Sainetes

Part 14

Chapter 144,074 wordsPublic domain

SOLE.—Un día que están tóos tan contentos...

JOSEFA.—¿Y qué tenemos nosotras que ver con la alegría de nadie? A trabajar. (_Siguen lavando. Hilario, Aquilino y Cosme, al quedarse solos se sientan alrededor de la mesa y se sirven unas copas de vino; beben y fuman puros que les da Hilario. Se oye fuera la murga y jaleo de baile bastante lejano para que no interrumpa el diálogo._)

AQUILINO.—¡Qué feliz eres, Hilario!

HILARIO.—No lo sabes bien, Aquilino. Tu pecho municipal y cariñoso no pué abarcar esta felicidad que me embriaga. Porque veo a mi hija dichosa; a la mujer que quiero, feliz; a mis amigos, contentos: oigo esa música; ese barullo, que es como el ruido de esta alegría interior que me corre por dentro y reflexiono y me digo: este bien que gozo es el fruto de mi vida, de mis afanes; tóo ganao con lágrimas y con horas de trabajo. ¡Qué mayor dicha pa un hombre de bien! ¡Bendito sea Dios que me la concede!

AQUILINO.—Porque te la mereces.

COSME.—¡A tu salú!

AQUILINO.—¡Vaya!

HILARIO.—¡A la vuestra! (_Chocan las copas y beben._)

ESCENA X

DICHOS _y_ DIMAS (_cartero_) _foro izquierda_

DIMAS.—Buenos días.

HILARIO.—Hola, Dimas.

COSME.—Hombre, el cartero.

AQUILINO.—Adiós, paloma mensajera.

HILARIO.—¿Un chupito?

DIMAS.—Se acepta y se agradece, que ya va haciendo mucha calor. (_Bebe._)

JOSEFA (_A la chica._)—Ámonos. (_Mirando con temor al cartero._)

SOLE.—Pero...

JOSEFA.—Ámonos. (_Vanse foro izquierda._)

HILARIO.—¿Y que te trae por este domicilio?

DIMAS.—Que tié usté carta. (_Busca en el paquete._)

HILARIO.—Hombre, ¿quién se acordará de mí? Toma la perra. (_Se levanta para dársela._)

DIMAS.—No paga, es del interior (_Se la da._) Vaya, hasta otra, señores. (_Vase foro._)

HILARIO.—Anda con Dios, hombre. ¿Quién me escribirá a mí del casco y a esta casa? Oye, y es letra de máquina.

AQUILINO.—Algún amigo.

HILARIO.—Yo amigos con máquina... no m’acuerdo. Veamos. (_Se sienta, rompe el sobre y empieza a leer. A poco palidece, se demuda, tiembla, se levanta, se sienta, se pasa la mano por la cara con angustia._)

AQUILINO (_Alarmado._)—¿Qué te pasa?

COSME.—Oye, ¿pero qué tienes? (_Hilario se pone en pie._)

HILARIO.—Dame un... dame un poco de agua, haz el favor.

AQUILINO.—¡Pero te has quedao blanco! (_Hilario vuelve a leer._)

COSME (_Muy alarmado._)—¿Qué te dicen?

AQUILINO.—¿De quién es esa carta?

HILARIO.—Pues esta carta... yo no... no sé... si... (_Vuelve a mirarla._) esto no... ¡mi madre! (_Cae sentado._) no es carta, sabes; es...

AQUILINO.—¿No trae firma?

HILARIO.—Ni fecha ni na.

COSME.—¿Un anónimo?

HILARIO.—Sí; un anónimo... una puñalá... (_con ira creciente._) Esto es una infamia... pero, amos... pero me ha dejao que yo no sé qué tengo... (_Se pasa la mano por la cara con angustia._)

AQUILINO.—¿Pero qué dice? Venga ya, hombre.

HILARIO.—Toma, lee...

AQUILINO (_Lee._)—¡Recontra!... ¡oye! ¡mi madre! Bueno, esto es una asquerosidad; de esto no hay que hacer caso. (_Con la carta hecha un rebuño da un puñetazo sobre la mesa._)

HILARIO.—No, sí, claro... pero cuando hay quien te diga esas cosas y ves en lo que te dicen algo que...

AQUILINO.—Oye tú, reponte, que te va a dar una alferecía. Miá cómo tiembla.

COSME.—¿Pero qué dice ese papel, releñe? ¡Leer alto! (_Cesa de tocar la murga._)

AQUILINO.—Casi na. Atiende. (_Lee._) “Amigo Hilario: Una persona que le quiere bien...”

COSME (_Torciendo la cabeza._)—Mal.

AQUILINO.—“Aunque usté no se lo merece, le avisa de que la Valentina que le pinta a usté otra cosa, porque vale pa ello, está liada...”

COSME.—¡Rechufla!

AQUILINO.—“Está liada desde antes de quedarse viuda de su primer marido, u lo que fuese... con el señor Bernabé el picador, carne y uña como usté recordará de aquel pobre hombre.”

COSME.—¡La panocha!

AQUILINO.—“Y de ahí el meter en su casa de usté al citao Bernabé, así como al hijo que ha engatusao a la Encarna. Y van tóos a una a comérsele a usté su honrao sudor. Reflexione en todo y no haga el primo. Se lo avisa quien bien le quiere.” (_Vuelve a oirse la murga._)

COSME.—¡Mi madre!... ¡pues es una misivita!

HILARIO (_Saliendo de su profunda abstracción._)—¡Maldita sea! (_Con amargura._)—¿Habré tenío yo una venda en los ojos, Aquilino?... ¿Habré estao ciego?

AQUILINO.—¡Por Dios, Hilario, no desbarres, que esto es una infamia!

HILARIO.—¿Pero quién va a tener interés en hacerme peazos la felicidad de esta forma tan cruel y en un día como el de hoy si yo no tengo enemigos?

COSME.—Eso no lo digas. Tóo el que es feliz los tiene, Hilario.

AQUILINO.—Esto es de algún envidioso, estoy seguro, que la envidia es lo más malo de este mundo.

HILARIO.—¿Pero qué me van a envidiar a mí, Aquilino?... ¿Un peazo e pan, un rincón de casa, una pizca e felicidá?

AQUILINO.—El envidioso no repara en más o en menos... quitarte el bien que tengas, poco o mucho, grande o chico.

HILARIO.—No, Aquilino, no... No hay alma por negra que sea que se atreva sin motivo a hacer una cosa como ésta, cincuenta veces peor que un asesinato. (_Se levanta y va hacia la derecha._)

AQUILINO.—Por Dios, Hilario, cálmate. (_Siguiéndole._)

HILARIO.—Sí; quizás que habré estao ciego: que cuando quieres hay cosas que las tiés delante de los ojos y no las ves hasta que te las dicen... La Valentina me trajo aquí a Bernabé. Eso no puedo negarlo.

AQUILINO.—¿Pero vas a dudar?...

HILARIO.—No es que dude; es decir, las cosas como han pasao. Ella trajo a ese hombre y ella arregló lo de los chicos, y tóo se le hace poco pa esa gente, esta es la verdad... ¡maldita sea!... Y si esto es una traición; si esto fuese una traición después de lo que yo he hecho por ellos, os juro por la sangre que tengo... (_Amenazador avanza._)

AQUILINO (_Conteniéndole._)—Hilario... amos, hombre, una meaja de aplomo, que tú no pués partir de ligero.

COSME (_Cortándole el paso._)—A más de que lo primero es cerciorarse, por lo tanto, lo que te conviene es fingir y...

HILARIO (_Vivamente._)—No, eso no... fingir no; no tengo carácter pa ello. De que me serene pensaré lo que sea menester... pero por de pronto, como tengo ya el corazón envenenao, me molesta esa música y esa alegría y ese barullo, conque vete a decirles a tóos que se vayan.

AQUILINO.—Pero, hombre, no comprendes...

COSME.—Calla, ellos vienen. Aplomo, Hilario. (_Pasa al lado de Aquilino._)

ESCENA XI

DICHOS, VALENTINA _y_ BERNABÉ. _Del tendedero vienen riendo._

BERNABÉ (_Entrando._)—¡Ja, ja, ja!... Bueno, vais a hacernos el favor de asomar las narices pa vernos bailar la machicha brasileña.

VALENTINA (_Muy alegre._)—Nos hemos llevao la palma... que se pué decir... Conque, pollo, andandito, que vengo por el chotis ofrecido.

HILARIO (_Secamente._)—Gracias, no tengo gana de na.

VALENTINA (_Fijándose en él y con asombro._)—Oye, ¿pero qué tienes? Estás blanco como el papel.

BERNABÉ (_Quedando repentinamente serio._)—Es verdá. ¿Qué te pasa, Hilario?

VALENTINA.—¿Te has puesto malo? (_Anhelante._)

HILARIO.—No, no tengo na, gracias. (_La rechaza._)

VALENTINA.—Pero esa voz... ese tono... ¿Qué ha pasao aquí?

BERNABÉ.—Hilario, ¿has tenío algún disgusto?

HILARIO.—He dicho bien claro que no tengo na.

VALENTINA.—¿Pero qué ha sucedío?... ¡No estén ustés como dos pasmaos y hablen por lo que sea!...

AQUILINO.—Señora...

VALENTINA.—¿Qué tienes, Hilario?... ¿qué tienes?... No me atormentes.

BERNABÉ.—Desembucha ya, hombre, que nos tiés con el alma...

HILARIO.—He dicho que no me pasa nada, sino que tóo tié su fin y esta juerga es hora ya que se acabe.

VALENTINA.—Está bien; pero cuando tóo el mundo, y tú el primero, estábamos tan contentos, ¿qué motivos tienes pa que así de repente...?

HILARIO.—Es mi voluntá. Llama a tóo el mundo y que se vayan.

VALENTINA.—¿Pero es que yo no tengo derecho a saber...?

HILARIO.—¡Tienes derecho! Pero una meaja de calma que ya hablaremos tú y yo lo que sea menester hablar.

VALENTINA.—Está bien.

HILARIO.—Llama a mi hija. (_Valentina sube despacio hacia el fondo._)

BERNABÉ.—Hilario, yo estoy que no sé lo que me pasa... Yo salía tan contento y de pronto te veo de una forma que... y comprenderás que... amos, que necesito una explicación, porque esto...

HILARIO.—No tengo explicación que dar a nadie. Deseo quedarme solo con los míos. Creo que tengo derecho a hacer lo que quiera en mi casa.

BERNABÉ.—Sí, señor, tiés derecho a hacer lo que quieras en tu casa; pero el que está en ella y no la ha agraviao, también tié derecho a saber por qué se le echa.

HILARIO.—Yo no te echo.

BERNABÉ.—No me dices que me vaya, pero me señalas la puerta, conque verde y con asas... Y yo no salgo de aquí sin una explicación, Hilario.

HILARIO (_Agresivo._)—Y a mí no me paece este el momento de dártela, ¿qué hay?

VALENTINA.—¡Por Dios! (_Le contienen entre los tres._)

BERNABÉ (_Con fría calma._)—Nada, nada. No te acalores. Me has hecho mucho bien para que me se olvide en cinco minutos. No sé qué es esto: algo pasa y algo muy grave. Tú me lo dirás hoy, mañana, cuando sea. Pero escucha, Hilario: hoy, mañana, cuando sea, yo no te daré más que una respuesta, una... Que si me hacen a cachitos el corazón, aquí dentro no encontrarán más que lealtad y gratitú pa esta casa. Y ahora me voy por mi hijo.

ESCENA XII

DICHOS, PACO, ENCARNA, SEÑOR CECILIO, _los_ MURGUISTAS, LAVANDERAS, VECINAS, VECINOS, TODOS. JOSEFA _y_ SOLE _vuelven a salir colocándose en su puesto en la pila_. _Paco y Encarna salen delante riendo y bromeando_.

PACO.—Padre, salimos con murga y tóo, porque queremos que vean ustés bailar al tío Pelele el... (_Viene con Encarna a primer término derecha._)

BERNABÉ (_Gravemente._)—Cállate, Paco.

PACO (_Con asombro._)—¿Qué?

BERNABÉ.—Paco.

PACO.—¿Qué pasa? (_Mirándolos a todos._) ¡Oye, pero qué caras!... (_La gente queda parada en segundo término al fondo._)

ENCARNA.—Es verdá. ¿Qué sucede? ¿Qué es esto? ¡Tóos tan serios!...

PACO (_Riendo locamente._)—¡Ja, ja, ja!... Calla, que ya caigo. ¡Tié gracia! Como antes le he dicho a tu padre que tenía gana de verlo serio, pues nos han preparao esa guasa para... ¡ja, ja, ja!

ENCARNA.—Es verdá... ¡ja, ja, ja! y qué bien lo hacen.

PACO (_Cariñosamente._)—Y miá cómo s’han quedao, paecen unas feguras de celuloide.

BERNABÉ (_Muy serio._)—Paco, que no es chufla.

PACO.—Quíte usté d’ahí, so cómplice. Y miá el municipal; paece la careta de Dato... ja, ja, ja. (_Ríe._)

BERNABÉ.—Paco, por la memoria de tu madre, que es en serio.

PACO (_Aterrado._)—¿Qué?

BERNABÉ.—Que es en serio, por tu salú.

PACO.—¡Rediez!

ENCARNA (_Temblorosa._)—¿Pero es verdá?

BERNABÉ.—Coge el sombrero y el bastón.

PACO.—¿Pa qué?

BERNABÉ.—Coge el sombrero y el bastón, que nos vamos.

PACO.—¿A dónde?

BERNABÉ.—A la calle.

PACO.—¿Pero y el arroz?

BERNABÉ.—Se nos ha pegao. (_Paco coge su sombrero y su bastón._)

ENCARNA.—¿Pero qué dicen?... ¿pero es de veras esto, Valentina? (_Yendo a su lado._)

HILARIO (_Atrayéndola hacia sí._)—Es de veras. Tú, aquí, conmigo. (_A todos._) Y ustés, señores, esto se ha arrematao; gracias por tóo y hasta otra. (_Se van marchando todos poco a poco y en silencio, quedando en las puertas sin desaparecer._) Señor Cecilio, puén ustés retirarse.

CECILIO.—¿Repito el pasacalle pal desfile?

AQUILINO.—Desfile sin repetir na, haga el osequio. (_Vánse los murguistas. Josefa y Sole vuelven a ponerse a lavar, en silencio, sin ruido._)

PACO.—Pero padre, ¿qué es esto?... ¿por qué nos vamos? ¿por qué nos echan?

BERNABÉ.—No te lo puedo decir.

PACO.—¿Pero es que le he faltao yo a alguien en algo? Al que le haiga yo faltao en algo, que lo diga. (_A Hilario._) ¿Le he faltao yo a usté? (_Pasando a su lado._)

HILARIO (_Con desabrimiento._)—A mí no.

PACO.—¿A quién le he faltao yo?... Señor Aquilino, usté que es autoridá, ¿le he faltao yo a usté en algo?

BERNABÉ.—Tú no has faltao a nadie, hijo mío.

PACO.—Entonces ha sío usté... porque de no haber sido yo, tié usté que haber sido...

BERNABÉ.—¿Pero es que dudas de mí?

PACO.—¿Qué ha hecho usté pa que nos echen?... ¿qué ha hecho usté pa destrozarme la felicidad? ¿qué ha hecho usté, padre?

BERNABÉ.—¿Que qué he hecho yo?... Quererte con toa mi alma, y cuando nos creíamos más dichosos, salgo y me dicen que nos vayamos; pido explicaciones y no me las dan y quiero exigirlas porque me sobran agallas, pero me acuerdo que hasta la ropa que llevas se la debemos a este hombre y me repudro y me achanto y me voy a la calle. No puedo hacer más, es decir, no puedo hacer menos. ¡Vámonos, hijo! (_Coge su sombrero._)

PACO.—¿Pero es que llora usté?... Caray, porque eso no. Que antes de que se le caiga a usté una lágrima, me desnudo yo aquí mismo y dejo la ropa y el corazón y lo que sea menester dejar.

BERNABÉ.—Ámonos.

PACO.—Sí, señor.

ENCARNA.—¡Paco!... (_Suplicante._)

PACO.—Es la primera vez que le veo llorar y mi padre no... ¡A la calle!

BERNABÉ.—Y coste que me voy con la frente muy alta.

PACO.—Y si quié usté, pa que la lleve más alta le saco yo a usté en brazos.

BERNABÉ.—Quedar con Dios.

PACO.—Buenos días. (_Vanse abrazados foro izquierda._)

ENCARNA.—¿Pero qué es esto, padre, hable usté?... Si estoy que me muero... Si esto no pué ser... tanta felicidá y de repente... ¿qué ha pasao por esta casa, Valentina, qué ha pasao? (_Yendo a su lado._)

VALENTINA.—¡Yo no lo sé, Encarna, no lo sé; estoy como loca!... pero me da el corazón que por esta casa... ¡por esta casa ha pasao la envidia!

ENCARNA (_Aterrada._)—¡La envidia!

SOLE (_Aterrada._)—¡Madre!

JOSEFA.—¡Silencio! (_Cuadro._) (_Telón rápido._)

=Intermedio musical.=

=Mutación=

CUADRO SEGUNDO

Gabinete humildísimo en casa del señor Bernabé.

En la pared del foro dos balconcitos con puertas vidrieras y cortinas por dentro. A la izquierda la puerta de entrada al piso con mirilla, cerradura y llamador de hierro que sonará cuando se indique.

En los laterales derecha dos puertas que dan acceso a habitaciones interiores. Entre ambas, una silla con el chaleco, chaquetilla, montera y capote de paseo de Paco.

Mobiliario: un sofá foro izquierda y unas cuantas sillas de anea. Una cómoda vieja entre los dos balcones y sobre ella varios retratos deslucidos. En la pared una cabeza de toro disecada. Números de «La Lidia» pegados por distintos sitios.

En el centro de la habitación hacia la izquierda una camilla con un tapete de hule. Encima una botella de barro y un vaso. Es de día.

ESCENA PRIMERA

_La_ RITA. _El_ TÍO PELELE.

_Al levantarse el telón nadie en escena. Sale Rita segunda derecha, con un lío de capotes y dos estoques de matar, que deja sobre el sofá. Llaman a la puerta._

RITA.—Ya voy, ya voy. (_Abre._) Alante.

PELELE (_Con traje de fiesta._)—Buenas las tenga usté, señá Rita.

RITA (_De mal talante._)—Regulares las quisiera, hijo.

PELELE (_Quitándose el sombrero._)—Yo, como es la costumbre... ¿Y su hermano de usté y su sobrino?

RITA.—Ahí están, empezando a vestirse pa la corrida.

PELELE.—Pos un servidor, como le ofrecí a Paco de hacerle de mozo de estoques, pos venía pa ello.

RITA.—¡Usté de mozo!... Bueno, asiéntese usté. (_Le da una silla._)

PELELE.—S’agradece. (_Se sienta a la izquierda de la camilla. Con gran interés y bajando un poco la voz._) ¿Y qué, los ánimos andarán mu caídos por esta casa?

RITA.—Ni quiá usté saber; con eso de no haber sabío de la Encarna en tres días que van del desgusto, pos el chico está que su alma se la arrancan. (_Queda de pie a la derecha._)

PELELE.—¡Con tantas ilusiones y tóo pol suelo en media hora!

RITA.—Un asco de mundo. ¡Pos la señá Valentina, la pobre, también estará pa que la pidan una fábula!

PELELE.—¿La señá Valentina?... Más serena que usté y que yo. ¡Eso es una mujer! Del _seso_ femenino no se encorambra con más agallas.

RITA.—¿Pero no se l’ha venío el mundo encima?

PELELE.—Se le ha venío el mundo encima, pero ella lo ha apartao y ha seguido pa alante. Amos, eso hay que verlo. Misté, de que supo por boca del mismo señor Hilario que estaba acusá de mantener relaciones _inlícitas_ con su hermano de usté, que fué y no le dijo más que esta cosa lacónica: “Ah, ¿pero era eso?—Eso.—¿Y has dudao de mí?—Y dudo”, le refutó él. Y fué ella, se quedó un poco amarilla, levantó así la cabeza con orgullo, miró al señor Hilario de hito en hito, prorrumpió en una carcajada consistente en ¡ja, ja, ja! agarró sus cuatro trapitos y echó a andar calle alante, tranquila y serena.

RITA.—Amos, miá que ese tío está loco. ¡Dejarse marchar a una mujer como la Valentina!

PELELE (_Dando un puñetazo en la mesa y poniéndose de pie._)—Y quedarse con la perra de la Josefa, que dende el desgusto es la que lleva el remo de la casa. Y pa mí que ella es la del anónimo... y la causanta de tóo...

RITA.—Pero qué me va usté a contar, hijo, si la tengo conocida de chica, que íbamos juntas a la escuela y siempre estaba castigá de envidiosa que era. Que, vamos, un día—pa que se vea lo que son las presonas,—fué y tenía yo una berruga aquí, mal señalao, (_En la mejilla._) que decían tóos que me hacía muchisma gracia, y fué ella y pa que no la tuviese, me la quemó con una cosa negra que le dicen nitrato, que me hizo de ver las estrellas; que yo no la he vuelto a tratar en mi vida desde entonces.

PELELE.—Pero señora, si su segundo marido tuvo que retirarse de con ella y se fué a Buenos Aires por no matarla. Y su primer marido no digamos, que ahí lo tié usté vivo y sano, que es el señor Antonio el cañamonero, que cuando habla de ella hay que taparse los oídos con hidrófilo.

RITA.—Pero oiga usté, ¿cuántos maridos le viven?

PELELE.—Bueno, digo maridos, porque de alguna manera hay que llamarle en sociedad a cierta clase de ñudos.

RITA.—Sí, ñudos, ñudos... corredizos. (_Llaman._)

PELELE.—¿Quién será?

RITA.—Voy a ver. (_Abre._)

ESCENA II

DICHOS, SEÑOR TOBÍAS. _Es un tipo de tabernero rico, vestido de fiesta. Cadena de oro muy gruesa, sombrero ancho, puro en la boca y un palasán muy gordo, con bola de hierro._

RITA.—Pasa, Tobías.

TOBÍAS (_Entra y da un golpe en el suelo con el bastón._)—¡La panocha, qué cochino mundo! Amos, que si no lo viese uno...

RITA.—¿Qué te pasa?

TOBÍAS.—Dile a Bernabé que salga, maldita sea la liendre, que un asesinato de esa forma no lo consiente mi cuerpo.

RITA.—¿Pero qué estás diciendo?

TOBÍAS.—Que a ese tío le pego yo un tiro en la sien, apuntarlo. Que cuando se es amigo de un diestro se es amigo y no se debe consentir que se le menoscabe ni se le atropelle.

RITA.—Bueno, pero...

TOBÍAS.—¡Ladrones!... ¡Qué proceder con un debutante! Ahora, que no se han fijao en mi punto de apoyo y yo escalabro a uno. (_Mirando a la garrota._) Hoy ejerces.

RITA.—Pero...

TOBÍAS.—Que salga tu hermanito, hale...

RITA.—Es que está en calzoncillos.

TOBÍAS.—Mejor. Pa lo que le voy a decir, sobra; porque Paco no torea esta tarde. Eso firmao.

RITA.—¿Qué dices?

TOBÍAS.—Lo dicho. Hale, que es urgente.

RITA.—Voy, voy. (_Vase primera derecha._)

PELELE.—¿Pero es que ocurre algo?

TOBÍAS (_Que pasea agitado._)—¡Qué granujá! ¡Maldita sea la liendre!

PELELE.—Tome usted asiento.

TOBÍAS.—No quiero. (_A Pelele._) No es a usté. No quiero, no quiero y no quiero consentir una infamia como esa. ¡Abortarnos un torero de esta manitú! ¡Canallas!... ¿De dónde?... Aquí está mi cuerpo pa que no. Hoy ejerces. (_Blande la estaca._)

ESCENA III

DICHOS, BERNABÉ. _Sale primera derecha con el calzón ya puesto y una americana de casa._

BERNABÉ.—Hombre, Tobías.

TOBÍAS.—Hola. Hagan el favor. (_Indica que se vayan Rita y Pelele._)

BERNABÉ.—Chico, dispensa, pero nos estamos vistiendo porque son las dos, y la cuadrilla... (_Vanse Rita y Pelele segunda derecha._)

TOBÍAS (_Con misterio._)—Pues no sigas vistiéndote, Bernabé.

BERNABÉ (_Asustado._)—¿Qué pasa?

TOBÍAS.—Que tú no sabes lo que os han fraguao pa esta tarde.

BERNABÉ.—¿Qué nos han fraguao?

TOBÍAS.—¡Una infamia horrible!

BERNABÉ.—¿Qué dices?

TOBÍAS.—Que quién machacarle a tu hijo el porvenir, pero eso no será... mientras a Tobías Peñasco le quede (_Accionando conforme habla._) un dedo de vergüenza, un palmo de dinidá y una vara de acebuche. (_Por el bastón._) ¡Hoy ejerces!

BERNABÉ.—Bueno, pero dime pronto...

TOBÍAS.—Agárrate, que de pie no lo aguantas.

BERNABÉ.—Venga.

TOBÍAS.—Bueno, pues que Hilario, que desde el desgusto que tuvísteis, está ciego contra vosotros, ha ido a decirle a don Isidro Solano, el empresario de Tetuán, que ya no tiene interés por Paco; y ese tío asqueroso que le debe más de nueve mil pesetas, oliéndose que si tu hijo queda mal esta tarde, el señor Hilario tendrá una gran alegría, ¿qué dirás que ha hecho el muy granuja?

BERNABÉ.—¿Qué ha hecho, Tobías? porque yo ya estoy con un sobresalto en el corazón, que tóo me lo espero.

TOBÍAS.—Pues que a última hora, ha fijao un anuncio en el cartel diciendo que se le han estropeao tres toros y en vez de los seis Bobadillas que tenía preparaos para Paco y el Herrerito y que eran seis merengues de fresa, los ha sustituído por seis marrajos... agárrate... de Pérez Labulla.

BERNABÉ (_Aterrado._)—¡¡Labullas!! ¡Mi madre!

TOBÍAS.—Vengo de los corrales. Son seis mansos pregonaos, con más poder que un mercancías, y con unos cuernos, que ¿tú has visto el palo ese de la telegrafía sin hilos, que hay en San Fernando el Jarama? pos un mondadientes en parangón.

BERNABÉ.—¡Pero eso es un asesinato!... ¡Labullas pa un prencipiante!... ¡y en el estao de ánimo de ese chico!... (_Con indignación._) ¡canallas!... ¡asesinos!

TOBÍAS.—Bernabé; Paco no debe torear esta tarde.

BERNABÉ.—Pero si no torea, ¿cómo queda, Tobías?

TOBÍAS.—Entero; pero como toree te lo traes en un pañuelo de hierbas, que tú no has visto el ganao.

BERNABÉ.—¡Calla, por Dios!... ¡Ladrones!... ¡Infames! ¿Qué hago, qué hago, Tobías, qué hago?... Si torea, tal como está Paco, un bueyacón de esos me lo pué mandar al hospital. Ya lo sé; pero si pone una excusa y no torea, pos se ve el miedo... y vienen el descrédito, la burla y la miseria... ¿Qué hago, Tobías? ¿Qué hago?

TOBÍAS.—¡Qué sé yo, Bernabé, si tampoco sé qué decirte!... Ahora, que esta infamia que os hacen no la aguanta mi cuerpo, y yo te garantizo que esta tarde va a haber una de cabezas vendás en la plaza e toros que va a parecer que la corrida se está dando en Aragón. (_A la estaca._) Hoy ejerces. (_Se oye ruido de cascabeles. Sale por la segunda derecha el tío Pelele y va a abrir._)

BERNABÉ.—Calla, que ha parao un coche. (_Se asoma al balcón._) Es la cuadrilla.

TOBÍAS.—Buenos vendrán los pobres chicos si han visto el ganado. (_Llaman._)

PELELE (_Abriendo._)—Yo me voy a decírselo tóo a la señá Valentina. (_Entran los toreros y sale él, dejando la puerta abierta._)

ESCENA IV

DICHOS. _El_ ZIPILÍN, _el_ VIGUDÍ _y el_ TELARAÑA, _con trajes de luces, capotes de paseo. Todo muy pobre y viejo. Entran con cara de pánico, temblorosos._

LOS TRES.—Buenas tardes.

BERNABÉ.—¡Hola, jóvenes!

ZIPILÍN.—¿Ya sabrá usté el cambiazo?

BERNABÉ.—Sí, hijo, sí. Me lo ha dicho, aquí, el señor Tobías.

VIGUDÍ.—¡Nos echan Labullas!

BERNABÉ.—¿Y habéis visto el ganao?

VIGUDÍ.—¿Que si le hemos visto? Seis enormidades corniveletas, señor Bernabé.

ZIPILÍN.—Esos bichos no se le echan a una cuadrilla debutanta, a menos que se esté conchavao con el trus funerario...

BERNABÉ.—Hombre, no será tanto...

TELARAÑA.—Ya los verá usté. ¡Qué cuernos!... Tiran un viaje y es con kilométrico. (_Indicando la dimensión del cuerno._)

TOBÍAS.—¿Y cómo os habéis vestío tan pronto?

ZIPILÍN.—Por disfrutar un rato más de la ropa.

VIGUDÍ.—¡Nos van a desnudar en seguida!...

TELARAÑA.—Darme un cigarro... yo no hago más que fumar. (_Bernabé le da un pitillo._)

ZIPILÍN.—Con permiso... (_Se sirve agua. Tiembla la botella sobre el vaso._) ¡Tengo una sequedá de boca!...

TOBÍAS.—¿Pero es que tiemblas?...

ZIPILÍN.—¿Pos qué creía usté, que repiqueteaba el tango argentino?

BERNABÉ.—¡Bueno, hijos; hay que tener ánimos!

VIGUDÍ.—No, si después de tóo qué me pué pasar a mí, que R. I. P... Bueno, pero tengo una satisfación, que no se alegrará nadie. No tengo amigos.

PACO (_Dentro._)—Padre...

BERNABÉ.—Por Dios santo, que no os vea Paco acoquinaos.

ZIPILÍN.—Sí; pero la verdá hay que decírsela.