Sagradas Escrituras Version Antigua

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17 En todo tiempo ama el amigo; mas el hermano para la angustia es nacido.

18 El hombre falto de entendimiento toca la mano, fiando a otro delante de su amigo.

19 La prevaricación ama el que ama pleito; y el que alza su portada, quebrantamiento busca. 20 El perverso de corazón nunca hallará bien; y el que revuelve con su lengua, caerá en mal.

21 El que engendra al loco, para su tristeza [lo engendra]; y el padre del loco no se alegrará.

22 El corazón alegre hará bien [como una] medicina; mas el espíritu triste seca los huesos.

23 El impío toma dádiva en secreto para pervertir las veredas del derecho.

24 En el rostro del entendido [aparece] la sabiduría; mas los ojos del loco [manifiestan su locura] hasta el cabo de la tierra.

25 El hijo loco es enojo a su padre, y amargura a la que lo engendró.

26 Ciertamente no es bueno condenar al justo, ni herir a los príncipes por hacer lo recto.

27 El que detiene sus palabras tiene sabiduría; y de espíritu valioso es el hombre entendido.

28 Aun el loco cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios [es] entendido.

CAPÍTULO 18

1 Segun su antojo busca el que se desvía; en toda doctrina se envolverá.

2 No toma placer el loco en la inteligencia, sino en lo que descubre su corazón.

3 Cuando viene el impío, viene también el menosprecio, y con el deshonrador la afrenta.

4 Aguas profundas [son] las palabras de la boca del hombre; y arroyo revertiente, la fuente de la sabiduría.

5 Tener respeto a la persona del impío, para hacer caer al justo de [su] derecho, no [es] bueno.

6 Los labios del loco vienen con pleito; y su boca a plaga llama.

7 La boca del loco es quebrantamiento para sí, y sus labios [son] lazos para su alma.

8 Las palabras del chismoso parecen blandas, mas ellas descienden hasta lo íntimo del vientre.

9 También el que es negligente en su obra es hermano del gran desolador.

10 Torre fuerte [es] el nombre del SEÑOR; a él correrá el justo, y será levantado.

11 Las riquezas del rico [son] la ciudad de su fortaleza, y como un muro alto en su imaginación.

12 Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, y antes de la honra [es] el abatimiento.

13 El que responde palabra antes de oír, le es locura y oprobio.

14 El espíritu del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al espíritu quebrantado?

15 El corazón del entendido adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia.

16 El don del hombre le ensancha el camino, y le lleva delante de los grandes.

17 El justo [es] el primero en su pleito; y su adversario viene, y le busca.

18 La suerte pone fin a los pleitos, y desparte los fuertes.

19 El hermano [ofendido] es más tenaz que una ciudad fuerte; y las contiendas [de los hermanos] son como cerrojos de alcázar. 20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios.

21 La muerte y la vida [están] en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos.

22 El que halló esposa halló el bien, y alcanzó la benevolencia del SEÑOR.

23 El pobre habla [con] ruegos; mas el rico responde durezas.

24 El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano.

CAPÍTULO 19

1 Mejor es el pobre que camina en integridad, que el de perversos labios y loco.

2 El alma sin sabiduría no es buena; y el presuroso de pies peca.

3 La locura del hombre tuerce su camino; y contra el SEÑOR se aíra su corazón.

4 Las riquezas allegan muchos amigos; mas el pobre, de su amigo es apartado.

5 El testigo falso no será absuelto; y el que habla mentiras no escapará.

6 Muchos rogarán al príncipe; mas cada uno es amigo del hombre que da.

7 Todos los hermanos del pobre le aborrecen; ¡cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la amistad y no la hallará.

8 El que posee entendimiento, ama su alma; guarda la inteligencia, para hallar el bien.

9 El testigo falso no quedará sin castigo; y el que habla mentiras, perecerá.

10 No conviene al loco el deleite; ¡cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!

11 El entendimiento del hombre detiene su furor; y su honra es disimular la ofensa.

12 Como el bramido del cachorro de león [es] la ira del rey; y su favor como el rocío sobre la hierba.

13 Dolor [es] para su padre el hijo loco; y gotera continua las contiendas de la mujer.

14 La casa y las riquezas herencia son de los padres; mas del SEÑOR la mujer prudente.

15 La pereza hace caer [en] sueño; y el alma negligente hambreará.

16 El que guarda el mandamiento, guarda su alma; mas el que menospreciare sus caminos, morirá.

17 Al SEÑOR presta el que da al pobre, y él le dará su paga.

18 Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se excite tu alma para destruirlo.

19 El de grande ira llevará la pena; porque aun si lo librares seguirá lo mismo. 20 Escucha el consejo, y recibe el castigo, para que seas sabio en tu vejez.

21 Muchos pensamientos [hay] en el corazón del hombre; mas el consejo del SEÑOR permanecerá.

22 Contentamiento es a los hombres hacer misericordia; pero [es] mejor [hacerlo] al pobre que al mentiroso.

23 El temor del SEÑOR [es] para vida; [el que lo tenga] vivirá satisfecho; no será visitado de mal.

24 El perezoso esconde su mano en el seno; aun a su boca no la llevará.

25 Hiere al burlador, y el simple se hará avisado; y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.

26 El que roba a su padre y ahuyenta a su madre, es hijo avergonzador y deshonrador.

27 Cesa, hijo mío, de oír la enseñanza [que] induce a divagar de las razones de sabiduría.

28 El testigo perverso se burlará del juicio; y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad.

29 Aparejados están juicios para los burladores, y azotes para los cuerpos de los locos.

CAPÍTULO 20

1 El vino [hace] burlador, la cerveza alborotador; y cualquiera que en ellos yerra, no será sabio.

2 Como bramido de cachorro de león [es] el miedo del rey; el que lo hace enojar, peca [contra] su alma.

3 Honra [es] del hombre dejarse de contienda; mas todo loco se envolverá [en ella].

4 El perezoso no ara a causa del invierno; pedirá, pues, en la siega, y no [hallará].

5 [Como] aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre; mas el hombre entendido lo alcanzará [a sacar].

6 Muchos hombres publican cada uno su misericordia; mas varón de verdad, ¿quién lo hallará?

7 El justo que camina en su integridad, bienaventurados [serán] sus hijos después de él.

8 El rey que se sienta en el trono de juicio, con su mirar disipa todo mal.

9 ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón; limpio estoy de mi pecado?

10 Doble pesa y doble medida, abominación [son] al SEÑOR ambas cosas.

11 Aun el niño es conocido por sus obras, si su obra fuere limpia y recta.

12 El oído que oye, y el ojo que ve; el SEÑOR hizo ambas cosas.

13 No ames el sueño, para que no te empobrezcas; abre tus ojos, y te saciarás de pan.

14 El que compra dice: Malo es, malo es; mas cuando se aparta, se alaba.

15 Hay oro y multitud de piedras preciosas; mas los labios sabios [son] vaso precioso.

16 Quítale su ropa al que [salió por] fiador del extraño; y tómale prenda [al que] fía la extraña.

17 Sabroso [es] al hombre el pan de mentira; mas después su boca será llena de cascajo.

18 Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con sabios consejos se hace la guerra.

19 El que descubre el secreto, en chismes anda; no te entremetas, pues, [con] el que lisonjea con sus labios. 20 El que maldice a su padre o a su madre, su candela será apagada en oscuridad tenebrosa.

21 La herencia adquirida de prisa al principio, su postrimería no será bendita.

22 No digas, yo me vengaré; espera al SEÑOR, y él te salvará.

23 Abominación son al SEÑOR las pesas dobles; y el peso falso no [es] bueno.

24 Del SEÑOR [son] los pasos del hombre; ¿cómo, pues, entenderá el hombre su camino?

25 Lazo es al hombre el devorar lo santo, y andar pesquisando después de los votos.

26 El rey sabio esparce los impíos; y sobre ellos hace rodar la rueda.

27 Candela del SEÑOR [es] el aliento del hombre que escudriña lo secreto del vientre.

28 Clemencia y verdad guardan al rey; y con misericordia sustenta su trono.

29 La gloria de los jóvenes es su fortaleza, y la hermosura de los viejos [su] vejez.

30 Las señales de las heridas [pasadas son] medicina para [curar] lo malo; y las vivas amonestaciones llegan a lo más secreto del vientre.

CAPÍTULO 21

1 [Como] los repartimientos de las aguas, [así está] el corazón del rey en la mano del SEÑOR; a todo lo que quiere lo inclina.

2 Todo camino del hombre [es] recto en su opinión; mas el SEÑOR pesa los corazones.

3 Hacer justicia y juicio [es] al SEÑOR más agradable que sacrificio.

4 Altivez de ojos, y orgullo de corazón, [que es] la candela de los impíos, es pecado.

5 Los pensamientos del solícito ciertamente [van] a abundancia; mas [los de] todo presuroso, indefectiblemente a pobreza.

6 Allegar tesoros con lengua de mentira, [es] vanidad desatentada de aquellos que buscan la muerte.

7 La rapiña de los impíos los destruirá; por cuanto no quisieron hacer juicio.

8 El camino del hombre perverso es torcido y extraño; mas la obra del limpio [es] recta.

9 Mejor es vivir en un rincón del terrado que con [la] mujer rencillosa en espaciosa casa.

10 El alma del impío desea mal; su prójimo no le parece bien.

11 Cuando el burlador es castigado, el simple se hace sabio; y enseñando al sabio, toma sabiduría.

12 Considera el justo la casa del impío; [cómo] los impíos son trastornados por el mal.

13 El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído.

14 El presente en secreto amansa el furor, y el don en el seno, la fuerte ira.

15 Alegría [es] al justo [el] hacer juicio; mas quebrantamiento a los que hacen iniquidad.

16 El hombre que yerra del camino de la sabiduría, vendrá a parar en la compañía de los muertos.

17 Hombre necesitado será el que ama el deleite; y el que ama el vino y el ungüento no enriquecerá.

18 El rescate del justo [será] el impío, y por los rectos el prevaricador.

19 Mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa e iracunda. 20 Tesoro codiciable y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre loco lo disipará.

21 El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia, y la honra.

22 La ciudad de los fuertes tomó el sabio, y derribó la fuerza en que ella confiaba.

23 El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.

24 Soberbio, arrogante y burlador es el nombre del que obra con la furia de la soberbia.

25 El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar.

26 Hay quien todo el día codicia; mas el justo da, y sigue dando.

27 El sacrificio de los impíos [es] abominación; ¡cuánto más ofreciéndolo con maldad!

28 El testigo mentiroso perecerá; mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho.

29 El hombre impío endurece su rostro; mas el recto ordena sus caminos.

30 No [hay] sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra el SEÑOR.

31 El caballo se apareja para el día de la batalla; mas del SEÑOR [es] el salvar.

CAPÍTULO 22

1 De más estima es la buena fama que las muchas riquezas; y la buena gracia [más] que la plata y el oro.

2 El rico y el pobre se encontraron; a todos ellos [los] hizo el SEÑOR.

3 El avisado ve el mal, y se esconde; mas los simples pasan, y reciben el daño.

4 Riquezas, y honra, y vida, [son] la remuneración de la humildad y del temor del SEÑOR.

5 Espinas y lazos [hay] en el camino del perverso; el que guarda su alma se alejará de ellos.

6 Instruye al niño en su carrera; aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.

7 El rico se enseñoreará de los pobres, y el que toma prestado [es] siervo del que presta.

8 El que sembrare iniquidad, iniquidad segará; y se consumirá la vara de su ira.

9 El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al menesteroso.

10 Echa [fuera] al burlador, y saldrá la contienda; y cesará el pleito y la afrenta.

11 El que ama la limpieza de corazón, y la gracia de sus labios; su compañero [será] el rey.

12 Los ojos del SEÑOR miran por la ciencia; [mas él] trastorna las cosas de los prevaricadores.

13 Dice el perezoso: El león está afuera; en medio de la calle seré muerto.

14 Sima profunda [es] la boca de [las] extrañas; aquel contra el cual estuviere el SEÑOR airado, caerá en ella.

15 La locura [está] ligada en el corazón del niño; mas la vara de la corrección la hará alejar de él.

16 El que oprime al pobre para aumentarse él, y que da al rico, ciertamente [será] pobre.

17 Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y pon tu corazón a mi sabiduría;

18 porque [es] cosa deleitable, si las guardares en tus entrañas; [y que] juntamente sean ordenadas en tus labios.

19 Para que tu confianza sea en el SEÑOR, te [las] he hecho saber hoy a ti también. 20 ¿No te he escrito tres veces en consejos y ciencia,

21 para hacerte saber la certidumbre de las razones verdaderas, para que puedas responder razones de verdad a los que a ti enviaren?

22 No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en el juicio al necesitado;

23 porque el SEÑOR juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren.

24 No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos;

25 para que no aprendas sus veredas, y tomes lazo para tu alma.

26 No estés entre los que tocan la mano, entre los que fían por deudas.

27 Si no tuvieres para pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?

28 No traspases el término antiguo que pusieron tus padres.

29 ¿Has visto hombre solícito en su obra? Delante de los reyes estará; no estará delante de los oscuros.

CAPÍTULO 23

1 Cuando te sentares a comer con [algún] señor, considera bien lo que [estuviere] delante de ti;

2 y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito.

3 No codicies sus manjares, porque es pan engañoso.

4 No trabajes por ser rico; desiste de tu propia sabiduría.

5 ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas, como alas de águila, y volarán al cielo.

6 No comas pan de [hombre] de mal ojo, ni codicies sus manjares;

7 porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no [está] contigo.

8 ¿Comiste tu parte? La vomitarás; y perderás tus suaves palabras.

9 No hables a oídos del loco; porque menospreciará la prudencia de tus razones.

10 No traspases el término antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos;

11 porque el redentor de ellos [es] el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti.

12 Aplica tu corazón al castigo, y tus oídos a las palabras de sabiduría.

13 No detengas el castigo del niño; porque si lo hirieres con vara, no morirá.

14 Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno.

15 Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me alegrará el corazón;

16 mis entrañas también se alegrarán, cuando tus labios hablaren cosas rectas.

17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes [persevera] en el temor del SEÑOR todo tiempo;

18 porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada.

19 Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino. 20 No estés con los borrachos de vino, ni con los glotones de carne;

21 porque el bebedor y el comilón empobrecerán; y el sueño hará vestir vestidos rotos.

22 Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.

23 Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza, y la inteligencia.

24 Mucho se alegrará el padre del justo; y el que engendró sabio se gozará con él.

25 Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz.

26 Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.

27 Porque sima profunda [es] la ramera, y pozo angosto la extraña.

28 También ella, como robador, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores.

29 ¿Para quién [será] el ay? ¿Para quién el ay? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?

30 Para los que se detienen junto al vino, para los que van buscando la mixtura.

31 No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso, se entra suavemente;

32 mas al fin morderá como serpiente, y como basilisco dará dolor.

33 Tus ojos mirarán las extrañas, y tu corazón hablará perversidades.

34 Y serás como el que duerme en medio del mar, y como el que se acuesta junto al timón.

35 [Y dirás]: Me hirieron, mas no me dolió; me azotaron, mas no lo sentí; cuando despertare, aun lo volveré a buscar.

CAPÍTULO 24

1 No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos;

2 porque su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios.

3 Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará;

4 y con ciencia se llenarán las cámaras de todas riquezas preciosas y hermosas.

5 El hombre sabio [es] fuerte; y el hombre entendido [es] valiente de fuerza.

6 Porque con sabios consejos harás la guerra; y la salud [está] en la multitud de consejeros.

7 Alta está para el loco la sabiduría; en la puerta no abrirá él su boca.

8 Al que piensa mal hacer le llamarán hombre de malos pensamientos.

9 El pensamiento del loco es pecado; y abominación a los hombres el burlador.

10 Si fueres flojo en el día de tribulación, tu fuerza será reducida.

11 Si dejares de librar los que son tomados para la muerte, y los que son llevados al degolladero;

12 si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.

13 Come, hijo mío, de la miel, porque [es] buena, y del panal dulce a tu paladar;

14 tal [será] el conocimiento de la sabiduría a tu alma, si la hallares; y al fin tu esperanza no será cortada.

15 Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara;

16 porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.

17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;

18 para que el SEÑOR no lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo.

19 No te entremetas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos; 20 porque para el malo no habrá buen fin, y la candela de los impíos será apagada.

21 Teme al SEÑOR, hijo mío, y al rey; no te entremetas con los veleidosos;

22 porque su quebrantamiento se levantará de repente; y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprenderá?

23 También estas cosas [pertenecen] a los sabios. Tener acepción de personas en el juicio no [es] bueno.

24 El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones;

25 mas los que lo reprenden, serán agradables, y sobre ellos vendrá bendición de bien.

26 Besados serán los labios del que responde palabras rectas.

27 Prepara tus labores de afuera, y disponlas en tu heredad; y después edificarás tu casa.

28 No seas testigo falso contra tu prójimo; y no lisonjees con tus labios.

29 No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al varón según su obra.

30 Pasé junto a la heredad del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento;

31 y he aquí que por toda ella habían ya crecido espinas, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida.

32 Y yo miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé castigo.

33 Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;

34 así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre de escudo.

CAPÍTULO 25

1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá.

2 Honra de Dios [es] encubrir la palabra; mas honra del rey [es] escudriñar la palabra.

3 Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación.

4 Quita las escorias de la plata, y saldrá vaso al fundidor.

5 Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará en justicia.

6 No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes;

7 porque mejor es que se te diga: Sube acá, que no que seas abajado delante del príncipe [a] quien [han] mirado tus ojos.

8 No salgas a pleito presto, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado.

9 Trata tu causa con tu compañero, y no descubras el secreto a otro;

10 para que no te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse.

11 Manzana de oro con figuras de plata [es] la palabra dicha como conviene.

12 [Como] zarcillo de oro y joyel de oro fino, es el que reprende al sabio que tiene oído dócil.

13 Como frío de nieve en tiempo de la siega, [así es] el mensajero fiel a los que lo envían; pues al alma de su señor da refrigerio.

14 [Como] nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta en don de mentira.

15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe; y la lengua blanda quebranta los huesos.

16 ¿Hallaste la miel? Come lo que te basta; no sea que hastiado de ella, la vomites.

17 Detén tu pie de la casa de tu prójimo, no sea que hastiado de ti te aborrezca.

18 Martillo y cuchillo y saeta aguda, [es] el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio.

19 Diente quebrado y pie resbalador, [es] la confianza en el prevaricador en el tiempo de angustia. 20 El que canta canciones al corazón afligido, [es como] el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón [echa] vinagre.

21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua;

22 porque ascuas allegas sobre su cabeza, y el SEÑOR te lo pagará.

23 El viento del norte ahuyenta la lluvia, y el rostro airado la lengua detractora.

24 Mejor es estar en un rincón del terrado, que con la mujer rencillosa en casa espaciosa.

25 [Como] el agua fría al alma sedienta, así [son] las buenas nuevas de lejanas tierras.

26 [Como] fuente turbia y manantial corrompido, es el justo que se inclina delante del impío.

27 Comer mucha miel no [es] bueno; ni inquirir de su [propia] gloria es gloria.

28 [Como] ciudad derribada y sin muro, [es] el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

CAPÍTULO 26

1 Como la nieve en el verano, y la lluvia en la siega, así conviene al loco la honra.

2 Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición sin causa nunca vendrá.

3 El látigo para el caballo, y el cabestro para el asno, y la vara para el cuerpo del loco.

4 Nunca respondas al loco en conformidad a su locura, para que no seas tú también como él.

5 Responde al loco mostrándole su locura, para que no se estime sabio en su opinión.

6 El que da un cargo al que no tiene facultad para ejercitarlo, [es] el que envía algo por mano del loco; y beberá el daño.

7 Así como camina el cojo; es el proverbio en la boca del loco.

8 Como quien liga la piedra en la honda, así es el que da honra al loco.

9 Espinas hincadas en mano del embriagado, tal es el proverbio en la boca de los locos.

10 El gran [Dios] cría todas las cosas; y al loco da la paga, y a los transgresores da el salario.

11 Como perro que vuelve a su vómito, [así] el loco que repite su locura.

12 ¿Has visto hombre sabio en su [propia] opinión? Más esperanza hay del loco que de él.

13 Dice el perezoso: El león está en el camino; el león está en las [calles].

14 Las puertas se revuelven en sus quicios; así el perezoso en su cama.

15 Esconde el perezoso su mano en el seno; se cansa de volverla a su boca.

16 Más sabio es el perezoso en su [propia] opinión que siete que [le] den consejo.

17 El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno, [es como] el que toma al perro por las orejas.

18 Como el que enloquece, y echa llamas, y saetas, y muerte,

19 tal es el hombre que daña a su amigo, y dice: Ciertamente lo hice por broma. 20 Sin leña se apaga el fuego; y donde no [hay] chismoso, cesa la contienda.

21 El carbón para brasas, y la leña para el fuego; y el hombre rencilloso para encender contienda.