.
_Olig._ Ya te entiendo; toma señal, porque no pienses que serás burlada.
_Cel._ En el cielo sea pagado. Drionea, hija, daca ese bernio raido, pues no hay otro.
_Olig._ Quede Dios contigo, señora; yo seré más contino en adelante.
_Drion._ Sí, la semana que no haya viérnes te esperaré. Mas, ¡nunca acá vuelvas, plega á Dios!
_Cel._ ¿Qué mal es el de tu amo?
_Olig._ Arde en amores de Roselia, y creemos que morirá, si tú, que eres única en esto, no le remedias.