Sagradas Escrituras Version Antigua
Part 93
22 Las palabras del chismoso parecen blandas; mas ellas entran hasta lo secreto del vientre.
23 Como escoria de plata echada sobre el tiesto, [son] los labios enardecidos y el corazón malo.
24 El que odia disimula con sus labios; mas en su interior maquina engaño.
25 Cuando hablare amigablemente, no le creas; porque siete abominaciones [hay] en su corazón.
26 Aunque su odio se encubre en el desierto; su malicia será descubierta en la congregación.
27 El que cavare sima, caerá en ella; y el que revuelva la piedra, a él volverá.
28 La falsa lengua aborrece al que atormenta; y la boca lisonjera hace resbaladero.
CAPÍTULO 27
1 No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.
2 Alábete el extraño, y no tu boca; el ajeno, y no tus labios.
3 Pesada es la piedra, y la arena pesa; mas la ira del loco es más pesada que ambas cosas.
4 Cruel [es] la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién parará delante de la envidia?
5 Mejor [es] la reprensión manifiesta que el amor oculto.
6 Fieles [son] las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.
7 El alma saciada desprecia el panal de miel; mas al alma hambrienta todo lo amargo es dulce.
8 Como el ave se va de su nido, así [es] el hombre [que] se va de su lugar.
9 El ungüento y el incienso alegran el corazón; así la dulzura del amigo con el consejo del alma.
10 No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.
11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me deshonrare.
12 El avisado ve el mal, y se esconde, mas los simples pasan, y llevan el daño.
13 Quítale su ropa al que fio al extraño; y al que fio a la extraña, tómale prenda.
14 El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, por maldición se le contará.
15 Gotera continua en tiempo de lluvia, y la mujer rencillosa, son semejantes;
16 el que la escondió, escondió el viento; porque el aceite en su mano derecha clama.
17 Hierro con hierro se aguza; y el hombre le da ánimo a su amigo.
18 El que guarda la higuera, comerá su fruto; y el que guarda a su señor, será honrado.
19 Como en agua el rostro [corresponde] al rostro, así el corazón del hombre al hombre. 20 El sepulcro y la perdición nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos.
21 El crisol [prueba] la plata, y la hornaza el oro; y al hombre la boca del que lo alaba.
22 Aunque majes al loco en un mortero entre granos de trigo a pisón majados, no se quitará de él su locura.
23 Considera atentamente el rostro de tus ovejas; pon tu corazón al ganado;
24 porque las riquezas no son para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones?
25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, y se segarán las hierbas de los montes.
26 Los corderos [son] para tus vestidos, y los cabritos [son] para el precio del campo;
27 y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, y para mantenimiento de tu casa, y para sustento de tus criadas.
CAPÍTULO 28
1 Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como [un] leoncillo.
2 Por la rebelión de la tierra sus príncipes [son] muchos; mas por el hombre entendido y sabio permanecerá sin mutación.
3 El hombre pobre y robador de los pobres, [es] lluvia de avenida [que deja] sin pan.
4 Los que dejan la ley, alaban al impío; mas los que la guardan, contenderán con ellos.
5 Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan al SEÑOR, entienden todas las cosas.
6 Mejor [es] el pobre que camina en su perfección, que el de perversos caminos, aunque [sea] rico.
7 El que guarda la ley [es] hijo prudente; mas el que es compañero de glotones, avergüenza a su padre.
8 El que aumenta sus riquezas con usura y recambio, para que se dé a los pobres las allega.
9 El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también [será] abominable.
10 El que hace errar a los rectos por el mal camino, el caerá en su [misma] sima; mas los perfectos heredarán el bien.
11 El hombre rico [es] sabio en su opinión; mas el pobre entendido es más sabio que él.
12 Cuando los justos se alegran, grande es la gloria; mas cuando los impíos son levantados, el hombre [cuerdo] se esconderá.
13 El que encubre sus pecados, no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.
14 Bienaventurado el hombre que siempre teme [a Dios]; mas el que endurece su corazón, caerá en mal.
15 León rugiente y oso hambriento, [es] el príncipe impío sobre el pueblo pobre.
16 El príncipe falto de entendimiento multiplicará los agravios; mas el que aborrece la avaricia, prolongará [sus] días.
17 El hombre que hace violencia con sangre de persona, huirá hasta el sepulcro, y nadie le sustentará.
18 El que camina en integridad, será salvo; mas el de perversos caminos caerá en alguno.
19 El que labra su tierra, se saciará de pan; mas el que sigue [a] los ociosos, se llenará de pobreza. 20 El hombre de [la] verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecer, no será absuelto.
21 Tener acepción de personas [en el juicio], no es bueno; hasta por un bocado de pan prevaricará el hombre.
22 Se apresura a ser rico el hombre de mal ojo; y no conoce que le ha de venir pobreza.
23 El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua.
24 El que roba a su padre [o] a su madre, y dice [que] no es maldad, compañero es del hombre destruidor.
25 El altivo de ánimo suscita contiendas; mas el que en el SEÑOR confía, medrará.
26 El que confía en su corazón [es] loco; mas el que camina en sabiduría, será salvo.
27 El que da al pobre, nunca tendrá pobreza; mas el que [del pobre] aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones.
28 Cuando los impíos son levantados, el hombre [cuerdo] se esconderá; mas cuando perecen, los justos se multiplican.
CAPÍTULO 29
1 El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado; [y] no habrá [para] él medicina.
2 Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.
3 El hombre que ama la sabiduría, alegra a su padre; mas el que mantiene rameras, perderá la hacienda.
4 El rey con el juicio afirma la tierra; mas el hombre [amigo] de presentes la destruirá.
5 El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos.
6 En la prevaricación del hombre malo hay lazo; mas el justo cantará y se alegrará.
7 Conoce el justo el derecho de los pobres; mas el impío no entiende sabiduría.
8 Los hombres burladores enlazan la ciudad; mas los sabios apartan la ira.
9 Si el hombre sabio contendiere con el loco, que se enoje o que se ría, no tendrá reposo.
10 Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto; mas los rectos buscan su alma.
11 El loco da rienda suelta [a] todo su espíritu; mas el sabio al fin lo sosiega.
12 Del señor que escucha la palabra mentirosa, todos sus ministros son impíos.
13 El pobre y el usurero se encontraron; el SEÑOR alumbra los ojos de ambos.
14 El rey que juzga con verdad [a] los pobres, su trono será firme para siempre.
15 La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho suelto avergonzará a su madre.
16 Cuando los impíos son muchos, mucha [es] la prevaricación; mas los justos verán la ruina de ellos.
17 Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará deleite a tu alma.
18 Sin visión [profética] el pueblo perecerá; mas el que guarda la ley es bienaventurado.
19 El siervo no [se] castigará con palabras; porque entiende, mas no hace caso. 20 ¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del loco que de él.
21 El que regala a su siervo desde su niñez, a la postre será su hijo.
22 El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso muchas veces peca.
23 La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra.
24 El cómplice del ladrón aborrece su vida; oirá maldiciones, y no [lo] denunciará.
25 El temor a los hombres es peligroso; mas el que confía en el SEÑOR será levantado.
26 Muchos buscan el favor del príncipe; mas del SEÑOR viene el juicio de cada uno.
27 Abominación [es] a los justos el hombre inicuo; y abominación [es] al impío el de rectos caminos.
CAPÍTULO 30
1 Palabras de Agur, hijo de Jaqué: La profecía [que] dijo el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2 Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre.
3 Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la teología.
4 ¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
5 Toda palabra de Dios es limpia; es escudo a los que en él esperan.
6 No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.
7 Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera:
8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan de mi juicio;
9 para que no me sacie, y [te] niegue, y diga, ¿Quién [es] el SEÑOR? O no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.
10 No acuses al siervo ante su señor, para que no te maldiga, y peques.
11 [Hay] generación que maldice a su padre, y a su madre no bendice.
12 [Hay] generación limpia en su opinión, y nunca se ha limpiado su inmundicia.
13 [Hay] generación cuyos ojos son altivos, y cuyos párpados son alzados.
14 [Hay] generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar de la tierra a los pobres, y de entre los hombres a los menesterosos.
15 La sanguijuela tiene dos hijas [que se llaman], dame, dame. Tres cosas hay que nunca se sacian; aun la cuarta nunca dice, basta:
16 El sepulcro, y la matriz estéril, la tierra [que] no [se] sacie de aguas, y el fuego que jamás dice: Basta.
17 El ojo que escarnece a su padre, y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos lo saquen del río, y lo devoren los hijos del águila.
18 Tres cosas me son ocultas; aun [tampoco] sé la cuarta:
19 El rastro del águila en el aire; el rastro de la culebra sobre la peña; el rastro de la nave en medio del mar; y el rastro del hombre en la doncella. 20 Tal [es] el rastro de la mujer adúltera, come, y limpia su boca, y dice: No he hecho maldad.
21 Por tres cosas se alborota la tierra, y la cuarta no puede sufrir:
22 Por el siervo cuando reinare; y por el loco cuando se saciare de pan;
23 por la [mujer] aborrecida cuando se casare; y por la sierva cuando heredare a su señora.
24 Cuatro cosas [son] de las más pequeñas de la tierra, y las mismas [son] más sabias que los sabios:
25 Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida;
26 los conejos, pueblo no fuerte, y ponen su casa en la piedra;
27 las langostas, no tienen rey, y salen todas acuadrilladas;
28 la araña, ase con las manos, y está en palacios de rey.
29 Tres cosas hay de hermoso andar, y la cuarta pasea muy bien:
30 El león, fuerte entre todos los animales, que no vuelve atrás por nadie;
31 el [lebrel] ceñido de lomos; asimismo el macho cabrío; y el rey contra el cual ninguno se levanta.
32 Si caíste, [fue] porque te enalteciste; y si mal pensaste, [pon] el dedo sobre la boca.
33 Ciertamente el que exprime la leche, sacará manteca; y el que recio se suena las narices, sacará sangre; y el que provoca la ira, causará contienda.
CAPÍTULO 31
1 Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
2 ¿Qué, hijo mío? ¿Y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis deseos?
3 No des a las mujeres tu fuerza ni tus caminos, [que es] para destruir los reyes.
4 No [es] de los reyes, oh Lemuel, no [es] de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza.
5 No sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos.
6 Dad la cerveza al que perece, y el vino a los de amargo ánimo.
7 Beban, y se olviden de su necesidad, y de su miseria no se acuerden más.
8 Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte.
9 Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.
10 [Alef] Mujer valiente, ¿quién la hallará? Porque su valor pasa largamente [a] la [de] piedras preciosas.
11 [Bet] El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo.
12 [Guímel] Ella le dará bien y no mal, todos los días de su vida.
13 [Dálet] Buscó lana y lino, y con voluntad labró con sus manos.
14 [He] Fue como navío de mercader; trae su pan de lejos.
15 [Vau] Se levantó aun de noche, y dio comida a su familia, y ración a sus criadas.
16 [Zain] Consideró la heredad, y la compró; y plantó viña del fruto de sus manos.
17 [Het] Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos.
18 [Tet] Gustó que era buena su granjería; su candela no se apagó de noche.
19 [Yod] Aplicó sus manos al huso, y sus manos tomaron la rueca. 20 [Caf] Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso.
21 [Lámed] No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda su familia [está] vestida de ropas dobles.
22 [Mem] Ella se hizo tapices; de lino fino y púrpura [es] su vestido.
23 [Nun] Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24 [Sámec] Hizo telas, y vendió; y dio cintas al mercader.
25 [Aín] Fortaleza y gloria [es] su vestidura; y en el día postrero reirá.
26 [Pe] Abrió su boca con sabiduría; y la ley de misericordia [está] en su lengua.
27 [Tsade] Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.
28 [Caf] Se levantaron sus hijos, y la llamaron bienaventurada; y su marido también la alabó.
29 [Res] Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepasas a todas.
30 [Sin] Engañosa [es] la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme al SEÑOR, ésa será alabada.
31 [Tau] Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
ECCLESIASTÉS
CAPÍTULO 1
1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo [es] vanidad.
3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
5 Y sale el sol, y se pone el sol, y con deseo retorna a su lugar donde vuelve a nacer.
6 El viento va al mediodía, y rodea al norte; va rodeando de continuo, y por sus rodeos vuelve el viento de nuevo [hasta completar su ciclo].
7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
8 Todas las cosas andan en trabajo más [de lo] que el hombre pueda decir; los ojos nunca se sacian de ver, ni los oídos de oír.
9 ¿Qué [es] lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué [es] lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.
10 ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.
11 No hay memoria de los primeros, ni tampoco de los postreros habrá memoria en los que serán después.
12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.
13 Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo (este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, en que se ocupen).
14 Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello [es] vanidad y aflicción de espíritu.
15 Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.
16 Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.
17 Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y la ciencia; y las locuras y [los] desvaríos conocí [al fin] que aun esto era aflicción de espíritu.
18 Porque en la mucha sabiduría [hay] mucha tristeza; y quien añade ciencia, añade dolor.
CAPÍTULO 2
1 Dije yo [también] en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también [era] vanidad.
2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que mi corazón anduviese en sabiduría, y retuviese la locura, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
4 Engrandecí mis obras, edifiqué [para] mí casas, planté [para] mí viñas;
5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos.
6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.
7 Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.
8 Me allegué también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, y [todos] los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes.
9 Y fui engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.
10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.
11 Al fin miré yo todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría, y los desvaríos; y la locura (porque ¿qué hombre [hay] que [pueda] seguir al rey [en] lo que ya hicieron?).
13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la locura, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio [tiene] sus ojos en su cabeza, mas el loco anda en tinieblas. Y también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro.
15 [Entonces] dije yo en mi corazón: Como sucederá al loco me sucederá también a mí. ¿Para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto [era] vanidad.
16 Porque ni del sabio ni del loco habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el loco.
17 Aborrecí [por tanto] la vida, porque [toda] obra que se hace debajo del sol me [era] fastidiosa; por cuanto todo [era] vanidad y aflicción de espíritu.
18 Yo [asimismo] aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré a otro que vendrá después de mí.
19 ¿Y quién sabe si será sabio, o loco, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que me hice sabio debajo del sol? Esto también es vanidad. 20 Volvió, por tanto, a desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me trabajé, y en que me hice sabio debajo del sol.
21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También [es] esto vanidad y mal grande.
22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, en que él trabajó debajo del sol?
23 Porque todos sus días [no son sino] dolores, y sus ocupaciones molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.
24 No [hay cosa] mejor para el hombre [sino] que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También he visto que esto [es] de la mano de Dios.
25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?
26 Porque al hombre que [es] bueno delante de Dios, él le da sabiduría y ciencia y alegría, mas al pecador [le] dio [la] ocupación [de] que allegue y amontone, para que dé al bueno delante de él. También esto [es] vanidad y aflicción de espíritu.
CAPÍTULO 3
1 Para todas las cosas [hay] sazón, y toda voluntad debajo del cielo, [tiene su] tiempo [determinado]:
2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
5 tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja?
10 Yo he visto la ocupación que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que en ella se ocupasen.
11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y aun el mundo [les] entregó a su voluntad, [de tal manera] que no alcance el hombre [esta] obra de Dios desde el principio hasta el fin.
12 [Yo] he conocido que no [hay] mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida.
13 Y también [he conocido] que [es] don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de todo su trabajo.
14 He entendido que todo lo que Dios hace, esto será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; porque Dios [lo] hace, para que delante de él teman [los hombres].
15 Aquello que fue, ya es: y lo que será, fue ya; y Dios buscará lo que pasó.
16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.
17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque hay un tiempo determinado [de juzgar] a toda voluntad y sobre todo lo que se hace.
18 Dije en mi corazón, en orden a la condición de los hijos de los hombres, que Dios los puede manifestar, y [es] para ver que ellos [son] bestias los unos a los otros.
19 Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo [es] vanidad. 20 Todo va a un lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.
21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?
22 Así que he visto que no [hay] cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta [es] su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que será después de él?
CAPÍTULO 4
1 Me volví [y] vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y que no tienen consolador; y que la fuerza [estaba] en la mano de sus opresores, y para ellos no [había] consolador.
2 Y alabé yo [a] los finados que ya murieron, más que [a] los vivientes que hasta ahora están vivos.
3 Y [tuve por] mejor que ellos ambos al que no ha sido aún, porque no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol.
4 He visto asimismo que todo trabajo y toda rectitud de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto [es] vanidad y aflicción de espíritu.
5 El loco dobla sus manos y come su [misma] carne.
6 Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
7 Yo me volví otra vez, y vi [otra] vanidad debajo del sol.
8 Es el [hombre] solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni aun sus ojos se sacian de sus riquezas, [ni piensa]: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto [es] vanidad, y duro trabajo.
9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
11 También si dos durmieren [juntos], se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?
12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.
13 Mejor es el niño pobre y sabio, que el rey viejo y loco que no puede ser avisado.
14 Porque de la cárcel salió para reinar; aunque en su reino nació pobre.
15 Vi [a] todos los vivientes debajo del sol caminando con el niño, sucesor, que estará en lugar de aquél.