Part 11
TULIQUI.—¿De modo que la Benita?...
MELQUIADES.—Dos palabras y cayó en mis brazos; y aquí me ha citao.
TODOS (_Riendo._)—¡Ja, ja, ja!
VIRUTAS.—¡Gachó, no eres tú nadie!
TULIQUI (_Mirando fondo derecha._)—¡Mirarla; por allí viene a tóo correr!
MELQUIADES.—Buscándome como una loca. Veréis qué chifladura le ha entrao por mí.
TULIQUI.—Vamos a escondernos. (_Se ocultan detrás de un árbol del fondo izquierda._)
MELQUIADES.—No reiros muy fuerte, no se escame.
BENITA (_Sale corriendo, muy remangada, con un paraguas, abierto chorreando._)—¡Hola, señor Melquiades! ¿Ha visto usté que chaparrón?
MELQUIADES.—Te estaba esperando, vida.
BENITA.—¿A mí? ¡Ay, cuánto lo siento!, porque el caso es que tengo un compromiso con... con un joven... (_Llamando._) Avelino: aquí.
AVELINO.—Aquí estoy. ¡Vaya un diluvio! (_Sale con un pañuelo sobre el hongo, todo mojado, y los pantalones muy subidos, igual que el cuello de la americana._) ¡A casa, que llueve! (_Se cogen del brazo, y, muy tapados con el mismo paraguas, se van riendo por la primera izquierda y despidiéndose con la mano, guasonamente del señor Melquiades, que queda estupefacto. Al mismo tiempo aparecen por detrás del árbol donde se ocultaron, las caras rientes y burlonas de Tuliqui, Virutas y Bernabé._)
MELQUIADES.—¡Mi madre!
TULIQUI.—Oye tú: ¿y era esa la locura?
VIRUTAS.—¿Y decías que en tus brazos?
BERNABÉ.—¡Ja, ja! ¡Valiente chasco!
LOS TRES.—¡A casa, que llueve! ¡Ja, ja, ja! (_Se van muertos de risa por la primera izquierda._)
MELQUIADES (_Indignado._)—¡La panocha! Pero, ¿qué es esto? Tomarme el pelo a mí una mequetrefa, ¡que no levanta del suelo un metro treinta y cinco! ¡¡A mí!! Vaya; pues ahora es cuando está empeñao mi amor propio. Que me trufen, si no la vuelvo loca. (_Tropieza con una cesta que ha quedado olvidada._) ¡Calla!... ¡una cesta! ¿Quién se habrá dejao esto? (_La coge y se la cuelga del brazo._) Me la llevaré. ¡Miá que al final tener yo que llevar la cesta! Pues sí que me han preparao el mutis. ¡Maldita sea! (_Vase primera izquierda con el paraguas abierto y la cesta al brazo._)
(_Música en la orquesta._)
=Mutación=
CUADRO SEGUNDO
La Glorieta de la Ronda de Valencia frente a la calle de Embajadores, entre la Veterinaria y la Fábrica de Tabacos.
ESCENA PRIMERA
_El lugar está desierto; anochece. Pasa un farolero encendiendo los faroles; a poco, a lo largo de la calle, brillan las lucecitas del alumbrado público. Se escucha el pregón, muy lejano, de un vendedor ambulante, y, mucho más lejana, la música, casi imperceptible de un organillo. En una taberna próxima, en cuyos cristales resplandece una luz rojiza, se oye un desacordado guitarreo. Un borracho, con su voz incierta y ronca canta dentro:_
Eche usté cuatro botellas y aquí me dejo la capa, que aluego vendrán por ella.
(_Un coro de voces infantiles canta lejísimo como un eco perdido:_)
Ramón del alma mía: del alma mía, Ramón; si te hubieras casado cuando te lo dije yo.
(_Vuelve a quedar todo en silencio. Se acentúa la obscuridad; en las fachadas de las casas lejanas, van brillando tenues lucecitas. Aparecen por el primer término izquierda,_ NIEVES, _envuelta en un mantoncito de crespón negro, muy repeinada, con su faldita estrecha y sus zapatitos de charol, acompañada de una VIEJA, astrosa, con cara de bruja, encorvada, que lleva mantón raído y un pañuelo viejo a la cabeza._)
NIEVES (_Con inquietud._)
¡Virgen de la Paloma, me salta el corazón!
VIEJA (_Con voz cascada._)
Mujer, ni que vinieses por una mala _ación_.
NIEVES
No puedo remediarlo; estoy muy _asustá_.
VIEJA
El sitio está muy solo y nadie nos verá.
NIEVES
Me ahoga la angustia.
VIEJA
Deja ya ese apuro y siéntate un poco aquí que está oscuro.
(_Nieves se sienta en un banco de la Glorieta. La Vieja queda en pie a su lado. Dan ocho campanadas en el reloj de una iglesia distante. Vuelve el guitarreo en la taberna. Canta una voz de hombre._)
Hay que querer a las hembras con los pensamientos malos, que al que no lo hiciese así, ellas le darán el pago.
=Hablando sobre la música.=
VIEJA (_A Nieves._)
¿Oyes? Las ocho.
NIEVES
¡Las ocho! (_Pausa._)
VIEJA
Cantan bien en la taberna. (_Pausa._)
NIEVES
¿Tardará mucho su hermana?
VIEJA
¡Qué ha de tardar! ¡Buena es ella!
NIEVES
¿La dijo usté lo que quiero?
VIEJA
Que te eche las cartas, prenda, que tú no vas a su casa porque no quiés que te vean, y que viniese a las ocho a un banco de la Glorieta.
NIEVES
¡Cuánto tarda!
VIEJA
Estás nerviosa.
NIEVES (_Levantándose._)
¿No viene allí?
VIEJA
Sí; es aquella.
(_Sale fondo derecha la_ SEÑÁ CELES, _otra vieja, echadora de cartas, más bruja que la anterior. Esta viste de obscuro. Lleva un gabán cortito y un manto negro raído. Se apoya en una muletilla._)
NIEVES (_Yendo a su encuentro._)
¡Señá Celes!
CELES
¡Hija mía! ¡Cuánta gana que tenía de verte! ¡Qué hermosa estás! ¿Qué te pasa?
VIEJA
No habléis fuerte.
NIEVES
Que quiero saber mi suerte, señá Celes.
CELES
La sabrás.
=Cantando.=
NIEVES
Que mi vida ya no es vida; que tiran de mí, a la vez, de un lao mi casa y mis padres; del otro lao mi querer. Que Serafín me ha exigido que vaya a vivir con él, y yo quiero y no quisiera, y lucho y no sé qué hacer.
CELES
Ven, que a la luz del farol las cartas te voy a echar; que tóo lo que te convenga, las cartas te lo dirán.
VIEJA
Siéntate. (_Se sienta._)
CELES
Persígnate.
VIEJA
Reza una oración. Corta con la izquierda. En el nombre de Dios.
(_Celes saca la baraja, la remueve. Nieves hace cuanto la dice. La bruja echa las cartas sobre el banco. Se ven en el horizonte obscuro, relámpagos lejanos. Nieves, de pronto, da un grito de terror._)
NIEVES
¡Jesús!
CELES
¿Qué ha pasao?
VIEJA (_Ríe con su boca sin dientes._)
¡Que ha visto un murciélago y que se ha asustao!
CELES
Aquí te salen dos hombres: uno, perdido por ti; otro, que te trae dinero: mira los oros aquí.
(_Sale_ SERAFÍN _foro derecha, sigilosamente, sin ser visto. Se coloca detrás de las mujeres, oye y sonríe._)
Bastos; te sale un disgusto, pero al cabo triunfarás. Copas, y un hombre moreno rica y dichosa te hará.
SERAFÍN
Lo que las cartas te dicen, esa es la pura verdá.
NIEVES (_Con asombro y alegría._)
¡Serafín! (_Levantándose._)
SERAFÍN
Y ese moreno aquí esperándote está.
(_Muy meloso, ofreciéndola el brazo al que ella se coge._)
Vámonos, chula mía; vámonos, negra; vámonos del bracero donde nos vean.
NIEVES (_Rendida._)
Donde quieras llevarla se va tu negra, que al fin, será mi vida, lo que tú quieras.
(_Se van del brazo muy juntos por la izquierda, con las caras casi pegadas; caminan lentamente._ HIGINIO _sale por la derecha, vacilante, lívido, como un loco; los ve alejarse._)
HIGINIO
¡Juntos! ¡Se van! ¡De agonía se me salta el corazón! ¡Malhaya la suerte mía, si no los mato a traición!
(_Se va tras ellos. Las dos brujas, que han recogido la baraja y que observan lo que sucede, al desaparecer Higinio, siguen riendo._)
VIEJAS
Ya lo ves. ¡Ja, ja, ja! Siempre así pasará. Detrás del amor los celos siempre irán. Ya lo ves. ¡Ja, ja, ja! Siempre así pasará. ¡Ja, ja, ja!
(_Vanse por primera izquierda. Sigue relampagueando en el horizonte obscuro. Cesa la música._)
ESCENA II
BENITA, AVELINO _e_ HIGINIO
_Benita trae a Higinio casi a rastras, porque él forcejea por soltarse. Avelino lleva una blusa larga y una cesta a la cabeza de las que usan los ultramarinos para servir los pedidos, llena de comestibles y bebestibles, la cual deja en el suelo para ayudar a Benita._
=Hablado=
BENITA.—¡Quieto, por Dios! ¡Silencio!
HIGINIO.—No, si contra ella no es; soltarme.
AVELINO.—Efusión de sangre, no, joven.
HIGINIO.—Si al que quiero matar es a él; a él, que sé que no la quiere más que para perderla. ¡Suéltame!
BENITA.—Que te he dicho que no.
AVELINO.—Hágala usté caso, hombre.
BENITA.—¡Ten calma y óyeme lo que te digo, ¡caray!, que la volvéis a una más tonta de lo que es! Si esta noche no aparto a ese hombre del camino de mi hermana, mañana te lo desayunas si quieres. (_Soltándole._)
HIGINIO (_Abrumado._)—¡Se pierde esa loca! ¡Se pierde sin remedio! ¡Se van juntos!... ¡juntos! ¡Dios sabe dónde!
BENITA.—Y nosotros también lo sabemos, tonto; si no, ¿crees tú que los hubiera dejao yo irse?
AVELINO.—Van al baile de Provisiones; un baile titulao _El Vaivén_, de ahí orilla a la fábrica de Tabacos. Precisamente a la casa de al lao voy yo a llevar este pedido.
BENITA.—Pues allí, en ese bailecito, es donde una servidora lo va a arreglar tóo esta noche.
HIGINIO.—Pero ¿cómo vas a evitar que tu hermana...?
BENITA.—Muy sencillo. ¿Tú no te acuerdas del señor Melquiades? ¿Aquel tío que me hizo el amor pa tomarme el pelo?
HIGINIO.—Sí.
AVELINO.—Pues lo ha _enagenao_.
HIGINIO.—¿Qué?
BENITA.—Que con mis tontunas le he vuelto _mochales_ y ahí lo tengo, al principio de la Ronda, aguardándome sentao en un banco, con dos sacas de ropa que me ha subido del río.
AVELINO.—Don Juan Tenorio de mozo de chapa.
HIGINIO.—Pero, ¿es posible?
BENITA.—Pues ese tío bocón es el que me ha contao en secreto que Serafín hace catorce años que está liao con una verdulera que le mantiene el pico.
AVELINO.—De manera que tóo el lujo de ese pollo, lechugas.
BENITA.—Tiene cinco hijos con ella; y a esa mujer, que la llaman Paca “La Fiera”, por el mal genio, se lo he ido a contar tóo; la he suplicao que me ayude a salvar a mi hermana y me ha dicho que a las nueve estaría aquí con los cinco vástagos, medio litro de vitriolo y un vergajo.
AVELINO.—¡Que es un equipo! Ahora calcúlese usté el _Agarren-Parti_ que se va a armar en ese bailecito esta noche.
HIGINIO.—Yo la ayudaré a esa mujer.
BENITA (_Mirando por la segunda izquierda._)—Callarse, que me parece que ya está ahí esa fiera. (_Mira._) Sí; ella es.
AVELINO (_A Higinio._)—Agárrese usté, que es un huracán. (_Se echa la cesta a la cabeza._)
ESCENA III
DICHOS _y_ PACA _“La Fiera” segunda izquierda. Es una mujer algo desastrada; viene a medio peinar. Lleva delantal, mantón atado atrás y el pañuelo de la cabeza caído sobre los hombros._
PACA (_Saliendo y pasando entre Avelino e Higinio._)—¡Pero que muy buenas!
BENITA (_Dejándola libre el paso._)—¡Señá Paca!
PACA.—Aquí estoy. He tardao, porque he ido a dejar los chicos en casa mi prima pa cuando sea menester.
AVELINO.—¿Y qué tal?
PACA.—Vengo que muerdo. Y a mí no me sujetéis de que vea a ese chulo, que por la papilla que me han dao, ¡maldita sea la leña!, que le hago trizas.
AVELINO.—¿Quié usté sentarse?
PACA.—¿Yo sentarme? Muerta descansaría yo, ¡mi perra vida! (_Al hablar zarandea a Avelino, produciéndose en la cesta que lleva en la cabeza un gran ruido de cacharros que chocan entre sí._) Si no puedo parar, hijo; si no puedo. Si dende que vino aquí la joven y me contó lo que me contó, que me ha entrao una desazón que... vamos; si hasta creo que me han crecío las uñas. (_Le zarandea más._)
AVELINO (_Sujetando el cesto con ambas manos._)—¡Mi madre!
PACA.—¿Usté ha visto pelar un pollo, pollo?
AVELINO.—¡Por Dios, señora: el pedido!
PACA.—Pues menos tardo yo en desollar a ese ladrón, ladrón, más que ladrón. (_Asombrada ante el creciente ruido de la cesta._) ¡Caray! pero ¿qué le suena a este hombre?
AVELINO.—El pedido, señora; si se lo estoy a usté diciendo.
BENITA.—¡Pero cálmese usté, por Dios!
PACA.—¿Que me calme? ¡Cuando le machaque los sesos a ese golfo! ¡Engañarme a mí!... ¡su sangre ladrona! Si son cinco hijos los que tengo: ¡cinco! ¿Por qué no le habré matao ya? ¡Maldita sea la leña! Tóo el santo día vendiendo repollos pa que el zanguango ese venga a hacer el _pinta_ con las chuletas de aquí bajo. (_Volviendo a zarandear a Avelino._) ¿De dónde lo voy a consentir yo; de dónde? ¡Antes voy a la cárcel, a la cárcel y a la cárcel! (_A Benita._) Bueno; y este sonajero, ¿quién es?
BENITA.—El joven que nos va a acompañar.
PACA.—¿Este? Pues vámonos pal Vaivén. Usté me entra y me suelta en metá del baile, yo saco este vergajo que llevo debajo del delantal (_Levantándoselo y enseñando uno._) y ¿ustedes se acuerdan de hace catorce años que cayó una granizá que asoló medio Madrid? Pues fué un estornudo comparao con la que les preparo.
BENITA.—Que se le cae a usté el moño.
PACA.—Y me se caerá el alma. ¡Maldita sea! ¡Si me arde la sangre! ¡Si quería yo cogerle en una! ¡Si lo estaba deseandito! ¡Si de éstas me ha hecho cuarenta y cinco! ¡Si es un loco! ¡Si no hay año que no tengamos seis juicios!
AVELINO.—¡Un loco y tanto juicio!
PACA.—¡Pero de ésta le pierde, palabra!; porque yo le juro a usté, que a él lo mato, al Vaivén le pego fuego y yo voy a la cárcel y ese ladrón al Hospital. ¡Palabra! ¡Que le digo a usté que mi venganza va a ser soná; (_Llevándose a Avelino a empellones por el fondo izquierda._) pero que muy soná! (_Le zarandea para que suenen los cacharros de la cesta._)
AVELINO.—¡El pedido, señora; el pedido!
BENITA.—¡Cálmese! ¡Cálmese usté! (_Siguiéndoles._)
HIGINIO (_Ídem._)—¡Pues sí que es un huracán! (_Vanse._)
ESCENA IV
MELQUIADES
MELQUIADES (_Sale por la primera derecha con dos sacas grandes de ropa, una debajo de cada brazo y silbando como quien llama a una persona._)—Náa; que no se la vislumbra por parte ninguna. ¡Camará! ¡Hora y media esperando! ¿Dónde se habrá metido esa hija de Eva? (_Silba._) Cuando vuelva, la ropita esta ya se ha pasao de moda. (_Silba._) ¡Que si quieres! (_Deja las sacas encima del banco y se sienta entre las dos, dejando el sombrero sobre una de ellas._) Bueno, esa niña, me tié ya un poquito escamao, eso es aparte; porque cáa día es una cosa. Unos días, como hoy, pongo por _verbi gracia_, me hace que la acompañe a recoger la ropa, y así de que la cosa va pesando, me la trasmite, me pone un pretexto pa largarse y me deja sentadito en un banco y de cara al talego como puede comprobarse por la lámina azjunta. Pues otras noches, otras noches es peor, porque me hace que la entre en un café, me se toma una ración de riñones a la _broche_, me dice luego que va a un recao, y me da otro solo de hora y pico. Y es lo que yo la digo: Señor, no es que me duelan los riñones, pero hazte cargo que ante los ojos del camarero, estoy haciendo un papelito de esos de rollo. Y luego, que no me prueba la cerveza y no sé qué tomar. (_Pausa._) Náa, que esa niña abusa de que la he tomao una miaja de ley y tiene conmigo acciones que no son pa un hombre formal. Sobre todo, las que más me cargan, son estas acciones del banco.
ESCENA V
MELQUIADES _y_ BENITA, _foro izquierda_
BENITA (_Acercándose._)—Buenas noches, chacho. ¡Ay, rico mío! Estarás aburrido, ¿verdá? ¡Qué lástima!
MELQUIADES (_Levantándose malhumorado._)—¡Gracias a Dios! Pero ¿qué te ha pasao, nena? Creí que no venías.
BENITA.—Dispénsame este ratito de hora y media que es que me ha cogido la señá Dionisia, que habla más que un loro borracho, y conque si patatín, si patatán, no me soltaba.
MELQUIADES.—Sí, pero hazte cargo, que uno tié sus quehaceres. (_Se aparta del banco, dejando en él las sacas._)
BENITA.—¿Y qué tiés tú que hacer que no sea con tu morucha, tunarra? (_Dándole una bofetada de cariño._)
MELQUIADES.—Sí, pero es que abusas de una forma, que...
BENITA.—Amos, calla, tirano; después de que dice tóo el mundo que he adelgazao desde que te hablo.
MELQUIADES.—¿Qué has adelgazao? Pues que te lleven al café y verán.
BENITA.—Si tú me quisiás a mí la metá na más de lo que yo... Pero, ¡claro!, acostumbrao a tantas quiero tantas tengo... (_Coge la saca de la derecha y viene por el mismo lado a entregársela a Melquiades para que la coja._) Anda; coge la saca, cariño.
MELQUIADES.—¡Yo! Pero no querrás que yo...
BENITA.—Anda, mala sangre; coge.
MELQUIADES (_Resistiéndose._)—Mujer, por Dios, ¡que si me viese alguien!...
BENITA.—Amos, ladrón; carga. Si es de aquí a casa; media horita na más.
MELQUIADES (_Cogiendo la saca con el brazo derecho._)—Bueno. Que a uno le gusta condescender, que si no...
BENITA (_Cogiendo la otra saca y pasando al lado izquierdo._)—Dí que una no fuera tonta, pero sabes que me tiés loquita y por eso abusas. (_Al volver hacia la izquierda Melquiades, se encuentra con que le presenta la otra saca._) Toma la otra.
MELQUIADES.—Pero oye; ¿yo con las dos?
BENITA (_Haciendo que cargue con ella también._)—Tira pa alante, asesino. ¡Si no fuera una tan tonta! ¡Soy más tonta! ¿qué tonta soy, verdá? (_Haciéndole caricias._)
MELQUIADES (_Resignándose._)—¡Ay, Melquiades! ¡Veinticinco años haciéndote el Tenorio, y ya ves qué sacas; que te las echen a cuestas! (_Inicia el mutis por la izquierda._)
BENITA (_Se va dándole empujones._)—¡Amos, tira, cariño! (_Música en la orquesta._)
=Mutación=
CUADRO TERCERO
Local cuadrado de paredes blancas, en planta baja, que denota haber servido recientemente para tienda o almacén. La puerta del foro un poco a la derecha, y de dos hojas abiertas, da a la calle. Dentro, en la pared del fondo, un cartel con letras de imprenta que dirá: «El Vaivén, Sociedad de baile.—Matinés los jueves.—Prohibido entrar al salón con botas y todas clases de bebidas.—No se permite bailar con la capa puesta.—No se azmiten en el tocador más que señoras solas.—Guardarropa a voluntaz.—VOCAL DE TURNO, _El Chinares_.—BASTONERO, _El Canito_.—ENCARGADO DEL AMBIGÚ, _Lucio el Rifero_». En los laterales izquierda, en primer término, una puerta atrancada con una mesa. Sobre la puerta un letrero que dice: «Guardarropa». Al lado otro que dice: «No hay devolución, sin chapa». En segundo término, otra puerta con otro letrero «Ambigú», y al lado en el telón, frente al público, «Pagos al contado.—On parle Francaise.» Ocupando todo este frente, tres o cuatro veladores de hierro, y otro en primer término, con unas cuantas banquetas alrededor. En las laterales derecha, una sola puerta, grande, sobre la que dice: «Entrada al salón». Dicha puerta la cubren dos cortinas encarnadas, recogidas con guardamalletas. Del techo pende una araña, hecha con dos palos cruzados y cadenetas de papel, con cinco lámparas eléctricas, una en cada punta y otra en el centro colgando el flexible. Forillo de calle. Es de noche.
ESCENA PRIMERA
NIEVES _y_ SERAFÍN, _sentados en el velador de primer término; ella a la derecha, y con una carta con sobre, en la mano. En segundo término, en otro velador_, MELQUIADES, EL VIRUTAS, EL TULIQUI _y_ BERNABÉ. MOZAS 1.ª _y_ 2.ª _con un_ JOVEN, _toman cerveza en otra de las mesas. El_ CAMARERO _que sirve, es un viejo calvo y chato, que viste pantalón gris, alpargatas negras, pañuelo al cuello y smoking_. JÓVENES 1.º, 2.º, 3.º y 4.º, _están a la puerta del salón, mirando hacia adentro y jaleando a los que bailan. El organillo, con sonido muy atenuado, deja oir una polka. En el guardarropa_ LUCIO EL RIFERO. _Durante la primera escena, entran dos o tres parejas de la calle al Salón. A su tiempo, salen del mismo_, UN JOVEN _y_ UNA JOVEN. _Todo el mocerío de ambos sexos que figura en este cuadro, denotará por su aspecto físico y por su indumento que pertenece a la más baja extracción del hampa madrileña, que nutre sus gloriosas huestes de organilleros, timadores y pícaros de toda laya. Empieza la acción._
JOVEN 1.º—¡Ole ahí!... ¡Finura!
JOVEN 2.º—¡Lo ceñido!
JOVEN 3.º—¡Arza, Babolla, que te sobra terreno con un baldosín!
JOVEN 4.º—¡Filigranita pura! ¡Ele! (_Salen del salón un Joven y una Joven y van al guardarropa a recoger sus prendas, previa la presentación de la chapa._)
UN JOVEN.—Lucio; lo nuestro.
LUCIO (_Con voz aguardentosa._)—¿Ya sus vais? (_Les da el sombrero y un mantón de Manila._)
UN JOVEN.—A ésta, que la llaman. (_Vanse foro derecha._)
MOZA 1.ª (_De las que están en la mesa._)—Oye; ¿cómo tardará tanto Isidoro?
UN JOVEN (_En la misma mesa._)—Ya me escama. A ver si ha bajao a trabajar a la Puerta del Sol y le han echao el cierre los de la Poli.
MOZA 1.ª—Si supiera que no venía... el “Colores”, me ha convidao a cenar. (_Se levantan y se dirigen al salón._)
MOZA 2.ª—No te comprometas, que luego llega Isidoro a los postres, lo toma a mal, y acuérdate del domingo pasao, que llevabas carne de membrillo hasta en el _guá_. (_Llegan a la entrada del salón._)
UN JOVEN (_A los que están formando grupo._)—¡A ver si va a poder ser que pasemos! (_Abren calle y entran, primero las mujeres con su acompañante y luego los otro cuatro. Cesa el organillo._)
NIEVES (_Entregándola a Serafín._)—Aquí tiés la carta; mándala cuando quieras.
SERAFÍN (_Tomándola._)—Gracias, chacha; así se portan las mujercitas. (_Se levantan y avanzan._) ¿A quién se la diriges?
NIEVES.—A mi madre.
SERAFÍN.—¿Qué la dices?
NIEVES.—Que esta noche ya no vuelvo a casa. Que no me esperen más; que me voy con un hombre que me quiere pa toa su vida.
SERAFÍN.—¡Ele!
NIEVES.—Pero antes de mandarla dime la verdá, por Dios. ¿Tú no tiés compromiso con ninguna mujer?
SERAFÍN.—¡Y dale!
NIEVES.—¿No me engañas?
SERAFÍN.—Mis labios, pa ti besos y verdades; no tién otra cosa, nena. (_Vuelve a tocar el organillo._) Y ahora vamos ahí dentro, y luego donde yo te lleve, y mañana juntitos pa siempre.
NIEVES.—¿Pa siempre, Serafín?
SERAFÍN.—¡Ni qué decir! ¿Oyes? ¿No te embebece esa música? (_Casi al oído._) Vamos al salón, que vean canela. (_Entran en él._)
ESCENA II
MELQUIADES, _el_ TULIQUI, _el_ VIRUTAS _y_ BERNABÉ
MELQUIADES (_Por Nieves._)—¿Lo veis? ¡Otra a la canasta!
VIRUTAS.—¡Se la lleva en el pico!
MELQUIADES (_Levantándose y avanzando al proscenio._)—¿Pues vosotros oserváis la locura de esa chavala con Serafín? Pues es un grano de Anís del Mono, comparao con el estrago que yo le he producido a la otra hermanita.
TULIQUI.—¿Tanto?
MELQUIADES.—¡Chiquillos!... ¡Me quiere, que en algunas ocasiones, ya hasta me carga; pero me carga bárbaramente!
VIRUTAS.—Bueno; pero ¿sacas algo?
MELQUIADES (_Sonriendo._)—¿Sacas? ¡Una enormidaz! (_Saca cuatro cigarros puros, que reparte y encienden._) Ahí van tres _Panatelas_: _Flor de Cuba_. Hay que echar humo, jóvenes.
VIRUTAS.—¡Eres un gran sujeto, Melquiades!
BERNABÉ.—Épico. (_Enciende._)
TULIQUI.—Pa las mujeres, un _bacilus_.
VIRUTAS.—Si a los hombres se les pusiesen rótulos como a los comercios, a ti te se debía de poner en la cinta del sombrero: “A la nueva encarnación...”
MELQUIADES (_Con extrañeza._)—¡A mi encarnación!...
VIRUTAS.—Déjame acabar, hombre. “A la nueva encarnación... de don Juan Tenorio.”
MELQUIADES (_Sonriendo, satisfecho._)—¡Ah; eso sí! ¡Me habías alarmao! (_Chupando el cigarro._) Vamos a humear. (_Entra triunfalmente en el salón, fumando y bailando; los otros le siguen chupando los puros._)
TODOS.—Humeemos.
ESCENA III
AVELINO, _foro derecha. Luego el_ CAMARERO, _del Ambigú_.
AVELINO (_Llega a la puerta y retrocede, volviendo a asomarse mira a todas partes con cara asustada. Entra tímidamente de puntillas. Viene con traje de americana y sombrero._)—Aquí debe ser. (_Lee el cartel._) Justo: ahí “El Vaivén”, escrito; (_Acercándose al salón y mirando._) y ahí dentro, corroborao. (_Mirando dentro._) ¡Relente!... ¡Pero qué pegaos bailan aquí! ¡Hay pareja que no se la conoce la soldadura! Y el caso es que son parejas que se pegan, pero se ve que no se hacen daño. ¡Qué gentuza! (_Cesa el organillo. Avelino se separa de la puerta._) Dios quiera que no tarden la Benita y la señá Paca la Fiera, que mientras van por los niños, me han dicho que entrase yo a tomar datos. Tomaré datos. (_Vuelve a mirar por la puerta del salón._)
CAMARERO (_Saliendo y fijándose en Avelino._)—¿Qué hace aquél? (_Llamándole desde lejos._) ¡Chist!
AVELINO (_Volviéndose asustado._)—¿Qué?
CAMARERO.—¿Qué va usté a tomar?
AVELINO.—Datos. Iba a tomar datos, ¿sabe usté?, porque yo no soy socio, pero soy transeunte y venía a... a... esperar que viniera una familia.
CAMARERO.—¿No querrá usté tomarme el pelo, verdá?