Señora ama: Comedia en tres actos

Part 2

Chapter 24,370 wordsPublic domain

¡Pero oye! Así es que yo, créame usted, si no fuera por mi cuñada y por mi sobrina, y porque dónde voy yo sola como estoy en el mundo desde la desgracia de mi marido, que para mí peor que si se hubiera muerto, porque un hombre que no tiene vergüenza, para mí es lo último. Y aquí mi cuñada le dirá a usted que no exagero. Cualquiera que me vea y se le diga la edad que tengo... ¿Qué edad me calcula usted?

FELICIANO

No sé decirle a usted. Buena edad sí parece...

D.ª ROSA

Se quedará usted pasmado cuando le diga a usted que soy mucho más joven que mi cuñada...

D.ª JULITA

~(Bajo.)~ No lo creas.

D.ª ROSA

Pero ella no ha sufrido lo que yo... una mártir... ¿Dónde he dejado yo el pañuelo? ~(A la Dacia.)~ ¡Déjame el tuyo, haz el favor! ~(Llora.)~

D.ª JULITA

~(A Feliciano.)~ No le hagas caso. El mártir fue su pobre marido que, por fin, no pudo más y se fue con la criada. Un mes lleva con nosotros y no podemos más...

FELICIANO

Y qué, ¿qué le han pedido ustedes a San Antonio?

D.ª JULITA

Yo, por mi parte, salud para todos, nada más que salud. En lo demás el santo verá lo que nos conviene.

D.ª ROSA

Yo resignación para sobrellevarlo todo.

FELICIANO

Y la Dacia, ¿un buen novio?

DACIA

No pienso en eso, ¿pa qué?

D.ª ROSA

¡Qué disparate! ¡Quién piensa en bodas!

FELICIANO

No le diga usted eso. ¿Conque vamos a ser cuñados muy pronto?

DACIA

¡Búrlate de mí! ¡A tiempo hablas!

D.ª JULITA

No, hijo. No está de Dios que emparentemos las dos familias, por lo visto. Primero fuiste tú quien debió de casarse con ella; pero te sorbió el seso la Dominica...

FELICIANO

No fue eso. Es que yo vi que era mi hermano el que la quería.

D.ª JULITA

Tú no debiste ver quién la quería, sino a quién quería ella.

FELICIANO

Es que ella también me pareció que le quería.

DACIA

No es verdá.

D.ª JULITA

En fin, por lo que fuera... tu hermano ahora ya ves, dos cuartos de lo mismo, con la María Juana... Es que os tira el zagalejo... Es que vuestro padre no os educó como correspondía a su posición; siempre se lo dije... No es que yo lo sienta, porque ni tu hermano ni tú sois para hacer felices a ninguna mujer.

FELICIANO

Usté es muy clara.

D.ª JULITA

Ya lo sabes. Soy castellana vieja. Los de esta parte sois más dobles... ¡Que mi hija iba a haberte consentido lo que te consiente la Dominica! Verdad es que ella... ¿Qué va a hacer? Bastante es que te hayas casado con ella. Porque, francamente, sin ofenderla, no fue boda para ti... porque su padre tendrá todo el dinero y las tierras que se quiera... pero sus principios... ¿No sabemos todos sus principios? Tu abuelo, un triste cabrero de casa de mi tío Juanito, que le vino el dinero y todo lo que tiene, todos sabemos cómo, gracias a su mujer y a sus hijas...

D.ª ROSA

¡Yo me pasmo de oír estas cosas! Nunca creí que en lugares tan humildes fuera tanta la corrupción de costumbres... Cuidado que yo he visto mucho; he vivido seis meses en Madrid y dos años en Torrijos, pero como aquí... ¡Qué horror! Hasta el mismo clero, que la quitaría a una la devoción si no mirara más arriba...

D.ª JULITA

Pues eso es lo que le pasa a mi Romualdo, que como conoce a todos los curas de alrededor, le han hecho ser tan republicano.

D.ª ROSA

¡Yo, desde que estoy aquí, no oigo contar más que trapisondas y deshonestidades!

D.ª JULITA

De eso nadie nos asustamos... siempre ha sido igual y en todas partes; por algo dicen: «Quien ve un pueblo, ve un reino, y quien ve un reino, ve el mundo entero.» Lo peor que hay aquí es que no hay unión en los que pueden, y de eso se aprovechan más de cuatro pillos que nunca debieron subir a donde han subido. Y toda la culpa la tuvo tu padre que siempre fue un abandonado y la tenéis sus hijos, y mucha también mi marido... ¿No es una vergüenza ver de juez municipal al tío Bruno? ¿No sabemos todos quién fue su padre? Un triste gañán de en casa de mi tío Doroteo... ¡Y de alcalde al tío Catalino! ¿No sabemos todos quién fue su padre? Es decir, no lo sabemos, que todos dicen que fue otro, y esa ha sido su suerte... ¡Y así todos los de justicia! ¡Y si siquiera mandaran ellos! Pero no, si quien mandan son sus mujeres, que estamos mandados por mujeres. Pero yo se lo tengo dicho a Romualdo, que como en la primera junta de Ayuntamiento no vaya y les diga todo lo que hay que decirles, me planto yo y se lo digo muy claro y me oyen como tienen que oírme todos los días sus mujeres... que es lo que no puede aguantarse, que las mujeres sean aquí las que se metan en todo... y lo gobiernen todo.

FELICIANO

Todas no son como usted.

D.ª JULITA

Ya puedes decirlo.

D.ª ROSA

Crea usted que si yo tuviera mando, lo que traería aquí es muchas misiones que predicaran, mejor que mandarlas a la China y a los negros antropólogos.

D.ª JULITA

Pues yo mucha Guardia civil que los metieran en cintura a todos. Ahora mismo por el camino he tenido un sofoco, estas lo han visto, no sé cómo no me ha dado un insulto... todo el ganado del tío Bruno en la linde de la Robleda. ¡Y no habrá quién lo denuncie! ¡Y el chanchullo que nos quieren meter con los pastos, para comérselos cuatro pillos! ¿Y con los consumos? ¿Y con el caño nuevo? Que ha de ponerse a la puerta del tío alcalde para su conveniencia y para que salgan luego sus criadas a lavar la ropa y fregar la espetera. ¡Las muy puercas!

DACIA

Pero, ¡madre! ¿Qué adelanta usted con sofocarse?

D.ª JULITA

Ya lo sé que no adelanto nada. Pero déjame, que tú eres como tu padre, que como yo le digo: «Tu suerte ha sido tenerme a mí por mujer», que lo que a mí no me hubiera importado, a él le hubiera importado menos.

FRANCISCO

~(Sale.)~ Ya está ahí el ama...

FELICIANO

Con la conversación se ha pasao el tiempo sin sentirlo.

GUBESINDA

~(Dentro.)~ ¡Aquí está el ama! ¡Y toos!...

D.ª JULITA

Y te hemos quitado de ir a esperarla. Yo se lo diré que ha sido culpa nuestra...

FELICIANO

Es lo mismo. Más era por echar un paseo.

D.ª JULITA

Anda, anda y ve... Nosotras somos de confianza.

FELICIANO

Con su permiso... Ahora vendrá ella a saludarles a ustedes... Si no quieren ustedes venir...

D.ª JULITA

Anda tú solo, que siempre tendréis que deciros algo, con todo lo que ha pasado, que todo se sabe... ¿Pero cuándo querrás tener formalidad, hombre?

FELICIANO

No me diga usté que ahora no hay razón para ello.

D.ª JULITA

¡Si no te conociéramos! Anda, anda...

~(Sale Feliciano.)~

ESCENA V

DICHOS, menos FELICIANO

D.ª JULITA

Ya sabía yo que no podía ser lo que decían; que la Dominica se iba al Sotillo con su padre... Por otras cosas ha pasao para no pasar por esta...

D.ª ROSA

Di que se trata de una mujer ordinaria... Una señora de clase no lo consentiría... ¿Pero qué idea va a pedirse a esta gente de lo que es dignidad? A saber si ella hará lo mismo...

DACIA

Eso no, tía; la Dominica es honrada, donde haya mujeres honradas, y si pasa por todo es porque quiere a su marido.

D.ª ROSA

¡No me digas! Si le quisiera no pasaría por nada. Cuando se quiere de verdad todo ofende. Y lo que yo sé de este hombre es para que su mujer no le mirara a la cara... ¡Y pensar que tú podías haberte casado con él! ¿No sabíais lo que era?

D.ª JULITA

De mozos todos son lo mismo.

D.ª ROSA

Pero este ha seguido igual de casado.

D.ª JULITA

Es joven todavía, y como es buen mozo y es el más rico por aquí... ya se sabe... Ya parará cuando llegue a viejo.

D.ª ROSA

Y entre tanto, ¿te parece bien que no haya guardesa, ni hortelana, ni molinera, ni criada de sus tierras que no haya tenido que ver con él...? ¿Y ese enjambre de criaturas sin padre...?

D.ª JULITA

Eso no... todas se casan, y como si nada hubiera pasado.

D.ª ROSA

Engañando a pobres infelices...

D.ª JULITA

¡No seas tonta! Nadie va engañado...

D.ª ROSA

¡No me lo digas! ¡Entonces peor que entre los moros! ¿Entonces aquí no hay religión, ni moralidad, ni vergüenza?

D.ª JULITA

¡No le des vueltas! Hay hombres y mujeres...

D.ª ROSA

¡Que viven como los animales!

D.ª JULITA

Tampoco hay quien les enseñe a vivir de otro modo. ¿Ven ellos algo mejor que los animales?

D.ª ROSA

¡Lo que yo digo! Misiones, misiones que les predicaran...

D.ª JULITA

No te canses. Aquí no vienen. ¿No ves que no hay dinero? Si hubiera siquiera alguna mina cerca. Pero esta tierra seca y pobre no es tierra de conventos ricos... ¡Pobres curas de aldea nada más! ¡Tan pobres como la tierra y como nosotros!

D.ª ROSA

Eso es, habla tú también como mi hermano.

D.ª JULITA

Es que mi Romualdo cuando habla de las cosas de aquí bajo no le falta razón... Ahora cuando habla de las de arriba, ya no estamos conformes... que yo soy tan cristiana como la primera... ~(Se oye lejano el toque de medio día.)~

DACIA

Las doce, madre... ¡Qué bien se oye desde aquí la campana del pueblo!

D.ª JULITA

Vendrá de allí el aire... Hija, el Ave María; que esté donde esté, no falto yo a mis rezos de mañana y tarde. ~(Rezan en voz baja. Dominica aparece a la puerta y, al verlos rezando, se para y reza también.)~ Y un Padre nuestro por nuestros difuntos.

ESCENA VI

DICHOS y DOMINICA

D.ª JULITA

~(Viendo a Dominica.)~ ¡Dominica! ¡Hija! ¿Cómo estás? ~(Abrazándola.)~

DOMINICA

Las vi que estaban ustedes rezando y he rezao con ustedes...

D.ª ROSA

¿Cómo está usted?

DOMINICA

Así ando, pero no es de cuidao... Ven acá, Dacia... ¡Jesús, de cada día más guapetona! ~(Besándola.)~

DACIA

Te he llenao de polvos... Con estos aires se corta la cara y hay que ponerse algo.

D.ª JULITA

No hay más remedio.

DOMINICA

¿Cómo lo pasa usted, doña Rosa?

D.ª ROSA

Ya ve usted. ¡Con mis disgustos y mis adversidades!

DOMINICA

¡A nadie nos falta! ¿Conque del Tiemblo de ver al bendito San Antonio? También yo quisiera ir que tengo que pedirle mucho; no sé si me dará too lo que tengo que pedirle.

D.ª JULITA

Lo primero una docena de chicos, que buena falta os están haciendo... vosotros que podéis... En cambio a otros pobres...

DOMINICA

Le pediré uno nada más. Pero antes tengo que pedirle marido... .

D.ª JULITA

Qué, ¿no le tienes ya?

DOMINICA

Sí, pero este marido mío es de los que se pierden, y como San Antonio sabe encontrar todo lo perdido...

D.ª JULITA

Anda, mujer. ~(A la Dacia.)~ Dale a la Dominica una medalla de esas que traemos benditas y una cinta tocada también en el santo.

DACIA

Toma, esta de plata. ¿De qué color quieres la cinta? ¿Azul?

D.ª JULITA

No, que son celos.

DOMINICA

Por eso no. De ese mal ya me hubiera muerto... Pero como soy negrucha, dámela de otro color que me vaya a la cara.

DACIA

Toma esta grana...

DOMINICA

Muchas gracias... Pónmela al cuello, que quiero estar santa. ¡Dios te lo pague! ¿Y cómo les ha ido en la romería?

D.ª JULITA

Allí muy bien. Muy atendidas y muy obsequiadas.

DOMINICA

Es verdad, que allí tenían ustedes familia.

D.ª JULITA

¡Ay, no! Con la familia, nada; ni nos tratamos. ¡Valiente gentuza está! Los amigos... Y tú, ¿qué nos dices de tus cosas? Ya se sabía allí todo... Por supuesto, abultado. Daban por hecho que de esta tú te ibas con tu padre.

DOMINICA

¡Eso quisieran! Mire usté, no es que yo quiera santificar a Feliciano, pero ahora la que ha dao too el ruido ha sío la María Juana. Si él la perseguía, con que me lo hubiera dicho a mí, bastaba; yo hubiera visto lo que me cumplía hacer... Pero no, se ha ido publicándolo por todo el pueblo... pa que todos sepan que ella es muy santa... Y es lo que yo digo: ninguna mujer que quiere ser buena necesita de publicarlo... A todas nos habrán buscado, con una mira o con otra, de mozas y de casadas, que a todo hay quien se atreve, y no hemos ido pregonándolo; que la honra de la mujer, cuanto más callá está mejor.

D.ª JULITA

Y por fin, ¿se casa con tu cuñado?

DOMINICA

Así parece. Ahora se la lleva mi padre... Conmigo han venido hasta aquí y ahí están, pero ni siquiera quieren comer aquí, siguen pa el Sotillo. ~(A la Dacia.)~ Tú, ¿qué dices de todo esto?

DACIA

Nada... No creas que me importa. Si yo nunca he querido a José.

D.ª ROSA

Ni debe pensar en casarse... ¡con lo que se ve en los matrimonios!

D.ª JULITA

Si está de Dios ya se casará. Como yo digo: no hay olla tan fea que no encuentre su cobertera. Ahora que aquí no hay mucho donde escoger...

DOMINICA

La Dacia me parece a mí que ya no tiene ilusión por ninguno. Tú no has querío más que uno... A Feliciano, ¿verdad?

DACIA

¡Qué cosas tienen!

DOMINICA

Yo no puedo hacer más que dejarlo viudo.

DACIA

¡No me digas eso!... Otras se alegrarían que no yo...

DOMINICA

Ya lo sé, que tú me quieres y que no eres como otras tantas, que porque él no las ha querío van diciendo y que son ellas las que le han despreciao...

DACIA

Yo sí que le quería. ¿Pa qué voy a decir otra cosa?

DOMINICA

Como le han querío ande quiera que se ha acercao... ¡Como que no hay otro como él! ¡Y mira que me tie hecho pasar!

D.ª JULITA

¡No digas! Si yo no sé de qué pasta eres... Si a ti parece que te agrada que se rifen a tu marido.

DOMINICA

Pues le diré a usté. Me tengo desesperá miles de veces, cuando creía y que él podía querer a cualquiera otra... pero ya me he convencío y que no es así, que son ellas las que le quieren a él y en medio de todo pa mí es una satisfacción. ¡Todas por él y él por mí! ¿No es pa estar orgullosa?

D.ª JULITA

Teniendo ese modo de ver...

D.ª ROSA

Sí que no lo entiendo. Yo, que solo ante la hipótesis de que mi marido no me guardaba todas las consideraciones debidas a una esposa, he llegado al trance más doloroso para mí, al escándalo de una separación judicial...

DOMINICA

No le querría usté mucho, cuando se acostumbra usté a estar sin él.

D.ª ROSA

Le quería como debe querer una esposa; anteponiendo sobre por encima de todo su dignidad de esposa.

DOMINICA

En su clase de usté así será... Tienen ustedes otros miramientos... A mí también me están siempre con que no debía de consentirlo, mi padre y todos... Y algunas veces se lo he dicho a él; que no consentía más, que me iba con mi padre, que me desapartaba de él y se acabó todo. Pero él se echaba a reír, y ¿saben ustedes lo que me decía?: «¡Anda con Dios! Si te vas con tu padre yo me voy con otra.» ¡Y lo hubiera hecho como lo decía! ¡Ya ven ustedes quién iba a salir perdiendo! Y que no, señora, cuando me casé fue pa vivir juntos toda la vida y llevarle el genio con paciencia... Algo había de tener... Peor fuera que hubiera salido un borracho, o de esos hombres que por cualquier motivo ponen la mano encima a sus mujeres... o que hubiera enfermao de algún mal que no pudiera valerse... Muchas cosas que hubiera tenido que conllevar como conllevo esta, que mala es, pero es como todo, hasta acostumbrarse...

D.ª JULITA

Y por lo que se ve, tú ya estás acostumbrada...

ESCENA VII

DICHAS y FELICIANO

FELICIANO

¡Dominica!

DOMINICA

¿Qué quieres?

FELICIANO

Tu padre y la María Juana que quieren irse; no consienten comer con nosotros.

DOMINICA

Déjalos estar; que se vayan cuando quieran. Voy a despedirlos, porque la María Juana, estando ustedes aquí, tendrá reparo de entrar... Es muy vergonzosa...

D.ª JULITA

Nosotras sí que nos iremos.

DOMINICA

Pero qué, ¿se van ustedes por eso?

D.ª JULITA

No, mujer. Es que ya nos hemos entretenido bastante. A las doce que nos esperaban en casa. ¡Buenas nos pondrá Romualdo! ¡Pegará con el santo!

D.ª ROSA

¡Habremos de oírle mil abominaciones!

DOMINICA

Entonces no les digo nada.

D.ª JULITA

Queda con Dios...

DOMINICA

Que ustedes sigan bien... Doña Rosa...

D.ª ROSA

Que siga usted tan buena y tan conforme.

FELICIANO

Vayan ustedes con Dios... Voy a acompañarlas hasta el carro...

D.ª JULITA

No te molestes...

DOMINICA

Voy yo también.

~(Salen todos.)~

ESCENA VIII

MARÍA JUANA, el TÍO ANICETO y JOSÉ

TÍO ANICETO

Ya han salío. Aquí no te ven... Aquí esperamos pa despedirnos. Pero, ¿vas a llevarte llorando toa la vida?

JOSÉ

No sé por qué. Yo lo tengo too hablao con el tío Aniceto. Pa San Roque nos casamos. El tío Aniceto ya me ha dicho lo que él piensa hacer por parte suya.

TÍO ANICETO

Ya lo sabe ella y no sé a qué vienen tantos lloros.

M.ª JUANA

Si es que yo de too esto, no siento otra cosa más que de ver a la Dominica tan imparcial conmigo, que parece mismamente que al igual de agradecer y que yo no haiga hecho cara a su marido, le ha dao como rabia.

JOSÉ

No te diré que así no sea, que la Dominica es de una conformidad que parece que se alegra con que toas le hagan cara al marido.

TÍO ANICETO

Yo no he visto otra. Y que no sirve predicarla. Le estará muy bien cuando les llegue el día en que se haigan quedao sin naa, que ha de llegarles al paso que llevan... ¡Las tierras abandonás y en manos de unos y de otros! ¡El ganao lo mismo! Y ninguno a pagar y toos a pedir, y como toos se creen con derecho, unos que la mujer, otros que la moza, así anda too, que esta casa parece la venta de mal abrigo... Pues yo les aseguro que lo que hace a lo mío no han de coger mucho, que yo veré de ponerlo too en orden y será pa quien deba de ser y me cuidie y me asista... que lo que hace la Dominica, ni me tie ley ni me la ha tenío nunca, que pa ella no hay naa que no sea ese hombre que la tie encantá como yo la digo... ¡Ese gallo alborotaor! que no es otra cosa más que un gallo alborotaor, como yo le digo... que es la vergüenza del mundo, que no vas por parte que no haiga dejao rastro suyo... Y ni tan siquiera respeta lo que más tenía que haber respetado siempre... ~(A José.)~ Y tú no seas tonto y lo que tenéis de vuestra madre sin partir entavía, hacéis las suertes y ca uno lo suyo.

JOSÉ

En eso estoy.

M.ª JUANA

¡A ver si vais a tener un disgusto!

TÍO ANICETO

Él no pide más que lo suyo.

ESCENA IX

DICHOS, DOMINICA y FELICIANO

DOMINICA

Qué, ¿ya quieren ustedes irse?

TÍO ANICETO

Sí, que quiero que lleguemos a buena hora, que ya van acortando los días y el camino tie ranchos muy malos.

DOMINICA

Como usté quiera.

FELICIANO

Que vaya Pilaro con ustedes.

TÍO ANICETO

No es menester naide.

DOMINICA

~(A María Juana.)~ Bueno, mujer, no estés así.

M.ª JUANA

~(Llorando.)~ ¡Cómo quies que esté! ¡Cómo quies que esté! ¡Bien quisiera estar como tú!

DOMINICA

¡Creerás tú que no siento! Más que nadie cree. Pero yo no siento solo por esto, siento por muchas cosas que veo de venir. ¡Anda con Dios, anda con Dios! Y cuídame a padre; no te digo más. ~(Se abrazan llorando.)~

TÍO ANICETO

¡Vamos! ¡Dejarlo ya! Que se hace tarde... Quedar con Dios todos.

JOSÉ

Hasta muy pronto.

M.ª JUANA

Hasta cuando quieras.

~(Salen María Juana, Dominica y tío Aniceto.)~

FELICIANO

¿No vas tú con ellos?

JOSÉ

No, me vuelvo al pueblo de seguida. Escucha... No quería decirte naa, pero...

FELICIANO

Ya sé lo que quieres, que se parta lo que tenemos junto. La herrén de la encrucijá, la del arroyo y el pradillo de la Umbría. ¿No es eso? Too se hará, descuida.

JOSÉ

Pues cuanto antes.

FELICIANO

Mañana mismo. Por la mañana bien temprano me ties en el pueblo. ¿Te conviene así?

JOSÉ

Bien está.

FELICIANO

Pues hasta mañana.

JOSÉ

Si Dios quiere.

~(Sale.)~

ESCENA X

FELICIANO y DOMINICA

DOMINICA

¿Qué dice José?

FELICIANO

Nada de particular... ~(Pausa.)~ Te habrás convencido que too esto ha sío cosa urdida de la María Juana... Pero tu padre se ha puesto de su lao, que ahora le ha entrao el amor por ella; pa que veas si es verdá lo que toos hemos dicho siempre.

DOMINICA

Ya lo he visto. Es que yo era tan tonta, que porque era mi padre creía que no había sío como toos... ¡Toos los hombres sois lo mismo! ¡Tocante las mujeres no miráis más que vuestro capricho! Y después sucede lo que sucede; hijos esperdigaos, hermanos sin saber unos de otros, que lo mismo puen llegar a quererse como no deben, que aborrecerse y matarse... ¡Todo contra la ley de Dios! ¡Todo por no tener conciencia los hombres! ¡Más vale que Dios no me haiga dao hijos!

FELICIANO

Eso no lo sientes. ¿Pues pa qué estás siempre pagando misas y llevando cera a la iglesia?

DOMINICA

Pues mira, si alguna vez los he deseao no ha sío por mí sino por ti; por ver si los de casa te sujetaban algo...

FELICIANO

¿Los de casa? ¡Como si hubiese otros!

DOMINICA

¡Calla, calla! Y ya que ha sío, no los reniegues.

FELICIANO

Que se te ha puesto en la cabeza...

DOMINICA

Mira que empiezo a contar y no acabo.

FELICIANO

¡Quita! ¡quita! ¡No tengas ganas de músicas!

DOMINICA

Sí, sí, hazte el sordo de conveniencia.

FELICIANO

Mira, ahí viene la Jorja con sus chicos; vendrán a ver si les has traído algo...

DOMINICA

A tiempo pa disimular. Como decía la otra: «¿Ande vas, hija, con esas coles?--Calle, madre, que tinto lo traigo...»

FELICIANO

¡Mia que eres!

DOMINICA

Yo, ¿verdá? ¡Si me valiera!

FELICIANO

¿Qué ibas a hacerme...?

DOMINICA

¡Anda, anda, que no quiero ni verte!

~(Sale Feliciano.)~

ESCENA XI

La JORJA, con dos chicas y tres chicos; DOMINICA y, después, GUBESINDA

GUBESINDA

¡Vamos! ¡Andar y no os dé vergüenza, cualquiera diría que la teníais!

JORJA

~(Dentro.)~ ¡Estos muchachos siempre han de sofocarla a una! ¡Calla tú, acidentá, que paeces acidentá!

DOMINICA

¿No quieren verme?

GUBESINDA

¡Calla, mujer!

DOMINICA

Mira, que os he traído almendras... ~(Entran.)~ Anda, Gubesinda; en las alforjas verás un cucurucho de ellas.

JORJA

¿Cómo ha venío usté?

DOMINICA

Muy bien. ¿Y vosotros cómo andáis por aquí?

JORJA

Ya lo ve usté. Sí que está usté muy buena, pues nos habían dicho que no andaba usté bien de salú, pues pa mí que vale usté más que la última vez que la vide... vamos, vosotros; no decís na, di tú ~(Al mayorcito.)~ venga usté con Dios, señora ama, para servirla... Luego bien lo charláis too cuando no hace falta.

DOMINICA

Están buenos todos.

JORJA

¡Gracias a Dios!... Estos no son míos.

DOMINICA

Ya lo sé... Estos son de la Ciscla.

JORJA

Y esta pequeña de la Engracia, pero a toos se les ha puesto de venir...

GUBESINDA

~(Entra.)~ Las almendras... y un cacho de pan pa ca uno... tomar... ¿Cómo se dice? ¿Habéis dao un beso a señora ama?

DOMINICA

No, a mí que no se acerquen con esas caras y con esas manos...

GUBESINDA

¡Esta Jorja! ¡Mia que sois! ¿Por qué traéis así a estas criaturas, vamos a ver?

JORJA

¡Cualquiera pue con ellos! Toda la santa mañana ando tras de ellos pa lavarlos y peinarlos... ¡como no los matara!

DOMINICA

¡Quita, quita! ¡Si es que sois de lo que no hay! ¡No sé por que Dios os da hijos! Como no os dejéis lavar, bien lavaos, no hay almendras... Tú, Gubesinda, lava a estos de la Ciscla. Mira este... No hay más que mirarlo... ¡Qué cara de tunela! Como este otro... tú dirás de quién es esta cara...

GUBESINDA

No mires, que no hay más... digo...

DOMINICA

Aquel regojo... Entre ciento los conoceré yo... Anda, anda... arreglarlos.

GUBESINDA

Estos, de cabeza van al pozo ahora mismo.

DOMINICA

No los asustes...

JORJA

¡Déjate, yo los lavaré a toos!

DOMINICA

Dejarme a esta, que esta sí está lavada; así me gusta... La Engracia siempre ha sío más curiosa... Dame un peine, Gubesinda, y unas cintas azules que estarán ahí en ese cajón, que voy a ponerla unos moños... verás qué preciosa... Y vosotros no me parezcáis por aquí hasta que os vea yo muy bien lavaos... No tenéis la culpa vosotros... ¡Pero cuánto abandonadas seréis!

JORJA

¡Eso dirá usté! Estos chicos siempre han de sofocarla a una. Venir acá, condenaos, que me tenéis aborrecida: ya estáis andando, que os restriegue con un estropajo...

~(Sale Jorja con los chicos. Suena un tiro.)~

DOMINICA

¡Ay! Vamos, pues no me he asustao...

GUBESINDA

Es el amo que anda tirando a las palomas.

DOMINICA

Como no tiene con quien pegar, pega con las palomas... ~(Asomándose a una ventana.)~ ¡Feliciano! ¡Feliciano!

FELICIANO

~(Dentro.)~ ¿Qué quieres?

DOMINICA

Que no tires a las palomas; hombre, ¿no ves que puen tener pichones criando y se desgracian...?

FELICIANO

Se les ponen a otras y los crían.

DOMINICA

Es que muchas conocen luego que no son suyos y los matan.

FELICIANO

Bueno, déjalo, yo me divierto.

DOMINICA

Pues diviértete, hombre, diviértete... ~(Se sienta a peinar a la pequeña.)~

GUBESINDA