Tipos trashumantes: cróquis á pluma
Part 8
Tan pocas veces se exhibe en público, que yo mismo que trato de hacer su monografía, no la he visto jamás, ni la conozco sino por la fama que la han dado aquí los que nos dicen que la conocen mucho.
Pero _mito_ o realidad, ella _pasa_ por Santander cada verano, y, como al principio dije, se imprime en la fisonomía veraniega del pueblo de un modo indeleble, como el detalle que más resalta y hasta da carácter e importancia a todos los demás.
Y he aquí por qué yo, que estoy haciendo el croquis de esa fisonomía, no puedo prescindir de dibujar en ella tan expresivo pormenor.
Eso haré yo tan solo, y me guardaré muy mucho de escarbar el cutis para ver lo que hay debajo.
Quédese esto, en buen hora, para los aduladores que la cantan, o para los maldicientes que la despellejan.
Si el calor de unos hechizos que ya no existen derritió el áureo pedestal sobre que la adoración de laborioso marido colocó a su propia mujer para atraerla el culto de los demás; si la tarea olímpica de reponer con otro nuevo cada trono derretido dejó sin fuerzas, sin esperanzas y hasta sin vida al desventurado que tal empresa creyó fácil; si el peso que a él le mató, abandonado al pie de la montaña tuvo nuevos Sísifos que le empujaran, esperando llevarle triunfantes hasta la cima, y también rodaron hasta el abismo, desalentados y rotos; si mientras duró aquel fuego no le faltaron tronos que consumir, ni tesoros que rodar montaña arriba, buscando su calor; si de ese montón de escombros y cenizas ha hecho la química de la necesidad inagotable venero que surte de esplendor a una soberanía, no destronada, antes fortalecida con la augusta diadema de las canas; si éstas no son el fruto natural de los años, sino la huella de las tempestades que corrió la juventud en el mar de todos los deleites; si el corazón de la mujer, que es casi siempre un libro abierto, sin ser por eso un libro bueno, _aliquando_ es una caverna con ruidos y sin luz ¿a mí qué me cuentan ustedes? ¿qué me importa en el presente caso? Cuéntenselo a ese enjambre del _buen tono_ que tanto se paga de ciertos relumbrones; cuéntenselo a esa sociedad que se complace en crear ídolos que después escupe y despedaza, acaso porque le imponen y amedrentan; cuéntenselo a esas gentes del _gran mundo_, para quienes nada es bueno ni plausible, sino lo _distinguido_ y _elegante_. Ellas solas son las trompetas de esas famas; ellas quienes las elevan y sahúman antes; ellas mismas quienes las difaman después.
En cuanto a mí, dibujos hago, que no autopsias; y dibujo es este, _al trasluz_, por más señas, sobre los perfiles que la fama trazó. Al público sale, pues, como el público le ha forjado: yo no hice más que copiarle en esta, por ahora, última hoja de mi cartera.
ÍNDICE.
Páginas.
Al lector. 5
Las de Cascajares. 9
Los de Becerril. 19
El Excelentísimo Señor. 27
Las interesantísimas señoras. 35
Un artista. 43
Un sabio. 57
Un aprensivo. 73
Un despreocupado. 97
Luz radiante. 109
Brumas densas. 125
El Barón de la Rescoldera. 141
El Marqués de la Mansedumbre. 153
Un joven distinguido (_visto desde sus pensamientos_). 167
Las del año pasado. 185
En candelero. 203
Al trasluz. 213