Sagradas Escrituras Version Antigua
Part 81
2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.
3 [Oh] SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana [me] presentaré a ti, y esperaré.
4 Porque tú no [eres un] Dios que ame la maldad: El malo no habitará junto a ti.
5 No estarán los locos [que se gobiernan por afecto o consejo de la carne] delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira. Al varón de sangre y de engaño abominará el SEÑOR.
7 Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu Casa; adoraré hacía el santo Templo tuyo con tu temor.
8 Guíame, SEÑOR, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino.
9 Porque no [hay] en su boca rectitud; sus entrañas [son] pravedades; sepulcro abierto [es] su garganta, con su lengua lisonjearán.
10 Desbaratados, oh Dios; caigan por sus [propios] consejos; por la multitud de sus rebeliones échalos, porque [se] rebelaron contra ti.
11 Y se alegrarán todos los que esperan en ti; para siempre jubilarán, y los cubrirás; y se alegrarán en ti los que aman tu nombre.
12 Porque tú, oh SEÑOR, bendecirás al justo; lo cercarás de benevolencia como con un escudo.
CAPÍTULO 6
1 Al Vencedor: en Neginot sobre Seminit: Salmo de David. SEÑOR, no me reprendas con tu furor, ni me castigues con tu ira.
2 Ten misericordia de mí, oh SEÑOR, porque yo [estoy] debilitado; sáname, oh SEÑOR, porque mis huesos están conturbados.
3 Mi alma asimismo está muy conturbada; y tú, SEÑOR, ¿hasta cuándo?
4 Vuelve, oh SEÑOR, libra mi alma; sálvame por tu misericordia.
5 Porque en la muerte no [hay] memoria de ti, ¿quién te loará en el sepulcro?
6 Heme consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas.
7 Mis ojos están carcomidos de descontento; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
8 Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque el SEÑOR ha oído la voz de mi lloro.
9 El SEÑOR ha oído mi ruego; el SEÑOR ha recibido mi oración.
10 Se avergonzarán, y se turbarán mucho todos mis enemigos; se volverán [y] serán avergonzados de repente.
CAPÍTULO 7
1 Sigaión de David, que cantó al SEÑOR sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. SEÑOR Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame;
2 no sea que arrebaten mi alma, como león que despedaza, sin [que haya] quien libre.
3 SEÑOR Dios mío, si [yo] he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad;
4 si di mal pago al pacífico conmigo, que escapé mi perseguidor sin pago.
5 Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; y pise en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. (Selah.)
6 Levántate, oh SEÑOR, con tu furor; álzate a causa de las iras de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio [que] mandaste.
7 Y te rodeará ayuntamiento de pueblos; por causa pues de él vuélvete en alto.
8 El SEÑOR juzgará los pueblos; júzgame, oh SEÑOR, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad.
9 Consuma ahora mal a los malos, y establece al justo; pues el Dios justo [es] el que prueba los corazones y los riñones.
10 Mi escudo [es] en Dios, el que salva a los rectos de corazón.
11 Dios [es] el que juzga al justo; y Dios está airado [contra los impíos] todos los días.
12 Si no se volviere, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.
13 Asimismo ha aparejado para él armas de muerte; ha labrado sus saetas para los que persiguen.
14 He aquí ha tenido parto de iniquidad; concibió [de su propio] trabajo, y dio a luz mentira.
15 Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en la fosa [que] hizo caerá.
16 Su trabajo se tornará sobre su cabeza, y su agravio descenderá sobre su mollera.
17 Alabaré yo al SEÑOR conforme a su justicia, y cantaré al nombre del SEÑOR el Altísimo.
CAPÍTULO 8
1 Al Vencedor: sobre Gitit: Salmo de David. Oh DIOS, Señor nuestro, ¡Cuán grande [es] tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu alabanza sobre los cielos!
2 De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo, y al que se venga.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que [tú] compusiste:
4 ¿Qué [es] el hombre, [para] que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, [para] que lo visites?
5 Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de hermosura.
6 Le hiciste señorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:
7 Ovejas, y bueyes, todo ello; y asimismo las bestias del campo,
8 las aves de los cielos, y los peces del mar; lo que pasa [por] los caminos del mar.
9 Oh DIOS, Señor nuestro, ¡Cuán grande [es] tu nombre en toda la tierra!
CAPÍTULO 9
1 Al Vencedor: sobre Mut-labén: Salmo de David. [Te] alabaré, oh SEÑOR, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.
2 Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo;
3 por haber sido mis enemigos vueltos atrás; caerán y perecerán delante de ti.
4 Porque has hecho mi juicio y mi causa; te has sentado en silla juzgando justicia.
5 Reprendiste [los] gentiles, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre y eternalmente.
6 Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades [que] derribaste, su memoria pereció con ellas.
7 Mas el SEÑOR permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.
8 Y él juzgará el mundo con justicia; juzgará los pueblos con rectitud.
9 Y será el SEÑOR refugio al humilde, refugio para el tiempo de angustia.
10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto [tú], oh SEÑOR, no desamparaste a los que te buscaron.
11 Cantad al SEÑOR, el que habita en Sion. Noticiad en los pueblos sus obras.
12 Porque demandando la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los humildes.
13 Ten misericordia de mí, SEÑOR. Mira mi aflicción [que padezco] de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;
14 para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salud.
15 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie.
16 El SEÑOR fue conocido [en] el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. (Meditación para siempre. Selah.)
17 Los malos volverán al sepulcro; todos los gentiles que se olvidan de Dios.
18 Porque no para siempre será olvidado el humilde; ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre.
19 Levántate, oh SEÑOR; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas los gentiles delante de ti. 20 Pon, oh SEÑOR, temor en ellos: conozcan los gentiles que son hombres. (Selah.)
CAPÍTULO 10
1 ¿Por qué estás lejos, [oh] SEÑOR, y te escondes en los tiempos de la angustia?
2 Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean tomados en los pensamientos que pensaron.
3 Por cuanto se alabó el malo del deseo de su alma, y diciendo bien al robador, blasfema del SEÑOR.
4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca [a Dios]. No [está] Dios [en] todos sus pensamientos.
5 Sus caminos atormentan en todo tiempo; tus juicios son altura delante de él; echa bocanadas en orden a todos sus enemigos.
6 Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, porque no [me alcanzará] el mal.
7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua, molestia y maldad.
8 Está en las guaridas de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al pobre.
9 Acecha de encubierto, como el león desde su cama; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo en su red.
10 Se encoge, se agacha, y caen en sus fuerzas muchos desdichados.
11 Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro; nunca lo vio.
12 Levántate, oh SEÑOR Dios, alza tu mano, no te olvides de los humildes.
13 ¿Por qué irrita el malo a Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás.
14 [Tú] has visto; porque tú miras el trabajo, y el enojo, para dar [justicia] en tus manos; a ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano.
15 Quebranta el brazo del inicuo; del malo buscarás su maldad, [y] no [la] hallarás.
16 El SEÑOR, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruidos los gentiles.
17 El deseo de los humildes oíste, oh SEÑOR; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído;
18 para juzgar al huérfano y al pobre; no volverá más a hacer violencia el hombre de la tierra.
CAPÍTULO 11
1 Al Vencedor: [Salmo] de David. En el SEÑOR he confiado. ¿Cómo decís a mi alma: Escapa al monte cual ave?
2 Porque he aquí, los malos entesaron el arco, apercibieron sus saetas sobre la cuerda para asaetear en oculto a los rectos de corazón.
3 Porque los fundamentos serán derribados. ¿El justo qué ha hecho?
4 El SEÑOR [está] en el templo de su santidad; la silla del SEÑOR [está] en el cielo; sus ojos ven, sus párpados prueban [a] los hijos de los hombres.
5 El SEÑOR prueba al justo; pero al malo y al que ama la rapiña, su alma aborrece.
6 Sobre los malos lloverá lazos; fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos.
7 Porque el justo SEÑOR amó las justicias, al recto mirará su rostro.
CAPÍTULO 12
1 Al Vencedor: sobre Seminit: Salmo de David. Salva, oh SEÑOR, porque se acabaron los misericordiosos; porque se han acabado los fieles de [entre] los hijos de los hombres.
2 Mentira habla cada uno con su prójimo [con] labios lisonjeros; con corazón doble hablan.
3 Tale el SEÑOR todos los labios lisonjeros; la lengua que habla grandezas,
4 que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios [están] con nosotros, ¿quién nos [es] señor?
5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el SEÑOR: [Yo] pondré en salvo al que [el impío] enlaza.
6 Las palabras del SEÑOR [son] palabras limpias, [como] plata refinada en horno de tierra, colada siete veces.
7 Tú, SEÑOR, los guardarás; guárdalos para siempre de esta generación.
8 Cercando andan los malos, entre tanto los más viles de los hijos de los hombres son exaltados.
CAPÍTULO 13
1 Al Vencedor: Salmo de David. ¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con ansiedad en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?
3 Mira, óyeme, SEÑOR Dios mío: Alumbra mis ojos, para que no duerma en muerte;
4 para que no diga mi enemigo: Lo vencí; mis enemigos se alegrarán, si [yo] resbalare.
5 Mas yo en tu misericordia he confiado; se alegrará mi corazón en tu salud.
6 Cantaré al SEÑOR, Porque me ha hecho bien.
CAPÍTULO 14
1 Al Vencedor: [Salmo] de David. Dijo el loco en su corazón: No [hay] Dios. Se corrompieron, hicieron obras abominables; no [hay] quien haga bien.
2 El SEÑOR miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, por ver si había [algún] entendido, que buscara a Dios.
3 Todos declinaron, juntamente, se han corrompido; no [hay] quien haga bien, no [hay] ni siquiera uno.
4 Ciertamente conocieron [ésto] todos los que obran iniquidad, [que] devoran a mi pueblo como si pan comiesen; al SEÑOR no invocaron.
5 Allí temblaron de espanto; porque Dios [está] con la nación de los justos.
6 El consejo del pobre habéis escarnecido, por cuanto el SEÑOR [es] su esperanza.
7 ¡Quién diese de Sion la salud de Israel tornando el SEÑOR la cautividad de su pueblo! Se gozará Jacob, y se alegrará Israel.
CAPÍTULO 15
1 Salmo de David. El SEÑOR, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad?
2 El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón.
3 [El que] no revolvió con su lengua, ni hizo mal a su prójimo, ni levantó vergüenza contra su prójimo.
4 [Aquel] a cuyos ojos es menospreciado el vil; mas honra a los que temen al SEÑOR; juró en daño [suyo], y no mudó.
5 [Quien] su dinero no dio a usura, ni contra el inocente tomó cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará para siempre.
CAPÍTULO 16
1 Mictam de David. Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
2 Di al SEÑOR: Señor tú [eres] mi bien; no [tengo otro bien] fuera de ti.
3 A los santos que [están] en la tierra, y a los íntegros; toda mi afición en ellos.
4 Multiplicarán sus dolores [los que] se apresuraren tras otro [dios]; no ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres.
5 El SEÑOR [es] la porción de mi parte y de mi copa; tú sustentarás mi suerte.
6 Las cuerdas me cayeron en [lugares] deleitosos, así mismo la heredad se hermoseó sobre mí.
7 Bendeciré al SEÑOR, que me aconseja; aun en las noches me enseña mis riñones.
8 Al SEÑOR he puesto siempre delante de mí; porque [estando El] a mi diestra, no seré conmovido.
9 Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria; también mi carne reposará segura.
10 Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; ni darás tu Misericordioso para que vea corrupción.
11 Me harás saber la senda de la vida; plenitud de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.
CAPÍTULO 17
1 Oración de David. Oye, oh SEÑOR, justicia; está atento a mi clamor; escucha mi oración [hecha] sin labios de engaño.
2 De delante de tu rostro salga mi juicio; vean tus ojos la rectitud.
3 [Tú] has probado mi corazón, [me] has visitado de noche; me has refinado, y nada [inicuo] hallaste; lo que pensé, no pasó mi boca.
4 Para las obras humanas, por la palabra de tus labios yo observé los caminos del violento.
5 Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen.
6 Yo te he invocado, por cuanto [tú] me oyes, oh Dios: Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
7 Haz maravillosas tus misericordias, salvador de los que en ti confían, de los que se levantan contra tu diestra.
8 Guárdame como lo negro de la niña del ojo, escóndeme con la sombra de tus alas.
9 De delante de los malos que me oprimieron, de mis enemigos [que] me cercan por la vida.
10 Cerrados [están] con su grosura; con su boca hablan soberbiamente.
11 Nuestros pasos nos han cercado ahora; puestos tienen sus ojos para echarnos por tierra.
12 Parecen al león que desea hacer presa, y al leoncillo que está escondido.
13 Levántate, oh SEÑOR; prevén su encuentro, póstrale; libra mi alma del malo [con] tu espada;
14 de los hombres [con] tu mano, oh SEÑOR, de los hombres de mundo, cuya parte [es] en [esta] vida, y cuyo vientre está lleno de tu despensa: sacian a sus hijos, y dejan el resto a su familia.
15 Yo en justicia veré tu rostro; seré saciado cuando despertaré a tu semejanza.
CAPÍTULO 18
1 Al Vencedor: [Salmo] del siervo del SEÑOR, de David, el cual habló al SEÑOR las palabras de este cántico el día que le libró el SEÑOR de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo: Te amaré, [oh] SEÑOR, fortaleza mía.
2 SEÑOR, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; escudo mío, y el cuerno de mi salud, mi refugio.
3 Invocaré al SEÑOR, [digno de ser] alabado, y seré salvo de mis enemigos.
4 Me cercaron dolores de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron.
5 Dolores del sepulcro me rodearon, me previnieron lazos de muerte.
6 En mi angustia llamé al SEÑOR, y clamé a mi Dios. [El] oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.
7 Y la tierra fue conmovida y tembló; y los fundamentos de los montes se estremecieron, y se removieron porque él se enojó.
8 Subió humo en su nariz, y de su boca fuego quemante; carbones se encendieron de él.
9 Y bajó [a] los cielos, y descendió; y [había] oscuridad debajo de sus pies.
10 Y cabalgó sobre [un] querubín, y voló; voló sobre las alas del viento.
11 Puso tinieblas [por] su escondedero, en sus alrededores [de] su tabernáculo oscuridad de aguas, nubes de los cielos.
12 Por el resplandor delante de él, sus nubes pasaron; granizo y carbones de fuego.
13 Y tronó en los cielos el SEÑOR, y el Altísimo dio su voz; granizo y carbones de fuego.
14 Y envió sus saetas, y los desbarató; y echó relámpagos, y los destruyó.
15 Y aparecieron las honduras de las aguas, y se descubrieron los cimientos del mundo por tu reprensión, oh SEÑOR, por el soplo del viento de tu nariz.
16 Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas.
17 Me libró de mi fuerte enemigo, y de los que me aborrecían, aunque ellos [eran] más fuertes que yo.
18 Me anticiparon en el día de mi quebrantamiento; mas el SEÑOR me fue por bordón.
19 Y me sacó a anchura. Me libró, porque se agradó de mí. 20 El SEÑOR me pagará conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me volverá.
21 Por cuanto guardé los caminos del SEÑOR, y no me volví impío apostatando de mi Dios.
22 Porque todos sus juicios [estuvieron] delante de mí, y no eché de mí sus estatutos.
23 Y fui perfecto [para] con él, y me he guardado de mi maldad.
24 Y me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos delante de sus ojos.
25 Con el misericordioso serás misericordioso, y con el varón perfecto serás perfecto.
26 Con el limpio serás limpio, y con el perverso serás adversario.
27 Por tanto al pueblo humilde salvarás, y los ojos altivos humillarás.
28 Por tanto tú alumbrarás mi candela; el SEÑOR mi Dios alumbrará mis tinieblas.
29 Porque contigo deshice ejércitos; y en mi Dios asalté muros.
30 Dios, perfecto su camino; la palabra del SEÑOR afinada; escudo es a todos los que esperan en él.
31 Porque ¿qué Dios [hay] fuera del SEÑOR? ¿Y qué fuerte fuera de nuestro Dios?
32 Dios [es el] que me ciñe de fuerza, e hizo perfecto mi camino.
33 Quien pone mis pies como [pies] de ciervas, y me hizo estar sobre mis alturas.
34 Quien enseña mis manos para la batalla, y el arco de acero será quebrado con mis brazos.
35 Me diste [asimismo] el escudo de tu salud; y tu diestra me sustentará, y tu mansedumbre me multiplicará.
36 Ensancharás mis pasos debajo de mí, y no titubearán mis rodillas.
37 Perseguiré a mis enemigos, y los alcanzaré, y no volveré hasta acabarlos.
38 Los heriré, y no podrán levantarse; caerán debajo de mis pies.
39 Y me ceñiste [de] fortaleza para la pelea; has agobiado mis enemigos debajo de mí.
40 Y me diste la cerviz de mis enemigos, y destruí a los que me aborrecían.
41 Clamaron, y no [hubo] quién [se] salvase; [aun] al SEÑOR, mas no los oyó.
42 Y los molí como polvo delante del viento; los esparcí como lodo de las calles.
43 Me libraste de contiendas de pueblo; me pusiste por cabecera de gentiles; pueblo que no conocí, me sirvió.
44 Al oír de mí, me obedeció; los hijos de extraños se sometieron a mí [aun contra su voluntad];
45 Los hombres extraños se cayeron, y tuvieron miedo desde sus encerramientos.
46 Viva el SEÑOR, y bendito [sea] mi fuerte; y sea ensalzado el Dios de mi salud.
47 El Dios que me da las venganzas, y sujetó pueblos debajo de mí.
48 Mi libertador de mis enemigos; también me hiciste superior a mis adversarios; de varón traidor me libraste.
49 Por tanto yo te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre.
50 El cual engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.
CAPÍTULO 19
1 Al Vencedor: Salmo de David. Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el extendimiento denuncia la obra de sus manos.
2 [Un] día emite palabra al [otro] día, y [una] noche a la [otra] noche declara sabiduría.
3 No [hay] idioma ni lenguaje donde no es oída su voz.
4 En toda la tierra salió su hilo, y al cabo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol.
5 Y él, como un novio que sale de su tálamo; se alegra, como un gigante, para correr el camino.
6 De un extremo de los cielos [es] su salida, y su curso hasta la extremidad de ellos; y no hay quien se esconda de su calor.
7 La ley del SEÑOR [es] perfecta, que convierte el alma; el testimonio del SEÑOR [es] fiel, que hace sabio al pequeño.
8 Los mandamientos del SEÑOR [son] rectos, que alegran el corazón; el precepto del SEÑOR [es] puro, que alumbra los ojos.
9 El temor del SEÑOR [es] limpio, que permanece para siempre; los derechos del SEÑOR [son] verdad, todos justos.
10 Deseables [son] más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que licor de panales.
11 Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.
12 Los errores, ¿quién los entenderá? De los encubiertos me libra.
13 Detén asimismo a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré perfecto, y estaré limpio de gran rebelión.
14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh SEÑOR, roca mía, y redentor mío
CAPÍTULO 20
1 Al Vencedor: Salmo de David. El SEÑOR te oiga en el día de la angustia; te ensalce el nombre del Dios de Jacob.
2 Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sustente.
3 Tenga memoria de todos tus presentes, y reduzca a ceniza tu holocausto. (Selah.)
4 Te dé conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo.
5 Nosotros nos alegraremos con tu salud, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; cumpla el SEÑOR todas tus peticiones.
6 Ahora he conocido que el SEÑOR ha guardado [a] su ungido; lo oirá desde los cielos de su santidad con las valentías de la salud de su diestra.
7 Estos [confían] en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre del SEÑOR nuestro Dios tendremos memoria.
8 Ellos [se] arrodillaron, y cayeron; mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos.
9 El SEÑOR salva al Rey; que El nos oiga el día que lo invocáremos.
CAPÍTULO 21
1 Al Vencedor: Salmo de David. SEÑOR, en tu fortaleza se alegrará el Rey y en tu salud se gozará mucho.
2 El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.)
3 Por tanto le adelantarás en bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
4 Vida te demandó, y le diste largura de días por siglos y siglos.
5 Grande [es] su gloria en tu salud; honra y hermosura has puesto sobre él.
6 Porque lo has bendecido para siempre; lo llenaste de alegría con tu rostro.
7 Por cuanto el Rey confía en el SEÑOR, y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.
8 Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.
9 Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira; el SEÑOR los deshará en su furor, y fuego los consumirá.
10 Su fruto aniquilarás de la tierra, y su simiente de entre los hijos de los hombres.
11 Porque tendieron mal contra ti; fraguaron maquinaciones, [mas] no prevalecieron.
12 Por tanto tú los pondrás aparte; con tu arco apuntarás a sus rostros.
13 Ensálzate, oh SEÑOR, con tu fortaleza; cantaremos y alabaremos tu valentía.
CAPÍTULO 22
1 Al Vencedor, sobre Ajelet-sahar [el lucero de la mañana]. Salmo de David. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿[Por qué] estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor?
2 Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no puedo [estar en] silencio.
3 Tú [empero eres] santo, tú que habitas [entre las] alabanzas de Israel.
4 En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los salvaste.
5 Clamaron a ti, y fueron librados; esperaron en ti, y no se avergonzaron.
6 Mas yo [soy] gusano, y no varón; oprobio de [los] hombres, y desecho del pueblo.
7 Todos los que me ven, escarnecen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, [diciendo]:
8 Remítese al SEÑOR, líbrelo; sálvele [él], puesto que en él se complacía.
9 Pero tú [eres] el que me sacó del vientre, el que me haces esperar [en ti] desde que estaba a los pechos de mi madre.
10 Sobre ti fui echado desde la matriz; desde el vientre de mi madre, tú [eres] mi Dios.
11 No te alejes de mí, porque la angustia [está] cerca; porque no [hay] quien ayude.
12 Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado.
13 Abrieron sobre mí su boca, [como] león rampante y rugiente.
14 Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas.