Part 5
LUCILA (_Apurada. Con amargura._)—Y ahora, padre, ¡por Dios! Corra usté. Traiga usté a Serafín.
BALBINO.—¡Miá, hija, que si nos metemos nosotros, van a creer!...
LUCILA (_Suplicante._)—¡Hágalo usté por mí! ¡Es pa quitarle de una perdición pa toa su vida!
BALBINO.—Miá que está muy cegao y que me expongo a un desaire.
LUCILA.—No, padre, no le hace. Búsquelo usté. Hay que salvarlo y que piensen lo que quieran.
BALBINO.—Tiés razón. Yo daré con ese loco. Pero tú me aguardas ahí dentro. Sin salir pa náa. Sin meterte con nadie.
LUCILA.—Sí, señor, palabra. Ahí quieta espero.
BALBINO.—Pues adentro. No tardo.
LUCILA.—¡Por Dios, tráigalo usté! (_Entra Lucila en la taberna._)
BALBINO.—¡Ojalá lo encuentre! (_Vase corriendo derecha._)
ESCENA XIII
TESTIGO 1.º, TESTIGO 2.º y TESTIGO 3.º _Son tres tipos ridículos; el primero es el Pinturas, dependiente de la barbería, vestido de gala, el segundo, un mancebo de una tienda de ultramarinos a todo lujo, y el tercero un concertista de guitarra. Llevan una guitarra, una bandurria y una cítara._
TESTIGO 1.º—Güeno, ¿estamos?
TESTIGO 2.º y TESTIGO 3.º—Estamos.
TESTIGO 1.º—Pus ahora permitidme que sus _arengue_.
TESTIGO 2.º—Oye, tú, no te _dilates_, que faltan cinco minutos.
TESTIGO 1.º—Seré un tiro.
TESTIGO 3.º—Pues, ¡pum!
TESTIGO 1.º—Allá voy. Semos, como sus costa, testigos de la boda de la Isabel y Fernando el Guitarrero, y he creído de mi deber componerles un hizno cantando sus esponsales.
TESTIGO 2.º y TESTIGO 3.º—Ha sío una idea.
TESTIGO 1.º—Conque vamos a darle el último repaso con ojeto de ejecutarlo esta tarde después de la cuchipanda.
TESTIGO 2.º y TESTIGO 3.º—Duro con él.
TESTIGO 1.º—Bueno, pues cuando veamos a los novios más amartelaos, me adelanto yo y exclamo: Señores, oído a la caja. Hizno-tango. A Isabel y Fernando, en sus esponsales.
=Música=
LOS TRES.
No poneros tontitos ahora y un instante tan sólo dejad el arrobo, el cariño y los mimos y este hizno al amor escuchad. Hizno chulo que ha compuesto este gachó, un e-mulo del glorioso don Gunó. Paca, Paca, pa casarse hay que tener poca, poca, poca juerga y trabajar, y no beber y no faltar ni una noche de tu hogar. Se mu formalito, cumple su deseo, pero siempre acorde con lo que aconsejan en el himeneo. Pero si ella _tace_ algo que esté feo, cógela del moño y meneo, meneo, meneo. Como este plan lo cumplas tú, turururú, nadie en Madrí te tose a ti, tiriririrí; mas si ella no te es fiel del tó, tororororó; pero si la guías como un hombre debe hacer no hay que temer. Si eres formalito como así lo creo, ya verás qué dulce himeneo, meneo, meneo. Y esto dicho que el Señor salud os dé, y avi-sarnos en cuanto venga un bebé bebé, bebé, bebebebé.
=Hablado=
TESTIGO 1.º—¡Creo que ha salío al pelo!
TESTIGO 2.º—¡Superior!
TESTIGO 3.º—Sin embargo, en la segunda corchea del otavo compás, te se duerme la púa.
TESTIGO 2.º—Se tendrá en cuenta.
TESTIGO 1.º (_Se oye dentro rumor de gente._)—¡Chits!... ¡Callarse... que están ahí! ¡Ya viene la cometiva!
TESTIGO 3.º—¡Es verdá!... ¡Mialos!
TESTIGO 2.º—¡Vivan los novios!...
VOCES (_Dentro._)—¡Vivan!...
ESCENA XIV
DICHOS, _el_ GUITARRERO, _la_ ISABEL, CARMEN, VALERIANO, _la_ SEÑÁ ANTONIA, LIBORIO, INVITADOS _e_ INVITADAS. _Salen todos los del acompañamiento, detrás de los novios y los padrinos, armando alegre algazara, dando vivas y tirando al alto gorras y sombreros._
ANTONIA.—Hombre, podíais haber avisao. Ya sus echábamos de menos.
TESTIGO 1.º—Pues estábamos aquí aguardando.
LIBORIO.—Pues una vez que no falta nadie, en marcha pa la vicaría. Primera pareja, los novios. Segunda, la Carmen y el señor Valeriano, que pronto harán el mismo recorrido por su cuenta.
ANTONIA.—¡Y que lo digas!
LIBORIO.—¡Y el resto de la cometiva a la _neglisé_, y la orquesta a la cola!
TODOS.—Mú bien.
TESTIGO 1.º—¡Andando!
TODOS.—¡Andando!
ESCENA XV
DICHOS _y_ SERAFÍN, _luego_ LUCILA, _después unos_ CHICOS, _y por último_ BALBINO
SERAFÍN (_Saliendo por la derecha._).—¡Señores, un minuto!
CARMEN (_Con sorpresa._)—¡Serafín!
ANTONIA.—¿Otra vez?
VALERIANO.—¡El consabido pollo!
LIBORIO.—¿Qué se ofrece, joven?
SERAFÍN.—Ustés disimulen. Siento molestar, pero deseo decirle dos palabras a ese señor.
VALERIANO.—¿A mi humilde persona?
SERAFÍN.—Quería que tratásemos un asunto solos y fuera de puertas.
VALERIANO.—Joven, es usté menos oportuno que una charanga a la hora e la siesta. Voy envitao. Tenga usté cachaza, que hay tiempo pa todo. (_A la gente._) ¡Andando!
SERAFÍN (_Deteniéndole._)—¡Es que u viene usté u le llevo yo!
VALERIANO (_Con calma._)—No me zarandee usté, que puede que me moleste.
HOMBRES.—¿Pero qué es eso?
SERAFÍN.—¡Eche usté pa alante como los hombres, so tardío!
TODOS.—¡Fuera ese!
CARMEN.—No haga usté caso. (_A Valeriano._)
ANTONIA.—¿Vienes a armarla, so charrán?
VALERIANO.—Señores calma. Por un garbanzo no se descompone la olla. Ustés, a la Vicaría. Yo voy ahí a cincuenta pasos, hago así, (_Acción de dar un papirotazo._) y regreso. (_A Serafín._) ¡Andando!
SERAFÍN.—Vamos. (_Vanse los dos por la izquierda._)
TODOS (_Intentando detenerlos._)—¡No, no!
ANTONIA (_Furiosa, deteniéndolos a todos._)—¡Sí!... ¡Sí!... ¡Dejarlos! (_Se asoma Lucila a la taberna._) ¡Dejarlo que lo escalabre!... ¡Quieto tóo el mundo! (_Volviéndose hacia donde se han ido._) ¡Rómpale usté la cabeza a ese golfo, pa que escarmiente! ¡Zurre usté a ese granuja!... ¡Así te hagan trizas, so hambrón!... ¡Sinvergüenza!... ¡Fuerte, dele usté fuerte!
LUCILA (_Frenética de ira, sale de la taberna, se lanza hecha una hiena sobre la señá Antonia, y la agarra del moño zarandeándola._)—¿Que le dé fuerte? ¡Toma, tía perra! ¡Toma!
ANTONIA (_Aterrada._)—¡Jesús!
CARMEN.—¡Ay, mi madre!
ANTONIA.—¿Pero quién?... ¿Quién ha sido?
LUCILA.—¡Yo!... ¡Yo he sido, tía gamberra!
ANTONIA.—La arrastro. (_La sujetan._)
LUCILA.—¡Azuzar a dos hombres pa que se maten!... ¡Tía asesina! ¡tía chula! (_A los hombres._) ¡Y vosotros, gallinas, que lo consentís!... ¡Cobardes!... ¡Granujas!... ¡Yo!... ¡Yo sola contra todos! (_Empieza a tirarles verduras del serón que dejó Balbino a la puerta de la taberna, con una ira y una rapidez que les asusta._) ¡Tomar, tomar, blancotes!
ISABEL (_Huyendo._)—¡Ay, mi mantilla! (_Se arma un escándalo monumental._)
NOVIO.—¡Que me han dao con un tomate! (_Limpiándose la cara._)
CARMEN.—¡Sujetarla!
TESTIGO 1.º—¿Pero quién se arrima?
MUCHOS.—¡Guardias, guardias!
LUCILA (_A unos chicos que salen._)—¡Ayudarme vosotros, chicos!
CHICO 1.º—¡Venga de ahí! (_Los chicos empiezan a tirar también._)
CHICO 2.º—¡Duro! (_Tirando._)
BALBINO (_Que sale corriendo._)—¿Pero qué es esto?
LUCILA.—¡Padre, duro con ellos!
BALBINO.—¡Vaya una menestra! (_Huyen todos chillando y corriendo._)
LUCILA.—¡Cobardes! ¡Granujas! (_Tirando._)
BALBINO.—¡Una boda con patatas!
=Mutación=
CUADRO SEGUNDO
Telón corto. Un lugar de las afueras de Madrid. En el telón, a la izquierda, se verá pintado un merendero cuya puerta es practicable. Sobre la puerta un emparrado, y debajo de él dos o tres mesas y algunas sillas de anea y banquetas. Es de día.
ESCENA PRIMERA
DUEÑO _del merendero y el_ CHICO
_El Dueño retira el servicio de una mesa que acaba de ser abandonada por algunos parroquianos._
CHICO (_Sale por la derecha mirando hacia atrás con cara de asustado._)—¡Anda diez!
DUEÑO.—¿Qué te pasa?
CHICO.—Náa... dos que se están pegando ahí en un desmonte.
DUEÑO.—¿Por qué?
CHICO.—No sé; se conoce que venían desafiaos. Y uno le ha dao al más joven una de tortas que lo ha vuelto loco... (_Mirando._) ¡Calle!... Sí... ya han acabao de pegarse... y vienen pa acá.
DUEÑO.—Pues silencio. Nosotros _ande_ nos llamen. (_Entran los dos en el merendero._)
ESCENA II
SERAFÍN _y_ SEÑOR VALERIANO
_Salen por la derecha, revelando cierta agitación en sus semblantes, y con los trajes algo descompuestos. Serafín viene sacudiéndose la ropa, sucia de tierra, oprimiéndose los labios con un pañuelo, y mirando a ver si tiene sangre. De vez en cuando escupe. Trae un carrillo muy colorado._
VALERIANO (_Con su habitual tranquilidad._)—Bueno, yo, salvando su parecer, creo que las bofetás tienen un límite, pollo.
SERAFÍN (_Secamente._)—Lo que a usté le parezca. (_Se toca las narices con un pañuelo._)
VALERIANO.—Lo de las narices es una ligera erosión. Tengo una mano... ¡que estoy más disgustao!... ¡paece una piedra! ¿Conque me guarda usté rencor por los cachetes?
SERAFÍN.—A usté, no.
VALERIANO.—Pues entonces, después de la refriega yo opino que debíamos darnos las manitas, como hacen los hombres.
SERAFÍN.—Me es igual. (_Se dan la mano._)
VALERIANO.—Sí, señor; en medio de su desgracia, me ha sido usté simpático, joven. Es usté un hombrito de corazón, aunque no le acompañen las fuerzas; y ¡qué caramba! Eso no es náa; a su edad de usté me las han arreao a mí, que durante ocho días tenía que llevar las narices en equilibrio. Siéntese usté ahí. (_Señalando una mesa._)
SERAFÍN.—No, gracias.
VALERIANO.—Que se siente usté, digo.
SERAFÍN.—Bueno. (_Se sientan los dos. Valeriano llama dando dos palmadas._)
DUEÑO (_Sale._)—¿Qué desean?
VALERIANO.—Dos quinces y un botijo.
DUEÑO.—En seguida. (_Vase al merendero._)
VALERIANO.—Y ahora cuando la traigan, se lava usted el carrillo con un poco de agua fresca; es mejor que el árnica.
SERAFÍN.—No, si no tengo náa.
VALERIANO.—Bueno, hombre, pero por si se infla _espontaniamente_. (_El dueño sirve el vino y el botijo y vase._) Beba usté. (_Ofreciendo un vaso de vino a Serafín. Beben unos sorbos._)
SERAFÍN.—Gracias.
VALERIANO.—Y ahora, joven, aquí de sobremesa y antes de separarnos, quiero darle a usté como compensación de los mamporros, cuatro consejos.
SERAFÍN.—Usté dirá.
VALERIANO (_Bebe un trago._)—Discreto pollo: es usté un chavalillo inesperto con el atolondro propio de la _juventú_ y debe usté apuntarse esta máxima pa el resto de su vida: La mujer, es como un sorbete, cuando se toma con mucho calor hace daño. Tóquese usté las narices y me dará la razón; y crea usté a un zorro viejo: no desafíe usté a nadie sin motivo, porque acalorao no mira usté el rótulo y, creyendo meterse en una confitería, a lo mejor le resulta a usté una tahona. Llueven las tortas. Y no canso más. Respective a lo de la Carmen, no sea usté niño. Yo, como ca _quisque_, poseo el espejuelo de mis atraztivos y lo manejo con la contumelia propia de una pestaña experimentada. ¿Que cae una alondra? No la voy a hacer ascos por miramientos al cazador vecino. Sería majadero. (_Se levanta._) Conque cuatro cosas en total, joven; pacencia, serenidaz, agua fresca y... pague usté esas dos copas, que no lo voy yo a poner todo. Y venga esa mano. Sé que se queda usté amargao por dentro y por fuera; pero así he aprendido yo, y como el tiempo _desinfla_ y tranquiliza, cuando pasen algunos días, pué que no tenga usté una mano más amiga que la que hoy le ha hecho a usté daño, bien a su pesar. Salú. (_Vase por la izquierda._)
ESCENA III
SERAFÍN; _luego_ LADISLAO. EL DUEÑO _del merendero durante la escena_.
SERAFÍN (_Casi llorando._)—¡Sí! ¡Me comen la vergüenza y la rabia!... ¡pero ese tío tié razón! ¡No tié él la culpa; es ella!... ¡ella!
LADISLAO (_Sale por la derecha azorado y jadeante._)—¡Gracias a Dios! ¡Por fin doy contigo! (_Mira a todos lados._) ¿Pero qué es esto?... (_Con burlona sorpresa._) ¡Tú solo! ¡Solo con dos copas! ¡Tú _meditamundo_! ¿Y ese hombre, que no lo veo? (_Mira por debajo de las mesas y las banquetas y luego dice a Serafín con voz siniestra y casi al oído._) Serafín, ¿ande has echao los pedazos?
SERAFÍN (_Con desprecio._)—¡Déjame en paz!
LADISLAO.—Oye, ¿pero qué tiés en la cara?... ¿Tú no habías pasao el sarampión?
SERAFÍN (_Llama y sale el dueño del merendero._)—¿Qué se debe?
DUEÑO.—Treinta céntimos.
SERAFÍN.—Ahí van. (_Paga y se levanta. Vase el dueño llevándose las copas._)
LADISLAO.—¡Recontra! De modo, que tras... _ecétera_, apaleao y encima pagano.
SERAFÍN (_Furioso._)—¡Cállate, o por mi salú que te dejo seco!
LADISLAO (_Aterrado._)—Oye, tú...
SERAFÍN (_Separándose dominado por una gran excitación._)—¡Sí! ¡No tengo cara pa vivir mal mirao! Ahora irá ese tío, lo contará todo y se reirán de mí... Y se reirá ella... ¡ella más que nadie! Y luego, por donde voy, la burla y la chirigota... ¡No, no lo resisto; ella me ha engañao, pues contra ella! ¡La mataré! ¡Tengo derecho! ¡Hay que ser hombres! Adiós, Ladislao; voy a dar gusto a todos, a ti y a mí, y a los compañeros de taller y a las vecinas y al mundo entero.
LADISLAO.—Pero, ¿qué dices?
SERAFÍN.—¡Adiós! (_Vase por la izquierda._)
LADISLAO.—Oye, tú, y de paso dile a tu tío Balbino, que ya lo cogeré yo a solas, que lo de esta mañana no me s’ha olvidao. (_Se sienta y da dos palmadas._) ¡Merenderero!
ESCENA IV
LADISLAO _y_ BALBINO
BALBINO (_Que sale por la derecha, se acerca a la mesa._)—¡Va!
LADISLAO (_Sorprendido y temeroso._)—¡Caray!
BALBINO.—¿Qué desea el gorrión?
LADISLAO.—¿Usté? ¡Hombre, m’alegro! (_Levantándose, al mismo tiempo se sienta Balbino._)
BALBINO.—No; que he venido, he visto la solfa que le han dao a tu amigo por seguir tus consejos, he visto que la cosa no pasaba a mayores, he permanecido _nutral_ y aquí me tiés pa servirte.
LADISLAO.—Pues m’alegro, porque quería yo que arreglásemos la cuentecita de esta mañana.
BALBINO.—¿Tiés prisa en cobrar?
LADISLAO (_Amenazador._)—¡Lo que tengo prisa es en mascarle la nuez a los que me faltan, eso!
BALBINO (_Fingiendo miedo._)—¡Oye, tú, Ladisladito, por Dios, que yo creo... (_Solloza._) que no debías ensañarte con un pobre viejo!
LADISLAO (_Envalentonado._)—Y si tié usté miedo, ¿pa qué insulta usté, so maula?
BALBINO (_Llorando._)—¡Hombre, no te enfades... yo, ha sío en un pronto; y piensa que si a mis años me haces así, (_Le da un pescozón._) me tiras al suelo!... ¡Tenme lástima!
LADISLAO.—Oiga usté... (_Cogiendo el sombrero._)
BALBINO.—No sabes el miedo que he pasao dende esta mañana... porque yo decía, si esa fiera me encuentra, con el genio que tiene, y me da así na más... (_Le da un puñetazo._) ¡me atonta!
LADISLAO.—Oiga usté, haga el favor de poner los ejemplos de palabra, ¿eh?
BALBINO.—Los viejos, hijo, ya no valemos pa náa... Figúrate si con tu fuerza levantas el pie y me das de esta manera... (_Le da un puntapié._) pues me amargas.
LADISLAO (_Asustado._)—¿Pero quiere usté hablar sin acionar?
BALBINO.—¡Yo es pa que me comprendas, hijo! De manera que tenme lástima y que no te se ocurra darme dos chuletas así... (_Le pega dos bofetadas._) ni tirarme encima de una silla, como un pingajo indecente... (_Lo tira al suelo._)
LADISLAO.—¡Pero qué es esto!
BALBINO (_Llorando._)—Ten lástima de un pobrecito anciano, hijo...
LADISLAO (_Furioso._)—¡Eso le vale a usté, que es un viejo!
BALBINO.—¡Dios te lo pague, hijo! ¡Adiós, rico! (_Vase llorando._)
=Mutación=
CUADRO TERCERO
Riberas del Manzanares. En los laterales izquierda, últimos términos, se ve la fachada posterior de un restaurant, y un trozo de jardinillo correspondiente a él y circundado por una empalizada de listones unidos en forma de celosía. Esta valla que constituye un ángulo recto, tiene un pequeño portoncillo, practicable, que da a la escena en línea paralela a la casa. Por las ventanas abiertas del merendero sale la viva claridad de la luz eléctrica. En el telón de fondo se ven los pinares de la Florida, y en la parte derecha de la decoración un poético remanso del río, iluminado por la luna, que luce su claridad entre las copas de viejos álamos. Un puentecillo rústico da por el foro, paso sobre el río.—Sobre la orquesta se oye muy lejos la marcha de un tren, que pasa por la vía férrea próxima al lugar de la acción; las levísimas campanadas de un reloj muy lejano y los perdidos ecos de la canción de un viandante. Escúchase también el ladrido, casi imperceptible, de un perro de los que acompañan a los vigilantes de los lavaderos, y contrastando con estas perdidas notas de soledad y misterio se escucha dentro del merendero el rasgueo alegre de las guitarras y la vibrante voz de un cantador de flamenco, que es jaleado con ruidoso entusiasmo.
ESCENA PRIMERA
CANTADOR, _dentro_
=Música=
Es la penita más grande querer y que no te quieran, quien quiere sin esperanza conoce la pena negra. Ay, serrana mía, por quererte a ti de veras conozco yo esa penita.
ESCENA II
LUCILA. _Sale por la izquierda, primer término, envuelta en un mantoncillo; se para junto a la empalizada y escucha las últimas notas de la canción flamenca, que termina con voces y aplausos, reinando luego el silencio._
=Hablado=
LUCILA (_Admirada._)—¡Buena voz! Paece un mixto de verderón. Debe ser Pepe el Trampas. Náa, que no he marrao. Aquí está la boda del Guitarrero. ¡Jesús divino, qué día llevo! Dende la ensalá que armé esta mañana lo estoy pasando de _ole_. Primero cuatro horas en la _delega_ por haberle deteriorao el crepé a la Señá Antonia; así de que salgo, dejo a mi padre, me voy a cá la señá Quintina a ver qué había sido de Serafín, y me cuenta la pobre vieja, toa _azará_, que a las siete había llegao el susodicho joven con la cara como una pandereta, después de haber corrido tóo el _barrio_ averiguando en qué merendero estaban celebrando la toma de dichos; y así de que llegó a casa escribió una carta, le dijo a la señá Quintina que se la llevase a su maestro si a las once de la noche no había vuelto, y apretó a correr. No se necesita ser un lince pa calcular las tripitas que traerá. Y yo, yo estoy que me deshago de nerviosa; tengo frío y calor tóo a un tiempo, y me saltan las sienes. ¡Ojalá dé con él! Rondaré el merendero... (_De pronto queda escuchando._) ¡Sí!... (_Mira con atención._) Uno se acerca. ¿Será él? (_Se oculta por la izquierda._)
ESCENA III
LUCILA, _oculta_; SERAFÍN. _Después_ CARMEN, SEÑOR VALERIANO, INVITADO 1.º _e_ INVITADA 1.ª
SERAFÍN (_Apoyándose angustiado en la empalizada._)—¡No me puedo tener en pie! Tengo el sudor helao y la boca amarga como una retama. Llevo dos horas esperando una ocasión, sin saber si entrar de repente u aguardar que salgan. Aguardaré: es más seguro. He querido irme cien veces, he probao y no puedo; cuando me separo de aquí paece que hasta las piedras me llaman gallina... Y en toas partes oigo lo mismo... las mismas palabras, que ya se me han agarrao al corazón. ¡Te ha engañao! ¡Mátala! ¡Tiés derecho!... Y yo no sé; no sé si tengo derecho u no, lo que digo es que me ciega la idea de que está con otro. Y así no puedo vivir. Sí. Esta noche acabará todo. (_Se oyen voces dentro del merendero._) Salen... ¡Que no me vean! ¡Si fuera ella! (_Se oculta tras la empalizada._)
CARMEN (_Dentro del jardinillo y como hablando con alguno del merendero._)—¡Ja, ja, ja! (_Ríe._) No, si no tardamos.
SERAFÍN.—¡Ella! ¡Por fin! (_Saca la navaja._)
VALERIANO (_Dentro._)—No, un menuto. Vamos ahí, al lavadero del _Quico_, a ver si quié dejar venir a la chica, y verán ustés cómo baila las sevillanas. (_Salen por el portoncillo a la parte exterior de la escena Carmen, Valeriano, Invitada primera e Invitado primero._)
INVITADA 1.ª—¡Oye... qué noche hace; si paece de verano!
INVITADO 1.º—Da gusto.
CARMEN.—Yo estaba deseando de salir; me ahogaba ahí dentro con el humo de los cigarros (_Aparte a Valeriano._) y tenía gana de que hablásemos un ratito con libertá.
VALERIANO.—Y yo. Pero, ¿por qué no has sacao el mantón?
CARMEN.—Si no tengo frío.
INVITADA 1.ª—Yo me le he puesto.
VALERIANO.—Póntelo que por aquí siempre cae relente.
CARMEN.—Lo cogeré por darte gusto. (_Entra por el jardinillo al merendero._)
INVITADA 1.ª—No tardes.
INVITADO 1.º (_Desde el puentecillo._)—Mirar qué bonito hace desde aquí este pedazo del río con la luna. (_Valeriano y la Invitada_ 1.ª _van a mirar._)
INVITADA 1.ª—Qué hermosa es la noche, ¿verdá?
VALERIANO.—La noche y el día; cuando se está a gusto tóo es bonito.
CARMEN (_Saliendo._)—¿Dónde están?... (_En este momento Serafín, que se oculta tras la empalizada, va a lanzarse sobre Carmen con la navaja en la mano y se encuentra fuertemente detenido por Lucila, que al ver su actitud sale de su escondite sigilosamente quedando en acecho tras él, hasta este momento en que le sujeta el brazo y le tapa la boca con la otra mano._)
SERAFÍN (_Va a llamar._)—Car...
LUCILA (_Tapándole la boca._)—Chissss...
SERAFÍN (_Con voz ahogada._)—¿Eeeeh?... ¿quién?
LUCILA (_En voz baja._)—¡Silencio!
CARMEN (_Llamando._)—¡Valeriano!
VALERIANO (_Desde el foro._)—Por aquí.
CARMEN (_Mirando hacia atrás al irse._)—Juraría que he oído moverse esas ramas. (_Desaparece por el foro._)
ESCENA IV
LUCILA _y_ SERAFÍN
SERAFÍN.—¡Lucila! pero, ¿eres tú?
LUCILA.—Sí, yo; ¡yo mismita!
SERAFÍN.—Suelta... suelta... (_Forcejean._)
LUCILA.—No... aguarda... aguarda un momento. (_Al ver que ha desaparecido Carmen._) Ya... ya estás libre; ya _pués_ guardarte esa navajita y salir. Y a tóo esto mu buenas noches.
SERAFÍN (_Tembloroso y frenético._)—¿Y tú a qué has venido?
LUCILA.—Náa, hombre, que como no _te se vé_ el pelo por dengún lao y no tiés _tiléfono_, quería hablarte y ¡velay!
SERAFÍN.—¡Vete... vete y déjame, Lucila!
LUCILA.—Y ¡camará, cómo recibes; recibes que arañas! (_Restañándose con saliva un arañazo de la mano._) Si lo sé te dejo _trajeta_.
SERAFÍN.—Bueno, pronto; acaba y vete. ¿A qué has venido?
LUCILA.—¿Que a qué he venido? (_En voz baja con ira._) ¡pues a llamarte asesino y cobarde!...
SERAFÍN.—¡A mí!
LUCILA.—¡A ti!... ¡que querías asesinar a una mujer! (_Le sujeta el brazo._)
SERAFÍN.—¡Lucila!
LUCILA.—¡Baja la voz!... ¡Sí, asesinarla!
SERAFÍN.—¡Tengo derecho!
LUCILA.—¿Derecho a matar? ¡A matar a una mujer! ¿porque no te quiere?... ¡Mentira!
SERAFÍN.—Suelta.
LUCILA.—No quiero. Ten paciencia. Alguna vez en la vida hay que oir a la razón, aunque moleste. El hombre, no tié derecho a matar a una mujer, nunca, Serafín, nunca; ni aunque le engañe. Así, en redondo. ¡Ni aunque le engañe!
SERAFÍN.—¡Bueno, déjame en paz! Tú eres una chica que no sabes lo que hablas.
LUCILA.—¿Que no sé lo que hablo? ¿que no tengo razón?... Bueno, conformes; pero si yo no la tengo, menos la tienen esos chulos indecentes que te aconsejan y que porque llevan un pantalón ceñido y unos tufos repeinaos, se creen amos de las mujeres y jaleándose unos a otros arrean por el mundo, haciendo cisco a toda la que se les resista. ¡Pero, eso sí, cuando ellos se cansan de una mujer, entonces, chito! Pa eso son los amos. La pisotean y ahí queda eso. ¡A la basura!... ¡Ole los valientes! ¿Quién defiende eso?... ¿Quién? ¡porque si lo dice la justicia, reniego de ella! ¡y si lo dicen los hombres, los hombres que dicen eso, no son hombres, Serafín! ¿Queréis que la mujer sea una esclava?... bueno; pero entonces lo menos que se pué hacer es dejarla que escoja la cadena que más le guste. ¿No te parece?
SERAFÍN.—Yo no sé de eso que me dices; pero oye, Lucila, (_Con amargura._) ¿cómo vive uno viendo su querer en otros brazos?
LUCILA.—¡Ay, mu remalamente, chico! Eso sí que lo sé yo por _esperencia_.
SERAFÍN (_Sorprendido._)—¿Tú?
LUCILA.—¡Yo!... ¿Te paece raro, verdá? Pues sí, Serafín; yo, he querido a un hombre más que a mi vida.
SERAFÍN.—¿Pero tú?
LUCILA.—Más que a mi padre; más que a náa en el mundo. ¡Y él, ni agua!
SERAFÍN.—¡No se lo habrás demostrao!
LUCILA.—Tóos los días.
SERAFÍN.—¿Con palabras?