# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 95

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4 Tu cuello, como la torre de David, edificada para enseñar; mil escudos están colgados de ella, todos escudos de valientes.

5 Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, que son apacentados entre los lirios.

6 Hasta que apunte el día y huyan las sombras, [me] iré al monte de la mirra, y al collado del incienso.

7 Toda tú eres hermosa, oh compañera mía y en ti no [hay] mancha.

8 Conmigo del Líbano, oh esposa, conmigo vendrás del Líbano; mirarás desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón; desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres.

9 Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has preso mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello.

10 ¡Cuán hermosos [son] tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!

11 Panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche [hay] debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.

12 Huerto cerrado [eres], oh hermana, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada.

13 Tus renuevos paraíso de granados, con frutos suaves, de alcanfor y nardos,

14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias.

15 Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano.

16 Levántate, aquilón, y ven, Austro; sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta.

CAPÍTULO 5

1 Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; he cogido mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed, amados, y embriagaos.

2 Yo duermo, pero mi corazón vela [por] la voz de mi amado que toca [a la puerta]: Abreme, hermana mía, compañera mía, paloma mía, perfecta mía; porque mi cabeza [está] llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.

3 [Me] he desnudado mi ropa; ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los tengo de ensuciar?

4 Mi amado metió su mano por el agujero, y mis entrañas se conmovieron dentro de mí.

5 Yo me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra que corría sobre las aldabas del candado.

6 Abrí yo a mi amado; mas mi amado se había ido, había ya pasado; y tras su hablar salió mi alma: lo busqué, y no lo hallé; lo llamé, y no me respondió.

7 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad; me golpearon, me hirieron, me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros.

8 [Yo] os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma.

9 ¿Qué [es] tu amado más que los [otros] amados, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué [es] tu amado más que los [otros] amados, que así nos conjuras?

10 Mi amado [es] blanco y rubio, señalado entre diez mil.

11 Su cabeza, [como], oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.

12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche; como palomas que están junto a la abundancia.

13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; sus labios, [como] lirios que destilan mirra que trasciende.

14 Sus manos, [como] anillos de oro engastados de jacintos; su vientre, [como] blanco marfil cubierto de zafiros.

15 Sus piernas, [como] columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro; su vista [como] el Líbano, escogido como los cedros.

16 Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal [es] mi amado, tal es mi compañero, oh doncellas de Jerusalén.

CAPÍTULO 6

1 ¿Donde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, y le buscaremos contigo?

2 Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.

3 Yo [soy] de mi amado, y mi amado [es] mío; el apacienta entre los lirios.

4 Hermosa [eres] tú, oh compañera mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalén; imponente como [un] ejército con banderas.

5 Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello [es] como manada de cabras, que se muestran en Galaad.

6 Tus dientes, como manada de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no [hay] entre ellas.

7 Como cachos de granada [son] tus sienes entre tus guedejas.

8 Sesenta [son] las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas [vírgenes] sin número;

9 [mas] una [es] la paloma mía, la perfecta mía; única es a su madre, escogida a la que la dio a luz. La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron.

10 ¿Quién [es] ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como [un] ejército con banderas?

11 Al huerto de los nogales descendí a ver los frutos del valle, [y] para ver si florecían las vides, si florecían los granados.

12 No se; mi alma me ha hecho devolver [como] los carros de Aminadab.

13 Vuélvete, vuélvete, oh sulamita; vuélvete, vuélvete, y te miraremos. ¿Qué veréis en la sulamita? Ella será como una multitud de tabernáculos.

CAPÍTULO 7

1 ¡Cuán hermosos [son] tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos [son] como joyas, obra de mano de [excelente] maestro.

2 Tu ombligo, [como] una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, [como] montón de trigo, cercado de lirios.

3 Tus dos pechos, como gemelos de gama.

4 Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, [como] las pesqueras de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco.

5 Tu cabeza encima de ti, como la grana; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores.

6 ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!

7 Tu estatura es semejante a la palma, y tus pechos a los racimos!

8 [Yo] dije: Subiré a la palma, asiré sus ramos. Y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el aliento de tu nariz como de manzanas;

9 y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los que duermen.

10 Yo [soy] de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.

11 Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.

12 Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si florecen las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.

13 Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces [frutas], nuevas y añejas, [que] para ti, oh amado mío, he guardado.

CAPÍTULO 8

1 ¡Oh quién te me diese como hermano que mamó los pechos de mi madre; de modo que te halle yo fuera, y te bese, y no me menosprecien!

2 ¡Que [yo] te llevase, que yo [te] metiese en casa de mi madre; que me enseñases, que te hiciese beber vino adobado del mosto de mis granadas!

3 Su izquierda [esté] debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.

4 Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, que no despertéis, ni hagáis velar al amor, hasta que él quiera.

5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté; allí tuvo tu madre dolores, allí tuvo dolores la que te dio a luz.

6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como un signo sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.

7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarán.

8 Tenemos una pequeña hermana, que [aún] no tiene pechos. ¿Qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare?

9 Si ella [es] muro, edificaremos sobre él un palacio de plata; y si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro.

10 Yo [soy] muro, y mis pechos como torres, desde que fui en sus ojos como la que halla paz.

11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, la cual entregó a guardas, cada uno de los cuales debía traer mil [monedas] de plata por su fruto.

12 Mi viña, que es mía, [está] delante de mí; las mil serán tuyas, oh Salomón, y doscientas, de los que guardan su fruto.

13 Oh [tú] la que moras en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír.

14 Corre, amado mío; y sé semejante al gamo, o al cervatillo, sobre las montañas de las especias.

ISAÍAS

CAPÍTULO 1

1 Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio sobre Judá y Jerusalén, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.

2 Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el SEÑOR: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.

3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de sus señores; Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.

4 ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos corruptos! Dejaron al SEÑOR, provocaron a ira al Santo de Israel; se tornaron atrás.

5 ¿Para qué os castigaré aún? Todavía [os] rebelaréis. Toda cabeza [está] enferma, y todo corazón doliente.

6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa entera, [sino] herida, hinchazón y podrida llaga; no son curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

7 Vuestra tierra [está] destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

8 Y queda la hija de Sion como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.

9 Si el SEÑOR de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedase un remanente pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra.

10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra del SEÑOR; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

11 ¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? dirá el SEÑOR. Hastiado estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

12 ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis a ver mi rostro, a hollar mis atrios?

13 No me traigáis más presente vano; el perfume me es abominación; luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir; iniquidad y solemnidad.

14 Vuestras lunas nuevas y vuestras [fiestas] solemnes [las] tiene aborrecidas mi alma: me han sido carga; cansado estoy de llevarlas.

15 Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multiplicáreis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.

16 Lavaos, [y] limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante [de] mis ojos; dejad de hacer lo malo;

17 aprended a hacer [el] bien. Buscad juicio. Restituid al agraviado. Oíd en derecho al huérfano. Amparad [a] la viuda.

18 Venid luego, dirá el SEÑOR, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, serán [tornados] como la lana.

19 Si quisiereis, y oyereis, comeréis el bien de la tierra; 20 si no quisiereis, y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada, porque la boca del SEÑOR [lo] ha dicho.

21 ¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena [estuvo] de juicio, en ella habitó [la] equidad; mas ahora, [los] homicidas.

22 Tu plata se ha tornado [en] escorias, tu vino [está] mezclado con agua.

23 Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman las dádivas, y van tras las recompensas; no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

24 Por tanto, dice el Señor DIOS de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios;

25 y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño;

26 y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.

27 Sion con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con justicia.

28 Mas los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados; y los que dejaron al SEÑOR serán consumidos.

29 Entonces os avergonzarán los árboles que amasteis, y os afrentarán los bosques que escogisteis.

30 Porque seréis como el olmo que se le cae la hoja, y como huerto [al] que le faltan las aguas.

31 Y el [ídolo] fuerte será como estopa, y el que lo hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no [habrá] quien apague.

CAPÍTULO 2

1 Palabra que vio Isaías, hijo de Amoz, tocante a Judá y a Jerusalén.

2 Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el Monte de la Casa del SEÑOR por cabeza de los montes; y será ensalzado sobre los collados; y correrán a él todos los gentiles;

3 y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al Monte del SEÑOR, a la Casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del SEÑOR.

4 Y juzgará entre los gentiles, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra.

5 Venid, oh casa de Jacob, y caminemos a la luz del SEÑOR.

6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque son henchidos de oriente, y de agoreros, como los filisteos; y en hijos ajenos descansan.

7 Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no [tienen] fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.

8 Además está su tierra llena de ídolos, y a la obra de sus manos se han arrodillado, a lo que fabricaron sus dedos.

9 Y [todo] hombre se ha inclinado, y [todo] varón se ha humillado, por tanto, no los perdonarás.

10 Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa del SEÑOR y del resplandor de su majestad.

11 La altivez de los ojos del hombre [será] abatida; y la soberbia de los hombres será humillada; y solo el SEÑOR será ensalzado en aquel día.

12 Porque día del SEÑOR de los ejércitos [vendrá] sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido;

13 y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes; y sobre todos los alcornoques de Basán;

14 y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados levantados;

15 y sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;

16 y sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas [las] pinturas preciadas.

17 Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo el SEÑOR será ensalzado en aquel día.

18 Y quitará totalmente los ídolos.

19 Y se meterán en las cavernas de las peñas, y en las aberturas de la tierra, por la presencia espantosa del SEÑOR, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levantará para herir la tierra. 20 Aquel día el hombre arrojará en las cuevas de los topos, y de los murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase;

21 y se meterán en las hendiduras de las piedras, y en las cavernas de las peñas, delante de la presencia temerosa del SEÑOR, y del resplandor de su majestad, cuando se levantará para herir la tierra.

22 Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?

CAPÍTULO 3

1 Porque he aquí que el Señor DIOS de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y la sustentadora, todo sustento de pan y todo socorro de agua;

2 [el] valiente, y [el] hombre de guerra, [el] juez, y [el] profeta, [el] adivino, y [el] anciano;

3 [el] capitán de cincuenta, y [el] hombre de respeto, y [el] consejero, y [el] artífice excelente, y [el] sabio de elocuencia.

4 Y les pondrá niños por príncipes, y muchachos serán sus señores.

5 Y el pueblo hará violencia los unos a los otros, cada cual contra su vecino; el niño se levantará contra el viejo, y el villano contra el noble.

6 Cuando alguno tomare de [la mano a] su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: ¿Que vestido tienes? Tú serás nuestro príncipe, y sea en tu mano esta ruina;

7 él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo.

8 Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras [han sido] contra el SEÑOR, para irritar los ojos de su majestad.

9 La prueba del rostro de ellos los convence; que como Sodoma predican su pecado, no [lo] disimulan. ¡Ay del alma de ellos! Porque allegaron mal para sí.

10 Decid al justo que [le irá] bien, porque comerá de los frutos de sus manos.

11 ¡Ay del impío! Mal [le irá], porque según las obras de sus manos le será pagado.

12 Los opresores de mi pueblo [son] muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían [te] engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.

13 El SEÑOR está en pie para litigar, y está para juzgar [a] los pueblos.

14 El SEÑOR vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo, y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre [está] en vuestras casas.

15 ¿Qué [pensáis] vosotros que majáis mi pueblo, y moléis las caras de los pobres? Dice el Señor DIOS de los ejércitos.

16 Asimismo dice el SEÑOR: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y los ojos descompuestos; y cuando andan, van como danzando, y haciendo son con los pies;

17 por tanto, pelará el Señor la mollera de las hijas de Sion, y el SEÑOR descubrirá sus vergüenzas.

18 Aquel día quitará el Señor el atavío de los calzados, y las redecillas, y las lunetas;

19 los collares, y los joyeles, y los brazaletes; 20 las escofietas, y los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor, y los zarcillos;

21 los anillos, y los joyeles de las narices;

22 las ropas de remuda, los mantoncillos, los velos, y los alfileres;

23 los espejos, los pañizuelos, las gasas, y los tocados.

24 Y será que en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y desgarrón en lugar de cinta; y calvicie en lugar de la compostura del cabello; y en lugar de faja ceñimiento de cilicio; y quemadura en vez de hermosura.

25 Tus varones caerán a cuchillo, y tu fuerza en la guerra.

26 Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, se sentará en tierra.

CAPÍTULO 4

1 Y echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: [Nosotras] comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.

2 En aquel tiempo el renuevo del SEÑOR será para hermosura y gloria; y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los librados de Israel.

3 Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén están escritos entre los vivientes;

4 cuando el Señor lavare las inmundicias de las hijas de Sion, y limpiare la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.

5 Y creará el SEÑOR sobre toda la morada del Monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria [habrá] cobertura.

6 Y habrá sombrajo para sombra contra el calor del día: para acogida y escondedero contra el turbión y contra el aguacero.

CAPÍTULO 5

1 Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil.

2 La había cercado, y despedregado, y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella [una] torre, y también asentado [un] lagar en ella; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.

3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.

4 ¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no hice en ella? ¿Cómo, esperando [yo] que diese uvas, ha dado uvas silvestres?

5 Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será para ser consumida; aportillaré su cerca, y será para ser hollada;

6 haré que quede desierta; no será podada ni cavada; y crecerán el cardo y las espinas; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.

7 Ciertamente la viña del SEÑOR de los ejércitos es la casa de Israel, y [todo] hombre de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí opresión; justicia, y he aquí clamor.

8 ¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad a heredad hasta acabar el término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

9 Ha llegado a mis oídos de parte del SEÑOR de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.

10 Y diez yugadas de viña producirán un bato, y un homer de simiente dará un efa.

11 ¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, [hasta que] el vino los enciende!

12 Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra del SEÑOR, ni consideran la obra de sus manos.

13 Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo ciencia; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

14 Por tanto el infierno ensanchó su alma, y sin medida extendió su boca; y su gloria y su multitud descendió [allá]; y su fausto, y el que se regocijaba en él.

15 Y [todo] hombre será humillado, y [todo] varón será abatido, y los ojos de los altivos serán bajados.

16 Pero el SEÑOR de los ejércitos será ensalzado con juicio; y el Dios Santo será santificado con justicia.

17 Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños comerán las gruesas desamparadas.

18 ¡Ay de los que traen [tirando] la iniquidad con sogas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,

19 los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que [lo] sepamos! 20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que tornen de lo amargo dulce, y de lo dulce amargo!

21 ¡Ay de los sabios en sus [propios] ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!

22 ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y varones fuertes para mezclar bebida;

23 los que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia!

24 Por tanto, como la lengua del fuego consume las aristas, y la paja es desecha por la llama, así será su raíz como pudrición, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley del SEÑOR de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel.

25 Por esta causa se encendió el furor del SEÑOR contra su pueblo; y extendiendo contra él su mano, lo hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres [fueron] arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, antes [está] su mano todavía extendida.

26 Y alzará pendón a gentiles de lejos, y silbará al [que está] en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente.

27 No [habrá] entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.

28 Sus saetas amoladas, y todos sus arcos entesados; los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal; y las ruedas [de sus carros] como torbellino.

29 Su bramido, como de león; rugirá a manera de leoncillos, rechinará los dientes; y arrebatará la presa; la apañará, y nadie [se la] quitará.

30 Y bramará sobre él en aquel día como bramido del mar; entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación; y en sus cielos se oscurecerá la luz.

CAPÍTULO 6

1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

2 Y encima de él estaban serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, el SEÑOR de los ejércitos; toda la tierra [está] llena de su gloria.

4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba; y la Casa se llenó de humo.

