Sagradas Escrituras Version Antigua
Part 83
21 [Lámed] El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da.
22 Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán talados.
23 [Mem] Por el SEÑOR son ordenados los pasos del hombre [bueno], y [él] quiere su camino.
24 Cuando cayere, no será postrado; porque el SEÑOR sustenta su mano.
25 [Nun] Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.
26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su simiente [es] para bendición.
27 [Sámec] Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre.
28 Porque el SEÑOR ama la rectitud, y no desamparará a sus misericordiosos, para siempre serán guardados; mas la simiente de los impíos será talada.
29 [Ayin] Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.
30 [Pe] La boca del justo hablará sabiduría; y su lengua proferirá juicio.
31 La ley de su Dios [está] en su corazón; por tanto sus pasos no vacilarán.
32 [Tsade] Acecha el impío al justo, y procura matarlo.
33 El SEÑOR no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren.
34 [Cof] Espera al SEÑOR, y guarda su camino, y [él] te ensalzará para heredar la tierra; cuando los pecadores serán talados, [lo] verás.
35 [Resh] Yo vi al impío robusto, y reverdeciendo como [un] laurel verde.
36 Pero pasó, y he aquí no aparece; lo busqué, y no fue hallado.
37 [Sin] Considera al perfecto, y mira al recto; que la postrimería de cada uno [de ellos] es paz.
38 Mas los rebeldes fueron todos destruidos; la postrimería de los impíos fue talada.
39 [Tau] Pero la salud de los justos es el SEÑOR, y [él es] su fortaleza en el tiempo de la angustia.
40 Y el SEÑOR los ayudó, y los libera, y los libertará de los impíos; y los salvará, por cuanto esperaron en él.
CAPÍTULO 38
1 Salmo de David, digno de memoria. SEÑOR, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira.
2 Porque tus saetas descendieron en mí, y sobre mí ha descendido tu mano.
3 No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira; ni [hay] paz en mis huesos a causa de mi pecado.
4 Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.
5 Se pudrieron [y] se corrompieron mis llagas, a causa de mi locura.
6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día.
7 Porque mis caderas están llenas de ardor, y no [hay] sanidad en mi carne.
8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa del alboroto de mi corazón.
9 Señor, delante de ti [están] todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.
10 Mi corazón [está] acongojado, me ha dejado mi vigor; y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.
11 Mis amigos y mis compañeros se quitaron de delante de mi plaga; y mis cercanos se pusieron lejos.
12 Y los que buscaban mi alma armaron lazos; y los que procuraban mi mal hablaban iniquidades, y todo el día meditaban fraudes.
13 Mas yo, como [si fuera] sordo no oía; y [estaba] como un mudo, que no abre su boca.
14 Fui pues como [un] hombre que no oye, y que en su boca no [tiene] reprensiones.
15 Porque a ti, oh SEÑOR, he esperado; tú responderás, SEÑOR Dios mío.
16 Porque dije: Que no se alegren de mí; [ni] cuando mi pie resbalare, se engrandezcan sobre mí.
17 Porque yo estoy a punto de claudicar, y mi dolor [está] delante de mí continuamente.
18 Por tanto denunciaré mi maldad; me acongojaré por mi pecado.
19 Porque mis enemigos [son] vivos y fuertes; y se han aumentado los que me aborrecen sin causa; 20 y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
21 No me desampares, oh SEÑOR; Dios mío, no te alejes de mí.
22 Apresúrate a ayudarme, Señor de mi salud.
CAPÍTULO 39
1 Al Vencedor, a Jedutún: Salmo de David. Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío [fuere] contra mí.
2 Enmudecí en silencio, me callé [aun] de lo bueno; y se alborotó mi dolor.
3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego; [y] hablé con mi lengua:
4 Hazme saber, SEÑOR, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa [yo] cuánto [tengo de ser] del mundo.
5 He aquí como a palmos diste a mis días, y mi edad [es] como nada delante de ti; ciertamente [es] completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)
6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; allega, y no sabe quién lo cogerá.
7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.
8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del loco.
9 Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú [lo] hiciste.
10 Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido.
11 Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza; ciertamente vanidad [es] todo hombre. (Selah.)
12 Oye mi oración, oh SEÑOR, y escucha mi clamor; no calles ante mis lágrimas; porque peregrino soy contigo, [y] advenedizo, como todos mis padres.
13 Déjame [estar delante de ti], y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.
CAPÍTULO 40
1 Al Vencedor: Salmo de David. Pacientemente esperé al SEÑOR, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Y puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán [esto] muchos, y temerán, y esperarán en el SEÑOR.
4 Bienaventurado el varón que puso al SEÑOR por su confianza, y no miró a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira.
5 Aumentado has tú, oh SEÑOR Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no [te los podremos] contar, anunciar, ni hablar; no pueden ser narrados.
6 Sacrificio y presente no te agrada; me has labrado oídos; holocausto y expiación no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro [está] escrito de mí:
8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; y tu ley [está] en medio de mis entrañas.
9 He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no detuve mis labios, SEÑOR, tú [lo] sabes.
10 No encubrí tu justicia en medio de mi corazón; tu verdad y tu salud he declarado; no negué tu misericordia y tu verdad en grande ayuntamiento.
11 Tú, SEÑOR, no detengas de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han cercado males hasta no [haber] cuanto; me han asido mis maldades, y no puedo ver; se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.
13 Quieras, [oh] SEÑOR, librarme; SEÑOR, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confusos a una los que buscan mi vida para cortarla; vuelvan atrás y avergüéncense los que mi mal desean.
15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salud: el SEÑOR sea ensalzado.
17 [Cuando] yo [estoy] pobre y menesteroso, el SEÑOR pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador [eres] tú; Dios mío, no te tardes.
CAPÍTULO 41
1 Al Vencedor: Salmo de David. Bienaventurado el que entiende sobre el pobre; en el día malo lo librará el SEÑOR.
2 El SEÑOR lo guarde, y le dé vida: sea bienaventurado en la tierra, y no lo entregues a la voluntad de sus enemigos.
3 El SEÑOR lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad.
4 Yo dije: SEÑOR, ten misericordia de mí; sana mi alma, porque contra ti he pecado.
5 Mis enemigos dicen mal de mí [preguntando]: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?
6 Y si [alguno] venía a verme, hablaba mentira; su corazón amontonaba iniquidad; [y] salido fuera, la hablaba.
7 Congregados murmuraban contra mí todos los que me aborrecían; contra mí pensaban mal, [diciendo] de mí:
8 Cosa pestilente de él se ha apoderado; y el que cayó en cama, no volverá a levantarse.
9 Aun el varón de mi paz, en quien [yo] confiaba, el que comía mi pan, engrandeció contra mí el calcañar.
10 Mas tú, SEÑOR, ten misericordia de mí, y hazme levantar, y les daré el pago.
11 En esto habré conocido que te he agradado, que mi enemigo no se holgará de mí.
12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has asentado delante de ti para siempre.
13 Bendito [sea] el SEÑOR, el Dios de Israel, por [los] siglos de [los] siglos. Amén y Amén.
CAPÍTULO 42
1 Al Vencedor: Masquil a los hijos de Coré. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
2 Mi alma tuvo sed de Dios, del Dios vivo. ¡Cuándo vendré, y compareceré delante de Dios!
3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me decían todos los días: ¿Dónde [está] tu Dios?
4 De estas cosas me acordaré, y derramaré mi alma sobre mí. Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la Casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, bailando la multitud.
5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y bramas contra mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar por las saludes de su presencia.
6 Dios mío, mi alma está en mí abatida; por tanto me acordaré de ti desde [la] tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
7 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
8 De día mandará el SEÑOR su misericordia, y de noche su canción [será] conmigo, oración al Dios de mi vida.
9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
10 [Es] como muerte en mis huesos, cuando mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué bramas contra mí? Espera a Dios; [quien es] la salud de mi rostro, y el Dios mío.
CAPÍTULO 43
1 Júzgame, oh Dios, y pleitea mi pleito; de gente no misericordiosa, de varón de engaño me libra.
2 Porque tú [eres] el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?
3 Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos.
4 Y entraré al altar de Dios, al Dios alegría de mi gozo; y te alabaré con arpa, [oh] Dios, Dios mío.
5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué bramas contra mí? Espera a Dios; porque aún tengo de alabar a [quien es] la salud de mi rostro, y el Dios mío.
CAPÍTULO 44
1 Al Vencedor: a los hijos de Coré: Masquil. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado la obra [que] hiciste en sus tiempos, en los tiempos antiguos.
2 Tú con tu mano echaste los gentiles, y los plantaste a ellos; afligiste los pueblos, y los arrojaste.
3 Porque no heredaron la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos.
4 Tú, oh Dios, [eres] mi rey: Manda saludes a Jacob.
5 Por medio de ti acornearemos a nuestros enemigos; en tu Nombre atropellaremos a nuestros adversarios.
6 Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará.
7 Porque [tú] nos has guardado de nuestros enemigos, y has avergonzado a los que nos aborrecían.
8 En Dios nos alabamos todo [el] tiempo, y para siempre loaremos tu Nombre. (Selah.)
9 Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales en nuestros ejércitos.
10 Nos hiciste retroceder del enemigo, y [nos] saquearon para sí los que nos aborrecieron.
11 Nos pusiste como a ovejas para comida, y nos esparciste entre los gentiles.
12 Has vendido tu pueblo de balde, y sin precio.
13 Nos pusiste por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a los que nos rodean.
14 Nos pusiste por proverbio entre los gentiles, por movimiento de cabeza en los pueblos.
15 Cada día mi vergüenza [está] delante de mí, y me cubre la confusión de mi rostro,
16 por la voz del que me blasfema y deshonra, [por la voz] del enemigo y del que se venga.
17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto.
18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco se han apartado nuestros pasos de tus caminos.
19 Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte, 20 si nos hubiésemos olvidado del Nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno,
21 ¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón.
22 Antes por tu causa nos matan cada día; somos tenidos como ovejas para el degolladero.
23 Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no [nos] deseches para siempre.
24 ¿Por qué escondes tu rostro? ¿Olvidaste nuestra aflicción, y la opresión nuestra?
25 Porque nuestra alma se ha agobiado hasta el polvo; nuestro vientre está pegado con la tierra.
26 Levántate para ayudarnos, y redímenos por tu misericordia.
CAPÍTULO 45
1 Al Vencedor: sobre Sosanim ([lirios]): a los hijos de Coré: Masquil: Canción de amores. Rebosa mi corazón palabra buena; yo digo [en] mis obras del Rey; mi lengua [es] pluma de escribiente muy ligero.
2 Te has hermoseado más que los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto Dios te ha bendecido para siempre.
3 Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu hermosura.
4 Y con tu hermosura sé prosperado; cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, [y] de justicia; y tu diestra te enseñará cosas terribles.
5 Tus saetas agudas [con que] caerán pueblos debajo de ti, [penetrarán] en el corazón de los enemigos del Rey.
6 Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre; vara de justicia, la vara de tu reino.
7 Amaste la justicia y aborreciste la maldad; por tanto te ungió Dios, [el] Dios tuyo, con óleo de gozo más que a tus compañeros.
8 Mirra, áloe, y casia [exhalan] todos tus vestidos; desde palacios de marfil te alegraron.
9 Hijas de reyes entre tus ilustres; está la reina a tu diestra con corona [de oro finísimo] de Ofir.
10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;
11 y deseará el Rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él [es] tu Señor.
12 Y las hijas de Tiro con presente; aun los ricos del pueblo suplicarán tu favor.
13 Toda ilustre [es] de dentro la hija del rey; de brocado de oro [es] su vestido.
14 Con [vestidos] bordados será llevada al Rey; vírgenes en pos de ella; sus compañeras [serán] traídas a ti.
15 Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del Rey.
16 En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra.
17 Haré [perpetua] la memoria de tu nombre en todas las generaciones; por lo cual pueblos te alabarán eternamente y para siempre.
CAPÍTULO 46
1 Al Vencedor: a los hijos de Coré: Salmo sobre Alamot. Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2 Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida; aunque se traspasen los montes al corazón del mar.
3 Bramarán, se turbarán sus aguas; temblarán los montes a causa de su braveza. (Selah.)
4 Del Río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de las tiendas del Altísimo.
5 Dios [está] en medio de ella; no será conmovida; Dios la ayudará al clarear la mañana.
6 Bramaron [los] gentiles, titubearon [los] reinos; dio [él] su voz, se derritió la tierra.
7 El SEÑOR de los ejércitos [es] con nosotros; nuestro refugio [es] el Dios de Jacob. (Selah.)
8 Venid, ved las obras del SEÑOR, que ha puesto asolamientos en la tierra.
9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra; que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego.
10 Cesad, y conoced que yo [soy] Dios; me ensalzaré en los gentiles, me ensalzaré en la tierra.
11 El SEÑOR de los ejércitos [es] con nosotros; nuestro refugio [es] el Dios de Jacob. (Selah.)
CAPÍTULO 47
1 Al Vencedor: a los hijos de Coré: Salmo. Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo.
2 Porque el SEÑOR es Sublime y temible; Rey grande sobre toda la tierra.
3 [El] guiará a los pueblos debajo de nosotros, y a los gentiles debajo de nuestros pies.
4 [El] nos elegirá nuestras heredades; la hermosura de Jacob, al cual amó. (Selah.)
5 Subió Dios con júbilo, el SEÑOR con voz de trompeta.
6 Cantad a Dios, cantad; cantad a nuestro Rey, cantad.
7 Porque el Rey de toda la tierra [es] Dios; cantad con entendimiento.
8 Reinó Dios sobre los gentiles; se sentó Dios sobre el trono de su santidad.
9 Los príncipes de los pueblos se juntaron al pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios [son] los escudos de la tierra; El es muy ensalzado.
CAPÍTULO 48
1 Canción de Salmo a los hijos de Coré. Grande [es] el SEÑOR y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, [en] el monte de su santidad.
2 Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra [es] el monte de Sion, a los lados del aquilón, la ciudad del gran Rey.
3 Dios en sus palacios es conocido por [lugar de] refugio.
4 Porque he aquí los reyes de la tierra fueron reunidos; pasaron todos.
5 Y viéndola ellos así, se maravillaron, se asombraron, se dieron prisa [a huir].
6 Les tomó allí temblor; dolor, como a mujer que da a luz.
7 Con viento solano quiebras [tú] las naves de Tarsis.
8 Como [lo] oímos, así lo hemos visto en la ciudad del SEÑOR de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; la afirmará Dios para siempre. (Selah.)
9 Concebimos según tu misericordia, oh Dios, en medio de tu Templo.
10 Conforme a tu Nombre, oh Dios, así [es] tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra.
11 Se alegrará el monte de Sion; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.
12 Andad alrededor de Sion, y rodeadla; contad sus torres.
13 Considerad bien su antemuro, mirad sus palacios; para que lo contéis a la generación venidera.
14 Porque este Dios [es] Dios nuestro eternalmente y para siempre; El nos capitaneará hasta la muerte.
CAPÍTULO 49
1 Al Vencedor: a los hijos de Coré: Salmo. Oíd esto, pueblos todos; escuchad, habitadores todos del mundo:
2 Así los hijos de los hombres como los hijos de los varones; el rico y el pobre juntamente.
3 Mi boca hablará sabiduría; y el pensamiento de mi corazón inteligencia.
4 Acomodaré a ejemplos mi oído; declararé con el arpa mi enigma.
5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, [cuando] la iniquidad de mis calcañares me cercará?
6 Los que confían en sus haciendas, y en la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
7 ninguno de ellos podrá [en manera alguna] redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate.
8 (Porque la redención de su vida es de [gran] precio, y no lo pueden hacer)
9 que viva adelante para siempre, [y] nunca vea la sepultura.
10 Pues se ve que mueren todos los sabios; el loco y el ignorante perecen, y dejan a otros sus riquezas.
11 En su interior [piensan] que sus casas [son] eternas, [y] sus habitaciones para generación y generación; llamaron sus tierras de sus nombres.
12 Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias [que] son cortadas.
13 Este [es] su camino, su locura; y sus descendientes corren por el dicho de ellos. (Selah.)
14 Como ovejas son puestos en la sepultura; la muerte los pastorea; y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; y se consumirá su bien parecer en la sepultura de su morada.
15 Ciertamente Dios redimirá mi vida del poder desde la sepultura, cuando me tomará. (Selah.)
16 No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa;
17 porque en su muerte no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria.
18 Porque mientras viviere, será su vida bendita; y tú serás loado cuando fueres prospero.
19 Entrará a la generación de sus padres; no verán luz para siempre. 20 El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bestias [que] son cortadas.
CAPÍTULO 50
1 Salmo a Asaf. El Dios de dioses, el SEÑOR, ha hablado, y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
2 De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido.
3 Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá [delante] de su presencia, y en derredor suyo habrá tempestad grande.
4 Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar [a] su pueblo.
5 Juntadme mis misericordiosos; los que pactaron mi pacto sobre sacrificio.
6 Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios mismo [es] el juez. (Selah.)
7 Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo [soy] el Dios, el Dios tuyo.
8 No te reprenderé sobre tus sacrificios, que tus holocaustos delante de mí están siempre.
9 No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos.
10 Porque mía es toda bestia del monte; millares de animales en los montes.
11 Conozco todas las aves de los montes, y las fieras del campo [están] conmigo.
12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud.
13 ¿Tengo de comer yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos?
14 Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus promesas al Altísimo.
15 Y llámame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.
16 Pero al malo dijo Dios: ¿Qué [parte tienes] tú de declarar mis leyes, y que tomes mi pacto en tu boca?
17 ¡Aborreciendo tú el castigo, y echando detrás de ti mis palabras!
18 Si veías al ladrón, tú corrías con él; y con los adúlteros [era] tu parte.
19 Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. 20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia.
21 Estas cosas hiciste, y [yo] he callado; pensabas [por eso] que de cierto sería [yo] como tú; yo te argüiré, y las pondré delante de tus ojos.
22 Entended ahora esto, los que [os] olvidáis de Dios; no sea que [os] arrebate, y no [haya] quién [os] libre.
23 El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le enseñaré la salud de Dios.
CAPÍTULO 51
1 Al Vencedor: Salmo de David, cuando después que entró a Betsabé, vino a él Natán el profeta. Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades rae mis rebeliones.
2 Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado [está] siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, [y] tenido por puro en tu juicio.
5 He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.
6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo; y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados, y rae todas mis maldades.
10 Crea [en] mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Vuélveme el gozo de tu salud; y tu espíritu de libertad me sustentará.
13 Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.
14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud; cantará mi lengua tu justicia.
15 Señor, abre mis labios; y publicará mi boca tu alabanza.
16 Porque no quieres sacrificio, que yo [lo] daría; no quieres holocausto.
17 Los sacrificios de Dios [son] el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
18 Haz bien con tu voluntad a Sion; edifica los muros de Jerusalén.
19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
CAPÍTULO 52
1 Al Vencedor: Masquil de David, cuando vino Doeg [el] edomita y dio cuenta a Saúl, diciéndole: David ha venido a casa de Ahimelec. ¿Por qué te glorías de maldad, oh ilustre? La misericordia de Dios [es] cada día.
2 Agravios maquina tu lengua; como navaja amolada hace engaño.
3 Amaste el mal más que el bien; la mentira más que hablar justicia. (Selah.)
4 Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua.