Tirso de Molina

Part 3

Chapter 33,801 wordsPublic domain

(_Húndese por el tablado, y sale fuego._)

JUEZ.

Misterios son del Señor.

GALVÁN.

¡Pobre y desdichado Paulo!

PEDRISCO.

¡Y venturoso de Enrico, que de Dios está gozando!

JUEZ.

Por que toméis escarmiento, no pretendo castigaros; libertad doy a los dos.

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No más: a Nápoles vamos a contar este suceso.

PEDRISCO.

Y porque éste es tan arduo y difícil de creer, siendo verdadero el caso, vaya el que fuese curioso (porque sin ser escribano dé fe de ello), a Belarmino; y si no, más dilatado en la vida de los padres podrá fácilmente hallarlo. Y con aquesto da fin _El Mayor Desconfiado,_ _y pena y gloria trocadas._ El cielo os guarde mil años.

[Ilustración]

[Ilustración]

LA PRUDENCIA EN LA MUJER

_La escena es en Toledo, León y otros puntos._

JORNADA PRIMERA

Sala en el alcázar de Toledo.

ESCENA I

_El infante_ DON ENRIQUE, _el infante_ DON JUAN, DON DIEGO DE HARO.

D. ENRIQUE.

Será la viuda reina esposa mía, y daráme Castilla su corona. O España volverá a llorar el día que al conde don Julián traidor pregona. ¿Con quién puede casar doña María, si de valor y hazañas se aficiona, como conmigo, sin hacerme agravio? Enrique soy; mi hermano, Alfonso _el Sabio_.

DON JUAN.

La Reina y la corona pertenece a don Juan, de don Sancho _el Bravo_ hermano: mientras el niño rey Fernando crece, yo he de regir el cetro castellano. Pruebe, si algún traidor se desvanece, a quitarme la espada de la mano; que mientras gobernare su cuchilla, sólo don Juan gobernará a Castilla.

DON DIEGO.

Está vivo don Diego López de Haro, que vuestras pretensiones tendrá a raya, y dando al tierno Rey seguro amparo, casará con su madre; y cuando vaya algún traidor contra el derecho claro que defiendo, señor soy de Vizcaya: minas son las entrañas de sus cerros, que hierro dan con que castigue yerros.

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D. ENRIQUE.

Vos, caballero pobre, cuyo Estado cuatro silvestres son, toscos y rudos, montes de hierro, para el vil arado, hidalgos por Adán, como él desnudos, adonde en vez de Baco sazonado, manzanos llenos de groseros ñudos dan mosto insulso, siendo silla rica, en vez de trono, el árbol de Garnica, ¡Intentáis de la Reina ser consorte, sabiendo que pretende don Enrique casar con ella, ennoblecer su corte y que por rey España le publique!

DON JUAN.

Cuando su intento loco no reporte y edificios quiméricos fabrique, mientras el reino gozo y su hermosura, se podrá desposar con su locura.

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DON DIEGO.

Cuatro bárbaros tengo por vasallos, a quien Roma jamás conquistar pudo, que sin armas, sin muros, sin caballos, libres conservan su valor desnudo. Montes de hierro habitan, que a estimallos, valiente en obras, y en palabras mudo, a sus miras guardárades decoro, pues por su hierro España goza su oro. Si su aspereza tosca no cultiva aranzadas a Baco, hazas a Ceres, es porque Venus huya, que lasciva hipoteca en sus frutos sus placeres. La encina hercúlea, no la blanda oliva, teje coronas para sus mujeres, que aunque diversas en el sexo y nombres en guerra y paz se igualan a sus hombres. El árbol de Garnica ha conservado sin que tiranos le hayan deshojado, la antigüedad que ilustra a sus señores, ni haga sombra a confesos ni a traidores. En su tronco, no en silla real sentado, nobles, puesto que pobres, electores tan sólo un señor juran, cuyas leyes libres conservan de tiranos reyes. Suyo lo soy ahora, y del Rey tío, leal en defendelle, y pretendiente de su madre, a quien dar la mano fío, aunque la deslealtad su ofensa intente. Infantes, si a la lengua iguala el brío, intérprete es la espada del valiente; vizcaíno es el hierro que os encargo, corto en palabras, pero en obras largo.

[Ilustración: ¡Ser mis esposos queréis...!]

ESCENA II

_La_ REINA DOÑA MARÍA, _de viuda_; DON ENRIQUE, DON JUAN, DON DIEGO.

REINA.

¿Qué es aquesto, caballeros, defensa y valor de España, espejos de lealtad, gloria y luz de las hazañas? Cuando muerto el rey don Sancho, mi esposo y señor, las galas truecan León y Castilla por jergas negras y bastas; cuando el moro granadino moriscos pendones saca contra el reino sin cabeza, y las fronteras asalta por la lealtad defendidas, y abriéndose su _Granada_, por las católicas vegas blasfemos granos derrama; ¡en civiles competencias, pretensiones mal fundadas, bandos que la paz destruyen, ambiciosas arrogancias, cubrís de temor los reinos, tiranizáis vuestra patria, dando en vuestra ofensa lenguas a las naciones contrarias! ¡Ser mis esposos queréis, y como mujer ganada en buena guerra, al derecho me reducís de las armas! ¡Casarme intentáis por fuerza, e ilustrándoos sangre hidalga, la libertad de mi gusto hacéis pechera y villana!

· · · · · · · · · · · · · · ·

Os engañáis, caballeros, que no está desamparada de estos reinos la corona, ni del Rey la tierna infancia. Don Sancho _el Bravo_ aún no es muerto; que como me entregó el alma, en mi pecho se conservan fieles y amorosas llamas. Si, porque es el Rey un niño y una mujer quien le ampara, os atrevéis ambiciosos contra la fe castellana, tres almas viven en mí: la de Sancho, que Dios haya; la de mi hijo, que habita en mis maternas entrañas, y la mía, en quien se suman esotras dos: ved si basta a la defensa de un reino una mujer con tres almas. Intentad guerras civiles, sacad gentes a campaña, vuestra deslealtad pregonen contra vuestro Rey las cajas; que aunque mujer, yo sabré en vez de las tocas largas y el negro monjil, vestirme el arnés y la celada. Infanta soy de León; salgan traidores a caza del hijo de una leona, que el reino ha puesto en su guarda, veréis si en vez de la aguja sabré ejercitar la espada, y abatir lienzos de muros quien labra lienzos de Holanda.

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ESCENAS III A V

[_Los pretendientes, al verse rechazados, reúnen sus partidarios y alzan bandera de rebelión contra el Rey y la Regente._ DON JUAN _busca el apoyo de los árabes granadinos_: DON ENRIQUE _acude en demanda de ayuda a su sobrino el Rey de Portugal_; DON DIEGO DE HARO _espera tropas de Aragón y Navarra_.

_La_ REINA _llama a sus vasallos a palacio y les presenta al niño Fernando IV como rey legítimo de Castilla y León; pero mientras les habla excitándoles a la lealtad, las tropas rebeldes cercan el palacio y lo toman por asalto. La_ REINA _y su hijo huyen precipitadamente a León_.]

ESCENAS VI A VIII

(_En Valencia de Alcántara._)

[_Las familias Benavides y Caravajal tienen desde antiguo profundos resentimientos._ DON ALONSO CARAVAJAL _consigue el amor de_ DOÑA TERESA DE BENAVIDES _y se desposa secretamente con ella_. DON JUAN DE BENAVIDES _se siente afrentado por esta unión y reta a_ DON ALONSO: _cuando están a punto de llegar a las manos se presenta la_ REINA, _fugitiva_.]

ESCENA IX

REINA.

Ilustres Caravajales, Benavides excelentes, mis deudos sois y parientes. Blasones os honran reales: mostrad hoy que sois leales. Un árbol sirve de silla a la inocencia sencilla de vuestro Rey incapaz.

(_Descubre al Rey niño encerrado en el tronco de un árbol._)

No permitáis que en agraz os le malogre Castilla. Como la aurora, amanece entre la tiniebla oscura de la traición, que procura matárosle y le oscurece. Si este tierno sol merece glorias de una ilustre hazaña, lograd el que os acompaña, y con valor español defended los dos un sol que os da el oriente de España.

BENAVID.

¡Oh retrato del amor, niño Rey, humilde Alteza! Con tu angélica belleza se enternece mi rigor. No tuviera yo valor si el socorro que me pides, a las perlas que despides negaran mis fieles labios. Por los tuyos sus agravios olvidan los Benavides. Famosos Caravajales, treguas al enojo demos, y para después dejemos guerras y bandos parciales. No salgan los desleales con su bárbaro consejo. A estos pies mi agravio dejo para volverle a tomar, que mal se podrá olvidar el odio heredado y viejo. Juntemos nuestros amigos y de dos un campo hagamos; que mientras al Rey sirvamos no hemos de ser enemigos. Serán los cielos testigos, para ilustrarnos después, de que hoy el valor leonés, con lealtad y con amor, el bien del Rey su señor antepone a su interés.

DON AL.

Fénix de España, nacido para que su gloria aumente, pájaro sois inocente, en ese árbol como en nido. ¿Quién, mi perla, os ha escondido desa suerte?

REY.

Hanme quitado mi reino, y no me han dejado aun la cuna en que nací; y como a Herodes temí, vengo huyendo al despoblado.

DON PEDR.

No temáis del gavilán, pájaro tierno y hermoso, por más que intente ambicioso hacer presa en vos don Juan.

BENAVID.

Todos por ti morirán, sol de España, hasta que quedes libre de las viles redes de ambiciosos cazadores.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Alto, hidalgos, a León: muera el Infante tirano. Y vos, ejemplo cristiano, (_A la Reina._) regidnos desde este día, y será, pues de vos fía el cielo una ilustre hazaña, la Semíramis de España la reina doña María. (_Vanse._)

ESCENAS X A XII

(_Sala en el palacio de León._)

[_Los Infantes vencedores están gozando de su triunfo. Han decidido repartirse el reino entre ambos_: DON JUAN _reinará en León, y_ DON ENRIQUE, _en Murcia y Sevilla. Entre tanto, los Caravajales y Benavides derrotan a las tropas de los Infantes, los cuales son sorprendidos y presos. Custódianlos_ DON ALONSO _y_ DON PEDRO CARAVAJAL _y_ DON JUAN DE BENAVIDES, _mientras esperan la sentencia que contra ellos ha de dictar la enojada_ REINA.]

ESCENA XIII

(DON LUIS, _con una fuente de plata, y en ella un papel_.)

DON LUIS.

La Reina ha mandado, Infantes, que entréis en esa capilla, donde os esperan dos padres que vuestras almas dispongan, porque quiere en esta tarde mostrar a España del modo que allanar rebeldes sabe.

DON ENR.

¿La Reina, nuestra señora, es posible que eso mande? ¡La piadosa! ¡La clemente! ¡A dos primos! ¡A dos grandes! ¡Ah mujeres! ¡Qué bien hizo naturaleza admirable en no entregaros las armas!

DON JUAN.

Cuando darnos muerte mande, y por medio del rigor a Fernando el reino allane, puesto que con los rendidos es medio el amor más fácil, Portugal y Aragón tienen reyes de nuestro linaje que nuestra muerte la pidan y castiguen sus crueldades.

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DON LUIS.

Aquí está vuestra sentencia.

(_Presenta a los Infantes el papel que viene en la fuente._)

DON JUAN.

¿Con ella el plato nos hace? ¿En una fuente la envía? Pues tiempo vendrá en que pague la costa deste banquete, cuando lleguen a aprecialle con lanzas en vez de plumas los que nuestro valor saben.

DON ENR.

Dejádmela ver primero. ¡Oh muerte fiera! ¡Que bastes a asombrar pechos de bronce sólo con un papel frágil!

(_Lee._) “Doña María Alfonso, reina y gobernadora de Castilla, León, etc.: por el rey don Fernando IV deste nombre, su hijo, etc. Para confusión de sediciosos y premio de leales, manda que los Infantes de Castilla sus primos salgan libres de la fortaleza en que están presos, se les restituyan sus Estados, y demás desto hace merced al infante don Enrique de las villas de Feria, Mora, Morón y Santisteban de Gormaz; y al infante don Juan, de las de Aillón, Astudillo, Curiel y Cáceres, con esperanza, si se redujeren, de mayores acrecentamientos, y certidumbre, si la ofendieren, de que le queda valor para defenderse y ánimo para pagar nuevos deservicios con nuevos galardones. -- LA REINA GOBERNADORA.”

(_Descórrese una cortina en el fondo, y aparece la Reina, en pie, sobre un trono, coronada, con peto y espaldar, echados los cabellos atrás, y una espada desnuda en la mano._)

ESCENA XIV

REINA.

La reina doña María castiga de aquesta suerte delitos dignos de muerte. Contra vuestra alevosía en armas y en cortesía os ha venido a vencer, siendo hombres, una mujer, a daros vida resuelta, como quien la caza suelta para volverla a coger. Si pensáis que por temor que a los que os amparan tengo a daros libertad vengo, ofenderéis mi valor. Para confusión mayor vuestra, he querido premiaros; porque si acaso a inquietaros vuestra ambición os volviere, cuanto agora más os diere, tendré después que quitaros. Poco estima a su enemigo quien le vence y vuelve a armar; que en el noble es premio el dar, como el recebir, castigo. Si dándoos vida os obligo, por vuestra opinión volved, y si no, guerra me haced: veamos quién es más firme, vosotros en deservirme, y yo en haceros merced.

DON JUAN.

No olvide jamás España tu magnánimo valor, pues juntas con el temor la piedad que te acompaña. Eternicen esta hazaña pinceles y plumas cuantas celebran memorias santas, pues que reprendiendo obligas, haciendo merced castigas y derribando levantas que yo desde aquí adelante, desta merced pregonero, seré en servirte el primero.

DON ENR.

Y yo leal y constante, con satisfacción bastante...

REINA.

Venid, y al Rey besaréis las manos.

DON JUAN.

Desde hoy podéis regir nuestros corazones, que obligan más galardones que las armas que traéis.

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JORNADA SEGUNDA

ESCENA I

DON JUAN, ISMAEL.

DON JUAN.

De reinar tengo esperanza con traidora o fiel acción; mas no juzgo por traición lo que una corona alcanza. Reine yo, Ismael, por ti, y venga lo que viniere.

ISMAEL.

Si el niño Fernando muere, cuya vida estriba en mí, no hay quien te haga competencia.

DON JUAN.

De viruelas malo está; fácil de cumplir será mi deseo, si a tu ciencia juntas el mucho provecho que de hacer lo que te pido se te sigue.

ISMAEL.

Agradecido a tu real y noble pecho quiero ser, porque esperanza tengo que en viéndote rey, has de amparar nuestra ley. Hebreo soy; la venganza de Vespasiano y de Tito, que asoló a Jerusalén, y el templo santo también, causando oprobio infinito a toda nuestra nación, nos hace andar desterrados, de todos menospreciados, siendo burla e irrisión del mundo, que desvarío quiere que mi ley se llame, sin que haya quien por infame no tenga el nombre judío. Mas si palabra me das, en viéndote rey, de hacer mi nación ennoblecer, y que podamos de hoy más tener cargos generosos, entrar en ayuntamientos, comprar varas, regimientos, y otros títulos honrosos, quitándole al Rey la vida te pondrás la corona hoy. Su protomédico soy; muerte llevo escondida en este término breve;

(_Saca un vaso de plata._)

con que si te satisfago, diré que el Rey en un trago su reino y muerte se bebe. A un sueño mortal provoca, donde con facilidad, de la sombra a la verdad, y al corazón de la boca viendo el veneno correr, llamar de la muerte puedes los médicos Ganimedes, pues que la dan a beber.

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ESCENA II

ISMAEL.

ISMAEL.

Pues honra y provecho gano en matar a un niño Rey, y estima tanto mi ley a quien da muerte a un cristiano, ¿qué dudo que no ejecuto del infame la esperanza, de mi nación la venganza y destos reinos el luto?

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El niño Rey está aquí; que beba su muerte trato.

(_Al querer entrar en el aposento del_ REY _repara en el retrato de la_ REINA, _que está sobre la puerta._)

Mas ¡cielos! ¿no es el retrato éste de su madre? Sí. No sin causa me acobarda la traición que juzgo incierta, pues puso el Rey a su puerta su misma madre por guarda. ¡Vive Dios que estoy temblando de miralla, aunque pintada! ¿No parece que enojada muda me está amenazando? ¿No parece que en los ojos forja rayos enemigos, que amenazan mis castigos y autorizan sus enojos? No me miréis, Reina, airada. Si don Juan, que es vuestro primo, y en quien estriba el arrimo del Rey, prenda vuestra amada, es contra su mismo Rey, ¿qué mucho que yo lo sea, viniendo de sangre hebrea y profesando otra ley? No es mi traición tan culpada: tened la ira vengativa. ¡Qué hiciérades a estar viva pues que me asombráis pintada! Mas ¿para qué doy lugar a cobardes desvaríos? Ea, recelos judíos, pues es mi oficio matar, muera el Rey, y hágase cierta la dicha que me animó...

(_Al querer entrar, cae el retrato, y tápale la puerta._)

Pero el retrato cayó, y me ha cerrado la puerta. Dichoso el vulgo ha llamado al judío, Reina hermosa; mas no hay más infeliz cosa que un judío desdichado. Y pues tanto yo lo he sido, riesgo corro manifiesto si no huyo de aquí...

(_Quiere huír por la otra puerta, sale la_ REINA, _detiénele, y él se turba._)

ESCENA III

REINA.

¿Qué es esto? ¿De qué estáis descolorido? Volved acá. ¿Adónde vais? ¿De qué es el desasosiego?

ISMAEL.

Volveré, señora, luego.

REINA.

Esperad. ¿De qué os turbáis?

ISMAEL.

¿Yo turbarme?

REINA.

No es por bueno. ¿Qué lleváis en ese vaso?

ISMAEL.

¿Quién? ¿Yo?

REINA.

Detened el paso.

ISMAEL.

Quien dijere que es veneno, y que al Rey nuestro señor no soy leal...

REINA.

¿Cómo es eso?

ISMAEL.

Que estoy turbado confieso, pero no que soy traidor.

REINA.

Pues aquí ¿quién os acusa?

ISMAEL.

(_Ap._) Mi misma traición será.

REINA.

Culpado, Ismael, está quien sin ocasión se excusa.

ISMAEL.

El Infante es el ingrato, que yo no le satisfice; y si el retrato lo dice, engañaráse el retrato. Que aunque el paso me cerró, cuando a purgar al Rey vengo, yo, Reina, ¿qué culpa tengo, si el retrato se cayó? Don Juan, el infante, sí, que con aquesta bebida me manda quitar la vida al tierno Rey que ofendí... Digo, que ofendió el Infante.

REINA.

En fin, vuestra turbación confesó vuestra traición; no paséis más adelante. ¿Es la purga de Fernando esa?

ISMAEL.

Gran señora, sí; y si he de decir aquí la verdad... ¿Qué estoy dudando...? El deseo de reinar con don Juan tanto ha podido, que ciego me ha persuadido que llegue la muerte a dar al niño Rey; y el temor de que no me castigase me obligó que le jurase ser a su Alteza traidor. Afirméle que este vaso iba con la purga lleno de un instantáneo veneno; pero no haga dello caso Vuestra Alteza, que es mentira con que pretendí engañalle no más que por sosegalle y dar lugar a la ira. Y pues del título infame me he librado de traidor, juzgo agora por mejor que la purga se derrame; que otra medicina habrá que le haga al Rey más al caso.

(_Quiere derramarla y detiénele la Reina._)

REINA.

Tened la mano y el vaso; que pues mi Fernando está para purgarse dispuesto, no es bien perder la ocasión por una falsa opinión que en mala fama os ha puesto. Conozco vuestra virtud; médico habéis siempre sido sabio, fiel y agradecido. Asegurad la salud del Rey y vuestra inocencia haciendo la salva agora a esa purga.

ISMAEL.

Gran señora, no estoy, con vuestra licencia, dispuesto a purgarme yo, ni tengo la enfermedad del rey Fernando y su edad.

REINA.

¿Que no estáis enfermo?

ISMAEL.

No.

REINA.

No importa; vuestra virtud desmienta agora este agravio: en salud se sangra el sabio; purgaréisos en salud. Tiene muy malos humores el reino desconcertado, y por remedio he tomado el purgalle de traidores: a vos no puede dañaros.

ISMAEL.

Es muy recia, y no osaré tomarla, señora, en pie.

REINA.

Pues buen remedio, asentaros.

ISMAEL.

A vuestros pies me derribo; no permitáis tal rigor.

REINA.

Bebedla; que haré, dotor, atenacearos vivo. El infante don Juan es noble, leal y cristiano, sin resabios de tirano, sin sospechas de interés. De la nación más rüin vos, que el sol mira y calienta; del mundo oprobio y afrenta, infame judío, en fin: ¿Cuál mentirá de los dos? ¿O cómo creeré que hay ley para no matar su Rey en quien dió muerte a su Dios?

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Bebed: ¿qué esperáis?

ISMAEL.

Señora, si el confesar mi traición no basta a alcanzar perdón, baste el ser vos...

REINA.

Bebé agora, o escoged salir mañana desnudo y a un carro atado a vista del vulgo airado y vuestra nación tirana, por las calles y las plazas, dando a la venganza temas, y vuestras carnes blasfemas al fuego y a las tenazas.

(_El hebreo, ante la amenaza de la_ REINA, _bebe. Vase por la puerta del fondo, y cae muerto dentro._)

ESCENA IV

REINA.

¡Vos lleváis buena esperanza! Su bárbara muerte es cierta. Quiero cerrar esta puerta; que el ocultar mi venganza ha de importar por agora. ¡Ay, hijo del alma mía! Aunque mataros porfía quien no como yo os adora, el cielo os está amparando; mas pues sois ángel de Dios, sed ángel de guarda vos de vos mismo, mi Fernando.

ESCENAS V A VIII

[_Los Estados vecinos se aprovechan de los continuos disturbios de Castilla, promovidos por los Infantes. Los árabes atacan Jaén; el Rey de Aragón pone sitio a Soria, y en Extremadura se teme a los portugueses. Para sostener los ejércitos fronterizos la_ REINA _se ve obligada a vender su patrimonio y sus joyas, y cuando llega una situación apurada empeña sus tocas a un mercader segoviano antes de imponer nuevos pechos a los vasallos_.]

ESCENA IX

DON JUAN.

(_Ap._) Alegre espero del Rey la agradable muerte. ¿Si habrá el veneno mortal asegurado mi suerte? ¡Oh corona! ¡Oh trono real! ¿Cuándo tengo de poseerte?

REINA.

Primo.

DON JUAN.

Señora.

REINA.

Bien sé que desde que os redujisteis a vuestro Rey, y volvisteis por vuestra lealtad y fe, a saber que algún rico hombre a su corona aspirara, y darle muerte intentara a costa de un traidor nombre, que pusiérades por él vida y hacienda.

DON JUAN.

Es ansí. (¿Si dice aquesto por mí?) (_Ap._) Creed de mi pecho fiel, gran señora, que prefiero la vida, el ser y el honor por el Rey nuestro señor. Pero el propósito espero a que me habléis desa suerte.

REINA.

Solos estamos los dos: fiarme quiero de vos.

DON JUAN.

(_Ap._) Angustias siento de muerte.

REINA.

Sabed que un grande, y tan grande como vos... --¿De qué os turbáis?

DON JUAN.

Témome que ocasionáis que algún traidor se desmande contra mí, y descomponerme con vuestra Alteza procure.

REINA.

No hay contra vos quien murmure, que el leal seguro duerme. Digo, pues, que un grande intenta (y por su honra el nombre callo) subir a Rey de vasallo, y sus culpas acrecienta. Quisiérale reducir por algún medio discreto, y porque tendréis secreto, con vos le intento escribir; que por querelle bien vos mejor le reduciréis.

DON JUAN.

¿Yo bien?

REINA.

Tan bien le queréis como a vos mismo.

DON JUAN.

Por Dios que el corazón me sacara a mí mismo, si supiera que en él tal traición cupiera.

REINA.

Eso, primo, es cosa clara; que a no teneros por tal, no os descubriera su pecho. El mío está satisfecho de si sois o no leal. Aquí hay recado: escribid.

DON JUAN.

(_Ap._) ¿Qué enigmas, cielos, son éstas? ¡Ay, reino, lo que me cuestas!

REINA.

Tomad la pluma.

DON JUAN.

Decid.

REINA.

_Infante..._

DON JUAN.

Señora...

REINA.

Digo que así, _Infante_, escribáis.

DON JUAN.

Si por _Infante_ empezáis, claro está que habláis conmigo, pues si don Enrique no, no hay en Castilla otro infante. Algún privado arrogante mi nobleza desdoró; y mentirá el desleal que me impute tal traición.

REINA.

¿No hay Infantes de Aragón, de Navarra y Portugal? ¿De qué escribiros servía estando juntos los dos? Haced más caso de vos.

DON JUAN.

(_Ap._) ¡Qué traidor no desconfía!

(_Paseándose la_ REINA, _va dictando, y don Juan escribe_.)

REINA.