Semblanzas literarias

Part 16

Chapter 16978 wordsPublic domain

¡Ah! Yo estoy seguro de que en aquel instante separáis la vista de la argentada _lady_, y la sacáis por el balcón á pasear por otros espacios. Una lágrima tiembla en vuestros párpados, que no llega á caer, porque aquella lágrima pertenece á la patria y no quiere pisar tierra extranjera. Allá, muy lejos, detrás de la nieve, hay una región feliz donde calientan los rayos del sol y esparce el azahar sus fragancias. Las aguas azules del mar y los bosques espesos de lauros, la lengua melodiosa de las aves y la boca imperceptible de los insectos elevan sin cesar un coro de bendiciones al firmamento límpido...

«Señora, el primero de nuestros poetas se llama D. José Zorrilla. Sus versos son el más preciado regalo de los oídos españoles. Ninguno ha conseguido tanta popularidad, porque ninguno es tan sencillo, tan melodioso y tan flúido. Sus versos tienen el color de nuestras flores, el brillo de nuestro cielo, la frescura de nuestra brisa. Cuando los escuchamos, nos sucede lo mismo que cuando paseamos al declinar la tarde por las riberas del Tajo, se olvida uno de que esta tierra es un valle de lágrimas. Ninguno tampoco más nacional. Su espíritu nos pertenece de tal modo, sus pensamientos están ligados por tan estrechos lazos á la tierra española, que en vano querríais formaros idea de su encanto los que no habéis balbuceado jamás plegarias á la Virgen, los que no habéis escuchado en esa lengua los consejos de vuestra madre. Su poesía, como nuestro sol, no se puede traducir.»

Sí; estoy seguro de que estas ó parecidas palabras saldrían de vuestra boca, porque en tal instante no querríais semejaros al asno de la fábula, que dispara furiosas coces sobre la frente del león moribundo. Quizá en vuestro corazón tendríais ya reservado este papel para algún amigo de Madrid. Y no diríais mentira. El troquel que acuñó los versos del _Capitán Montoya_ y _Margarita la tornera_ bajará al sepulcro de Zorrilla, y tal vez se guarde allí por siempre. Aquellos fantásticos caballeros de la tradición no tornarán ya á este mundo, tan vivos, tan altivos, tan resueltos; aquellas doncellas de ojos garzos que beben por entre una reja el tósigo del amor, no serán tan puras, tan risueñas, tan ideales. Las noches de Andalucía, diáfanas ó brumosas, los bosques, las tempestades, las flores, los claustros, el canto de las aves, los suspiros del amor, ya no tendrán pincel que los retrate y los difunda por la tierra. ¿Qué jinetes osarán en lo porvenir cruzar de noche un bosque de este modo?

Muerta la lumbre solar, iba la noche cerrando, y dos jinetes cruzando á caballo un olivar.

Crujen sus largas espadas al trotar de los bridones, y vense por los arzones las pistolas asomadas.

Calados anchos sombreros, en sendas capas ocultos, alguien tomara los bultos lo menos por bandoleros.

Llevan, por que se presuma cuál de los dos vale más, castor con cinta el de atrás, y el de adelante con pluma. Etc., etc.

¿Qué náyade se atreverá en adelante á salir del fondo del agua en esta forma?

Tocó en el haz del agua su cabellera blonda; quebró la frágil onda su frente virginal.

Dejó el agua mil hebras entre sus rizos rotas, y á unirse volvió en gotas al limpio manantial.

Oigo decir que Zorrilla no ha respetado en más de una ocasión la gramática. Pero ha respetado la belleza. Y aun sobre su decantada incorrección pudiera decir unas palabras. Si ustedes me lo permiten, las voy á decir.

Es mi creencia arraigada que los idiomas no se perfeccionan en las Academias, como el estado político de las naciones no progresa por la labor de las Cámaras altas. La tarea de unas y de otras es de conservación y resistencia: nada más. Los idiomas progresan por el impulso que les comunica un gran escritor ó por el nuevo aspecto en que los ofrece. Sin acudir á países extraños, donde hallaríamos grande copia de ejemplos, y ateniéndonos solamente al nuestro, consideremos que el más singular y glorioso de nuestros escritores, Miguel de Cervantes, ha sido quien abrió más amplios horizontes á la lengua, comunicándole el mayor grado de flexibilidad á que pudo aspirar jamás idioma alguno. Observemos de paso que Cervantes no está notado de escritor correcto y castizo, pues no tuvo inconveniente en aportar al castellano multitud de italianismos y galicismos. Asimismo es verdad que todos nuestros grandes escritores han trabajado sobre el patrio idioma, otorgándole cada cual su propia y peculiar fisonomía. Quevedo, Rivadeneira, Solís, el P. Isla, etc., han bordado primorosamente en el rico tapiz del habla castellana, llevando siempre un nuevo color á su exquisita urdimbre.

En tiempos más cercanos, ¿quién no recibirá deleite leyendo la prosa tersa y elegante de Jovellanos, ó los versos sonoros de Quintana, ó la acerada frase de Larra? Y no obstante, éstos, que serán siempre dechados del buen decir, no lo son de corrección y pureza.

Zorrilla ha prestado servicios eminentes al idioma. En sus obras adquirió el más alto grado de dulzura y armonía. Cuando hayan desaparecido los correctísimos escritores que tan duramente le zahieren por sus descuidos, y las obras donde han estampado sus relamidas frases hayan vuelto á la tierra de donde salieron, aún vivirá Zorrilla y sus canciones andarán en boca de los hombres.

Mas, á todo esto, todavía no he preguntado al poeta que me ocupa en qué ideales se inspira. Es extraño, muy extraño; mucho más extraño tratándose de un sujeto que lleva varios años de socio del Ateneo.

Iba á remediar mi falta, cuando me interrumpe una salva de bravos y palmadas. Los sabios aplauden desaforadamente _La siesta_. Mas ahora corresponde preguntar: ¿Cuál es el ideal de _La siesta_?

Opino como Zorrilla: dormirla con Rosa.

EPÍLOGO

Alguna vez le he vuelto á encontrar en las calles de Madrid, triste, cabizbajo y acompañado de López Bago.

El genio, vaya ó no vaya acompañado de López Bago, es digno de respeto.

Por eso yo, aunque lleve la derecha, me apresuro á dejarle la acera.

D. RAMÓN CAMPOAMOR