Part 5
No guarda ley la ambición que desvanece. Vuestra corona me ofrece; mas yo no estimo ser rey por medios tan desleales. De rodillas me ha pedido que, a su llanto enternecido, suelte a los Caravajales, y que me vaya a Aragón con ella; que desde allá con sus armas entrará a coronarme en León; y si resiste Castilla, irá después contra ella. Prendedla, señor, sin vella, porque si venís a oílla, yo sé que os ha de engañar; que, en fin, siendo madre vuestra, mozo vos, y ella tan diestra, más crédito habéis de dar que a mí a su fingido llanto.
REY.
Esa no es razón ni ley.
ESCENA XIII
LA REINA.--EL REY, DON JUAN, DON MELENDO.
DON MEL.
Aquí, señora, está el Rey.
DON JUAN.
(_Ap._) De mis traiciones me espanto.
REINA.
Huélgome que haya venido, hijo y señor, Vuestra Alteza a averiguar testimonios, que hace gigantes la ausencia. Su mucha cordura alabo, porque, en negocios de cuentas y de honras, suele un cero dañar mucho si se yerra;
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Mandado habéis a don Juan que a tomar la razón venga de vuestro real patrimonio; viéndolo vos, soy contenta, que aunque deberos me imputan privados que os lisonjean treinta cuentos, serán cuentos de mentiras, no de hacienda. Pero yo admito sus cargos: sumad, don Juan, en presencia del Rey, gastos y recibos, por que sus alcances vea.-- Cuando de tres años solos quedó del Rey la inocencia y este reino a cargo mío, primeramente en la guerra que vos, Infante, le hicisteis, levantándole la tierra, llamándôs Rey de Castilla y enarbolando banderas, gasté, Infante, quince cuentos, hasta que en la fortaleza de León, preso por mí, peligró vuestra cabeza. Redújeos a mi servicio, y haciéndôs mercedes nuevas, murmuraron los leales, que veros pagar quisieran vuestra traición con la vida; y para enfrenar sus lenguas con el oro, que enmudece, les di tres, que no debiera. Item: en edificar en Valladolid las Huelgas, donde en continua oración a Dios sus monjas pidieran que de vos al Rey librase y las trazas deshiciera de vuestro pecho ambicioso en mi agravio y en su ofensa, veinte cuentos. Item más: cuando por estar su Alteza enfermo quisisteis darle veneno (ya se os acuerda) por medio del vil hebreo que entonces médico era del Rey, en una bebida, testigo de la fe vuestra; en hacimiento de gracias, misas, procesiones, fiestas, seis cuentos, que repartí en hospitales e iglesias. Aunque pudiera contar otras partidas inmensas, en que por servir al Rey vendí mis joyas y tierras, como todo el reino sabe, sólo os sumo, don Juan, éstas, que no las negaréis, pues tenéis tanta parte en ellas. Sólo no he de dejar una, porque el Rey que os honra, sepa cuán codiciosa usurpé en Castilla sus riquezas. A un mercader de Segovia, para pagar las fronteras de Aragón y Portugal, empeñé mis tocas mesmas, en prueba de vuestra fe, que no tuvisteis vergüenza de ver contra el real respeto sin tocas a vuestra Reina. Premié al mercader leal; quitéle mis nobles prendas, que los traidores agravian, y los leales respetan.
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Ya me parece que basta esto en materia de cuentas; en materia de mi honor, para no seros molesta, aquí he escrito mis descargos. Vuestra Majestad los lea,
(_Dale un papel._)
y conozca por sus firmas en quién su privanza emplea.
REY.
¡Válgame el cielo! Aquí dice que como mi madre ofrezca la mano a don Juan de esposa juntando Estados y fuerzas con don Enrique, don Nuño y otros, haciéndome guerra, me quitarán a Castilla para coronarla en ella.
REINA.
Para asegurar traidores, fingí romper esa letra y la guardé para vos, otra rasgando por ella.
REY.
Don Juan, ¿es vuestra esta firma?
DON JUAN.
Sí, gran señor.
[Ilustración: Don Juan, ¿es vuestra esta firma?]
REY.
Pues en éstas a los demás desleales conozco. Si la prudencia que tanto celebra España, gran señora, en Vuestra Alteza, mi confusión no animara, por no estar en su presencia, de mí sin causa ofendida, sospecho que me muriera.
[_Los caballeros desleales han huído a Aragón. Al infante_ DON JUAN _se le destierra de Castilla y León, y los Estados que le pertenecían son repartidos entre_ BENAVIDES _y los dos_ CARAVAJALES.]
[Ilustración]
[Ilustración]
EL VERGONZOSO EN PALACIO
JORNADA PRIMERA
ESCENAS I A IV
[RUY LORENZO, _secretario del_ DUQUE DE AVERO, _intenta asesinar al_ CONDE DE ESTREMOZ _para vengar ciertos agravios que de él había recibido; pero sus intenciones son descubiertas a tiempo. Huye precipitadamente_ RUY LORENZO _y el_ DUQUE _ordena que le busquen y le prendan_.]
ESCENA V
(_Campo del ducado de Avero._ MIRENO _y_ TARSO, _pastores_.)
MIRENO.
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Mucho ha que me tiene triste mi altiva imaginación, cuya soberbia ambición no sé en qué estriba o consiste. Considero algunos ratos, que los cielos, que pudieron hacerme noble, y me hicieron un pastor, fueron ingratos; y que, pues con tal bajeza me acobardo y avergüenzo, puedo poco, pues no venzo mi misma naturaleza. Tanto el pensamiento cava en esto, que ha habido vez que, afrentando la vejez de Lauro, mi padre, estaba por dudar si soy su hijo, o si me hurtó a algún señor, aunque de su mucho amor mi necio engaño colijo. Mil veces, estando a solas, le he preguntado, si acaso el mundo, que a cada paso honras anega en sus olas, le sublimó a su alto asiento y derribó del lugar que intenta otra vez cobrar mi atrevido pensamiento;
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Siempre, Tarso, ha malogrado estas imaginaciones, y con largas digresiones mil sucesos me ha contado, que todos paran en ser, contra mis intentos vanos, progenitores villanos los que me dieron el ser. Esto, que había de humillarme, con tal violencia me altera, que desta vida grosera me ha forzado a desterrarme, y que a buscar me desmande lo que mi estrella destina, que a cosas grandes me inclina y algún bien me guarda grande;
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si quieres participar de mis males o mis bienes, buena ocasión, Tarso, tienes; déjame de aconsejar, y determínate luego.
TARSO.
Para mí, bástame el verte, Mireno, de aquesa suerte: ni te aconsejo ni ruego; discreto eres; estodiado has con el cura; yo quiero seguirte, aunque considero de Lauro el grave cuidado.
MIRENO.
Tarso, si dichoso soy, yo espero en Dios el trocar en contento su pesar.
TARSO.
¿Cuándo has de irte?
MIRENO.
Luego.
TARSO.
¿Hoy?
MIRENO.
Al punto.
TARSO.
¿Y con qué dinero?
MIRENO.
De dos bueyes que vendí, lo que basta llevo aquí. Vamos derechos a Avero.
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ESCENAS VI A XII
[MIRENO _y_ TARSO _han dejado de ser pastores y parten, muy gozosos, por el camino de Avero. En el bosque, al lado del camino, encuentran al fugitivo_ RUY LORENZO _y a su criado_ VASCO.]
RUY.
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¿Adónde bueno, amigos?
MIRENO.
¡Oh, señores! a la villa a comprar algunas cosas que el hombre ha menester. ¿Está allá el Duque?
RUY.
Allá quedaba.
[Ilustración:
es que los dos troquéis esos vestidos por aquestos groseros;]
MIRENO.
Déle vida el cielo. Y vosotros, ¿dó bueno? Que esta senda se aparta del camino real y guía a unas caserías que se muestran al pie de aquella sierra.
RUY.
Tus palabras declaran tu bondad, pastor amigo. Por vengar la deshonra de una hermana intenté dar la muerte a un poderoso, y sabiendo mi honrado atrevimiento, el Duque manda que me siga y prenda su gente por aquestos despoblados; y ya desesperado de librarme, salgo al camino. Quíteme la vida, de tantos, por honrada, perseguida.
MIRENO.
Lástima me habéis hecho; y ¡vive el cielo! que si como la suerte avara me hizo un pastor pobre, más valor me diera, por mi cuenta tomara vuestro agravio. Lo que se puede hacer, de mi consejo, es que los dos troquéis esos vestidos por aquestos groseros; y encubiertos os libraréis mejor, hasta que el cielo a daros su favor, señor, comience; porque la industria los trabajos vence.
RUY.
¡Oh noble pecho, que entre paños bastos descubres el valor mayor que he visto! Páguete el cielo, pues que yo no puedo, ese favor.
MIRENO.
La diligencia importa: entremos en lo espeso, y trocaremos el traje.
RUY.
Vamos. ¡Venturoso he sido!
(_Vanse los dos._)
TARSO.
¿Y habéis también de darme por mi sayo esas abigarradas, con más cosas que un menudo de vaca?
VASCO.
Aunque me pese.
TARSO.
Pues dos liciones me daréis primero, porque con ellas pueda hallar el tino, entradas y salidas desa Troya;
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RUY LORENZO, _de pastor_; MIRENO, _de galán_.
RUY.
De tal manera te asienta el cortesano vestido, que me hubiera persuadido a que eres hombre de cuenta, a no haber visto primero que ocultaba la belleza de los miembros la bajeza de aqueste traje grosero.
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Alguna nobleza infiero que hay en ti, pues te prometo que te he cobrado el respeto que al mismo Duque de Avero. ¡Hágate el cielo como él!
MIRENO.
Y a ti con sosiego y paz te vuelva, sin el disfraz, a tu Estado; y fuera dél, con paciencia vencerás de la fortuna el ultraje. Si te ve en aquese traje mi padre, en él hallarás nuevo amparo; en él te fía, y dile que me destierra mi inclinación a la guerra; que espero en Dios que algún día buena vejez le he de dar.
RUY.
Adiós, gallardo mancebo; la espada sola me llevo para poder evitar, si me conocen, mi ofensa.
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(_Vanse_ RUY LORENZO _y_ VASCO.)
TARSO.
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Mas pues eres ya otro hombre, por si acaso adonde fueres caballero hacerte quieres, ¿no es bien que mudes el nombre? Que el de Mireno no es bueno para nombre de señor.
MIRENO.
Dices bien: no soy pastor, ni he de llamarme Mireno. Don Dionís en Portugal es nombre ilustre y de fama; don Dionís desde hoy me llama.
TARSO.
No le has escogido mal.
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Extremado es el ensayo; pero ya que así te ensalzas, dame un nombre que a estas calzas les venga bien, de lacayo, que ya el de Tarso me quito.
MIRENO.
Escógele tú.
TARSO.
Yo escojo, si no lo tienes a enojo... ¿No es bueno?...
MIRENO.
¿Cuál?
TARSO.
Gómez Brito. ¿Qué te parece?
MIRENO.
Extremado.
TARSO.
¡Gentiles cascos, por Dios! Sin ser obispos, los dos nos habemos confirmado.
ESCENA XIII
[_Varios pastores van por orden del_ DUQUE _en busca de_ RUY LORENZO. _Topan con_ MIRENO _y_ TARSO _y, tomándolos por el Secretario y su criado los atan y conducen al Palacio de Avero_.]
ESCENA XIV
_Salón del Palacio del Duque en Avero._
DOÑA JUANA, DON ANTONIO, _de camino_.
DOÑA JUANA.
¡Primo don Antonio!
DON ANT.
Paso: no me nombréis; que no quiero hagáis de mí tanto caso, que me conozca en Avero el Duque. A Galicia paso, donde el rey don Juan me llama de Castilla, que me ama y hace merced, y deseo, a costa de algún rodeo, saber si miente la fama que ofrece el lugar primero de la hermosura de España a las hijas del de Avero, o si la fama se engaña y miente el vulgo ligero.
DOÑA JUANA.
Bien hay que estimar y ver; pero no habéis de querer que así tan de paso os goce.
DON ANT.
Si el de Avero me conoce y me obliga a detener, caer en falta recelo con el Rey.
DOÑA JUANA.
Pues si eso pasa, de mi gusto al vuestro apelo; mas si sabe que en su casa don Antonio de Barcelo, conde de Penela, ha estado, y que encubierto ha pasado, cuando le pudo servir en ella, lo ha de sentir con exceso; que en su Estado jamás llegó caballero que por inviolables leyes no le hospede.
DON ANT.
Así lo infiero; que es nieto, en fin, de los reyes de Portugal, el de Avero.
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ESCENA XV
_El_ DUQUE DE AVERO, _el_ CONDE DE ESTREMOZ, DOÑA SERAFINA, DOÑA MAGDALENA.--DICHOS.
DUQUE.
Digo, conde don Duarte, que todo se cumpla así.
CONDE.
Pues el Rey nuestro señor favorece la privanza del hijo del de Berganza, y a vuestra hija mayor os pide para su esposa, escriba vuestra excelencia que con su gusto y licencia doña Serafina hermosa lo será mía.
DUQUE.
Está bien.
CONDE.
Pienso que Su Majestad me mira con voluntad, y que lo tendrá por bien: yo y todo le escribiré.
DUQUE.
No lo sepa Serafina hasta ver si determina el Rey que la mano os dé;
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DOÑA JUANA.
(_Hablando aparte con_ DON ANTONIO.) Presto os habéis divertido. Decid, ¿qué os han parecido las hermanas, don Antonio?
DON ANT.
No sé el alma a cuál se inclina ni sé lo que hacer ordena: bella es doña Magdalena, pero doña Serafina es el sol de Portugal. Por la vista el alma bebe llamas de amor entre nieve por el vaso de cristal de su divina blancura: la fama ha quedado corta en su alabanza.
DUQUE.
Eso importa.
DON ANT.
Fénix es de la hermosura.
DUQUE.
Llegaos, Magdalena, aquí.
CONDE.
(_A_ DOÑA SERAFINA.) Pues me da el Duque lugar, mi serafín, quiero hablar, si hay atrevimiento en mí para que vuele tan alto que a serafines me iguale.
DON ANT.
Prima, a ver el alma sale por los ojos el asalto que amor le da poco a poco: ganaréme si me pierdo.
DOÑA JUANA.
Vos entrasteis, primo, cuerdo, y pienso que saldréis loco.
DUQUE.
(_A_ DOÑA MAGDALENA.) Hija, el Rey te honra y estima; cuán bien te está considera.
DOÑA MAG.
Mi voluntad es de cera; vuexcelencia en ella imprima el sello que más le cuadre, porque en mí sólo ha de haber callar con obedecer.
DUQUE.
¡Mil veces dichoso padre que oye tal!
CONDE.
(_A_ DOÑA SERAFINA.) Las dichas mías, como han subido al extremo de su bien, que caigan temo.
DOÑA SER.
Conde, esas filosofías ni las entiendo, ni son de mi gusto.
CONDE.
Un serafín bien puede alcanzar el fin y el alma de una razón.
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DON ANT.
¡Qué agudamente responde! Ya han esmaltado los cielos el oro de amor con celos: mucho me enfada este Conde.
DOÑA JUANA.
¡Pobre de vuestra esperanza, si tal contrario la asalta!
DUQUE.
Un secretario me falta de quien hacer confianza; y aunque esta plaza pretenden muchos, por diversos modos de favores, entre todos, pocos este oficio entienden. Trabajo me ha de costar en tal tiempo estar sin él.
DOÑA MAG.
A ser el pasado fiel, era ingenio singular.
ESCENA XVI
[_Los pastores traen presos a_ MIRENO _y a_ TARSO. _Quieren hablar todos a la vez y en su rusticidad no aciertan a explicar por qué han prendido a aquellos dos hombres._]
DUQUE.
¡Hay mayor simplicidad! Ni he entendido a lo que vienen, ni por qué delito tienen así estos hombres. Soltad los presos, y decid vos qué insulto habéis cometido, para que os hayan traído de aquesa suerte a los dos.
MIRENO.
(_De rodillas._) Si lo es el favorecer, gran señor, a un desdichado, perseguido y acosado de tus gentes y poder, y juzgas por temerario haber trocado el vestido por darle vida, yo he sido.
DUQUE.
¿Tú libraste al secretario? Pero sí, que aquese traje era suyo. Di, traidor, ¿por qué le diste favor?
MIRENO.
Vuexcelencia no me ultraje, ni ese título me dé, que no estoy acostumbrado a verme así despreciado.
DUQUE.
¿Quién eres?
MIRENO.
No soy, seré; que sólo por pretender ser más de lo que hay en mí, menosprecié lo que fuí por lo que tengo de ser.
DUQUE.
No te entiendo.
DOÑA MAG.
(_Ap._) ¡Extraña audacia de hombre! El poco temor que muestra, dice el valor que encubre. De su desgracia me pesa.
DUQUE.
Di, ¿conocías al traidor que ayuda diste? Mas pues por él te pusiste en tal riesgo, bien sabías quién era.
MIRENO.
Supe que quiso dar muerte a quien deshonró su hermana, y después te dió de su honrado intento aviso; y enviándole a prender, le libré de ti, espantado por ver que el que está agraviado persigas, debiendo ser favorecido de ti, por ayudar al que ha puesto en riesgo su honor.
CONDE.
(_Ap._) ¿Qué es esto? ¿Ya anda derramada así la injuria que hice a Leonela?
DUQUE.
¿Sabéis vos quién la afrentó?
MIRENO.
Supiéralo, señor, yo; que a sabello...
DUQUE.
Fué cautela del traidor para engañarte: tú sabes adónde está, y así, forzoso será, si es que pretendes librarte, decillo.
MIRENO.
¡Bueno sería, cuando adónde está supiera, que un hombre como yo hiciera por temor tal villanía!
DUQUE.
¿Villanía es descubrir un traidor? Llevalde preso; que si no ha perdido el seso y menosprecia el vivir, él dirá dónde se esconde.
DOÑA MAG.
(_Ap._) Ya deseo de libralle, que no merece su talle tal agravio.
DUQUE.
Intento, Conde, vengaros.
CONDE.
Él lo dirá.
TARSO.
(_Ap._) ¡Muy gentil ganancia espero!
DUQUE.
Vamos, que responder quiero al Rey.
TARSO.
(_Ap. con_ MIR.) ¡Medrando se va con la mudanza de estado, y nombre de don Dionís!
DUQUE.
Viviréis, si lo decís.
MIRENO.
(_Ap._) La fortuna ha comenzado a ayudarme: ánimo ten, porque en ella es natural, cuando comienza por mal, venir a acabar en bien.
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(_Vanse los pastores, el_ DUQUE _y el_ CONDE.)
DOÑA MAG.
Mucho, doña Serafina, me pesa ver llevar preso aquel hombre.
DOÑA SER.
Yo confieso, que a rogar por él me inclina su buen talle.
DOÑA MAG.
¿Eso desea tu afición? ¿Ya es bueno el talle? Pues no tienes de libralle, aunque lo intentes.
DOÑA SER.
No sea. (_Vanse._)
DOÑA JUANA.
¿Habéisos de ir esta tarde?
DON ANT.
¡Ay, prima! ¿Cómo podré, si me perdí, si cegué? ¿Si amor, valiente, cobarde, todo el tesoro me gana del alma y la voluntad? Sólo por ver su beldad no he de irme hasta mañana.
DOÑA JUANA.
¡Bueno estáis! ¿Que amáis, en fin?
DON ANT.
Sospecho, prima querida, que de mi contento y vida Serafina será fin.
JORNADA SEGUNDA
ESCENA I
DOÑA MAG.
¿Qué novedades son éstas, altanero pensamiento? ¿Qué torres sin fundamento tenéis en el aire puestas?
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Ayer guardaban los cielos el mar de vuestra esperanza, con la tranquila bonanza que agora inquietan desvelos. Al Conde de Vasconcelos o a mi padre di en su nombre el sí; mas porque me asombre, sin que mi honor lo resista, se entró al alma, a escala vista, por la misma vista un hombre. Vióle en ella, y fuera exceso, digno de culpar mi error, a no saber que el amor es niño, ciego y sin seso. ¿A un hombre extranjero y preso a mi pesar, corazón, habéis de dar posesión? ¿Amar al Conde no es justo? Mas ¡ay! que atropella el gusto las leyes de la razón.
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ESCENA II
DOÑA JUANA.--DOÑA MAGDALENA.
DOÑA JUANA.
Aquel mancebo dispuesto, que ha estado preso hasta agora, y tu intercesión, señora, ya en libertad le ha puesto, pretende hablarte.
DOÑA MAG.
(_Ap._) (¡Qué presto valerse el amor procura de la ocasión y ventura que ha de ponerse en efeto! Mas hace como discreto, que amor todo es coyuntura.) ¿Sabes qué quiere?
DOÑA JUANA.
Pretende del favor que ha recibido por ti, ser agradecido.
DOÑA MAG.
(_Ap._) Áspides en rosas vende.
DOÑA JUANA.
¿Entrará?
DOÑA MAG.
(_Ap._) (Si preso prende, si maltratado maltrata, si atado las manos ata las de mi gusto resuelto, ¿qué ha de hacer presente y suelto quien ausente y preso mata?) Dile que vuelva a la tarde, que agora ocupada estoy. Mas oye; no vuelva.
DOÑA JUANA.
Voy.
DOÑA MAG.
Escucha: di que se aguarde. Mas váyase; que ya es tarde.
DOÑA JUANA.
¿Hase de volver?
DOÑA MAG.
¿No digo que sí? Ve.
DOÑA JUANA.
Tu gusto sigo.
DOÑA MAG.
Pero torna; no se queje.
DOÑA JUANA.
Pues ¿qué diré?
DOÑA MAG.
Que me deje, (_Ap._) (y que me lleve consigo.) Anda, di que entre...
DOÑA JUANA.
Voy, pues.
(_Vase._)
ESCENA IV
MIRENO, DOÑA MAGDALENA.
MIRENO.
Aunque ha sido atrevimiento el venir a la presencia, señora, de vuexcelencia mi poco merecimiento, ser agradecido trato al recebido favor; porque el pecado mayor es el que hace a un hombre ingrato. Por haber favorecido de un desdichado la vida (que al noble es deuda debida) me vi preso y perseguido; pero en la misma moneda me pagó el cielo sin duda, pues libre con vuestra ayuda mi vida, señora, queda. ¿Libre dije? Mal he hablado; que el noble, cuando recibe, cautivo y esclavo vive, que es lo mismo que obligado.
· · · · · · · · · · · · · · ·
(_Arrodíllase._)
DOÑA MAG.
Levantaos del suelo.
MIRENO.
Así estoy, gran señora, bien.
DOÑA MAG.
Haced lo que os digo. (_Ap._) (¿Quién me ciega el alma? ¡Ay de mí!) ¿Sois portugués?
MIRENO.
Imagino que sí.
DOÑA MAG.
¿Que lo imagináis? Desa suerte, incierto estáis de quién sois.
MIRENO.
Mi padre vino al lugar en donde habita, y es de alguna hacienda dueño, trayéndome muy pequeño; mas su trato lo acredita. Yo creo que en Portugal nacimos.
DOÑA MAG.
¿Sois noble?
MIRENO.
Creo que sí, según lo que veo en mi honrado natural, que muestra más que hay en mí.
DOÑA MAG.
¿Y darán las obras vuestras, si fuere menester, muestras que sois noble?
MIRENO.
Creo que sí: nunca de hacellas dejé.
DOÑA MAG.
Creo decís a cualquier punto; ¿crêis acaso que os pregunto artículos de la fe?
MIRENO.
Por la que debe guardar a la merced recebida de vuexcelencia mi vida, bien los puede preguntar, que mi fe su gusto es.
DOÑA MAG.
¡Qué agradecido venís!-- ¿Cómo os llamáis?
MIRENO.
Don Dionís.
DOÑA MAG.
Ya os tengo por portugués y por hombre principal; que en este reino no hay hombre humilde de vuestro nombre, porque es apellido real, y sólo el imaginaros por noble y honrado, ha sido causa que haya intercedido con mi padre a libertaros.
MIRENO.
Deudor os soy de la vida.
DOÑA MAG.
Pues bien; ya que libre estáis, ¿qué es lo que determináis hacer de vuestra partida? ¿Dónde pensáis ir?
MIRENO.
Intento ir, señora, donde pueda alcanzar fama que exceda a mi altivo pensamiento: sólo aquesto me destierra de mi patria.
DOÑA MAG.
¿En qué lugar pensáis que podéis hallar esa ventura?
MIRENO.
En la guerra; que el esfuerzo hace capaz para el valor que procuro.
DOÑA MAG.
¿Y no será más seguro, que le adquiráis en la paz?
MIRENO.
¿De qué modo?
DOÑA MAG.
Bien podéis granjealle, si dais traza que mi padre os dé la plaza de secretario, que veis que está vaca agora, a falta de quien la pueda suplir.
MIRENO.
No nació para servir mi inclinación, que es más alta.
DOÑA MAG.
Pues cuando volar presuma, las plumas le han de ayudar.
MIRENO.
¿Cómo he de poder volar con solamente una pluma?
DOÑA MAG.
Con las alas del favor; que el vuelo de una privanza, mil imposibles alcanza.
MIRENO.
Del privar nace el temor, como muestra la experiencia, y tener temor no es justo.
DOÑA MAG.
Don Dionís, este es mi gusto.
MIRENO.
¿Gusto es de vuestra excelencia que sirva al Duque? Pues alto. Cúmplase, señora, ansí; que ya de un vuelo subí al primer móvil más alto. Pues si en esto gusto os doy, ya no hay subir más arriba: como el Duque me reciba, secretario suyo soy. Vos, señora, lo ordenad.
DOÑA MAG.
Deseo vuestro provecho, y ansí lo que veis he hecho; que ya que os di libertad, pesárame que en la guerra la malograrais; yo haré como esta plaza se os dé, porque estéis en nuestra tierra.
MIRENO.
Mil años el cielo guarde tal grandeza.
DOÑA MAG.
(_Ap._) Honor, huír; que revienta por salir por la boca amor cobarde. (_Vase._)