Tirso de Molina

Part 6

Chapter 63,756 wordsPublic domain

ESCENA V

MIRENO.

Pensamiento, ¿en qué entendéis? Vos que a las nubes subís, decidme: ¿qué colegís de lo que aquí visto habéis? declaraos, que bien podéis: decidme, tanto favor ¿nace de sólo el valor que a quien os honra ennoblece? ¿O erraré si me parece que ha entrado a la parte amor? ¡Jesús! ¡Qué gran disparate! Temerario atrevimiento es el vuestro, pensamiento; ni se imagine ni trate: mi humildad el vuelo abate con que sube el deseo vario; mas, ¿por qué soy temerario si imaginar me prometo que me ama en lo secreto quien me hace su secretario? ¿No estoy puesto en libertad por ella? Y ya sin enojos, por el balcón de sus ojos ¿no he visto su voluntad? Amor me tiene.--Callad, lengua loca; que es error imaginar que el favor que de su nobleza nace, y generosa me hace, está fundado en amor.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENAS VI A IX

[DON ANTONIO, _enamorado de_ DOÑA SERAFINA, _quiere quedarse en el palacio del_ DUQUE, _aunque guardando el incógnito. Para ello solicita y obtiene la plaza de secretario, vacante por la huída de_ RUY LORENZO.]

ESCENA X

_Jardín del palacio._

EL DUQUE, DOÑA MAGDALENA.

DUQUE.

Si darme contento es justo, no estés, hija, desa suerte; que no consiste mi muerte mas de en verte a ti sin gusto. Esposo te dan los cielos para poderte alegrar, sin merecer tu pesar el Conde de Vasconcelos. A su padre el de Berganza, pues que te escribió, responde; escribe también al Conde, y no vea yo mudanza en tu rostro ni pesar, si de mi vejez los días con esas melancolías no pretendes acortar.

DOÑA MAG.

Yo, señor, procuraré no tenerlas, por no darte pena, si es que un triste es parte en sí de que otro lo esté.

DUQUE.

Si te diviertes, bien puedes.

DOÑA MAG.

Yo procuraré servirte; y agora quiero pedirte, entre las muchas mercedes que me has hecho, una pequeña.

DUQUE.

Con condición que se olvide aquesa tristeza, pide.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Honra, el amor os despeña.) El preso que te pedí librases, y ya lo ha sido, de todo punto ha querido favorecerse de mí: con sólo esto, gran señor, parece que me ha obligado: y así, a mi cargo he tomado, su remedio y tu favor. Es hombre de buena traza y tiene extremada pluma.

DUQUE.

Dime lo que quiere, en suma.

DOÑA MAG.

Quisiera entrar en la plaza de secretario.

DUQUE.

Bien poco ha que dársela pudiera; aún no ha un cuarto de hora entera que está ocupada.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Amor loco. ¡Muy bien despachado estáis! Vos perderéis por cobarde, pues acudistes tan tarde, que con alas no voláis.)

DUQUE.

Por orden del camarero a un mancebo he recibido, que de Lisboa ha venido con aquese intento a Avero; y según lo que en él vi, muestra ingenio y suficiencia.

DOÑA MAG.

Si gusta vuestra excelencia, ya que mi palabra di, y él está con esperanza que le he de favorecer, pues me manda responder al Conde y al de Berganza, sabiendo escribir tan mal, quisiera que se quedara en palacio, y me enseñara; porque en mujer principal falta es grande no saber escribir cuando recibe alguna carta, o si escribe, que no se pueda leer. Dándome algunas liciones, más clara la letra haré.

DUQUE.

Alto, pues; lición te dé, con que enmiendes tus borrones; que en fin, con ese ejercicio la pena divertirás, pues la tienes porque estás ociosa; que el ocio es vicio. Entre por tu secretario.

DOÑA MAG.

Las manos quiero besarte.

ESCENA XI

CONDE.--DICHOS.

CONDE.

Señor...

DUQUE.

Conde don Duarte...

CONDE.

Con contento extraordinario vengo.

DUQUE.

¿Cómo?

CONDE.

El Rey recibe con gusto mi pretensión, y sobre aquesta razón, a vuestra excelencia escribe. Dice que se servirá Su Majestad de que elija, para honrar mi casa, hija de vuexcelencia, y tendrá cuidado de aquí adelante de hacerme merced.

DUQUE.

Yo estoy contento deso, y os doy nombre de hijo, aunque importante será que disimuléis, mientras doña Serafina al nuevo estado se inclina; porque ya, Conde, sabéis cuán pesadamente lleva esto de casarse agora.

CONDE.

Hará el alma, que la adora, de su sufrimiento prueba.

DUQUE.

Yo haré las partes por vos con ella; perded recelos: el Conde de Vasconcelos vendrá presto, y de las dos las bodas celebraré luego.

CONDE.

El esperar da pena.

DUQUE.

No estéis triste, Magdalena.

DOÑA MAG.

Yo, señor, me alegraré por dar gusto a vuexcelencia.

DUQUE.

Vamos a ver lo que escribe el Rey.

CONDE.

Quien espera y vive, bien ha menester paciencia.

(_Vanse el_ DUQUE _y el_ CONDE.)

ESCENAS XII A XV

[DOÑA SERAFINA _ensaya en el jardín su papel para una representación dramática que ha de celebrarse en el palacio de Avero._ DON ANTONIO, _por mediación de_ DOÑA JUANA, _está oculto en el jardín con un pintor encargado de hacer en secreto un retrato de_ DOÑA SERAFINA, _la cual, vestida de hombre e ignorante de que la están retratando, declama con gran entusiasmo los versos de la comedia que ha de representar_.]

ESCENA XVI

_Habitación de doña Magdalena._

DOÑA MAGDALENA, MIRENO.

DOÑA MAG.

Mi maestro habéis de ser desde hoy.

MIRENO.

¿Qué ha visto en mí, vuestra excelencia, que así me procura engrandecer? Dará lición al maestro el discípulo desde hoy.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Qué claras señales doy del ciego amor que le muestro!

MIRENO.

(_Ap._) ¿Qué hay que dudar, esperanza? Esto, ¿no es tenerme amor? Dígalo tanto favor, muéstrelo tanta privanza. Vergüenza, ¿por qué impedís la ocasión que el cielo os da? Daos por entendido ya.

DOÑA MAG.

Como tengo, don Dionís, tanto amor...

MIRENO.

(_Ap._) Ya se declara, ¡ya dice que me ama, cielos!

DOÑA MAG.

Al Conde de Vasconcelos, antes que venga, gustara, no sólo hacer buena letra, pero saberle escribir, y por palabras decir lo que el corazón penetra; que el poco uso que en amar tengo, pide que me adiestre esta experiencia, y me muestre cómo podré declarar lo que tanto al alma importa y el amor mismo me encarga, que soy en quererle larga y en significarlo corta. En todo os tengo por diestro; y así me habéis de enseñar a escribir, y a declarar al Conde mi amor, maestro.

MIRENO.

(_Ap._) ¿Luego no fué en mi favor, pensamiento lisonjero, sino porque sea tercero del Conde? ¿Veis, loco amor, cuán sin fundamento y fruto torres habéis levantado de quimeras, que ya han dado en el suelo? Como el bruto en esta ocasión he sido, en que la estatua iba puesta, haciéndole el pueblo fiesta, que loco y desvanecido creyó que la reverencia, no a la imagen que traía, sino a él sólo se hacía; y con brutal impaciencia arrojalla de sí quiso, hasta que se apaciguó con el castigo, y cayó confuso en su necio aviso. ¿Así el favor corresponde, con que me he desvanecido? Basta; que yo el bruto he sido y la estatua es sólo el Conde. Bien puedo desentonarme, que no es la fiesta por mí.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Quise deslumbrarle así, que fué mucho declararme.) Mañana comenzaréis, maestro, a darme lición.

MIRENO.

Servirte es mi inclinación.

DOÑA MAG.

Triste estáis.

MIRENO.

¿Yo?

DOÑA MAG.

¿Qué tenéis?

MIRENO.

Ninguna cosa.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Un favor me manda amor que le dé.) ¡Válgame Dios! Tropecé... (_Ap._) (Que siempre tropieza amor.)

(_Tropieza y da la mano a_ MIRENO.)

El chapín se me torció.

MIRENO.

(_Ap._) (¡Cielos! ¿Hay ventura igual?) ¿Hízose acaso algún mal vuexcelencia?

DOÑA MAG.

Creo que no.

MIRENO.

(_Ap._) (¡Que la mano la tomé!)

DOÑA MAG.

Sabed que al que es cortesano le dan, al darle la mano, para muchas cosas pie. (_Vase._)

MIRENO.

“¡Le dan, al darle la mano, para muchas cosas pie!” De aquí, ¿qué colegiré? Decid, pensamiento vano: en aquesto, ¿pierdo o gano? ¿Qué confusión, qué recelos son aquéstos? Decid, cielos, ¿esto no es amor? Mas no, que llevo la estatua yo del Conde de Vasconcelos. Pues ¿qué enigma es darme pie la que su mano me ha dado? Si sólo el Conde es amado, ¿qué es lo que espero? ¿Qué sé? Pie o mano, decid: ¿por qué dais materia a mis desvelos? Confusión, amor, recelos, ¿soy amado? Pero no, que llevo la estatua yo del Conde de Vasconcelos. El pie que me dió, será pie para darla lición, en que escriba la pasión que el Conde y su amor la da. Vergüenza, sufrí y callá; bajad ya, atrevidos vuelos, vuestra ambición, si a los cielos mi desatino os subió, que llevo la estatua yo del Conde de Vasconcelos.

JORNADA TERCERA

ESCENAS I A VI

[RUY LORENZO _se refugia en la casa de_ LAURO, _padre de_ MIRENO, _y le refiere que si intentó la muerte del_ CONDE DE ESTREMOZ _fué para vengar a una hermana suya a la cual había dado el_ CONDE _palabra de casamiento._ LAURO _se lamenta de la fuga de su hijo_ MIRENO, _y en su dolor dice que él no es pastor ni se llama_ LAURO, _sino que es el_ DUQUE DE COÍMBRA.]

LAURO.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Murió el Rey de Portugal, mi hermano, en la primavera de su juventud lozana; mas la muerte, ¿qué no seca? De seis años dejó un hijo, que agora, ya hombre, intenta acabar mi vida y honra; y dejando la tutela y el gobierno destos reinos solos a mí y a la Reina. Murió el Rey, sobre el gobierno hubo algunas diferencias entre mí y la Reina viuda; porque jamás la soberbia supo admitir compañía en el reinar, y las lenguas de envidiosos lisonjeros siempre disensiones siembran.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Pero cesó el alboroto porque, aunque era moza y bella la Reina, un mal repentino dió con su ambición en tierra. Murió, en fin; gocé el gobierno portugués sin competencia, hasta que fué Alfonso quinto de bastante edad y fuerzas. Caséle con una hija que me dió el cielo, Isabela por nombre, aunque desdichada, pues ni la estima ni precia. Juntáronsele al Rey mozo mil lisonjeros, que cierran a la verdad en Palacio, como es costumbre, las puertas. Entre ellos un mi enemigo, de humilde naturaleza, Vasco Fernández por nombre, gozó la privanza excelsa: y queriendo derribarme para asegurarse en ella, a mi propio hermano induce, y para engañarle, ordena hacerle entender que quiero levantarme con sus tierras, y combatirle a Berganza, siendo Duque por mí della.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Creyólo, desposeyóme de mi Estado y las riquezas que en el gobierno adquirí: llevóme a una fortaleza, donde sin bastar los ruegos, ni lágrimas de Isabela, mi hija y su esposa, manda que me corten la cabeza. Supe una noche propicia el rigor de la sentencia;

· · · · · · · · · · · · · · ·

me descolgué de los muros, y en aquella noche mesma di aviso que me siguiese a mi esposa, la Duquesa. Supo el Rey mi fuga, y manda que al són de roncas trompetas me publiquen por traidor, dando licencia a cualquiera para quitarme la vida, poniendo mortales penas a quien, sabiendo de mí, no me lleve a su presencia.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Murió mi esposa querida, y un hijo hermoso me deja, que en este traje criado, comprando ganado y tierras, y hecho de duque pastor, ha ya veinte primaveras que han dado flores a mayo, hierba al prado y a mí penas.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA VII

(_Habitación de doña Magdalena._)

DOÑA JUANA, DOÑA MAGDALENA.

DOÑA JUANA.

Don Dionís, señora, viene a darte lición. (_Vase._)

DOÑA MAG.

A dar lición vendrá de callar, pues aun palabras no tiene. De suerte me trata amor, que mi pena no consiente más silencio; abiertamente le declararé mi amor, contra el común orden y uso, mas tiene de ser de modo que, diciéndoselo todo, le he de dejar más confuso.

(_Siéntase en una silla y finge que duerme._)

ESCENA VIII

MIRENO, DOÑA MAGDALENA.

MIRENO.

¿Qué me manda vuexcelencia? ¿Es hora de dar lición? (_Ap._) (Ya comienza el corazón a temblar en su presencia. Pues que calla, no me ha visto; sentada sobre la silla, con la mano en la mejilla está.)

DOÑA MAG.

(_Ap._) En vano me resisto. Yo quiero dar a entenderme, como que dormida estoy.

[Ilustración:

Yo quiero dar a entenderme como que dormida estoy.]

MIRENO.

Don Dionís, señora, soy.-- No me responde. ¿Si duerme? Durmiendo está. Atrevimiento, agora es tiempo; llegad a contemplar la beldad que ofusca mi entendimiento. Cerrados tiene los ojos, llegar puedo sin temor; que si son flechas de amor, no me podrán dar enojos. ¿Hizo el autor soberano de nuestra naturaleza más acabada belleza? Besarla quiero una mano. ¿Llegaré? Sí; pero no, que es la reliquia divina, y mi humilde boca indina de tocarla. Pero yo soy hombre ¡y tiemblo! ¿Qué es esto? Ánimo. ¿No duerme? Sí.

(_Llega, y se retira._)

Voy. ¿Si despierta? ¡Ay de mí! Que el peligro es manifiesto,

· · · · · · · · · · · · · · ·

El temor al amor venza: afuera quiero esperar.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Que no se atrevió a llegar! ¡Mal haya tanta vergüenza!

MIRENO.

No parezco bien aquí solo, pues durmiendo está. Yo me voy. (_Ap._)

DOÑA MAG.

(¿Que al fin se va?)

(_Fingiendo que habla dormida._)

Don Dionís...

MIRENO.

¿Llamóme? Sí. ¡Qué presto que despertó! Miren ¡qué bueno quedara si mi intento ejecutara! ¿Está despierta? Mas no, que en sueños pienso que acierta mi esperanza entretenida, y quien me llama dormida no me quiere mal despierta. ¿Si acaso soñando está en mí? ¡Ay, cielos! ¿Quién supiera lo que dice?

DOÑA MAG.

No os vais fuera; llegaos, don Dionís, acá.

MIRENO.

Llegar me manda en su sueño. ¡Qué venturosa ocasión! Obedecella es razón, pues, aunque duerme, es mi dueño. Amor, acabad de hablar; no seáis corto.

DOÑA MAG.

Don Dionís, ya que a enseñarme venís a un tiempo a escribir y amar al Conde de Vasconcelos...

MIRENO.

¡Ay, celos! ¿Qué es lo que veis?

DOÑA MAG.

Quisiera ver si sabéis qué es amor y qué son celos: porque será cosa grave que ignorante por vos quede, pues que ninguno otro puede enseñar lo que no sabe. Decidme, ¿tenéis amor? ¿De qué os ponéis colorado? ¿Qué vergüenza os ha turbado? Responded, dejá el temor; que el amor es un tributo y una deuda natural en cuantos viven, igual desde el ángel hasta el bruto. Si esto es verdad, ¿para qué os avergonzáis así? ¿Queréis bien? --Señora, sí.-- ¡Gracias a Dios que os saqué una palabra siquiera!

· · · · · · · · · · · · · · ·

¿Y habéis dicho a vuestra dama vuestro amor? --No me he atrevido. --¿Luego nunca lo ha sabido? --Como el amor todo es llama bien lo habrá echado de ver por los ojos lisonjeros, que son mudos pregoneros. --La lengua tiene de hacer ese oficio; que no entiende distintamente quien ama esa lengua que se llama algarabía de allende. ¿No os ha dado ella ocasión para declararos? --Tanta, que mi cortedad me espanta. --Hablad, que esa suspensión hace a vuestro amor agravio. --Temo perder por hablar lo que gozo por callar. --Eso es necedad; que un sabio al que calla y tiene amor compara a un lienzo pintado de Flandes, que está arrollado. Poco medrará el pintor si los lienzos no descoge que al vulgo quiere vender para que los pueda ver. El palacio nunca acoge la vergüenza: esa pintura desdoblad, pues que se vende, que el mal que nunca se entiende difícilmente se cura. --Sí; mas la desigualdad que hay, señora, entre los dos, me acobarda. --Amor, ¿no es dios? --Sí, señora. --Pues hablad; que sus absolutas leyes saben abatir monarcas, e igualar con las abarcas las coronas de los reyes. Yo os quiero ser medianera: decidme a mí a quién amáis. --No me atrevo. --¿Qué dudáis? ¿Soy mala para tercera? --No; pero temo, ¡ay de mí! --¿Y si yo su nombre os doy? ¿Diréis si es ella, si soy yo acaso? --Señora, sí. --¡Acabara yo de hablar! ¿Mas que sé que os causa celos el Conde de Vasconcelos? --Háceme desesperar; que es, señora, vuestro igual y heredero de Berganza. --La igualdad y semejanza no está en que sea principal, o humilde y pobre el amante, sino en la conformidad del alma y la voluntad. Declaraos de aquí adelante, don Dionís; a esto os exhorto; que en juegos de amor no es cargo tan grande un cinco de largo como es un cinco de corto. Días ha que os preferí al Conde de Vasconcelos.

MIRENO.

¡Qué escucho, piadosos cielos!

(_Da un grito_ MIRENO, _y hace que despierta_ DOÑA MAGDALENA.)

DOÑA MAG.

¡Ay, Jesús! ¿Quién está aquí? ¿Quién os trajo a mi presencia, don Dionís?

MIRENO.

Señora mía...

DOÑA MAG.

¿Qué hacéis aquí?

MIRENO.

Yo venía a dar a vuestra excelencia lición; halléla durmiendo, y mientras que despertaba, aquí, señora, aguardaba.

DOÑA MAG.

Dormíme, en fin, y no entiendo de qué pudo sucederme; que es gran novedad en mí quedarme dormida ansí. (_Levántase._)

MIRENO.

Si sueña, siempre que duerme vuestra excelencia, del modo que agora, ¡dichoso yo!

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Gracias al cielo que habló este mudo!

MIRENO.

(_Ap._) Tiemblo todo.

DOÑA MAG.

¿Sabéis vos lo que he soñado?

MIRENO.

Poco es menester saber para eso.

DOÑA MAG.

Debéis de ser otro José.

MIRENO.

Su traslado en la cortedad he sido, pero no en adivinar.

DOÑA MAG.

Acabad de declarar cómo el sueño habéis sabido.

MIRENO.

Durmiendo vuestra excelencia, por palabras le ha explicado.

DOÑA MAG.

¡Válame Dios!

MIRENO.

Y he sacado en mi favor la sentencia, que falta ser confirmada, para hacer mi dicha cierta, por vuexcelencia despierta.

DOÑA MAG.

Yo no me acuerdo de nada. Decídmelo; podrá ser que me acuerde de algo agora.

MIRENO.

No me atrevo, gran señora.

DOÑA MAG.

Muy malo debe de ser, pues no me lo osáis decir.

MIRENO.

No tiene cosa peor que haber sido en mi favor.

DOÑA MAG.

Mucho lo deseo oír: acabad ya, por mi vida.

MIRENO.

Es tan grande el juramento, que anima mi atrevimiento. Vuestra excelencia dormida... --Tengo vergüenza.--

DOÑA MAG.

Acabad; que estáis, don Dionís, pesado.

MIRENO.

Abiertamente ha mostrado que me tiene voluntad.

DOÑA MAG.

¿Yo? ¿Cómo?

MIRENO.

Alumbró mis celos, y en sueños me ha prometido...

DOÑA MAG.

¿Sí?

MIRENO.

Que he de ser preferido al Conde de Vasconcelos. Mire si en esta ocasión son los favores pequeños.

DOÑA MAG.

Don Dionís, no creáis en sueños, que los sueños, sueños son. (_Vase._)

ESCENA IX

MIRENO.

¿Ahora sales con eso? Cuando sube mi esperanza, ¡carga el desdén la balanza y se deja en fiel el peso!

· · · · · · · · · · · · · · ·

Calle el alma su pasión y sirva a mejores dueños, sin dar crédito a más sueños, que los sueños, sueños son.

ESCENAS X A XVI

[DON ANTONIO _declara su amor a_ DOÑA SERAFINA. _Esta le rechaza y le afea su conducta por haberse fingido secretario del_ DUQUE. DON ANTONIO, _al verse así despreciado, arroja a los pies de_ DOÑA SERAFINA _el retrato que hizo pintar en el jardín, y se marcha indignado_.

DOÑA SERAFINA _examina el retrato y nota que aquel hombre tiene con ella un extraordinario parecido. Deseando saber quién es el retratado, llama nuevamente al_ CONDE DON ANTONIO _para que se lo confiese; y el_ CONDE _inventa un nuevo ardid para conseguir el amor de_ SERAFINA. _Dice que él no está directamente interesado en aquel amor y que se introdujo fraudulentamente en Palacio para servir de mediador entre_ DOÑA SERAFINA _y_ DON DIONÍS DE COÍMBRA, _el cual se enamoró de ella un día que estuvo en Avero disfrazado de pastor.--Aquel retrato es de_ DON DIONÍS. DOÑA SERAFINA _cree el embuste y accede a tener aquella noche una entrevista con el_ DON DIONÍS _del retrato_.]

ESCENA XVII

_Habitación de doña Magdalena._

EL DUQUE, DOÑA MAGDALENA; _después_ MIRENO.

DUQUE.

Quiero veros dar lición; que la carta que ayer vi para el Conde, en que leí del sobrescrito el renglón, me contentó. Ya escribís muy claro.

DOÑA MAG.

Y aún no lo entiende con ser tan claro, y se ofende mi maestro don Dionís. (_Sale_ MIRENO.)

MIRENO.

¿Llámame vuestra excelencia?

DOÑA MAG.

Sí; que el Duque, mi señor, quiere ver si algo mejor escribo. Vos experiencia tenéis de cuán escribana soy; ¿no es verdad?

MIRENO.

Sí, señora.

DOÑA MAG.

Escribí, no ha un cuarto de hora, medio dormida, una plana tan clara, que la entendiera aun quien no sabe leer. ¿No me doy bien a entender, don Dionís?

MIRENO.

Muy bien.

DOÑA MAG.

Pudiera serviros, según fué buena, de materia para hablar en su loor.

MIRENO.

Con callar la alabo: sólo condena mi gusto el postrer renglón, por más que la pluma excuso, porque estaba muy confuso.

DOÑA MAG.

Diréislo por el borrón que eché a la postre.

MIRENO.

¿Pues no?

DOÑA MAG.

Pues adrede le eché allí.

MIRENO.

Sólo el borrón corregí, porque lo demás borró.

DOÑA MAG.

Bien lo pudisteis quitar, que un borrón no es mucha mengua.

MIRENO.

¿Cómo?

DOÑA MAG.

(_Aparte a_ MIRENO.) El borrón con la lengua se quita, y no con callar.-- Ahora bien, cortá una pluma.

MIRENO.

Ya, gran señora, la corto.

DOÑA MAG.

(_Enojada._) Acabad, que sois muy corto. Vuestra excelencia presuma que de vergüenza no sabe hacer cosa de provecho.

DUQUE.

Con todo, estoy satisfecho de su letra.

DOÑA MAG.

Es cosa grave el dalle avisos por puntos, sin que aproveche. Acabad.

DUQUE.

Magdalena, reportad.

MIRENO.

¿Han de ser cortos los puntos?

DOÑA MAG.

¡Qué amigo sois de lo corto! Largos los pido; cortaldos de aqueste modo, o dejaldos.

MIRENO.

Ya, gran señora, los corto.

DUQUE.

¡Qué mal acondicionada sois!

DOÑA MAG.

Un hombre vergonzoso y corto, es siempre enfadoso.

MIRENO.

Ya está la pluma cortada.

DOÑA MAG.

Mostrad. ¡Y qué mala! ¡Ay Dios!

(_Pruébala y arrójala._)

DUQUE.

¿Por qué la echáis en el suelo?

DOÑA MAG.

¡Siempre me la dais con pelo! Líbreme el cielo de vos. Quitalde con el cuchillo. No sé de vos qué presuma; siempre con pelo la pluma (_Ap._) y la lengua con frenillo.

MIRENO.

(_Ap._) Propicios me son los cielos; todo esto es en mi favor.

ESCENA XVIII

EL CONDE.--DICHOS.

CONDE.

Dadme albricias, gran señor; el Conde de Vasconcelos está sólo una jornada de vuestra villa.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Ay de mí!

CONDE.

Mañana llegará aquí, porque trae tan limitada, dicen, del Rey la licencia, que no hará más de casarse mañana, y luego tornarse. Apreste vuestra excelencia lo necesario, que yo voy a recebirle luego.

DUQUE.

¿No me escribe?

CONDE.

Aqueste pliego.

DUQUE.

Hija, la ocasión llegó que deseo.

DOÑA MAG.

(_Ap._) Saldrá vana.

MIRENO.

(_Ap._) ¡Ay, cielo!

DOÑA MAG.

(_Ap._) Mi bien suspira.

DUQUE.

Vamos, deja aqueso y mira que te has de casar mañana.

(_Vanse el_ DUQUE _y el_ CONDE.)

DOÑA MAG.

(_Escribe._) Don Dionís, en acabando de escribir aquí, leed este billete, y haced luego lo que en él os mando.

MIRENO.

Si ya la ocasión perdí, ¿qué he de hacer? ¡Ay, suerte dura!

DOÑA MAG.

Amor todo es coyuntura. (_Vase._)

ESCENA XIX

MIRENO.

Fuése. El papel dice ansí: (_Lee._) _No da el tiempo más espacio:_ _esta noche en el jardín_ _tendrán los temores fin_ _del Vergonzoso en Palacio._ ¡Cielos! ¿Qué escucho? ¿Qué veo? ¿Esta noche? ¡Hay más ventura! ¿Si lo sueño? ¿Si es locura? No es posible, no lo creo. _Esta noche en el jardín..._ ¡Vive Dios, que está aquí escrito mi bien! A buscar a Brito voy. ¿Hay más dichoso fin? Presto en tu florido espacio dará envidia entre mis celos al Conde de Vasconcelos _el Vergonzoso en Palacio_. (_Vase._)

ESCENA XX

[LAURO _sabe que su hijo está en Avero y decide ir a verle_.]

ESCENA XXII