Part 7
_Palacio del_ DUQUE, _con jardín. Es de noche._
DOÑA JUANA _y_ DOÑA SERAFINA, _a una ventana_.
DOÑA SER.
¡Ay, querida doña Juana! Nota de mi fama doy; mas si no me declaro hoy, me casa el Duque mañana.
DOÑA JUANA.
Don Dionís, señora, es tal, que no llega don Duarte con la más mínima parte a su valor. Portugal por su padre llora hoy día; para en uno sois los dos; gozaos mil años.
DOÑA SER.
¡Ay, Dios!
DOÑA JUANA.
No temas, señora mía, que mi primo fué por él; presto le traerá consigo.
DOÑA SER.
Él tiene un notable amigo.
DOÑA JUANA.
Pocos se hallarán como él.
ESCENA XXIII
DON ANTONIO _y después_ TARSO, _como de noche_.--DICHAS.
DON ANT.
Hoy, amor, vuestras quimeras de noche me han convertido en un don Dionís fingido y un don Antonio de veras. Por uno y otro he de hablar. Gente siento a la ventana.
DOÑA JUANA.
Ruido suena; no fué vana mi esperanza.
TARSO.
Este lugar mi dichoso don Dionís me manda que mire y ronde por si hay gente.
DOÑA JUANA.
Ce: ¿es el Conde?
DON ANT.
Sí, mi señora.
DOÑA JUANA.
¿Venís con don Dionís?
TARSO.
(_Ap._) ¿Cómo es esto? ¿Don Dionís? La burla es buena. ¿Mas si es doña Magdalena? Reconocer este puesto me manda, porque le avise si anda gente, y me parece que otro en su lugar se ofrece; y que le ronde, ande y pise, vaya; mas que es don Dionís, eso no.
DON ANT.
Conmigo viene un don Dionís, que os previene el alma, que ya adquirís, para ofrecerse a esas plantas. Hablad, don Dionís; ¿qué hacéis?
(_Finge la voz._)
¿Que estoy suspenso no veis, contemplando glorias tantas? Pagar lo mucho que os debo con palabras será mengua, y ansí refreno la lengua, porque en ella no me atrevo. Mas, señora, amor es dios, y por mí podrá pagar.
DOÑA JUANA.
(_Ap._) ¡Bien sabe disimular el habla!
DOÑA SER.
¿No tenéis vos crédito para pagarme esta deuda?
DON ANT.
No lo sé; mas buen fiador os daré: el Conde puede fiarme.-- Yo os fío.
TARSO.
(_Ap._) ¡Válgate el diablo! sólo un hombre es, vive Dios, y parece que son dos.
DON ANT.
Con mucho peligro os hablo aquí; haced mi dicha cierta, y tengan mis penas fin.
DOÑA SER.
Pues ¿qué queréis?
DON ANT.
Del jardín tengo ya franca la puerta.
DOÑA JUANA.
Mira que suele rondarte don Duarte, señora mía, y que si aguardas al día, has de ser de don Duarte; cualquier dilación es mala.
DOÑA SER.
¡Ay, Dios!
DOÑA JUANA.
¡Qué tímida eres! ¿Entrará?
DOÑA SER.
Haz lo que quisieres.
DON ANT.
Don Dionís, amor te iguala a la ventura mayor que pudo dar: corresponde a tu dicha. --Amigo Conde, por vuestra industria y favor he adquirido tanto bien: dadme esos brazos; yo soy tu amigo, Conde, desde hoy.-- Yo vuestro esclavo. --Está bien: dará el tiempo testimonio desta deuda. --Aquí te aguardo, que así mis amigos guardo: entrad. --Adiós, don Antonio.
(_Éntrase._)
DOÑA SER.
¿Entró?
DOÑA JUANA.
Sí.
DOÑA SER.
¡Que deste modo fuerce amor a una mujer! Mas por sólo no lo ser del de Estremoz, poco es todo.
(_Vanse de la ventana._)
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ESCENA XXIV
MIRENO, _de noche_.--TARSO.
MIRENO.
Él se debió de quedar, como acostumbra, dormido.
TARSO.
Ya queda sustituído por otro aquí tu lugar.
MIRENO.
¿Qué dices, necio? Responde: vienes aquí a ver si hay gente, ¡y estáste aquí, impertinente!
TARSO.
Gente ha habido.
MIRENO.
¿Quién?
TARSO.
Un Conde, y un don Dionís de tu nombre, que es uno y parecen dos.
MIRENO.
¿Estás sin seso?
TARSO.
Por Dios, que acaba de entrar un hombre con tu doña Magdalena, que, o es colegial trilingüe, o a sí propio se distingue, o es tu alma que anda en pena. Más sabe que veinte Ulises. Algún traidor te ha burlado, o yo este enredo he soñado, o aquí hay dos don Dionises.
MIRENO.
Soñástelo.
TARSO.
¡Norabuena!
ESCENA XXV
DOÑA MAGDALENA, _a la ventana_.--MIRENO, TARSO.
DOÑA MAG.
¿Si habrá don Dionís venido?
TARSO.
A la ventana ha salido un bulto.
DOÑA MAG.
¡Ay Dios! Gente suena. Ce: ¿es don Dionís?
MIRENO.
Mi señora, yo soy ese venturoso.
DOÑA MAG.
Entrad, pues, mi vergonzoso.
(_Vase de la ventana._)
MIRENO.
¿Crês, que lo soñaste agora?
TARSO.
No sé.
MIRENO.
Si mi cortedad fué vergüenza, adiós vergüenza; que seréis, como no os venza, desde agora necedad. (_Vase._)
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ESCENAS XXVI Y XXVII
[LAURO, RUY LORENZO _y algunos pastores llegan a Avero en el momento en que un heraldo publica el siguiente bando_:]
“El rey nuestro señor, Alfonso el V, manda: Que en todos sus Estados reales, con solemnes y públicos pregones, se publique el castigo que en Lisboa se hizo del traidor Vasco Fernández, por las traiciones que a su tío el duque don Pedro de Coímbra ha levantado, a quien por leal vasallo y noble, y en todos sus Estados restituye; mandando que en cualquier parte que asista, si es vivo, le respeten como a él mismo; y si es muerto, su imagen hecha al vivo pongan sobre un caballo, y una palma en la mano, le lleven a su corte, saliendo a recebirle los lugares: y declara a los hijos que tuviere por herederos de su patrimonio, dando a Vasco Fernández y a sus hijos por traidores, sembrándoles sus casas de sal, como es costumbre en estos reinos, desde el antiguo tiempo de los godos. Mándase pregonar para que venga a noticia de todos.”
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[Ilustración:
“El rey, vuestro Señor, Alfonso el V, manda...”]
LAURO.
Gracias a vuestra piedad, recto Juez, clemente y sabio, que volvéis por mi justicia.
RUY.
El parabién quiero daros con las lágrimas que vierto: gocéisle, Duque, mil años.
DUQUE.
¿Qué labradores son éstos, que hacen extremos tantos?
CONDE.
¡Ah, buena gente! Mirad que os llama el Duque.
LAURO.
Trabajos, si me habéis tenido mudo, ya es tiempo de hablar. ¿Qué aguardo? Dadme aquesos brazos nobles, Duque ilustre, primo caro. Don Pedro soy.
DUQUE.
¡Santos cielos, dos mil gracias quiero daros!
CONDE.
¡Gran Duque! ¡En aqueste traje!
LAURO.
En éste me he conservado con vida y honra hasta agora.
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DUQUE.
Es el Conde de Estremoz, a quien la palabra he dado de casalle con mi hija la menor, y agora aguardo al Conde de Vasconcelos, sobrino vuestro.
LAURO.
Mi hermano estará ya arrepentido, si traidores le engañaron.
DUQUE.
Doile a doña Magdalena, mi hija mayor.
LAURO.
Sois sabio en escoger tales yernos.
DUQUE.
Y venturoso otro tanto, en que seréis su padrino.
RUY.
(_Ap._) Aunque el Conde me ha mirado, no me ha conocido. ¡Ay cielos! ¿Quién vengará mis agravios?
DUQUE.
Hola, llamad a mis hijas, que de suceso tan raro, por la parte que les toca, es bien darles cuenta...
ESCENA XXVIII
DOÑA MAGDALENA, DOÑA SERAFINA. DOÑA JUANA.--DICHOS.
DOÑA MAG.
¿Qué manda vuestra excelencia?
DUQUE.
Que beséis, hijas, las manos al gran Duque de Coímbra, vuestro tío.
DOÑA MAG.
¡Caso raro!
LAURO.
Lloro de contento y gozo.
DOÑA SER.
(_Ap._) Mi suerte y ventura alabo: ya segura gozaré mi don Dionís, pues ha dado fin el cielo a sus desdichas.
LAURO.
Gocéis, sobrinas, mil años, los esposos que os esperan.
DOÑA SER.
El cielo guarde otros tantos la vida de vuexcelencia.
DOÑA MAG.
Si la mía estima en algo, le suplico, así propicios de aquí adelante los hados le dejen ver reyes nietos y venguen de sus contrarios, que este casamiento impida.
DUQUE.
¿Cómo es eso?
DOÑA MAG.
Aunque el recato de la mujeril vergüenza cerrarme intente los labios, digo, señor, que ya estoy casada.
DUQUE.
¡Cómo! ¿Qué aguardo? ¿Estás sin seso, atrevida?
DOÑA MAG.
El cielo y amor me han dado esposo, aunque humilde y pobre, discreto, mozo y gallardo.
DUQUE.
¿Qué dices, loca? ¿Pretendes que te mate?
DOÑA MAG.
El secretario que me diste por maestro es mi esposo.
DUQUE.
Cierra el labio. ¡Ay, desdichada vejez! Vil, ¿por un hombre tan bajo al Conde de Vasconcelos desprecias?
DOÑA MAG.
Ya le ha igualado a mi calidad amor, que sabe humillar los altos y ensalzar a los humildes.
DUQUE.
Daréte la muerte.
LAURO.
Paso, que es mi hijo vuestro yerno.
DUQUE.
¿Cómo es eso?
LAURO.
El secretario de mi sobrina, vuestra hija, es Mireno, a quien ya llamo don Dionís, y mi heredero.
DUQUE.
Ya vuelvo en mí: por bien dado doy mi agravio de ese modo.
DOÑA MAG.
¿Hijo es vuestro? ¡Ay, Dios! ¿Qué aguardo, que no beso vuestros pies?
DOÑA SER.
Eso no, porque es engaño: don Dionís, hijo del Duque de Coímbra, es quien me ha dado mano y palabra de esposo.
DUQUE.
¡Hay hombre más desdichado!
DOÑA SER.
Doña Juana es buen testigo.
DOÑA MAG.
Don Dionís está en mi cuarto, y mi cámara.
DOÑA SER.
¡Qué bueno! En la mía está encerrado.
LAURO.
Yo no tengo más que un hijo.
DUQUE.
Tráiganlos luego. ¡En qué caos de confusión estoy puesto!
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ESCENA XXIX
MIRENO.--DICHOS.
MIRENO.
Confuso vengo a tus pies.
LAURO.
Hijo mío, aquesos brazos den nueva vida a estas canas. Este es don Dionís.
DOÑA SER.
¿Qué engaños son éstos, cielos crueles?
DUQUE.
Abrazadme, que ya ha hallado el más gallardo heredero de Portugal, este Estado.
LAURO.
¿Qué miras, hijo, perplejo? El nombre tosco ha cesado que de Mireno tuviste; ni lo eres, ni soy Lauro, sino el Duque de Coímbra: el Rey está ya informado de mi inocencia.
MIRENO.
¿Qué escucho? ¡Cielos! ¡Amor! ¡Bienes tantos!
ESCENA XXX
DON ANTONIO.--DICHOS.
DON ANT.
Dame, señor, esos pies.
DUQUE.
¿A qué venís, secretario?
DOÑA SER.
Conde, ¿qué es de don Dionís, mi esposo?
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[_Se descubre que_ DON ANTONIO _es el Conde de Penela; el_ DUQUE _le perdona y accede a que_ DOÑA SERAFINA _sea su esposa_. EL CONDE DE ESTREMOZ _se casa con_ LEONELA, _hermana de_ RUY LORENZO, _y éste, después de perdonado, vuelve a ocupar el cargo de secretario_.]
[Ilustración]
[Ilustración]
LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA
JORNADA 2.ª, ESCENA II.
FERNANDO PIZARRO
Gonzalo, ¿cómo es posible que el ánimo os satisfaga si por el premio o la paga hacéis el valor vendible? Hasta ese punto invencible, ya os habéis afeminado, que quien hace interesado cuando de su esfuerzo fía las hazañas granjería, mercader es, no soldado. Hágase al plebeyo igual, pierda de noble la ley quien a su patria o su rey le sirve por el jornal; que el generoso, el leal, el premio que ha de adquirir es la fama hasta morir, y ésta estriba en pretender merecer por merecer, servir sólo por servir. Fuí a España, y a Carlos Quinto le presenté este occidente, y ya veis si del presente lo que se vende es distinto. Cuanto esta zona, este cinto ciñe y abraza este mar le di; no había de tomar corta paga, a no ser necio, que lo que no tiene precio mejor se está sin premiar. En Almagro el César doble gobiernos que ha menester; cobre él como mercader, sírvale yo como noble. De estéril laurel y roble coronó la antigüedad al valor y a la lealtad y de infructífera grama, en prueba de que la fama sólo busca eternidad.
[Ilustración]
ÍNDICE
EL CONDENADO POR DESCONFIADO. 5
LA PRUDENCIA EN LA MUJER. 69
EL VERGONZOSO EN PALACIO. 139
LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA. 213
ERRATAS
_Página._ _Línea._ _Dice._ _Debe decir._
8 6 vil y de barro vil, de barro
13 17 ¿Qué de hacer? ¿Qué he de hacer?
48 25 ALCALDE ALCAIDE
119 18 agravïado, agraviado,
121 21 daré a Trujillo daré Trujillo