Sainetes

Part 6

Chapter 63,736 wordsPublic domain

LUCILA.—¡Qué palabras! Lo que no dicen los ojos al mirar y las acciones buenas, ¿cómo lo van a decir los labios? Y ese hombre, no ha reparao en ello ni pa agradecérmelo. Y yo callando y sufriendo le he visto irse con otra. Llorar y reir por ella; y en mis ratos de desesperación lo he pensao tóo, tóo... ¡Menos matarlo!... porque él no tenía la culpa. El cariño lo escoge el corazón libremente y se quiere lo que se quiere, bueno o malo, sin saber por qué. Y por amor, Serafín, se sufre, como yo he sufrido; se llora, como yo lloro... ¡pero no se mata! (_Llora._) ¡No se mata!

SERAFÍN.—¡Lucila!

ESCENA V

DICHOS, SEÑOR BALBINO; _luego_ VALERIANO _y_ CARMEN

BALBINO (_Saliendo y poniendo la mano en el hombro de Serafín._)—Y sabes...

SERAFÍN (_Sorprendido._)—¡Tío Balbino!

LUCILA.—¡Padre!

BALBINO.—¿Y sabes quién es el sujeto que ha matao la alegría de esa creatura?

SERAFÍN.—¿Quién?

BALBINO.—¡Tú!

SERAFÍN.—¿Yo?

BALBINO.—¡Tú!

LUCILA.—¡Padre, por Dios!

BALBINO.—¡Me da la gana decirlo! No está la nochecita pa miramientos; conque trae esa navaja, (_Se la quita del bolsillo._) y arrea pa tu casa.

SERAFÍN (_Resistiéndose._)—¡Tío!

BALBINO (_Amenazador._)—Y cállate, si no quiés llevarte el melón en rajas; que lo menos que podemos pedirte es que sufras tú por esa, lo que ésta ha sufrido por ti, ¡conque andando!

SERAFÍN.—¡Es que me llamarán cobarde!

BALBINO.—Te aguantas. ¡Más vale paecer cobarde que ser asesino de mujeres! ¡Esa sí que es cobardía!... Y además, mira... (_Aparecen en el fondo Carmen y Valeriano, cogidos del brazo muy juntos, hablándose amorosamente al oído. Quedan parados._)

SERAFÍN.—¡Ellos!

BALBINO.—¡Ellos!... ¿Y ves ese cariño que es pa otro? ¡Pues ese no sería pa ti ni a navajazos! Conque ¿a qué pelear?...

SERAFÍN.—¡Sí... tié usté razón!... ¡Tié usté razón!... ¡Adiós!... ¿Por qué... por qué no me habrá querido? (_Vase rápidamente frotándose los ojos._)

LUCILA (_Con amargura infinita. Abrazando a su padre._)—¡Así, Serafín, así es como se quiere!... ¡Ay, padre, cuántas veces he dicho yo esas mismas palabras!; ¿por qué... por qué no me habrá querido?

(_Se escucha en el merendero la voz del Cantador que canta_:)

¡Es la penita más grande querer y que no te quieran; quien quiere sin esperanza conoce la _pena negra_!

(_Cae pausadamente el telón, mientras cantan la copla._)

FIN DEL SAINETE

LAS ESTRELLAS

PERSONAJES

ANTOÑITA SEÑÁ FELICIANA UNA TIPLE LA TRIANÓN SEÑOR PRUDENCIO CASILDO POLINIO SEÑOR PEPE EL CARPANTA ACACIO LEOVIGILDO SEÑOR MÁXIMO EL CIRUQUI EL REPOLLO CHICO PARROQUIANO 1.º EL EMPRESARIO RODRÍGUEZ UN SERENO UN INSPECTOR UN CAFETERO AMBULANTE ELECTRICISTA 1.º ÍDEM 2.º UN CARPINTERO UN TRAMOYISTA PARROQUIANO 2.º

LA ACCIÓN EN MADRID.—ÉPOCA ACTUAL

ACTO ÚNICO

CUADRO PRIMERO

Salón modesto, en planta baja, de una barbería. Al foro puerta vidriera de dos hojas que da a la calle. En la pared del fondo, a los lados de la puerta, perchas de hierro. En la lateral derecha, en primero y segundo término, adosadas a la pared, anchas repisas de madera imitando mármol, llenas de útiles para el servicio de peluquería; sobre las repisas espejos grandes con marco negro, y ante ellas sillones de rejilla de los que se usan en estos establecimientos. En la lateral izquierda, en primer término, una puerta practicable cubierta por un portier de reps; y en segundo término otro servicio de peluquería igual en absoluto a los de la derecha. En el centro de la habitación un velador sobre el cual habrá periódicos y cepillos. Algunas sillas de rejilla estarán próximas al velador y otras distribuídas convenientemente por el salón. Es de día.

ESCENA PRIMERA

_Al levantarse el telón aparecen el_ SEÑOR PRUDENCIO _afeitando al_ SEÑOR MÁXIMO, _guardia de Orden público, cuyo sable y cuya teresiana estarán colgados en la percha de la derecha._ ACACIO, _aprendiz de la barbería, vestido con su blusa larga se halla sentado junto al velador leyendo un periódico._

PRUDENCIO (_Afeitando._)—Pues nada, créame usté a mí, señor Máximo, usté será todo lo de orden público que guste—sírvase de inflar el izquierdo (_El señor Máximo infla el carrillo izquierdo._)—; pero yo lo que repito es que no siendo el que yo le digo, pa la política española no hay otro remedio.

MÁXIMO (_Quejándose._)—¡Ay!

PRUDENCIO.—¿Cuálo?

MÁXIMO.—Oye, ¿hay otra navaja? Porque ¡camará! esa paece que la has afilao en el fregadero.

PRUDENCIO.—¡Hombre, pues precisamente es la joya de la casa!

MÁXIMO.—¡Mecachis en la joya! Pues guárdala pa cuando venga el ispetor de la Latina, le afeitas con ella y pué que le hagas un favor.

PRUDENCIO.—¿Por qué?

MÁXIMO.—¡Porque quié que lo trasladen al Hospital!

PRUDENCIO.—¡Exagere usté una miaja! (_Mira el reloj._) ¡Recontra, las once y cuarto y esos dos sin venir! ¡Qué habrá pasao! ¡Estoy de nervioso que no sé cómo no he degollao a este hombre! (_Llamando._) ¡Acacio!

ACACIO.—¿Mande usté?

PRUDENCIO.—Oye, ponte a la puerta y mira a ver si vienen el señor Polinio y el señor Pepe el Carpanta, que tardan y tengo el alma en un hilo.

ACACIO.—Güeno. (_Sale a la puerta y mira a ambos lados de la calle. El señor Máximo, durante los anteriores apartes, se ha secado la cara que le habrá lavado Prudencio y se mira al espejo._)

PRUDENCIO (_Cogiendo el pulverizador._)—¿Refrescamos con colonia?

MÁXIMO.—No, no quiero eso.

PRUDENCIO.—¡Hombre lo siento!

MÁXIMO.—¿Por qué?

PRUDENCIO.—Porque me quita usté la única satisfacción que puedo tener como republicano: pulverizar a un guardia de orden público. (_Peinándole._)

MÁXIMO.—¡Guasón! Lo que he notao es que me has hecho dos cortecitos mu decentes.

PRUDENCIO.—Señor Máximo, no le choque a usté; ¡me ha pillao usté en un día terrible de nervioso que estoy!

MÁXIMO.—¿Pues qué te pasa?

PRUDENCIO (_Quitándole el paño, sacudiéndolo y doblándolo._)—¿Que qué me pasa? (_Máximo se levanta y se cepilla._) ¡Pues que hoy... (_Con voz conmovida y misteriosa._) pué ser un día célebre pa mí! Que estoy esperando un recao que, de serme favorable, si el mes que viene está usté franco un día y quié usté honrarme con su amistad, se viene usté a mi hotel...

MÁXIMO (_Queda inmóvil con la pierna derecha en alto y asombradísimo._)—¡Arrea!

PRUDENCIO.—Que ya le daré a usté las señas, y nos damos un paseo en mi _automóvil_, que ya le diré al _Chufer_ que no corra.

MÁXIMO.—Pero, ¡oye tú! ¿es que te ha caído la lotería? (_Se pone la teresiana y el sable._)

PRUDENCIO.—¡Mejor!... Sino que, hoy por hoy, no puedo ser más explicativo. ¡Y lo dicho, dicho!

MÁXIMO (_Con cara de asombro._)—¡Chico, me dejas parao!

PRUDENCIO.—Sabía que le iba a dejar a usté parao, pero como usté es guardia, ya tié costumbre.

MÁXIMO.—Pues na, que sea como lo dices. (_Le paga el afeitado._)

PRUDENCIO.—Gracias, señor Máximo.

MÁXIMO (_Marchándose y mirando con recelo a Prudencio._)—¡Hotel!... ¡Chufer!... ¡Este está mochales!... (_Vase foro._)

PRUDENCIO.—¡El infeliz se va creyendo que estoy loco! ¡Mísero agente! (_Guarda el dinero en el cajón._)

ACACIO (_Desde la puerta._)—¡Por fin! ¡El señor Polinio y el señor Pepe vienen!

PRUDENCIO (_Respirando con satisfacción._)—¡Ay, gracias a Dios! ¡Me devora la impaciencia! (_Sale a su encuentro._)

ESCENA II

DICHOS, POLINIO _y el_ SEÑOR PEPE EL CARPANTA, _por el foro_

POLINIO.—¡Hola!

PEPE.—¡Ya estamos aquí! (_Entran corriendo y muy alegres._)

PRUDENCIO.—¡Pasar... pasar!

POLINIO.—¿No está tu mujer?

PRUDENCIO.—No. ¡Os anhelaba, como el hambriento a una fuente!

PEPE.—¡Será el sediento, hombre!...

PRUDENCIO.—Yo me refería a una fuente de chuletas. ¿Qué hay? (_Con impaciencia._)

POLINIO (_Con alegría._)—¡Hecho el negocio!

PRUDENCIO (_En el colmo de la satisfacción._)—¿Hecho?... ¡Venga un abrazo, y cuarenta, y ciento! (_Se abrazan efusivamente._)

PEPE.—¡Aprieta! ¡Ya eres feliz!

PRUDENCIO.—¿No han puesto dificultad?

POLINIO.—_Denguna_. El señor Román _aceta_ el traspaso de esta barbería por setecientas pesetas.

ACACIO (_Que está escuchando, en segundo término, con asombro._)—¡Recontra! ¿Qué dicen?

PEPE.—Dentro de un rato nos esperan en la taberna pa entregarte el dinero, y que firmes la escritura.

PRUDENCIO.—¡Gracias, gracias! ¡me habéis hecho hombre! (_Vuelven a abrazarse._)

ACACIO (_Aparte._)—¡Qué barbaridad! ¡Ha traspasao la barbería! ¡Ay, en cuanto lo sepa la señá Feliciana!

POLINIO.—Güeno, y una vez ultimao el asunto, me paece que ya es hora de que me confíes tus proyectos y me digas el por qué del traspaso del Salón, _ecetra_, _ecetra_, porque el señor Pepe no me lo ha querido revelar.

PEPE.—Era la _consina_, hasta que estuviese hecho.

PRUDENCIO.—Es verdá; pero ahora nada más justo. ¿Se lo revelo todo?

PEPE.—Revélaselo.

PRUDENCIO.—Pues mira, Polinio, Dios le da a cá uno la fortuna, en una forma diferente; y a mí me la dao con mis dos hijos, la Antoñita y Casildo. Con la Antoñita, porque el día que esa criatura debute en un teatro como _mono-cuplé-tanguista_, la Otero va a tener que tostar cañamones, si quié atender a su susistencia.

PEPE (_Asintiendo._)—¡Acordes!

PRUDENCIO.—Y con mi Casildo, porque recortando capote al brazo y metiendo el hombro a la hora suprema, el _Frascuelo_ era una pastilla de clorato comparao con él.

PEPE.—¡Acordísimos!

PRUDENCIO.—Pus, güeno; (_Con tono iracundo._) mi mujer, la Feliciana, celebro oscuro que no tié más horizontes que la boca del puchero, al ver que he sacao a la chica den _cá_ la modista, y al chico de la imprenta _pa_ atender a su educación artística, se ha empeñao en decirme que estoy loco y que esto va a ser nuestra ruina. ¿Será tozuda?

POLINIO.—¿Pero tú no te achicarás?

PRUDENCIO (_Con exaltación creciente._)—¿Yo achicarme? Si Dios echa al mundo una horná de celebridades, y en esa horná metes la _Patti_ y metes _El Gordito_, y me tocan a mí en clase de hijos, dicho se está que coger ambas _estrellas_ y _prostergarlas_ en el antro de una barbería, ¡sería un crimen, que un padre como yo, no comete!

POLINIO.—¡Bien hecho!

PEPE.—Y en esto—y perdona que ataje tu palabra honrada—surjo yo con mi ejemplo. Yo era un ser vago y errante que vendía por esas calles _chuletas de huerta_, y que tenía una chiquilla que andaba galocheando por ahí con ramitos de violetas; pues, güeno; de la noche a la mañana, me se evadió mi hija a París, con su madre, contratá con una _troupe_ pa bailes españoles, ayer hizo tres meses; y de una renacuaja vestía con un pinguito de falda y una criba de mantón, fíjese usté en la _metramórfosis_. El jueves me lo mandó. (_Le enseña un retrato._)

PRUDENCIO.—Fíjate en el retratito. ¡Mira eso!

POLINIO.—¡Camará, bonita es, pero va casi en cueros!

PEPE.—Hay que azvertir que apenas ha tenío tiempo de hacerse ropa.

POLINIO.—¡Ya, ya! ¿Y dice usté que aquí llevaba una faldita?

PEPE.—¡Una vergüenza!

POLINIO.—¡Pues se conoce que la ha perdido!

PEPE.—Pues güeno, desde que se fué que me he dejao las patatas y vivo de guagua, ¡porque no hay mes que no me mande de ciento cincuenta a doscientos _franques_ oro!

PRUDENCIO.—Se conoce que lo que se ahorra en ropa pa ti.

PEPE.—Por eso le he aconsejao a éste que lo venda tóo, que se deje de esta porquería de España, que emigre con su hija a París como yo, que me voy pasao mañana, y a la vuelta de un par de años regresamos del extranjero, y ¿usté sabe esos solares de la _cae_ de Lista, pasao un estanco que hay? ¡Nuestros hoteles!

POLINIO.—¿Usté dice donde la tienda-asilo?

PEPE.—¡En la acera de enfrente!

PRUDENCIO (_Exaltado._)—¡Y yo, Polinio, deslumbrao por este ejemplo, te aseguro que es inútil que me _graznen_ lo que quieran! Busco el aplauso, la fortuna, la gloria de mis hijos... ¡y aunque la persona que se oponga a ello me haga escabeche, mi último cuarto de kilo se saldrá del barril pa cumplimentar esta sacrosanta misión!

PEPE (_Entusiasmado._)—¡Eres un varonil!

PRUDENCIO (_Con energía._)—¡Soy un padre!

PEPE (_Viendo aparecer a Casildo._)—¡Chits, callarse!

ESCENA III

DICHOS _y_ CASILDO _puerta foro_

CASILDO (_Saludando con la mano desde la puerta._)—¡_Saluz_!

PRUDENCIO (_Radiante de satisfacción._)—¡Mirarle! ¡Mi Casildo! ¡Ahí lo tenéis! ¡Ese es el monumento _taurómaca_ más grande del porvenir!

PEPE.—¡Hola, pollo!

POLINIO.—¡Adiós, pollo!

PEPE.—¿Cómo estás, pollo? (_Casildo no contesta._)

PRUDENCIO.—¡Me se cae la baba! (_Casildo después de saludar parsimoniosamente a lo torero, con la mano, se acerca a un espejo, se atusa los tufos con un cepillo y vuelve a ponerse el sombrero con coquetería, estirándose la chaquetilla. Carpanta, al ver que Casildo no contesta, dice con voz más alta._)

PEPE.—¿Que cómo estás? (_Sigue el silencio._) (Este monumento es bastante mal educao.)

PRUDENCIO (_Sonriendo._)—No te ha oído. Estas notabilidades son así, chico; ¡no se fijan en na! (_Acercándose a su hijo._) ¿De aonde vienes, hijo mío?

CASILDO (_Con tono desdeñoso y sin mirar a su padre._)—Del mundo.

PRUDENCIO (_Sonriente y muy complacido._)—¡Qué manera de contestar! ¿eh?

POLINIO.—¿Ha madrugao?

PRUDENCIO (_Con asombro._)—¿Madrugar esa personalidaz? Que se marchó anoche a las diez y viene ahora. (_Aparte y sonriendo a los dos._) (¡Las mujeres que se lo rifan!)

POLINIO.—¡Ya, ya!

PRUDENCIO (_A Casildo._)—¿Vas a acostarte, hijo?

CASILDO.—¡Clarinete!

PRUDENCIO.—¡Oye, qué gracia! ¿Habéis oído? ¡Clarinete!

CASILDO (_A Prudencio. Secamente y sin mirarle._)—La petaca.

PRUDENCIO (_Dándosela._)—Toma, hijo mío.

CASILDO (_La vacía, se guarda los cigarros y la tira con desprecio sobre el velador._)—Cerillas.

PRUDENCIO (_Le da una caja._)—¡Ahí van!

CASILDO (_Se guarda la caja._)—¡Que no me se despierte hasta que yo avise! (_Saluda con la mano y se va contoneándose primera izquierda._)

PRUDENCIO (_Siguiéndole hasta la puerta._)—No tengas miedo. ¡Ah, oye! Ciérrate por dentro, no te sorprenda tu mamá en el primer sueño.

POLINIO.—¿Por qué le dices eso?

PRUDENCIO (_Sonriendo._)—¡Por na! ¡Que anoche se le llevó un mantón a su madre y se conoce que lo ha empeñao!

PEPE.—¡Angelito! ¡Qué monada de criatura! (_Riendo._)

PRUDENCIO.—Y como la Feliciana no reflexiona que a estas grandes figuras hay que aguantarlas sus genialidades, me temo un _esasbruto_.

POLINIO.—¡Natural!

PRUDENCIO.—Y qué, ¿habéis visto qué hechuras de torero tiene? ¿Se le da un aire al Conejito, _verdá_?

PEPE.—¡Sí, tiene algo de _Conejito_... sino que más en gazapo!

POLINIO.—Güeno; y volviendo a lo de _enantes_, respective al chico, na tengo que _ojetarte_, porque se ve que cuidándolo pué llegar a ser _Gordito_, pero por lo que toca a la chica, ¿tú crees que servirá pa _chanteuse_, Prudencio?

PRUDENCIO.—¡Amos, hombre! ¿Que si servirá?... Vaya, ahora que estamos solos, ¿queréis verla y oirla pa que veais que no es pasión de padre cuando digo que es una maravilla?

POLINIO.—¡Sí, hombre!

PEPE.—¡Con mucho gusto!

PRUDENCIO.—¡Pues quitarse las telarañas! (_Llamando._) ¡Acacio!

ACACIO (_Acercándose._)—Mande usté.

PRUDENCIO.—Ponte a la puerta, y si viene la señá Feliciana nos avisas, no sea que nos sorprenda.

ACACIO.—Güeno. (_Vase a la puerta a vigilar._)

PRUDENCIO (_Yendo a la puerta primera izquierda y llamando._)—¡Antoñita!... ¡Antoñita!

ANTOÑITA (_Dentro._)—¿Mande usté?

PRUDENCIO.—Sal un momento, haz el favor.

ANTOÑITA.—Voy.

PRUDENCIO.—Ya está aquí. ¡Veréis qué prodigio!

ESCENA IV

DICHOS _y_ ANTOÑITA, _primera izquierda. Antoñita es una chiquilla como de diez y seis años, con cara abobada y pretendiendo suplir con una verbosidad ridícula la gracia de que carece. Al salir, ligera y sonriente, hace una reverencia._

ANTOÑITA.—Servidora de ustedes. Muy buenos días, ¿Cómo están ustedes?

LOS DOS.—Bien, ¿y tú?

ANTOÑITA.—Yo, bien, a Dios gracias, pa servir a ustedes. ¿Las familias güenas?... Vaya, me alegro mucho y por muchos años. Tanto gusto.

POLINIO.—Muy bien, muy bien.

PEPE.—Es una monada de chica.

ANTOÑITA.—Tantas gracias, es favor. No lo merezco. Ustedes son muy güenos, al parecer. Y ya lo saben ustedes, con permiso de mi papá, en lo que sea útil, pueden mandar a una servidora. Tanto gusto.

PRUDENCIO.—Bueno. Pues estos señores...

ANTOÑITA.—Repito que tanto gusto.

PRUDENCIO.—Desean verte bailar y que nos cantes algo aquí en familia.

ANTOÑITA.—Sí, señor, tanto gusto. Lo que deseen de una servidora de ustedes. ¿Quieren ustedes soleares, tango, sevillanas, panaderos, malagueñas, peteneras u _cake-vale_? Porque eso tié que ser a gusto de ustedes; porque ustedes sabrán lo que quieren; porque una no sabe con qué dará gusto; porque a lo mejor va una servidora y baila panaderos, y qué sabe una servidora si ustés les tien rabia a los panaderos. Porque eso el que lo quiere es el que lo pide.

PEPE.—¡Tié razón la chica!

POLINIO.—¡Es lista, es lista!

PRUDENCIO.—No, lo que queremos es lo que sepas mejor; un tanguito de esos con que vas a debutar, u cualquier cosa...

PEPE.—¡El tango, el tango!

POLINIO.—¡Eso! ¡Venga el tango!

PRUDENCIO.—¡Duro con él!

ANTOÑITA.—_Perfetamente._ Bueno, y cuando baile, ¿lo marco con todo?... (_Sonriendo picarescamente._)

LOS DOS.—¡Con todo, con todo!

ANTOÑITA.—Pues con permiso de ustedes voy a ponerme un alfiler (_Se lo pone._) pa ceñirme la falda, ¿saben ustedes? porque si no el ondulao no resalta. El tango se llama “Vete a la gloria.”

PRUDENCIO.—Yo te acompañaré. Venga de ahí. (_Cogiendo una guitarra._)

ANTOÑITA.—¡Lo voy a cantar con picardía!

PRUDENCIO.—¡Veréis un pasmo! (_Acompaña con la guitarra._)

=Música=[1]

[1] En bailar y cantar este número con la poca gracia con que lo haría una chiquilla de esas a quienes se quiere ridiculizar, consiste su verdadero efecto.

ANTOÑITA

¡Ay, que me voy a morir y tú me vas a matar! ¡Ay! ¡ay! ¡ay!

LOS DOS

¿Qué hay?

ANTOÑITA

¡Nada de particular! El moreno que me enloquecía se casa pa Mayo; que yo _iznore_ por Dios la noticia si no me desmayo. ¡Ay, los hombres, mamita, mamita de mi corazón, qué embusteros, qué falsos, qué pillos, qué pérfidos son! ¡Ay! ¡ay! ¡ay!

PRUDENCIO (_Recitando._)—¡Olé, por las laringitis agudas!

ANTOÑITA (_Cantando._)

Y ahora escuchen con mucho cuidao un tanguito que me han enseñao.

——

¿Quién es pa ti más dulce que lo es el mango? ¡Mi guachindango! ¿Quién es la que conmigo quiere hacer changa? ¡Mi guachindanga! Dame una prueba sólo de amor, nenita. ¡Toma tripita! ¡Ay, deja que me acerque, guachindanguita! ¡Ay, por Dios, chachito, no te acerques, quita, déjame, porque estás loquito, ay, retírate, ay, retírate! ¡Retírate, por Dios, Pepito, retírate, por Dios, que grito, y no me des con el codito que me despepito!

TODOS

¡Retírate, por Dios, Pepito, retírate, por Dios, que grito, y no me des con el codito que me despepito!

ANTOÑITA

Anda, por Dios, José, ¡retírate!

TODOS

Ande usté, don José, ¡retírese!

(_Después de cantar Antoñita hablan sobre música._)

PEPE (_Entusiasmado._)—¡Devino!

POLINIO.—¡Superior!

PRUDENCIO.—¿Eh? ¿qué sus paece la vocecita?

POLINIO.—¡Que es una voz que encanta!... ¡qué digo encanta!... ¡que arroba!... y me quedo corto.

PEPE.—El día que oigan a esta chica en el extranjero, te la enjaulaban. ¡Esto no es mujer, esto es una _ruiseñora_, hombre!

ANTOÑITA.—Güeno, ¿y a ustedes les molestará quedarse _bizcos_?... ¿No?... pues les voy a bailar a ustedes un tanguito; ¿que saben ustedes lo que es _azúcar cande_?... ¡pues más _cande_!

PRUDENCIO.—¡Veréis qué disloque!... ¡Arza con la salida! (_Antoñita baila._)

ACACIO (_Jaleando._)—¡Su gracia!... ¡Su cuerpo!... ¡Su madre!... (_Todos se asustan. Prudencio corre a esconder la guitarra._)

ANTOÑITA (_Asustada, cesa de bailar._)—¡Mi madre!

PRUDENCIO.—¡Mi mujer!

POLINIO.—¡Su madre!

PEPE.—¡La Feliciana! (_Los cuatro simultáneamente._)

ACACIO.—¡No, si era que la jaleaba! ¡No asustarse!

PRUDENCIO.—¡Maldita sea tu estampa, qué susto nos has dao, ladrón! (_Pegándole con la guitarra._)

PEPE.—¡Anda, sigue, sigue! (_Antoñita sigue bailando hasta terminar el tango._)

=Hablado=

POLINIO.—¡Ahí la gracia!

LOS DOS (_Aplaudiendo._)—¡Bravo! ¡bravo! ¡Muy bien!

PRUDENCIO (_Con entusiasmo._)—¿Qué? ¿qué tal? ¿y el salero? ¡el salero!

POLINIO.—¡Yo no he visto un salero parecido!

ANTOÑITA (_Sonriente y satisfecha._)—¡Tantas gracias!... Una servidora está alicortada. No sé cómo pagar a ustedes... Es algo de favor... Y eso que he bailao en suelo de madera, que el día que a una servidora le pongan _linoleum_... ¿Saben ustés lo que es _linoleum_?

PEPE.—¡Ya lo creo!

ANTOÑITA.—Una cosa que se escurre... ¡pues ese día, que no se me agarren los pies, yo creo que arrebato!

PEPE.—Nada, chico, que esto en un París u en una Londres, nos traemos el dinero en camiones.

PRUDENCIO.—¿Sí, verdad? (_Con entusiasmo, abrazando a su hija._) ¡Hija mía, qué porvenir nos aguarda!...

ANTOÑITA.—¡Ya lo creo papá!

PEPE (_A Polinio, aparte._) (¡Ya habrá usté advertío que tié menos gracia que una caja e betún!)

POLINIO (_Ídem._) (Ya, ya; pero, ¿quién le quita las ilusiones a un hombre así?)

ANTOÑITA.—Y respective a declamar en picaresco, sabe una servidora una cosa un poco verde, que donde me la oyen, me se mueren de risa; porque una servidora, la recalca con una intención, que verán ustedes, si no les molesta.

POLINIO.—No, dila, dila.

PARROQUIANO 1.º (_Entrando._)—Buenos días; ¿me hacen el favor de afeitarme?

PRUDENCIO (_Contrariado._)—¡Hombre, espere usted si quiere, porque ahora!...

ACACIO.—Siéntese, que es que estamos mu ocupaos... (_El parroquiano se sienta al foro._)

PRUDENCIO.—Empieza.

ANTOÑITA.—Pues verán ustedes. Es un monólogo, pero lo tengo que decir yo sola, si no no paece monólogo. Es en verso, fijarse:

Cuando salgo a la calle y llovizna un poquito, me levanto las faldas enseñando el tobillo; mas si un pollo me sigue, recogiendo el vestido, me le... (_Como recordando._) me le...

¡Ay! ¿cómo dice?... ¡qué rabia! me le... ¡pos no me s’ha olvidao!... me le... (_Haciendo esfuerzos ridículos por recordar._) me le... ¡mecachis qué coraje!

ACACIO (_Acercándose a ella y en voz baja._)—¿No es me le atortolo?

ANTOÑITA.—¡Qué va a ser! Bueno, me se ha olvidao, pero es una cosa que voy ¿saben ustés? y cuanto más me sigue el pollo, más me levanto, más me levanto, hasta que una servidora le enseña las medias y acabo así con este desplante:

¡Pa los listos son a listas! ¡pa los tontos son a cuadros!

(_Hace una postura ridícula, quedando recogida y enseñando las pantorrillas. El parroquiano se acerca, mira y se vuelve a sentar._)

PEPE.—¡Una monada!

POLINIO.—¡Preciosa! (_Aplauden todos._)

ESCENA V

DICHOS _y_ FELICIANA _en la puerta_

FELICIANA (_Con ira al ver el cuadro._)—¡Maldita sea la pena!

PRUDENCIO (_Aterrado._)—¡La Feliciana!

ANTOÑITA.—¡Mi madre!

ACACIO.—¡El ama!

PEPE.—¡_Tablón_!

(_Estas voces simultáneas._)

FELICIANA.—¡Muy bonito! ¡Está bien! (_A la Antoñita, zarandeándola._) ¡Arza pa dentro, gandula! (_Dándola metidos disimulados._)

ANTOÑITA.—¡Madre, si era que!... (_Huyendo._)

FELICIANA.—¡A remendar la ropa, que es tu obligación! ¡Bribona! ¡Holgazana! (_La persigue hasta que se va primera izquierda._)

PRUDENCIO (_A Polinio y Carpanta._)—¿Estáis viendo cómo trata a las celebridades?

FELICIANA (_Al parroquiano._)—¿Y usté, qué quería?

PARROQUIANO 1.º (_Con extrañeza._)—Servirme.

FELICIANA.—¿Y lo tenéis esperando? ¡Anda a afeitarle u te desuello, granuja! (_Queriendo pegar a Acacio._)

ACACIO.—Si era que... era que... Siéntese, siéntese el caballero. (_Se pone a afeitarlo._)

FELICIANA.—Y ustés, (_A Polinio y a Carpanta, con brusquedad._) si no tién na que hacer aquí, la calle es gratuita...

POLINIO.—Señora, nosotros estábamos _almirando_... las dotes de la niña.

FELICIANA.—¡Tantas gracias! Aquí pelo pa quitar es lo que nos hace falta.

PRUDENCIO.—Feliciana, que son amigos...

FELICIANA.—Lo celebro. Tertulias en el Cerro e los Ángeles.

PEPE.—Usté disimule... (_Excusándose._)

FELICIANA.—Y si no quién ustés volver, aquí tienen ustedes su casa...