Part 13
VALENTINA.—Mialá, de pensarlo, se ríe hasta con las orejas.
ENCARNA.—¡La alegría que tengo! Que quiero, que me quieren, que te veo a ti contenta, a mi padre satisfecho y que hoy por hoy no me cambiaría ni por una marquesa. (_Ríe y palmotea._)
SOLE.—Ni aunque te diesen prima, miá esta.
ENCARNA.—Y vaya, vengan ustés pa dentro que les quió enseñar la ropa blanca que me trajo ayer la bordadora. Un primor.
VALENTINA.—Veréis qué seis enaguas; a la que pueda ser más bonita.
TODOS.—Vamos, vamos. (_Vanse segunda izquierda. Sole queda la última._)
SOLE.—Me gusta a mí más ver ropa interior de novios y novias... porque claro, paece que una se anima y...
JOSEFA (_Deteniéndola._)—¿Ande vas tú? (_Haciéndola retroceder de un tirón de la falda y avanzando ambas al proscenio._)
ESCENA III
JOSEFA _y_ SOLE
SOLE.—A ver la ropa blanca que dice que la...
JOSEFA.—Anda a lavar si no quiés que te arranque ese pelote que tienes, so pispajo, fea, gandula... (_Amenazándola._)
SOLE.—Pero señora... (_Retrocediendo._)
JOSEFA.—¡Tú que tiés que ver náa de nadie!...
SOLE.—Pero si es que m’han dicho que...
JOSEFA.—Anda páa alante que en tóo me tiés que contradecir, mala pécora, tunanta... (_Haciéndola retroceder a empujones._)
SOLE.—Pero señor, pero hija, pero yo no sé qué la pasa a usté, que cuanta más alegría tien los demás más fiera se pone usté, ¡caray!
JOSEFA.—¡Fiera!... Cállate si no quiés que te retuerza la lengua, indina, arrastrá... (_La pellizca._)
SOLE (_Huyendo._)—¡Ay, por Dios, madre!... ¡Vamos, hombre!... (_Frotándose el brazo pellizcado._)
JOSEFA.—Que no te gozas si no me ves rabiando. ¡Que yo no debía vivir! ¡¡No debía vivir!!
SOLE.—Ni beber, créame usté.
JOSEFA.—Pué que te figures que es el vino.
SOLE.—¿Es el aguardiente?
JOSEFA.—Es el veneno que tengo aquí que me repudre de ver lo que estoy viendo, que quisiá quedarme ciega pa no verlo... ¡ciega!
SOLE.—¡Ya estamos con lo de siempre! (_Chillando._)
JOSEFA (_Furiosa._)—No chilles.
SOLE.—Pero ¿qué está usté viendo, vamos a ver?... ¿Que son felices? Pues déjelas usté.
JOSEFA.—Pues no me da la gana. No quiero, no quiero y no quiero, que esto es un asco de farsa. Unos granujas y una tía hambrona engañando entre tóos a un tío baboso... ¡maldita sea! ¿Y pa qué ha sío una buena en este mundo? Pa tener este pago y verse arrastrá como una esclava y ver que otros triunfan, y ver que otros se van a llevar lo que una... ¡Miá si no ardiese la casa y nos consumiese a tóos!
SOLE.—Amos, hija, madre... amos, cállese usté, que me da usté miedo. Pero, ¿por qué les tié usté ese odio, señor?
JOSEFA.—Porque son unas asquerosas.
SOLE.—Total, ¿qué nos han hecho aquí? Pos llenarnos la andorguita la mar de veces; que si no hubiá sido por esta casa, ¿qué hubiésemos comido la metá e los días? Pos aleluyas al _gratín_ y pan de _no hay_.
JOSEFA.—Pero lo han hecho pa rebajarte, pa humillarte, pa tenerte bajo el zapato. (_Reconcentrado._)
SOLE (_Imitándola._)—Lo habrán hecho pa lo que haigan querido, pero yo he aumentao cinco kilos; que antes paecía que llevaba las carnes en un pellejo prestao y ahora no se me pué coger un pellizco. Al menos eso dicen tóos los que me lo... (_Golpeándose los labios._) digo, ay...
JOSEFA (_Interrumpiéndola bruscamente._)—Lo que eres tú, eres un peazo e carne con ojos, que ni sientes ni padeces ni vales pa na; pero yo veo el mundo, y esta casa y tóo esto podía ser mío, mío... ¡nuestro!
SOLE.—Pero, ¿qué iba a ser nuestro? Ganas...
JOSEFA.—¿Tú qué sabes?
SOLE.—Pero si el señor Hilario no le ha hecho a usté en jamás ni mención de na.
JOSEFA.—Porque se entremetió esa golfa de la Valentina, que ha sío más lagarta que una... y me engatusó a ese tío lila... Pero déjate, que poco lo va a gozar, muy poco. ¡Por estas! (_Cruza los dedos. Llora._)
SOLE.—Amos, madre, no se ponga usté así. ¡Miá que hasta llorar, hombre! Después de tóo, ¿qué le vamos a hacer? ¿Que son felices? Que Dios se lo habrá dao. ¿Que tienen hombres que las quieran? Pa eso son guapas. Misté, a mí no me da envidia de la Encarna. ¿Que ella es más güena moza que yo? Güeno, pero yo llego donde ella llegue. ¿Que no llego de mi natural? Me aupo. Tóo tié remedio. Después de tóo, yo tengo visto que en este mundo con una mijita de labia y un poquito de paripé, rubias, morenas, altas, bajas, guapas, feas... tóo se despacha.
JOSEFA.—¡Quítate d’ahí, cacho prima!
SOLE.—Que sí, señora, ¿pa qué envidiar a nadie? Yo, con tener salú, un río con agua clara, ropita que lavar, puños pa dar jabón, un cacho de novio y boca pa cantar, pos no me cambio ni por la reina de España; porque ¿qué tié la reina, corona? Pos me pongo yo dos claveles en el pelo, salgo a la calle andando así (_Anda contoneándose._) y me saludan hasta los alabarderos. (_Pasando a la izquierda._)
JOSEFA (_Dándole un manotazo._)—¡Alabarderos! ¡Maldita sea tu estampa! (_La zarandea._)
SOLE.—¡Pero madre!
JOSEFA.—¡Que la ves a una repudriéndose y llorando y encima te vienes con chacharramanchas!
SOLE.—Pero, señor, ¡encima que lo hago pa aplacarla!...
JOSEFA.—¡Vete de aquí o te esgarro! (_Amenazándola._)
SOLE.—¡Dios mío, pero por qué dará tanta pena la alegría de otro! ¡Miá que es castigo! (_Vase, atravesando el foro de izquierda a derecha, al tendedero, refunfuñando._)
JOSEFA.—¡La alegría de otro! ¿Y qué le ha importao la mía a esa golfa? (_Se oyen voces y risas dentro._) Yo que había soñao con ser el ama, verla a ella feliz, rica, valiendo una cincuenta mil veces más... ¡Pues no! ¡Sí, reiros, reiros! ¿Veis estas lágrimas? Pos más amargas las tenéis que llorar. (_Vase foro izquierda._)
ESCENA IV
VALENTINA, ENCARNA, SINFO, SEÑÁ MAURICIA _y_ TÍO PELELE _de la segunda izquierda_
SINFO.—Bueno, esa camisa del canesú a ondas, esa paece que no l’han tocao manos.
MAURICIA.—Pos ¿y el cubrecorsé rosa?
VALENTINA.—¿Os ha gustao?
PELELE.—Lo que yo digo es que debe dar lástima ponerse una ropa con tanto lazo pa tan poco público. (_Ríen._)
VALENTINA.—Es mu requetebonito todo.
ENCARNA.—Como dirigido por ti.
SINFO.—A mí lo que me ha vuelto loca es el juego de novia.
PELELE.—¡Qué juego! (_Con admiración._)
SINFO.—¿Le ha gustao a usté?
PELELE.—Como que es un juego pa hacer las diez de últimas.
MAURICIA.—En fin, chicas, yo me voy al tendedero, que con estas y las otras aún tengo dos sacas en las cuerdas. ¿Me ayudas, Pelele?
PELELE.—Pa luego es tarde.
ENCARNA.—Y yo echo una mano, ande; y así se recoge en cinco minutos. (_Vanse los tres al tendedero. Encarna, al tiempo de hacer mutis, hace una caricia a Valentina._)
ESCENA V
VALENTINA _y_ SINFO
SINFO.—Se ve que te quiere mucho.
VALENTINA.—¿Quién, la Encarna? Y yo a ella. Si eso es un ángel. Tan buena como su padre.
SINFO.—Y oye, a propósito, ¿ande iría el señor Hilario esta mañana a las siete, que le vi tan majo Cuesta e San Vicente arriba?
VALENTINA.—Qué sé yo, mujer. Y no creas, que la salidita esa me tié intrigá.
SINFO.—¿Por qué?
VALENTINA.—Pues que no ha habío forma de que me dijese ande se marchaba.
ESCENA VI
DICHOS, SEÑOR HILARIO, AQUILINO (_Guardia municipal_), COSME, SEÑOR CECILIO _y_ CINCO MURGUISTAS
HILARIO (_Se asoma con cuidado por la puerta y da dos golpecitos en el suelo con el bastón._)—Valentina.
VALENTINA.—¡Ay, hijo, qué susto! (_Retroceden hacia la derecha._)
SINFO.—Miá si antes le nombramos.
HILARIO (_En voz baja._)—¿Y la chica?
VALENTINA.—En el tendedero.
HILARIO.—Me alegro.
VALENTINA.—Pero, ¿qué pasa?
HILARIO (_Imponiendo silencio._)—Chist... (_A alguien que le sigue._) Introducirse, patrulla. (_Entran los murguistas con sus instrumentos y Aquilino y Cosme con una caja, un lío de ropa al parecer y otros paquetes._) De puntillas, virtuosos.
SINFO.—¡Qué comitiva!
VALENTINA.—Oye, ¿pero traes charanga?
HILARIO.—Cinco _Bentovenes_ y este Puchini. (_Por el señor Cecilio._)
VALENTINA (_A Aquilino, que está a su lado._)—Y usté, ¿qué lleva aquí?
AQUILINO.—Fuegos artificiales, faroles a la veneciana y cadeneta tricolor.
VALENTINA.—Pero, ¿qué preparas?
SINFO.—Alguna de las suyas.
HILARIO.—Chist... ya lo sabrás todo. Usté, señor Cecilio y sus diznos... (_A Aquilino._) ¿cómo les llamaríamos a los de la banda?
AQUILINO.—Bandoleros.
HILARIO.—Y sus diznos bandoleros, introdúzcanmese en ese gabinete, que ahora les será remitido bajo sobre un frasco de vino pa que vayan tomando bríos.
CECILIO.—Usté mándenos vino, que ya verá usté cómo soplamos.
HILARIO (_Indicándoles la habitación._)—Pa adentro.
CECILIO.—Y pa afuera.
HILARIO.—Bueno, ahora pa adentro. (_Los encierra en la primera izquierda._)
VALENTINA.—Pero Hilario... pero ¿qué es este misterio, si pué saberse?
HILARIO.—¡Chits! Valentina, al verme venir con el señor Cosme Pedrajas, más conocido por Tarángano...
COSME.—Campeón del mundo en el chascarrillo baturro, pa servir a usté.
HILARIO.—Y con el probo urbano señor Aquilino Larrea...
AQUILINO.—Cuyo lema es: “Allá donde fueres, ríete lo que pudieres.”
HILARIO.—Habrás comprendido que el programa de festejos que nos traemos compite vitoriosamente con el de la atracción pa forasteros.
VALENTINA.—Bueno; pero si lo que yo no me explico...
HILARIO.—Paso a aclararte... Tú sabes, Valentina, que Paco Cebrián, _Chico de las Peñuelas_, hoy por hoy la única esperanza seria del arte taurómaca nacional e hijo del antiguo y afamao picador de toros señor Bernabé Cebrián, _Tomates_, va a contraer matrimonio canónigo con mi hija Encarna, que, a medias contigo, es la reina de mi corazón.
COSME.—Elocuente.
AQUILINO.—Conmovedor.
HILARIO.—Pues bien, como ahora mismo vendrán Paco y su padre a pedirme la mano de la chica, quiero solenizar este día regalándole a él el capote de paseo que ha de lucir el domingo en Tetuán y a ella el mantón de Manila con que ha de concurrir a dicha fiesta; prendas que te serán exhibidas _iso fazto_ por los pollos que al margen se expresan. Desenvolvan. (_Cosme enseña el mantón y Aquilino el capote._)
VALENTINA.—¡Qué preciosidad!
SINFO.—¡Jesús, qué hermosura!
HILARIO.—¿Te gustan?
VALENTINA.—Un encanto. ¡Y no me habías dicho na, so arrastrao!
HILARIO.—Quería sosprenderos. Y ahora comprenderás también que lo de la murga tiene por ojeto amenizar el azto de la entrega de estas prendas a los agraciaos; azto que quiero que se verifique con la solemnidaz de _rública_.
VALENTINA.—Te he cogío la idea. Entrega, bailoteo, un arroz, mucha gente, cohetes, música, ecétera, ecétera.
AQUILINO.—El ecétera de González Byas y en grandes proporciones, si pué ser.
HILARIO.—Me has calcao el pograma, reina. (_La abraza._)
VALENTINA.—Descuida. Voy a convidar a media vecindaz.
SINFO.—Verá usté qué festival organizamos.
ENCARNA (_Dentro._)—Padre... padre...
HILARIO.—Repeine, la chica. Esconde eso.
VALENTINA.—Hasta luego. Vamos. (_Se llevan capote y mantón segunda izquierda._)
ESCENA VII
HILARIO, AQUILINO, COSME _y_ ENCARNA, _del foro izquierda_
ENCARNA (_Jadeante y contenta._)—Padre, padre...
HILARIO.—¿Qué pasa, chiquilla?
ENCARNA.—Que ya... que ya vienen por allá abajo Paco y el señor Bernabé.
HILARIO.—¡Pero qué nerviosa, hija, y qué coloraíta te has puesto! De que ves a ese melón, cerezas.
ENCARNA (_Ruborosa._)—¡Amos no me sofoque usté, padre! Y a tóo esto, ¿cómo están ustés?
AQUILINO.—Pa que nos revoquen, pero gozando de verte dichosa. (_Sube al fondo._)
COSME (_Le da la mano._)—Corroboro.
ENCARNA.—Muchas gracias.
COSME.—Conque a pedir tu manita, ¿eh?
ENCARNA.—Sí, señor. Ya están ahí. Voy a arreglarme un poco. (_Vase segunda izquierda._)
AQUILINO (_Desde la puerta._)—¡Camará, vienen el padre y el hijo que echan humo de elegancia!
ESCENA VIII
HILARIO, AQUILINO, COSME, BERNABÉ _y_ PACO, _del foro izquierda_
BERNABÉ (_Desde la puerta, quitándose el sombrero._)—Viva cuarenta mil años tóo lo que se acobija en este distinguido lavadero.
HILARIO.—Y tú que lo veas, so tumbón.
BERNABÉ.—¡Hilario! (_Avanzando._)
HILARIO.—¡Bernabé! (_Se abrazan._)
BERNABÉ (_Estrechándoles la mano._)—Adiós, Cosme... ¡Hola, munícipe!
AQUILINO.—Salú, varilarguero.
COSME.—¿Y el chico?
PACO (_Que aparece en la puerta y sin avanzar._)—¡Señores, jovialidá y metálico! (_Quedan unos cuantos chicos y chicas, que le han seguido, a la puerta del lavadero._)
BERNABÉ.—Ahí tenéis a esa aureola de la coleta.
HILARIO.—Pasa fenómeno.
BERNABÉ.—No le llames fenómeno, por tu salú, que eso ya está mu desacreditao. Llámale compendio, estrépito, arrebato, ocecación... Lo que te dé la gana, que de todo tiene.
PACO.—Amos, padre, no me floree usté, que m’azaro.
BERNABÉ.—¿Que s’azara? Un hombre como un hastial, más guapo que yo, si cabe, astro naciente de la tauromaquia triunfante y más corto que un cablegrama... Pasa, derrumbamiento taurómaca... (_Le hace entrar empujándole._)
PACO (_Con modestia._)—Ceguera paterna. Ustés le desimulen. (_Dándoles la mano._) Padrino, señores... (_Se saludan._)
BERNABÉ (_A los chicos de la puerta._)—¡Amos, niños! ¿Pero es que no habéis visto nunca una celebridá, hombre? Largarse d’aquí.
PACO.—Na, que salgo y un hormiguero de almiradores en mi pos. (_Aquilino sube y hace intención de sacar el sable; los chicos vanse corriendo._)
HILARIO.—Eso es la popularidaz.
PACO.—La popularidaz y la silueta.
BERNABÉ.—Ven que te vean. (_A Hilario._) Qué, ¿te gusta la presentación? (_Queda en el centro; a su izquierda Paco e Hilario._)
HILARIO.—De primera. Vitola de matador de cinco mil. No le falta detalle. Roten, dije, habano...
PACO.—El sombrero es lo último. Cordobés; copa lisa, ala plana, tono plomo, y por dentro forro verde, Cabestreros, 18, Sombrerería, y un escudito que dice _Omni soit qui mal y pense_, que debe ser una cosa pal dolor de cabeza. (_Se lo pone._)
AQUILINO.—Y buen ternito, mi amigo.
BERNABÉ (_Señalando a Hilario._)—Regalo de éste.
COSME.—Y te cae de primera. ¡Vaya un sastre!
PACO.—Sastre y que tengo un cuerpo que no debía decirlo; pero a mí, por no sentarme mal, ni los calamares en tinta.
BERNABÉ.—Hemos elegido el tono chocolate. No sé si te gustará.
HILARIO.—Es muy señorito.
PACO.—Señorito, y que como usté dijo que fuese un traje pa por las mañanas, pues yo dije: pues pa por las mañanas, chocolate... Es sufrido y alegre. (_Da unos pasos._)
BERNABÉ.—¡Ahí mi niño! ¡Qué suerte tién las mujeres! ¡Maldita sea!
COSME.—Cómo se nos cae la baba, amigo.
BERNABÉ.—Si no tengo otra cosa en el mundo. Es mi ceguera, mi chifladura, mi esperanza... mi tóo... ¡Y es que lo vale! No es porque sea mi hijo.
PACO.—Bueno, y sabrán ustés que al remate el domingo se ciñe la mona aquí el tumbonazo este. (_Dando un golpe cariñoso a su padre._)
HILARIO.—¡Hola! ¿Te has decidío al fin?
BERNABÉ.—Sí, la verdá. Quiero picar yo el primer toro que mate mi hijo en los Madriles.
COSME.—¡Ole por los buenos picadores!
BERNABÉ.—Aunque estoy arrinconao, ya verán apretar en lo alto.
AQUILINO.—Y qué, ¿hay esperanzas de quedar bien, pollo?
PACO (_Riendo con cierto desdén._)—Padre, aquí el urbano pregunta que si hay esperanzas.
BERNABÉ (_Riendo._)—Ja, ja... Esperanzas y realidades y moños por el suelo y coletas mutiladas... El día que este espanto taurino despliegue el capote en el ruedo de Madrid, con las plumas de los _Gallos_ se hace una almohada.
PACO.—Y con la asaúra de Belmonte un _endreón_.
BERNABÉ.—Doy fe.
PACO.—Y estará feo que yo lo diga.
BERNABÉ.—A ti no te está feo na. (_Convencido._)
PACO.—Ya lo sé. Es un decir. ¿Pero cuáles son las tres promesas del porvenir aztual taurino? Examinemos: Antonio Rioja _El Confeti_. ¿Me pué hacer a mí sombra _El Confeti_?
BERNABÉ.—Muy poquita.
PACO.—Descontao. Casildo Peña _Sorbete_.
HILARIO.—Hombre, ese es un torero concienzudo.
PACO.—Es un torero concienzudo, pero frío; eso no me lo niega a mí nadie.
BERNABÉ.—Descuenta el _Sorbete_.
PACO.—Descontao. Felipe Canales _Chaparrón_. ¿Estira los brazos como yo? ¿Empapa como yo?
BERNABÉ.—¡Qué va empapar el _Chaparrón_!
PACO.—Descontao.
BERNABÉ.—En cambio éste tiene de tóos los clásicos.
PACO.—Soy un _puz purri_.
BERNABÉ.—Es _Lagartijo_, por el estilo.
PACO.—Mejorao.
BERNABÉ.—_Frascuelo_, por la valentía.
PACO.—_Cientuplicada_.
BERNABÉ.—_Guerrita_, por la elegancia.
PACO.—Que ya quisiera...
BERNABÉ.—_Espartero_, por el valor.
PACO.—Chsss... (_Gesto de resignación._)
BERNABÉ.—_Gordito_ por la figura y _Carancha_ por el aire.
PACO.—Hombre, padre, por el aire no quisiera yo parecerme a nadie.
BERNABÉ.—No me refiero al _amosférico_. En fin, que sus diga Hilario la tarde que le vió torear en Morata de Tajuña, ¿te acuerdas?
HILARIO.—Y eso que aquella tarde no te acompañó la fortuna.
PACO.—¡La Guardia civil!
HILARIO.—En fin, lo que tú eres lo verá el domingo la afición. Conque ahora a lo que estamos.
BERNABÉ (_Adoptando un tono solemne._)—Pues a lo que estamos, Hilario, es que vengo con toda solemnidá a solicitar de ti pa esa memez taurina la mano de ese manojito de claveles que Dios te ha dao por vástaga.
HILARIO.—Pues yo, al llegar este momento, que me emociona como na en el mundo te digo que te doy la mano de mi hija y mi corazón y un abrazo.
PACO.—Gracias, padrino.
BERNABÉ.—¡Bendita sea tu alma buena! (_Se abrazan._)
AQUILINO.—¡Qué trístico!
COSME.—¡Patético!
HILARIO.—Y ahora una sospresa que os preparo.
BERNABÉ.—¿Qué sospresa?
HILARIO.—Silencio. (_Coloca tres sillas a la derecha._) Siéntate aquí. (_Le sienta en la del centro._)
PACO.—¿Me van a afeitar?
HILARIO (_A Bernabé._)—Tú a su diestra. Y vosotros venir conmigo.
BERNABÉ.—Pero, ¿qué es esto?
ESCENA IX
DICHOS _y todos los que se indican en la escena_
=Música=
HILARIO
Ha llegao el momento.
(_Va a la puerta segunda izquierda._)
Sal aquí, hija mía, que Paco te espera; que aguardamos tóos.
(_Sale Encarna._)
Que quiere tu padre darte una alegría.
(_La lleva donde está Paco._)
Siéntate a su vera, juntitos los dos.
ENCARNA
¡Mi Paco!
PACO (_Se levanta._)
¡Mi Encarna!
BERNABÉ
¡Cachito de cielo!
ENCARNA
Pero, bueno, padre, ¿qué piensa usté hacer?
COSME
Pues una película.
BERNABÉ
Cállese el agüelo.
HILARIO (_A Paco._)
Repara qué cromo llevas por mujer.
——
PACO
Chula más barbiana yo nunca la ví, ni ha venío al mundo otra más juncal, desde Mataderos hasta Chamberí, bien por Hortaleza, bien por Fuencarral. Y ese cuerpecito sólo es para mí, porque me lo gano con el corazón. ¡Ay del que se atreva a mirarte a ti sin consentimiento de este chulapón!
——
ENCARNA
Pues tú eres, Paco, el torero en quien tu Encarna se mira.
PACO
Y tú eres, negra, la chula por quien tu Paco suspira.
LOS DOS
Si no estuviera delante toa la gente que hay aquí, te diría, mi chulapo/a, lo que siento yo por ti.
——
HILARIO
Atención. Que ahora llegan los momentos de mayor espeztación.
TODOS
¡Qué emoción!
=Hablado con música=
HILARIO (_En la segunda izquierda._)—Valentina, venga pa alante la cabalgata con toda su debida solemnidá.
VALENTINA.—Allá vamos. Desenvaine, munícipe. Toque la música.
AQUILINO.—Abran paso, que viene la fuerza armá. (_Van saliendo todos en dos filas. Delante el municipal como despejando. Luego la charanga; después dos lavanderitas con una caja descubierta, en la que llevan un mantón de Manila; detrás otras tres mozas, una que lleva el capote colgado de un palo y las otras dos que lo sostienen abierto por las puntas. Detrás gente con faroles de colores, banderolas, botas de vino colgadas en palos, etc., etc. Mucha alegría y animación. Josefa y Sole salen por el fondo y se ponen a lavar._)
CECILIO (_Al salir._)—Marcha torera original de Cecilio Azquerino Bangüey, director de la Sinfónica Asqueriana de Cabestreros, que tiene el honor de dedicársela al _Chico de las Peñuelas_ en el día de hoy y personas que le acompañen. Titulao “Entra por derecho”. ¡A una, profesores! (_Tocan. La comitiva desfila._)
HILARIO (_Adelantando._)
Este mantón, hija mía, tu padre te lo regala pa que te vistas de gala la tarde de la corría. Del palco en el antepecho lo tiendes pa que él lo vea, y de seguro torea como en su vida lo ha hecho.
ENCARNA
Es precioso y tóo lleno de flores.
TODAS
En tu cara las tiés tú mejores.
ENCARNA
Cuántas veces con él soñé yo.
BERNABÉ
Pues, mujer, anda ya, póntelo. (_Se lo pone._)
ENCARNA
Con este mantón de flecos todo llenito de flores, iré yo a ver la corría donde Paco hará primores. Con él iré a la Paloma pa unirme con el que quiero; con él iré a las _kremeses_ cogida de su bracero. Que envuelta una madrileña con sus flecos y sus flores le parece hasta pequeña la calle de Embajadores. Y a los hombres que me miran y cuando paso, suspiran, voy diciendo sin querer: “¡Pa mi novio yo he de ser!”
TODOS
Que envuelta una madrileña, etc., etc.
HILARIO (_Ofreciendo el capote a Paco._)
Y toma tú, torerazo, un capote de paseo. Si no te parece feo, dame después un abrazo. Póntelo con chulería, porque tengo yo el empeño de que un diestro madrileño venza a los de Andalucía.
PACO
¡Ay, padrino, me deja usté helao!
TODOS
Qué capote que le ha regalao.
PACO
Con él puesto me haré una postal.
BERNABÉ
Póntelo, torerazo inmortal. (_Se lo pone._)
ENCARNA
Parece que ya le veo ceñido y envuelto en él, y sale a hacer el paseo y es pequeño el redondel.
TODOS
Parece que ya le veo ceñido y envuelto en él y sale a hacer el paseo y es pequeño el redondel, etc., etc. ¡Olé ya por las chulapas de verdá! Míralo, que ni Belmonte le igualó. ¡Lo digo yo!
(_Voces, aplausos, alegría, algazara._)
=Hablado=
TODOS (_Con mucha alegría._)—¡Olé!... ¡bien!... ¡bravo!... (_Aplausos, risas, algazara._)
BERNABÉ.—¡Qué bueno eres, Hilario!... (_Con entusiasmo._) Déjame que te incruste mi gratitú en una mejilla. (_Le da un beso. Todos ríen._)
HILARIO (_Limpiándose la cara y rechazándole con cómica indignación._)—Amos, tonto.
BERNABÉ.—¡Que sí, señor; que esta felicidad, el pan, el porvenir, hasta la ropa, tóo se lo debemos a este hombre!
PACO (_Con entusiasmo abrazando a Encarna._)—¡Ay, señor Hilario, qué favor me hizo usté a mí también, de acuerdo con su señora, el día que se les ocurrió esta tontería!
BERNABÉ (_A Valentina._)—¿Pues y tú?... Ven acá... Diosa del Manzanares, que lo que has hecho tú por nosotros no te lo pago yo ni andando a gatas. (_A Hilario._) ¿Me permites que la dé un abrazo?
HILARIO.—Y cuarenta.
VALENTINA.—Amos, no seas pegajoso.
PACO (_Riendo._)—A ver si se va a enfadar el señor Hilario, padre.
BERNABÉ.—¿Enfadao éste?... Dentro de un rato.
PACO.—Tendría yo gana de verle a usté un día enfadao, hombre.
HILARIO (_Riendo también._)—Pos mira, pué que me veas. Y que soy un tigre cuando me enfado.
VALENTINA.—Como que muerde.
HILARIO (_Cariñosamente._)—A ti.
SINFO.—¡Bueno, señores, a bailar, a bailar!...
TODOS.—¡Eso, eso!...
PACO.—Amos ahí fuera al aire libre.
TODOS.—Sí, sí.
HILARIO.—Señor Cecilio, toque usté lo que quieran.
BERNABÉ (_A Valentina._)—Y tú y yo vamos a romper la marcha. Con tu permiso.
HILARIO.—Anda con ella.
VALENTINA.—Doy dos vueltas y vengo por ti... que aquí el socio es la fama en chotis.
HILARIO.—Aquí t’aguardo. (_Van saliendo algunos por el tendedero._)
PACO (_Subiendo con todos._)—¡Pero señá Josefa!... No había reparao. Amos, suelte usté la pala y venga a divertirse.
JOSEFA.—¿Y quién me va a lavar la ropa, el obispo?
PACO.—¡El obispo!... ¡Tendría gracia el obispo dando jabón! (_Risas generales._)
ENCARNA.—Al menos deje usté a la Sole que venga.
SOLE.—Sí, madre, déjeme usté que vaya a echar un tuesten.
JOSEFA.—Si sueltas la pala, t’amargo.
VALENTINA.—Dejarla, no la pague con la criatura.
PACO.—Señora, es usté menos animada que un callejón sin salida.
VALENTINA.—Y que lo jures.
PACO.—¿Quién ustés que le haga un chiste lavandero?
TODOS.—Sí, sí.
PACO.—A esta mujer no hay quién la saque de pila. (_Muerto de risa por su supuesta gracia._) ¡Ja, ja, ja!
UNO.—¡Precioso!
TODOS.—¡Muy bien, bravo! (_Hacen mutis por el tendedero._)