Part 7
PRUDENCIO (_Aparte a los dos._)—(Hacer caso _miso_ y esperarme en la taberna.)
LOS DOS.—Somos suyos... (_Saludan y se van._)
FELICIANA.—Pal gato. (_Saluda también muy fina._)
ESCENA VI
PRUDENCIO, FELICIANA, ACACIO _y el_ PARROQUIANO _que, después que lo afeitan, paga y se va_
PRUDENCIO.—¡Muy bonito! (_Con ira._) ¡Feliciana!
FELICIANA.—¿Qué hay? (_Rabiosa._)
PRUDENCIO.—¡Como trato social eres más repelente que una manga riega!
FELICIANA.—Mira, Prudencio, vamos a hablar con franqueza. ¿Tú necesitas las narices este invierno?
PRUDENCIO.—¡Quizás que sí!
FELICIANA.—Pues si no quieres desprenderte de ellas... ¡Ya me conoces! Hazme caso a mí y que acabe este desorden de casa; que acabe hoy mismo, ahora mismo, porque estoy decidía, cueste lo que cueste, a que no se lleve la trampa el peazo e pan que tenemos y a no perder por tus locuras dos hijos que me han costao muchas lágrimas y muchos dolores el criarlos. ¡Eso es!
PRUDENCIO.—Está bien. (Cualquiera le dice ahora lo del traspasito.) Bueno, ¿y todo eso, qué viene a ser poco más o menos?
FELICIANA.—Pues viene a ser que mañana vuelve Casildo a la imprenta y la chica en cá la modista. ¡Eso es!
PRUDENCIO.—Bueno, de modo que te ostinas en que ese monumento _taurómaca_...
FELICIANA.—¡Mentira! El chico no sirve pa torero.
PRUDENCIO.—¿Que no sirve? (_Con indignación._)
FELICIANA.—¡Qué va a servir; si está la pobre criatura de cornás que lo miras por la espalda y se le ve la corbata al trasluz!... ¿Y tú crees que he criao yo a mi hijo pa colador?
PRUDENCIO.—¿Y respetive a la Antoñita, qué?... ¿También es un guiñapo artístico?...
FELICIANA.—¡La Antoñita, peor!
PRUDENCIO.—Entonces dí, celebro oscuro, ¿pa qué le ha dao la naturaleza una voz a nuestra hija?
FELICIANA.—Pa que se calle y no _berrée_.
PRUDENCIO (_Frenético._)—¡Feliciana!
FELICIANA.—Loco, más que loco. No quieres tú a tus hijos más que yo los quiero. Pero el quererlos no es motivo pa que me ciegue y vea cosas que no son. ¿Que es fácil ser torero?... ¡Ese es tu error, Prudencio! Y no mires a los que han llegao porque Dios les dió ese don; mira a los infelices que, ciegos por la avaricia, mueren como perros en la cama de un hospital. Y por lo que toca a la chica, estás igualmente equivocao; porque una cosa es la gracia que hacen los hijos a los padres en el comedor de casa, y otra la que se necesita pa brillar en el mundo. Y sobre todo, que no, ¡vaya! ¡Que no me da la gana ver a mi hija en un tablao enseñando las carnes; porque mujer que se remangue más arriba de lo necesario pa no coger barro, será buena pal cromo de una caja e cerillas, pero no lo es pa su casa ni pa sus hijos! ¡Eso es!
PRUDENCIO.—¡Pero ven acá, mollera vacía! Si eso fuera así, ¿por qué me dicen tóos los parroquianos que hago bien?
FELICIANA.—Pues, porque personas que vienen pa un cuarto de hora y que encima te ven con una navaja en la mano, ¿pa qué te van a contrariar?
PRUDENCIO.—¡Razonas como una sandía!
FELICIANA.—Razono como una madre sensata y prudente.
PRUDENCIO.—¿Sí, eh?... Pues ahí va mi _ulti-matum_. Estoy cumpliendo mi deber y argumentarme en contrario es como tomar el caldo con tenedor. Y creo haberte dicho lo suficiente.
FELICIANA (_Con rabia._)—¿Es decir, que no cejas?
PRUDENCIO.—¿Cómo cejas? ¡Ni cejas ni narices!
FELICIANA.—¿Es decir que te empeñas?
PRUDENCIO.—¡Empeñao! ¡Mi hijo será diestro, mi hija divete! ¡Es mi misión!
FELICIANA.—¡Tu hijo será impresor, tu hija modista! ¡Es la mía!
PRUDENCIO.—¡Por estas te juro que no! (_Junta las manos._)
FELICIANA.—¡Por estas te juro que sí! (_Le imita._)
PRUDENCIO.—¡Hemos acabao! (_Desde la puerta. Vase foro._)
FELICIANA.—¡Usté lo pase bien! (_Con ira._)
ESCENA VII
FELICIANA _y_ ACACIO. _Luego,_ ANTOÑITA.
FELICIANA (_Desolada._)—¡Dios mío; pero es posible que ni reflexiones, ni amenazas, curen a este hombre de su ceguera!... ¿Y cómo voy a consentir yo que este loco, trastornao por el consejo de unos cuantos guasones, nos lleve a la miseria y a la perdición?... (_Llorando._) ¡Dios mío! ¡Dios mío! (_Se sienta junto al velador ocultando la cara con el pañuelo con que seca sus lágrimas._)
ACACIO (_Con pena._)—¡Pobre mujer!... ¡Y eso que no sabe la metá de la metá! ¡Qué dramas! ¡Amos, que yo no puedo ver esto! Una mujer traspasá por el dolor, una barbería traspasá por setecientas pesetas y un servidor traspasao... al arroyo en cuanto venga el otro amo. Si yo tuviese valor se lo relataba todo. Porque, ¿qué hago yo en la calle? Nada, que se lo digo. Allá voy. (_Acercándose y con voz temblorosa._) Se... se... señá Feliciana.
FELICIANA.—¿Qué te pasa?
ACACIO.—Que vaya, que quió que lo sepa usté todo; que el señor Prudencio, a espaldas de usté y con objeto de allegar recursos pa irse con la Antoñita a París, le ha traspasao al señor Román, (_Feliciana se levanta._) por setecientas pesetas, el presente salón con tóos los enseres, menos usté y yo, que seremos las vítimas.
FELICIANA (_Aterrada._)—¡Jesús! ¿Qué dices?
ACACIO.—Lo que usté oye, _ce_ por _be_.
FELICIANA.—¡Dios mío!... ¿pero es posible?
ACACIO.—_Ce_ por _be_. Se lo juro a usté por la memoria de mi santa madre que está en el pueblo.
FELICIANA (_Exaltadísima._)—¡Basta! ¡Te creo! ¡Ese loco es capaz de todo!... ¡Me temía esto! ¡Ay, si no puedo evitarlo, nos ha perdío pa siempre! (_Como tomando una resolución repentina._) ¡Acacio, la gorra, ponte la gorra!
ACACIO.—¿Y qué hago?
FELICIANA.—Ponte la gorra y vete corriendo a la ebanistería de mi hermano y le dices: Señor Leovigildo, de parte de la señá Feliciana que vaya usté a la barbería en seguida pa una cosa mu grave. Vuela.
ACACIO.—Comprendido. Un momento. (_Entra primera izquierda y sale en seguida._)
FELICIANA.—¡Quién sabe si todavía podremos evitar esta ruina! ¡Corre por Dios, Acacio! (_Vase Acacio foro._) ¡Virgen del Carmen! ¡Qué locura! ¡Ay, Dios mío, que yo no sé lo que me pasa! Pero güeno; no hay que amilanarse; pa estas ocasiones es el carácter. ¿Traspasar el salón, eh?... ¡Ni a pedazos, ni con el Juzgao, ni hecha harina me sacan de aquí! ¡Lo juro! Y en este mismo instante se han acabao los toreros y las divetes... pero pa siempre.
ANTOÑITA (_Dentro, cantando._)
Retírate por Dios, Pepito... Retírate por Dios, que grito...
FELICIANA (_Que se exalta más al oir a su hija._)—¡Sí, canta, canta... so gamberra! ¡Ya te daré yo a ti Pepito! (_Llamando._) ¡Antoñita! ¡Antoñita!
ANTOÑITA (_Dentro._)—¡Madre!
FELICIANA.—Ven aquí, sal.
ANTOÑITA.—Estoy ensayando.
FELICIANA.—Sal, rica, sal, que te voy a dar un _repaso_.
ANTOÑITA (_Saliendo._)—Oiga usté, madre, ya he cogido un cambio de tono pa darle más picardía, misté. (_Cantando._)
Retírate por Dios...
FELICIANA (_Furiosa._)—¡Retírate de mi vista o te desuello, so tunanta!
ANTOÑITA (_Huyendo atemorizada._)—¡Uy, por Dios! ¿pero qué es eso?
FELICIANA.—Que como te oiga yo rebuznar otra vez u me vuelvas a cantar un tango, es el último día de tu vida, ¡so bribona! ¡Y arza, ahora mismo a ponerte el mantón, que vas a volver en cá la modista!
ANTOÑITA (_Con espanto._)—¡Cómo en cá la modista!
FELICIANA.—¡Yo, yo te voy a llevar de una oreja! (_Todo esto con gran energía._)
ANTOÑITA.—¿Pero está usté loca? ¡Una _meso-soplano_ quitando hilvanes!... ¡En seguida!... ¡No señora; no, señora, y no, señora!
FELICIANA.—¡Ah, sí! ¿Y te vuelves contra mí? ¡Te voy a arrancar la piel, so tunanta, bribona, holgazana! (_Persiguiéndola furiosa._)
ANTOÑITA (_Huyendo asustada._)—¡Ay, ay, ay! ¡Casildo! (_A grandes voces._) ¡Padre! ¡Ay, que me quié pegar! ¡Casildo! ¡Casildo!
ESCENA VIII
DICHAS _y_ CASILDO _primera izquierda, interponiéndose entre las dos_
CASILDO (_Con solemnidad._)—¡Chits! ¡Quietuz!
FELICIANA.—¡La mato! (_Casildo la contiene._)
CASILDO.—¡Parsimonia! ¿Óbice de la reyerta?
ANTOÑITA.—Y tó por no quererse morir una iznorada en esta porquería de casa, entre pelos y navajas, ¡eso es!
FELICIANA.—¿Porquería, eh?... ¡Ya te daré yo a ti porquería!
CASILDO.—Señora madre... El libre albedrío de los hijos es tan respetable como la...
FELICIANA (_Rabiosa._)—¿Y qué has hecho tú del mantón que te llevaste anoche, so golfo? ¡Dilo, dilo en seguida!
CASILDO.—¡No entremezclemos!
FELICIANA.—¿Lo has empeñao, verdá? Lo mismo que los pendientes de la semana pasá y los juegos de cama de hace quince días... ¿Y pa eso quiés la turomaquia? Pa dejar tu casa sin un trapo y vengan borracheras y malas compañías y vagancia y perdición, ¿no es eso? Pues ea (_Sujetándole por la solapa._) ¡se acabó el toreo y mañana a la imprenta a ganarte honradamente una peseta! ¡Porque yo quiero! ¿Lo oyes? ¡Porque yo lo mando! (_Le zarandea._)
CASILDO.—¡Del dicho al hecho hay que tomar el tranvía!
FELICIANA (_Ya frenética._)—¡El tranvía! ¡Vaya, pues ahora mismo! ¡Ya me se ha llenado a mí el costal de ganas! (_Furiosísima._) ¡Lo vas a ver! (_De un tocador de la derecha coge unas tijeras._)
ANTOÑITA (_Atemorizada._)—¡Pero, madre!
CASILDO (_Con extrañeza y terror._)—Señora madre...
FELICIANA (_Frenética._)—¡Córtate esa coleta inmediatamente!
CASILDO (_Aterrado._)—¡Rediez! ¿Pero qué dice usté? ¿Que me ampute?...
FELICIANA.—¡Córtate esa coleta he dicho, o por la sangre de mis venas que te deshago, so granuja! ¡En seguida!
ANTOÑITA (_De rodillas, suplicante._)—¡Ay, madre, la coleta no!
CASILDO.—¡Que me suelte usté, que no!
FELICIANA.—¡Que no! ¡Yo te la cortaré, so vago, tunante, infame! (_En un arranque de fiereza le hace inclinarse contra el suelo y le corta la coleta de un tijeretazo._)
CASILDO (_Durante la lucha._)—¡No, madre! ¡Mi porvenir! ¡Por Dios!
FELICIANA (_Tirando la coleta al suelo después de cortársela._)—¡Así, fuera porquerías!
CASILDO.—¡Rediez! (_Tocándose la cabeza y en el colmo del terror._) ¡¡Me la ha cortao!!
ANTOÑITA (_Con horror._)—¡Se la ha cortao!
CASILDO (_Tirado en el suelo y dando un grito desgarrador._)—¡¡Padre!!
ESCENA IX
DICHOS _y_ PRUDENCIO
PRUDENCIO (_Entra corriendo asustado por los gritos._)—¿Qué pasa?
CASILDO (_Sentado en el suelo con desaliento y señalando la coleta._)—¡Me la ha cortao!
ANTOÑITA (_Señalándola también._)—¡De raíz!
PRUDENCIO (_Cogiéndola y con inmenso pavor._)—¿La coleta? ¿Quién?
FELICIANA (_Empuñando valientemente las tijeras._)—¡¡Yo!!
PRUDENCIO (_Aterrado._)—¡Ah! ¡¡Tú!! ¡¡¡Tú!!! ¿Pero tú sabes lo que has quitado de la cabeza a tu hijo, so imbécil?
FELICIANA.—¡Una tontería! (_Con desprecio._)
PRUDENCIO (_Frenético._)—¡Ea! ¡Esta bestialidad colma la medida! Y puesto que te opones bárbaramente a que tus hijos lleguen a la gloria que Dios les destina, me los llevo de aquí. ¡Nos vamos de esta casa! ¡No aguanto más!
ESCENA X
DICHOS, LEOVIGILDO _y_ ACACIO _de la calle_; PARROQUIANO 2.º
ACACIO (_Que entra corriendo._)—¡Aquí está, aquí está su hermano de usted!
FELICIANA.—Leovigildo, Leovigildo, ven, escucha...
LEOVIGILDO (_Entrando._)—Lo sé todo. Silencio. Me lo ha contao Acacio en el camino. (_A Prudencio._) ¿Pero, qué has hecho, so insensato? ¿Pero es de veras que has traspasao la barbería?
PRUDENCIO.—¡Sí, señor! ¡La he traspasao porque estoy cumpliendo un sacrosanto deber! (_Enseñándole la coleta._) ¡En cambio, mira la mutilación bárbara que le ha hecho ese cernícalo a este monumento! (_Enseñándole la cabeza de Casildo._)
LEOVIGILDO.—¿Y le llamas monumento a una cebolleta?
ANTOÑITA.—¡La cebolleta lo será usté!
CASILDO.—¿Qué dirá el Ciruqui? (_Con voz llorosa._)
LEOVIGILDO.—¡Prudencio, vuelve en ti, reflexiona!
PRUDENCIO.—No tengo na que reflexionar. Nos vamos de esta casa. Estoy decidido.
ANTOÑITA.—Sí, señor; vámonos.
CASILDO.—Nos vamos.
FELICIANA (_A Leovigildo._)—¿Pero estás oyendo?
PRUDENCIO.—Y conste, que te echarán de la barbería.
FELICIANA (_Con furia._)—¡No hay quién!
LEOVIGILDO.—No la echarán, porque yo desharé el traspaso devolviendo al señor Román las setecientas pesetas.
PRUDENCIO.—Haz lo que gustes. Mandaremos por la ropa. ¡Hijos míos, la gloria nos llama! Yo os llevaré a ella. Vámonos de aquí.
ANTOÑITA.—¡Madre, no sea usté tonta y véngase usté a la gloria!
FELICIANA.—¡Prudencio, por Dios, mira lo que haces!... ¡Mira que si sales por esa puerta!...
PRUDENCIO.—¡Es mi deber! ¡Adiós pa siempre!
ANTOÑITA.—¡Adiós, madre!
CASILDO.—¡Qué dirá el Ciruqui! (_Vanse los tres foro._)
FELICIANA (_Llamándolos acongojada._)—¡Prudencio!... ¡Hijos!
LEOVIGILDO (_Sujetándola._)—¡Quieta!
FELICIANA (_Llorando amargamente._)—Pero, ¡si se van!
LEOVIGILDO (_Con energía._)—¡Deja que se vayan! ¡Muérdete el corazón, pero tú aquí, a conservar la libreta! ¡Es tu deber serio y honrao! ¡Que se vayan! Pué que sea mejor; así probarán dónde está la verdá, si en las ilusiones tontas, o en el trabajo humilde y verdadero. ¡Y poquitas lágrimas!
FELICIANA.—Es verdá. Tiés razón. Ellos lo quieren; ¡que Dios los ampare! (_Sin dejar de sollozar._)
PARROQUIANO 2.º (_Entrando._)—¿Me pueden afeitar?
FELICIANA.—Sí, señor. Acacio, afeita a este caballero.
ACACIO.—Pase aquí. (_El Parroquiano se sienta en el tocador de la izquierda y Acacio le afeita._)
LEOVIGILDO.—Y tú, a tu trabajo, como si tal cosa. Voy a hablar con el señor Román. Vuelvo en seguida.
FELICIANA.—Gracias, Leovigildo. Pero, ¡esos hijos!... ¡ingratos!... ¡sin mí!... (_Llorando._)
LEOVIGILDO.—Adentro, a lo tuyo, y calma. (_La lleva hasta primera izquierda._) ¡Hasta luego! (_Vase foro. Acacio queda afeitando al parroquiano y limpiándose las lágrimas.—Cae el telón pausadamente._)
_Empieza un preludio en la orquesta, y al terminar el motivo del tango, se levanta la cortina y aparece un telón blanco, y, pegado en él, un gran cartel de color que dirá_:
SALÓN MADRILEÑO
Debut sensacional en la cuarta función
LA BELLA ANTOÑITA
mono-cuple tanguista
NUEVA ESTRELLA
No faltéis
_Al terminar el preludio, se alza el telón del anuncio y aparece el_
CUADRO SEGUNDO
La escena representa el escenario de un salón «Music-Hall» visto de costado. El telón de boca del supuesto escenario figura estar al lado izquierdo del verdadero, ocupando desde la segunda caja hasta el foro, y, por consecuencia, el foro simulado ocupa iguales términos a la derecha. Los bastidores de este escenario se verán de canto, ocupando el centro de la escena, a distancias simétricas y con varales de luz tras ellos. En primer término, a la izquierda y cerca del supuesto telón, la taquilla de la luz eléctrica. A la derecha una puerta practicable, que se supone da a un pasillo, con cuartos de artistas. La decoración supuesta será una selva.
ESCENA PRIMERA
_Al hacerse la mutación aparecen dos o tres_ CARPINTEROS _acabando de colocar la decoración. El_ ELECTRICISTA 2.º _colocando bombillas de luz en los varales. El_ ELECTRICISTA 1.º _manipulando en la taquilla de la luz._ RODRÍGUEZ, _representante de la empresa, mirando por el agujero del telón._
CARPINTERO 1.º (_A los otros._)—¡Amos, rediez, que sus dormís! (_Mirando hacia las bambalinas y con voz más fuerte._) Manolo, pon el foro.
UNA VOZ (_Desde arriba._)—¿El japonés?
CARPINTERO 1.º—No, hombre, la selva. (_Cae desde arriba un telón que ventea el Carpintero 1.º, colocándolo en su sitio._)
ELECTRICISTA 2.º (_Al primero._)—¿Qué luz se le da a la debutanta?
ELECTRICISTA 1.º—P’al tango dicen que la demos el rojo; pa los _coplés_ la daremos el verde.
ELECTRICISTA 2.º—Pues prueba a ver.
ELECTRICISTA 1.º (_Dando luz verde._)—¿Va?
ELECTRICISTA 2.º—Sí, apaga. (_Se apaga la luz verde._)
ESCENA II
DICHOS _y_ EMPRESARIO, _que sale primera derecha_
EMPRESARIO (_Con acento catalán._)—“¡Rodrígues! ¡Rodrígues!”
RODRÍGUEZ (_Deja de mirar por el telón. Habla con acento andaluz._)—¿Qué quié osté?
EMPRESARIO.—Oiga, miri, que se dé la entrada a escape y curriendo, ¿sabe? ¡Que vamos con una mica de retraso y me tengo al ispetor detrás de las urejas!
RODRÍGUEZ.—Oiga osté, ¿y qué tar de gente, don Manué?
EMPRESARIO.—Va a haber un llenaso de bote en bote. Pero miri, no es estraño: cuarta sesión y debut... ¡as claro!
RODRÍGUEZ.—Y qué, ¿ha visto osté vestía a esa niña?
EMPRESARIO.—Ahora vengo de su _camarino_, y qué quiere que le diga, como mona es mona.
RODRÍGUEZ.—Pero oiga osté, que yo la he visto ensayar esta tarde y... (_Gestos de duda._)
EMPRESARIO.—Miri, miri, déjese de cuentos; el caso es que da un lleno, que es lo que se buscaba, y si la matan que la maten, ¿sabe? A nosotros, ¿qué?
RODRÍGUEZ.—En eso tié osté rasón.
EMPRESARIO.—Lu que se busca, y nada más... ¡hombre! Ande, avise.
RODRÍGUEZ.—Voy allá. (_Vase primera derecha._)
EMPRESARIO (_Al Carpintero_ 1.º)—¿Está todo listo?
CARPINTERO 1.º—Todo, sí, señor. (_Vase el empresario por el foro. Suena fuera un timbre eléctrico._)
ESCENA III
POLINIO _y_ PRUDENCIO
POLINIO (_Sacando casi en brazos a Prudencio._)—¡Vamos, hombre! ¡Pero no te pongas así! ¿Pero qué te pasa?
PRUDENCIO (_Temblando de miedo y con voz acongojada._)—¡Ay, Polinio! ¿Que qué me pasa?... ¡Pues que a medida que va llegando la hora del debut de mi hija, me se está poniendo un amargor de boca, y tengo un vacío de estómago que me muero! ¡Mira cómo tiemblo!
POLINIO.—¿Pero hombre, qué has hecho de aquellos bríos?
PRUDENCIO.—¡Ay, no sé, no sé! ¡Ay, Polinio de mi alma, oye! ¿Tú crees en serio que gustará la chica?
POLINIO.—¡Pues no ha de gustar! La chica es un asombro de gracia. ¿Qué digo un asombro? ¡un aspaviento!
PRUDENCIO (_Con voz entrecortada._)—¡Ay, Polinio, no te choque esta emoción! Tú no sabes lo que es ver a una celebridad y decir: ¡eso es un engendro mío!
POLINIO.—¡Me lo explico! Y además que comprendo tu miedo; porque si por una de esas cosas, que no lo mande Dios, la chica no gustase...
PRUDENCIO.—¡Calla, hombre! (_Aterrado y nervioso le da un puñetazo._)
POLINIO.—¡No, si hablo en _pletérito!_ ¡Calcúlate tu situación! Sin dinero y sin barbería; porque aunque tu mujer siga con ella, con la Feliciana no hay que contar.
PRUDENCIO.—¡Como que ayer me la encontré, me miró el saqué, se echó a reir y me volvió la cara!... ¡figúrate! (_Se oye un gran rumor detrás del supuesto telón, rumor que remeda con la mayor exactitud al del público cuando invade un teatro: escúchanse entre el natural vocerío estas frases:_ ¡Acomodador... a ver mi asiento!—¡Caramelos y bombones!—¡El _Heraldo_!... _Sin cesar en absoluto, se atenúan los rumores del público supuesto, para que no se pierda el diálogo._) ¡Ay! ¿oyes? ¿qué ruido es ese? ¿qué pasará? ¿qué es? (_Impaciente._)
POLINIO.—Voy a ver. (_Se acerca, mira por el agujero del telón y dice con mucha alegría._) ¡La gente, la gente que entra!... ¡Ya están entrando!
PRUDENCIO (_Asustado y tembloroso._)—¿Entran ya? ¡Ay! ¡ay, qué emoción!
POLINIO (_Que sigue mirando._)—¡Y qué buen público! ¡Va a estar lleno!
PRUDENCIO.—¡Ay! ¡Aquí quisiá yo ver a la Feliciana, a ese ser egoísta y bárbaro, que estará a estas horas roncando en su cama muy tranquila! ¡Ay, qué temblor! ¡Ay, que no creí que era esto tan emocionante! (_Se escuchan bastoneos y muestras de impaciencia en el público._) ¡Oye!... (_Los dos atienden._) ¿Qué pasa ahora?
POLINIO.—¡Que se cansan de esperar! ¡Como no empiezan!
PRUDENCIO.—¡Ay, pues que empiecen, que empiecen!... (_Muy nervioso, y recorriendo el escenario dice a grandes voces._) ¡Que empiecen! ¡Que empiecen!
POLINIO (_Conteniéndolo._)—¡Calla, hombre!
ESCENA IV
DICHOS _y_ RODRÍGUEZ; _luego_ ANTOÑITA; _después_ EMPRESARIO _y luego el_ INSPECTOR; _por último,_ TRIANÓN
RODRÍGUEZ (_Saliendo. A Prudencio._)—¿Y la Antoñita?
PRUDENCIO.—¡Ya debe estar; ya debe estar vestida!
RODRÍGUEZ.—¡Voy a avisarla, que empieza ella! (_Acercándose a la puerta derecha._) ¡Antoñita! ¡Antoñita! (_Llamando a voces._)
ANTOÑITA (_Dentro._)—¡Voy, voy en seguida!
PRUDENCIO.—¡Ay, Polinio, llegó el momento! ¿Qué será de nosotros?
POLINIO.—¡Ánimo, Prudencio! ¡El porvenir es tuyo!
RODRÍGUEZ (_Asomándose por el agujero del telón._)—¡Molina, la sinfonía! (_Se oye a poco un vals al piano. Antoñita sale por la puerta de la derecha, vestida de “coupletista”, con un traje corto, verde y rosa, de muy mal gusto; lleva muchas flores en la cabeza; saca en la mano un sombrero cordobés. Viene radiante de alegría._)
ANTOÑITA.—¡Ya estoy! ¿qué les paece a ustedes el trajecito? (_Contoneándose muy satisfecha._)
POLINIO.—¡Precioso! ¡Una monada! ¡Una divinidaz!...
PRUDENCIO.—Oye, ¿no será demasiao verde pal público?
ANTOÑITA (_Enfadada por la observación._)—¡Qué va a ser! ¿Usté qué sabe? ¡Ya verá usté en cuanto me vean qué murmullo! ¡_Pal_ teatro cosas vivas! ¡En vestir las voy a dejar a todas así!... (_Empequeñecidas._)
PRUDENCIO.—Sí, hija; si pué que tengas razón. Pero yo es que ya no veo de miedo. ¡Mira qué temblor! (_Enseñándole la mano temblorosa._)
ANTOÑITA (_Enfadada._)—¡Caramba, padre! ¡pero qué pesao está usté con el miedo! ¡Jesús! que lo tuviese yo, güeno; ¿pero usté?... ¡Si sabré yo lo que va a pasar! ¡Un delirio en cuanto me vean y me oigan! y es que lo mismo me se da a mí del público este que del del Real, que el de cualsiquier lao. La cuestión pa gustar es atractivo, y desenvoltura, y cosas modernistas... ¡y déjeme usté a mí!... ¿Que todas saludan de esta manera? (_Hace un saludo vulgar._) ¡Pues yo así!... (_Hace un saludo raro moviendo la cabeza hacia la izquierda muy rápidamente y con una sonrisa más rara que el saludo todavía._) ¡que tié más novedad! ¡y con esto y dos o tres ademanes que ha estudiao una servidora, el público en el bolsillo de una servidora!... ¡Va usté a verlo!
POLINIO (_Con entusiasmo._)—¿Pero no te animas de oirla?
PRUDENCIO.—No; si yo también estoy seguro... pero... vaya... es que...
ANTOÑITA.—¡Paece mentira! ¡Dudar de mí!... ¡Si gusto, como gustaré, no le vuelvo a mirar a usté a la cara!... ¡Merecía usté tener una hija tonta!
RODRÍGUEZ (_Acercándose._)—¡Prevenida Antoñita!
ANTOÑITA (_Preparándose._)—¡Venga ya! (_Acercándose a la primera caja._)
RODRÍGUEZ.—¡Arriba el telón! (_Sube el telón y se llena de luz el escenario._)
PRUDENCIO (_Casi llorando._)—¡Ay, cómo me ha herido esa luz! ¡Hija mía, Dios te bendiga!
POLINIO (_A Antoñita._)—¡Ánimo!
ANTOÑITA.—¡Me sobra! (_Con indiferencia._)
RODRÍGUEZ.—¡Fuera! (_Antoñita sale a escena, saluda y se oye un aplauso prolongado. Los personajes que están en escena y dos o tres tramoyistas quedan entre cajas de topes y arrojes mirando a Antoñita._)
POLINIO.—¿Lo ves? (_Con viva satisfacción y abrazando a Prudencio._)
ANTOÑITA (_Desde escena, sonriendo a su padre con disimulo._)—¿Ve usté el efecto del saludo?
PRUDENCIO.—¡Qué aplauso! (_Muy alegre._)
RODRÍGUEZ.—¡Tenemos una gran _clac_! (_Prudencio, indignado, le da un cogotazo. El piano deja oir un tango y Antoñita empieza a bailarlo muy mal y con ademanes raros; se pone el cordobés y se le cae en dos ocasiones. Se oyen en el público risas prolongadas._)
PRUDENCIO (_Con angustia._)—¡Ay, paece que se ríen! ¿Qué será?... ¿Qué es?... ¿Qué es?... ¿Qué es?...
RODRÍGUEZ.—No sé... ¡voy a ver! (_Vase a mirar por detrás del foro._)
POLINIO.—¡Nada, que se conoce que hace gracia, que gusta!... ¡Que les ha chocao lo del sombrero! (_Se acentúan las risas en el público y se escuchan toses burlonas._)
PRUDENCIO.—¡Ay, Polinio, que paece pitorreo! (_Lo dice muy azorado._)
POLINIO.—¡No, hombre, qué va a ser!
ANTOÑITA (_Sin dejar de bailar se acerca a la caja donde está su padre, y al dar una vuelta, dice muy rápidamente y con cara de angustia que trueca en seguida en el gesto sonriente que pone constantemente al público._)—¡Se me ha desatao una cinta! (_Habla con gran rapidez._)
PRUDENCIO.—¡Recontra! (_Aterrado. A Antoñita._) ¿Salgo a atártela?
POLINIO (_Sujetándole._)—¡No por Dios! ¿Dónde vas? (_Siguen en el público las toses y las risas._)
PRUDENCIO.—¡Que se esperen un poco y ven y te la ato!
ANTOÑITA (_Que baila ya azoradísima._)—¡No sé de dónde es!
UNA VOZ (_En el público._)—Pero, ¿quién te ha vestido?
PRUDENCIO.—¡No sigas!... ¡Ven, ven, Antoñita!
POLINIO.—¡Calla, hombre, calla, por Dios! ¡Que la azaras!
ANTOÑITA (_Sin dejar de bailar._)—¡Y me se está cayendo una liga!
PRUDENCIO.—¡Dios mío!
UNA VOZ (_Atiplada, del público._)—¡Pero si eso es una niñera!
OTRA VOZ.—¡Asaura!
VOCES.—¡Callarse!
OTRAS.—¡Fuera la _clac_! (_Siguen rumores fuera._)