Sainetes

Part 15

Chapter 153,902 wordsPublic domain

TOBÍAS.—Bueno; pero de cierta manera.

ESCENA V

DICHOS _y_ PACO, _primera derecha. Sale con la taleguilla puesta y la faja en la mano._

PACO.—Padre, hágame usté el favor de ayudarme a la faja.

BERNABÉ.—Sí, hijo mío.

TOBÍAS.—Hola, Paquillo.

PACO.—Adiós, señor Tobías. (_A la cuadrilla._) Y vosotros, qué pronto...

ZIPILÍN (_Esforzándose por sonreir._)—Las ganas que tié uno de salir de...

TOBÍAS.—¿Y qué, hay muchos ánimos, pollo?

PACO.—Pos ya ve usté; a cumplir. Ilusión... alegría... Eso ya, después de lo pasao... Agarre usté, padre... (_Afectado._)

TOBÍAS.—(¡Se le nublan los ojos!)

BERNABÉ.—(¡Pobre hijo mío!) (_Paco empieza a ajustarse la faja que el señor Bernabé sostiene en sus manos por el otro extremo._) Pues náa, Paco, aquí los chicos, venían, sabes, a decirnos que... vamos... que hay unas pequeñas variantes en el cartel.

ZIPILÍN.—No tan pequeñas.

PACO (_Que ha dado dos vueltas liándose la faja, se detiene._)—¿Qué variantes?

BERNABÉ.—Pos náa, que ya no toreas esta tarde seis Bobadillas.

PACO (_Sorprendido._)—¿Que no toreo Bobadillas?

BERNABÉ.—No; los han sustituído por seis bichos de...

PACO.—¿De quién?

BERNABÉ.—De Pérez Labulla.

PACO (_Con terror._)—¿Labulla?... ¿Yo Labullas?

BERNABÉ (_Con amargura._)—¡Labullas!

PACO (_Se deslía._)—¡Ay, padre!... ¿Labullas a mí?...

ZIPILÍN.—¡A nosotros!... ¡Una infamia, Paco!

PACO.—¿Esa corrida que no ha querío torear nadie?

VIGUDÍ.—¡La _mismisma_!

PACO.—¿Esa que le llaman la del pa... pa... la del papánico?...

TELARAÑA.—La propia.

PACO.—¡Pero, padre, echarme Labullas!... ¡Eso es darme una puñalá trapera!...

BERNABÉ.—Sí, hijo; es una infamia la que te hacen. No sirve negártelo... pero es que quién machacarte el porvenir. Reirse de nosotros... vernos en la miseria, y eso, Paco, eso...

PACO.—Es verdá, es verdá, padre... Tié usté razón. ¡Pos no!... ¡Maldita sea! ¡No se ríen! (_Da tres vueltas en la faja y se detiene de pronto._) ¿Y vosotros habéis visto el ganao?

ZIPILÍN.—Lo hemos visto.

PACO.—¿Y qué?

ZIPILÍN.—Que ajustamos el árnica en mil pesetas y pierde el farmacéutico.

PACO.—¿Que pierde?... (_Desliándose de la faja._) ¡Ay, padre, que dice que pierde!...

BERNABÉ.—No te apures, que allí estaré yo, apretando en lo alto; echando el corazón pa quitarles poder a esos bueyes ladrones...

TOBÍAS.—Piensa en tu pundonor, en el pan de este viejo.

PACO.—Sí, señor, sí; es verdá. (_Da dos vueltas._) Sea lo que Dios quiera.

ZIPILÍN.—Lo malo es el primero que te echan. Un jabonero sucio.

PACO.—¿Sucio? (_Se detiene._)

VIGUDÍ.—¡Una asquerosidad!

TELARAÑA.—Y disforme.

PACO.—¿Grande?

VIGUDÍ.—Un automóvil con dos chuzos.

PACO.—¿Dos chuzos? (_Se deslía._) ¡Dice que dos chuzos, padre!...

TOBÍAS.—Paco, hay que estar sereno.

PACO.—¿Sereno con dos chuzos?... Es demasiado, señor Tobías... ¡Qué infamia!... El día de mi debut, a última hora echarme Labullas... y sabiendo cómo estoy... ¿Qué hago, padre, qué hago?...

BERNABÉ.—¡Qué voy a decirte, Paco!... Haz lo que quieras... Si fuera yo, yo ya sé lo que haría, pero yo no soy nada mío... ¡tú, tú eres mi hijo!

PACO.—¡Pues no, no se ríen!... ¡no!... ¡Quedaré como usté quedaría, (_Dando vueltas rápidamente._) como usté quedaría!... (_Al dar la última vuelta a la faja cae en brazos de Bernabé._) ¡Sí... sí, señor!... y si me matan, que me maten... que me maten...

BERNABÉ.—¡Hijo mío!

PACO.—¡Padre!... (_Quedan abrazados._)

VIGUDÍ.—¡Nos están dando el vermú! (_Conmovido._)

TELARAÑA.—¡Pos sí que es un cuadrito!

ZIPILÍN.—¡Se me está poniendo el corazón que hoy no le pongo yo banderillas ni a un caracol! ¡Maldita sea!

ESCENA VI

DICHOS. VALENTINA. _Detrás_ PELELE. _Al final_ RITA _y_ AMIGOS 1.º, 2.º _y_ 3.º, _puerta izquierda_. _Valentina viene con mantón de Manila y un manojo de claveles en el pecho_.

VALENTINA.—Buenas tardes.

PACO (_Asombrado._)—¿Usté?

VALENTINA.—Servidora.

BERNABÉ.—¿Tú aquí?

VALENTINA.—Yo aquí a daros ánimos, y luego a la corrida a aplaudiros. Sé lo que os han hecho. Me lo ha venío a decir el tío Pelele.

BERNABÉ.—¿Sabes la infamia?

VALENTINA.—Lo sé todo.

PACO (_Casi llorando._)—¡Me echan Labullas señá Valentina, Labullas a mí!...

VALENTINA.—No le hace. Que te echen lo que quieran. Tú eres un hombre y quedarás como un hombre.

BERNABÉ.—¡Pero Valentina, qué has hecho!... ¿No tiés miedo de lo que digan si saben que has venío a esta casa?

VALENTINA.—Déjalo... Si cuando hablan mal no dicen la verdá, que digan lo que quieran. ¿Pos qué, os iba yo a dejar solos, acoquinaos en una tarde como la de hoy, víctimas de una venganza asquerosa?... ¡En jamás! ¿No nos ha unío la infamia? Pos siquiera que nos sirva esta unión pa darnos alientos unos a otros y pelear juntos contra ella. ¡Conque arriba el ánimo!...

BERNABÉ.—¡Valentina!

VALENTINA.—¿Pero qué pasa aquí?... ¿A qué vienen esas caras de pánico?...

PACO.—Es que creo, señá Valentina, que los toros...

VALENTINA.—No hagas caso... ¿Que salen toros que pegan? Ese es el oficio. ¡Más grande el triunfo! Levanta el corazón pa que no te den en él y fe en Dios y en las agallas de cáa uno. ¿No se juega esta tarde tu porvenir?... Pos a jugarlo.

ZIPILÍN.—Señora, usté no ha visto cuernos como los que...

VALENTINA.—Yo he visto cuernos de todas clases, pollo. Hombres es lo que quiero ver ahora.

VIGUDÍ.—¿Pero no los querrá usté ver por el aire?...

VALENTINA.—Por donde sea menester... ¡Pero a qué viene ese canguelo!... ¡Pero esto es cuadrilla u un pin, pan, pún!... Ánimo los valientes, que paecéis ahí cuatro gelatinas... Y tú, Bernabé, dales el ejemplo, levanta esa cara, vengan los arrestos de otros días, y tú que lo sabes diles cómo se pelea y cómo se ganan las palmas... ¡Mirarme a mí, me he quedao sola, calumniá, en metá e la calle; pos como no lo merezco lo desprecio y aquí me tenéis, tan conforme y tan compuesta, de cara a la vida, y alante siempre! ¡Conque si os faltan agallas, decírmelo, porque yo, una pobre mujer, soy capaz de irme a la plaza y matarme los seis toros! (_Todos han cobrado ánimos y sus caras tristes van tomando expresión de valor y confianza._)

VIGUDÍ (_Con entusiasmo._)—¡Señora, es usté mejor que tila!

TOBÍAS.—¡Tié razón!

BERNABÉ.—¡Valentina, eres como un rayo de sol que tóo lo llena de alegría y de ánimo!

PACO.—¡Sí, señora, ya soy otro!... ¡Que me echen Labullas!... ¡El tifus va a ser una ligera indisposición compará conmigo! (_Se pone chaleco y chaquetilla._)

BERNABÉ.—Rita, Pelele... Las chaquetillas, mi sombrero...

PACO.—Venga todo... Elefantes voy a matar yo esta tarde.

ZIPILÍN.—¡Ahí los hombres! (_Sale Rita. Unos a otros se ayudan llenos de entusiasmo, nerviosos... beben, fuman, se mueven. Se oyen en la calle los sones alegres de una charanga que se aleja tocando un pasodoble torero. Se escucha el ruido de los coches, sonar de cascabeles. Voces de gente alegre. Gritos de “¡Eh, a la plaza, a la plaza!”. Restallar de látigos. Mucho bullicio y animación. Bernabé hace mutis primera derecha. Entran los Amigos 1.º, 2.º y 3.º por la izquierda._)

AMIGO 1.º—Hola, Paco, aquí venimos a saludarte.

PACO.—¡Hola, señores! (_Coge el capote._)

AMIGO 2.º—¡Toma un puro!

AMIGO 3.º—¡Amos, que ya es hora!

AMIGO 1.º—¡A ver cómo queda Madrid!

TOBÍAS.—¡Amos allá, señores!

PACO.—La montera...

AMIGO 1.º—Si la llevas puesta...

PACO.—¡Ah, sí, es verdá!... Vaya adiós... Hasta luego, señá Valentina. (_Le da la mano._)

VALENTINA.—Ahora voy yo. ¡Buena suerte, Paco! (_Salen todos en un tropel bullicioso. Pausa. Valentina coge de Rita, que lo saca de la segunda derecha, un cuadro de la Virgen de la Paloma, pone el mantón de Manila sobre la cómoda, coloca el cuadro en ella y ante él dos velas encendidas y un vaso con los claveles que se quita del pecho._) ¡Virgen de la Paloma, una mirá de compasión pa esos pobres hombres que van a jugarse la vida por un cacho de pan!... (_Se arrodilla; se limpia una lágrima. Asoma por la puerta derecha el señor Bernabé, se quita el castoreño y dice:_)

BERNABÉ.—¡Bendita seas! (_Pausa; pasa hacia la puerta de la calle. Mutis al buen juicio del actor. Se escuchan ya muy lejanos los alegres sones de la charanga y el bullicio de la gente. Telón de cuadro. Música en la orquesta._)

=Mutación=

CUADRO TERCERO

Lugar donde se encuentra situada la Plaza de Toros de Tetuán, cuya fachada se ve al foro, unida al Merendero de «El Cubanito».

Son practicables la puerta de la plaza, la del patio de caballos y la del merendero, en cuya terraza habrá algunas mesas rodeadas de banquetas.

Es por la tarde, una tarde radiante de primavera, en la que se celebra una corrida, cuyo anuncio se verá pegado en las paredes de la plaza.

ESCENA PRIMERA

_Al levantarse el telón aparecen cuatro golfos mirando por las rendijas de la puerta de la plaza._

_Uno de rodillas, otro empinándose sobre las puntas de los pies, otro de pie, y el último tumbado mirando por debajo de la puerta. Dos cocheros sentados ante una de las mesas del merendero, toman unos quinces. Una vendedora junto a un pequeño tabanque con “cacahuets” y naranjas, dormita tristemente._

_De la plaza, de vez en cuando, sale un griterío infernal de indignación, con que el público castiga la torpeza de un torero._

_Suenan palmas de chunga, monótonas, acompasadas, burlonas; sobresalen voces agudas_: “¡Al corral! ¡Maleta! ¡Asesino! ¡Pincha ratas!” _Todo el público, con voces acompasadas:_ “¡Al corral! ¡Al corral!” _Vuelven a escucharse silbidos, suenan trompetillas infamantes, un cencerro golpeado con un palo. Risas, voces atipladas_: “¡Ay, qué miedo!... ¡que se mude!... ¡Fenómeno!”

_En un silencio, La Josefa sale por la izquierda, se acerca a la plaza, escucha, mira también por las rendijas de la puerta, y oyendo los denuestos y los gritos del público contra el pobre matador, sonríe y se aleja. Desaparece por el fondo._

=Música=

SOLE (_Aparece por la puerta de los corrales, demudada, temblorosa, con un mantoncito de crespón negro y con dos o tres claveles cayéndosele del pelo. Trae en la mano un par de banderillas adornadas con muy mal gusto. Dos corchos van clavados en los arponcillos. Lloriquea, y, a cada grito que se oye en la plaza da un salto cómicamente atemorizada. Grito en la plaza y susto._)—

¡Ay!... Santa María por poco me muero. Ese hombre no sirve para torear. Catorce estocadas le atizó al primero, y al segundo toro veinte mal contás. Al tercero, ahora, lo estaba pinchando, y al treinta pinchazo le dijo una voz: “Oiga, _cocinero_, ¿le está usté mechando, o es que va a dejarle para colador?” Ese mismo toro le dió una embestida, y subió tan alto que me figuré, que si San Antonio le ve, le convida, ya que estaba un paso, a tomar café.

(_Grito en la plaza._)

——

¡Ay!... Y luego un tío, con una trompeta, daba unas notitas que... ¡vaya con Dios! Y otro le decía: “Deja la muleta, que pa cuando salgas necesitas dos.” Yo traje a la plaza estas banderillas pa que se luciera poniendo un buen par; y ahora estoy con ellas que... tengo cosquillas, y por no pincharme no me puó rascar.

(_Nuevos gritos en la plaza._)

¡Ay!... Ahora dan voces. ¿Qué dicen? “Cabestros”. ¿Es a él o es al toro pa echarle al corral? Yo llevo rezados dos mil padrenuestros.

(_Grito y susto._)

¡Ay!... ¡Ahora le llaman!... ¡Le llaman morral!

(_Grandes gritos en la plaza. Echando a correr asustadísima hace mutis por donde salió._)

ESCENA II

_Se abre la puerta de la plaza y salen el_ SEÑOR TOBÍAS, _descompuesto, con la corbata deshecha, despeinado, el sombrero en la mano. Le trae sujeto por un brazo un joven_ POLICÍA; _le siguen dos_ GUARDIAS _de seguridad y tres o cuatro_ INDIVIDUOS _con la cabeza vendada, dos_, MUJERES _y un_ HOMBRE. _Salen vociferando todos._

=Hablado=

VENDADOS.—¡A la cárcel!

MUJERES.—¡Granuja!... ¡Fuera!

POLICÍA.—¡Eche usté adelante!

TOBÍAS (_Golpeando el suelo con el bastón._)—¡Pero por qué me se detiene a mí, que me se especifique!

POLICÍA.—Porque ha golpeado usté a la gente.

TOBÍAS.—No, señor. ¿De dónde? Lo que hay es que aquí, los denunciantes, han dirigido a la familia del matador, que es amiga mía, un insulto con música del _Ven y ven_, y eso no se lo aguanta un servidor ni al alcalde de barrio.

POLICÍA.—¡A la Comisaría!

TOBÍAS.—Pero, señor; si yo no he faltao a nadie; y si no que lo diga aquí la señora pareja, que ha sido testiga del cuplé.

GUARDIA 1.º—¡Usté ha agredido al señor!

TOBÍAS.—¿Servidor? ¡Miopía es lo que se padece, guardia! Que yo estaba quieto; pero aquí, la parte contraproducente, se ha puesto de una forma que si yo no les agredo, me agreden, y a mí no hay quien me agreda.

POLICÍA.—Eche adelante y menos música.

TOBÍAS.—Güeno, después de tóo estoy satisfecho. Me llevo una rondalla. ¡Has ejercido, palasán! (_Vanse izquierda. Se escucha dentro una bronca definitiva. Gritos, insultos, ruidos de cencerro. Cesa poco a poco el escándalo. Empieza a salir la gente por las puertas de la plaza, que se abren. La charanga ejecuta un pasodoble._)

ESPECTADOR 1.º—¡Que se l’han echao al corral, pobre chico!

ESPECTADOR 2.º—¡Bien hecho!

ESPECTADOR 3.º—¡Si eso es una torera!... (_Siguen._)

ESPECTADOR 4.º—¡Anda y que lo maten! (_Salen dos chulas con el mantón al hombro y comiendo cacahués._)

CHULA 1.ª—¡Amos, miá que habernos traído pa esto!

CHULA 2.ª—Paecéis de pueblo.

HORTERA 1.º—Pos a mí me habían dicho que era un torero que se comía los toros.

CHULA 1.ª—Por medios kilos. (_Sigue saliendo gente._)

CHULA 2.ª—Si no me gustan los _torraés_, hago la tarde. (_Vanse por la izquierda._)

ESCENA III

BERNABÉ _y_ VIGUDÍ. _El último sale cojeando por la puerta de caballos_.

BERNABÉ.—Oye, Vigudí, tú que eres el único que has quedao en condiciones de moverte haz el favor de decirle al chico del merendero que nos busque un coche y que arrimen, que hasta la jardinera se nos ha ido.

VIGUDÍ.—¡Qué Labullitas, señor Bernabé! ¡Maldita sea su casta!

BERNABÉ.—¡Anda, hijo! (_Sacan en hombros por la puerta principal a un torero. La gente le aplaude._)

Vigudí.—Y sacan al Herrerito en hombros; ¿oye usté?

BERNABÉ.—Déjalo. Es nuestra desgracia. Anda. (_Vase Vigudí por el fondo izquierda. Cesa la música y acaba de desfilar el público._)

ESCENA IV

BERNABÉ _y_ VALENTINA, _que sale por la puerta de la plaza_

VALENTINA (_Con ansiedad._)—¡Bernabé, Bernabé!

BERNABÉ.—¡Valentina!

VALENTINA.—¿Cómo está Paco?

BERNABÉ.—¿Cómo quiés que _estea_?... Magullao, sofocao, llorando. ¡Hecho una lástima por dentro y por fuera! La Virgen de la Paloma no ha querío oirte.

VALENTINA.—¿Pero crees tú que por un Padrenuestro tenemos derecho a que nos lo arreglen tóo?... No es poco milagro que salga vivo. Confórmate.

BERNABÉ.—Pué que digas la verdá. ¡Qué tardecita! Calla, ahí lo sacan.

VALENTINA.—¡Pobre chico! ¡Qué compasión!

ESCENA V

DICHOS, PACO, TELARAÑA, _el_ ZIPILÍN, SOLE. (_Puerta de caballos_). _Al final_ VIGUDÍ.

_Sale Paco apoyado en los hombros del Telaraña y el Zipilín. Detrás la Sole. Paco trae todo el calzón roto, la corbata deshecha, la pechera desgarrada, despeinado, la coleta suelta, las medias sucias de tierra. Además lleva vendada la pantorrilla derecha. Cojea. Los compañeros de cuadrilla vienen poco más o menos que él._

BERNABÉ.—¿Cómo estás, hijo?

PACO (_Abrazándole y llorando amargamente._)—¡Ay, padre de mi alma, qué mal he quedao!

BERNABÉ.—¡Amos, hijo; por Dios, no te apures!

PACO (_Abrazando a su compañero._)—¡Ay, Zipilín de mi vida, qué mal he quedao!

ZIPILÍN.—Consólate, que ya me verás en casa la región glútea.

PACO.—¿Por qué habré salío yo esta tarde de lila, padre?

VALENTINA.—¡Pero qué tié que ver la ropa!

PACO.—¡Sí, señora, sí; que hay colores sombrones... y siempre que he salío de lila me han catao!

BERNABÉ.—No hagas caso. Ya ves, éste va de verde manzana y de poco le mondan.

PACO (_Llorando y mordiéndose los dedos de ira._)—¡Echarme a mí un toro al corral!... ¿A mí?... ¡Maldita sea! ¡Yo no aguanto esta vergüenza! ¡Yo me quiero cortar la coleta! ¡Darme unas tijeras!

VALENTINA.—Amos, Paco; ten reflexión y serénate, caray, que ahora no estás pa cortarte nada.

PACO (_Abrazándola._)—¡Ay, señá Valentina, qué mal he quedao!

VALENTINA.—Has quedao entero, que no es poco. Lo demás ya se arreglará. Árnica y reflexión.

BERNABÉ.—No pués tener más que un consuelo, hijo; que toas las veces has entrao por derecho, y hasta cuando te ha cogido el toro y te ha zamarreao rompiéndote la taleguilla de arriba abajo, el público te ha hecho una ovación. Algo habrá visto el público.

SOLE.—¡Ya lo creo que ha visto! ¡Como que dende donde yo estaba, toas las señoras nos hemos tenío que tapar los ojos!

ZIPILÍN.—Y el torito ese te lo han echao al corral porque no me has hecho a mí caso; si no, ¿de dónde?

PACO.—Pero, ¿qué iba yo a hacer?

ZIPILÍN.—¿Pero no oíste cuando yo te dije: anda vivo, que ese toro se acuesta?

PACO.—¡Yo que había de oirte! ¿Crees tú que con un toro con el que llevo media hora de faena, si yo veo que se acuesta, no le canto hasta la nana, hombre?

BERNABÉ.—A más que el chico ya no sabía lo que se hacía.

PACO.—El público me ha vuelto loco, padre.

BERNABÉ.—Tóos gritándole: “Mójate los dátiles”; “Entra por uvas, melón, que es una pera”.

PACO.—Dátiles, uvas, melón y tirándome naranjas. Que si no hubiese sido más que fruta nominal, menos mal.

BERNABÉ (_Con amargura._)—¡En fin, l’han lograo! ¡Qué se le va a hacer!

VALENTINA.—Déjalos. Triste alegría.

VIGUDÍ (_Que vuelve._)—Ya está ahí el coche.

BERNABÉ.—Amos, hijo, despacito. (_Lo llevan con precaución._)

ESCENA VI

DICHOS _y_ ENCARNA, _primera izquierda_

ENCARNA (_Saliendo._)—¡Paco! ¡Paco!

PACO.—¡Encarna!

ENCARNA.—¡Paco de mi alma! (_Se abrazan._)

PACO (_Llorando._)—¡Ay, Encarna de mi vida, qué mal he quedao!...

VALENTINA.—Pero, ¿cómo estás aquí? ¿Qué has hecho, Encarna?

ENCARNA.—Escaparme de con mi padre. Correr a vuestro lao. ¿Qué tienes, Paco? ¿Estás herido?

PACO.—No... Seis esquimosis, dos frazturas conminutas y un puntazo...

ENCARNA.—¿Grave?

PACO.—No; lo voy a tener que pasar de pie.

ENCARNA.—Pero, ¿dónde lo tienes?

PACO.—¿No te digo que lo voy a tener que pasar de pie?

BERNABÉ.—¡Pero, oye, Encarna, márchate, por Dios!... Que si te encontraran aquí, creerían que nosotros...

ENCARNA.—Que crean lo que quieran, señor Bernabé. Yo sin Paco, sin Valentina, sin ustés, me muero de tristeza. ¡Yo no vuelvo a mi casa!

ESCENA VII

DICHOS, HILARIO, AQUILINO, COSME, _fondo izquierda_

HILARIO (_Con indignación._)—¿Veis? ¡Lo que yo decía! ¡aquí con ellos!... ¡Maldita siá!

ENCARNA (_Adelantando valientemente._)—¡Sí, padre; aquí... con ellos!

HILARIO.—¿Quién te ha mandao venir aquí?

ENCARNA.—Mi corazón.

HILARIO.—Pero ¿qué te han dao esa gente?

ENCARNA.—Alegría, cariño, ilusión pa vivir. Eso me han dao.

HILARIO.—Amos a casa. (_Cogiéndola de un brazo._)

ENCARNA.—¡Sin ellos, en jamás! (_Soltándose._)

HILARIO.—Pero, ¿es que los prefieres a tu padre?

ENCARNA.—No, señor; los prefiero a tóos juntos, como estábamos antes que la envidia nos hubiese envenenao la felicidad. ¡La envidia negra, la envidia triste!

HILARIO.—¡No ha sío la envidia, ha sío la verdá!

BERNABÉ y VALENTINA (_A un tiempo y con igual energía._)—Ha sío la envidia.

HILARIO.—¡La verdá!

LOS DOS.—¡La envidia! (_Cuando Bernabé e Hilario están a punto de acometerse, se interpone Sole, llorosa, temblando._)

SOLE.—¡Señor Hilario, por Dios, no se pongan ustés así! Y, vaya: yo no sé si hago bien u hago mal, pero yo le voy a decir a usté una cosa que me la arrancan del corazón, pero yo se la digo.

HILARIO.—¿Qué me vas a decir?

SOLE.—Que sí, señor; que tóo lo que ha pasao ha sío una ceguera de la envidia. (_Baja avergonzada la cabeza._)

HILARIO.—¿Qué estás diciendo?

SOLE.—Cuando yo se lo digo a usté... (_Se arrodilla a sus pies._)

VALENTINA.—¿Lo oyes? ¿Lo estás oyendo?

HILARIO.—Pero tú...

SOLE (_Con tristeza._)—No me hagan ustés hablar más.

VALENTINA.—Basta. Levanta, hija; no hace falta que pa defendernos acuses a la persona que más tiés que querer.

SOLE (_Enternecida._)—¡Señá Valentina!

VALENTINA.—No hay nada que defienda a la gente mejor que la verdá.

HILARIO.—Y si tóo era mentira, ¿por qué no has venío tú a defenderte?

VALENTINA.—Porque no me hacía falta. Honrada he sido siempre. Creerme honrada es hacerme justicia. Si tú no me la quiés hacer, no me la hagas. Las mujeres como yo, esa justicia no la piden de limosna.

HILARIO.—Eso es orgullo.

VALENTINA.—No sé lo que será.

HILARIO.—¿Y quién me prueba que tóo era mentira?

VALENTINA.—Lo que acabas de oir a esta criatura. Mi vida siempre clara, el cariño de tu hija.

ENCARNA.—Si yo hubiese visto en ella lo más mínimo contra mi padre, ¿cómo la iba a haber querido?

AQUILINO.—Hilario, son veinticinco años de afezto. ¿Quiés creerme, aunque soy municipal?

HILARIO.—¿Qué me vas a decir?

AQUILINO.—Que abras los ojos a la luz.

ENCARNA.—Sí, padre; toavía pué arreglarse tóo.

PACO.—Tóo menos mi reputación.

SOLE.—¡Señor Hilario!... (_Suplicante._)

COSME.—Amos, ¡un rasgo, Hilario!

HILARIO.—Que haga lo que guste... Que venga. Ya hablaremos.

VALENTINA.—Voy o no voy. Lo que tú quieras.

HILARIO.—Cuando no he querido, es de tanto que he querido. Ya lo sabes.

ENCARNA.—¡Padre!... (_Los abraza y los aproxima._)

BERNABÉ (_Con amargura._)—Bueno; ustés s’han arreglao. Está mu bien. Pero nosotros estamos de más. Que lo de los Labullas lo tengo yo clavao en el corazón. (_Paco da un suspiro muy hondo._) Ámonos, monumento malograo.

AQUILINO.—Perdónalo, Bernabé. Ha tenío una venda en los ojos.

PACO.—Sí; pero por tener él una venda, fíjese usté la que tengo yo. (_Enseñando la de la pierna._)

BERNABÉ.—Doce metros. (_Inician el mutis._)

VALENTINA.—¡Alto! ¡Quietos aquí! A obedecerme. Y oye una condición, Hilario.

HILARIO.—Tú dirás.

VALENTINA.—Que mañana tóo el mundo a casa. Aquel arroz que quedó en pie, se comerá, si Dios quiere. Tú torearás Bobadillas, y si entonces quedas mal, a seguir en tu oficio. Luego os casaréis. Nosotros al trabajo, al cariño; tóo como antes. No le cedo a la envidia ni el canto de un duro.

SOLE.—Y a mí no me echarán ustés del lavadero, ¿verdá, señá Valentina?

VALENTINA.—¡Quiá hija, ni lo sueñes! Soy buena, pero no tanto. Tú tiés que ganarte allí una peseta pa llevársela a tu madre. Que no hay peor castigo pa un envidioso que tener que vivir del bien que ha querido destrozar.

BERNABÉ.—¡Olé, eres Agustina de Aragón y Cascorro tóo en una pieza!

VALENTINA.—¡Soy una madrileña honrada, dilo de una vez!

VIGUDÍ (_A Hilario._)—¿Convidará usté a árnica?

HILARIO.—Y a más os doy un duro por cada chichón.

PACO.—Se arruina.

VALENTINA (_Al público._)—

Y al fin vencida la envidia, quien de ella triunfó, os demanda que al terminar el sainete perdonéis sus muchas faltas.

TELÓN

LOS POBRES

Almas piadosas, corazones magnánimos, que cedéis ante la demanda plañidera del mendigo que os tiende en la calle la mano escuálida, seguidme. Venid conmigo a los inmundos rincones de un Madrid lamentable y mísero, artimañoso y agenciero, que, por fortuna desconocéis, y escuchad estos edificantes y verídicos diálogos.

Estamos en el Campillo de Gilimón. Es una tarde clara y fría, de cielo azul y sol espléndido.

Dos vecinas, la _señá Gala_ y _Petra la Bizca_, acaban de dirimir sus diferencias a mordiscos, golpes y arañazos, entre injurias soeces, ante un público desarrapado y jubiloso. Terminado el jollín se retiran las beligerantes, seguidas de sus partidarios, a reparar desperfectos. Va cesando poco a poco el tumulto.

Junto a la tapia del hospital de la Orden Tercera quedan acurrucadas, tomando el sol, dos viejas andrajosas, la _señá Librada_ y la _señá Justa_; próximo a ellas, el _señor Celipe el Chinas_, viejo también, sentado en un cajón, deshace unas colillas y lía un cigarro. El _Pendingue_ (afilador) se ocupa en buir unas cuchillas de zapatero. Algo más lejos, unos chiquillos juegan con gran alboroto.

——

JUSTA.—¿Y por qué ha sío la zurra?