Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina.

Part 13

Chapter 133,706 wordsPublic domain

_Eub._ Hermosura en mujer loca y palabras entre locos son sortija de oro en hocico de puerco. ¡Oh, Brumandilon, Brumandilon! si te conocieses, tú dejarias de blasonar, ni remedarias al glorioso Thrason, ni al áspero Demea, ni á los furibundos y altivos gigantes, ni á los vanos cretenses, ni al presuntuoso Herostrato, ni al rey Tarquino el Soberbio; tú te tomarias otro Micion Terenciano en mansedumbre, y otro Tarquino Prisco en afabilidad y buena crianza.

_Brum._ Juro al tartáreo Flegethon, no es más en mi mano; por mí tengo que desciendo de linaje del cruel Domiciano, emperador romano, el que contaste á la mesa, el cual reposando dos horas la comida por consejo de médicos, y encerrado como mandaban, no pudiese executar la rabia de su crueldad, tenía por costumbre matar moscas, y estrujar la sangre de ellas, y en esto recibia el gran pasatiempo, como tú dixiste.

_Olig._ Vamos si hemos de ir, que allá le darás esa obligacion.

_Brum._ Héla, héla dó viene.

_Cel._ Sálveos Dios, mis hijos.

_Eub._ Dios te convierta, madre, y toma el precio de tus alcahueterías, que allá lo pagarás en el otro mundo.

_Cel._ Miraldo el sancto de pajares, un dia de éstos te hemos de canonizar.

_Eub._ ¡Oh mala y perversa vieja! ¡oh miembro de Satanas! ¡oh ministra de los demonios! que no basta que estés precita y condenada al infierno, sino que quieras llevar otros en pos de tí con tu exemplo y maldito oficio. Éste es diabólico pecado incitar á otros á pecar, si tú y tus secaces fuésedes quitadas de enmedio de las gentes, cuántos malos recabdos se evitarian, cuántos yerros se dexarian de acometer. Vosotras ensuciás los tálamos con adulterios, vosotras descasais las bien casadas con desamor de sus maridos, vosotras contaminais las vírgenes con luxuria, vosotras encendeis los castos propósitos con ponzoñosas palabras, vosotras causais sacrilegios en los monasterios, muertes y ruidos en los pueblos, y en las casas cizañas entre padres y hijos, entre hermanos y hermanas. Vosotras, doncellas, viudas, monjas, casadas y por casar, todos los estados, todas órdenes de vivir perturbais con vuestras engañosas y falsas artes. ¡Oh alcahuetas, alcahuetas! si por vosotras no fuese, no habria tantas malas mujeres en el mundo. Creo que es pequeña la pena y castigo que os dan las leyes de nuestro reino, cuyo rigor sería bien que creciese, pues crece el daño y estrago que haceis á la república, que las ordenanzas y leyes hanse de mudar segun la necesidad y el tiempo requieren.

_Cel._ Mirad el bellaco, y qué se deja decir, ¿y de qué nos hemos de mantener?

_Eub._ Nunca á los suyos Dios les falta.

_Olig._ Quédese esta disputa para otro dia, y véte tú con Dios á tu casa, Celestina, y nosotros aguijemos, no pregunte por alguno Lisandro y no halle á nadie.

_Brum._ Bien dices, que mucho hemos tardado.

_Olig._ Anda, Eubulo, ¿qué vas pensando?

_Eub._ Cuán muchos se condenan, y cuán pocos se salvan, y cuán abierta está de dia y de noche aquella puerta del triste Pluton, cuán ancho, cuán pasajero y cuán real camino es el que guia á la muerte eterna. Por él se van espaciando los reyes, los duques, los condes, los caballeros, los hidalgos, los oficiales y pastores. Por ahí se pasean los pontífices, los cardenales, los arzobispos y obispos, los beneficiados y sacristanes, con un descuido, como si nunca hubiesen de llegar allí donde los halagos de la vida, los regalos del cuerpo, las honras, las riquezas, los favores y todos sus pasatiempos se volvieran en lamentaciones y llantos perpétuos. Ahí serán atormentados muy cruelmente los papas que dieron largas indulgencias y dispensaciones sin causa, y proveyeron las dignidades de la Iglesia á personas que no las merecian, permitiendo mil pensiones y simonías. Ahí los obispos y arcedianos que proveen mal los beneficios, teniendo respecto á sus parientes y criados, y no á los doctos y suficientes. Ahí los eclesiásticos profanos y amancebados. Ahí los reyes que tiránicamente gobernaron sus reinos, y los que no dieron los oficios y cargos, que suelen proveer, á personas de merecimiento. Ahí los duques y condes, y los grandes señores que á sus tierras y vasallos con muchos tributos molestaban. Ahí los caballeros enamorados. Ahí los letrados que no juzgaron conforme á derecho y verdad, y no obraron segun sus letras les enseñan. Ahí los logreros y usureros, los oficiales, los mercaderes y tratantes que llevan más del justo precio por la cosa que venden, y con juramentos falsos cambian sus haciendas. Ahí los criados lisonjeros que con lisonjas quieren ganar las voluntades de sus amos, conformándose con ellos en bueno y en malo. ¡Oh terrible descuido de los hombres! ¡oh desvarío loco! como si no hubiese otro mundo, y no hubiesen de fenecer todas las cosas dél, así hacemos hincapié en lo que presto habrá fin.

_Olig._ En casa estamos, hártate agora de predicar, que no te oiré más.

_Brum._ Ni yo ménos.

¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL QUINTO ACTO.

Entra Beliseno, hermano de Roselia, con sus criados hablando la gran mengua que en su linaje habia causado Roselia, su hermana. Su escudero Casajes consuélalo con muchos exemplos. Beliseno determina de matar á Lisandro y á Roselia y á los demas. Manda esconder sus mozos por el huerto con ballestas armadas.

BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — REBOLLO. — DROMO. — ROSELIA. — MELISA.

_Bel._ Mozos, ¿no veis qué gran deshonra y infamia dexa esta mala hembra á mi linaje?

_Cas._ Las cosas comunes y que acaecen en personas reales y en casas de grandes, no se han de poner en cuenta de alguna mácula, ni es bien mirado que la culpa de una sola decienda á toda la generacion.

_Bel._ ¡Oh, calla! que las gentes no miran nada de eso, ántes todas ponen los ojos en aquellos que en alto estado fortuna puso, y más ayna ven en ellos la pequeña mancilla, que en los baxos la gran fealdad.

_Cas._ Por mí fe, señor, más vergonzosa infamia es el adulterio de la propia mujer que el yerro de la hermana; pero es cosa tan frecuente, tan usada, tan comun en todas las naciones, y más la española, que apénas escapa alguno sin alguno ax, y no te cuento exemplos de los que poco há que fueron y agora son presentes, lo uno, porque sería materia para hacer larga historia, lo otro, por no ofender la fama de los que viven; alargo, pues, los testigos de reyes y emperadores, los cuales, por ser más injuriados que tú, te pondrán algun consuelo. Filippo, rey de los macedones, tuvo por hijo á Alejandro Magno, señor del mundo, y por su mujer á Olimpia, adúltera; Ptolomeo fué rey de Egipto, y marido de aquella infame y desastrada Cleopatra; Agamenon, capitan de los griegos, él peleaba en Troya, y su mujer, Clitemnestra, se holgaba con su amigo Egisto en Argos; Minos, rey de los cretenses, hubo desdicha en el adulterio de Pasifae; Sylla, dictador de los romanos, no sólo por Roma y toda Italia, mas por Aténas y toda Grecia fué notado, entre otras cosas, por cornudo. ¿Qué te diré de Agrippa, yerno de Augusto César, cuya mujer Julia fué tan disoluta, que, ni la virtud de su marido, ni la majestad de su padre, de aquel vicio apartarla pudieron? y su hija Julia heredó nombre y hechos de la madre, la cual cometió adulterio á Severo, su marido, y Domicia á Domiciano, y Herculanilla á Claudio Tiberio, emperador, el cual fué tan desdichado en esto de los cuernos, que otra mujer que tuvo, llamada Mesalina, oprobrio y vituperio del imperio romano, mientra él dormia, ella de noche corria las puterías de Roma, y creo que no hubo burdel en la ciudad que sus espaldas no estrenasen. ¿Pues á Sifaz, Masinisa no le robó la mujer, y á Filipo, Heródes la suya? Y á Menelao Páris le sacó la mujer del templo de Apolo y se la llevó á Troya, y á otros muchos.

_Bel._ Poco me consuelan duelos ajenos; quisiera yo escarmentar en cabeza ajena, y no en la mia.

_Cas._ A lo ménos no será esta mancilla notada en tu linaje, pues otras peores se hallan en illustres casas de reyes y grandes, cuanto más que en el buen paño cae la raza.

_Bel._ Con matar á él y á ella vengaré esta injuria y satisfaré á mi honra.

_Cas._ Tarde vino el gato con la longaniza; ¿despues de hecho piensas poner remedio?

_Bel._ Más vale tarde que nunca. Por eso vamos al huerto, que es hora, ántes que los otros vengan. Escondeos todos tras esos árboles, quedo, no hagais ruido y seamos sentidos.

_Galf._ Yo aquí me pongo.

_Bel._ Vén acá, tú, Rebollo, ponte cabe estas parras.

_Reb._ Señor, no, que me verán con la luna.

_Bel._ Pues escóndete tras ese moral.

_Reb._ Agora estoy bien.

_Bel._ Tú, Dromo, aquí te pon junto á la anoria, tras esa pared, no muy desviado de esotro.

_Drom._ Aquí estaré.

_Bel._ Anda acá, tú, Casajes, estarás comigo, porque si yo erráre el golpe, sueltes en pos de mí.

_Cas._ Sí haré, señor.

_Bel._ ¡Hola, Galfurrio!

_Galf._ Señor.

_Bel._ Mira no se te escape el que echa las escalas, que creo que es el traidor de Oligides.

_Galf._ No hará, señor.

_Bel._ Y avísoos á todos que ninguno desarme hasta que yo comience, porque quiero á los dos, cuando estuvieren juntos, traspasalles con una saeta.

_Galf._ Mucho bien.

_Bel._ Y mirá que mueran todos y aquella bellaca de la doncella, y estad queditos. ¿Quién hizo bullicio?

_Reb._ Señor, Dromo, que se le cayó la ballesta.

_Drom._ Estoy temblando aquí donde me ves, que temo no vamos por lana y vengamos tresquilados.

_Reb._ Yo tengo aquí en el seno una lomina que me dió mi abuela la habacera, que quien la traxere consigo no podrá morir á cuchillo.

_Drom._ Tambien mi tia, la Luminaria, me vezó unas palabras, que en cualquier tiempo que las dixere les caerán luégo de las manos las espadas de los que se estuvieren acuchillando.

_Reb._ Dilas.

_Drom._ Christo vivet, christus vencet, christos reinas, christo imperia, christus me defiendas.

_Reb._ ¿Qué quiere decir Cristo imperia?

_Drom._ ¿Y no lo entiendes? Cristo es emperador.

_Reb._ Es verdad. Otra oracion muy aprobada me enseñó la hortelana amiga de mi madre, para que donde hobiere ruido, si se rezáre, no se saque sangre, que dice: Jesus autem, Jesus innibat y Jesus non me tangibat.

_Drom._ De ésas diríate mil, que me mostró la tripera gorda, entre las cuales me dixo que si dixésemos cinco veces esta oracion, agios isgros, agios atantos, agios oteros, elegimas, no desmayariamos en ruidos.

_Reb._ Por Dios, que tienes razon, que siempre oí decir que los ajos dan mucho esfuerzo y ponen corazon.

_Bel._ Ce, armad las ballestas, que ya sale aquella puta á la azotea, y quedo.

_Ros._ ¿No oiste ruido. Melisa? ¿si es entrado mi señor?

_Mel._ Sí oí, señora, mas no ha venido.

_Ros._ Pues ¿qué bullía por el huerto?

_Mel._ Los cipreses serán, que se menean con este blando aire.

_Ros._ Sentémonos aquí á la claridad de la luna miéntras viene el mi querido.

¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL QUINTO ACTO.

Va Lisandro á hablar con Roselia, su señora, y estando con ella en una sabrosa y dulcísima conversacion, manda soltar Beliseno las ballestas que tenian armadas contra ellos, y matan á Lisandro y á Roselia y á su doncella Melisa. Brumandilon, viendo el pleito mal parado, determina de poner por obra lo que él y Oligides habian concertado dias há, y para este efecto toma por compañía á Siro, los cuales, por robar á Celestina, matan á ella y á su sobrina Drionea. Libia escapóse, y á ellos prendiólos el Corregidor.

LISANDRO. — BRUMANDILON. — OLIGIDES. — EUBULO. — ROSELIA. — MELISA. — BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — REBOLLO. — SIRO. — GETA. — CELESTINA. — DRIONEA. — LIBIA. — CORREGIDOR.

_Lis._ No parece gente por la calle, ni los enemigos asoman.

_Brum._ Pésame, por vida de tal, que con el exercicio de las armas la virtud se conserva y el esfuerzo se aumenta.

_Lis._ Y áun ésa es la causa por que por consejo de Scipion Nasica no se desolaba Cartago, porque su recelo la union romana conservase; y tambien queriendo vender la vida de Pirro, Nicias su camarero, los romanos le respondieron: salud queremos á quien nuestras armas no deja orinescer. Ea, daos priesa, que el relox nos llama, y pues la diligencia es madre de la buena ventura, no seais causa de mi tardanza, que quien pierde punto pierde mucho.

_Brum._ Vieja escarmentada, arregazada pasa el agua, no me tomarás más allá si yo puedo, digan de mí lo que quisieren, que de Dios dixeron. Arremangóse Morilla y comiéronla lobos, una hice en el año, y ésa con daño. Una noche fuí con él, y en ésa me hobieran de matar, pues lo que no acaece en un año acaece en un rato.

_Olig._ Aguija, Brumandilon, no te quedes atras.

_Brum._ Luégo, luégo, que doy filos rabiosos á mi espada carnicera en esta piedra, para que con un golpe haga lo que por muchos habia de hacer, la cual te digo que jamas se desenvainó que no hiciese riza espantosa en aquellos, que muy de gana no me daban la obediencia.

_Olig._ Un espadero la afilará, que tú estragarás los filos.

_Brum._ Por la emponzoñada Tesifone, si en eso mis dineros gastase, no me bastaria el tesoro de Venecia, segun las veces se embota en desafíos y revueltas.

_Olig._ Déxate de palabras, y vén si quieres.

_Brum._ Calla, que tambien lo hago porque no digan los que me sintieren ir con Lisandro; aquel caballero enemistado es, pues Brumandilon le acompaña.

_Olig._ Y ¿quién te conoce á tí agora?

_Brum._ Voto á tal, agora y en todo tiempo no hay hombre que no me conozca en el aire de mi andar, que siempre me suelo hallar en estas diabluras, y que todos se sirven de mí para este efecto.

_Olig._ Por Dios, que me agradas, Eubulo, ¿y agora vas rezando?

_Eub._ Pues ¿qué quieres que vaya hablando palabras ociosas y que traen poco provecho? ¿No sabes que hemos de dar cuenta de cualquier palabra ociosa en aquel dia, donde nuestras malas obras serán juzgadas por tela de juicio con mucho rigor, donde estos pasos de nuestro amo le serán bien contados ante el divino acatamiento, cuya temerosa sentencia no há lugar de apelacion?

_Lis._ Cuelga la escala, Oligides, y sube conmigo. Vosotros guardad el paso.

_Olig._ Arriba estamos. Baxa, señor, con tiento, que los garfios están mal asidos, porque no hay donde prendan bien.

_Lis._ Abaxo estoy. Hola, desáselas, que ha de bajar mi señora aquí al jardin.

_Ros._ ¡Oh dulzura de mi ánima! ¡oh lumbre de mis ojos! ¡oh claridad de mis tinieblas y consuelo de mi tristura! ponme esas escalas, baxaré allá, que entre esas floridas y olorosas hierbas, al murmurio de esa fontecica, nos holgarémos.

_Lis._ Baxa, mi Dios.

_Mel._ Señora, acá me quedo y habla paso, no te sientan.

_Ros._ Bástame á mí pensar que soy de mi señor Lisandro para ninguna cosa temer.

_Lis._ ¡Oh joya del mundo! ¡oh perla preciosa! ¡oh tan perfecta en hermosura cuán llena de discrecion! Más es mi alegría en verte, que mis trabajos en haberte conocido.

_Ros._ Si con el sol todo el mundo se alegra, yo mucho más con tu vista.

_Lis._ Cuanto en tu ausencia, señora mia, soy poseido de tristeza, tanto en presencia tuya gozo de la alegría.

_Ros._ No ménos, en buena fe, señor mio, con tu venida mi corazon está lleno de gozo, que lastimado con tu tardanza era enemigo de alegría.

_Lis._ Si la memoria de tu hermosura no hobiera seido refrigerio de mis pasiones, ellas presto me consumieran.

_Ros._ ¿Y eso, señor, no olvidas tus mañas?

_Lis._ Gloria mia, si te besé y dí paz, fué por quitar la guerra de mi corazon.

_Ros._ Ea, señor mio, dexa estar las ropas en su lugar.

_Lis._ Si las hiedras que andan pecho con tierra los árboles por compasion sobre sí las reciben, ¿porque tú, señora mia, no me recibes sobre tu regazo?

_Ros._ A osadas, señor, que tú te hartes y me olvides.

_Lis._ Aunque la agua fria mata la sed al enfermo, no por eso se quita la calentura, mas ántes se acrecienta. ¡Oh próspera fortuna, en qué summo deleite me has puesto! razon es que los trabajos se olviden donde tanta gloria se posee.

_Ros._ Ay gozo mio, no me lastimes.

_Bel._ Soltad todos, dexá á mí á los dos, que esta saeta los enclavará á entrambos como están.

_Lis._ ¡Oh sancto Dios! ¿qué es esto? Muerto soy; confesion.

_Ros._ ¡Oh, válasme Sancta María! que el corazon me han lastimado; confesion.

_Bel._ Agora, agora, tirá á la doncella, que sale á los gritos.

_Mel._ Vírgen María, ayúdame, no se condene mi ánima, que muerta soy.

_Bel._ Arma, arma presto, Galfurrio, no se escape el de arriba.

_Olig._ ¡Jesus! ¡credo, credo! ¡oh, oh!

_Bel._ Sús, mozos, vamos de aquí, pues todo está hecho, y no vais turbados, por ventura no encontreis con la justicia, y viéndoos alterados, por sola sospecha os prenda.

_Cas._ Señor, acojámonos aquí á esta iglesia, que las piernas llevo cortadas.

_Galf._ Yo tambien voy desmayado.

_Drom._ Yo lo mesmo, y no puedo dar más paso.

_Bel._ Pues metéos dentro, que ya abrieron, y sobíos á la torre, que yo os sacaré á paz y á salvo, yo voyme á casa de mi tio el Conde.

_Reb._ Ayúdame á entrar, Dromo, que no puedo alzar los piés del suelo.

_Sir._ ¡Oh poderoso Dios! ¿qué oyo? un lastimoso ruido lleno de alaridos anda en la huerta, ¿qué será? mas, ¿si matan al desdichado nuestro amo?

_Get._ Jesus, ¿y no viste caer de las almenas á Oligides muerto, que no sé quién le tiró una saeta por los pechos?

_Sir._ Corre, corre, huyamos, no nos cerquen y nos quieran tambien matar.

_Brum._ ¿Qué es esto, qué es esto? ¡Oh! ¿dónde huis, compañeros?

_Sir._ ¡Oh, señor Brumandilon! que no has oido nada, como te desviastes léxos del huerto.

_Brum._ ¿Qué es?

_Sir._ Todos muertos, si las voces y llantos no nos engañan.

_Brum._ ¿Muertos?

_Get._ Por estos mis ojos vi á Oligides caer en tierra asaeteado hecho pedazos, los sesos por cada parte.

_Brum._ ¿Y Eubulo?

_Get._ Llorando iba á casa muy triste.

_Brum._ ¿Y detenémonos? Corramos á más correr, no salgan á hacernos otro tanto; por esta calleja huyamos para casa de Celestina.

_Sir._ No llevo ya huelgo, sudando voy.

_Brum._ Cerca estamos, ¿qué es de Geta?

_Sir._ Adelante va, no cesa de correr.

_Brum._ Vaya con Dios, que mejor harémos nosotros dos no más lo que agora diré. Sábete que Oligides y yo habiamos concertado de robar á Celestina y hurtalle un cofre que tiene lleno de dineros y joyas, y irnos fuera de aquí, por el peligro grande que á nuestras vidas se recrecia de estos amores; ya ves en qué han parado, segun me decis, y ya me lo via yo esto, que á buen bocado buen grito, y pues Oligides murió y nosotros escapamos de esta tormenta, si te parece, hagamos lo que el otro y yo habiamos de hacer, y salteemos á Celestina aquel cofre y otras cosas que tuviere buenas y vámonos á Sevilla, que ya no cumple más estar en esta ciudad.

_Sir._ Hágase, y partámonos luégo.

_Brum._ Pues, sús, trepemos por estos corrales mansito.

_Sir._ Cerrada está la puerta del corral.

_Brum._ Yo la abriré con maña, que con un palo está atrancada, fuera está. Sube agora pasito comigo, salva el paso tercero, que está quebrado, no cayas y hagas ruido.

_Sir._ Acá estoy.

_Brum._ Ésta es su cámara.

_Sir._ ¿Qué remedio, que tiene cerrado por dentro?

_Brum._ No hay aquí otro remedio más de desquiciar la puerta, y si voceáre la vieja, matarla.

_Sir._ Empuxa comigo recio.

_Brum._ Fuera está de quicios, entremos. Ase, ase del cofre, que ése es.

_Cel._ Ladrones, ladrones, señores vecinos, que me roban; ladrones.

_Brum._ Calla, vieja alcahueta; si no, mataréte.

_Cel._ ¡Oh bellaco ladron! ¿y tú me has de robar? No quiero sino dar gritos; ladrones.

_Sir._ ¡Oh pecador de mí! dale, dale ántes que dé más voces y seamos sentidos.

_Brum._ Toma, toma otra puñalada. Dios te perdone, agora vocea.

_Cel._ Ay, ay, que me ha muerto, sobrinas; confesion, confesion.

_Drion._ ¡Ay, desdichada amarga! ¿qué es esto? Vecinos, que han muerto á mi tia estos ladrones, vecinos, que la han muerto.

_Sir._ ¡Oh pese á tal! mátala presto á esotra, no nos descubra; dale bien.

_Drion._ Jesus, que me mata, Jesus, que me mata, Sancta María, muerta soy; confesion.

_Lib._ Ay, mi tia y hermana muertas son, desdichada; justicia, justicia.

_Brum._ Corre, corre tú tras esotra, mueran todas, pues hemos comenzado, preso por mil, preso por mil y quinientos. Ásela, ásela ántes que salga fuera.

_Sir._ ¡Oh, que se me escapó! Huye, huye, que salen muchos vecinos á los gritos y carga mucha gente. ¡Oh malaventurados nosotros, que el Corregidor viene á más priesa! huye por estotra calle.

_Brum._ ¡Oh desdichado de mí! que es él.

_Sir._ Guarte, guarte, que veslo ahí viene.

_Corregidor._ Sed presos.

¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL QUINTO ACTO.

Lamentacion de Eugenia por la muerte de su única y muy querida hija Roselia.

EUGENIA.

Ay, ay, que es mi hija muerta. ¡Oh hija mia y todo mi bien! ¿qué azote tan grande es éste que veo delante de mí, con que á Dios le ha aplacido por mis grandes pecados azotar hoy mi casa? ¿Qué desventura es la que me ha venido, viendo tan sin pensar y tan arrebatadamente muerta la lumbre de mis ojos? ¡Oh hija mia, hija mia, descanso de mis trabajos, consuelo de mis penas, alegría de mis tristezas, remedio de mi malaventurada vejez y soledad! ¡Cuán desastrado fin han habido, hija mia, las esperanzas vanas que yo de tí imaginaba! Traida en mi vientre tanto tiempo y con tanta fatiga, parida con tanto dolor, criada con tanto recelo, y llegada á edad mayor, pensaba yo, desdichada madre, pensaba en todo mi seso darte en breve marido conforme al estado de tus padres, y soñaba de tí nietos y biznietos, y yernos y nueras y otros deudos y parentelas, que fueran ayuda para mi vejez. Agora los enemigos hados, habiendo envidia del bien que esperaba tener, han vuelto al reves mis esperanzas en sospiros, sollozos y lágrimas, y de bienaventurada que pudiera ser, me han hecho la más sin ventura mujer de cuantas nacieron, con tu desdichada muerte, quedando sin tí en perpétua soledad, porque no fué Dios servido darme otra sino á tí, y doblados mis males, añadida orfandad á mi primera viudez. ¡Oh hija, hija! ¡en cuánta tristeza y lloro me dexas eso poco que me queda de vivir! Sólo un consuelo tengo, que la vida que sin tí he de pasar, ha de ser tan amarga y dolorosa, que presto la dexaré y me llevarás tras tí, y plega aquel muy alto Señor que si yo algun servicio le he hecho en esta vida lo galardone en esto; y pues la que tengo de tener sin tí no ha de ser vida, tenga por bien que sea yo de este mismo lugar llevada contigo á enterrar en una misma sepultura, porque apartadas en la vida nos tornemos á juntar en la muerte.

¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL QUINTO ACTO.

Lamentacion de Eubulo por la muerte de su señor Lisandro. Aquí Eubulo hace un apóstrofe ó conversion al amor, donde declama contra el amor muy rigurosamente, diciendo dél todos los daños y estragos y malos recabdos que causa entre los hombres.

EUBULO.