# Sagradas Escrituras Version Antigua

## Part 94

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16 No tiene fin todo el pueblo que fue antes de ellos; tampoco los que vendrán después estarán con él contentos. También esto [es] vanidad y aflicción de espíritu.

CAPÍTULO 5

1 Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para dar el sacrificio de los locos; porque no saben hacer lo que [Dios] quiere.

2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios [está] en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del loco.

4 Cuando a Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los locos. Paga lo que prometieres.

5 Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues.

6 No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué [harás que] Dios se aíre a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

7 Porque los sueños abundan, y las vanidades y las palabras son muchas; mas [tú] teme a Dios.

8 Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y uno más alto está sobre ellos.

9 Y [mayor] altura hay en todas las cosas de la tierra; [mas] el que sirve al campo es rey.

10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho [tener], no [sacará] fruto. También esto [es] vanidad.

11 Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan los que los comen. ¿Qué bien, pues, [tendrá] su dueño, sino verlos con sus ojos?

12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o [coma] poco; mas al rico no lo deja dormir la abundancia.

13 Hay [otra] enfermedad maligna que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal;

14 las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron nada les queda en la mano.

15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

16 Este también [es] un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?

17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor e ira.

18 He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno [es] comer y beber, y gozar [uno] del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta [es] su parte.

19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda, también le dio facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto [es] don de Dios. 20 Al tal, [Dios] le quitará las congojas comunes [a otros]; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.

CAPÍTULO 6

1 Hay [otro] mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:

2 [El del] hombre a quien Dios dio riquezas, y hacienda, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dio facultad de comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad maligna.

3 Si el hombre engendrare cien [hijos], y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.

4 Porque en vano vino, y a tinieblas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.

5 Aunque no haya visto el sol, ni conocido [nada], más reposo tiene éste que aquél.

6 Porque si [aquél] viviere mil años dos veces y no gozó del bien, ciertamente ambos van al mismo lugar.

7 Todo el trabajo del hombre [es] para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia.

8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el loco? ¿Qué [más tiene] el pobre que supo caminar entre los vivos?

9 Más vale gozar del bien presente que el deseo errante. Y también esto [es] vanidad y aflicción de espíritu.

10 El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es más fuerte que él.

11 Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?

12 Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales el hace [que sean] como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?

CAPÍTULO 7

1 Mejor [es el] buen nombre que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.

2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del convite; porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive [se] advertirá.

3 Mejor [es] el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

4 El corazón de los sabios [está] en la casa del luto; mas el corazón de los locos, en la casa del placer.

5 Mejor [es] oír la reprensión del sabio, que la canción de los locos.

6 Porque la risa del loco [es] como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto [la risa o la prosperidad del loco] [es] vanidad.

7 Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio; y la dádiva corrompe el corazón.

8 Mejor [es] el fin del negocio que su principio; mejor [es] el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque la ira reposa en el seno de los locos.

10 Nunca digas: ¿Cuál es [la causa de] que los tiempos pasados fueran mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

11 Buena [es] la ciencia con herencia; y [es] la excelencia de los que ven el sol.

12 Porque en la sombra de la ciencia, y en la sombra del dinero [reposa el hombre]; mas la sabiduría excede en que da vida a sus poseedores.

13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que [él] torció?

14 En el día del bien goza del bien; y en el día del mal abre los ojos [y aprende]. Dios también hizo esto ([el día de mal]) delante de lo otro, para que el hombre no halle nada después de él.

15 Todo [lo] he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga [sus días].

16 No seas demasiado legalista ni muy sabio [en tus propios ojos], ¿por qué te destruirás?

17 No seas muy listo a condenar, ni seas loco; ¿por qué morirás en medio del hilo de tus empresas?

18 Bueno es que tomes de esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque el que a Dios teme, saldrá con todo.

19 La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos príncipes que haya en la ciudad. 20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga [el] bien y nunca peque.

21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablaren, para que no oigas a tu siervo que dice mal de ti;

22 porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.

23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Me haré sabio; mas ella se alejó de mí.

24 Lejos está lo que fue; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?

25 Yo he rodeado con mi corazón por saber, y examinar, e inquirir la sabiduría, y la razón; y por saber la maldad de la locura, y el desvarío del error;

26 y he hallado más amarga que la muerte [a] la mujer cuyo corazón es redes y lazos; [y] sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará preso en ella.

27 He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, [pesando las cosas] una por una para hallar la razón;

28 lo que aún busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.

29 He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas perversiones.

CAPÍTULO 8

1 ¿Quién como el sabio? ¿Y quién [como] el que sabe la interpretación de las cosas? La sabiduría de [éste] hombre hará relucir su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará.

2 Yo [te aviso] que guardes el mandamiento del rey y la palabra del pacto [que hiciste] con Dios.

3 No seas ligero a rebelar contra él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere;

4 porque la palabra del rey [es su] potestad, ¿y quién le dirá, qué haces?

5 El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio conoce el tiempo y el juicio.

6 Porque para toda voluntad hay tiempo y juicio; porque el mal del hombre es grande sobre él;

7 porque no sabe lo que será; ni cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?

8 No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en [tal] guerra; ni la impiedad librará al que la posee.

9 Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que se hace debajo del sol; el tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.

10 Entonces vi también que [los] impíos sepultados vinieron [aún en memoria]; mas los que frecuentaban el lugar santo, fueron [luego] puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obrado. Esto también es vanidad.

11 Porque no se ejecuta en seguida [la] sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal.

12 Aunque el que peca haga mal cien veces, y le sea prolongado [el juicio], con todo yo también sé que [les] irá bien [a] los que a Dios temen, los que temieren ante su presencia;

13 y que al impío nunca le irá bien, ni le serán prolongados los días, [que son] como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.

14 Hay [otra] vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos los cuales son pagados como [si hicieran] obras de impíos; y hay impíos, que son pagados como [si hicieran] obras de justos. Digo que esto también [es] vanidad.

15 Por tanto alabé yo la alegría; que no tenga el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dio debajo del sol.

16 Por lo cual yo di mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la ocupación que se hace sobre la tierra (porque [hay quien] ni de noche ni de día ve sueño en sus ojos).

17 Y he visto acerca de todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar [a entender la] obra que se hace debajo del sol; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que sabe, no [la] podrá alcanzar.

CAPÍTULO 9

1 Ciertamente a todo esto di mi corazón, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, [están] en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que [pasa] delante de él.

2 Todo [acontece] de la misma manera a todos; un mismo suceso tiene el justo y el impío; el bueno y el limpio y el no limpio; el que sacrifica, y el que no sacrifica; como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme el juramento.

3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida; y después, a los muertos.

4 Porque hay esperanza para todo aquél que está [aún] entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.

5 Porque los que viven saben que morirán; mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

6 Aun su amor, y su odio y su envidia, fenecieron ya; ni tienen ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.

7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; para que tus obras sean agradables a Dios en este tiempo.

8 En todo tiempo serán blancos tus vestidos, y nunca faltará ungüento sobre tu cabeza.

9 Goza de la vida con la esposa que amas, todos los días que has de vivir en este lago de vanidad, que te son dados; todos los días de tu vanidad debajo del sol; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo en que trabajas debajo del sol.

10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo con [todas] tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.

11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes la gracia; sino que tiempo y ocasión acontece a todos.

12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.

13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me es importante:

14 una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la cerca, y edifica contra ella grandes baluartes;

15 y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.

16 Entonces dije yo: Mejor [es] la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.

17 Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los locos.

18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.

CAPÍTULO 10

1 Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al ungüento del perfumador; así una pequeña locura, al [que es] estimado por sabiduría y honra.

2 El corazón del sabio [está] a su mano derecha; mas el corazón del loco a su mano izquierda.

3 Y aun mientras va el loco por el camino, le falta cordura; y dice a todos, [que] es loco.

4 Si el espíritu del señor se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará reposar grandes pecados.

5 Hay [otro] mal [que] debajo del sol he visto; como salido de delante del gobernador por yerro:

6 La locura está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.

7 Vi siervos en caballos, y príncipes que andaban como siervos sobre [la] tierra.

8 El que hiciere el hoyo caerá en él; y al que aportillare el vallado, le morderá la serpiente.

9 El que mudare las piedras, tribulación tendrá en ellas; el que cortare la leña, en ella peligrará.

10 Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, [hay que] añadir [entonces] más fuerza; pero excede la bondad de la sabiduría.

11 Si mordiere la serpiente no encantada; no es más el lenguaraz.

12 Las palabras de la boca del sabio [son] gracia; mas los labios del loco lo echan a perder.

13 El comienzo de las palabras de su boca [es] locura; y el fin de su charla nocivo desvarío.

14 El loco multiplica palabras, [y dice]: no sabe [el] hombre lo que será; ¿y quién le hará saber lo que después de él será?

15 El trabajo de los locos los fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad.

16 ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey [es] niño, y tus príncipes banquetean de mañana!

17 ¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey [es] hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para [reponer] sus fuerzas, y no por el beber!

18 Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de [las] manos se llueve la casa.

19 Por el placer se hace el convite, y el vino alegra los vivos; y el dinero responde a todo. 20 Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, ni en los secretos de tu cámara maldigas al rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.

CAPÍTULO 11

1 Echa tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.

2 Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.

3 Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al mediodía, o al norte, al lugar que el árbol cayere, allí quedará.

4 El que al viento mira, nunca sembrará; y el que mira a las nubes, nunca segará.

5 Como tú no sabes cuál [es] el camino del espíritu, o cómo [crecen] los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.

6 Por la mañana siembra tu simiente, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto o lo otro, o si ambas son igualmente buenas.

7 Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol;

8 mas si el hombre viviere muchos años, y en todos ellos hubiere gozado alegría; si después trajere a la memoria los días de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que le habrá pasado, [dirá haber sido] vanidad.

9 Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio.

10 Quita pues la tristeza de tu corazón, y aparta el mal de tu carne; porque la niñez y la juventud son vanidad.

CAPÍTULO 12

1 Y acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.

2 Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelven las nubes tras la lluvia;

3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas, [porque] han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;

4 y las puertas de afuera se cerrarán, por la bajeza de la voz de la muela; y se levantará a la voz del ave, y todas las hijas de canción serán humilladas;

5 [cuando] también temerán de lo alto, y los tropezones en el camino; y florecerá el almendro, y se cargará la langosta, y se perderá el apetito; porque el hombre va a la casa de su siglo, y los endechadores andarán en derredor por la plaza.

6 Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;

7 y el polvo se torne a la tierra, como era [antes], y el espíritu se vuelva a Dios que lo dio.

8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad.

9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.

10 Procuró el Predicador hallar palabras de voluntad, y escritura recta, palabras de verdad.

11 Las palabras de los sabios [son] como aguijones; y como clavos hincados, las de los maestros de las congregaciones, puestas por debajo de un Pastor.

12 Hijo mío, a más de esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es aflicción de la carne.

13 El fin de todo el sermón es oído: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es toda la [felicidad] del hombre.

14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, [el cual se hará] sobre toda cosa oculta, buena o mala.

CANTARES

CAPÍTULO 1

1 Canción de canciones, la cual es de Salomón.

2 ¡Oh!, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores [son] tus amores que el vino.

3 Por el olor de tus suaves ungüentos (Ungüento derramado [es] tu nombre), por eso las doncellas te amaron.

4 Atráeme en pos de ti, correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; acordarémonos de tus amores más que del vino. Los rectos te aman.

5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, mas codiciable; como las cabañas de Cedar, como las tiendas de Salomón.

6 No miréis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, me hicieron guarda de viñas; y mi viña, que [era] mía, no guardé.

7 Hazme saber, [o tú] a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas [tu rebaño] al medio día; pues, ¿por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?

8 Si tú no [lo] sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal, yéndote por las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.

9 A yegua de los carros de Faraón te he comparado, amiga mía.

10 Hermosas [son] tus mejillas entre los zarcillos, tu cuello entre los collares.

11 Zarcillos de oro te haremos, con clavos de plata.

12 Mientras que el rey [estaba] en su reclinatorio, mi nardo dio su olor.

13 Mi amado es para mí un manojito de mirra, [que] reposa entre mis pechos.

14 Racimo de alcanfor en las viñas de En-gadi [es] para mí mi amado.

15 He aquí que tú [eres] hermosa, oh compañera mía; he aquí que eres hermosa; tus ojos de paloma.

16 He aquí que tú [eres] hermoso, oh amado mío, y suave; nuestro lecho también florido.

17 Las vigas de nuestras casas [son] de cedro, y de hayas los artesonados.

CAPÍTULO 2

1 Yo [soy] el Lirio del campo ([de Sarón]), y la rosa de los valles.

2 Como el lirio entre las espinas, así [es] mi amiga entre las doncellas.

3 Como el manzano entre los árboles silvestres, así [es] mi amado entre los hijos; bajo su sombra deseé [sentarme], y su fruto [fue] dulce en mi paladar.

4 Me llevó a la cámara del vino, y puso su bandera de amor sobre mí.

5 Sustentadme con frascos [de vino], esforzadme con manzanas; porque estoy enferma de amor.

6 Su izquierda [esté] debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.

7 [Yo] os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que él quiera.

8 ¡La voz de mi amado! He aquí él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.

9 Mi amado [es] semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas.

10 Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh compañera mía, hermosa mía, y vente.

11 Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue;

12 se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción es venido, y en nuestra tierra se ha oído la voz de la tórtola;

13 la higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh compañera mía, hermosa mía, y vente.

14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de la escalera, muéstrame tu vista, hazme oír tu voz; porque tu voz es dulce, y tu vista hermosa.

15 Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas [están] en cierne.

16 Mi amado es mío, y yo suya; el apacienta entre lirios.

17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, vuélvete, amado mío; sé semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos, sobre los montes de Beter.

CAPÍTULO 3

1 [Por] las noches busqué en mi cama al que ama mi alma; lo busqué, y no lo hallé.

2 Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma; lo busqué, y no lo hallé.

3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?

4 Pasando de ellos un poco, hallé luego al que mi alma ama; trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de la que me dio a luz.

5 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que él quiera.

6 ¿Quién [es] ésta que sube del desierto como varas de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos [los] polvos aromáticos?

7 He aquí es la cama de Salomón; sesenta fuertes la rodean, de los fuertes de Israel.

8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su cuchillo sobre su muslo, por los temores de la noche.

9 El rey Salomón se hizo un tálamo de madera del Líbano.

10 Sus columnas hizo de plata, su solado de oro, su cielo de grana, su interior enlosado de amor, por las doncellas de Jerusalén.

11 Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.

CAPÍTULO 4

1 He aquí que tú [eres] hermosa, oh compañera mía, he aquí que tú [eres] hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras, que se muestran desde el monte de Galaad.

2 Tus dientes, como manadas de trasquiladas [ovejas], que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y ninguna entre ellas estéril.

3 Tus labios, como un hilo de grana, y tu habla hermosa; tus sienes, como cachos de granada [a la parte] adentro de tus guedejas.

