Part 7
¡Oh fieles entre los fieles, y compañeros de mi juventud; ancianos Persas! ¿qué tribulación aflige a nuestra ciudad? El suelo gime y se estremece herido y golpeado. Junto a mi tumba estoy viendo a la que fué mi dulce compañera, cuyas libaciones acabo de recibir propicio, y al verla, profunda turbación se apodera de mi alma: vosotros también estáis ahí en pie enfrente de este monumento, y plañís, y me evocáis con altas y lastimeras voces y gemidos, y hacéis que deje mi ánima las sombras sempiternas. Salida es esta nada fácil, sobre todo porque los dioses infernales son mejores para apoderarse de sus súbditos que no para soltarlos. Sin embargo, al fin logré hacerme dueño de su voluntad, y heme aquí entre vosotros. Mas apresuraos, no sea que se me acuse de tardanza. ¿Qué nuevo desastre pesa hoy sobre los Persas?
CORO
Turbado por el antiguo respeto, ni oso mirarte cara a cara, ni oso hablar en tu presencia.
LA SOMBRA DE DARÍO
Pues que acudiendo a tus ayes vengo del profundo, nada de prolijas razones; dímelo todo brevemente, y acaba. Depón esa reverencia que me tienes.
CORO
Temo satisfacerte; temo hablarte para haber de contar cosas tan amargas de decir a amigos.
LA SOMBRA DE DARÍO
Ya que el antiguo respeto se te representa en tu ánimo, y te embarga, pero tú, ~(a ATOSSA)~ anciana que un día fuiste la compañera de mi lecho, noble esposa, da tregua al llanto y a los gemidos, y dime: ¿qué sucede? Habla sin rebozo. Dió naturaleza por patrimonio a los humanos las adversidades. Del mar y de la tierra salen infortunios infinitos, y vienen sobre el hombre cuando su vida se dilata algún tanto.
ATOSSA
¡Oh tú, cuya venturosa fortuna superó la prosperidad de todos los hombres; pues mientras viste la luz del sol, pasaste los serenos años de tu vida en felicidad envidiable, siendo como un dios para los Persas! ¡Ahora también te digo dichoso, que moriste antes de ver el abismo de nuestros infortunios! Oye en breves razones todo lo sucedido. Para decirlo con una sola palabra: pereció el poderío de los Persas.
LA SOMBRA DE DARÍO
Y ¿de qué modo? ¿Ha sido el azote de la peste, ha sido la discordia, quién ha destruído el reino?
ATOSSA
Nada menos que eso, sino que todo nuestro ejército quedó exterminado cerca de Atenas.
LA SOMBRA DE DARÍO
¿Y cuál de mis hijos fué el que llevó allí sus armas? dime.
ATOSSA
El impetuoso Xerxes, que despobló todas las dilatadas llanuras del continente de Asia.
LA SOMBRA DE DARÍO
Y ¿cómo se aventuró el desdichado en ese necio intento; por tierra, o por mar?
ATOSSA
Por mar y por tierra. Dos ejércitos formaban la expedición; dos frentes presentaban al enemigo.
LA SOMBRA DE DARÍO
¿Pero de qué manera la gente de a pie pudo llevar a cabo la travesía de piélago tan dilatado y profundo?
ATOSSA
Uniendo Xerxes con cierto artificio entrambas orillas del estrecho de Helles a fin de tener un paso para el ejército.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Y tal puso por obra para cerrar el ancho Bósforo!
ATOSSA
Así fué. Algún dios sin duda le ayudó en esta resolución.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Ah! algún dios enemigo y poderoso que vino a trastornar su mente.
ATOSSA
A la vista está el desastrado fin que todo ello tuvo, y qué de males nos ha traído.
LA SOMBRA DE DARÍO
Mas acaba, ¿qué desastre les ha sucedido para que así los lloréis?
ATOSSA
Rota y deshecha la armada, acarreó la perdición del ejército de tierra.
LA SOMBRA DE DARÍO
¿De ese modo, pues, todo nuestro pueblo ha sido completamente exterminado por el hierro enemigo?
ATOSSA
Sí, como que hoy llora desierta la ciudad de Susa la pérdida de todos sus defensores.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Oh vana defensa y auxilio de un tan poderoso ejército!
ATOSSA
También pereció el pueblo entero de los Bactrianos, y todos en la flor de la edad.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Oh infeliz, y qué vigorosos y valientes auxiliares ha perdido!
ATOSSA
Dicen que tan sólo Xerxes, abandonado de todas sus tropas y con no muchos de los suyos...
LA SOMBRA DE DARÍO
¿Llegó al fin a ponerse en salvo? ¿Cómo? ¿Adónde? ¿Se ha salvado?
ATOSSA
Dándose por muy contento llegó al puente que unía a entrambas regiones.
LA SOMBRA DE DARÍO
¿Y dicen si está ya salvo en nuestra tierra? ¿Y es esto verdad?
ATOSSA
Sí, cierto. Es voz enteramente confirmada, y sobre la cual no hay discrepancia alguna.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Ay! ¡Cuán pronto vino el cumplimiento de los oráculos! En mi hijo ha hecho Zeus que se ejecuten los divinos anuncios. Imaginábame yo que los dioses habían de tardar largo tiempo en llevarlos a cabo; pero cuando el hombre corre desatentado a su destino, hasta el cielo se junta con él, y le ayuda a despeñarse. Ya brotó para los nuestros la fuente de todos sus infortunios, y mi hijo ha sido quien la ha hecho brotar con su inconsiderada y juvenil audacia ¡Él, que esperaba que había de encadenar al sagrado Helesponto como a un esclavo, e impedir que corriesen las divinas aguas del Bósforo! ¡Él, que con echar a sus ondas unos grillos bien forjados, presumió forzarle a torcer su natural impulso, y abrir ancho camino para su inmenso ejército! ¡Desaconsejado mortal que creía que había de ser más poderoso que todos los dioses, y que Poseidón! ¿Cómo pudo ser, para hacer tal, que la demencia no se hubiese apoderado de mi hijo? ¡Ah! Temo que aquellos tesoros que alcancé con tantos esfuerzos no sean ahora presa del primero que quiera ocuparlos.
ATOSSA
Tal fué la enseñanza que sacó el arrebatado Xerxes de comunicar con hombres funestos. Decíanle que tú habías ganado con tu lanza grandes riquezas para tus hijos, mientras que él con flojedad de ánimo reducíase a jugar la lanza en su palacio, sin aumentar nada la herencia de su padre. De continuo estaba oyendo oprobios como éstos de boca de aquellos malvados, y al fin determinó mover su ejército y llevarle contra la Hélade.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Grandísima hazaña en verdad la de ellos y por siempre memorable! ¡Calamidad que ha desolado a la ciudad de Susa, como ninguna de cuantas cayeron sobre ella desde que Zeus todopoderoso quiso conceder a un solo hombre el honor de imperar sobre toda la rica Asia, empuñando el cetro real! De Media era el primer rey de nuestro pueblo. Otro Medo perfeccionó su obra; su hijo, hombre en quien la prudencia llevó siempre el timón de sus resoluciones, Cyro, fué quién le sucedió, tercer rey nuestro y varón afortunado que una vez en el trono dió paz a todos sus súbditos. Él unió a su imperio a Lidios y Frigios y subyugó por fuerza de armas la Jonia entera. Siempre recto en sus pensamientos, jamás se trajo sobre sí la ira del cielo. Su hijo reinó el cuarto, y después de él Merdis, oprobio de la patria y de su antiguo trono. El noble Artafernes con la ayuda de sus parciales, con quienes se conjuró, sorprendióle en su palacio, y le dió muerte. Con esto entró a reinar Marafis, y luego el mismo Artafernes, séptimo de nuestros príncipes. Por fin, la suerte vino a darme lo que tanto hacía que deseaba; pero con guerrear tantas veces, y mandar ejércitos numerosísimos, nunca mal como este traje sobre mi reino. Mas mi hijo Xerxes es mozo, y como mozo piensa, y no se acuerda de mis mandatos. Bien claro lo veis, antiguos compañeros míos, cuantos ejercimos la suprema potestad en Persia, todos juntos, no causamos jamás desastres tan grandes como el presente.
CORO
Y en fin, ¿qué determinas? ¡oh Darío, oh señor! Después de lo ya sucedido, ¿cómo haremos aún para que el pueblo persa vuelva a su antigua gloria?
LA SOMBRA DE DARÍO
Jamás llevéis vuestras armas contra los Helenos, así fuesen más poderosos que el ejército de Xerxes; porque hasta la tierra misma pelea por ellos.
CORO
¿Cómo has dicho? ¡Que pelea por ellos...! ¿De qué suerte?
LA SOMBRA DE DARÍO
Matando de hambre a los ejércitos más grandes y poderosos.
CORO
Pero tal ejército aprestaríamos escogido y bien dispuesto...
LA SOMBRA DE DARÍO
El mismo ejército que ahora queda en los campos de Hélade no tendrá salvación ni en la retirada.
CORO
¿Qué dices? ¿Pues no ha atravesado ya el Helesponto, de vuelta de Europa, todo el ejército de los bárbaros?
LA SOMBRA DE DARÍO
Bien pocos serán entre tantos, si es que no ha de negar su fe a los oráculos de los dioses quien tiene delante de sus ojos lo que hasta ahora ha sucedido. No se cumplen a medias los oráculos jamás. Y si esto es así, mi hijo llevado de sus vanas esperanzas, deja allí grande copia de gente escogida. Allá acampan en los llanos que riegan las aguas del Asopo, codiciado beneficio del suelo de Beocia; y allá les aguarda que padecer los últimos y más crueles males, merecido pago de su insolencia y de sus impías resoluciones. Porque así que entraron en la Hélade, no retrocedieron temerosos ante el despojo de las imágenes de los dioses, ni ante el incendio de los templos, sino que las aras fueron destruídas, y las estatuas de los bienaventurados con bárbara furia arrancadas de sus asientos, y unas contra otras derribadas. Los que cometieron estas maldades, ya están padeciendo males nada menores; pero otros quedan por venir todavía. Aún no se alcanza a divisar el fondo debajo de ellos; aún están manando. Tal de cadáveres hacinados quedará en los campos de Platea, entre ríos de cuajada sangre vertida por la lanza doria, los cuales hasta la tercera generación estarán hablando a los ojos de los hombres, y diciéndoles con mudas lenguas: “No os ensoberbezcáis demasiado los que habéis de morir. De la flor de la soberbia, sale luego la espiga del crimen; la mies que se coge es mies de lágrimas”. Vosotros ahora, considerad el condigno pago que tuvieron aquellos delitos; guardad memoria de Atenas y de la Hélade. Nadie mire desdeñoso y atediado su presente fortuna, ni por codicia de las ajenas venga a perder las riquezas propias. Jamás deja sin castigo Zeus justiciero la soberbia desenfrenada, ni se olvida de pedir estrecha cuenta de nuestras acciones. Por tanto, vosotros que poseéis la prudencia, amonestad a Xerxes con atinados consejos; enseñadle a deponer su arrogante audacia, y a no pecar contra los dioses. Y tú, anciana y querida madre de Xerxes, vuelve a tu estancia; toma para él las vestiduras que te pareciere oportuno, y sal al encuentro de tu hijo. Porque con la furia del dolor todas sus ricas vestiduras las hizo girones sobre su mismo cuerpo. Y consuélale con blandas y dulces palabras; que bien lo sé, que tan sólo oyéndote a ti cobrará ánimos. Yo vuelvo a las tinieblas habitadoras del profundo. Y vosotros ancianos, salud, y aun en los males mismos dad el alma a la alegría, mientras el día luzca para vosotros; que las riquezas de nada aprovechan a los muertos.
~(Húndese la SOMBRA DE DARÍO.)~
CORO
Lleno de dolor he oído los muchos desastres que hoy afligen a los bárbaros y los que han de sobrevenir aún.
ATOSSA
¡Oh Destino, y cuántos dolores me asaltan, y qué crueles! Y lo que me hiere más es oír la fealdad e ignominia con que viene mi hijo hechas harapos sus magníficas vestiduras. Corro a mi estancia; tomaré cuanto sea menester para su remedio y regalo, y me daré prisa a salirle al encuentro. No abandonemos en la desgracia lo que más amamos en el mundo.
~(Vase.)~
CORO
¡Oh dolor! ¡Qué poderosa y feliz y bien gobernada vivía nuestra república cuando imperaba aquel anciano generoso que a todo acudía, el invencible Darío, aquel rey igual en grandeza a los mismos dioses!
Entonces brillábamos por la gloria de nuestras armas, y las leyes gobernaban nuestras bien defendidas ciudades, y de retorno de nuestras guerreras empresas veníamos otra vez sanos y salvos, y trayendo la victoria a nuestros hogares.
¡Y cuántas ciudades tomó sin pasar el río Halys ni moverse del augusto hogar de su palacio! Tal como las palustres ciudades del mar Estrimonio vecinas a las mansiones de los Tracios, y a las que fuera del lago se asientan en la tierra firme, bien circuídas de muros, las cuales todas le acataban por su rey y señor. Y las engreídas y jactanciosas que se levantan en entrambas orillas del prolongado estrecho de Helles, junto con las de la sinuosa Propóntide, y las de la boca del Ponto. Y las islas que ciñe el mar cerca del dilatado promontorio que avanza en las ondas, al cual se avecinan: Lesbos, la olivífera Samos, Chíos, Paros, Naxos, Miconos y Andros que está al lado de Tenos, y con ella se toca. También dominó aquellas islas de alta mar que se asientan entre una y otra costas: Lemnos, y la sagrada mansión de Ícaro, y Rodas y Cnido, y las ciudades ciprias, y Pafos, y Solos, y aquella Salamina cuya metrópoli es ahora causa de este llanto. En fin, bajo el imperio y auspicios del gran Darío, hízose dueña el Asia de las opulentas y populosas ciudades de la parte griega de la Jonia. Que entonces era invencible el esfuerzo y valor de nuestros guerreros, y de aquellos sus aliados venidos de todas las naciones de la tierra; pero ahora trocaron los dioses la suerte de las armas. Obra de ellos es sin duda este desastre que hemos sufrido, quedando rotos y deshechos en una batalla naval.
~(Sale Xerxes solo, con los vestidos desgarrados y en desorden y sin ningún aparato ni pompa real. En la mano trae el arco de sus flechas.)~
XERXES
¡Ay infeliz de mí! ¡Y qué triste suerte alcancé, como nunca podía esperarla! ¡Con qué crueldad se ha ensañado la Fortuna en la nación persa! ¿Qué haré? ¡Miserable! Mi cuerpo desfallece; me faltan las fuerzas al contemplar a estos ancianos. ¡Oh Zeus! ¡Ojalá que con aquellos esforzados varones que perecieron, a mí también me hubieses sepultado en las sombras fatales de la muerte!
CORO
¡Ay, oh rey! ¡Ay de nuestro valeroso ejército! ¡Ay de la grandeza y majestad del imperio de los Persas! ¡Ay del marcial continente y de los ricos arreos de aquellos soldados que acaba de segar el Destino! La patria llora a aquella juventud que nació en su suelo, y a la cual Xerxes ha llevado a la muerte, llenando con ella las profundas mansiones de Hades. -- ¡Qué multitud de guerreros, la flor de esta tierra, los de temible arco, han descendido a aquel imperio tenebroso! Toda una generación entera de miles de miles de hombres que ha perecido. ¡Ay ejército insigne! ¡Cayó miserablemente la nación reina y señora de Asia! ¡Cayó postrada de rodillas!
XERXES
¡Heme aquí; yo soy el miserable, el digno de ser lamentado por toda mi raza; yo, que nací para ruina de la tierra de mis padres!
CORO
Y estas serán las aclamaciones con que salude y celebre tu vuelta; tristes voces, doloridos lamentos, el lacrimoso y funerario cántico del plañidor Mariandyno.
XERXES
¡Dejad salir las lágrimas, los ayes y los gemidos, porque ya estáis viendo cómo se ha mudado el Destino y cómo se ha vuelto contra mí!
CORO
Sí; yo dejaré que salgan mis quejas y mis ayes; yo rendiré tributo de duelo y de plañidos a las desgracias de nuestro pueblo; a esa tremenda calamidad que ha sepultado en las ondas a toda una generación que ahora está llorando la patria. Yo clamaré una vez y otra con doloridas y lacrimosas voces.
XERXES
Ares nos la arrebató, Ares que se puso de parte de los Jonios, que combatió en su armada, y segó la infausta llanura del mar y las malaventuradas costas. ¡Ay, ay! clama a grandes voces, y pregunta todo cuanto quieras.
CORO
¿Dónde está aquella multitud amiga, dónde los que te escoltaban, como Farandaces, Susas, Pelagón, Agdabatas, Dotamas, Psammis y Susiscanes, que abandonaron a Ecbatana en tu seguimiento?
XERXES
Allí los dejé muertos. Cayeron de sus naves tirias, y arrastrados por las olas hasta las costas de Salamina, se estrellaron contra sus ásperos riscos.
CORO
¡Ay, ay! ¿Y dónde tienes a Farnuco y al valeroso Ariomardo? ¿Dónde al rey Sevalces y al noble Lileo? Y aún te he de preguntar: ¿Y Menfis? ¿y Tharibis? ¿y Masistres? ¿y Artembares? ¿y Hystekmas?
XERXES
¡Ay de mí! Todos cayeron de un solo golpe. Sus míseros cuerpos palpitantes aún, yacen en la costa mirando a la antigua, a la odiosa Atenas.
CORO
¿Y aquel que era siempre tu ojo fiel, que contaba diez mil a diez mil tus soldados persas; Alpisto, el hijo de Batanoco ... hijo de Sesames el de Megabactes? ¿Y Partho? ¿Y el grande Oibares? ¿Dónde los has dejado? ¿Dónde los has dejado?
XERXES
¡Oh! ¡los enemigos!
CORO
¡Males más fieros y terribles anuncias con esto a los generosos Persas!
XERXES
Tú me haces renovar la memoria de aquellos buenos compañeros, y avivas en mí su amor vehementísimo. Tú que me hablas de calamidades tan terribles y horrendas, y que no son para olvidadas jamás. De lo hondo de mi pecho clama por ellos mi corazón con grandes voces.
CORO
¿Y tantos otros a quienes con tan vivo deseo esperamos? ¿Y Xantho, que mandaba diez mil Mardos? ¿Y el belicoso Ancares? ¿Y Diaxis y Arsaces, capitanes de la caballería? ¿Y Cedadates? ¿Y Litimna? ¿Y Tolmo, que jamás se hartaba de pelea?
XERXES
¡Allá quedan sepultados; allá quedan sepultados! No los llevaron en entoldadas literas, ni detrás los acompañaba fúnebre cortejo. Perecieron aquellos caudillos de nuestro ejército y perecieron sin gloria.
CORO
¡Ay dioses! ¡ay! ¡Qué desastre habéis enviado contra nosotros! ¡Desastre inesperado; desastre no visto jamás, desastres digno de que le contemple la mirada de Ate!
XERXES
Golpe es el que nos ha herido cual los que la Fortuna suele dar en la vida.
CORO
Sí, ella es quien nos ha herido. Bien claro está. ¡Calamidad inaudita! ¡calamidad inaudita! Con bien menguada suerte abordamos a la armada Jonia. ¡Infeliz es en las armas la gente de los Persas!
XERXES
¿Y cómo no serlo, cuando con ejército tan poderoso fuí miserablemente destrozado?
CORO
¡Verdad! ¡cómo no, cuando ha perecido por completo el poderío de la Persia!
XERXES
¿Ves lo que me resta de todos mis arreos y pompa militar?
CORO
¡Lo veo, lo veo!
XERXES
Este carcaj...
CORO
¿Qué es lo que dices que has salvado?
XERXES
El carcaj donde guardo mis flechas.
CORO
¡Miserable resto de tesoros tan ricos!
XERXES
Hemos perdido todos nuestros defensores.
CORO
¡No huye del combate el pueblo jonio!
XERXES
Es un valerosísimo pueblo. ¡No me esperaba yo la derrota que he presenciado!
CORO
¿Dices, pues, que nuestra armada ha huído en derrota?
XERXES
Al contemplar aquel desastre, rasgué mis vestiduras.
CORO
¡Ay, ay de mí!
XERXES
¡Ay! Es poco decir ¡ay! para tamaña desdicha.
CORO
Sí, que son desdichas que doblan y triplican la desdicha más grande.
XERXES
¡Tristísimas para nosotros; pero bien alegres para nuestros enemigos!
CORO
¡Quedó abatida nuestra pujanza!
XERXES
Vedme sin ninguno de los que me escoltaban.
CORO
Amigos infelices, que han perecido en el mar.
XERXES
Llora, llora nuestra pérdida, y vuélvete a tus hogares.
CORO
Lloro sí, y no me dejan hablar los sollozos.
XERXES
Responde a mis clamores con tus clamores.
CORO
Triste consuelo de sus desdichas para los desdichados.
XERXES
Acompaña mi fúnebre canto con tus tristes acentos.
CORO
¡Ay, ay! ¡oh dolor!
XERXES
¡Desastre que nos abruma!
CORO
¡Desastre del cual me duelo en el fondo de mi alma!
XERXES
Hiere tu pecho, hiérele, y llora por mi causa.
CORO
¡Ay infortunio! ¡ay infortunio!
XERXES
Responde a mis clamores con tus clamores.
CORO
¡Oh, mi señor, no necesitas decírmelo!
XERXES
Alza hasta el cielo tus sollozos.
CORO
¡Ay, ay de mí! De nuevo acompañaré mis gemidos con tristes extremos de dolor.
XERXES
Hiere tu pecho al lúgubre són del canto misio.
CORO
¡Oh desdichas, desdichas!
XERXES
Mésate la blanca barba.
CORO
¡Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza! ¡Oh miserabilísima desventura!
XERXES
Lanza agudos ayes.
CORO
Así haré.
XERXES
Desgarra tu ancha túnica con toda la fuerza de tus manos.
CORO
¡Oh desdichas, desdichas!
XERXES
Mésate los cabellos, y llora nuestra perdida armada.
CORO
Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza. ¡Oh miserabilísima desventura!
XERXES
Báñense en lágrimas tus ojos.
CORO
¡Sí que me deshago en lágrimas!
XERXES
Responde a mis clamores con tus clamores.
CORO
¡Ay, ay de mí!
XERXES
Vuelve a tus hogares llorando nuestra ruina.
CORO
¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!
XERXES
Sí; resuene en toda la ciudad.
CORO
¡Ay, ay! lloremos más todavía; lloremos más.
XERXES
Caminad con tácitos y lentos pasos en señal de duelo y gemid.
CORO
¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!
XERXES
¡Ay trirremes mías! ¡armada mía destrozada!
CORO
Yo te seguiré con doloridos ayes.
[Ilustración]
_LA ORESTIADA_
_I.--AGAMEMNÓN, II.--LAS COÉFORAS, III.--LAS EUMÉNIDES_
[Ilustración]
I
_AGAMEMNÓN_
~Aparece el ATALAYA puesto en vela en el terrado de palacio. Al comenzar la acción es todavía noche cerrada.~
ATALAYA
Pido a los dioses que me libren de este penoso trabajo, de esta guardia sin fin que estoy haciendo en lo alto del palacio de los Atridas, todo el año alerta como un perro, contemplando las varias constelaciones de los astros de la noche, brillantes reyes que lucen en el dilatado éther, y marcan a los mortales el invierno y el verano; cuándo se ponen, y cuándo hacen su salida. Ahora, como siempre, estoy esperando la señal de la hoguera, el esplendente fuego que nos ha de traer la nueva de la toma de Troya; que así lo manda el duro corazón de una mujer imperiosa y dominante, que la está aguardando. Llega la noche, mas no viene con ella el reposo a mi lecho húmedo de rocío. Jamás le visitan los sueños; en vez del sueño, el terror es quien se sienta a mi cabecera y no me deja cerrar los ojos a un tranquilo descanso. Y si quiero cantar o tararear buscando remedio contra el sueño que me acomete, entonces rompo en lágrimas, lamentando los infortunios de esta casa, que ya no se ve en la prosperidad que la tenía aquel su amo de otros tiempos. ¡Ojalá venga por fin el dichoso instante que me vea libre de esta fatiga! ¡Ojalá aparezca en medio de las sombras el fuego de la buena nueva! -- ¡Ah! ¡ah! ¡Salve, oh lucero de la noche, que anuncias la luz de un claro y nuevo día, y a la ciudad de Argos le das la señal de regocijados y festivos coros en celebración de un feliz suceso! Sí, no hay duda; en verdad te lo digo, esposa de Agamemnón; que en seguida saltes del lecho, y que en todo el palacio se levante jubiloso himno que salude esta luz venturosa. Tomada es Ilión. Esa luminaria encendida lo está anunciando. Yo mismo seré, yo, quien daré comienzo al preludio, y guiaré los coros de la fiesta; yo, que voy a llevar la dicha a mis señores; que esta hoguera ha sido para mí una jugada redonda. ¡Así me sea dado ver la vuelta de mi Rey a su casa, y estrechar su mano querida entre mis manos! Lo demás lo callo: un enorme buey pesa sobre mi lengua. A poder hablar, bien claramente se explicaría este palacio. Por lo que hace a mí, de buen grado hablaría con quien me entendiera; para los que no, como si nada supiese.
~(Vase.)~
~(Sale el CORO. Comienza a alborear. Al aparecer CLITEMNESTRA en escena es ya de día.)~
CORO