Si yo fuera rico! Novela original

Part 18

Chapter 181,147 wordsPublic domain

Y uniendo la acción á la palabra, y antes que ninguno de los presentes pudiese impedirlo, hizo mil pedazos la carta de Bernaregui, y tiró por el aire, loco de alegría, como antes lo había estado de pena, aquellos mil fragmentos de sus verdaderos títulos de propiedad. Bernarda dió un grito, y quiso recogerlos: Lucía ni se movió siquiera, entre admirada y gozosa; sólo Puig, extendiendo los brazos para que en ellos se precipitase Benito, respondió á todos:

--Ahora sí que te reconozco y te quiero. Eres el mismo hombre de bien de siempre, y aunque has tardado en hacerlo, al fin lo has hecho espontáneamente y como yo lo había esperado un mes en vano. Sólo siento todo lo que has sufrido en esos días y lo que nos has hecho sufrir á todos. Pero para tranquilizar por completo, no á ti, que ya estás bien tranquilo y bien contento, sino á tu hija y á tu hermana sobre todo, quiero que ahora mismo sepas toda la verdad de este extraño asunto.

Y metiendo su mano derecha en el bolsillo del pecho de su gabán, sacó su cartera grande de comerciante y de ella un pliego muy parecido en su forma al que Benito acababa de hacer añicos.

--¿Qué me quieres decir?

--Toma y lee en voz alta ese documento. Él te explicará mejor y más pronto que yo pudiera hacerlo todo lo que aún no acababas de comprender y yo no había de decirte nunca, si hubieras sido como tú mismo creías, pero que hoy es indispensable que conozcas para bien de todos.

--Letra de Bernaregui también--dijo sorprendido Benito al desdoblarle.

--Léele en voz alta y despacio para que nos enteremos todos.

Acercó Benito su silla á la butaca donde estaba sentado Puig: Lucía se sentó en uno de los brazos de ésta, y Bernarda comenzó á leer en voz baja y para sí lo mismo que Benito leyó en voz alta. La carta decía lo siguiente:

«Accediendo á tus reiteradas instancias, querido amigo y casi hermano mío, he escrito ayer la carta que me pediste declarando heredero de mis bienes á nuestro común amigo Benito, después de haber hecho anteayer testamento formal y legal á tu favor. Tú te obstinas en creer que tal vez al verte rico no sabrás hacer de mi caudal el buen uso que yo espero, y que cayendo en las redes de la avaricia ó en las más terribles de la ingratitud, no seguirás el ejemplo de honradez y de justicia que yo he procurado daros durante mi vida. Tal temor, Juan mío, es infundado. Yo te conozco y te quiero, y porque te conozco y hago justicia á tu buen corazón y cristianos y puros sentimientos, creo en conciencia que mereces ser mi heredero. Pero en fin, por si ambos nos equivocamos y tanto puede el oro, que sea capaz de hacer de ti un hombre indigno de pronto de poseerle, he escrito la carta que me pediste y que mi notario Ortiz de Llauder tendrá en su poder hasta el día en que tú mismo le ordenes que la haga llegar á manos de Benito. Y como puede suceder, porque todo es posible entre los hombres en este miserable mundo, que una vez entregada esa carta, Benito sea el dueño de mis riquezas, y las emplee mal, ó se porte contigo indignamente, te escribo hoy esta, que será ya la última, para explicarle todo lo ocurrido y para que sepa que siempre fué mi única idea dejarte á ti por mi universal heredero, como consta en el único testamento que tengo hecho á tu favor con todas las circunstancias legales. Pocos días me restan ya de vida, amigos míos, y hoy que por última vez me ocupo de estas miserias de la tierra, abocado ya á presenciar las venturas de otro mundo mejor, sólo os encargo que si algún día llegáis á leer juntos esta carta, sea ella prenda sagrada de vuestra amistad eterna; y si por desdicha y por culpa de alguno de vosotros dos, sea el que sea, vuestra amistad se hubiera entibiado, y los lazos de afecto que siempre os unieron se hallasen rotos ó próximos á romperse, los reanudéis en memoria mía, y juntos y en perfecta armonía viváis luengos años, hasta que el último que me sobreviva rece por los dos que le hayan precedido en este trance de la muerte en que yo me veo, y desde el que os envía su postrer abrazo y su eterna bendición--JOAQUÍN BERNAREGUI.»

Lágrimas de ternura, silenciosas y suaves, corrieron por las mejillas de Benito al leer la carta, y arrojándose en los brazos de Puig, juntos rezaron en memoria de Bernaregui por breves momentos.

Lucía abrazaba conmovida á Bernarda, y hasta la rígida y desabrida matrona pugnaba por ocultar la emoción que la embargaba.

--¿Conque eres tú quien hizo escribir á Bernaregui la carta que me entregó el notario? ¿Y tú me cedías tu fortuna espontáneamente?

--No hablemos ya jamás de este asunto, Benito. La herencia es de los dos. Yo la administraré, porque creo tener carácter más á propósito para ello; pero todo lo que hay aquí y lo que pueda haber en adelante es tanto tuyo como mío.

--Entiéndete con mi hija para dotarla y casarla cuando tú quieras y cuando llegue el caso, y con tu ama de llaves para todo lo que pertenezca á los gastos de la casa. Yo soy y seré siempre el cajero de la casa de Bernaregui.

En aquel momento se abrió la puerta de la habitación y entró jadeante y cariacontecido Ramirito, á quien ya habían contado algunos obreros el desmayo de Benito.

--¡Adelante, adelante, buen mozo!--dijo Puig sonriendo.--No ha sido nada; todos estamos buenos y restablecidos, excepto yo, al que aún dará que hacer algunos días esta pata-folica; pero agradecemos sus cuidados y le convidamos á almorzar, no para hoy, que está todo revuelto y mangas por hombro, sino para el domingo próximo. En la mesa señalaremos el día de la boda, que será, si no me engaño, el de la reapertura de la fábrica.

--¡Así sea!--gritó Rispall, que apareció con el plumero en la mano.

[Ilustración]

ÍNDICE

PÁGINAS

CAPÍTULO PRIMERO.--La fábrica de Bernaregui. 7

-- II.--Quejas de una adepta de Nocedal y reflexiones de un correligionario de Ruiz Zorrilla. 27

-- III.--Donde aparece el indispensable dios Cupido, sin carcax ni flechas y vestido al uso del día. 43

-- IV.--Sigue creciendo la marea. 63

-- V.--Conciliábulo de familia. 83

-- VI.--Abel y Caín. 105

-- VII.--Catástrofe dichosa. 125

-- VIII.--Análisis. 155

-- IX.--Las cuentas del Gran Capitán. 165

-- X.--Donde el rey absoluto se quita la máscara. 185

-- XI.--Sigue otra vez creciendo la marea. 207

-- XII.--Media vuelta á la izquierda es lo mismo que media vuelta á la derecha, sino que es precisamente todo lo contrario. 229

-- XIII.--El incendio. 251

-- XIV.--La recompensa. 275

-- XV.--El espejo.--¡Quiero ser pobre!--Conclusión. 295

End of Project Gutenberg's Si yo fuera rico, by Luis Mariano de Larra