Todo al Vuelo Obras Completas Vol. XVIII
Part 4
Recuerdo la primera impresión. Este es uno de los que quieren _épater_ al burgués, me dije. Sombrerón de anchas alas, barbas monjiles, gesto militar, palabras estupefacientes, maneras de aristo. El cuerpo delgado bajo un _macferland_ cuya esclavina se convertía por instantes en dos alas de murciélago satánico; los ojos dulces o relampagueantes, y la sonrisa entre la cual se escapaban frases a cortos golpes paradójicos, o buenas, o espantosas. Sobre todo espantosas, _épatantes_.
Él me pudo decir entonces: Hombre de América que vienes aquí para ver España: mira en mí algo de lo que queda de lo más nacional, típico y poético. Yo soy un Conquistador, y además, otras cosas. Mi sombrerón de anchas alas te dice de mis cariños y andares en las tierras de Méjico que tanto recorriera aquel mi muy admirado varón de gesta que tenía por nombre Hernán Cortés. Mis barbas monjiles te manifiestan la tradicional religión del monje que he sido; mi gesto militar explica que he llevado uniforme en luchas civiles, en la misma tierra en que manda el legendario y justamente alabado por Tolstoi, general don Porfirio Díaz. En cuanto mis palabras que dejan a las gentes estupefactas o espantadas, son las de aquel que sabe que hay en la tierra y en el cielo cosas que no comprende nuestra filosofía...
II
Desde entonces Valle Inclán ha crecido como un bello león. Perdió su brazo, pero parece que por allí le hubiese brotado una nueva garra invisible.
Cuando Octave Mirbeau descubrió en el _Fígaro_ parisiense a Maeterlinck, nombró a Shakespeare. Hugo, si no me engaño, en una breve frase, rememoró al omnividente Will, a propósito de las extraordinarias niñerías de Rimbaud.
Yo no he encontrado la sensación shakespereana más que en algunas cosas de Lugones--en quien encuentro todo--y en los últimos libros de Valle Inclán. Poe queda aparte como Jules Laforgue.
III
El éxito internacional--y lo digo con motivo de que en Francia han comenzado a traducir las obras de Valle Inclán--no tiene nada que ver con el mérito artístico, con los valores ideales. D'Annunzio, a pesar de su _réclame_, no se puede regodear de una _Quo vadis?_, y Sienkiewicz nada vale al lado del Coloso: ¡George Ohnet!
George Meredith acaba de morir, y aquí en España no he visto en ningún periódico más artículo respecto a la desaparición del prodigioso inglés, que el que ha enviado a un diario su corresponsal en Londres, varios días después de los funerales.
IV
Los personajes que en su ya larga serie de obras ha creado este espíritu de excepción, son vivientes más allá de la real vida, más allá de la vida normal; no existen como los héroes balzacianos o zolescos, sino como Hamlet, Otelo, o el viejo Lear.
Los tipos retratados o encarnados de lo cotidiano, mueren, desaparecen, como los que vemos todos los días. Poeta o escritor que quiere dar a sus seres supervivencia tiene que plasmarlos e infundirles un alma bajo un concepto de eternidad. No viven hoy diez mil tipos animados por mil autores que tuvieron en su tiempo ganga y celebridad, y que hacían la labor de fuera para dentro. Viene Celestina simbólica y que parece tan real como quien hubiera merecido ser su esposo o compañero, el gordo Falstaf. Ambos tuvieron forma y alma de dentro para fuera. Así el ilustre Bradomín, don Juan Manuel de Montenegro, las damas de ensueño y los bufones de misterio que, en un ambiente desconocido, aparecen en la obra profunda y encantadora de Valle Inclán.
V
Yo he retratado antaño a este admirado y querido amigo mío en el siguiente soneto:
Este gran don Ramón de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, parece un viejo dios, altanero y esquivo, que se animase en la frialdad de su escultura. El cobre de sus ojos por instantes fulgura y da una llama roja tras un ramo de olivo. Tengo la sensación de que siento y que vivo a su lado, una vida más intensa y más dura. Este gran don Ramón del Valle Inclán me inquieta, y a través del zodíaco de mis versos actuales se me esfuma en radiosas visiones de poeta, o se me rompe en un fracaso de cristales. Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta que le lanzan los siete pecados capitales.
Tales catorce versos no dicen en verdad la complicada figura de este gran don Ramón. Tan complicada, que ha llegado a ser casi burgués, casándose con un «alma hermana» que le comprende y le ama muy de veras. La antigua cabellera ha desaparecido; una indumentaria inglesa ha sustituído a la de los días pasados--aunque también el _macferland_ era británico--y luego, nunca, nadie podrá decir que ha visto a Valle incorrecto. Siempre, aun en días duros, fué el caballero, el fidalgo. En su casita, que es un nido de arte, en la calle de Santa Engracia, una niñita sonrosada es una rosa sobre su gloria, es la princesa.
VI
Este no es un estudio; dicho está que son notas. Largo trabajo se necesitaría para exponer la obra--y la vida unida ella--de Valle Inclán. Porque lo que he dicho sobre lo shakespeareano, tiene, en la introspección, una base de realidad. Atiéndase bien:
Todo lo que en la poemática labor de Valle Inclán parece más fantástico y abstruso, tiene una base de realidad. La vida está ante el poeta, y el poeta la transforma, la sutiliza, la eleva, la multiplica; en una palabra: la diviniza, con su potencia y música interior. El que no tiene el _daimon_ no puede hacer eso, y, por tanto, he sostenido la superioridad de Unamuno sobre otros puramente formales o virtuosos en la lírica.
VII
_Femeninas_, _Epitalamio_, _Cenizas_, fueron la primera floración en el jardín de este gran señor de letras. Se dirá de reminiscencias extranjeras--por lo de la forma--, mas nunca del modo que se le ha señalado a D'Annunzio. Valle Inclán ha sido d'annunziano en alguna de las sonatas--cuestión de orden y contrapunto verbal, y hasta dandismo, porque era el momento, y, cuando cantan los ruiseñores, les llevan y les modulizan el canto los vientos que vienen de todas partes. Para esto, ver lo que últimamente ha dicho uno de los superiores, un gran poeta y de los más conscientes y firmes de saber, el catalán Marquina, a quien si alguna vez le ha faltado algún don--siendo con todo de los excelentes--y hablo ahora en cuanto a crítico--, es el don de la diferenciación.
VIII
Las _Sonatas_, que hoy, por primera vez, van a hacerse conocer en Europa, son ejecuciones primigenias de Valle Inclán. Bravas ideas y aventuras sentimentales dichas en exquisitas maneras. La demostración, en los primeros momentos, de nuestra lucha hispanoamericana por representarnos ante el mundo como concurrentes a una idea universal--Idea, no Moda--que comenzaba a llenar de una nueva ilusión o realización de belleza, todo lo que entonces pensaba altamente en la tierra. En ello hay el anhelo de la novedad--y de antigüedad--que caracterizó a los Nuevos. Que mañana seremos Viejos. Pero él va fecundando. Y las _Sonatas_ de las cuatro estaciones tendrán una repercusión incomparable en la historia de las letras castellanas. Poniendo su escenario en tierras distintas, como los capitanes de antes su bandera y sus proezas, en que hacían tan soberbiamente drama o novela, él cierra, en un momento, ese zodiacal cielo y va a hacer otra cosa.
IX
Entonces vienen las Comedias Bárbaras--que tienen únicamente, y todo relativo, algún parentesco con los poemas del olímpico francés y con las odas del poderoso italiano--. Bárbaro, en esta extensión de la palabra, es lo que en expresión, simbolismo o manera de ser, representa una mentalidad medioeval, ásperamente expresiva, invasora y gótica; popular en lo del fondo del corazón del pueblo: feudal, caballeresca, burgrave, mística, llena de conocimientos o suposiciones milenarios, y al mismo tiempo ingenua, pagana en lo mucho que de paganismo tenía la Edad Media: con el sentido de la Fatalidad que había en tiempos de pestes extrañas y fulminantes que supiera comprender un Edgar Poe; y de peregrinos con sus conchas en las caperuzas; y de leprosos que para atraer o alejar al viandante, tocaban sus esquilas en los caminos, mientras todo el orbe, desde el montículo papal, temblaba por el advenimiento de lo Extraordinario.
Como Galicia ha sido una de las regiones santuarios del mundo, tiene una infinidad de infinito flotante y de religiosidad imperante en que podía bien anclar este fundamental artista. Todo eso legendario de Compostela, todas las sendas de fe, que han ido abriendo generaciones de generaciones por siglos de siglos: todo el creer de la labriega que sabe los decires de las brujas, las apariciones particulares o numerosas; el hablar de las piedras para quien las entiende, como el de los árboles en la sombra para quien los oye; todo lo que la circunstante naturaleza tiene en esa región de España, está en la obra de Valle Inclán. Pero, y aquí viene mi cita de Shakespeare, adquiere por la virtud genial, una expansión absoluta. Y el marqués de Bradomín se irá por todas partes, sin marca de fábrica francesa o sin estampilla escandinava, y respirando con más placer y dignidad, antes que los perfumes forasteros, los del gran botafumeiro de su catedral.
X
Ahora empieza la serie de los cruzados de la causa. Novelas carlistas. No hay nada comparable sino los _chouanorias_ de Barbey. No he visto más adorable Cervantes, sin esperar nada del palacio veneciano de Loredán y del apartamento de París. Él cree, él ve la epopeya, que lo fué, estupenda, en aquel encuentro largo de leones, de una y otra parte. Él cree, y principalmente, sabe, porque está documentado como en todo. Es esta una campaña de ideal de que no se han dado cuenta aquí. El viejo e ilustre Galdós debía haber hablado ya y decir quién viene después de él. No para dejarse devorar, como en ciertas tribus, sino para que se le respetase más.
Y conste que hoy yo amo y respeto a don Benito, casi ya lapidariamente maestro.
XI
¡Y luego, Valle Inclán es un poeta tan exquisito! ¡Su libro pequeño y lindo de versos está lleno de tan supremas cosas! A Rodó, a Lugones, a Díaz Rodríguez y a los otros compañeros más serán un regalo. Pero fíjense en los acompañamientos de gaita que van al fin de cada poemita. Es que el celta nos conquista; e irá de allí a todas partes. Solamente que, ¿qué citar? Citaré las _Prosas de dos ermitaños_:
En la austera quietud del monte y en la sombra de un peñascal, nido de buitres y de cuervos que el cielo cubren al volar, razonaban dos ermitaños: San Serenín y San Gundián. --San Serenín, padre maestro, tu grande saber doctoral que aconseja a papas y a reyes, ¿puede a mi alma aconsejar y un cirio de cándida cera encender en su oscuridad? --San Gundián, padre maestro, y definidor teologal, confesor de papas y reyes en toda la cristiandad, el cirio que enciende mi mano ninguna luz darte podrá. --San Serenín, padre maestro, mis ojos quieren penetrar en el abismo de la muerte, el abismo del bien o el mal, donde vuelan nuestras ánimas cuando el cuerpo al polvo se da. --San Gundián, padre maestro, ¿quien el trigo contó al granar, y del ave que va volando, dice en donde se posará, y de la piedra de la honda o de la flecha, a dónde van? --San Serenín, padre maestro, como los ríos a la mar, todas las cosas en el mundo hacen camino a su final, y el ave y la flecha y la piedra en ceniza se trocarán. --San Gundián, padre maestro, todo el saber en eso da: cuando es misterio, en el misterio ha de ser por siempre jamás, hasta que el cirio de la muerte nos alumbre en la eternidad. --San Serenín, padre maestro, esa luz que no apagarán todas las borrascas del mundo, mi aliento quisiera apagar. ¡El dolor de sentir la vida en otra vida seguirá! --San Gundián, padre maestro, mientras seas cuerpo mortal y al cielo mires, en el día la luz del sol te cegará, y en la noche las negras alas del murciélago Satanás. Callaron los dos ermitaños y se pusieron a rezar. San Serenín, como más viejo tenía abierto su misal, y en el misal la calavera abría su vacío mirar.
En ello no hay el acompañamiento musical de la región, como os he dicho, pero oid esto, que se llama «El milagro de la mañana»:
Tañía una campana en el azul cristal de la santa mañana oración campesina, que temblaba en la azul santidad matutina. Y en el viejo camino cantaba un ruiseñor, y era de luz su trino. La campana de aldea le dice con su voz al pájaro que crea. La campana aldeana en la gloria del sol era el alma cristiana. Al tocar esparcía aromas de rosal de la virgen María. Esta santa conseja la recuerda un cantar en una fabla vieja: «Campana, campaniña do Pico Sacro toca porque floreza a rosa do milagro.»
Todas las exquisitas suavidades o gestos rítmicos de Valle Inclán indican en este pequeño libro la existencia de un poeta, que, si lo quisiese, podría hacer una obra lírica y métrica, como la que va realizando de modo que no se le puede encontrar igual en Europa, Meredit, apenas, y en otro rumbo y mundo mental, sin no hacer más que aumentar la gloria del gran inglés esta opinión.
XII
¡Ah! ¡Si Valle Inclán quisiere hacer un viaje a Buenos Aires! Posiblemente será antes a Nueva York.
Los diplomáticos poetas.
AMADO NERVO
PRIMER SECRETARIO DE LA LEGACIÓN DE MÉJICO EN MADRID
Cuando acaba de ascender en la carrera, y el gobierno de S. M. C. acaba de condecorarle, un nuevo libro de poesías viene a demostrar que el peso del uniforme no impide el vuelo. Indico a Amado Nervo.
Ese hombre dulce, de cabeza cristiana, porta una espada decorativa. En nada se opone a la normalidad de las cosas que quien ha nacido para monje concluya sus pacíficos días en el noble y ceremonioso cargo de introductor de embajadores, y sustituyan a los ágapes conventuales los áulicos banquetes y al untoso «benedictine» el _toast_ bien recortado.
Aunque Amado Nervo es mejicano, nada en él encontraréis de azteca. ¿Os he dicho ya que se parece a Jesucristo? Mas ahora caigo en la cuenta de que os estoy hablando del Amado Nervo que yo he conocido hace algunos años en París, y cuyo busto, plasmado por el escultor Nava, su compatriota, figuró en uno de los salones. Sí, aquel Nervo tenía ciertamente una cara israelita y un aire nazareno. El de hoy, mutilado, pues estirpó su bella barba característica y apartó su amable aire de ensueño, es el que corresponde a las atenciones del protocolo y al diario contacto con su jefe, el notario mundano y distinguido señor de Beistegui, el mismo que regaló, si no me equivoco, al Museo del Louvre, de París, una famosa colección numismática.
En París pasamos juntos días de ilusión y de alegría, pimentados con el poco de locura y capricho que los bizarros años y el medio nos exigían. Allí tuvimos ciertas relaciones extraordinarias, ciertos amigos fantásticos, entre ellos el pintor Henry de Groux, loco o genio; pero, desde luego, un tipo desconcertante; el cual nos fué presentado por otro personaje prodigioso, músico y ocultista, que tenía unas hijas encantadoras y nos leía unos alucinantes comentarios del Apocalipsis... Nervo ha hablado en alguno de sus libros, aunque someramente, de esos días incomprensibles. Nuestro contagio se extendió por el Barrio latino, adonde fuimos a perturbar la calma de unos cuantos pintores y escultores, compatriotas de Nervo y pensionados por su gobierno.
¡Oh!, en diez años, ¡cómo ha cambiado el escenario y la corriente de nuestras vidas!
Yo he admirado en Nervo siempre su amor de belleza, su culto misterioso de idealidad. El simbolismo influyó mucho en él. Después, libre su personalidad lírica, fué por todas partes en vuelo y en armonía. Tras largas complicaciones estéticas, ha llegado a uno de los puntos más difíciles y más elevados del alpinismo poético, a la planicie de la sencillez, que se encuentra entre picos muy altos y abismos muy profundos. Por todo esto, pues, sabéis ya, que Amado Nervo tiene mi amistad y mi admiración.
Desde _Perlas negras_, desde _Místicas_, obras suyas primigenias, simpaticé con su suave ideología y con su culta sentimentalidad. Oí sus misas--misas rezadas--con fraternal devoción. Y al llegar a la República Argentina tuve el placer de ser el primero en dar a conocer a mis amigos intelectuales a aquel hermano que hacía cosas muy bellas en la tierra de Moctezuma.
* * * * *
Desde la publicación de sus primeros libros hasta el que acaba de aparecer, _En voz baja_, la evolución de Nervo ha sido variada, pero siguiendo siempre un solo rumbo. Ha sido un admirable sincero y por eso mismo es un admirable poeta. Luego, tiene una individualidad. Es de esos poetas privilegiados que ponen algo inconfundible en lo que producen. Para quien conozca su obra, una poesía de Nervo no necesita la firma. Además, es un poeta aristocrático, en el sentido original de la palabra. Su música es _di camera_. Ha cantado casi siempre «en voz baja». Condición excepcional esta en la sonante España y en nuestras Américas españolas, donde hay cada Stentor indígena y capa hombre-orquesta que ensordecen las ágoras. Así, de la risa diríase que no se oye en la producción de este lírico. A él se le ve sonreir, y, como de su tiempo, esa sonrisa es triste. Además él nos dirá en un dístico:
El proverbio latino harta razón tenía: «Non est magnum ingenium sine melancholia.»
El poeta verdadero vive de su propia meditación y la persecución de lo absoluto es causa de inenarrables angustias. Hay que hacerse un alma de notario o de _sportsman_ para librarse de las malas consecuencias que traen las incursiones y exploraciones dentro del propio espíritu. La diplomacia también es bastante para el caso.
Nervo, entre sus primeros libros y el que está recién salido de la imprenta, ha convidado a los amadores de bellas flores artísticas, a la visión de muy bellos _Jardines_, decorados con los primores de su fantasía, y en donde cantan pájaros de encanto, exquisitas estrofas. También ha dado, en prosa, narraciones enigmáticas, entre ciencia y sueño: y ha demostrado un filosófico humor en páginas sencillas y excelentes.
Nervo está en una edad que en Francia le colocaría entre los muy jóvenes academizables; pero que en Italia le condenaría a ser devorado por los futuristas del poeta Marinetti. Es célibe. Hombre tranquilidad, de orden, con instintos de coleccionista y ciertos gustos de abad. Ha sido pronto y justamente ascendido en la carrera que hoy sigue, probando que, como decía alguien, los poetas, además de los versos, hacen tan bien, o mejor que los otros hombres, lo que éstos hacen.
Mas bueno será que os halaguen ya algunos sones del ideal instrumento que con tanto arte y sutil elegancia toca este músico singular.
_En voz baja_ se compone de cuatro partes: la primera, que da el título a la colección: _La sombra del ala_, _Un libro amable_ y _Del éxodo y las flores del camino_. El poeta dedica el volumen a su madre:
Madre: los muertos oyen mejor; ¡sonoridad celeste hay en su caja! A ti, pues, este libro de intimidad, de amor, de angustia y de misterio murmurado _en voz baja_.
A una hermana espiritual expresa su deseo de poner en su obra,
el alma triste, arcana, sutil y misteriosa que tienen los paisajes.
Hay prosas y versos, diríamos en este caso recordando a Flaubert, que quisiéramos estrechar contra nuestro corazón. Nervo no es de los incontenibles; es de los concentradores, de los de calidad. Creo que el poema de más extensión que ha escrito es _La Hermana Agua_. El resto de su producción se cristaliza en gemas o se diluye en reducidos elixires.
Aquí ya da una delicada nota de intimidad amorosa a una «cabecita rubia, nido de amor, rizado y sedeño»; o de otra dirá:
¡Es su faz un trasunto de ideal tan completo! ¡Son sus ojos azules de tan raro fulgor! Sella todos sus actos un divino secreto... ¡No le habléis de amor! ¡Es tan noble el prestigio de sus manos sutiles! ¡Es tan pálido el rosa de sus labios en flor! Hay en ella el misterio de los viejos marfiles... ¡No le habléis de amor! Tiene el vago embeleso de las damas de antaño, en los lienzos antiguos en que muere el color... ¡No turbéis el silencio de su espíritu huraño! ¡No le habléis de amor!
Sus intimismos no tienen relación con los de otros poetas, como Rodenbach, por ejemplo. Su _Vieja llave_, hecha de manera tan moderna--¡y tan antigua!--es de una gracia melancólicamente doméstica y siendo tan personal, encuentra en el lector un eco de canción conocida y de algo sentido por uno mismo. Son las reminiscencias de las casas de los primeros años, saudades de tiempos ya lejanos que con su recuerdo traen al alma una vaga y sutil ternura. Y es algo criollo, algo americano y mansamente señorial al mismo tiempo.
Esta llave cincelada que en un tiempo fué, colgada (del estrado á la cancela, de la despensa al granero) del llavero de la abuela, y en continuo repicar inundaba de rumores los vetustos corredores; esta llave cincelada, si no cierra ni abre nada, ¿para qué la he de guardar? Ya no existe el gran ropero, la gran arca se vendió; sola en un baúl de cuero, desprendida del llavero esta llave se quedó. Herrumbrosa, orinecida, como el metal de mi vida, como el hierro de mi fe, como mi querer de acero, esta llave sin llavero ¡nada es ya de lo que fué! Me parece un amuleto sin virtud y sin respeto; nada abre, no resuena... ¡Me parece un alma en pena! Pobre llave sin fortuna ... y sin dientes, como una vieja boca, si en mi hogar ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, ¿para qué te he de guardar? Sin embargo, tú sabías de las glorias de otros días: del mantón de seda fina que nos trajo de la China la gallarda, la ligera española nao fiera. Tú sabías de tibores donde pájaros y flores confundían sus colores; tú de lacas, de marfiles y de perfumes sutiles de otros tiempos, tu cautela conservaba la canela, el cacao, la vainilla, la suave mantequilla, los grandes quesos frescales y la miel de los panales, tentación del paladar; mas si hoy, abandonada, ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, ¿para que te he de guardar? Tu torcida arquitectura es la misma del portal de mi antigua casa oscura (¡que en un día de premura fué preciso vender mal!) Es la misma de la ufana y luminosa ventana donde Ines mi prima y yo nos dijimos tantas cosas, en las tardes misteriosas del buen tiempo que pasó. Me recuerdas mi morada, me retratas mi solar, mas si hoy, abandonada, ya no cierras ni abres nada, pobre llave desdentada, ¿para qué te he de guardar?
Esto es delicioso, sencillo y fino. No puede haber expresión más transparente y simple. De más decir que al autor de tales versos se le señala y clasifica entre los llamados modernistas.
En _Hojeando estampas viejas_ el lírico tiene la imprecisa sensación de una vida anterior, heroica y amorosa. En _Ruego_ pide a un _âme soeur_, como dicen los franceses, piedad y suavidad: en _Til qu'en songe_ becqueriza a su modo.
Expresa extraños sentires que le hacen dudar de si aun existe en este mundo. O recuerdos indefinidos:
Es un vago recuerdo que me entristece y que luego en la noche desaparece; y que surge de un ignoto pasado, que viene de muy lejos y como muy cansado; que llega de las sombras de indefinido; un recuerdo de algo muy bello que se ha ido hace ya muchos siglos, ¡hace... como mil años! ¡Y tantas desesperanzas!