Tirso de Molina

Part 4

Chapter 43,838 wordsPublic domain

_Infante: como un rey tiene_ _dos ángeles en su guarda,_ _poco en saber quién es tarda_ _el que a hacelle traición viene._ _Vuestra ambición se refrene;_ _que se acabará algún día_ _la noble paciencia mía,_ _y os cortará mi aspereza_ _esperanzas y cabeza..._ _La reina doña María._ Leedme agora el papel, que no es de importancia poca, y por la parte que os toca advertid, Infante, en él.

(_Léele don Juan._)

Cerralde y dalde después.

DON JUAN.

¿A quién? Que sabello intento.

REINA.

El que está en ese aposento os dirá para quién es. (_Vase._)

ESCENA X

DON JUAN.

“¡El que está en ese aposento os dirá para quién es!” Misterios me habla, después que matar al Rey intento. ¡Escribe el papel conmigo, y remite a otro el decirme para quién es! Prevenirme intenta con el castigo. ¿Si hay aquí gente cerrada, para matarme en secreto? Ea, temor indiscreto, averiguad con la espada la verdad desta sospecha.

(_Saca la espada, abre la puerta del fondo y descubre al judío muerto con el vaso en la mano._)

¡Al cielo! Mi daño es cierto: el doctor está aquí muerto y la esperanza deshecha que en su veneno estribó. Todo la Reina lo sabe, que en un vil pecho no cabe el secreto. Él le contó la determinación loca de mi intento depravado. El veneno que ha quedado he de aplicar a la boca. (_Toma el vaso._) Pagaré ansí mi delito, pues que colijo de aquí que sois, papel, para mí, siendo un muerto el sobrescrito. Si deste vano interés duda vuestro pensamiento, “El que está en este aposento os dirá para quién es.” Mudo dice que yo soy; muerto está por desleal; ¡quien fué en la traición igual, séalo en la muerte hoy! Que por no ver la presencia de quien ofendí otra vez, a un tiempo verdugo y juez he de ser de mi sentencia.

(_Quiere beber; sale la_ REINA _y quítale el vaso_.)

ESCENA XI

REINA.

Primo, Infante, ¿estáis en vos? Tened la bárbara mano. ¿Vos sois noble? ¿Vos cristiano? Don Juan, ¿vos teméis a Dios? ¿Qué frenesí, qué locura os mueve a desesperaros?

DON JUAN.

Si no hay para aseguraros satisfacción más segura si no es con que muerto quede, quiero ponerlo por obra, que quien mala fama cobra tarde restauralla puede.

REINA.

Vos no la perdéis conmigo; ni aunque desleal os llame un hebreo vil e infame, que no vale por testigo, ¿le he de dar crédito yo? Él fué quien dar muerte quiso al Rey. Tuve dello aviso, y aunque la culpa os echó, ni sus engaños creí, ni a vos, don Juan, noble primo, menos que antes os estimo. El papel que os escribí es para daros noticia de que en cualquier yerro o falta ve mucho, por ser tan alta, la vara de la justicia; y lo que su honra daña quien fieles amigos deja, con traidores se aconseja, y a rüines acompaña. De la amistad de un judío ¿qué podía resultaros, si no es, Infante, imputaros tal traición, tal desvarío? Escarmentad, primo, en él, mientras que seguro os dejo; y si estimáis mi consejo, guardad mucho ese papel, porque contra la ambición sirva, si acaso os inquieta: a la lealtad de receta, de epítima al corazón; que siendo contra el honor la traición mortal veneno, no hay antídoto tan bueno, Infante, como el temor.

DON JUAN.

No tengo lengua, señora, para ensalzar al presente la prudencia que en vos...

REINA.

Gente viene; dejad eso agora.

ESCENAS XII A XVII

[_El infante_ DON JUAN _prepara una nueva traición. Dice a varios caballeros que la_ REINA _y_ DON JUAN CARAVAJAL _quieren casarse proclamándose reyes de Castilla, y que han sobornado a un médico judío para que envenene al niño Rey, pero el Infante llegó a tiempo de evitar tan horrible crimen y castigó al médico con la muerte. En la habitación inmediata les muestra el cadáver del judío. Como los caballeros no dan crédito a las palabras del Infante, él les invita a que vayan aquella noche a cenar a su quinta donde les dará testimonios indudables de los propósitos de la_ REINA _y de_ CARAVAJAL.]

[_El mayordomo se presenta a la_ REINA _para decirle que, agotado por completo el tesoro real y su crédito, por la noche no se podrá cenar en Palacio_.]

REINA.

Los monteros de Espinosa, mis guardas, con secreto me prevenid, don Juan, y caballeros parientes vuestros: yo os diré a qué efeto.

DON AL.

No quiero saber más que obedeceros.

REINA.

La pena refrenad, que yo os prometo que esta noche, Melendo, a costa ajena habemos de tener una real cena.

ESCENA XVIII

DON JUAN, DON DIEGO, DON NUÑO, DON ÁLVARO. _Sala en la quinta del infante don Juan._

DON JUAN.

Mientras que se hace hora de cenar, entretengamos el tiempo.

DON NUÑO.

Dados jugamos.

DON JUAN.

Dejad los dados agora, que tienen muchos azares.

DON DIEGO.

No es pequeño el que sospecho que ha de alborotar mi pecho don Juan, mientras no repares de la Reina la opinión, que corre riesgo por ti.

DON JUAN.

Que al reino he librado di, don Diego, de una traición.

DON DIEGO.

Más difícil de creer se me hace, cuanto más lo pienso.

DON JUAN.

¡Terrible estás, don Diego! Si te hago ver hacer la Reina favores a don Juan Caravajal, y en correspondencia igual que él la está diciendo amores, ¿crêráslo?

DON DIEGO.

Crêré que miente la vista; pero en tal caso los celos en que me abraso, si ven tal traición presente, y de Castilla el decoro me obligará a que os incite que el gobierno se le quite, y en el alcázar de Toro esté presa.

DON JUAN.

¿A quién podremos nombrar por gobernador, y del niño Rey tutor?

DON NUÑO.

Si a vos, don Juan, os tenemos, ¿qué hay que preguntar a quién?

DON JUAN.

Yo soy muy poco ambicioso.

DON DIEGO.

Don Enrique es poderoso, y tendrá ese cargo bien.

DON JUAN.

Don Enrique ha pretendido ser rey, y si en su poder está el reino, ha de querer lo que hasta aquí no ha podido.

D. ÁLVARO.

Serálo don Diego, pues, que nadie en España ignora quién es.

DON JUAN.

Dejemos agora aquesto para después; que cuando por elección el reino en Cortes me elija, será fuerza que le rija, y tuerza mi inclinación.

DON DIEGO.

(_Ap._) Este es traidor, vive el cielo, y por verse rey levanta a la Reina, cuerda y santa, el insulto que recelo. Aunque la vida me cueste, lo tengo hoy de averiguar.

DON JUAN.

Caballeros, a cenar. (_Tocan a rebato._) Pero ¿qué alboroto es éste?

ESCENA XIX

EL CRIADO.--DICHOS.

CRIADO.

La Reina y toda su guarda la casa nos han cercado.

[Ilustración: Daos a prisión, caballeros.]

DON JUAN.

(_Ap._) ¡Qué mucho si tiene al lado los dos ángeles de guarda que dijo, que la dan cuenta de aquesta nueva traición! ¿Cómo esperáis, corazón, sin matarme, tal afrenta?

ESCENA XX

DON ALONSO, DON MELENDO, SOLDADOS.--DICHOS; _después la_ REINA.

D. ALONSO.

Daos a prisión, caballeros; las espadas de las cintas quitad.

(_Quítanselas y sale la_ REINA, _armada_.)

REINA.

No se hacen las quintas si no es para entreteneros, ni es bien que yo guarde fueros a quien no guarda a mi honor el respeto que el valor de un vasallo a su Rey debe, y a dar crédito se atreve ligeramente a un traidor.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Si la vida que os he dado dos veces (que no debiera), apetecéis la tercera, Infante inconsiderado, decid, pues estáis atado al potro de la verdad, quién fué el que con deslealtad quiso dar veneno al Rey, haciendo a un hebreo sin ley ministro de tal maldad.

DON JUAN.

Señora...

REINA.

No moriréis, como la verdad digáis.

DON JUAN.

Si piadosa me animáis, severa temblar me hacéis. Muerte es justo que me deis, y cesará la ambición de una loca inclinación que a su lealtad rompió el freno, y con el mortal veneno ha mezclado esta traición. Yo al médico persuadí que al Rey mi señor matase, porque en su silla gozase el reino que apetecí. Después que muerto le vi, por vos forzado a beber el veneno, hice creer a todos, en vuestra mengua, cosas que no osa la lengua memoria dellas hacer.

REINA.

En la Mota de Medina Estaréis, Infante, preso hasta que os vuelva a dar seso el furor que os desatina.

DON JUAN.

Quien a ser traidor se inclina, tarde volverá en su acuerdo. La libertad y honra pierdo por mi ambicioso interés: callar y sufrir, pues es por la pena el loco, cuerdo. (_Llévanle._)

DON NUÑO.

Nadie, gran señora, ha dado fe en vuestra ofensa al Infante.

REINA.

Noticia tengo bastante de quién es o no culpado. Dos ángeles traigo al lado, y el cielo a Fernando ayuda, que ingratos intentos muda.

· · · · · · · · · · · · · · ·

[_La_ REINA _obliga a todos los caballeros presentes a que le devuelvan las rentas que tienen usurpadas al tesoro real_.]

JORNADA TERCERA

ESCENAS I A IV

[_Fernando IV llega a edad de reinar sin tutela. Su madre le da prudentes consejos para el gobierno y se retira a la villa de Becerril._

DON NUÑO, DON ÁLVARO _y el infante_ DON ENRIQUE _se captan la privanza del joven monarca, el cual trata con algún desdén a_ BENAVIDES _y a los hermanos_ CARAVAJALES.]

ESCENA V

EL REY, DON ENRIQUE, DON NUÑO _y_ DON ÁLVARO, _en traje de caza_; ACOMPAÑAMIENTO, _retirado_.

(_Claro en los montes de Toledo._)

REY.

¡Fértiles montes!

D. ÁLVAR.

Notables.

DON ENR.

Afirmarte dellos puedo que, aunque ásperos y intratables, son los montes de Toledo más fecundos y admirables que los de África, alabados de Plinio por milagrosos.

· · · · · · · · · · · · · · ·

REY.

De más estima es la caza que tienen, a que me inclino.

DON ENR.

La que esta comarca abraza es tanta, que hasta el camino muchas veces embaraza.

REY.

No pienso salir tan presto, Infante, de su aspereza.

DON ENR.

Este ejercicio es honesto, y propio de la grandeza de un rey.

REY.

Escuchad: ¿qué es esto?

ESCENA VI

(DON JUAN, _de labrador_.--DICHOS.)

DON JUAN.

Ínclito y famoso Rey, felice por ser Fernando, en el valor el primero, aunque en sucesión el cuarto; si la justicia y prudencia que mostró en sus tiernos años Salomón, le ganó nombre eternamente de sabio, y a las puertas del gobierno sobre el trono estáis sentado de España, cuando Castilla os pone el cetro en la mano, imitad a Salomón, y entrad deshaciendo agravios, porque al principio os respeten y adoren vuestros vasallos.

· · · · · · · · · · · · · · ·

La reina doña María, mujer de don Sancho _el Bravo_, Jezabel contra inocentes, Athalía entre tiranos, por vivir a rienda suelta en tan ilícitos tratos, que para que no os ofendan, los publico con callarlos, intentando libre y torpe casarse con un vasallo, y dándôs la muerte niño, estos reinos usurparos; de mi lealtad temerosa, porque me dió mi cuidado noticia de sus intentos (que dan voces los pecados), viendo oponerme leal, con armas y con vasallos, a sus mortales deseos, quitado me ha mis Estados, y en la Mota de Medina ha, invicto señor, diez años que preso por inocente, lloro desdichas y agravios. Supe, gracias a los cielos, que vuelto el siglo dorado, el gobierno de Castilla resucita en vuestra mano, y que esta Athalía cruel se ha recogido, llevando los esquilmos de estos reinos, por su ambición disfrutados, y fiando en mi inocencia, y en la lealtad de un criado, hechas las sábanas tiras, del homenaje más alto descolgándome una noche, como me veis disfrazado, entre estos montes desiertos ha cuatro meses que paso. Si el poco conocimiento que tenéis de mis trabajos pone mi crédito en duda, y a persuadiros no basto a la justa indignación de vuestra madre, Fernando; don Juan soy, infante y hijo del rey don Alonso el Sabio; mi sobrino os llama el mundo, y yo mi señor os llamo. Ved si es razón, Rey famoso, que pobre y desheredado habite silvestres montes vuestro tío, y que triunfando de la lealtad la traición, coma las yerbas del campo.

· · · · · · · · · · · · · · ·

REY.

Levantad, ilustre tío, del suelo, que estáis bañando, las generosas rodillas, y dadme los nobles brazos; que habéis sacado a los ojos lágrimas que os están dando los pésames del rigor con que el tiempo os ha tratado. Con vuestras quejas he oído la mala cuenta que ha dado mi madre de su gobierno; pero negocio tan arduo, aunque don Enrique alega lo que vos, y ha provocado mi severo enojo, pide que lo averigüe despacio. Contento estoy con la caza que en estos desiertos hallo, pues siendo vos su despojo a vuestro ser os restauro. Vuestros Estados os vuelvo, dándoos el mayordomazgo mayor de mi casa y corte.

DON JUAN.

Reinéis, señor, siglos largos.

DON ENR.

Para gozarlos seguro, es, gran señor, necesario que a los principios cortéis a los peligros los pasos. A lo que el Infante ha dicho contra vuestra madre, añado que es don Juan Caravajal el que en ilícitos tratos con la Reina ofende torpe la memoria de don Sancho, vuestro padre, y ambicioso el reino intenta usurparos. Para esto ofrece la Reina que al de Aragón dé la mano la infanta doña Isabel, vuestra hermana, y que éntre armado en Castilla, cuyo reino le entregará, porque amparo dé a sus livianos deseos. En León los dos hermanos Caravajales intentan, por ser tan emparentados, juntar sus deudos y amigos, y del reino apoderados alzar por doña María banderas, y despojaros de vuestro real patrimonio: para esto tiene usurpados diez cuentos de vuestra renta a costa de pechos varios, que mientras tuvo el gobierno la dieron vuestros vasallos. Mirad, gran señor, si piden la diligencia estos casos, con que ataja inconvenientes y imposibles vence el sabio.

REY.

¡Válgame el cielo! ¿Es posible que mi madre haya borrado la fama con tal traición, que su nombre ha eternizado?

· · · · · · · · · · · · · · ·

D. ÁLVAR.

Lo menos, señor, te han dicho de lo que pasa, que es tanto que excede a cualquiera suma.

D. NUÑO.

Si yo por testigo valgo, afirmarte, señor, puedo que si no acudes temprano al peligro de Castilla, no has de poder remediallo.

REY.

Alto, pues, vasallos míos; no es posible que haya engaño en vuestros hidalgos pechos; creeros quiero a los cuatro. Mi madre es mujer y moza; quedó el gobierno en su mano; el poder y el amor ciegan; no hay hombre cuerdo a caballo. Si por tantos años tuvo estos reinos a su cargo, ¿qué mucho, siendo ambiciosa, que sienta agora el dejarlos? El derecho natural perdone, que de dos daños se ha de elegir el menor. Castilla me pide amparo; mi madre la tiraniza; y pues conspira, afrentando la ley de naturaleza contra quien el ser ha dado, hoy mi justicia dé muestras que contra insultos y agravios no hay excepción de personas, sangre, ni deudos cercanos. Pues sois ya mi mayordomo, y estáis, Infante, agraviado, tomad a mi madre cuentas, hacelda alcances y cargos de las rentas de mis reinos; y si no igualan los gastos a los recibos, prendelda.

DON JUAN.

No me mandéis...

REY.

Esto os mando: prended también los traidores Caravajales; que entrambos han de dar a España ejemplo, viéndolos en un cadalso. Juan Alfonso Benavides debe ser también tirano: en Santorcaz esté preso, que así al reino satisfago.

· · · · · · · · · · · · · · ·

DON JUAN.

Servirte sólo pretendo.

REY.

Por los cielos soberanos, que ha de quedar en el mundo nombre de Fernando el Cuarto.

(_Vase con el acompañamiento._)

ESCENA VII

DON ENRIQUE, DON JUAN, DON NUÑO, DON ÁLVARO.

DON JUAN.

Esto es hecho, don Enrique.

DON ENR.

Dadme, sobrino, los brazos en que estriba nuestro aumento, y por vuestro ingenio gano.

DON JUAN.

Quitemos aqueste estorbo; que si una vez derribamos la Reina, no hay que temer.

DON ENR.

Para eso yo solo basto.

DON JUAN.

Mas escuchad, si os parece, la traza que he imaginado para que los dos reinemos, que es sólo lo que intentamos. A la Reina tengo amor, sin que el tiempo haya borrado con injurias y prisiones de mi pecho su retrato. Si por verse perseguida de su hijo, que indignado ponella manda en prisión, su honor y fama arriesgando, con nosotros se conjura, y ofreciéndome la mano de esposa (que esto y más puede en la mujer un agravio), de la corona y la vida al mozo Rey despojamos, ¿qué dicha no conseguimos? ¿Qué temor basta a alterarnos? Vos reinaréis, don Enrique, en todo el término largo que abarca Sierra Morena, y yo en Castilla gozando el apetecido cetro; si con la Reina me caso, daré Trujillo a don Nuño, y a don Álvaro otro tanto.

DON ENR.

Si eso con ella acabáis, habréis, don Juan, dado cabo a mi esperanza y temores.

D. ÁLVAR.

La traza prudente alabo.

D. NUÑO.

Infante, si a efeto llega, conquistad el pecho casto de la Reina, y habréis hecho un prodigioso milagro.

DON JUAN.

Eso a mi cargo se quede. Venid: firmemos los cuatro, para más seguridad, la palabra que la damos de ser todos en su ayuda contra el Rey, pues de su mano la fortuna nos corona en Castilla.

DON ENR.

Vamos.

LOS OTROS TRES.

Vamos. (_Vanse._)

ESCENAS VIII Y IX

[_La_ REINA _se instala en su villa de Becerril, donde vive rodeada del cariño de los villanos_.]

ESCENA X

DON JUAN, DON NUÑO, DON ÁLVARO.--LA REINA, DON ALONSO, DON PEDRO.

D. ÁLVAR.

(_Hablando ap. con el Infante al salir._) La Reina está aquí y también los Caravajales.

DON JUAN.

Tengo a dicha el tiempo a que vengo.

(_Llegándose a la Reina y los Caravajales._)

Los dos a prisión se den.

D. ALONSO.

¿Nosotros? ¿Por qué ocasión?

DON JUAN.

¡Bueno es que ocasión pidáis, desleales, cuando estáis iniciados de traición!

D. PEDRO.

Si no estuviera delante la Reina nuestra señora, pudiera un mentís agora daros la respuesta, Infante.

DON JUAN.

¡Oh villanos! Brevemente vuestros castigos darán muestras de quién sois.

REINA.

Don Juan, ¿sabéis que estoy yo presente? ¿Sabéis que la Reina soy? ¿Cómo llegáis indiscreto a prender, sin más respeto, ninguno donde yo estoy?

DON JUAN.

Cumplo, señora, mi oficio.

REINA.

Cuando yo a enojarme llegue...

DON JUAN.

Vuestra Alteza se sosiegue, que esto es todo en su servicio.

REINA.

¡En mi servicio prender los que me sirven a mí!

DON JUAN.

El Rey lo ha mandado ansí.

REINA.

Si él lo manda, obedeced como vasallos leales, que tiene el lugar de Dios; mostrad en esto los dos quién son los Caravajales. Y si lo mismo procura hacer de mí, la cabeza le ofreceré.

DON JUAN.

Vuestra Alteza tampoco está muy segura. Harto hará en mirar por sí.

· · · · · · · · · · · · · · ·

(DON NUÑO _y_ DON ÁLVARO _se llevan a_ DON ALONSO _y a_ DON PEDRO.)

ESCENA XI

REINA.

Como a la real obediencia se sujeta mi paciencia, no os parezca novedad, don Juan, no favorecer a quien tan bien me sirvió, porque nunca bien mandó quien no supo obedecer. Mas el que es ministro real, cuando algún culpado prende, con la vara sólo ofende, que con la lengua hace mal. El juez prudente castiga cuando el cargo que vos cobra, y atormentando con la obra, con las palabras obliga. Poco mi respeto os debe.

DON JUAN.

Cuando sepáis que estos dos, gran señora, contra vos han usado el trato aleve que ignoráis, no juzgaréis mi rigor por demasiado.

REINA.

¿Contra mí? Experimentado tengo, como vos sabéis, don Juan, en no pocos años, aunque es fácil la mujer, lo poco que hay que creer en testimonios y engaños.

· · · · · · · · · · · · · · ·

DON JUAN.

En prueba, señora, deso, porque sepáis cuán leales os son los Caravajales, y si el Rey mal los ha preso, advertid que han dicho al Rey que la ambición de mandar os obliga a conspirar contra el amor y la ley que a vuestro Rey y señor debéis; tanto, que usurpado tenéis a su real Estado treinta cuentos; que el amor que tenéis al de Aragón le fuerza, si os da la mano, a entregalle en ella llano a Castilla y a León; y otras cosas que no cuento, pues por indignas de oíllas, no sólo no oso decillas, mas de pensallas me afrento. El Rey, fácil de creer, contándole lo que pasa testigos de vuestra casa, manda que os venga a prender, después de tomaros cuentas del tiempo que gobernado habéis su reino, y cobrado de su corona las rentas. No quise que cometiese a otro el venir sino a mí, que serviros prometí, porque no se os atreviese; y como aquí los hallé, no me sufrió el corazón pasar por tan gran traición, y ansí prendellos mandé.

REINA.

Que el Rey forme de mí quejas, y ponerme en prisión mande, no me espanto, mientras ande la lisonja a sus orejas. Mas ¡que los Caravajales tal traición contra mí digan!... Por más, don Juan, que persigan su valor los desleales, no saldrán con la demanda. Vuestro cargo ejercitad; prendedme, cuentas tomad, y haced lo que el Rey os manda.

DON JUAN.

Yo, gran señora, juré de serviros y ayudaros, y lo que os debo pagaros con lealtad, amor y fe. El infante don Enrique y otros caballeros sienten que traidores os afrenten, y el Rey esto os notifique; para lo cual hemos hecho pleito homenaje de estar de vuestra parte, y pasar cualquier peligroso estrecho por vos, si darme la mano de esposa tenéis por bien, y el reino quitar también a un hijo tan inhumano.

· · · · · · · · · · · · · · ·

En este papel confirman esto cuatro ricos hombres, cuyo poder, sangre y nombres conoceréis, pues lo firman, que son don Enrique, yo con don Álvaro, y también don Nuño: si os está bien, mi amor justa paga halló.

REINA.

(_Tomando el papel._) Guardaréle para indicio de vuestra lealtad y ley, y verá por él el Rey a quién tiene en su servicio...

(_Métele en la manga, y luego saca otro y le rompe._)

Aunque pegarme podría la deslealtad que hay en él, que si es malo, de un papel se ha de huír la compañía, rasgalle es mejor consejo; que para vuestros castigos, es bien aumentar testigos, y será quebrado espejo, que en la parte más pequeña, como en la mayor, la cara retrata que en él repara; mas si en pedazos enseña las vuestras, viéndoos en él, como son tantas, don Juan, retratallas no podrán las piezas dese papel. Tomad las cuentas, primero que me prendáis, de la renta real, y alcanzadme de cuenta, si podéis; pero no espero que en eso me deis cuidado, pues vos mismo sois testigo que en tres que hicisteis conmigo, siempre quedasteis cargado. Pero esperadme, que en breve las que pedís os daré, porque el Rey seguro esté, y sepa quién a quién debe. (_Vase._)

DON JUAN.

¡Que callar me haga ansí el valor desta mujer!

ESCENA XII

_El_ REY, DON MELENDO, DON JUAN.

REY.

Difícil es de creer que conspire contra mí mi misma madre, Melendo; pero es mujer: ¿qué me espanta?

DON MEL.

La Reina, señor, es santa.

REY.

Ver por mis ojos pretendo la verdad que temo en duda.

DON JUAN.

¡Rey y señor! ¿Vuestra Alteza Aquí?

REY.

La poca certeza que tengo, manda que acuda en persona a averiguar la verdad destos sucesos.

DON JUAN.

Ya están los hermanos presos que el reino os quieren quitar. Y la Reina, temerosa de veros con ella airado, conmigo se ha declarado, y promete ser mi esposa si en su favor contra vos estos reinos alboroto, y hago que sigan mi voto los grandes.

REY.

¡Válgame Dios! ¿Mi madre?

DON JUAN.